¡Holaaa!! Regreso con nuevo capi n-n. Largo como siempre y espero que les guste n.n Pasan muchas n-n.

Notas;

-Este fic es un Ryo-Saku-Ryo. (no¬¬, no me refiero a Ryoma dos veces, si no una a Ryoga). y demás parejas acompañantes.

-Los personajes estarán en OOC de ese. (lo digo por los típicos que van dejando mensajitos por ello. Leñe, que es diversión escribir¬¬)

-Como todos mis fics: Tendrá lemon, pero en su MOMENTO.

-Los personajes no me pertenecen: Son de Takeshi Konomi.

-NO copien mi historia sin mi permiso, por favor.(que ya me ha pasado una vez TOT).

-Au.

-Me comprometo a intentar hacerlos más largos ;D.a menos que me suceda algo de repente.

-NO ES YAOI.

-COMO YA SABEN YO SIEMPRE, SIEMPRE Y SIEMPRE, CONTINUO MIS HISTORIAS.Quien crea que NO, es que NO ME CONOCE¬¬.

(Esto último me lo he visto obligada a ponerlo, gracias a alguien que dice que no se molesta en poner mi historia en alerta porque seguramente no la continuare¬¬. Eso me molestó sinceramente, puesto que SIEMPRE, cuando es su turno, la sigo. ¿o no es verdad? (A menos que me la borren como pasó con mi querido ginecólogo¬¬). Otra cosa a decir gracias a ese personaje¿Escribir por diversión? Sí. Pero, también me gusta saber qué opinan los lectores de lo que leen. No es tan difícil de entender.

Fic: Resumen:

Ryoma Echizen buscaba una secretaria eficiente, cansado de sus problemas con su familia, empresa y ex-secretaria. Sakuno Ryuzaki, tímida, de aspecto nada sexy, quería un nuevo trabajo como secretaria. Momoshiro Takeshi, abogado, echaba de menos a su antigüa novia, pero eso no impide que ayude a dos de sus mejores amigos. Así es como se conocen estos dos personajes y así, es como empieza su historia

Aviso:

Siempre suelo dejar intriga, así que prepárense. Es drama-romance aviso por las personas sensibles, luego no se me quejenXD.

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Capítulo seis.

Por: Chia-Uchiha o pervert-chan.

Movió repetidas veces la cabeza en negación, pero aquella chica parecía haberse tomado la orden con demasiada severidad. Takeshi había entrado junto a Echizen, con el rostro serio y palidez dibujada en sus facciones, sin embargo, lo único que dijo fue la orden.

Teñirle el pelo, ponerle lentillas de colores.

¿¡Su largo cabello siendo teñido!? Dios. Era una horripilación. Pero Echizen y Ryoga no sufrieron mejores noticias. Al igual, tuvieron que cambiar su cabello y ojos. Riku, la sirvienta, se encargó de hacerlo. Casi lloró, cuando sus largas hebras castañas se convertían en rubias y sus ojos pasaron de carmín a verdes. Además, de algo que nunca había llevado y cambio radicalmente su rostro. Pendientes de aro.

Por su parte, ambos Echizen cubrieron sus cabellos de castaño y ocultaron sus ojos en azul oscuro. Parpadeo. Aquel color era realmente precioso. Idéntico al que muchas veces veían en el mar en esas noches.

-Listo- Suspiró Riku volviéndose hacia Momoshiro-. Ya están listos.

-Perfecto, Riku, regresa a tu puesto.

-Sí- aceptó Riku preocupada.

-Los demás, al salón- ordenó una vez más.

Sakuno y los Echizen obedecieron, sin embargo, antes de entrar al salón, Takeshi la retuvo, mirándola con atención. Muy pocas veces le había visto así. De esa forma tan angustiada. Tragó saliva, poniendo las manos sobre el rostro masculino de su mejor amigo, el cual frunció el ceño.

-¿Momo…?

-Ann…- murmuró incrédulo- ha desaparecido.

Llevó sus manos hasta su boca, incrédula.

-¿Momo?- Preguntó.

-Yo tampoco lo entiendo, pero al parecer, ha desaparecido… Uno de mis hombres estaba con ella… Kirihara. Lo dejé infiltrado para que la cuidara y -se frotó la frente- también ha desaparecido. El mismo día. Ambos. Según me han informado, Ann siguió la pistada dada por una llamada a tu móvil, al parecer, del hombre que te busca. Uno de sus especialistas hizo que la llamada fuera dirigida a una zona de la playa en un pueblo costero, pero desgraciadamente, ambos han desaparecido sin rastro... una de dos- y trago ante las noticias- o los han matado... o se han ahogado al intentar escapar de él.

Lo único que se le ocurrió hacer, fue rodear el cuello del hombre con sus brazos y 

acogerle entre su pecho. Los brazos del hombre temblaron por un momento al rodearla, pero decidieron apartarla y acariciarle la cabeza con ternura, en un modo de rendición ante lo que había sucedido.

-Está bien, vamos a dentro- Aconsejó el joven-. Tenemos mucho que hacer.

Afirmó, siguiéndole hasta el interior de el salón, donde ambos Echizen se habían asegurado un buen puesto en los cómodos sofás. Se acomodó por igual y esperó lo que tendría que llegar, mirando como un ceñudo Takeshi se dejaba recargar sobre la chimenea y los miraba con atención, como si intentara reconocerlos bajo aquellas ropas y aspectos diferentes.

-¿Y bien?- Preguntó Ryoga bostezando- No tenemos todo el día.

-Tiempo es lo que te sobra- espetó Momoshiro mirándolo- te aviso, Echizen, ahora mismo, no me toques las pelotas.

-Momo…- susurró Sakuno alarmada- por favor.

Takeshi suspiró al escucharla hablar tan afligida y negó con la cabeza mientras frotaba su sien con ambas manos. Chasqueo la lengua con molestia y suspiró.

-Hemos recibido noticias desde la ciudad- comenzó, tensándose- Al parecer, el asesino se ha movido. Se cree que ha dejado la ciudad. Lastimosamente, hemos de abandonar este lugar- movió en sus manos uno de los diferentes folios- Mucho antes de que yo entrara en el equipo, esta casa se usó como lugar de protección a otras parejas, familias, etc. Cuando yo entré, todavía se utilizaba. Uno de mis hombres estuvo investigando junto a Ann sobre los diferentes asesinos que capturamos gracias a este lugar. Desgraciadamente, muchos fueron puestos en libertad. Creemos que es uno de ellos.

-¿Y por eso nos quieren llevar a otro lugar, cierto?

-Sí- Afirmó Momoshiro mirándola tras su pregunta- No conocíamos sus datos, pero creemos que estamos en lo cierto al pensar que es uno de ellos. Por eso mismo, ahora, ya, nos vamos.

Con la boca abierta por el asombro, buscó las miradas de ambos hombres, hermanos, pero ninguno parecía saber qué hacer con aquella noticia. El lugar que habían creído seguro, ahora no lo era. Tenían que dejarlo al momento y desconocían el lugar a donde los llevarían. Desde luego, podía admirar la suspicacia de Takeshi, especialmente, en aquellos momentos, en los que ni ella misma sabía qué podía hacer por su mejor amigo.

-Bueno- suspiró Momoshiro- Tenemos que irnos a otra zona. Esta quedará abandonada.

-Espera- Detuvo Ryoga alzándose- Se notará que hemos pensado en ello y cuando venga, 

¿Qué sucederá?

-Intentaremos capturarlo- Respondió Takeshi con el ceño fruncido- Por favor, Echizen, deja de subestimarnos- Señaló hasta la puerta- Os presento vuestros dobles.

Ante ellos, tres figuras idénticas a su aspecto verdadero, aparecieron. Sakuno tuvo que tragar, para intentar borrar la sorpresa de su rostro y decidió, que tarde o temprano, tendría que alagar a las personas que hicieran aquel trabajo, o, nacieran de forma natural, tan parecidas unas a otras. Aquellas tres figuras no solo eran físicamente parecidas, si no que habían aprendido perfectamente sus personalidades al parecer. El más alto, idéntico a Ryoga, se encargó de guiñarle un ojo y sonreírle como el verdadero siempre hacía, mientras que el más bajo, Echizen menor, tan solo mantenía sus manos guardadas en los bolsillos y con el ceño fruncido. Lo que más le sorprendió, fue la mujer. Agazapada entre ambos hombres, con las mejillas enrojecidas y ligeros movimientos de sus labios ansiando decir algo.

-Oh, dios...- exclamó en voz baja- son...

-Idénticos- Afirmó Momoshiro leyéndola como siempre- Así eres tú siempre, Sakuno. Excepto cuando tomas decisiones.

Tragó saliva. Aún recordaba la decisión que Momoshiro le pidió que hiciera. Echizen o Ryoga. Aquella decisión la trastocaba hasta la duda. Cada vez que tomaba firmeza en amar a Ryoga, Takeshi se las ingeniaba para volverla dudosa, y Echizen, todavía más, con sus roces, miradas extrañas y demás. Se frotó el rostro preocupada.

-Pero... ¿y si les sucede algo?

Su doble sonrió, recuperando su propia personalidad y le guiñó un ojo, alzando su pulgar en la señal de Ok.

-No se preocupe, señorita, somos especialistas-. Declaró- No será tan fácil como él crea. Y si podemos, daremos todo de nosotros para capturarlo y que usted pueda estar libre.

La miró sorprendida. Si era un joven con tanto carácter realmente, ¿cómo podía imitarla como si tal cosa? Increíble. Realmente eran especialistas. Afirmó, sonriendo y se inclinó como agradecimiento. Ryoga se acercó hasta ella, colocando una mano en su hombro como apoyo.

-No decaigas ahora, Sakuno- aconsejó guiñándole un ojo-. Confía en tu amigo, que al parecer, es experto en protegerte a toda costa. Hasta es capaz de elegir con quien te acuestas o no- Bufó molesto.

-Ryoga- susurró sin mirarle- por favor, te ruego que dejes las peleas con Takeshi ya mismo... tu... realmente no le conoces...



-Le conozco más de lo que crees- aseguró el peli verde alejándose- en fin. Será como tú quieras.

Takeshi gruñó y apresó entre sus dedos el filo de la chimenea, rompiendo parte de el yeso con sus dedos. Sakuno suspiró asustada y corrió hasta él, sujetándolo antes de que cayera de rodillas.

-Momo...

-Dios...- se golpeo el rostro frustrado- si le sucedió algo... a Ann...- aferró su ropa con todas sus fuerzas- no me lo perdonaré nunca.

-Momo, no digas eso...- regañó no muy convencida- espera. Ann es muy fuerte, seguro que...

-Ya, Sakuno- interrumpió Takeshi tapándole la boca con su mano- no sigas. Suficiente que yo me martirice. Ahora, ves con los demás. Echizen- ordenó, mirando a su jefe- llévatela.

Sakuno abrió la boca para protestar, pero un suspiro por parte de Echizen, lo impidió, arrastrándola de la blusa hasta la salida. Era algo increíble. Intentaba ayudarle, y Momoshiro la expulsaba con su jefe. Suspiró cansada y entristecida, hasta que la grandiosa mano de el hombre se posó sobre su, ahora, rubia cabellera.

-Torpe.

-¿Eh?- Exclamó incrédula. Apretó los dientes con fuerza- ¡solo quiero que esté bien!- exclamó sin poderlo evitar- ¡Ann es importante para mí! Pero para Momo... es... mucho más importante y...

-Exacto- Interrumpió él sonriendo altanero- Mucho más.

Parpadeo, quitando las lágrimas que había derramado, el pulgar de el hombre se afanaba en acariciar sus mejillas. Y se sorprendió, cuando lo llevó hasta su boca para lamer las lágrimas recogidas. Aquello era algo totalmente vergonzoso.

Lo siguió callada, con la cabeza baja para ocultar la rojez que había despertado con aquel acto. No podía negar que su jefe tenía razón y no lo había pensado. Momoshiro estaba sufriendo por su parte. Porque amaba a Ann. Tanto, que era capaz hasta de desmoronarse ante la idea de haberla perdido para siempre. ¿Qué podía hacer ella por él? Nada. Absolutamente nada.

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Esperó pacientemente mientras aquellos dos se acercaban hasta el coche aparcado en la parte trasera de la casa. Sakuno volvía a llevar el molesto saco de pulgas entre sus brazos y Ryoma con su parsimonia de siempre. ¿Es que acaso no podían darse prisa? Odiaba cuando 

se quedaban solos. No podía controlarlos.

-Maldición- Susurró entre dientes.

Desde que esa mañana Sakuno había mostrado claras dudas sobre su decisión amorosa, no podía evitar dejar de ver a su hermano como un rival. Hasta llegó a golpearlo de pura rabia, al creer que Sakuno sí se había atrevido a estar con Ryoma y no con él. Al final, había resultado que aquel chupetón era falso y había sido una simple broma hecha por Takeshi.

-Y por culpa de ambos...- se miró la mano atentamente, cerrándola y abriéndola una y otra vez- Yo...

La golpeo. Con demasiada fuerza. Aquella chica que los había arreglado, se había afanado en cubrir la mejilla golpeada con maquillaje, pero para él estaba visible. ¿Qué locura le había dado a la chica para meterse en medio y salir herida? Suspiró. De todas formas, era su culpa. Ser tan celoso no ayudaba, especialmente, con una joven tan inocente y perdida en los lares de el amor.

Y encima, algo había sucedido con el falso abogado. Algo demasiado grave como para hacerla volverse decisiva en acallarle con sus disputas y Takeshi. Por supuesto, estaba claro que ella no le contaría nada. Se mordió el labio inferior y se adentró en la limusina cuando ambos llegaron, dispuestos a seguirle. Sakuno, pese a ser su prometida, seguía guardando demasiados secretos hacía su persona. Secretos, que lo mataban interiormente. ¿Dónde demonios estaba la confianza entre ellos?

Seguramente, comenzaba a perderla ante tantas situaciones de posesión que había tenido. Se había golpeado mentalmente a sí mismo, al recordar que estuvo a punto de forzarla a un beso que ella no deseaba. Sus ansias de tenerla y la falta de mujeres esos días, lo mataban.

-¿Dónde nos llevarán?- Preguntó Sakuno acomodándose en el asiento y abrazando al felino- estoy preocupada.

-Seguramente, un lugar seguro- Respondió encogiéndose de hombros- No te preocupes, cariño.

Sakuno le sonrió con gentileza, pero eso, seguramente, no interrumpiría su preocupación, especialmente, cuanto al destino no fue revelado por Momoshiro. Esta inquieta, sus hombros temblaban y sus labios hinchados, aún por el golpe, temblaban. Suspiró y estiró su brazo para acogerla en su pecho y besarla. Gold no tardó en saltar hasta Ryoma y refugiarse en él, bufando ante él, pero, ¿Qué importaba si ahora Sakuno lloraba en sus brazos?

-Ryoga...- Susurró ella entre lágrimas- Perdóname... por meteros en esto...

-Sakuno- llamó suspirando cansado antes de alzar su rostro y sonreírle- Creo que te equivocas de palabras.

-¿Cómo...?- Preguntó confusa.

-No te disculpes porque estemos metidos en este lio contigo. Porque, creo que olvidas a qué familia pertenecemos éste- señaló de forma aburrida a su hermano- y yo. Somos Echizen. ¿Cuando no está en problemas esta familia? Por una vez, que te protejamos, no te disculpes.

Sakuno tembló entre sus brazos, sonrojándose notoriamente y ocultando su rostro entre su camisa, para que ninguno de los dos la viera de aquella forma. Y no se movió ni un ápice, hasta que la llegada al aeropuerto se hizo visible. Intentó cargarla para no despertarla, pero al parecer, la mujer tenía el sueño demasiado ligero y no tardó en notar que era movida por él y alegó que podía andar por ella misma. Y tal vez, le hubiera molestado, si no fuera por la cara de asombro que puso al ver el avión.

-¡Ah!- Exclamó asombrada- es... una pasada... Más grande que el anterior.

-Porque el anterior era de una clase diferente- Explicó, sujetándola de la cintura- este, tiene más asientos, etc. de cosas. Nuestra familia tiene cuatro de estos. Uno por persona.

-¿¡Eh!?

La palidez acudió al rostro de la joven y tuvo que reír al ver su rostro de alucinación.

-Ustedes... los ricos... sois... algo alocados... con uno sería suficiente y ya me parece asombroso- Confesó.

-¿Uno?- Preguntó Ryoma incrédulo.

-Cariño, si solo tuviéramos uno, ¿qué sucedería cuando dos de nosotros quiera viajar a diferente lugar en el mismo avión?- Preguntó.

-Es... esperar a que regrese- respondió apartándose un largo mecho rebelde- sería lo lógico...

-Bah, no te preocupes- besó su frente y acaricio sus hombros con delicadeza- Cuando nos casemos, te compraré uno para ti solita.

Sakuno se liberó de su agarre y buscó el asiento más cercano, frotando su frente con incredulidad y negando con la cabeza.

-Oh, no, Ryoga., por Dios-. Negó- Yo no quiero lujos. Es imposible... que me acostumbre a algo así... me gusta mi vida de pobre- aseguró- sería imposible para mí mantener un avión. ¡Si casi no puedo con Gold! Mucho menos un avión...- le miró incrédula- ¿Qué... comen?

Ryoma ocultó una carcajada entre sus labios, mirando hacia el exterior y él mismo se golpeo la frente. ¿Dónde demonios vivía esa mujer para preguntar algo tan ridículo? Y, ¿cómo que no acostumbrarse a los lujos cuando era dueña de demasiados ceros? Un momento. ¿Acaso pensaba seguir viviendo en un simple apartamento cuando se casaran? Ni loco. Cierto era que no tendrían hijos, pero, no como para vivir en un lugar así.



Humedeció sus labios. Hijos. Era algo que todavía no lo había hablado con ella. La trampa de su padre para darle en herencia algunos de sus millones, había sido clara. Nanjiro Echizen quería que su sangre verdadera, es decir, la de su esposa real y la suya, sí continuara vigente, por ello mismo, solo Ryoma tenía permitido engendrar hijos. Él mismo había visitado tiempo atrás a Tomoka para una operación en la que quitarían por completo su intención de crear pequeños minis Ryogas. Y todo por no ser un Echizen completo y ser adoptado.

Pero, ¿Qué diría Sakuno cuando viera que con los años no podía tener herencia? Era capaz de echarse las culpas a ella misma por casarse tan tarde y creer que a su edad no se puede tener hijos. Era algo que tenía que hablar con ella. Pero, asegurándose de que ya no la perdía, por eso, esa noticia sería dada tras la ceremonia de enlace matrimonial. Aunque sonara injusto.

Se dejó caer en otro de los sillones y observó la arruga formada en la cadera izquierda de su hermano. Frunció el ceño y sonrió malicioso. El chasquido que escuchó cuando entró la primera vez en la habitación la otra noche, no era otro si no, que el sonido de el gatillo de una pistola. ¿Eso significaba que Ryoma había cogido un arma de nuevo? Le parecía incrédulo y solo quedaba la opción de que Momoshiro se la diera. Ahora comprendía el aturdimiento de el menor y su respuesta lenta cuando se pelearon.

Porque nunca había peleado a puños con Ryoma sabiendo que él perdería. Ryoma había sido entrenado, como muchos de los niños ricos, en todas las artes marciales posibles, además de el manejo de armas. Antes de ser empresario, Ryoma hizo el servicio militar y alguna que otra cosa más cercana a las armas. Quizás, esa era la razón por la cual Takeshi había colocado a Ryoma como su guardaespaldas, en su lugar. Aunque algo le decía que no. Momoshiro quería quitarle a Sakuno y conocía perfectamente el atractivo físico de Ryoma en las mujeres.

-¿Ryoga?

Se volvió hacia la voz de la mujer, que le miraba preocupada. El avión había comenzado a moverse y al quedarse callado, Sakuno pudo atribuir su mutismo al mareo. Dios, si nunca se había mareado. Estaba acostumbrado a viajar y Ryoma igual. Para ellos no era nada.

-¿Estás bien?- Preguntó mirándola.

-Sí, pero, como te callaste tan pronto, creí que estarías... mareado.

-No, mujer, tranquila- acaricio su mejilla y sonrió tranquilizadoramente- No te preocupes. Nunca me mareo.

Se alzó, estirándose y caminando hasta la gabina. Seguramente, el piloto le informaría de el lugar de procedencia, y si no, una de las azafatas, que al parecer, no formaban parte del equipo de Takeshi. Se lamio los labios. Quizás, aunque fuera en el viaje, podría gozar un poco de sexo y quitarse la angustia.



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Bufó una vez más y se acomodó mejor en la silla. La espalda de Ryoga se perdió tras las cortinas hacia la gabina, seguramente, iba con la idea de preguntar el paradero, aunque ya le había visto observar con demasiado interés a la única azafata. La desgracia: no trabajaba para Momoshiro. Ryoga finalmente podría poner fin a sus deseos carnales. ¿Y mientras? Miró la cabeza castaña, que asomada a la ventanilla, observaba el suelo a lo lejos. Ella tendría que esperar, sentada como buena niña inocente de los cuernos puestos por su novio.

-Señor Echizen.

Abrió uno de sus azulados ojos, ahora así por las molestas lentillas, para mirarla. Los rubios cabellos habían sido liberados y caían por completo por la espalda y hombros de la mujer, mientras los verdosos ojos le observaron atentamente, pestañeando confusa.

-¿Realmente está usted... acostumbrado a viajar? ¿Tienen tantos aviones?

Abrió los ojos sorprendido. ¿Tanto interés le había creado aquello? Ryoga no mentía. Cada miembro de su familia tenía un vehículo propio, aviones y barcos. Claro está, que estos últimos eran más diversos. Lanchas, transatlánticos, etc. Igual sucedía con las casas. Él mismo tenía tres en Japón, cuatro en América, una en Italia, y dos en España. Sus padres, seguramente, uniendo las partes de ambos, tendrían en total unas veinte casas o más. Sonrió. ¿Qué cara pondría si se enterase de aquello?

-Sí, es cierto- Respondió finalmente.

-¡Qué pasada! Pero... eso es mucho dinero...- Dudó y antes de que se diera cuenta, ella estaba sentada a su lado- demasiado. Si echara cuentas, creo que con mi paga actual, tendría que vivir mil años para poder pagar uno solo de esos aparatos.

-¿Está pidiendo un aumento de sueldo?

No podía evitar aquello como una indirecta para que le subiera la paga, aunque tenía que reconocer, que con demasiado gusto se lo daría. La chica trabaja demasiado eficiente y con la pequeña aventura que estaba viviendo, podría decir que, si cuando salieran de ella, conseguía terminar el eslogan, realmente merecería ser algo más que una simple secretaria. Además, dudaba que aquello sucediera. Seguramente, cuando Ryuzaki cobrara su parte de herencia por su abuela, terminaría dejando el trabajo.

-No, señor Echizen- negó ella sonrojándose al instante- solo... es que me parece demasiado... ¿Realmente los ricos se sienten orgullosos de tener... tanto para nada?

-Eso parece...- respondió sin interés.

Él era rico y no lo comprendía. Sus padres le enseñaron a vivir rodeado de lujos. Tener lo que quería con solo llorar o dar un zapateado, por suerte, su carácter fue lo suficientemente 

fuerte como para decidir qué quería. Y luchar formó parte de su vida. Contra su padre. Su madre. Su hermano. Las demás empresas. Todos.

Quizás si fue su frialdad y poca cercanía al sexo femenino lo que le llevó a tener tanta cabeza, pero al menos, agradecía tal cosa. Igual, si se hubiera enamorado de una mujer vana con las que se acostaba, hubiera quedado arruinado demasiado pronto, igual que su hermano. Capaz de, al igual que su padre, tener un hijo bastardo o quizás, hasta dos. Mejor soltero que mal acompañado durante toda su vida.

-Prefiero... la tranquilidad- continuo la joven- tanta casa... me haría sentir sola. Tener tantos modos de transporte, objetos y demás cosas... me harían sentir pequeña y siempre necesitada de algo que no encontraría jamás, al tener de todo. Disculpe si le ofendo pero... creo que los ricos terminan sintiéndose vacios... porque no saben que es ansiar algo... luchar por conseguirlo con tus manos... llorar a fin de mes por no poder pagar la luz y no poder comer... Son cosas... que forma parte de la vida. Ellos... se lo pierden- se frotó el brazo izquierdo apenada y sonrió tristemente- pese... a que mi abuela tenía tanto dinero... a sus hijos, a mi... nos crio como si fuéramos pobres... Por eso, ahora se me haría imposible vivir en tantos lujos. Espero... que Ryoga lo comprenda...

La miró de reojo. Entonces, ¿ella sabía de su verdadero estado económico? ¿Sabía que tenía mucho más que los cuatro Echizen juntos? Sí. Y no conseguía asumirlo por lo que veía en sus palabras. Además, podía comprenderla perfectamente. Ese vacío, él mismo lo había sentido. Tenía todo lo que quería y no comprendía por qué un niño pobre lloraba al ansiar tanto la piruleta y cuando se la dabas para que se callara, te la tiraba en la cara sintiéndose ofendido por tu ayuda.

Pero dudaba que, Ryoga, el cual estaba demasiado acostumbrando al gasto y las cosas fáciles desde que fue adoptado, comprendiera su necesidad de vivir como si fueran pobres. Especialmente, él, que vivió la pobreza hasta que Nanjiro lo recogió. La castaña realmente estaba equivocada con Ryoga. No conocía las persuasiones de su hermano.

-Ryoga... ¿se encontrará bien?- Preguntó preocupada.

-Hum- afirmó con la cabeza.

Podría dejar que fuera, que se acercara y se encontrara con la verdad de el momento, pero, ¿de qué serviría viajar con una mujer frustrada y un hermano que se había vuelto demasiado agresivo? No le atraía para nada la idea. Quería tranquilidad y era algo difícil de conseguir con la tensión que su hermano creaba al querer poseer tanto a la secretaria. Era demasiado obsesivo. Más que nunca. Comenzó a preocuparle tal acto y creía que realmente se calmaría, pero no fue así. Parecía aumentar a medida que los días pasaban.

Suspiró y volvió la vista hacia ella, ante su extraño silencio. Abrió los ojos sorprendido. Se había quedado totalmente dormida. Su cabeza caía hacia él y los brazos cruzados sobre su vientre. Le habían aclarado la piel con algún tónico y al parecer, no había sido tan necesario excepto en el rostro, cuello y manos. ¿Es que esa mujer no tomaba el sol? Y 

entonces recordó la vergüenza masiva de la muchacha. Imposible de tomar el sol en una playa repleta de personas.

-Joder...-Maldijo antes de quitarse la chaqueta.

La arropó con cuidado y volvió a posar su mirada en el inmenso mar que atravesaban. El viaje sería largo y seguramente, Ryoga no abandonaría los compartimientos de las azafatas. Aquellos aviones modificados para vuelos largos, proporcionaban pequeños huecos para poder dormir levemente. Seguramente, Ryoga estaría disfrutando de ellos por largas horas, porque al parecer, el avión parecía solo detenerse para repostar y alzar el vuelo nuevamente. En definitiva. Momoshiro los quería fuera de el país.

Sintió la culata de la pistola contra sus costillas y frunció el ceño. Si Ryuzaki no estuviera en peligro, no tendría que volver a coger una pistola, menos, empuñarla. No era algo que le trajera buenos recuerdos. Era odioso. Algo, que hasta para alguien frio como él, fue traumático. Entrecerró los ojos y apretó sus labios. Solo rogaba no tener que disparar.

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Parpadeo al sentir un fuerte impulso y nerviosa, miró a su alrededor, hasta que su cabeza golpeo contra algo verdaderamente duro. Se llevó las manos hasta su zona dolorida y entrecerró uno de sus ojos, mientras con el otro, intentaba descubrir qué había golpeado. Abrió la boca desconcertada.

-¡Señor!

Había golpeado contra la cabeza de el hombre, que dormitaba a su lado y al impulso, él se había golpeado contra la ventanilla. Recibió doblemente. Asustada, intentó hallar el lugar dolorido de el hombre, pero éste la apartó, sentándola contra la silla.

-Átese el cinturón- ordenó brusco.

-¿Hemos llegado?- Preguntó obediente-. ¿Dónde?

-España.

Su boca se abrió desconcertada. Liberó el agarre a su cinturón y sin darse cuenta exactamente dónde pisaba, se posicionó sobre él, para ver la tierra en la que se habían detenido. Hasta que él no gruñó, no se percató. Miró hacia su rodilla y después, al rostro enrojecido y las manos temblorosas que intentaban quitar su peso de el lugar.

-¡Ah! ¡Lo siento!

-No... Importa...



La voz quebrada no significaba que no importaba. Le había pisado lo que a todo hombre duele y por meros instantes pensó que igual era demasiado grande el dolor, cuando lo vio girarse y encogerse sobre sí mismo, suspirando repetitivamente.

-¿Se encuentra bien?- Preguntó asomándose- ah...

Se apartó al instante, enrojecida y cubriendo su rostro con ambas manos, para arrodillarse en el pasillo. No podía gritar y tampoco huir. Su cuerpo parecía haber inmovilizado y no respondía a las respuestas demandadas por su cerebro. Era la primera vez en toda su vida, que veía un miembro viril.

-Ey, Ryuzaki.

Se volvió medianamente y observó los dorados ojos fruncidos. Seguramente él le echaría en cara su osadía de mirarle sus encantos privados. Pero el hombre, en su despiste de dolor, pareció no haberse dado cuenta que, cuando había abierto el pantalón para ver si había sido algo grave, ella miró. Algo carnoso... doblado... guardado entre matas de cabellos negruzcos con toques verdes... Sí, definitivamente, el cabello real de su jefe era negro verdoso.

-¿S- sí?- Preguntó.

-Vamos- ordenó él alzándola de las axilas con facilidad- tenemos que bajar.

Se observó en pie, dándose cuenta de que algo aún seguía cubriendo su torso. La chaqueta de el empresario. Se volvió para entregársela, pero fue tarde. Echizen se había alejado y descendía por el pasillo supletoria de metal. Ryoga se dejó ver a través de las cortinas, despidiéndose de uno de los hombres que había pilotado el avión, mientras la azafata le indicaba la salida. Al verla, la cubrió con su brazo y besó la mejilla.

-Vamos, Sakuno. Supongo que es la primera vez que viajas a España, ¿verdad?- Preguntó burlón.

-Sí... Nunca salí de Japón.

Recogio a Gold de el porta equipajes y caminaron de nuevo hasta otra limusina. ¿Cómo conocer tales tierras si nunca había viajado fuera? Era increíble la de cosas que se conseguía con dinero. Sonrió para sí misma. Con el sueldo que ganara, intentaría comprar un billete de viaje y buscaría alguna ciudad que le llamara la atención y se iría de viaje. Sería una buena idea para intentar superar el mes largo de trabajo. Claro está, que para eso, tenía que poder regresar a Japón y terminar su trabajo.

-Si quieres, vendremos de luna de miel a España, con más tranquilidad y te enseñaré los mejores lugares.

-Uhn...- dudó.



Nunca había pensado en dónde quería ir en la luna de miel. Ni siquiera al saber que era la prometida de Ryoga y que quedaría realmente poco para su celebración. ¿Dónde ir cuando llevara el apellido Echizen? ¿Dónde viajar para la primera vez que le hiciera el amor?

-¿No quieres?- Preguntó él preocupado- ¿O no pensaste en ello?

-No pensé...- confesó- Yo... no pensé, lo siento.

-No, tranquila- Interrumpió Ryoga riendo- Déjamelo a mí. Te prometo que será lo mejor- le guiñó un ojo y la pegó más a su formado cuerpo- Verás como serán los días más felices de tu vida.

-Seguro- Afirmó sonriendo complacida.

Se adentró en el coche y buscó el rostro de su jefe, pero este se encontraba ladeado. Seguramente, estaría molesto por haber pisado sin querer su zona íntima. Cualquiera estaría así de molesto. Para una mujer no era lo mismo, pero cuando pisan igual, duele y mucho. Tragó saliva al recordar el leve pisotón que tiempo atrás recibió de uno de los hijos de su vecina, a la cual se dedico a cuidarle los niños, antes de encontrar el trabajo con Kaidoh.

-España... es bonita- susurró- me gusta...

-Eso me alegra- Festejó Ryoga- en fin... veamos a donde nos llevan. Estamos en una isla así que, el espacio es poco.

-Mejor.

Ambos miraron al menor de los Echizen, que, de forma distraída, miraba las carreteras de tierra que dejaban a lo lejos, mientras su barbilla quedaba acomodada en el dorso de su mano. ¿Mejor? ¿En qué sentido? Aquello se podría malinterpretar, hasta ella, que nunca había pensado en esas cosas, pensó en el poco espacio entre dos cuerpos. Tragó y escondio su rostro entre sus manos, mientras una mueca de sonrisa, se dibujó en el rostro de su jefe. Lo miró desconcertada, encontrándose con sus dorados ojos, brillantes en picardía. ¿Lo había hecho aposta? ¿Quería sonrojarla?

-Esto... parece un parque natural- Murmuró Ryoga sin prestarles atención- ¿existía alguna isla protegida que fuera un parque natural?- Se inclinó hasta el conductor- ¿Qué isla es esta?- Preguntó.

-Cabrera, señor, una de las islas baleares- Respondió el conductor- La policía de Japón dio mucho dinero y la terminó por comprar. Ahora es completamente suya. Hace poco que lo hicieron.

-Ya veo- Dijo Ryoga pensativo- Ese Takeshi... ¿De dónde coño a sacado el dinero para comprar algo así?



Una sonrisa altanera se dibujó en el rostro de Echizen, que lo miró alzando una ceja y Ryoga se dejó caer suspirando largamente antes de ocultar sus ojos bajo su brazo. Ella se encontraba perdida. Cierto era, ¿de dónde había sacado ese dinero Momoshiro? No era rico.

-Tu, ¿Verdad?- Preguntó Ryoga señalando a su hermano- ¿Por qué coño no me sorprende? Eres el más rico de los tres, ya que Sakuno no puede tocar su fortuna. ¿A quién pediría ayuda si no?

Sakuno parpadeo. ¿Cómo sabía Ryoga...? Stop. Ahora lo recordaba. Momoshiro, el día del anuncio de su compromiso, la avisó sobre algo de su herencia y Ryoga. Bueno, era lógico que Ryoga investigara sobre su futura mujer, ¿o no? Movió la cabeza pensativa y buscó fijar la mirada en algún punto concreto, para disipar las dudas.

La belleza natural de el lugar la golpeo. Las aguas cristalinas irrumpían en todo el alrededor. El verdor de los árboles se acomodaban a la vegetación terrestre, repleta de algunos animales silvestres y demás. Especialmente, aves. No pudo evitar maravillarse con los lagos limpios y los puentes de madera que los unían, algunos creados por simples árboles derrumbados.

-Ma... maravilloso- susurró con asombro.

Una simple mirada y se enamoró de el lugar. Se inclinó hacia Echizen y sonrió.

-Felicitaciones por tal adquisición- Felicitó- es... maravillosa.

-Hum.

-Por dios- exclamó Ryoga hastiado-. Coges una cosa realmente maravillosa y no eres ni capaz de corresponder a una felicitación. Realmente, eres frio, sí, pero con las personas. Joder, Ryoma, despierta o terminarás envejeciendo solo.

-Ryoga- regañó preocupada.

Ambos hermanos suspiraron y la tensión amainó. Ryoga parecía ansiar que Ryoma explotara y aquello, realmente la aterraba. ¿Qué rostro tendría Echizen cuando eso sucediera? ¿Sería capaz de utilizar la pistola que guardaba dentro de su pantalón? ¿O los puños? ¿Sería igual de mortal que los policías que aparecían en las películas de acción? Tembló. Solo de pensarlo, le entraban escalofríos.

-Llegamos- Informó el conductor- su hogar a partir de ahora, señores.

Descendieron de el coche y casi se cayó al suelo ante la impresionante morada. No era lujosa como la anterior, pero, una casa completamente de madera y con tantas habitaciones y demás como una de lujo, era verdaderamente impresionante. El frio no la preocupó. El clima era cálido y a la vez húmedo. Desde luego, era mejor. Caminó entre ambos hombres hasta la gran escalinata y se detuvo, cuando creyó que podría ver parte de la isla desde altura. Que equivocada. Los arboles impidieron cualquier visibilidad.

-¿Te gusta?- Preguntó Ryoga observándola con el ceño fruncido.

-Mucho- confesó- La naturaleza... me gusta mucho. Gold estará contento.

-Igual algún animal se lo come- espetó Ryoga fingiendo un escalofrió.

-¡Ryoga!- Exclamó abrazando con miedo al felino- ¡Espero que... no!

-Era una broma, Sakuno- suspiró, adentrándose en el interior del hogar.

Sakuno no supo si decir si realmente estaba de broma o no. Gold le había cogido demasiado odio a Ryoga y temía que ambos tuvieron más de una pelea, en la que, lo más probable, era que el felino perdiera. Suspiró y decidió entrar también, pero se detuvo, al ver el rostro sonriente con total tranquilidad que observaba su alrededor. Sonrió por igual.

-Señor... de verdad... que es precioso...

Los dorados ojos la observaron con atención antes de que el poderoso cuerpo se acercara hasta ella. La gran mano se posiciono sobre su cabeza, moviéndose gentilmente sobre sus dorados cabellos.

-Gracias...

La respuesta seca de siempre. Pero no fue lo único. Lo único que llegó y la tensó hasta hacer que su corazón latiera desbocadamente. Los labios masculinos se posaron sobre su nariz, besándola lentamente antes de alejarse al interior de la casa. Cayó de rodillas, intentando controlar su respiración. Aquello había llegado de sorpresa, sin razón alguna. ¿Su jefe, la había besado tan infantilmente o... como hombre?

-¿Señor...? ¿Por... qué?

-Porque es un hombre, te lo advertí.

Dio un salto y pegó su espalda contra la pared. Ryoga permanecía con las manos dentro de los bolsillos y la mirada perdida en la lejanía. Si la hubiera mirado, no se hubiera sentido peor.

-Sakuno- suspiró- Creo que... estas algo confusa. No sabes a qué palo ir. Mi hermano o yo. Tienes que decidir. Dices que me amas, pero yo nunca te e hecho caer de esa forma con un beso en los labios, ¿cómo demonios puede hacerlo él? No lo sé. Nunca he visto a mi hermano tratar así a una mujer. Contigo es diferente y, tú, estás confusa. Por eso mismo...

-Ryoga...

-No- detuvo alzando una mano y sonriendo al mirarla- Déjame terminar. Por eso mismo, Sakuno, quiero que detengamos nuestro prometaje. Quiero que... realmente decidas si 

quieres quedarte en mi cama o en la de mi hermano. Porque...- frunció el ceño con seriedad- me niego a que mi mujer sea la puta que me pone los cuernos con mi hermano.

Se alzó y detuvo sus pasos, agarrándose a su camisa. Ryoga sonrió y acaricio sus cabellos.

-Demonios, hasta tienes ganas de abofetearme y no eres capaz de hacerlo- susurró besándole la quijada- Sakuno, por favor, elígeme a mí, pero... olvida a mi hermano. Nunca le mires si decides venir conmigo. Ni siquiera será tu cuñado.

La apresó entre sus brazos y jadeo ante la necesidad de aire. Aquella musculatura la inundaba, haciéndola sentir pequeña. Movió la cabeza en busca de el rostro de Ryoga, pero este se había enterrado en su cuello y no desistía en oler su olor.

-Ryoga... por favor... no me pidas esto...- rogó esperanzada.

-Lo siento, pero... cuando estaba en la gabina de el avión, lo pensé. ¿Cómo demonios soy tan ciego de no darme cuenta que es Ryoma quien te eclipsa para no verme? Quería creer que era un hombre, sí, pero respetaría la mujer de su propio hermano. Y ahora, con el beso, demostró que no lo hace.

-Ryoga...

-Lo siento, Sakuno. Ya he tomado esta decisión. Solo te pido, que seas sincera. Si teniéndote atada, te haces imposible de acceder a mis peticiones, ¿cómo quieres que me sienta?- La apartó levemente, acariciándole la espalda con la palma de su mano- Quiero tocarte. Me muero de ganas por hacerte el amor, pero tú tienes demasiado miedo. No sé qué hacer contigo.

La liberó finalmente y se alejó para entrar por igual en la casa. Desconcertada, los siguió. ¿Acaba de terminar con su futuro matrimonio un simple beso en la nariz? ¿Cuántas cosas desconocía del amor? Y, ¿cómo comprender los deseos de un hombre? Ahora, tendría que elegir a cuál de los hermanos deseaba. ¿Sería capaz de hacer algo así? Amaba a Ryoga. Echizen era su jefe. Un jefe, que, al parecer, había decidido tomarse algunas que otras confianzas.

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Nada más entrar, golpeo la pared cercana. Buscó con la mirada la figura masculina de su hermano, que lo observaba con desinterés. Apretó los dientes y caminó hasta él, tendiéndole la mano, la cual él observó con detenimiento.

-¿Qué?-Preguntó finalmente tras un largo silencio por parte de ambos.

-Te reto, Ryoma- habló con voz áspera- he roto mi compromiso con Sakuno. A partir de ahora, tu eres libre de acércate a ella, como yo. Y ella de corresponderte si realmente te ama. Lo mismo por mi parte. Cuando esto termine- añadió- si no eligió a nadie, volveré a poner 

mi compromiso. Entonces, te lo advierto, ni la mires, ni la toques. Nada. Respeta la mujer de otro. No es ningún juguete que quedarte por capricho.

Ryoma apresó su mano, sonriendo altanero. Sabía que nunca, absolutamente nunca, se negaba a un reto. Fuera cual fuera y que pusiera en riesgo su integridad masculina. Ambos eran seductores a su modo. Ryoma no era un hombre dispuesto a cazar mujeres, pero, al parecer, a Sakuno sí.

Rodó sobre sus pies tras liberarse y caminó hasta la que sería su habitación, ansiando una buena ducha. Había montado a aquella azafata más de lo que hubiera deseado y como todo hombre, estaba hecho polvo, pero, al menos, evitaba el fuerte dolor en su entrepierna. Las necesidades eran las necesidades.

Ya estaba arto. Cansado de ser tan celoso y posesivo. Se había dado cuenta mientras yacía con aquella azafata de la que ni recordaba el nombre. ¿Quizás Priscila? No lo sabía. Pero, había sentido cierta punzada de traición. Él mismo pedía que le fueran fiel y él no lo era. ¿Con cuantas mujeres había yacido mientras tenía el compromiso con Sakuno? Joder, veinte por lo menos o más.

Maldijo mientras el agua caía por su cuerpo. ¿Cómo se había atrevido a tocarla después de haber estado con ellas? Encima, exigía. Quizás ya era tarde, pero realmente, se sentía muy culpable. Él había hecho que se enamorara, ahora, tenía que averiguar si los sentimientos de Sakuno eran cierto, o, tal y como creía, a la primera de cambio, caería en los brazos de Ryoma.

Ryoma... ¿Cuántos besos abría robado de la muchacha mientras era su prometida? Quizás más de los que se atrevía a pensar. Hasta posiblemente, le abría besado como una digna mujer. Apretó un puño y golpeo la pared una vez más. No. No podía pensar algo así de ella. Era notable su virginidad por cada poro, aunque los sonrojos no significaban que fuera virginal al cien por cien, pero sus palidez ante los movimientos de los hombres, era digno de que realmente no había tenido contacto con nada masculino.

-Entonces... ¿Por qué?... ¿¡Por qué con él se tiene hasta que caer al suelo!? ¡Joder, solo fue un beso en la nariz!

Un beso, que marcó demasiado en él, en Sakuno y en Ryoma. Demasiado, a su parecer.

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Se había sorprendido con el reto de su hermano, pero por su orgullo, aceptó.

Observó la comida sobre su plato y cortó un trozo de pescado antes de llevarlo a su boca. Ryoga no había bajado a cenar. Seguramente, estaría durmiendo el cansancio que había descargado sobre aquella azafata. Gracias a Dios que Ryuzaki era verdaderamente despistada.



-Delicioso...- Murmuró ella tapando sus labios con sus dedos tras probar un trozo de carne- realmente delicioso...

La observó por un instante. Portaba los cabellos dorados recogidos en un gran moño y dos pequeñas hebras sobresaliendo de sus patillas. La piel limpia y los verdosos ojos. Mientras estuvieran en la habitación, les habían informado que podía quitarse todo y acomodarse, pero por la mañana, sus respectivos peluqueros los tratarían. El fino vestido azulado caía por su cuello, dejando ver sus hombros desnudos, libres de cualquier sujeción y cuando, tentando, guio su mirada hasta los senos, pudo afirmar que realmente carecía de sujeción. Y se vio obligado a volver la vista al plato. Otra vez.

Miró a su alrededor. Momoshiro continuaba sin aparecer y aquello solo daba una idea. Se había quedado en Japón. ¿Acaso...? Dejó el tenedor sobre la mesa y buscó a su alrededor. Ni uno solo. Sakuno lo miró preocupada ante su mirar.

-¿Ocurre algo?

-Teléfono- Respondió- Necesito un teléfono.

Se alzó, en busca de cualquier sirviente y encontró a Riku. La joven lo miró asombrada y casi desenfundó el arma al no sentirle acercarse. Suspiró aliviada.

-¿Qué busca?

-Un teléfono- Respondió secamente- Entrégame uno.

-Las llamadas están restringidas por ahora- respondió la morena.

-He dicho, que me des un teléfono- Advirtió sin ni siquiera mirarla.

-¿Para qué quieres un teléfono?- Preguntó sin intimidarse la muchacha.

-Momoshiro.

Riku suspiró y buscó dentro de las negras medias que ejercían de ligeros y bolsillos, mostrándole un celular dorado. No tardó en marcar el número y espero pacientemente. La contestación se hizo tardar, pero al menos, llegó.

-¿Qué ocurre, Riku?

-Echizen- respondió ante la equivocación.

-¿Ryoma?- Exclamó la voz a través del teléfono- ¿se puede saber para qué me llamas? ah... ¿¡Le ha sucedido algo a Sakuno!?

-No-. Negó incrédulo- ¿Dónde estás?



-En Japón... Pienso atrapar a ese tío.

Se frotó la sien al ver los verdosos ojos ante él y las matas rubias. La joven estaba preocupada, tanto, que había terminado por seguirle. Mostró el teléfono y las temblorosas manos lo acogieron antes de llevarlo a su oído.

-¿Momo?

-¿Sakuno?- Preguntó Momoshiro- Ya veo... Ese imbécil de Echizen...

-¿Estás en Japón... por lo de Ann?

En el clavo seguramente. Momoshiro estaba como loco con aquella mujer. Un amor de infancia que al parecer, el hombre se lo había tomado muy en serio. No podía comprenderle. Pero... algo sí. Sakuno temblaba mientras intentaba convencerle, pero Momoshiro parecía no ceder. Suspiró y arrebató el teléfono finalmente, entregándoselo a su dueña, la cual desapareció al instante, dejándolos. Sakuno creó un agradable puchero en su rostro y él tuvo que morderse el labio para no reírse.

-Momo... estará en peligro. Tendría que haberlo convencido usted, señor...

-Es su decisión- Respondió imposible.

-¡Puede morir!- Exclamó aferrándose a su ropa- Y... Ann ha desaparecido... no muerto... si ahora él muriera... Ann... lo pasaría muy mal... Perder a alguien que amas a manos de otro... es... demasiado doloroso.

Abrió los ojos desconcertado y frotó su frente. Deseaba salir. Aire. Lo necesitaba. Todo eso lo único que hacía, era recordarle tiempo atrás. Aún podía escuchar en sus oídos el sonoro ruido de los dos disparos de muerte. La sintió caminar tras él, preocupada y se dejó caer sobre uno de los sillones, ante una angosta chimenea de ladrillos.

-¿Señor, se encuentra bien?

-No- negó mirándola molesto. ¿Es que necesitaba un mapa para ver cuando alguien estaba dolorido.

-Per... perdón... Disculpe mi osadía...

Suspiró y estiró su mano galantemente, como muchas otras veces había hecho, invitándola a sentarse a su lado. Sin embargo, cuando las caderas femeninas iban a cumplir la orden, las apresó, sentándola entre sus piernas. Ryuzaki se tensó. Igual que horas antes con un simple beso en la nariz.

El aroma le golpeo por completo y su vista no pudo evitar crear el ligero camino de el cuello ante él y antes de que se diera cuenta, se había inclinado, besando la nuca bajo aquel altivo moño. Sakuno Ryuzaki se aferró a sus rodillas, intentando evitarlo sin conseguirlo.

-¿Se... señor?- Preguntó encogiéndose una vez la liberó- ¿Por qué... me hace esto...?

Y eso mismo se preguntó él. Parpadeo y la alejó, sentándola sobre el sofá contrario sin cuidado alguno. Se alejó a pasos rápidos y cerró la puerta tras él. Una cosa era seducirla por dos retos, pero otra muy diferente, desearla como mujer. No quería atarse con nadie. No podía. Menos, responder así ante una situación tan fácil.

-Joder...- maldijo entre dientes antes de tirarse sobre su propia cama- Ryuzaki.

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El agua caía a raudales contra la entrada. Por más que quisiera salir era imposible. Las olas no le permitirían nada más hallá sin empotrarse contra una de las afiladas rocas, sin embargo, la situación la requería. Golpeo la pared con uno de sus pies.

-Tachibana, cálmese.

-¿¡Qué me calme!?- Exclamó aferrándole de el cuello de la camisa- ¡Te han disparado! Maldita sea... encima caíamos en este acantilado y con la tormenta no podremos salir... si nadara hasta las otras rocas...

-Detente- ordeno el moreno sujetándola de el brazo- No es por nada... pero nadie murió de un balazo aquí, así que... es mejor que te quedes. Corres riesgos de golpearte contra una de las otras rocas.

-¡Lo sé!- Le golpeo la frente, liberándose- Te dije que era yo quien te tenía que disparar... no ese... ¿¡Y cómo demonios tuviste tiempo de revolverte!?

La sonrisa se dibujó en el rostro de Kirihara, el cual alzó el pulgar.

-Soy un especialista en ello. No por nada soy uno de los hombres de tu prometido.

Abrió la boca desconcertada, dejándose caer sobre el húmedo suelo. Se frotó el rostro con ambas manos y maldijo entre dientes a su novio. Había pensado incluso en ella. Demasiado. ¿Cómo no se había dando cuenta de que Kirihara era uno de ellos? Cierto era que no conocía a uno solo, pero aquello había sido demasiado... molesto.

-Él... quería asegurarse que estuvieras a salvo... e hizo mi cometido.

-Pero ese inocente...

-Intenté protegerles a los dos- se defendió molesto- pero ese muchacho, estaba demasiado asustado como para comprender lo que le habían hecho, y por suerte, cuando echó a correr, no le dispararon.

-Eso solo significa que no le vio la cara- gruñó molesta.

-Sí- afirmó él sujetándose la herida- ese tío es muy bueno en su trabajo.

Buscó los móviles a su lado. Totalmente empapados y estropeados. Si al menos funcionaran, podrían llamar y dar su situación, pero no hubo suerte. Tan solo esperaba, que Kirihara no terminara por desangrarse.

-Saldremos de aquí- apremio el muchacho- y entonces, me curaran y después, podrás pegarnos a ambos por tratarte como alguien débil. Pero- añadió- te aseguro que Takeshi no lo hizo de ese modo. Lo hizo porque te a...

-Lo sé- interrumpió escondiendo su rostro entre sus brazos- él... es un idiota.

Sonrió. Sería un idiota. Pero un idiota al que amaba más que a nadie y no podía evitar querer abrazar en esos momentos.

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Notas autora:

Ya sé, ya sé... xD.

¿Alegrías por la ruptura de el matrimonio? No canten victoriaXD.

¿Qué pasará? Es un secreto hasta la próximaXD.

¿Momo espera al asesino? Sí u.u.

¿Conseguirán Ann y Kirihara escapar? esperemos que sí. Solo digo que Ann tendrá cierto encuentro con KiriharaXD.

¿Gold será comido? Pues no ¬¬..

Ah, una cosa. Cabrera pertenece a las islas baleares, no es inventado.

Esta puesta como un parque natural y nadie puede vivir, según han declarado.

Yo la he utilizado en el fic y descrito a mi modo, así que investiguen que es realmente bonita n.n

En fin, nos vemos en el próximo y NUEVO FIC que colgaré n.n

Gracias por su apoyo n.n