Cap6: Sálvala.
Buenas de nuevo, aquí angron11 reportando de nuevo. Es un orgullo que todavía sigáis esta historia, a decir verdad la comencé como un pasatiempo ocasional pero con el tiempo se ha convertido en algo muy divertido. Espero que el capítulo de hoy os guste, hoy aparecen dos antagonistas (uno de ellos el malo más carismático de Naruto junto a pain) y al fin aparece Shion, aunque sea una referencia leve (no me golpeéis, os aseguro que comenzará a aparecer más a partir de ahora!). Espero que os guste, un saludo!
Gera118: hola buenas! Aquí tu fiel escritor respondiéndote :P. Pues si, la política es un asco, pero es normal que la usen contra Naruto. Dime tú como le vences en batalla... todo esto hará una gran mella en Naruto y le hará replantearse cosas, ya lo verás. Y en cuanto a Kurama, siempre estará ahí para ayudar al mocoso, pero no deja de ser un ente ajeno al ser humano, a veces las cosas se le pueden escapar...
The Diaker: hola buenas! De estafador nada xD lo que pasa es que habéis contado el prólogo como capítulo, este es el seis :D. Me alegra que te guste como llevó a Naruto, quería hacerle más reflexivo, y que vaya madurando poco a poco a lo largo del fic. Desde luego no quería hacer un "The last", donde nos presentan a un Naruto maduro y cordial así, de golpe y porrazo. Me alegro de que sigas la historia, espero que te guste el capítulo de hoy, bienvenido!
-Aaaaaaaaaa- Personaje hablando
-Aaaaaaaaaa- personaje pensando
-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura hablando
-Aaaaaaaaaa- Invocacion/Bijuu/inner sakura pensando
Renuncia de derechos: esta obra se hace sin animo de lucro, y obviamente Naruto y sus personajes pertecen a kishimoto. Yo solo escribo esta historia. NO AUTORIZÓ EL PLAGIO DE LA MISMA.
-IAAAARGGHH- gritó con fuerza un pobre desgraciado antes de exhalar su ultimo suspiro.
Orochimaru, con su alta pero delgada estatura, esos dientes viperinos, ese pelo largo y lacio y esa clásica túnica blanca tan característica, observó el resultado con una mueca sádica en su rostro pálido enfermizo. Ese era su último experimento sobre resistencia del ser humano a su nuevo sello maldito, demostrando un mayor poder a costa de una mayor mortalidad. Solo uno de cada veinte sobrevivían, pero ahora era mas difícil de quitar si cabe, sin contar ese pequeño "extra" que le había puesto. En definitiva, estaba contento. Ese nuevo sello era vital en sus planes para encontrar el cuerpo perfecto, esa obsesión que se había convertido en el trabajo de su vida. Ni tan siquiera la gran guerra había acabado con su deseo de alcanzar el cuerpo perfecto con el que disfrutar de su inmortalidad de facto, aquel que pudiese aguantar su pútrida alma eternamente y hacerle el ninja mas poderoso de la historia. Y estaba muy cerca de lograrlo gracias a su última alianza.
Avanzó acompañado de su asistente a través de los oscuros pasillos de su guarida occidental, lejos de la vigilancia de las grandes naciones ninja, de camino a su cámara principal, donde descansaba su último "aliado". A su lado, numerosas celdas dejaban escapar los lamentos de sus sujetos de experimentación, que sufrían día a día peores tormentos que los que se podían imaginar. Orochimaru contempló una de las celdas vacías, la que iba a destinar a su antigua asistente, Karin Uzumaki, cuando volviese arrastrándose huyendo de los avariciosos ninjas de konoha. Tenía pensado usar su material genético en su nuevo cuerpo como cobro por su protección, pero ese maldito Naruto había vuelto a sorprenderle, y había conseguido frustrar sus ambiciones con una jugada propia de un maestro de la diplomacia. En lugar de poner el consejo a Karin entre la espada y la pared con lo de ser una incubadora humana, Naruto había logrado que aprobasen ese matrimonio y librado así a Karin de ese terrible destino. Una lástima, pero la vida sigue, y su nuevo proyecto era... excitante. Llegó a la cámara principal, donde un extraño ser de forma humanoide devoraba unos restos de carne con avidez. Su aterrorizado asistente retrocedió ligeramente al percatarse de que esos restos correspondían a un brazo humano.
-¿qué tal, Kyōfu sama? ¿Estaba a tu gusto?- preguntó con una sorprendente y sincera amabilidad el sannin pálido.
-Su miedo era... delicioso... -pronunció con una cavernosa voz el ser sobrenatural.- Aunque tu asistente también parece... suculento...- añadió, haciendo al asistente de orochimaru prácticamente saltar hacia atrás.
El ser se irguió sobre sus piernas, revelando una forma humanoide, de cerca de 2 metros de altura, con una constitución delgada y huesos marcados a través de su piel pálida y enfermiza, con mechones desordenados de quebradizo pelo castaño. Parecería un ser humano si no fuese por esos ojos. Unos iris amarillos oscuros, con unas pupilas negras sin vida. Solo mirarle hacia temblar al ser humano más fuerte. Ese ser era la encarnación del miedo. Extendió su mano, con sus uñas ennegrecidas, intentando agarrar al aterrado asistente de orochimaru, que veía todo divertido.
-Kyōfu sama, tengo un mejor aperitivo para usted. Koira kun en concreto me es de utilidad. Supongo que ya esta en condiciones de salir al mundo ¿no?
-Si, sólo necesito una zona poblada y podré comenzar a alimentarme como es debido. Este cuerpo es perfecto, no me imaginaba que un ningen podía llegar a inventar algo así.-contestó ese ser mientras abría y cerraba la palma de su mano ensangrentada, como acostumbrándose al tacto.
-Gracias a ti por los regalos, Kyōfu sama. La salida está al otro lado de esa puerta. Como regalo de despedida le dejo esto, espero que lo aprecie.- comentó orochimaru con una sonrisa maliciosa, mientras un grupo de prisioneros entraba entre lloros a la sala con sus cuellos atados con unos grilletes.
-Gracias ningen, quizá nos veamos algún día en el makai, procuraré recordarte. Decidme mortales... ¿a qué tenéis miedo?- preguntó el ser con una sonrisa antinatural, mostrando sus numerosas hileras de alargados y afilados dientes amarillos, dispuestos de manera irregular, como una especie de anguila.
Los gritos de terror de los sacrificios fueron amortiguados por la puerta al cerrarse tras salir orochimaru y su asustado asistente. Ese ser era un auténtico monstruo... y ese tal Kyōfu también...
-Orochimaru Sama... ¿de qué obsequio hablaba ese ser? Es más... ¿Qué era eso?.- pregunto Koira, una vez repuesto de la impresión que daba el oír a esa bestia alimentándose mientras todavía se oía algún llanto desconsolado de alguno de los infantes.
-Mi querido subordinado, estoy de tan buen humor que te lo diré. ¿Crees en el makai? ¿No? Pues acabas de ver a uno de sus habitantes más ilustres, un demonio tan antiguo como el mundo. Un ser que se reencarna en nuestro mundo una noche cada 27 años para alimentarse de carne humana. Y le gusta mucho más cuando la víctima muere con mucho miedo. Yo sólo le he aportado un cuerpo estable, un hogar que le permita permanecer aquí indefinidamente. Todo gracias a los cuerpos de Zetsus que no le dio tiempo a incinerar la alianza. Ahora Myōfu tiene un cuerpo artificial que asume chakra al contacto y no envejece. Es perfecto.
-Pero, Orochimaru sama... ¿por qué? ¿Tiene pensado poseerlo?- pregunto confuso Koira.
-¿poseerlo? ¿Estás loco? No me metería jamas en la misma carcasa que ese demonio. No, la razón está en sus obsequios, ese ser tenía el poder suficiente como para darme lo que quería. Mira, contémplalo tú.
Ambos entraron en una sala cercana a la sala donde habitaba el demonio, cuya oscuridad apenas revelaba nada. A tientas, el nervioso Koira se dispuso a un lado de Orochimaru, mientras este encendía la luz. Se trataba de una habitación de laboratorio muy parecida al resto de la guarida: unas cuantas mesas de autopsia metálicas, material quirúrgico, algunos ordenadores... pero lo especial se hallaba al fondo de la sala, concretamente flotando en unos tanques. Entre el fluido amniótico, se movían inertes dos cuerpos en dos tanques separados: correspondían dos jóvenes, uno de apenas 10 años de edad, de piel tostada, pelo negro con mechones rubios en un lateral y constitución atlética muy desarrollada para su edad; el otro era un adolescente de no mas de 20 años, de pelo blanco, piel pálida, fuerte pero esbelta constitución y un extraño tatuaje con forma de dos puntos rojos en la frente. La serpiente se detuvo ante el tanque de este último y esbozó una sonrisa impaciente.
-La razón por la que le he dado un cuerpo a ese ser, es porque él me ha proporcionado a mi el cuerpo perfecto. Te presento una copia exacta del último miembro conocido del clan kaguya.
-Es...- intentó contestar el asistente, completamente asombrado.- es imposible. Kimimaro murió, y todo el material genético que teníamos en reserva lo uso kabuto para convocarle con el edo tensei, es imposible.
-Imposible para un mortal, pero para un demonio milenario no es difícil, ellos se rigen por normas que nosotros ni entendemos. Y lo mejor de todo, me ha proporcionado ese cuerpo sin su enfermedad, completamente sano y sin la mas mínima conciencia. El principal problema de mi técnica de transferencia de cuerpos es que, una vez tomo mi nuevo cuerpo, este me comienza a rechazar instintivamente como si fuese un virus, aunque no le falta mucha razón kukuku. Llegue a la conclusión tras un tiempo de que un cuerpo sin conciencia no me combatiría, pero claro, ¿Dónde encuentras un cuerpo de un ninja fuerte sin conciencia? Este es el cuerpo definitivo, este no me podrá rechazar, por algo no ha tenido nunca un alma, por lo que no sabe que tiene que combatirme. Y con el nuevo sello maldito me permitirá usar el modo sabio de las serpientes casi de manera indefinida...
-Pero... yo creí que su candidato favorito era el Uchiha, no Kimimaro...
-Sasuke kun era muy fuerte, lo reconozco, pero solo me interesaban sus ojos, Kimimaro me aporta taijutsu, un kekkei genkai único, resistencia... es mejor opción. Sin contar que esos ojos ya me los proporcionó cierto uchiha megalómano al morir en la guerra.- añadió el sannin relamiéndose con su lengua viperina, mientras sus iris amarillentos se tornaban derrepente en unos de color rojo con tres tomoes.- esa alianza shinobi estaba llena de estúpidos... mira que dejar el cuerpo de Madara sin vigilancia tras despertar del tsukuyomi, incluso a pesar de la confusión esos kages deberían de haber previsto que alguien fuese a por el cadáver del uchiha... sólo me hizo falta un henge y unas manos ágiles para sustituir sus ojos por los de un cadáver cercano.
-Orochimaru sama... es usted un genio... con ese cuerpo y sin el riesgo de rechazo, será invencible.
-No cantes victoria... cierto ninja rubio ya me ha demostrado que hay que andar con pies de plomo cuando te crees invencible. De ahí mi segundo proyecto del tanque...
-Cierto. ¿Qué es? No me parece nadie conocido...- comentó el científico con curiosidad. Ese cuerpo no parecía interesante, no mostraba grandes reservas de chakra ni tampoco tenía cualidades especiales. Pero había algo en el que le resultaba familiar, como si lo hubiese visto alguna vez.
-Eso es mi as en la manga, una sorpresa desagradable para el mundo entero. Y cuando lo libere... será todo muy interesante.- concluyó orochimaru con una sonrisa malévola.
Fuera del laboratorio, y tras dejar sólo huesos del último manjar que le había ofrecido ese ningen, una criatura salía de la guarida para ver por primera vez en su vida el sol. Esa sensación de calor, esa luz... era insoportable, no sabía como los ningen lo aguantaban. Sin embargo, algo le mejoró muchísimo el humor: a unos kilometros al frente se alzaba una pequeña ciudad, cientos de almas que devorar. Kyōfu se humedeció los labios de su cuerpo mortal, degustando la sangre del último sacrificio que le había ofrecido el humano pálido. Era hora de acumular poder. Y a cada humano que devoraba se volvería mas fuerte. Sin embargo, su sobrenatural sentido del peligro le advirtió de una amenaza cercana. Un poder puro, una persona con la capacidad de desterrarle de nuevo al makai si no se andaba con cuidado. No, esa persona debía de ser su prioridad, pero antes debía de acumular poder. Muchísimo poder. Y eso sólo se conseguía devorando...
Naruto llegó al complejo Hyuuga a última hora de la mañana. Sabía que los hyuuga comenzaban sus entrenamientos muy temprano, y no quería interrumpir. Anunció su identidad (malditos formalismos ridículos...) ante los guardas de la rama secundaria de la puerta y fue guiado por uno de ellos hacia la casa del patriarca del clan. Por el camino, Naruto se fijó en los miembros de la rama secundaria más detenidamente que la última vez que fue al complejo. En un principio no parecían infelices, Naruto podía ver niños correteando alegres, algunos incluso con sus sellos al descubierto al ignorar lo que significaba. Sus madres charlaban amigablemente mientras se ocupaban de los quehaceres de los hogares o paseaban por el barrio, mientras los hombres se ocupaban con sus respectivos trabajos. Todo parecía en calma, próspero, feliz. Pero nada es para siempre. De pronto, todo se quedó en un tenso silencio, mientras muchas mujeres entraban en sus casas y llamaban a sus hijos, y los hombres continuaban con su trabajo sin levantar la vista del suelo. Naruto identificó pronto la causa: al final de la calle, en una litera, cuatro guardias de la rama secundaria escoltaban a una anciana de pelo cano y ropas elegantes y recargadas de color crema, con la frente descubierta sin sello, que con su mirada soberbia examinaba a los miembros de la rama secundaria como si fuesen pedazos de carne. Era una integrante de la rama principal, claramente. Un niño se cruzó en el camino de la litera para coger su pelota, obligándola a parar, y provocando el enfado de la susodicha antes de que una mujer de cabellos castaños que debía de ser su madre pudiese apartarlo de ahí.
-Maldito mocoso, ¿qué te crees que haces ahí en medio?- gritó uno de los escoltas, empujando al niño al suelo.
-Di... Disculpe, Midori sama...- pronunció la madre del pequeño mientras corría a apartarlo del camino. El niño sólo podía contemplar la escena con los ojos bañados en lágrimas, preso del miedo.
-Disculpas aceptadas.- respondió la vanidosa anciana, mientras una mueca cruel se dibujaba en su rostro.- con esto aprenderéis a no hacerlo de nuevo.
Elevó dos dedos de su mano derecha y concentró algo de chakra mientras miraba a los dos hyuuga, que se encogieron de miedo. De pronto, ambos comenzaron a gritar de dolor, cayendo de rodillas, mientras el resto de hyuuga de la rama secundaria contemplaban el espectáculo con horror. Eso ya era demasiado para Naruto. Corrió, dejando atrás a su guardia, hasta interponerse entre la anciana y la mujer con su hijo.
-¡Para ahora mismo!- gritó el uzumaki, tensando sus músculos. Los escoltas rápidamente adoptaron una pose de combate.
-¿Como te atreves, insolente? Pagarás por esto.- exclamó uno de ellos, sin reconocerle todavía.
-Intentadlo.- respondió Naruto, dejando salir chakra e inundando la calle con una densa sensación de peligro. Dos de los guardias temblaron al reconocer al gran héroe de guerra, mientras que otro retrocedió, preso de una sensación de auto supervivencia.
-Dejadlo.- ordenó la anciana, que había reconocido al uzumaki desde el principio a juzgar por su pose tranquila durante el conflicto.- Uzumaki Naruto, es un placer conocerte, mi nombre es Midori Hyuuga. Creo que pronto seremos familia política.
Muchos de los hyuuga allí presentes se asombraron al reconocer a Naruto. Quizás fuese el aislacionismo hyuuga, o que Naruto había cambiado mucho en el último año, pero en un principio no habían caído en de quién se trataba.
-Ojalá pudiese decir que es mutuo... ¿Se puede saber que estabais haciendo con ellos?- respondió Naruto secamente, sin abandonar su pose en tensión. Si había que luchar, estaba dispuesto, pero no iba a permitir ese atropello por más tiempo.
-Uzumaki sama, no mal interprete la situación.- repuso Midori con una suave sonrisa.- no iba a matarlos, solo a darles un escarmiento. Si lo piensa bien, verá que es algo necesario.
-Lo pienso bien y sigo viendo mal que se maltrate a una madre y su hijo por recoger una pelota.-espetó Naruto con ironía
-Pobre jovencito.- añadió la Hyuuga con soberbia.- vas a tener que aprender mucho cuando ingreses en el clan. Esto es necesario para mantener la disciplina y la pureza de nuestra gente, ellos están tan deacuerdo como nosotros. Así que apártate y déjame completar el castigo, te prometo que no les matare.
-Ni se le ocurra.- contestó Naruto, apretando la mandíbula y preparándose para invocar un arma con su sello de muñeca.
Las miradas de la anciana hyuuga y del rubio se cruzaron con fuerza durante unos minutos. No iba a tolerar que un niñato de origen pobre le diese órdenes a ella, una gran matriarca de la rama principal del clan hyuuga, y menos delante de sus súbditos. Los escoltas tragaron grueso, sabiendo la orden suicida que daría su ama en cualquier momento, pero antes una voz les llamo la atención a sus espaldas.
-Uzumaki sama, Midori sama. Es un placer verles.- pronunció con un tono neutro Hiashi hyuuga.
Muchos miembros de la rama secundaria se arrodillaron ante la presencia del patriarca del clan hyuuga, mientras los escoltas de la litera inmediatamente miraban al suelo y adoptaban una pose estática. A su lado, el guardia que había escoltado a Naruto en un principio sudaba a mares, revelando que había ido a buscar al líder del clan en cuanto Naruto se metió en la pelea. Incluso midori adoptó una pose menos altiva.
-Midori sama, sea lo que sea lo que estuviese haciendo, seguro que es menos importante que agasajar a nuestro invitado y futuro miembro del clan. Siga con su camino.- expuso/ordenó el patriarca, obteniendo un asentimiento muy forzado de la anciana.
Mientras se marchaba, volvió la anciana a cruzar su mirada con la de Naruto, como si quisiese fulminarle de un golpe. Naruto no pudo evitar pensar "Esto si que es entrar con buen pie en mi familia política...". Le dio la espalda y ayudó a la mujer y a su hijo a levantarse. Esta le dirigió una mirada de enorme agradecimiento, mientras se apuraba a llevarse al niño a casa. Naruto reparó un momento en el crío: pelo marrón largo, ojos perlados, una cinta en la frente... era como ver el fantasma rejuvenecido de su gran amigo neji por un instante, solo que abandonando su clásica pose estoica por una de pura admiración. Tras comprobar que la mujer y su hijo entraban en una vivienda de la calle a salvo, Naruto se aproximó al patriarca del clan, que le esperaba con una mueca severa.
-Hiashi-sama, es un honor.- dijo solemnemente Naruto mientras hacía una leve reverencia
-El honor es mío, Uzumaki-sama.- respondió el ojiperla, aplicando el clásico protocolo.- permítame acompañarle a mi casa.
Caminaron tranquilamente a través del enorme complejo hyuuga, saliendo de la zona destinada a la rama secundaria y adentrándose en la zona ajardinada con un canal que la separaba del área destinada a la rama principal. Naruto, a pesar de lo bello del paisaje, no podía apartar de su cabeza lo que acababa de ver. Ese maltrato injustificado le llenaban de ira, y supuso que le desagradaría al líder del clan, al fin y al cabo también debía de velar por la rama secundaria, que no dejaban de ser hyuuga. Sin contar el incidente con su hermano gemelo, que murió cuando hinata era joven a causa del sello, todo ello ante su único hijo, neji hyuuga; Naruto no tenía razones para creer lo contrario.
-Hiashi sama, si no es indiscreción... ¿es habitual lo que ha pasado en esa calle?- preguntó cortésmente el uzumaki, mientras el patriarca hyuuga mantenía ese ceño permanentemente fruncido. No sabría decir si Hiashi estaba enfadado o no, porque siempre mantenía esa cara.
-No crea, uzumaki sama. Son sólo roces de la convivencia.
-Ya, pero eso de aplicar el sello a una madre junto a su hijo sólo por cruzarse en su camino... es excesivo.
-La actuación de Midori fue un poco brusca, pero no la juzgue mal, es una gran mujer, y miembro del consejo de ancianos hyuuga. Sólo quiere el bien del clan.
-Sea lo que sea, le prometo, Hiashi sama, que eso terminará en cuanto sea hokage. Con mi ayuda, podrá eliminar el sellado del pájaro enjaulado de su clan, y darle una vida mejor a sus súbditos.- anunció Naruto con su clásica sonrisa, levantando su pulgar hacia su interlocutor.
Hiashi frenó en seco, mientras el guardia de la puerta que les acompañaba adoptaba una pose neutra. A una señal de hiashi, el guardia se retiró, rumbo a la puerta del complejo, dejándolos solos.
- Dígame, Uzumaki sama, ¿Por qué querría yo eliminar esa tradición de mi clan?- preguntó el patriarca hyuuga, manteniendo un gesto neutro.
-Por... Hiashi, por hacerle la vida más fácil a los miembros de su clan. Ese sello es una aberración, hace sufrir a inocentes. No sé como pueden seguir aplicándolo.- respondió confuso el uzumaki
-Joven uzumaki, tienes mucho que aprender, sobre todo ahora que vas a entrar en mi familia, pero tengo confianza en que lo asimiles rápido. Ese sello no es un yugo, es un seguro, una ayuda para mantener la pureza y disciplina de nuestro clan. Sin ese sello, la poco preparada y refinada rama secundaria se echaría a perder. Esa masa de individuos necesita un método de vigilancia eficaz, algo que les recuerde que su fin ultimo es la grandeza de este clan. Es algo necesario.- sentenció el Hyuuga, sin inmutarse por lo que implicaba su discurso.
-Hiashi sama... entonces, ¿no le parece mal ese sello? ¿No le pareció mal lo que le paso a su hermano?- preguntó el ojiazul, intentando invocar a la humanidad de hiashi. Todo ello en vano.
-Mi hermano se sacrificó por la gloria del clan. Y lo hizo voluntariamente.- contestó secamente Hiashi.
Naruto sabía que Hiashi mentía. Más de una vez había hablado Naruto con el hijo del aludido hermano de Hiashi, Neji, sobre ese incidente, y los detalles del mismo eran escandalosos. Ese pobre hombre fue escogido a dedo para salvaguardar al patriarca del clan, arrancado de los brazos de su esposa e hijo y sacrificado al activar el sello, todo a pesar de su negativa. Naruto pensó que Hiashi no tuvo nada que ver en eso, pero, viendo su reacción, ahora lo dudaba. Hiashi notó su tensión, así que procedió a desviar el tema de conversación.
-Bueno, hablemos de otro tema. Ya he iniciado los preparativos de su enlace con mi hija mayor. Será en Noviembre, habilitaremos el jardín trasero para el enlace. Obviamente, se te asignará un organizador para ayudarte a prepararte con la ceremonia... y la vestimenta.- expuso el ojiperla, mirando con desdén la ropa de Naruto, que ignoró el insulto velado.
-Hiashi sama, sobre el enlace... ¿No sería mejor aplazarlo para que su hija y yo nos conozcamos mejor? Tenga en cuenta que todavía no hemos ni tan siquiera quedado a solas ni una vez... usted sabe que cumpliré mi palabra, no tiene que acelerarlo por ello-contestó Naruto mientras se rascaba la nuca, visiblemente incómodo .
-Tonterías, Uzumaki sama. Usted se ha comprometido, y no hay problema en organizarla tan pronto. Además, ya tendrán tiempo para conocerse, si quiere hoy puede salir con ella de paseo fuera del complejo.
-Joder, ¿que en un principio no iba a ser así?-pensó el uzumaki
-Cachorro, ya sabes lo que pienso. Este culofino va a tenerte atado con una correa en el jardín.- contestó Kurama, visiblemente enfadado.
Naruto no pudo evitar darle la razón. Cada vez estaba mas convencido de que este hombre sería capaz de prostituir a su propia hija con tal de lograr lo que quería. Llegaron tras su tenso paseo hasta la mansión hyuuga, junto a la cual empezaba a levantarse otra residencia de un par de pisos.
-Espero que le guste su futuro hogar, será magnífico. Y, al estar cerca del mío, no habrá problema para estar en contacto, uzumaki sama. Así podré supervisar el entrenamiento de mis futuros nietos- comentó el hyuuga con solemnidad, arrancándole un escalofrío interno al uzumaki. Todo esto no hacía mas que empeorar.
-Bueno Hinata... ¿que te apetecería hacer?- preguntó Naruto a la ojiperla con amabilidad.- ¿Damos una vuelta por la aldea? ¿O prefieres ir a tomar algo?
-No... no sé... lo que tu quieras... Naruto kun.- contestó la hyuuga con un notable sonrojo mientras se encogía ligeramente.
Naruto, tras su tensa conversación con su futuro suegro, había podido al fin quedar con hinata fuera del recinto hyuuga y sin la férrea vigilancia de su patriarca. Solo tenía que soportar un par de diligentes escoltas que no le quitaban el ojo de encima ni un segundo, pero bueno, mejor ellos que Hiashi... Naruto tenía la esperanza de que, fuera de los muros del clan, hinata se mostrase mas desinhibida. Pero ya veía que iba a costar un poco más. Aunque tenía que admitir que la joven hyuuga estaba preciosa: se había puesto un bello kimono de color rojo con detalles en dorado, que resaltaba su escultural cuerpo, y maquillado ligeramente la cara para resaltar aún más sus facciones. El resultado era que todos los transeúntes se quedaban mirándola asombrados, y muchos hombres maldiciendo la suerte del uzumaki.
-Ya sé, ¿qué te parece si me dejas invitarte a un poco de ramen y después vamos al mercado a ver si vemos algo interesante?- expuso el uzumaki con su tradicional sonrisa. Si había algo a lo que nadie podía ganarle era en optimismo y resolución.
-Me... me encantaría.- respondió la hyuuga, sonrojándose aún más y apartando la mirada hacia un lado.
Anduvieron hacia el restaurante favorito del rubio, hablando de diversos temas triviales. Bueno, uno hablando y la otra escuchando y contestando entrecortadamente. Naruto tenía claro que, si bien le parecía tierno eso, a la larga sería un problema, pero confiaba en que, con más citas, hinata venciera su timidez. No se imaginaba una vida entera llevando el siempre la iniciativa y recibiendo monosílabos y desmayos de respuesta. Llegaron al afamado restaurante, donde, para variar (y empezando a fomentar la sospecha de Naruto) Ayame se encontraba charlando con Yamato, así que el señor Teuchi les atendió inmediatamente. Naruto no dejaba de ser su mejor cliente, prácticamente un hijo para el, sin contar que su acompañante era la heredera del clan más poderoso de la aldea. A pesar de la falta de conversación, Naruto no pudo evitar sorprenderse de que Hinata volviese a ganarle comiendo. Joder, que el rubio uzumaki era famoso por consumir decenas de platos de ramen, pero la hyuuga le ganaba por muchísimo. Y conservaba una figura perfecta, en serio, era un misterio como lo hacía.
Salieron del restaurante tras pagar amablemente el rubio, para mayor sonrojo de la hyuuga, y se dirigieron al mercado, que hoy se encontraba bastante animado: decenas de coloridos tenderetes ambulantes ofrecían diversos productos, desde comida rápida a finos vestidos, todo ello entre una amalgama de compradores que paseaban animadamente de tienda en tienda. Ya era común ver la aldea tan animada, fruto del fin de la guerra y del largo periodo de paz que estaban disfrutando. Antiguamente, estos eventos hubiesen necesitado de una enorme seguridad, pero hoy día bastaba con celebrarlos dentro de la segura muralla de una aldea ninja para no temer un atentado. E incluso se podrían celebrar sin ese requisito si no fuese por los hijos del dios árbol, que comenzaban a abundar en los caminos rurales. Para Naruto, esos sectarios eran un problema grave: atacaban las aldeas más alejadas completamente faltos de compasión y de sentido de la auto preservación, dándoles igual las bajas que sufriesen, y luego se llevaban a los prisioneros para no recibir noticias de ellos nunca jamás. Sin embargo, de momento no habían tocado a las grandes naciones ninja ni a sus principales rutas comerciales, por lo que el consejo gokage no les había dado mas importancia que la que le darían a un grupo de bandidos. Según Naruto, eso era un error: esos sectarios cada vez atacaban aldeas mas grandes, y aparecían en mayor numero. Y, según le contó anko, comenzaban a usar en sus ataques incluso a mujeres y niños.
El rubio dejó de lado lo que estaba pensando para prestarle atención a su acompañante, que le miraba de reojo completamente sonrojada, sin fijarse en los tenderetes tan siquiera. Lo sorprendente es que ninguna "admiradora" del uzumaki les hubiese interrumpido, como acostumbraban a hacer siempre que el rubio salía a pasear. Aunque quizás el hecho de tener a dos fornidos guardaespaldas vigilando influyese un poco. "Bueno, no hay mal que por bien no venga". Naruto se paró ante un puesto donde vendían diversos pendientes, fijándose en unos concretos.
-Disculpe, ¿Cuanto por estos?- preguntó el Uzumaki, señalando unos finos pendientes redondos de plata pulida con una joya púrpura oscura en el centro. En opinión del rubio, le encajaban perfectos a la hyuuga, así que no sería un mal regalo.
-Uzumaki sama, si son para su bella prometida ha hecho una excelente elección.- contesto el vendedor, descolgando la mujer que le acompañaba los pendientes con rapidez.- Combinan perfecto con su color de pelo y preciosa piel. ¿Sabe? Si se los lleva le regalo otros para su otra prometida. Todo el mundo sabe que una mujer contenta hace a su marido feliz, imagínese dos. Estos creo que encajarán perfectos con ella.- añadió, mostrando unos pendientes con una joya con forma de rombo de un rojo intenso insertado en oro.
-Es muy amable, pero no hace falta, puedo pagar ambos.- repuso el uzumaki con humildad.
-No es molestia, cuando las mujeres de la ciudad sepan que usted, el gran héroe de la aldea, compró unos pendientes para sus esposas aquí me lo habrá compensando sobradamente.- concluyó el vendedor con una carcajada, mientras su mujer sonreía y le ofrecía la mercancía. Naruto solo pudo agradecer el gesto y pagar, rechazar ese regalo sería de mala educación, y no le apetecía discutir ahora.
Sacó de la bolsa los pendientes púrpura y se los puso a su prometida con delicadeza, rozando la suave piel de sus lóbulos con las yemas de sus dedos. La hyuuga, al sentir el contacto, casi se desmayo, suerte que el uzumaki tenía unos reflejos rápidos y pudo sujetarla. Con la ayuda de sus escoltas, la sacaron de la calle disimuladamente, para que pudiese tomar el aire. Después de ver esa reacción, obviamente lo de darse un beso estaba descartado, para desgracia y alivio por partes iguales del uzumaki. A pesar de que le parecía una mujer muy atractiva, y de que estaban prometidos, estaba claro que necesitaba más tiempo para acostumbrarse ambos, sobre todo si tenían la boda tan cerca. Así que, tras ese pequeño incidente, y viendo a la hyuuga algo cansada, Naruto decidió acompañarla a su casa y concluir la cita, aunque antes paso por un puesto de máscaras anbu y compró una concreta en la que se había fijado antes. Hubiera deseado un poco mas de carácter por parte de su prometida ante lo de irse ya, pero hinata no era así y debía de quererla con esos detalles. Quizás, con el tiempo, se acostumbraría a una mujer con menos del carácter y la vitalidad que tanto adoraba. Quién sabe. Llegaron al complejo hyuuga, donde Naruto procedió a hablar.
-Me lo he pasado muy bien, Hinata.- rompió el hielo el uzumaki con una sonrisa
-Yo... yo también... Naruto kun...- contestó la hyuuga, con un fuerte sonrojo.
Naruto se acerco a ella y la besó la mejilla con dulzura. Tampoco es que se atreviese a mas, con un par de guardaespaldas mirándolos tan de cerca que podría decir hasta que habían desayunado. Pero aun así, ese beso provocó un temblor en la hyuuga, que casi vuelve a desmayarse. Tras ayudarla a reponerse, los escoltas acompañaron a la hyuuga a su hogar, dejando a Naruto sólo. O no tan sólo. Ya había detectado compañía desde el inicio de la cita, además de la de sus escoltas. Solo que esta persona les seguía disimuladamente, como un auténtico profesional. Naruto no le habría detectado si no fuese por los sentidos agudizados que le proporcionaba kurama, que le permitieron detectar un sutil olor a perfume que le resultaba muy familiar. En definitiva, ya se imaginaba de quién se trataba, y estaba gratamente sorprendido.
-Hanabi... puedes salir, tu hermana ya está dentro.
Unos segundos tras hablar el ojiazul, una mujer apareció desde un árbol cercano. Su fina figura con sus pechos copa D estaba acompañada de un cabello castaño largo, resaltando su bello rostro juvenil. Fijándose bien, Naruto se dio cuenta de que era la viva imagen de su hermana cuando ascendieron a chuunin hace años, solo que con el pelo marrón y una ropa más ajustada y de colores mas vivos. Hanabi, la hija menor del patriarca hyuuga, era una ninja modélica entre los estándares hyuuga: Desde que tuvo edad para andar su padre primero, y su talentoso primo después, habían asumido su entrenamiento, dando como resultado una kunoichi perfectamente adiestrada, un auténtico ejemplo de lo que debe de ser un hyuuga. Incluso su padre parecía querer optar por ella como sucesora en el clan, causándole sentimientos encontrados: alegría, por ser una recompensa a su duro trabajo y el reconocimiento que siempre había ansiado de su padre; y por otro una enorme tristeza, puesto que eso implicaba que su hermana fuese relegada a un segundo puesto y menospreciada a pesar de su notable mejoría desde que había sido ascendida a chuunin. Puede que no fuese la hyuuga más talentosa, pero su padre no había sido justo con ella, minusvalorándola continuamente, sin contar otros actos sin duda excesivamente severos. Aunque con ella tampoco se había portado bien el hyuuga adulto: le había arrebatado la infancia y educado de manera más estricta incluso que con su hermana, dando como resultado que no tuviese amigos ni apenas saliese del complejo. Ni tan siquiera se había permitido hablar con chicos de lo exigente que era su entrenamiento, a pesar de que había uno que le interesaba en particular, aunque sabía que era imposible.
-¿Cómo has sabido que era yo? Suprimí mi chakra, y mantuve una buena distancia gracias al byakugan.- preguntó confundida la hyuuga menor.
-Secreto profesional. Aunque tengo que reconocer que me ha resultado muy complicado ubicarte, eres muy buena.- contestó el uzumaki con una gran sonrisa.
-Gra... gracias, Naruto kun...y discúlpame por hacerlo... ya me vuelvo dentro y no te molesto mas...
-Espera Hanabi, ¿te importa que hablemos un poco?- le preguntó el rubio, ofreciéndola sentarse a su lado. Hanabi accedió, sin abandonar ese ligero rubor en ningún momento. Naruto tuvo claro dos cosas: que ella y hinata eran claramente hermanas, viendo como se sonrojaba; y que hanabi tenía más autocontrol que su hermana, viendo que no se había desmayado ante la oferta.- ¿Por qué nos seguías, Hanabi? ¿Te lo ordenó tu padre?
-Nnn... no, mi padre no sabe que estoy aquí... suelo escaparme de vez en cuando para tomar aire. No se lo digas, por favor...- pidió visiblemente incómoda la hyuuga menor.
-Tranquila, quedará entre nosotros.- contestó el uzumaki, para tranquilidad de Hanabi, que se relajó de inmediato.- pero eso no responde la pregunta de por que nos vigilabas.
-No... no es lo que tu piensas.- intentó excusarse la hyuuga, mientras Naruto se reía.- Es que... sólo quería asegurarme de que mi hermana estuviese bien...
-Eso está bien Hanabi, no tienes que avergonzarte, ni preocuparte, sabes que jamás os haría daño. Se ve que os queréis mucho. ¿Me puedes responder a una duda, Hanabi? ¿Cómo os trata vuestro padre?- preguntó Naruto, provocando que su acompañante se tensase inmediatamente. Tanto ella como su hermana reaccionaban igual ante la mención de Hiashi hyuuga, como si temiesen que fuese omnipresente. Y Naruto se temía el por qué.
-Nuestro padre es un gran ninja, y nosotras debemos de estar a la altura.- respondió la Hyuuga de manera automática.
-Sabes que no me refiero a eso... venga, puedes confiar en mí. Y me vendría bien saberlo si le voy a tener de suegro.- insistió el uzumaki, mirándola fijamente a los ojos. Hanabi tembló ligeramente, perdiéndose en esos inmensos zafiros azules.
-Es... es severo, Naruto kun... y con Hinata a veces hasta cruel. No tolera fallos ni debilidades, y no duda en castigarnos cuando hacemos algo mal. Desearía que no fuese así con Hinata...
-Me lo temía... ¿y cómo te trata a ti?- inquirió el uzumaki, para sorpresa de la hyuuga menor.
-¿A mí? ¿Por qué lo preguntas?
-Porque me importa también como te trata a ti. Sabes, Neji y yo siempre fuimos buenos amigos, y pude ver que Neji era un ninja soberbio, un prodigio con un brillante futuro por delante. Quién sabe si incluso hubiese sido hokage. Pero dio su vida por mí, y no hay un solo día que no le esté agradecido. Y dentro de su vida, vosotras dos erais muy importantes. Así que, para mí también lo sois.
Hanabi humedeció los ojos ligeramente ante la revelación del uzumaki, sinceramente conmovida. Nunca en su vida nadie, salvo su hermana, se había preocupado así por ella. Su padre solo mostraba preocupación por su entrenamiento, fuera de ello era un témpano de hielo. Hanabi rememoró la forma en la que conoció al uzumaki, cuando el propietario de una tienda de máscaras le golpeó simplemente por estar cerca de su puesto, y de cómo lo humilló en publico y lo despreció. Al principio, hanabi pensó que el Uzumaki era un ninja torpe, estúpido y falto de atractivo, ni tan siquiera entendía la obsesión de su hermana con el. Pero, con el tiempo, hanabi comenzó a fijarse mas en Naruto, sobre todo después de que éste derrotase a quién era (y es todavía) su referente a seguir: neji hyuuga, el mayor talento del clan. Lo atribuyó a la suerte, a que neji estaba distraído, a que el ambiente no era el adecuado... pero, con el tiempo, vio que fue simple y llanamente porque ese chico era un ninja extraordinario. Y comenzó a entender a su hermana: puede que no fuese el mejor ninja, pero fue capaz de presentar batalla al semidiós Pain y vencer; puede que no fuese extraordinariamente inteligente, pero ya eran dos los hokages que confiaban ciegamente en el; y que no tuviese el mejor físico, pero no hubiese tenido problemas con ninguna mujer de la aldea si lo hubiese deseado. Y con respecto a este último punto, hanabi ya había cambiado totalmente de parecer este último año, actualmente era de los ninjas mas atractivos que había en el mundo (y aunque hanabi nunca lo admitiría públicamente por el riesgo de que la llamasen pervertida, su byakugan le había revelado que TODO acompañaba a esa impresión).
-Mi padre... mi padre solo me presta atención para entrenarme... y es muy duro... a veces me gustaría salir a la calle a divertirme, como las chicas de la academia... pero mi padre dice que eso es una ridiculez y que yo debo de entrenar en el complejo para ser la mejor. A veces... me siento sola.- expuso Hanabi al rubio, mientras una lágrima caía por su mejilla. Naruto la limpió con ternura y continuó mirándola a los ojos.
-Te entiendo Hanabi. Yo de pequeño pasé por esa misma soledad, pero luego tuve la suerte de encontrar un equipo que se convirtió en mi familia.
-¿Lo dices por Sasuke y esa chica de pelo rosa? ¿Qué ha sido de ellos?
-Es... complicado. Digamos que les deseo lo mejor y les echo de menos... tanto a él como a ella.- Hanabi se fijo en el tono melancólico que adoptó al hablar de ella.- Pero, volviendo al tema, creo que puedo ayudarte con eso. Resulta que estoy reclutando un nuevo escuadrón anbu, y me gustaría que tú formases parte de el.
Hanabi abrió los ojos, sorprendida por la oferta, y lo que implicaba. No solo era el hecho de formar parte de un escuadrón anbu, y de hacerlo en el del gran héroe del mundo, era también la oportunidad de ver mundo, conocer gente, poner a prueba lo que había aprendido... Sonaba demasiado increíble para ser cierto.
-Pero... Naruto kun... los hyuuga no solemos ingresar en el cuerpo anbu... y ademas, mi padre no lo permitiría...- contestó con tristeza la ojiperla. Era una oferta perfecta para ella, pero sabía que era imposible.
-Tu déjame encargarme de eso y respóndeme sinceramente... ¿querrías el puesto?- repuso Naruto con firmeza, y esa firmeza pareció reflejarse en Hanabi, que de pronto supo claramente lo que quería.
-Si... Naruto kun, querría entrar.
-Pues no se hable mas. Te espero mañana a primera hora en la torre hokage. Supongo que aquí dispones de armadura, ninjatos y demás equipo, ¿no?
-Si, aunque no tengo una máscara ...-respondió con algo de vergüenza la pelimarron
-Ah si, eso ya lo he solucionado yo.-comentó el uzumaki, mientras le tendía una máscara anbu blanca con la cara de un conejo, con sus detalles pintados en amarillo.
-¿Co... Co... Cómo sabías que quería esta?- preguntó hanabi asombrada.
-Intuición... eso y que tu hermana me dijo que era tu animal favorito, así que la decisión fue fácil. Además, al ser la de menos estatura del grupo, el enemigo tenderá a menospreciarte, y entonces tu podrás demostrarles su error. Bueno, no te distraigo mas. Mañana preséntate en la puerta de la oficina para reunirte con tu equipo... Usagi (conejo).
Y dicho esto, se fue. Hanabi atravesó el complejo hyuuga sin prestar atención a nada, contemplando su nueva máscara con una gran sonrisa en el rostro. Su futuro se aclaraba y presentaba un nuevo aliciente, algo que deseaba hacer desde hace mucho. Y no sólo en el ámbito personal, era bien sabido que el cuerpo anbu fomentaba el entrenamiento de kenjutsu, un arte que a Hanabi le interesaba sobremanera. No había ningún especialista en kenjutsu dentro de su clan, por lo que entrenarlo era enormemente difícil, y hanabi opinaba firmemente que podía combinar el estilo del puño suave con el empleo de la katana, aprovechando la visión de 360º, la información que le daba el byakugan y la fluidez del movimiento de su estilo de combate para crear un estilo de kenjutsu realmente mortal. Llegó a su casa, volvió sigilosamente a su habitación y depositó con cuidado la máscara junto al peluche de un conejito que descansaba sobre su cómoda. Justo encima del cajón donde guardaba una foto de cierto ninja pelirrubio sin camiseta en un entrenamiento. En el fondo, hanabi era una pervertida, mal que la pesase.
Naruto se dirigió rápidamente al campo de entrenamiento número 20, dónde había quedado con Anko para su entrenamiento de resistencia a venenos, aprovechando el tiempo libre que tenía antes de reunirse con el hokage. Llevaba un día atareado, pero es lo que tiene tener que reclutar un equipo anbu, atender a tus prometidas y no descuidar tu entrenamiento, que no tienes tiempo ni para pensar. Se encontró a la susodicha sentada en la rama de un árbol, gimiendo tan fuerte que Naruto ya sabía lo que estaba haciendo... Anko degustaba su plato favorito, aquel manjar que consideraba incluso mejor que el sexo en ocasiones: sus dangos. Naruto la contempló por un instante: Anko parecía realmente feliz a pesar de su pasado. Cierto era que Naruto había contribuido enormemente a ello con su reciente amistad, pero a veces se preguntaba como podía seguir adelante tan tranquila, como si no le afectase. Porque él, a pesar de declarar que no le afectaba, lo cierto es que si lo hacía. La única razón por la que no pensaba mas en ello es porque no tenía solución. Ella debía de estar parecida a él por lo que habían hablado, pero le sorprendía su filosofía de vida. Anko era Anko, dala unos dangos y un poquito de marcha y será feliz. Todavía recordaba cómo había sido su conversación con la pelimorada tras acostarse por primera vez: estando él preparado para intentar aclarar la situación de ambos, hablar de los sentimientos mutuos y emplear su experiencia reciente con el género femenino para no atarse a una relación seria; se encontró con una Anko dándole exactamente la misma conversación, pero a él, aclarándole que ella no buscaba nada serio, que le atraía (y mucho) el uzumaki, pero que no quería una relación estable, sólo que se divirtiesen de vez en cuando, sin compromisos, y que siempre fuesen amigos. Sólo pudo asentir ante la sorpresa, no estaba acostumbrado a esa clase de reacciones, a esa forma de actuar. Y tenía que reconocer que a veces, como ahora mismo, envidiaba esa forma tan despreocupada de ver la vida. La pelimorada por un momento paró de comer y rebusco dentro de la caja donde tenía guardado su suculento manjar.
-Al fin apareces, mi adorado y suculento amigo.- dijo con una palpable excitación, mientras sacaba un último dango y miraba al rubio.
-Emm, ¿me lo dices a mí o al dango?- preguntó extrañado el Uzumaki.
-A ambos foxi kun, no te pongas celoso.- contestó la kunoichi, mientras le guiñaba coquetamente un ojo.- Bien, ¿preparado para un poco de acción? Si te portas bien, repetimos lo de ayer...
Naruto por un momento dejo ir su mente al día anterior, y tuvo que hacer un enorme esfuerzo para que su amigo no tomase el control. Su relación con Anko, en ese sentido, era perfecta: eran grandes amigos, y compatibles sexualmente, así que tenían incluso más cosas en común. Pero el deber era el deber, y ahora tocaba entrenar.
-Me encanta la idea Anko, pero he quedado con el Hokage en unas horas para que examine al último miembro de nuestro equipo, así que tendremos que entrenar y dejar la diversión para otro día.- contesto Naruto con una sonrisa pícara.
-Jooo... ¿ya te han dicho que cuando te pones serio pierdes atractivo?- preguntó la pelimorada con una mueca de disgusto.- bueno, pues nada, vayamos al lío. Ayer demostraste una resistencia sobrehumana, me sorprendiste mucho. Y con lo de resistir al veneno también, por cierto.- comentó ingeniosamente la kunoichi, arrancando una carcajada al pelirrubio.- y como lo del veneno fue impresionante, he decidido que hoy vamos a echar toda la carne en el asador.
Tras acabar de hablar, Anko se mordió el pulgar y exclamó kuchiyose no jutsu (jutsu de invocación), provocando una nube de humo de la que salió una serpiente de menos de dos metros. Era algo extraño si se tenía en cuenta que Anko era la invocadora de un clan de serpientes constrictoras, que se diferenciaban de las venenosas por su gran tamaño. Ademas, esta serpiente presentaba unos colores muy variados, combinando escamas de color marrón, rojo, granate y negro.
-Anko ssama, essssh un placer verte, ¿y quién esssh tu amigo?- preguntó la serpiente, fijándose en el uzumaki.
-Buenas Vilma sama, mi amigo es el chico del que te hablé
-¿El que aguantó el veneno paralizante que hicimosssh juntasssh en unossh minutosssh? Parece guapo.
Naruto tragó grueso. No por el halago, si no por la forma de mirarle de la serpiente: se sintió como un tierno ratoncito por unos segundos. Y el mirar a Anko no mejoró la sensación: solo tenía esa mirada antes de hacer el amor y antes de torturar a alguien. Y ahora estaba claro que no iba a hacer el amor, atendiendo al contexto y a la presencia de la serpiente. Aunque con Ank nunca se sabe...
-Emmm, soy Naruto Uzumaki.- contestó cortésmente el rubio, mientras se rascaba la nuca nervioso.
La serpiente se irguió sobre su cuerpo reptiliano hasta alcanzar la cintura de Naruto, y comenzó a subir por su cuerpo con una gran agilidad para ser una serpiente. Naruto sintió un escalofrío cuando la serpiente colocó su cabeza cerca de su cuello.
-No te preocupes Naruto, esta todo controlado. Vamos, eso creo... Te explico: lo que resististe ayer era una neurotoxina muy potente, que normalmente a un hombre adulto le habría tenido días en parálisis total. Sí, sé lo que estas pensando, pero me gusta ponerte a prueba.- comentó Anko mientras le daba un suave beso en los labios al consternado ojiazul.- Pero tú lo resististe en minutos, algo teóricamente imposible, sólo otra serpiente podría soportarlo. Así que apostaría que tu condición de Uzumaki y jinchuriki te ha hecho más fuerte. O tus duelos con Sasuke y su hoja envenenada, quién sabe. Así que hoy vamos a ir a por todas: Vilma es la única serpiente venenosa del clan de serpientes constrictoras, pero su veneno es sumamente potente, sólo lo superaban el veneno de esa repugnante serpiente pedófila y el de Sasori de la arena. Lo he mejorado incluso con la ayuda de Yugao, que me ha dado la idea para este entrenamiento y me ha prestado algunos venenos suyos. Aunque es algo... especial.
-¿Cómo que especial?- preguntó Naruto, mientras notaba en su cuello la lengua viperina de la serpiente.
-Essshhh diferente.- expuso Vilma.- Paraliza todo el cuerpo, y provoca fuertesssh alucinacionessshh. Ideal para cazar con tranquilidad. Sshi lo resshishtesssh lo sshuficiente, inclussho verasssh lassh cossassh tal y como sshon... y sssheran.
-¿Son y serán?- inquirió confuso el uzumaki.
-Permíteme demosshtrartelo.- concluyó la serpiente, y de inmediato lanzó un mordisco al cuello de Naruto. Este gritó y movió su mano para agarrar a la serpiente, pero Anko le detuvo con suavidad, clavando sus ojos en los suyos.
-Naruto, es por tu bien, no te resistas aún. Deja que entre en tu organismo, que apague tus sentidos, y cuando lo haga empieza a combatirlo, vuelve a conectarte al mundo. Solo así podrás probar y mejorar tu resistencia natural.
Naruto respiró hondo y dejo que la sustancia invadiese libre su torrente sanguíneo. Confiaba plenamente en Anko, así que la hizo caso. Pronto Vilma aflojó el mordisco y abandonó al uzumaki para volver con su invocadora, mientras Naruto caía de rodillas al suelo, notando como cada músculo de su cuerpo se tensaba al extremo. Adoptó una pose estática y comenzó a sentir como su oído y vista abandonaban su cuerpo, seguidos del olfato y gusto. Lo último que sintió desvanecerse fue el tacto.
De pronto se encontró andando por las calles de Konoha, una konoha en ruinas. Al fondo, entre las montañas, un gigantesco zorro combatía contra una gigantesca rana. Eran Kurama y Gamabunta. Y encima de Gamabunta estaba su propio padre, Yondaime Hokage Minato Namikaze. Detrás de el, las brasas de los edificios parecieron formar la palabra "ILUSO". Todo se difumino en mil fragmentos, y se volvió a formar de nuevo. Volvía a estar en Konoha, aunque ya no estaba en ruinas. Se encontraba en el suelo, y al intentar levantarse recibió una potente patada que le hizo caer sobre un charco. Miró su reflejo: era el mismo, pero con 5 años, y de la paliza que estaba recibiendo ya tenía un ojo hinchado y sangraba con fuerza por la boca y nariz. A su alrededor, las caras de los niños se difuminaron en cenizas ardientes, mostrando unos rostros de piel pálida, inexpresivos ojos negros y afilados dientes amarillos, mientras en el charco se formaba la palabra "MONSTRUOS". De pronto, todos salieron corriendo, mientras el sandaime Hokage llegaba con un par de anbu, uno de ellos con un pelo plateado en punta muy revelador. Antes de volver a difuminarse todo, Naruto pudo leer a sus espaldas, entre brasas ardientes, "SE LAVARON LAS MANOS".
Su siguiente fase ya no era en la aldea, sino en el campo de entrenamiento. El campo numero 7. Naruto miró a cierta joven pelirrosada, con su pelo largo y su traje rojo, contemplando con admiración a cierto uchiha, mientras le ignoraba completamente. A su espalda se formo la palabra "CIEGA". De pronto pasó a encontrarse en el valle del fin. Rodeado de un manto rojo de chakra, saltó con fuerza hacia un demoníaco Sasuke con su sello maldito en nivel 2. En la propia cascada, con grandes letras, pudo leer "INCONSCIENTE". Del valle del fin cuando era niño paso al de la última vez que lucho allí. Se encontraba en el suelo, de rodillas, mientras Sasuke preparaba un chidori para rematarlo por la espalda. Todo se difumino tras formarse en el suelo la frase "ESTUPIDO". Se encontró tras esa visión en la mansión hyuuga. Frente a él, una extensa cantidad de desconocidos de forma elegante le miraban con expectación mientras una hinata vestida con su traje de novia avanzaba hacia él llevada de la mano con su padre. A la espalda del patriarca hyuuga Naruto pudo leer "MALTRATADOR". Pronto se miró las manos, y notó unos inmensos grilletes. Intentó gritar, mientras todos le miraban con una mezcla de risa y lástima. Finalmente, todo se volvió oscuro y surgió la frase "¿EN SERIO TE MERECE LA PENA?".
Estuvo a punto de caer en pánico hasta que recordó las instrucciones de Anko. Debía de reconectarse a la realidad, luchar contra el veneno. Pero ¿cómo?. Y rápidamente pudo caer en la cuenta: el modo sabio. El modo sabio te conecta al mundo real, te hace percibir todo por quintuplicado. Si había algo que le daba resistencia al veneno y a las alucinaciones, era el modo sabio. Es imposible engañar a toda la realidad al mismo tiempo, es como si el resto de la naturaleza fuese el ancla que evitaba que saliese volando. Concentró energía natural, luchando por recuperar sus sentidos. Comenzó por el tacto, y sintió la fina hierba bajo su cuerpo, doblada por su peso. Luego recuperó el gusto. Esa boca seca, casi falta de saliva, todavía recordaba el sabor de los labios de Anko. Después, llego el olfato. En olor de las flores silvestres que plagaban el lugar inundó sus fosas nasales. Y entonces llegó el oído. Pudo oír como la pelimorada hablaba animadamente con su serpiente invocada. Ya solo restaba la vista. Pero por un segundo, se dejo llevar por una última visión. Una bellísima mujer se peinaba frente a un espejo su pelo rubio casi plateado, a tono con su fina piel de porcelana, aunque no era capaz de enfocar su rostro, que estaba ligeramente difuminado. Sus ojos eran violetas, y sus labios suaves y carnosos parecían tararear una canción, mientras se ajustaba una serie de ropas ceremoniales no eran capaces de ocultar el escultural cuerpo que poseia. En su espejo se formó la palabra "SÁLVALA", y al disolverse sólo quedo el reflejo de ambos. Por un segundo la mujer se paró y se dio la vuelta, como si supiese que estaba allí. Pero era imposible. Naruto se apresuró a recuperar la vista al fin, y con un pequeño esfuerzo, abrió los párpados.
-Aghh...- se lamentó el uzumaki, mientras comenzaba a levantarse. Le dolía cada músculo del cuerpo.- Anko, vamos a tener que empezar a hablar de esa manía tuya de intentar matarme...
Tanto la aludida como la serpiente invocada cortaron su conversación y miraron a Naruto con una expresión de asombro.
-¿Na... Naruto? ¿Ya estas recuperado? Pero... si eso es imposible. Este veneno podría incluso matar a un ser humano adulto...-comentó Anko con los ojos como platos.
-Joder, gracias entonces... ¿Si me muero de que me sirve el entrenamiento?
-No te quejes, estaba controlando tus constantes vitales y tenía preparado el antídoto por si acaso no despertabas en dos horas.- contestó la pelimorada, mientras aplicaba algo de chakra sanador al cuerpo de Naruto y le daba de beber el afamado antídoto para dejarle en perfecto estado.
-¿Dos horas? ¿Cuánto he estado inconsciente?
-Ssholo media hora, Uzumaki sshama.- contestó la reptil. Naruto podría jurar que tenía una expresión de asombro, a pesar de ser un reptil de sangre fría.- Essshtoy realmente impresshionada, teniasshhh razón Anko, essshte chico esssh esshpecial.
-Ya te lo dije Vilma sama, mi foxi kun es todo un portento. Si has resistido esto sin ayuda, no hay nada mas que pueda enseñarte, sólo tienes que inyectarte de vez en cuando los venenos para mejorar tu inmunidad- declaró orgullosa la mitarashi, mientras Naruto acababa de ponerse en pie.
El ninja rubio, a pesar de los halagos, tenía la mente en otro sitio. Concretamente, en esa mujer de la última visión. Era la mujer más hermosa que había visto en su vida, compitiendo con cierta pelirrosada, aunque ambas tenían una belleza distinta. Le resultaba familiar, pero debido a lo difuminado de su rostro no era capaz de ubicarla. "Sería sólo una alucinación" pensó el uzumaki para no obsesionarse con el tema.
Pero en la otra punta del continente, cierta joven de cabello rubio claro respiraba algo agitada en su habitación. "¿Quién era él?" Pensó la ojivioleta, mientras examinaba la habitación por si sus sentidos le habían jugado una mala pasada. Pero vio que no era así, y ahora no podía sacarse a ese apuesto chico rubio de la cabeza. A pesar de sólo verle un segundo, sentía que le conocía de toda la vida. Y no pudo dejar de pensar en él mientras salía de su cuarto rumbo al templo, ajustándose su tiara dorada de suma sacerdotisa.
En otro lugar de la aldea, concretamente en los campos de entrenamiento, un joven se recostaba en el césped. Era un ninja alto para sus 16 años de edad, de complexión atlética fruto de su habitual entrenamiento, mandíbula ancha y ojos y largo pelo marrones. Su ropa consistía en una bandana ninja tapándole la frente (a imitación de su ídolo), una camiseta sencilla de entrenamiento que tapaba su tatuaje de un mono en el omoplato izquierdo y uno de fuego y otro de tierra en el derecho (cortesía también de ese rubio hiperactivo), unos pantalones de jounin azul marino, unas sandalias ninja y su característica bufanda de color azul oscuro que no se quitaba nunca.
Konohamaru Sarutobi esperaba en el campo de entrenamiento a que su buen amigo rubio llegase de una vez. Llevaba esperando toda la semana ese entrenamiento que acostumbraban a celebrar un par de veces a la semana, pero que debido al ascenso de ambos a jounin se había visto relegado hasta ese día únicamente. A Konohamaru le encantaba entrenar con el que consideraba orgullosamente su hermano mayor y gran rival, sus duelos siempre eran intensos y le permitían descubrir nuevas técnicas. Fue Naruto quien le enseñó su técnica más destructiva, el gran rasengan, y también la más divertida, su jutsu sexy que tantas risas les causaba al par de amigos y tantos enfados a Moegi. Actualmente su hermano en todo menos en la sangre estaba un tanto retraído, pero nunca perdía la oportunidad de estar con konohamaru entrenando y luego salir con el a comer al Ichiraku y conversar, por lo que el sarutobi sabía más o menos las razones de su enfado, y no podía evitar compartirlas. Eso sin contar que se olía que cierta chica demoníaca de pelo rosa que más de una vez le había mandado al hospital a pesar de ser un niño tenía algo que ver. "Maldito mal de amores", pensó konohamaru mientras suspiraba
En el horizonte, el ninja rubio se aproximaba andando hacia el punto de encuentro, pero no venía solo. A su lado, un ninja de cabellos grises con una toga ceremonial de color blanco con llamas rojas le acompañaba. Hatake Kakashi, actual hokage de konoha. El castaño no pudo sino sorprenderse por la inesperada visita.
-Hokage-sama, es un honor tenerle aquí, ¿Cómo es que vienes acompañado, Naruto- Nii chan?- preguntó con cierta confusión el sarutobi.
-Te lo explicaré después, de momento el hokage quiere ver nuestro entrenamiento, espero que no te afecte porque hoy vamos en serio.- contestó Naruto con tono serio
-¿A qué te refieres?
-A que hoy, como tenemos público, no vamos a centrarnos en nada en especifico para entrenar, vamos a ir con todo- proclamó con una sonrisa en uzumaki- y así de paso me cobro mi revancha por esos exámenes chuunin en suna.- añadió con malicia, provocando un leve escalofrío en el joven ninja castaño. Recordaba bien esos exámenes, donde el castaño ganó al ninja ojiazul por no haberse enterado este bien de las reglas y ser descalificado.- ¿Te ves capaz?
-Nací capaz.- repuso el sarutobi con una media sonrisa mientras preparaba su equipo.
-Eso quería oír... ADELANTE.- exclamó el uzumaki, alejándose de un salto.
Konohamaru apenas tuvo tiempo de mover la cabeza para esquivar el shuriken de su contendiente, mientras miraba asombrado como este trazaba sellos a gran velocidad. Al grito de katon: gokakyu no jutsu (bola de fuego), una gran bola de fuego salió despedida del rubio en dirección a konohamaru, que solo pudo atinar a saltar a un lado para evitar ser cocinado por su psicópata amigo.
-Me estas decepcionando, hachidaime (octavo hokage)- exclamó Naruto al caer al suelo, hiriendo el orgullo de su joven amigo.
-Te vas a enterar, nanadaime (séptimo hokage)- respondió konohamaru con media sonrisa. Al fondo, Kakashi se sentía como si esos dos ninjas ya tuviesen prevista su temprana jubilación.
Al grito de katon: hinotama, varias bolas de fuego de pequeño tamaño salieron despedidas hacia Naruto, que las esquivó saltando hacia atrás, para encontrarse a Konohamaru saltando sobre el con uno de sus jutsus preferidos. Al grito de katon: haiseki shou, una nube de ceniza envolvió al rubio, prendiéndose a la señal del castaño en una nube de fuego infernal. Naruto impactó contra el suelo para deshacerse en una nube de humo, revelando a un clon para sorpresa del hokage, que no averiguaba cuando pudo Naruto sustituirse. Pero konohamaru si que se lo esperaba, así que pudo reaccionar al fuuton: ea dangan que se oyó a su espalda con su Doton: ishigaki. Las balas de aire de Naruto impactaron contra un duro muro de piedra (ya que uno de tierra no habría sido capaz de contener la fuerza del impacto), mientras konohamaru saltaba hacia su rival, lanzaba un shuriken contra el ojiazul y exclamaba kage bunshin no shuriken. El shuriken inicial se dividió en veinte copias, de las cuales cuatro acertaron de lleno en el blanco. Pero Naruto, en lugar de sangrar, se iluminó hasta producir una fuerte explosión, que atrapó a konohamaru. Para sorpresa del hokage, konohamaru también se deshizo en una nube de humo, mientras Naruto aparecía a unos pasos sonriente.
-Veo que has aprendido a protegerte de mis clones explosivos... anda, sal de tu escondite bajo tierra y subamos un poco el nivel.
A unos metros de Naruto, konohamaru emergió de la tierra tras un Doton: Dochū Eigyo (escondrijo bajo tierra) que kakashi no alcanzó a ver durante la pelea. "Cómo echo de menos mi sharingan en estos momentos", pensó el hokage. Pero lo cierto es que ambos ninjas mostraban un buen manejo de su ninjutsu elemental.
-Ya sabes, moegi esta harta de comprarme bufandas nuevas después de que las destroces en nuestros duelos...- contestó el joven castaño, mientras se sacudía la tierra.
Con una leve afirmación, Naruto se tocó un sello de la muñeca, invocando un gran bastón bo con el que se lanzó a golpear al enemigo. Konohamaru reaccionó rápido mordiéndose el pulgar y con un kuchiyose no jutsu invocó un mono de unos dos metros vestido con una armadura samurai y con una expresión dura en el rostro, que inmediatamente se convirtió en un gigantesco bastón de color negro que el chico comenzó a manejar con destreza. Konohamaru estaba orgulloso de su contrato de invocación heredado de su abuelo, tanto que incluso había rechazado el de los sapos que le había ofrecido su amigo, y ahora podía decir orgulloso que era un buen invocador del clan saru (mono), aunque todavía tenía problemas para controlar el carácter de su líder, el rey mono enma. Volviendo a la batalla, Naruto atacó de frente con uno de los extremos de su bastón, siendo desviado por el extremo del bastón de konohamaru, que salto hacia un lado apoyándose en su arma para esquivar el contraataque del rubio. Girándolo sobre su espalda mientras se agachaba, el castaño dio una secuencia de 3 golpes que el rubio atinó a bloquear para luego disponer su bastón en horizontal sobre su cabeza para intentar parar el golpe de su joven amigo. Lástima que su bastón no estuviese hecho de un material tan duro como el diamante, a diferencia del de konohamaru, porque su bastón bo se partió y casi pierde la cabeza del golpe. Con un fuerte ataque frontal, Konohamaru envió a Naruto a volar varios metros hacia atrás, aterrizando este sobre sus pies tras un par de botes.
-Cómo odio ese puto bastón...- dijo el rubio de la que se mordía el pulgar.- ¡kuchiyose no jutsu!
En una gran nube de humo apareció un gigantesco sapo de piel amarillenta y grandes papos, con una simpática chaqueta azul. Se trataba de gamatatsu, el primo pequeño de gamakichi, un sapo bonachón de unos seis metros que conocía Naruto desde su etapa genin y su entrenamiento con jiraya.
-¿En qué puedo ayudarle, Naruto-san?- preguntó solemnemente el sapo
-Ya sabes Gamatatsu, hachidaime ha invocado su bastón y me apetecería demostrarle lo que es una invocación fuerte.- contestó Naruto con una sonrisa, que el sapo respondió con otra
-Será un placer, Naruto-san.
Ambos se lanzaron contra el castaño, que tuvo que volver a convertir su bastón en mono para que se enfrentase al zorro mientras el hacía lo propio con Naruto. Mientras las dos invocaciones luchaban causando grandes destrozos y casi aplastando al hokage (que miraba todo con una gota en la nuca y pensaba que estaban yendo demasiado en serio), konohamaru sacó un kunai para repeler el ataque del ninjato del rubio, que procedió a combatir a su compañero en una intensa lucha de kenjutsu y taijutsu. Viéndose acorralado y con cada vez menos chakra, el castaño decidió jugarse el todo por el todo. Golpeó con una patada el ninjato de Naruto, haciéndole trastabillar hacia atrás y ganando el espacio suficiente para invocar un clon, que procedió a elaborar el afamado rasengan. Con un fuerte grito, konohamaru lanzo el rasengan al suelo, destruyendo gran parte del terreno que se situaba delante suyo y obligando a Naruto a saltar hacia atrás para retroceder. El rubio aterrizó a unos metros, sólo para ver que todo era una distracción. De entre el humo, konohamaru se encontraba sosteniendo una gigantesca bola de candente energía roja con una espiral alrededor con forma de shuriken, que sorprendió muy gratamente al hokage y arrancó una fuerte sonrisa del rubio mientras invocaba un clon. Al grito de Katon: rasen shuriken, konohamaru lanzó su jutsu en dirección a Naruto, que respondió de inmediato con su característico fuuton: rasen shuriken que invocó gracias a su clon. Las dos masas de energía chocaron a medio camino, provocando una gigantesca explosión que destruyó gran parte del campo de entrenamiento. Tras disiparse el humo, kakashi pudo observar como Naruto se encontraba junto al sarutobi, con un kunai apuntando a su cuello, mientras este le miraba con claro cansancio y levantaba las manos.
-Maldita sea... si yo tenía la afinidad a mi favor, mi rasen shuriken debería de haber ganado al tuyo...- dijo el castaño con algo de pena.
-Eso se debe a que todavía no lo has equilibrado lo suficiente al mezclarlo con fuego, con el tiempo lo harás. Si llevases haciéndolos tanto tiempo como yo, habrías vencido sobradamente.- declaró el rubio con una sonrisa, mientras guardaba su arma.- Gracias gamatatsu, ya puedes retirarte, que hemos ganado.- exclamó en dirección al sapo, que con una se disipó en el aire mientras levantaba el pulgar con una sonrisa y comentaba las ganas que tenía de comer el estofado de ma como premio. Naruto sintió un escalofrío al recordar la vez que lo comió cuando estuvo meses en el monte myoboku antes del ataque de pain. No deseaba repetirlo.
-Gracias por tu ayuda también Kong, has luchado muy bien.- declaró también el sarutobi a su invocación, que tras asentir con una sonrisa y un poco magullado con su pelea con el zorro, se disipó.- ¿Cómo va la cuenta, Naruto-nii chan?
-De momento, creo que 3 mi favor.- dijo Naruto mientras pensaba con su pulgar e índice agarrando la barbilla.
-Vaya... bueno, al menos te toca pagar hoy el ramen...- suspiró el joven ninja. Ambos tenían el pacto de que el que ganaba la pelea debía de invitar al otro.
El hokage apareció a un lado de los contendientes, aplaudiendo mientras mostraba una mueca de felicidad con sus dos ojos visibles.
-Impresionante, ambos habéis estado magníficos. Konohamaru, eres el orgullo de tu abuelo y de tu tío, no lo dudes.- declaró el peliblanco
-¿Qué opinas kakashi-sensei? ¿Está listo?- preguntó Naruto mientras konohamaru les miraba confundido.
-Tenías razón, lo está, así que no habrá problema. Y sobre la otra integrante, daré la orden al clan hyuuga, veo bien que se integren un poco más en anbu. No te preocupes por Hiashi, en el cuerpo anbu no tengo a un consejo que me dé ordenes. Bueno, yo me tengo que ir ya, que tengo asuntos que atender, mañana nos vemos a primera hora en mi despacho.- afirmó el hokage de la que desaparecía en un sunshin. "Seguro que va a leer su libro", pensó Naruto, aunque tenía que admitir que últimamente le gustaban más esos libros, y le daban buenas ideas para cuando tenía compañía femenina.
-¿A que se refería, Naruto-nii chan?- preguntó konohamaru confundido.
-Se refería a que tienes nuevo trabajo, konohamaru. Estoy orgulloso de ti.- proclamó Naruto con una sincera sonrisa mientras le tendía a su amigo una máscara anbu blanca de la cara de un mono con los detalles en marrón. Konohamaru la miró aún más confuso hasta entender lo que significaba, y con una gran sonrisa miró a su amigo.
-Estoy preparado, nii-chan.-
Bien, comentemos:
primera parte: AL FIN PUEDO METER A OROCHIMARU. Es el malo por excelencia de esta serie junto a Pain, el antagonista, el contrapunto a todo lo bueno que representa konoha... no entiendo cómo le han vuelto bueno en Boruto, este personaje aporta la vida como malo. En cuanto a Kyofu, este malo tendrá sus más y sus menos con cierto personaje concreto y luego con Naruto. En un principio lo iba a hacer diferente, pero vi la película IT y me dije "vamos a meterlo, que me parece un malo muy bueno y encaja bien". ¿Quién será ese poder puro?
Segunda parte: Aquí podemos ver más desengaños de Naruto con el mundo, en este caso con Hiashi y el clan hyuuga. Está claro que lo del sello del pájaro enjsulado es una animalada, y no entiendo cómo kishimoto lo paso por alto en toda la serie y lo presentó como un "bueeeno, con una cinta bien colocada no pasa nada" (salvo cuando se trataba de neji). Y si, Naruto tiene un futuro muuuuuuy negro como acabe de vecino de Hiashi...
tercera parte: más naruhina. A ver, quiero mostrar a hinata como lo que la han mostrado a lo largo de la serie desde siempre: una chica guapísima que es incapaz de interactuar con Naruto, y en esta cita creo que lo he logrado. Y en cuanto a Hanabi, es un personaje que desarrollaré bastante, me gusta muchísimo y tiene potencial, aunque quiero aclarar que no habrá Naruhanabi. Hanabi siente por Naruto lo que siente no tidas las adolescentes del momento por el héroe rubio de ojo a azules y soltero del momento, me parece obvio. Y su inclusión en el equipo anbu lo decidí tras pensarlo bien junto a otra su opciones como tenten o Kiba, pero al final me parece mejor opción por cómo interactuar a con el resto del escuadrón, sobre todo con Anko xD
Cuarta parte: más de Anko, es un personaje muy rico, cada vez entiendo más porque es tal popular por aquí. También quería meter un poco del entrenamiento con Naruto con los venenos, y ya de paso mostrar algo de lo que ha ocurrido, algo de lo que ocurre ahora y algo de lo que ocurrirá... (música de misterio, o la de "The devil and The huntsman" de la OST del rey Arturo, lo que prefiráis XD)
Quinta parte: El último miembro del undécimo escuadrón ha llegado! Me encanta cómo interactúa Naruto con konohamaru, ya dije que me gusta lo de ponerle hermanos al rubio, y en este caso lo he hecho (de una manera indirecta) con Karin y Konohamaru. Ya veremos cómo le va con Naruto de capitán... aviso que desarrollaré también su personaje, me gusta mucho.
Sin más, hasta el jueves, un placer actualizar!
