Capítulo 7.

Medidas desesperadas para los intrusos.

Parecieron tan solo unos segundos desde que había quedado dormida, pero habían pasado unas horas. Abrió los ojos, cansada y vio a Stamitos al frente de ella. Parecía bastante preocupado.

Comparándose con la Aura de la noche anterior, Aura estaba muy tranquila y calmada, pero al ver a Stamitos así volvió a preocuparse. Se levantó rápidamente de la cama y Stamitos la tomó de los hombros.

- ¿Qué fue lo que pasó? – exclamó con poca calma, forzando a Aura a recordar la noche anterior.

Ella no contestó en seguida. Al principio se sorprendió de la pregunta, y la brusquedad con la que la había peguntado.

Caminó por la habitación, tratando de recordar todos los detalles, ya que quería contarle todo a Stamitos. Creía que si lo contaba podría sentirse mejor. Cuando pasó frente a la ventana se dio cuenta de que aún estaba oscuro, ni siquiera había amanecido. Se dio vuelta y miró a Stamitos de frente.

- Es algo largo, pero ni yo estoy segura de cómo terminó… - así fue como empezó a contar todo Aura, y unos minutos después le había explicado todo a Stamitos, que no la interrumpió y escuchó muy atentamente.

- Por cierto – preguntó ella-, ¿dónde estabas ayer? Angelus y yo no te vimos en todo el día…

Stamitos en realidad parecía estar pensando la respuesta. Aura pensó que se trataba de algo que no quería decir, así que se sorprendió con su respuesta.

- No recuerdo.

- ¿Cómo? – preguntó ella extrañada, aunque Stamitos parecía tener la misma expresión que ella.

- No te preocupes – le contestó -. Me ha pasado muchas veces, cuando salgo a ese estúpido bar y tomo más de lo que debería. Ahora que lo pienso debería dejar de ir… Pero está tan cerca y los precios son increíbles. Te debería llevar algún día, quizás cuando seas mayor de edad, ni siquiera puedo llevar a Angelus aún…

Aura había dejado de escucharlo hace un rato. Stamitos estaba algo extraño: cuando entró a su pieza estaba muy preocupado y la despertó a pocas horas de la madrugada, ahora que salía parecía muy calmado y murmuraba algo sobre llevar a Angelus a ese bar para su cumpleaños.

Sí, en el fondo se sentía mejor por haber contado lo sucedido, pero no quería pensar en eso. Se cambió (puso la billetera de Ewan y su varita mágica en un bolso) y cuando fue a la sala de estar, Stamitos la quedó mirando algo serio esta vez.

- Stamitos, ¿Qué diablos te…?

- Es que acabo de recordar qué te quería decir cuando fui a tu habitación.

- ¿Y qué es? Ya me parecía extraño que me preguntaras a esa hora algo que me podrías haber preguntado después.

- Lo siento. En todo caso me parece grave que hayas visto todo eso, aunque no te puedo dar una explicación. Pero el caso es que no va a tardar mucho para que lo sepan todos.

- ¿Todos? – preguntó Aura nerviosa.

- Me refiero a mi primo y mi abuelo. Lo que pasa…

Aura se dio cuenta de lo que pasó luego de que Stamitos dijera eso, sólo unos segundos después. La puerta se abrió fuertemente, y Stamitos se volteó. Su abuelo entró muy rápidamente y con una expresión de enfado en la cara. Stamitos sacó su varita y le apuntó a Aura. El señor Diotrephes no pareció darse cuenta y Aura no supo en seguida qué le había hecho, solo sintió algo tibio recorrer su cuerpo.

- ¿Dónde está Aura? – preguntó el recién llegado.

La razón de que no la viera al entrar era que se encontraba en al lado del árbol de Navidad, y costaba un poco verla desde donde se encontraba la puerta. Stamitos, al ver llegar a su abuelo, había hecho algún tipo de hechizo y Aura se había vuelto invisible.

- No lo…

- ¿Sabes lo que pasó? – dijo el señor Diotrephes interrumpiendo

- ¿Lo que pasó con qué?

- ¡Stam, necesito a Aura!

- ¿Por qué? ¿Qué pasó?

El señor Diotrephes le hizo un resumen bastante acertado de lo que pasó la noche anterior, pero en ningún momento nombró a Ewan. Aura se preguntó cómo lo sabía, y pensó que Stamitos no estaba actuando muy bien de sorprendido, ya que ya conocía la historia.

- ¡¿En serio?! – dijo él - ¿Y dónde está Aura? ¿Y Angel se quedó dormido? ¡Qué…!

Parecía realmente enojado porque Angelus se hubiera quedado dormido, ya que ella no le había contado eso.

- Ya hablé con él. Necesito encontrar a Aura. ¿Te imaginas lo que pensaría su padre si supiera que estando unos pocos días aquí se encontró con unos mortífagos gracias al descuido de Angel y que ahora, aparentemente, está perdida?

- ¿Mortífagos? – preguntó Stamitos, ahora realmente sorprendido. Su abuelo no había mencionado nada de ellos antes y ahora parecía arrepentido.

- Ese no es el punto – contestó rápidamente -. Creo que Aura estaría mejor lejos de aquí, no creo que sea seguro para ella este lugar. Vio demasiado anoche, debería volver con su padre.

Stamitos parecía realmente atónito.

La… la voy a buscar – murmuró y, después de hacerle una disimulada seña a Aura para que lo siguiera, cruzó la puerta de entrada.

Una vez que ambos estuvieran afuera, Aura entendió lo que acababan de decir. ¿Acaso estaba maldita y no podía quedarse en el mismo lugar por mucho tiempo?

- Stam – murmuró -, ¿Qué me hiciste para que no me vieran?

- Ahh, eso es un encantamiento desilusionador – contestó él -. Nunca había logrado hacerlo tan bien y tan rápido.

Sonrió, eso animó un poco a Aura, que se encontraba nerviosa, para variar.

- No te voy a quitar el encantamiento por ahora, hasta que salgamos y estemos lejos de él. – le avisó Stamitos, y siguieron caminando.

Al bajar unas escaleras vieron a Angelus, que estaba sentado en un escalón. Aura pensó que su abuelo le había avisado que se quedara ahí. Agradeció que no la pudiera ver porque no quería hablar con él ni nada, debía estar muy enojado por lo de la noche anterior.

- ¿¡Te dormiste?! – le gritó Stamitos y lo levantó tirando de su camisa.

- ¿Qué?

- ¡Anoche! ¿O es que no recuerdas nada?

- Stamitos – dijo Angelus tratando de que lo soltara y Stamitos lo empujó contra la pared -. ¿Cuál es tu problema? No recuero haberte visto en todo el día de ayer, tú no estabas ahí así que…

- Quiere que se vaya. – afirmó Stamitos, bastante serio.

- ¿De qué hablas? – repuso Angelus, tan serio como su primo.

- Nuestro abuelo… quiere que Aura se vaya de aquí y vuelva con su padre.

Angelus estaba muy serio, algo pálido. Aura lo veía y no creía que eso le importara mucho, de todas formas, no se conocían tanto y no estaba segura de que fueran amigos.

- ¿Sabes lo que estás haciendo, Stam? – preguntó Angelus enojado, soltándose de su primo.- estás tratando de culparme a mí por algo que no es mi culpa. No te agrada que Aura se tenga que ir, y como no puedes hacer nada al respecto, te desquitas conmigo.

- Cállate, Angel. Sabes que eso no es verdad. Si no te hubieras dormido eso no hubiera pasado. Se supone que la tienes que cuidar. Ya se que no es una niña, pero tu sigues siendo mayor que ella…

Aura no pudo evitar sonreír. Que dijeran que no era una niña la puso muy feliz, ya que lo único que escuchaba esos días era lo contrario.

- Sí, Stam, tienes razón. – contestó Angelus.- El hecho de que yo me haya dormido la impulsó a irse y dejar de esperar a ese idiota del camión que nunca llegó. Gracias a que yo me dormí, llegaron los mortífagos y la persiguieron, y…

- No es gracioso, Angelus. – dijo Stamitos, y empezó a bajar otro tramo de escaleras, dejando a Angelus mirándolo enojado.

Aura supuso que debía seguir a Stamitos aunque le daba miedo que la tratara a ella del mismo modo que trató a Angelus, ya que era ella la verdadera culpable de todo. Salieron del edificio, había poca gente afuera y ya había amanecido. Aura no quiso hablar con Stamitos así que esperó a tener una señal. Caminaron unas cuadras completamente en silencio y Stamitos se detuvo.

- Voy a hacer una llamada. Espérame ahí.

Señaló una cafetería que estaba aún cerrada y tenía mesas y sillas afuera. Aura se sentó la más cercana a Stamitos, que se alejaba hacia un teléfono público y marcaba un número. Pasó un rato antes de que Aura se diera cuenta de que había estado sentada en ese mismo lugar hace unas cuantas horas. Stamitos regresó después de un rato y se sentó frente a ella. Aura lo miró fijamente. De la misma forma que había hecho con Ewan hace unas horas. Pero ambas personas eran muy diferentes. Ewan estaba rodeado por oscuridad, y tenía un aire más misterioso, Stamitos, en cambio, parecía más alegre y cálido. Aura se dispuso a escuchar lo que Stamitos estaba a punto de decir, porque no tenía idea de qué hacían ahí.

- Acabo de llamar a alguien por lo de ayer.

- ¿A quién?

- No lo conoces. Pero nos puede ayudar en algo.

- ¿De que se trata? – dijo Aura sintiéndose muy importante.

- ¿Me dijiste que el nombre del chico ese era Ewan Quinn?

- Sí, al menos eso me dijo.

- Bueno, están averiguando sobre él.

- ¿Por qué?

- Supongo que nadie sabe de su muerte. En realidad nadie sabe si está muerto.

- Stam, yo lo…

- Sí, sí… quiero asegurarme. Quiero ver si es algo tan serio como dice mi abuelo.

- ¿Para ver si es cierto eso de que me tengo que ir?

- Exacto.

- Stam… - dijo Aura luego de un silencio un poco incómodo. No quería pensar en tener que irse – esas personas que están averiguando sobre Ewan…

- ¿Qué pasa con ellas?

- ¿Son policías o algo así? ¿Qué pasa si al final está muerto… – la recorrió un escalofrío - … y te interrogan o a mí o…

- No te preocupes por eso, no es legal lo que están haciendo – dijo Stamitos sonriendo.

- Qué alivio saberlo. – contestó Aura sin ser sarcástica, mientras Stamitos se levantaba de la silla.

- Ya vuelvo. – dijo y fue hasta el teléfono público de nuevo.

Un rato después, Stamitos y Aura iban caminando por una calle, mientras a su alrededor se empezaban a abrir algunas tiendas. Ella no sabía a dónde iban, Stamitos le había dicho que lo siguiera y no había preguntado nada. Stamitos llamó un taxi, ambos subieron y dio una dirección.

- ¿A dónde vamos?

- A su casa.

- ¿A la casa de quién?

- De él.

- ¿Ewan?

- Sí.

- ¿Para qué?

- Para asegurarnos de que en realidad esté muerto. – dijo Stamitos como si se tratara de cualquier cosa mientras el taxista los miraba curioso.

- ¿Crees que después de lo de anoche estaría en su casa?

- Si no estuviera muerto, sí.

- No creo que…

- ¿Dónde más estaría?

- ¿Escondido?

- Aura, no perdemos nada con ir a ver. Además, quizás así le probemos a mi abuelo que no te tienes que ir.

- Buen punto, lo había olvidado.

Esperaron un poco más, y el taxi se detuvo. Stam le pagó al taxista y Aura y él se bajaron del taxi. Habían llegado a un vecindario muy lindo y ordenado. Había algunas casas grandes y otras normales, muy bien cuidadas, con jardines llenos de flores. Una fuente grande adornaba una especie de parque pequeño que había cerca de ese lugar, y el sol iluminaba perfectamente todos los autos nuevos y limpios de la gente que vivía allí, los vecinos de Ewan. Se podía ver a algunos regando y podando el césped, revisando su correo o paseando a sus mascotas. Aura pensó que Ewan debía tener mucho dinero para vivir en ese lugar a su edad, a menos que viviera con sus padres, lo que a Aura no se le había pasado por la cabeza en absoluto. ¿Qué pasaría si al entrar a su casa se encontraran con sus padres? Esperó que fuera cierto eso de que Ewan tenía dinero y viviera solo, sin sus padres, novia, perro o lo que fuera.

El taxi se fue y Stamitos sacó un papel de su bolsillo. Le hizo una seña a Aura para que lo siguiera y caminaron por un camino de piedra hacia una casa pequeña, comparada con las mansiones que había en ese lugar. Algunos residentes los miraban asombrados o curiosos, quizás no mucha gente ajena al vecindario iba allá, o Ewan no recibía muchas visitas.

Pasaron una especie de verja que rodeaba la casa y Stam tocó la puerta. Esperaron unos segundos, no se escuchaba nada adentro y nadie abrió. Volvieron a tocar. Nada… algunos vecinos los estaban viendo así que no podrían tirar la puerta o entrar por otro lado. Se dieron vuelta y encontraron a al menos veinte personas mirándolos fijamente. Stamitos sonrió, pasó a algunos ancianos y llegó hasta una mujer joven y atractiva que paseaba un perro bastante grande. Aura se estaba acercando a Stamitos y él le hizo una seña para que esperara. Se sentó en una banca que estaba cerca, y se dio cuenta de que ya no la miraban a ella, sino a Stamitos que hablaba con esa mujer. Luego de un rato se separaron y él, sonriendo volvió a encontrarse con Aura.

- No sabe nada de él… - le anunció Stam.

- Ahora deben saber que queremos algo relacionado con él. Qué desperdicio de tiempo…

- No lo creas – le dijo Stam sonriendo y sacando un papel de su bolsillo -. Se llama Alison y quedamos en salir el sábado.

- ¡Stamitos! Veníamos a ver algo importante, no a que coquetearas con la primera chica que tuvieras en frente.

- Bueno, pero todavía podemos entrar a la casa.

- Cambia de tema…

- ¡Bueno, bueno! – dijo Stamitos rompiendo el papel donde estaba escrito el número de Alison – ¿Podemos tratar de entrar a la casa de Evan ahora?

- Se llama Ewan y sí, pero no tengo idea de cómo hacerlo.

- Vamos a tener que romper una ventana o algo.

- ¿En necesario que entremos?

- No lo sé, supongo que no. Sólo que me quedé con la duda.

- Bien, hagámoslo. – contestó Aura levantándose de la banca y volviendo a la casa de Ewan. Se dio cuenta de que ya no había gente mirándolos y que Stamitos trataba de encontrar los pedazos de papel del número telefónico y los metía en su bolsillo.

Estaban ambos frente a la puerta de entrada, pensando en qué podían hacer.

- Tengo una idea – dijo Aura -. Hazte el hechizo que me hiciste antes para hacerme invisible o lo que fuera.

- Alto – atajó Stamitos - . Primero, si lo hago va a ser para los dos, no solo para mí. Y segundo, ¿qué ganaríamos con eso?

- Podemos ir a la parte de atrás de la casa, donde los vecinos no nos vean y haces el hechizo. Luego podemos buscar alguna ventana abierta o algo así, y si no hay ninguna la rompemos. Una vez que estemos adentro podemos ver si hay alguien o buscar alguna pista, y si hay alguien no nos va a poder ver porque estaríamos con ese hechizo desilusionador. Si vemos que hay alguien, tocamos la puerta de nuevo hasta que nos abran y podemos interrogarlo. Quizás podríamos avisarle lo que pasó con Ewan.

- Aura… - dijo Stamitos algo confundido- ¿ves por qué digo que vayas conmigo?

Treinta minutos después, Stamitos y Aura se encontraban dentro de la casa y era muy difícil verse gracias al hechizo de Stamitos. Al parecer, nadie se encontraba adentro y por eso, Stamitos y Aura se habían dedicado a revisar todas las cosas de Ewan. En eso estaban hace unos diez minutos, ya que la casa tenía dos pisos y como Ewan vivía solo (o al menos eso creían porque había solo una habitación con una cama) usaba muchas de las otras habitaciones como estudio y guardaba muchos papeles y cartas. A Aura le encantó la casa y el vecindario y ya tenía en mente dónde le gustaría vivir cuando fuera mayor. Además Ewan hacía que esa casa fuera particularmente cómoda, ya que estaba muy ordenada y el tenía muy buen gusto para los muebles y cuadros.

No habían encontrado nada, y habían vaciado todos los cajones, visto todos los cuadernos, y revisado detrás de todos los cuadros para ver si había alguna caja fuerte (una idea de Stamitos que no convenció mucho a Aura). Lo que más le había llamado la atención a Aura eran varias cartas del Ministerio de Magia que rechazaban a Ewan para varios empleos. Le había llamado la atención por dos motivos. En las cartas no se explicaba bien el motivo del rechazo y no sabía cómo Ewan podría vivir en un lugar así estando desempleado. En un momento Stamitos mencionó algo sobre que se hayan confundido de lugar, pero las cartas estaban enviadas a Ewan Quinn así que no podía haber error, a menos que fueran dos sujetos diferentes con el mismo nombre. Aura se estaba a punto de rendir, cuando se dio cuenta de que en la sala de estar había dos cajones sin abrir. Se acercó a ellos y trató de abrirlos pero al parecer estaban cerrados. No había ninguna llave entre todas las cosas que habían revisado en la casa, pero Aura aún así quería abrir los cajones. Llamó a Stamitos, quien le hizo algunos hechizos, pero nada funcionaba. Según él, que estaba cerrado con magia y que él no sabía bien como abrirlos pero no le dio demasiada importancia y fue al segundo piso a buscar.

Aura no se olvidó tan rápido del famoso cajón y pronto recordó algo que, quizás, la podría ayudar.

- ¡Stamitos! – llamó ella – necesito que me quites el hechizo, por favor. No hay nadie aquí, además es más cómodo estar sin él.

- Está bien, tienes razón. – dijo él bajando las escaleras y quitándole el hechizo a Aura y luego a él mismo. No hay nada aquí, lo siento. Salgamos de la casa, te ayudaré a encontrar alguna pista de otra forma.

- Gracias, Stam. Ve tú por mientras, yo me quedaré a echar un último vistazo.

Él salió de la casa por una ventana que habían logrado abrir y Aura se aseguró de que no la pudiera ver. Abrió su bolso y sacó la billetera de Ewan. Buscó dentro de ella hasta sacar las llaves que había encontrado la noche anterior. Nerviosa, introdujo una de las llaves en la cerradura del cajón. No pudo abrirlo. Trató con la misma llave en el otro cajón y no pasó nada. Algo desilusionada, confió en la segunda llave, con la que pudo abrir un cajón. Trató con el segundo pero no pudo y, agradecida, vio lo que se encontraba dentro del primero.

Habían dos libros, idénticos y no muy grandes. Aura abrió la tapa de oscura del primero y lo único que alcanzó a ver fue que decía "Ewan Quinn" en la primera página. Stamitos la llamó y se asomó para ver por qué tardaba, así que guardó ambos libros en su bolso, cerró los cajones, guardó las llaves y salió de la casa.