Hogar

—¡Ouch! ¡Mercy, eso duele! ¿Dónde quedó tu amabilidad? —inquirió Tracer, sosteniendo sus recién curadas costillas.

—Desapareció el día que me desobedeciste. —Ató unas vendas en su abdomen, que se encontraba algo morado por las pasadas golpizas, y elevó los ojos para verla. Estos brillaban con una importante frustración.

—¿Huh? ¿Cuándo te desobedecí?

—¡Te dije que no te acercaras a ella! ¡Te dije que podía ser una trampa! Y mírate ahora, toda lastimada... —La señaló con la mano, bufando—. Menos mal que pude acudir a tu llamado... —prosiguió, deslizando la punta de los dedos por las vendas. Entrecerró los párpados, angustiada. Estaba realmente harta de ver siempre a su amiga en lamentables estados. Cada vez que la llamaba se la encontraba al borde de la muerte.

Lena descendió el rostro, avergonzada. Sí, fue un milagro que Angela pudiera llegar a tiempo para salvarla. Y desde ese momento no la abandonó, se quedó en su casa todo el día para cuidarla... O mejor dicho, para vigilar que no hiciera otra estupidez.

—Lo siento..., y gracias por venir.

—Dios... —Se refregó la frente—. Lena, por favor... Sabes que no suelo decir estas cosas, pero por tu seguridad debes olvidar esos sentimientos que tienes.

—¿D-De qué hablas?

—No te hagas la tonta, lo sé todo. Fue muy fácil adivinarlo con solo verte.

Su cuerpo se tensó al escucharla. Era un hecho, no podía engañar a la inteligente doctora.

—Pero ella... ¡Ella estaba siendo manipulada! ¡Estoy segura de eso!

—No me interesa. —Arrugó el entrecejo—. Controlada o no, tu vida peligra. Eso es lo único que me importa.

—Pero Angie...

—Nada de peros. —Puso un dedo en sus labios—. No quiero volverte a ver con ella, ¿entendido?

Tracer vaciló unos segundos un poco intimidada por esa furiosa mirada que no la abandonaba, y asintió. Mercy sonrió tenuemente.

—Bien. —Acarició su cabeza—. Ahora descansa, lo necesitas.

Asintió de nuevo, dudosa —¡Ah! ¿Y Winston?

—Él está bien, a comparación de ti.

—Me alegra... —Delineó una leve sonrisa. Angela la miró con una desaprobada mueca.

—Eres todo un caso perdido...

Lena se achicó en el lugar —Lo siento...

La doctora suspiró de nuevo y pasó la visión al reloj de la pared, para luego regresarla a ella.

—Tengo unos asuntos que atender, ¿estarás bien si te quedas sola un rato?

—¡Oh, vamos Angie! —Le mostró los dientes, burlona—. Ya no soy una niña.

—Aún lo pareces —contestó indignada, poniendo una mano en su cintura—. No has cambiado ni una pizca desde que te vi por primera vez.

Lena pestañeó, sorprendida —¿En serio? No sé si es una buena o mala noticia...

—Es mala. —Mercy se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la puerta—. En serio, ya es hora de que madures y dejes de llevarte solo por tus emociones. Pensé que habías aprendido... al menos eso.

Tracer derivó la atención al suelo, que nada tenía de interesante.

—Supongo que tienes razón. Hay cosas que simplemente no puedo manejar.

—Aprende a hacerlo. —La oyó junto al sonido de la puerta entreabriéndose—. Morirás si sigues así, Lena. —Giró el rostro hacia ella, revelando una preocupada mueca—. Y de verdad no quiero... que desaparezcas. He perdido a demasiada gente, no podría soportarlo.

—Angie...

—Si no lo haces por ti, al menos hazlo por mí.

Sin más que decir cerró la puerta a sus espaldas, dejándola abatida en el sitio. Cabizbaja, plegó con fuerza los dedos contra sus rodillas.

—Lo siento, Angie... de verdad, pero creo que no podré cumplir con eso. Tú no viste...

Entrecerró los párpados con melancolía.

Tú no viste esos desesperados ojos que yo vi.

-/-

Solo dos días habían pasado desde aquel desafortunado encuentro que había tenido con la heroína, pero lo sentía como semanas. Y el estar encerrada en su oscura habitación protegida por unos barrotes aumentaba esa sensación de asfixia.

La habían capturado, no pudo escapar a tiempo. O mejor dicho, no tuvo la energía ni la valentía para hacerlo. Estaba devastada.

Y hablando de eso... ¿Por qué tenía que huir de su propia corporación?

Cierto..., porque no cumplí con las órdenes que me dieron.

Su mente se encontraba destruida; confundida, extrañada... Ya nada podía apaciguar a su corazón, que cada vez la traicionaba más, siquiera esa nueva inyección. Ya nada era igual, todo había cambiado. Su rutinaria vida dio un giro de trescientos sesenta grados y claramente no se encontraba preparada para eso.

Talon estaba convencido de que Tracer estaba muerta, y con mucha suerte los soldados que la vigilaban no habían presenciado aquel amoroso momento entre ellas. Pero poco pasaría hasta que descubriesen la verdad, y la prueba era que justamente se encontraba confinada y siendo vigilada. Sospechaban de ella.

Rodó en su pequeña cama, inquieta.

Quiero verla..., necesito verla. ¿Por qué? ¿Por qué le dije que... me atraía? Ni siquiera sé bien lo que significa eso. Solo... fue la primera respuesta que me vino a la mente cuando me preguntó.

Llevó la mano a su pecho y percibió los acelerados y penetrantes latidos que no le daban tregua alguna.

—Duele... —musitó con cierto fastidio, sentándose.

Es verdad... Antes mi única misión era matarla. Ella era mi preciada presa, la más testaruda y poderosa que pude encontrar. Me convencí a mí misma que sería el mejor trofeo que pudiese recibir, pero ahora... yo...

—Yo... ya no siento igual.

¿Qué es lo que debo hacer? Ya no quiero que me controlen, pero cuando pienso en eso una aguda puntada ataca mi mente, como si no pudiera escapar de Talon..., de mis órdenes.

Y esa puntada es como una pequeña vocecita que susurra en mis oídos: mátala... mátala...

Se cubrió los ojos, apretando las mandíbulas.

Es todo en lo que puedo pensar cuando aparece este dolor..., olvidando mi voluntad. Ellos me tienen controlada. Siempre me controlaron y nunca me molestó, a pesar de saber lo que me hicieron... A pesar de que estos últimos años poco a poco fui recordando algunas caóticas cosas que carecían de significado para mí, nunca me molesté en preguntarme qué ocurría. Todo sucedía de forma automática. Pero ahora... me molesta.

Se refregó su suelto cabello y lo llevó hacia atrás.

Todo ha cambiado. No quiero ser un mero títere. No sé si podré escapar de ello, pero... aún así...

Se tapó todo el rostro con una no bienvenida sensación de soledad alojándose en su pecho.

—Ya no puedo negarlo..., no a mí misma. No puedo.

Quiero verte.

Levantó el semblante y detalló la ventana frente a ella que estaba cubierta por esos malditos barrotes. Sus calculadores pensamientos estaban en contra de la peligrosa idea que se estaba asomando por su mente, pero su corazón superaba por mucho ese temor.

Emitió una vaga carcajada, mientras una resignada sonrisa nacía en sus labios.

—Te veré.

Se puso de pie, ató su cabello, se colocó el gancho y llevó el puño hacia atrás, para luego impulsarlo hacia adelante y de un golpe seco destruir aquel mural.

Sigilosa, escapó de su guarida.

Recorrió la noche cual araña en busca de su presa; su deliciosa presa. Necesitaba verla con urgencia.

Su mente poco pensaba, poco estaba consciente de las consecuencias de sus actos y ya poco le importaba. No tenía nada que perder. Había echado completamente por la borda lo que creyó que era su vida. Seguramente ya ni era necesaria en el campo de batalla, no con su mente en tal terrible estado. Y aunque eso siempre fue su mayor miedo, ser inservible, ahora poco significaba.

Solo se dignaba a seguir sus instintos; eso era lo único que le quedaba. Antes de perder la cordura, antes de que su maligno dueño la sometiera a otro maldito experimento sin que ella pudiese evitarlo, quería verla una vez más... Eso era todo lo que deseaba.

Con las piernas flexionadas cual felino quedó plantada en el borde de la ventana de su casa, insegura. Meditó su próxima acción, dándose cuenta de que nada podía hacerla cambiar de opinión a estas alturas.

Resopló y la levantó lo más silenciosa que pudo. A hurtadillas entró.

El departamento se encontraba en penumbras. Lo único que lo iluminaba tenuemente era el acelerador de Tracer, que se encontraba en una esquina sobre el suelo. Lo miró, curiosa.

Entonces sí puede quitárselo...

A pesar de aquella revelación que por mucho tiempo se cuestionó, poco tardó en distraer su atención al caer en la cuenta de la hora; tarde, muy tarde. Posiblemente la heroína estaba durmiendo, y por supuesto, tenía que confirmarlo.

Comenzó a caminar hacia la habitación; la puerta estaba abierta. Con la garganta resecándose, asomó la cabeza por el marco y entonces la vio.

Allí estaba ella, de espaldas a su persona. Tenía puesto un boxer que protegía lo justo y necesario de su trasero, cosa que le hizo humedecerse los labios, y no llevaba ropa en la parte superior, solo unas vendas la cubrían hasta el abdomen.

Sus párpados decayeron al recordar que esas heridas se las proporcionó ella misma de una cruel forma.

Suspiró y perdida en su figura, se acercó hasta quedar parada frente de su indefenso cuerpo. En ese momento pensó que su rostro dormido era lo más perfecto que había visto en su vida. Tan tranquilo..., tan apacible y armonioso. Todo lo contrario a ella.

Mientras seguía contemplándola empezó a sacarse sus largas botas metálicas.

—Me hubiese gustado... que todo fuese de una manera diferente —musitó, descansando la rodilla en el colchón, para luego inclinarse y recostar todo el cuerpo, quedando de costado—. Conocernos en otra oportunidad hubiera sido mejor.

Se acomodó mejor sobre la almohada, percibiendo como su calor empezaba a invadirla y notando como ella se revolvía un poco en el lugar. Descendió la visión, tentada. Su delicado cuello; su delgada espalda, aquellas tiernas pecas que la adornaban. Lo quería todo.

Incapaz de controlarse, levantó el brazo, sujetó su vientre y se apegó a su cuerpo, acurrucándose contra ella. La instantánea sensación de paz que la irrumpió por tal contacto la dejó unos peligrosos momentos con la mente en blanco.

Tracer, somnolienta, entreabrió los ojos al sentir un peso a sus espaldas y un perfume deliciosamente conocido.

—Widowmaker... —pronunció con la voz rasposa.

—No te des vuelta. —susurró en su oído. Un inmediato estremecimiento la recorrió por esa ronca voz vibrando sobre su piel.

—¿Por qué... estás aquí?

—Porque quise.

—¿Huh? —Pestañeó, desconcertada. Muy desconcertada— ¿No dijiste que teníamos que evitar cruzarnos?

—Déjame dormir, estoy cansada.

Lena arqueó una socarrona comisura —¿Entras a mi casa sin mi permiso y pretendes darme órdenes?

Oui

Sonrió para sí, divertida, y sujetó aquella delicada mano que se aferraba cada vez más fuerte a su piel.

—Esto es toda una sorpresa, pero... me alegra que estés aquí.

Widowmaker, asombrada por ser bienvenida, elevó un poco el rostro, rozando los labios contra su cuello en consecuencia.

—¿De verdad? ¿A pesar de lo que te hice a ti y al simio? —cuestionó, trazando con los dedos la herida de su espalda en una suave caricia que le generó escalofríos.

Lena tragó saliva con una importante dificultad.

Cierto..., debía molestarle ¿no? Ella había lastimado a su mejor amigo y también hecho añicos sus sentimientos. Sin embargo, aún así... no podía enojarse con ella. Ya no.

—No parecías tú misma ese día, así que no cuenta. —contestó finalmente. Widow rió por lo bajo.

—Eres extraña.

—Y te gusto a pesar de eso.

Obviamente no perdió oportunidad para recalcar esas palabras que salieron de la boca de su némesis ese fatídico día.

Widowmaker vaciló, mientras su mente liberaba la verdad en un grito y ésta, desesperada, decidía emanar de sus labios sin su permiso.

Oui.

El aire de Tracer se entrecortó.

—Estás... muy honesta hoy.

—... Solo déjame dormir. —Se arrimó más a su cuerpo, provocando que sus caderas se sumieran contra su trasero de un modo un tanto... inadecuado.

—C-Creo que yo no podré dormir si sigues pegándote así.

Pourquoi? —Ronroneó en su oído, mientras sus ojos, traviesos, descendían hasta quedar estancados en su cuello. Lo detalló, hambrienta— ¿Te molesta mi cercanía, petite? —Hipnotizada por él, presionó los labios sobre su piel y comenzó a besarlo con lentitud, reforzando el agarre en su abdomen.

Lena sofocó un jadeo al percibirla, hecho que no pasó desapercibido su enemiga, que atinó a entreabrir los labios y asomar la lengua por ellos.

Chérie, ¿te gusta sentirme? —preguntó, deslizando hacia arriba la lengua por su piel. Tracer titubeó antes de responder.

—Sí...

—¿Cuánto?

—Mucho...

Widow entrecerró los ojos con goce. Esa mosquita la estaba aniquilando por dentro.

—Tracer...

—Lena.

Quoi?

—Dime Lena, ese es mi nombre. —Hizo una dudosa pausa antes de formular una cuestión que venía carcomiéndola— ¿Y tú nombre es...?

Su némesis desvió la vista, incómoda, y despegó los labios de su cuello.

—... D'accord, Lena. ¿Me quieres?

Esa pregunta la dejó totalmente suspendida. En especial porque no tenía sentido que viniera de su fría persona.

—¿Querer?

—¿No lo haces? —inquirió, haciendo desaprobada mueca que por suerte la heroína no pudo ver.

Tracer bajó la vista cuando juró que el agarre que la sostenía tembló por unos instantes.

—Lamentablemente... creo que lo hago.

Widow rió en un murmullo —¿Lamentablemente? —empezó a decir, ascendiendo por su abdomen con la punta de los dedos. Ese recorrido era peligroso— ¿Qué clase de respuesta es esa? ¿O acaso esa es tu gran idea de séduction?

—N-Nunca me destaqué por ser una seductora.

—Oh... ¿Y cómo sedujiste a tu noviecita? —cuestionó, sarcástica. Ya no le estaba agradando tanto la idea de que su presa tuviera a otra dueña.

O quizás es mejor decir que nunca le agradó. Solo que ahora le estaba costando en demasía disimularlo, e intuía que dentro de poco directamente ni lo iba a poder disimular.

—No es mi novia.

—Hm...

—Es más, le dejé claro las cosas.

Sus dorados ojos se abrieron, intrigados —¿Qué cosas?

Lena atajó su mano, que ya se encontraba demasiado cerca de sus pechos para su mala suerte; o tal vez buena. No lo sabía y temía descubrirlo.

—Le dije que no podía convertirme en su pareja. —contestó. Widow pestañeó sobre su nuca, algo sorprendida.

Pourquoi?

—... Sabes porqué.

Widowmaker bajó la mirada con los nervios floreciendo en su interior. Su respiración comenzaba a sonar precipitada, lo cual significaba que en cualquier momento un penetrante dolor asaltaría a su corazón tal como dolorosas puñaladas.

—... No tienes futuro conmigo.

—Lo sé.

Su némesis hizo silencio. La mente le estaba jugando malas pasadas, desatando emociones incontrolables por culpa de sus honestas palabras. La deseaba con desesperación, hecho que le molestaba. Era incoherente que alguien tan despiadada como ella se estuviera derritiendo por su pequeña persona.

Cada vez más con la lucidez por el piso, se arrimó más a su cuerpo y presionó con fuerza las caderas contra su trasero, como si su entrepierna, que la percibía en demasía sensible, necesitara ese acto para aliviarse. Lo único que consiguió fue que ardiera más, mientras Lena temblaba de arriba abajo al sentirla.

—T-Tienes los pies fríos... —fue lo único inteligente que pudo decir. Widow sonrió sobre su piel.

—Caliéntalos... —musitó, rozando el pie contra el suyo de un incitante modo. Tracer, nerviosa, hundió el rostro en la almohada, deleitando a la cazadora con ese panorama tan inofensivo que estaba mostrando.

Ah... Maldita fille...

—Vas a enloquecerme, ma petite... Deja de hacerlo o te arrepentirás.

—¿Qué...?

No pudo terminar su cuestión. Todo gracias a que aquella traviesa mano que la había invadido, se atrevió a cerrarse sobre uno de sus impresionantes atributos, sobresaltándola.

—O-Oi...

Widowmaker volvió a su cuello, precipitada, mientras comenzaba a masajear su pecho en precisos círculos, para luego atajar su pezón con los dedos que, para su grata sorpresa, se mostraba entusiasmado. Tanto, que se notaba a través de la venda.

—Mh... —Lena cerró los ojos con ímpetu y se cubrió la boca con tal de no emitir un sonido más. Pero esos malditos dedos rozando su sensibilidad por encima de la tela no ayudaban a sosegarla.

Widow se mordió el borde del labio, como si ayudara a controlarse. Mucho no pudo lograr, y exasperada, regresó a su nuca y arrancó un tentador camino de besos pasando por su cuello hasta llegar a su cálida mejilla. Presionó los labios en esa suave piel con una ternura que dejó a la heroína más que suspendida.

—¿Por qué? —susurró, derivando los besos a la comisura de su boca— ¿Por qué no puedo olvidarme de ti? ¿Por qué no puedo simplemente matarte y acabar con esta ridícula historia?

Tracer, revolucionada por dentro, trató de darse vuelta debido a que su voz sonó con una clara inseguridad. Sin embargo, una mano sobre su hombro la devolvió a su lugar. Elevó una juguetona ceja y sonrió para sí, complacida por su tímida acción.

Su adversaria no quería que la viese indefensa y era consciente de ello. Contrario a Widow, que no era para nada consciente de que se estaba confesando por completo.

—Eso es muy fácil, cielo —respondió por fin—. Porque me quieres, aunque intentes negarlo.

Widowmaker abrió los ojos de par en par y detuvo su acción en seco, impactada. Realmente impactada por tal puñetazo de realidad que la golpeó.

¿Querer?

—¿Es... por eso?

—Sip. No hay otra razón.

Dudó antes de continuar. No podía entender que esa fuera la razón y menos aceptarlo.

—Pero he sido creada para no sentir eso. No tiene sentido.

Tracer arrugó la sábana, impotente. Estaba harta de escuchar esas frases que no llegaba a comprender.

—Siempre estás diciendo esas cosas. Creada, condicionada... Widow, ¿qué es lo que te han hecho?

La nombrada enterró el rostro en su cabello e inhaló su exquisito aroma.

—No tienes porqué saberlo.

—Necesito saberlo.

Non. No quiero que tengas lástima de mí —continuó, aferrando su pecho con más ímpetu, como si estuviera amenazándola para que sellara ese tema. Y por las dudas, solo para asegurarse que se callara, rozó su pezón por encima de la tela y lo atajó con el dedo índice y pulgar, para luego presionarlo.

Lena sofocó un gemido. El calor no le estaba siendo indiferente, pero no quería dejarse llevar por el. Necesitaba saber la verdad antes de perder la cordura.

—N-No la tendré.

—La tendrás. Ahora... ¿Vas a dejar de hablar de una buena vez, petite? Estoy en medio de algo... —murmuró con una seductora tonada, comenzando a irrumpir sus frías yemas dentro de la venda.

La heroína se cubrió la boca de nuevo, exasperada. Si seguía así esa noche iba a terminar en una locura. Widowmaker, por su parte, dibujó una altanera sonrisa al verla tan acorralada.

—Así me gusta, calladita te ves más linda... —continuó, presionando todo su pecho al desnudo. Algo le llamó la atención al cubrirlo, además del inmediato calor que atacó a su entrepierna al toparse con esa voluptuosa piel—. Hey...

Lena, ruborizada hasta las orejas, como pudo derivó los ojos al costado en un intento de visualizarla.

—¿Q-Qué?

Widow, curiosa, volvió a presionar su pecho, haciéndola saltar en el lugar.

—No me había dado cuenta... Tienes unos pechos muy grandes, chérie —murmuró, generando que ahogase un vergonzoso grito. Su némesis sonrió de soslayo, socarrona—. Me gustan... —prosiguió mientras empezaba una tortuosa danza sobre uno de ellos—. Y más me gustaría si pudiera verlos... ¿Quieres darte vuelta?

Tracer negó con la cabeza, desesperada.

—¿No querías ver mi rostro? Es tu oportunidad...

Lena se revolvió en el lugar, excitada. Excitada y exaltada por su seductora persona. A esa crucial altura ya estaba debatiendo seriamente la opción de voltearse y cumplir con sus reprimidos deseos. Sin embargo, un agudo dolor en ese sector que estaba siendo acariciado la tomó desprevenida. Widowmaker notó el incómodo temblor de su cuerpo y se detuvo.

—¿Te duele?

—U-Un poco... La herida está cerca de ahí. —contestó con la voz entrecortada. Widow la observó penetrantemente, y sin dudar aflojó el agarre y la soltó.

—Perdóname...

Abrió los ojos cual platos ante su inesperada disculpa y considerada atención. Eso sí que no la caracterizaba; era extraño.

Y por tal extraño comportamiento intentó voltearse otra vez para verla. No obstante, Widowmaker no se lo permitió, empujando su cabeza hacia el lado contrario.

—¡D-Deja de hacer eso! —Se exasperó. Realmente deseaba admirar su rostro en ese momento— ¡Dijiste que me diera vuelta!

—Para ver tus impressionnants pechos. —respondió como si nada, indiferente.

—¡Te los mostraré, pero déjame voltearme! —Ya ni sabía lo que estaba diciendo.

—Ahora no quiero. —Empujó más su cabeza—. Deja de moverte, imbécile. Abrirás la herida.

—¡Ya no me duel...!

—Duerme, necesitas descansar.

Lena, perdiendo la batalla, infló los cachetes y recostó de golpe la cabeza contra la almohada. Como si ésta la tranquilizara por arte magia, fue incapaz de no soltar una pequeña risita. ¿Acababan de tener una estúpida discusión sin sentido alguno? En sí, parecía que estaban jugando entre ellas.

El silencio se apoderó otra vez de ambas por unos largos minutos. Su némesis no estaba bromeando cuando le ordenó que durmiera. Continuaba detrás de ella y ni se movía, menos trataba de tocarla. A pesar de todos sus esfuerzos, Tracer no era capaz de volver con Morfeo. Cómo para hacerlo... Tenía a la más preciosa mujer que había visto en su vida a sus espaldas y demasiado cerca para su cordura.

Suspiró. Algo más la estaba molestando; algo mucho más profundo.

—Tengo miedo. —dijo sin pensar. Widow, que en ningún momento cerró los ojos, los plantó en su corto cabello.

—¿De qué? —inquirió, sujetando su cintura con cuidado.

—De que no estés aquí cuando despierte.

Un punzante dolor se atrevió a asaltar su pecho, quitándole el aire. No era su intención quedarse toda la noche, solo apareció allí por pura necesidad. Porque aunque no quisiera admitirlo, la extrañaba. No obstante, esas palabras que le regaló la heroína dieron vuelta su propio discurso.

Se acurrucó más contra ella y descansó el mentón en su hombro.

—Estaré aquí, al menos por hoy... Pero no puedo asegurarte el mañana, ma chérie.

La castaña bajó los párpados entre feliz y angustiada. Feliz porque estaba siendo considerada con ella, y angustiada porque el futuro no parecía querer unirlas.

—Nadie puede asegurar el mañana, luv.

—Entonces... —Reforzó el agarre en su cintura— ¿Qué hacemos?

Lena tomó aire y lo liberó con pesadez. Tenía que aceptar la realidad.

—Disfrutemos el presente. —Atajó su mano y entrelazó los dedos con ella—. Es todo lo que tenemos, así que... hasta mañana, Widow.

La nombrada sintió su corazón achicarse debido a su triste tonada. Sin embargo, no podía hacer nada contra su realista respuesta. Ella tenía razón; solo el presente les quedaba. Solo el día de hoy.

Bonne nuit, petite. —respondió, besando su sedoso cabello.

Lena no podía estar más confundida por esas cariñosas acciones que nada tenían que ver con su naturaleza.

¿Bonne nuit? Pero cómo podré dormir... ¿Qué es lo que está pasando ahora mismo? ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué quieres estar aquí?

Arrugó la frente, impotente.

Lo sé, te atraigo, eso dijiste... Pero a mi parecer esto es más que solo una atracción. Necesito escucharlo de tus labios, pero... sé que no me dirás nada.

Nunca dices nada.

Agotada por meditar el asunto, su mente comenzó a apagarse lentamente, lo cual le pareció un milagro teniendo a su enemiga a sus espaldas. Confirmado, confiaba en ella por completo.

Los minutos pasaban, pero Widow los percibía como si fuesen horas. Estaba inquieta; no podía dormir. Mejor dicho, no recordaba haber dormido mucho desde que tenía consciencia. Nunca lo necesitó.

Suspiró, mientras jugaba con unos revoltosos mechones de su cabello. Si realmente quería conseguir dormir esta vez, había algo que tenía que decirle primero.

Se asomó por encima de su hombro y detalló su dormido semblante.

Petite? ¿Estás despierta?

—Hm...

Su tranquila respiración le dio a entender que claramente no, no lo estaba. Desvió la visión con un tenue sonrojo que durante ese último tiempo no hacía más que traicionarla.

—Gracias por rescatarme.

—¿Hm? —murmuró somnolienta— ¿Cuándo...?

Sonrió y acomodó unos rebeldes mechones de su flequillo que le cubrían los ojos.

—Cuando pensé que no podría volver a ser yo misma, tú me salvaste.

Tracer no contestó; el cansancio le ganó.

Widowmaker mantuvo su agradecido gesto, para luego inclinarse y besar su descubierta espalda.

—Gracias por hacerme volver a sentir. Al menos por un corto tiempo... lo disfruté.

—Mh...

—Supongo que... —dudó, fortaleciendo el agarre en su pequeña mano—... esto es lo que significa querer a alguien. —Cerró los ojos, tratando de controlar su congoja—. Pero duele..., duele demasiado.

Quererte... duele.

-/-

¿Y eso?

Una delicada mano acarició el piercing que yacía en su oreja. Lena se giró hacia ella y sonrió.

¿Te gusta?

Aquella muchacha a su lado con el rostro ensombrecido, atinó a sonreír amablemente.

Te queda bien.

¿En serio?

Claro. Prosiguió sus caricias, apretando su lóbulo con suavidad—. Creo que un segundo aro te quedaría incluso mejor.

Tracer estrechó la mirada, tratando de visualizarla, pero no podía divisar bien su rostro por alguna extraña razón. Solo podía contemplar un largo y oscuro cabello, y un estilizado y alto cuerpo acompañado de una blanca piel.

¿De verdad? ¡Entonces me haré otro!

La misteriosa joven rió por tal impulsiva decisión.

¿Quién te lo hizo? —preguntó.

Angela.

Oh... Ya veo.

Al percibir que su tono había decaído, la miró, todavía tratando de distinguirla mejor. No obstante, le resultaba imposible.

¿Quieres que yo te haga el siguiente? inquirió luego de estar unos segundos en silencio.

¿Huh? —Se sorprendió— ¿Sabes hacerlo?

No debe ser tan difícil. Mientras aguantes el dolor... —Se cruzó de brazos— ¿Cómo lo hago?

Umm... —Puso un dedo en su mentón—. Debes agarrar un cubito de hielo, anestesiar la zona y clavar una aguja desinfectada.

¿Solo eso?

¡Ajá!respondió, radiante¿En serio lo harás?

Si solo es eso, puedo hacerlo. —Sonrió, pero esa sonrisa no tardó en transformarse en un intrigado gesto al notar que la resplandeciente de Lena no desaparecía¿Por qué estás tan feliz?

—Eso es muy simple, luv. —Delineó una sonrisa de oreja a oreja— ¡Porque serás tú quien lo haga! —Sujetó sus manos de golpe. Un leve rubor apareció en el ensombrecido rostro de su acompañante—. Me hace muy feliz. Es como si... dejaras tu huella en mí para siempre.

¿Por qué dices eso? Nos conocemos hace poco...

¿Tiene algo de malo?

Dudosa, respondió No... ¿Eso sentiste con Angela? ¿Felicidad?

Aquello sonó como un reproche, lo cual solo intensificó su felicidad.

Negó con la cabeza, apacible No. Pero pensé que ella era la adecuada para hacerlo, ya sabes..., porque es médica y todo eso.

—Hm...

Tracer elevó una burlona ceja, tratando de encubrir la satisfacción que sentía por contemplar su inseguro estado.

¿Ja? ¿Qué es esa reacción? —Rió por lo bajo— ¿Estás celosa, cariño?

¿Qué? Claro que no, tonta...

Soltó una carcajada, detallando como se achicaba en el lugar y hacia lo imposible por esquivar a sus ojos.

¿Sabes? Me compré dos aritos por las dudas. ¿Quieres hacerlo ahora conmigo?

Apenas terminó esa frase sus propias mejillas enrojecieron. Sonó en un claro doble sentido. Por supuesto, no fue su intención decirlo de esa forma.

Levantó la vista con vergüenza y lo que menos esperó fue que su hermosa acompañante comenzase a dibujar una tímida sonrisa.

Eres muy impaciente, Lena —Se acercó y rozó otra vez con los dedos el borde de su oreja, para luego inclinarse a ella con sigilo.

Hagámoslo, Chérie.

-/-

Tracer abrió los ojos de golpe, precipitada. El sudor recorría su frente y su corazón no podía estar más acelerado.

—¿Q-Qué? ¿Un sueño? —musitó, tocándose sus aros con los dedos y reincorporándose lentamente, pero al hacerlo sintió una tirante presión en su abdomen— ¿Huh? —Giró el rostro y se encontró a una dormida Widowmaker a su lado. Sonrió—. Aún sigue aquí...

Examinó su precioso y tranquilo semblante durmiente. Por fin pudo verlo, ya que su contrincante no se lo permitió en toda la noche. Nunca pensó que llegaría el día en el que viese tanta paz en este.

Hipnotizada por esa serena imagen, acomodó un largo mechón detrás de su oreja.

—Qué linda te ves cuando duermes..., pareces un bebé.

Su respiración era lenta, apacible, tanto, que empezó a ponerla nerviosa el hecho de despertarla sin querer.

Trataré de no despertarla...

Pensó, desenredando con mucho cuidado el brazo que seguía acorralándole. Despegó el trasero del colchón, rogando porque éste no crujiera.

—Despacito..., despacito... ¡Whoa!

Poco duró su plan; un fuerte agarre en su vientre la impulsó otra vez de espaldas contra su simétrico y dotado cuerpo.

—¿A dónde crees que vas?

—¡W-Widow! —Atajó su mano, ansiosa—. Pensé que dormías... —atinó a decir, mientras su némesis se apegaba cada vez más a su espalda, rozando sus pechos contra esta. Bienvenidos sean los nervios de nuevo.

—Lo hacía, hasta que decidiste despertarme. ¿Eres muy ruidosa en las mañanas, sabías?

Soltó una ridícula risita —Lo siento, iba a hacer el desayuno, por eso quería levan...

Non.

—¿Eh?

Apoyó el mentón en su hombro, para luego besarlo con suavidad.

—Te quedarás aquí hasta que yo lo diga.

—¿Huh?

—Tú me obligaste a quedarme, después de todo.

—¿Te obligué? —Elevó una irónica ceja.

Oui.

—Pero...

—¿No quieres? —ronroneó contra su oído, navegando los dedos por su abdomen de una seductora manera. Su voz mañanera era realmente una perdición; sonaba más ronca de lo normal.

—N-No es que no quiera, sabes que me encantaría quedarme, pero...

—Entonces, quédate calladita chérie. Quiero dormir un poco más.

Como si nada volvió a acurrucarse contra ella. Acomodó mejor la mejilla sobre su hombro, emanando un aliviado suspiro que la estremeció.

—Estás tan... diferente.

—¿Hm? ¿Lo estoy?

—Oui. —La imitó, provocando que riera en un murmullo.

—Aquí el único bicho raro eres tú, petite. —Entrelazó una de sus largas piernas entre las suyas—. Sintiéndote atraída por alguien como yo... Eres todo un caso perdido, ¿te lo han dicho?

No recibió respuesta alguna, lo cual la alarmó. Y antes de que pudiese preguntar por su silencio, Tracer se soltó de sus brazos con rapidez y se incorporó, quedando sentada y dándole la espalda.

Chérie? —Se sentó también y aproximó considerablemente el semblante hacia el suyo. El de la heroína decayó con un dejo de tristeza.

—¿Por qué...? ¿Por qué estás haciendo todo esto?

Widow la miró con su usual neutralidad.

—¿Qué te pasa últimamente? ¿Qué es lo que... te han hecho todo este tiempo?

Esquivó sus castaños ojos, que ahora la observaban penetrantemente con tal de sacarle la verdad. Esa pregunta era muy comprometedora.

—¿Sabes? Puedes contarme lo que sea si quieres. Haré lo posible para ayudarte. —insistió.

—¿Ayudarme? Ja... —Cerró los ojos, para luego entreabrirlos con una visible angustia—. No hay nada que puedas o tengas que hacer por mi. —Flexionó una pierna y apoyó el brazo en la rodilla. —Mejor preocúpate por ti, Lena.

La nombrada giró más el rostro hacia ella, curiosa.

—¿Por qué lo dices?

Widowmaker comenzó a delinear una peligrosa sonrisa.

—Porque tienes a tu ferviente enemiga en tu cama.

Lo próximo que Lena llegó a sentir fueron sus largas piernas rodeándola por detrás y unas manos atajando su cintura. La impulsó hacia atrás y la apegó de espaldas contra su pecho. No emitió ni un minúsculo sonido por su inesperada acción, solo se dedicó a contemplar embelesada a esos delicados dedos que aprisionaban su vientre.

—¿Algo que decir, petite? —preguntó ante su mudo comportamiento—. Esperaba una respuesta más divertida de tu parte... Como esos grititos que pegas que destruyen a mis valiosos tímpanos.

—... ¿Es eso una broma? ¿Tratas de hacerme reír? —dijo por fin, provocándole un instantáneo alivio.

Non, es la realidad. Eres chillona.

—Y tú una mentirosa.

Abrió los ojos, desconcertada —Quoi?

—Dime porqué te quedaste. —cuestionó, sujetando sus manos. Su némesis notó como tiritaban un poco. Desconoció la razón, pero eso no impidió que una amarga sensación la drenara por dentro.

¿Por qué me lo haces tan difícil?

Inclinó un poco el rostro y capturó aquellos castaños ojos que se mostraban afligidos.

—Porque me lo pediste.

—¿Solo por eso?

—Sí.

—Ya veo... —contestó con tristeza por su fría respuesta. Widow suspiró debido a ello, para luego abrazarse más a ella.

—Creo que no me entendiste.

—Entendí a la perfección. Solo lo haces por mí..., solo eso.

Exactement, ¿y qué piensas que significa que yo haga algo por otra persona, chérie?

Tracer pestañeó varias veces al entender el mensaje.

—Tú... por mí... —Dibujó una pequeña sonrisa, ruborizada. Widowmaker frunció el entrecejo al verla; no debió haber dicho eso. No debería estar ahí con ella.

Realmente la desquiciaba. Le molestaba estar tan rendida ante aquella mosquita que siempre revoloteaba a su alrededor. Era una completa apuñalada a su querido orgullo.

Su telaraña jamás fue capaz de atraparla, y como consecuencia la araña tuvo que emerger de su segura zona por primera vez para intentar cazarla. Ese fue su gran error; huir de su comodidad. Abandonar esas telas que la protegían.

Cuando quiso volver a su refugio... éste ya se encontraba destruido. Había desaparecido, dejando solo unos pequeños hilos conectados entre sí. Débiles, frágiles...

La telaraña era su mente; su frialdad, su seguridad, y ahora solo emociones desconectadas y descontroladas quedaban, irritándola.

¿Cómo manejar esa situación? ¿Cómo volver a reconstruir su hogar?

Sonrió para sí al recibir una inmediata respuesta en su interior.

Ahora tú te has convertido en mi hogar.

Esa apacible mueca poco perduró en sus labios.

Pero no podré permanecer mucho tiempo en él... Solo lo destruiré.

Se aferró con más fuerza de su piel al pensarlo. ¿Por qué seguía abrazándola? ¿Por qué seguía allí? Tenía que huir con urgencia antes de que perdiera la poca razón que le quedaba.

—Lena...

De repente, una pequeña risita entró en escena, despabilándola.

—¿Huh? —Inclinó más la cabeza y se encontró con la heroína estallando a carcajadas. Elevó una confundida ceja— ¿Qué merde?

—¡T-Tus manos! —Tracer se tapó la boca, intentando contener la risa— ¡C-Cosquillas!

—Oh... —Descendió los ojos, clavándolos en su abdomen— ¿Te estoy haciendo cosquillas?

—¡S-Saca la mano! —Rió más fuerte— ¡Estás justo en mi punto débil!

Widow examinó sus propios dedos con una aburrida mueca. Estos en algún momento que pasó desapercibido empezaron a rodear su desnudo ombligo. Siquiera se dio cuenta de su propio movimiento.

Sonrió con picardía y tentada por tal graciosa situación, comenzó a moverlos más rápidamente sobre ese sensible sitio. Lena estalló.

—Así que cosquillas...

—¡Ja, ja! —Se retorció entre sus brazos mientras trataba de quitar esas maliciosas manos— ¡Ya p-para, luv!

—Hmm... intéressant. Esto podría ser un eficaz método de tortura —continuó, impidiendo su escape.

—¡Te lo advierto! —exclamó entre entrecortadas risitas, sujetando sus manos con fuerza— ¡No querrás empezar una guerra de cosquillas!

Widowmaker arqueó una confiada ceja.

—¿Cosquillas, yo? Te reto a intentarlo. —La soltó y extendió los brazos hacia los costados, dándole el espacio necesario para que contraatacara.

Lena, agitada y recuperándose, dibujó una desafiante sonrisa.

—Tú lo pediste.

Se lanzó hacia ella cual felino lanzándose a su presa, y comenzó a atacarla con sus veloces dedos.

Cuello; axilas, cintura... Nada.

—¿Huh? —Parpadeó, atónita— ¡Imposible! —Probó rodear sus rodillas sutilmente; de nuevo sin reacción. Widow cerró los ojos con tranquilidad, sonriendo con arrogancia.

—Te lo dije.

Tracer negó varias veces con la cabeza, obstinada —¡No me rendiré tan fácilmente!

Se arrojó de nuevo contra ella; sus pies fueron el objetivo esta vez. Su némesis la contempló desde lo alto, ampliando aquella ganadora mueca.

—Pierdes tu tiempo, ma chérie. Mi cuerpo no tiene puntos débiles.

Así es..., porque si los tuviera, no podría ser el arma mortal que soy.

Descendió los párpados, pensante.

Solo ciertos lugares quedaron intactos... Ciertos lugares que eran necesarios. Aunque es extraño. No me hace cosquillas, pero... la siento a la perfección a través de mi piel.

Es cálida.

Un estremecimiento inesperado la sacudió. Widow bajó la mirada con rapidez y se encontró a la concentrada heroína tratando de cosquillear su vientre, justo debajo del ombligo.

—Oh...

Sus castaños ojos se iluminaron al instante —¿Funcionó?

—Creo que las estoy sintiendo...

—¿En serio? ¿Aquí? —La acarició con toda la palma e hizo un poco de presión en la zona, provocando que sus caderas temblaran levemente.

Tan inocente...

—Un poco más abajo... —musitó, entrecerrando los ojos y abriendo más sus flexionadas piernas.

—¿Más abajo? —Tragó saliva con rudeza al darse cuenta de lo que casi estaba tocando. A pesar de eso, su obstinación le ganó al nerviosismo y siguió descendiendo— ¿A-Aquí?

—Casi...—Sujetó su muñeca de pronto y la llevó al lugar indicado—. Aquí...

Las pupilas de Lena se ensancharon al contemplar cómo su hermosa némesis acomodó sus dedos encima de su pureza. Su comisura tembló, ansiosa.

—¿W-Widowmaker? ¿Es en serio?

—Eso es..., ahí. —Comenzó a mover su mano sobre la de ella de arriba hacia abajo, provocando que sus dedos explorasen más esa vulnerable área por encima de aquella sensitiva tela.

Un acogedor calor empezó a invadirla donde estaba rozando. Podía sentirla a través de su ropa. Realmente... sentirla.

Tracer elevó su ahora, oscura visión, encontrándose a su adversaria con los ojos entrecerrados y con una leve sonrisa de lado.

—Ya casi puedo sentirlas... chérie —Soltó su mano, para luego apoyarse con ambas sobre la sábana—. Creo que ya lo has captado, puedes continuar tú solita, ¿cierto? —ronroneó, elevando una seductora ceja y abriendo más las piernas.

Una pequeña gota de sudor se resbaló por su pecosa frente. Ahí estaba de nuevo, cayendo en sus garras. No debía derrumbarse, aún no era tiempo. Primero tenía que averiguar lo que sentía esa araña por ella.

Ella dijo que se sentía atraída... ¿Pero qué más pasaba por su cabeza? Necesitaba descubrirlo. No quería ser solo un juguete del momento.

Pero a pesar de esa razonable reflexión, sus dedos no parecieron estar muy de acuerdo, ya que continuaron por si solos con sus peligrosos movimientos, encontrando un lugar mucho más sensible que el anterior.

Contempló, deleitada, como la doncella debajo de ella arrugaba la sábana con ambas manos y estiraba un poco el cuello hacia atrás, cerrando los ojos con placer. Un excitante y grave jadeo emanó de sus labios, estremeciéndola.

Estaba tan entregada a su persona. Nunca pensó observar tal cuadro, tal obra de arte.

—Widowmaker... —escapó de sus labios en un murmullo, mientras sus dedos capturaban sobre la tela un punto crucial—. Eres tan...

Sus dorados ojos se entreabrieron al oírla —¿Perfecta? —Se burló, sonriendo con picardía.

—Sí...

Esa respuesta tan honesta la sacudió. No se la esperaba.

Lena, hipnotizada, descendió las yemas, hallando su entrada. El calor que irradiaba le estaba carcomiendo los sentidos. Widowmaker se relamió los labios al sentirla.

Oh petite, magnifiques cosquillas...

Aquel burlón comentario la despertó. Su rostro no podía estar más ruborizado, definitivamente se había dejado llevar. Tenía que dar vuelta la situación con urgencia.

—Es verdad, eres perfecta —retomó, incorporándose y posicionando poco a poco el cuerpo sobre el suyo hasta dejarla acostada. Widow se mordió el borde del labio y sujetó su espalda, perdiéndose con una apagada mirada en la determinada de la heroína—. Pero también... ¡eres una idiota! —Agarró una almohada y la sumió en su rostro.

Su némesis soltó una sofocada risita mientras se la quitaba de la cara.

Allez, petite! —Esquivó una segunda almohada que le arrojó, tratando de contener la risa— ¿Qué pasa, chérie? Estaba a punto de "reír".

Tracer cerró los puños, avergonzada por toda esa maldita situación. Esa malvada mujer la estaba manejando a su antojo.

—¿Por qué te alejaste? —continuó provocándola—. Vuelve... —Hizo un sensual ademán con el dedo. Lena se cruzó de brazos, haciendo un puchero.

—No volveré, ¡jamás volveré!

Sus incoherencias solo generaron que una carcajada emanara de sus deliciosos y pálidos labios. Y lo peor de todo es que verla reír la llenaba de goce.

—Eres más tímida de lo que pensé. —Atrapó su cintura de golpe—. J'aime —La acomodó sobre sus piernas como si nada—. Todo contigo es un desafío.

—¡E-Es tu culpa que sea así! —Se defendió, sujetándose de sus hombros.

Widowmaker elevó ambas cejas con una fingida inocencia.

—Pero si continuaste tú sola, nadie te obligó. Además... —Ascendió la punta de los dedos por la curva de su espalda, creándole escalofríos—. Sé que no querías parar.

—¿Q-Qué? —Giró el rostro, sonrojada. No podía mantenerle la mirada—. Eres una estúpida.

—Una estúpida que sabe como calentarte... —murmuró contra su oído, para luego morder su sensible lóbulo.

Lena, cada vez más nerviosa, la apartó con las manos con un esfuerzo demasiado duro para su gusto.

—Deja de jugar...

—¿Quién dijo que estaba jugando?

—Si no estás jugando... —Arrugó el ceño—... explícame qué te pasó el otro... —Detuvo su habla en seco cuando algo llamó su atención. Algo que en realidad siempre le había parecido llamativo—. Oi... siempre me lo he preguntado.

Quoi? —inquirió, detallando como la heroína no quitaba la vista de su torso. Tomándola desprevenida, atajó la diminuta ropa que cubría sus pechos.

—¿Cómo puedes batallar con esto?—Estiró un poco la tela hacia sí— ¿Por qué siempre llevas este traje tan ligero? ¿Acaso nunca tuviste un... —Carraspeó, nerviosa—... accidente o algo así?

Widow, inexpresiva, bajó la mirada y se examinó.

—Nunca me lo pregunté. Es lo que me ordenaron usar.

—¿Te ordenaron usar... esto? —La estiró de más sin querer, liberando, para su creciente mala suerte, uno de sus pálidos atributos. Los colores subieron por su rostro al instante, mientras ahogaba un grito— ¡L-Lo siento! —Alejó las manos histéricamente— ¡No vi nada...! ¡No vi nada! —Tapó su boca, ruborizada, y la observó de reojo—. Pero qué digo, lo vi todo...

A pesar de la crisis por la que estaba pasando la heroína, la cara de poker en su contrincante no mutó.

—Ahora que lo dices... —Derivó la visión al techo—. Sí he tenido accidentes, pero por suerte estos jugaron a mi favor.

—¿Huh? —Trató de modular, intentando no clavar la vista en ese tentador lugar— ¿A tu favor?

Oui. —Regresó los ojos a ella—. Ya que tanto hommes como femmes se distraían al verme. Fue muy fácil darles el golpe final mientras estaban desconcentrados.

Tracer dejó caer ambas cejas, indignada.

—Ahora entiendo porqué te ordenaron usarlo.

Widowmaker sonrió de lado —¿Por qué la curiosidad?

—Solo... me lo pregunté, nada más.

—Hm...

Lena posó la mirada en ella, desconfiada por aquel altanero sonido que claramente escondía algo más.

—Será qué... —prosiguió, sofocando una maligna risita.

—N-No te hagas ideas equivocadas. —La señaló.

—¿Quieres sentirlo?

Una peligrosa electricidad la recorrió de pies a cabeza.

—¿Qué?

—Mi pecho, ¿quieres sentirlo?

Su labio inferior se desprendió, quedando boquiabierta.

¡Esto es el colmo! Esta mujer va a matarme...

Pensó paralizada en el lugar, mientras su visión la traicionaba, deteniéndose en el objeto de su deseo.

Mierda... Soy demasiado gay para este mundo.

Se cubrió el rostro, avergonzada.

La vaga risa de Widow resonó en la habitación.

—Oh vamos petite, no es para tanto. —Sujetó su mano y la llevó hasta su delicada sensibilidad— ¿Ves? ¿Tan malo es? No es como si nunca hubieras tocado una...

Al percibir su entusiasmo empezar a rozar contra su palma un escalofrío la irrumpió sin piedad. No obstante, hubo algo... Un pequeño sonido retumbando que logró quitar sus pecadores pensamientos.

El latido de su corazón. Este palpitaba tranquilo..., demasiado. Era extraño. Su némesis captó el cambio en su estado, logrando su objetivo.

—¿Lo sentiste?

Tracer volvió la vista a ella, perpleja.

—Quizás ahora puedas entender algunas cosas —dijo, agachando la cabeza—. Me pregunto..., cómo debe latir un corazón, ¿cómo debe sonar?

—Widow...

La nombrada atrapó sus castaños ojos de nuevo, pensante.

—¿Cómo suena el tuyo?

Sorprendiéndola ya por décima vez, atajó la parte baja de su cintura con ambas manos y se aproximó a su pecho, sumiéndose en medio de sus atributos. Cerró los ojos y escuchó.

Perdida en lo que le pareció un desolado acto, Tracer se enredó en su suave cabello y lo acarició.

—¿Así debe hacerlo? —La escuchó luego de unos largos segundos—. Suena apresurado.

Poco tardó en destruirse el momento de ternura debido a su burla. Sonrojada, la apartó con las manos.

—Dios... A veces siento que solo naciste con el propósito de ridiculizarme.

Widowmaker ascendió la visión, que estaba clavada en su pecho; la miró profundamente y le regaló una indescifrable sonrisa que la desconcertó.

—O quizás... yo solo nací para conocerte.

Un poderoso latido mucho más apresurado que los que percibió su contrincante la golpeó. Y al instante, una voz en su mente extremadamente parecida a la de Widow hizo eco en sus recuerdos.

Tal vez... yo nací para conocerte, Lena.

—¿Huh? —inquirió más para sí misma que para ella— ¿Qué fue eso?

—Solo un desliz de mi parte. —Se fue hacia atrás con un leve rubor en sus mejillas y acomodó un largo mechón detrás de su oreja.

—No..., no me refiero a eso. La voz...

—¿Qué voz? ¿Enloqueciste? —Sonrió de soslayo; pero esa sonrisa se desfiguró cuando detalló el pasmado semblante de la heroína.

—Una voz igual a la tuya...

Widowmaker ahogó un sorprendido sonido, comenzando a sentir una molesta sensación. ¿Incertidumbre, quizás? ¿Una voz igual a la de ella? ¿Qué demonios le sucedía?

—Realmente enloqueciste. —dijo con cierto fastidio.

Lena se llevó una mano a la frente, algo mareada. Sentía un leve zumbido en su cabeza.

—Tal vez tienes razón. —Bajó la mirada, encontrándose nuevamente y sin querer con algo que se había prohibido contemplar— ¡¿P-Puedes cubrir tu pecho de una puta vez?! —Lo señaló.

Widow sonrió, satisfecha, por su nerviosa reacción. Amaba intimidarla así, de verdad lo amaba.

—¿Tanto te intimida? Bien..., si no lo toleras. —Llevó la mano a su cabeza y se aferró de su sedoso cabello— ¿Por qué no lo cubres... con tus labios? —La impulsó hacia abajo, dejándola a escasos centímetros de ese apetecible lugar.

Tracer trató de drenar a su reseca garganta y esta vez le fue imposible. Un cosquilleo se estaba atreviendo a molestar a su entrepierna. Se mordió el labio mientras su mente poco a poco derretía el restante autocontrol que le quedaba, y detalló como su ahora agitado aliento, que acariciaba aquella delicada zona, provocaba que el entusiasmo de su contrincante se elevase cada vez más hacia ella.

—Widowmaker... —musitó con una apagada tonada, arrugando la sábana donde se encontraba apoyada—. He tratado de contenerme..., de verdad lo hice. Pero si sigues así te arrepentirás.

Una grave risa seguida por otro impulso, esta vez más lento y corto, que generó que sus labios rozasen aquel sensible y entusiasmado lugar, fue su respuesta.

La única que necesitaba en ese momento.

—Realmente... te arrepentirás por esto. —Entreabrió la boca, dispuesta a cumplir con sus deseos. Ya no podía dominarlos, había llegado demasiado lejos. Seguir conteniéndose solo aumentaría su locura.

—Hazlo, ma chérie. —susurró, contemplando desde lo alto como la nombrada empezaba a extender la lengua con intenciones de saborearla.

Se humedeció sus pálidos labios, frunciendo los dedos contra su cabello. Y cuando se dispuso a cerrar los ojos y disfrutar del porvenir, la puerta principal abriéndose bruscamente interrumpió esa acalorada sesión.

Ambas saltaron en el lugar. Widowmaker elevó su neutra visión y la clavó en la perpleja y pelirroja joven que las había emboscado. Chasqueó la lengua, liberando el cabello de la heroína.

Tracer se giró con velocidad, capturando el instante justo en el que los ojos de su querida amiga mutaban por unos angustiados. En ese momento quiso que la tierra la tragase.

—Emily...

—L-Lo siento... —Esquivó su visión, nerviosa—. Vine porque Angela me dijo que estabas herida...

—E-Emily, ¡espera! —Trató de levantarse, pero un forcejeo en su brazo se lo impidió. Posó los ojos en la causante y se encontró con una fría mirada.

—Pero veo que te están cuidando "muy bien" —enfatizó de una sarcástica forma, para luego darse media vuelta y caminar de nuevo hacia la puerta.

—¡Emily, espera! ¡Puedo explicarlo!

—Ja, ¿puedes? —Se llevó una mano a la frente y se la refregó con impaciencia—. Mejor no digas nada, Lena. Después de todo, tú terminaste conmigo. —Sonrió para sí con tristeza—. O quizás es mejor decir que decidiste no empezar una relación conmigo. No tengo derecho a replicarte nada.

Tracer otra vez intentó soltarse del agarre que le impedía llegar hasta ella.

—¡Widowmaker, suéltame! —musitó entre dientes, observándola con desesperación.

La única respuesta que recibió de su adversaria fue una lenta negación con su rostro.

—Así que... —prosiguió su amiga, abriendo la puerta—. Ella es la razón de todo.

El habla de la heroína quedó sellada debido a esa fuerte verdad. Sí, era cierto. Su némesis era la razón de todo.

Bajó la cabeza, arrepentida —Supongo que tienes razón... Perdóname, nunca fue mi intención lastimarte Ems.

—Ja... Lo sé, y justamente por eso me molesta.

Tanto Lena como Widow posaron la atención en ella, que ahora no se dignaba a observarlas.

—Sé que no eres una mala persona, te conozco hace años. Quiero creer... que la situación te superó.

No sabes cuánto...

Pensó, sujetando la mano de Widowmaker, que seguía empecina en no soltarla. La miró en una súplica. Súplica que terminó por fastidiarla. Soltó un bufido y la liberó con cierto desprecio.

Tracer rápidamente se incorporó y corrió hacia Emily.

—¡No te acerques! —Se detuvo en seco debido a esa poderosa orden—. No ahora, Lena... No podría tolerar verte la cara, dame tiempo...

—Emily...

La nombrada, con una valentía que creyó olvidada, espió de reojo a su rival.

Aquella mujer que vestía, a su parecer un extraño traje, elevó una ceja y le sonrió con una clara maldad. La pelirroja soltó una corta risita.

—¿De verdad? ¿Alguien como ella? —Dibujó una desafiante sonrisa, enfrentándola—. Volviste a caer en malas manos por lo que veo.

—¿Q-Qué?

Cerró los ojos, apacible, y continuó alejando los pasos.

—Me refiero a que de nuevo te has metido con alguien que no te conviene. He visto esta historia antes Lena, y no terminó bien para ti.

La nombrada gesticuló una confundida mueca.

—No entiendo nada de lo que dices, Ems...

—Tus obsesiones no tienen fin. —Suspiró—. Primero una mujer casada, y ahora esto...

¿Casada?

Pensaron al mismo tiempo las implicadas, mientras la incertidumbre no tardaba en irrumpirlas.

—Siquiera sé como yo entré en tu lista, es obvio que no califico en ella. —agregó con sarcásmo, saliendo de su casa.

—¡Espera! —La siguió, apresurada.

—Ojalá sepas lo que haces.

—¡Emil...!

—Adiós, Lena.

Le cerró la puerta en la cara. De puro milagro su nariz se salvó.

Widowmaker contempló como la heroína se quedó observando la puerta sin decir palabra alguna, y bufó. Su corazón estaba acelerado, pero ya no por la emoción, sino por un extraño malestar que lo estaba atacando.

—Bien..., eso fue incómodo. —dijo, irónica.

—No sabes cuánto. —Se giró hacia ella, abrazando sus propios brazos. No se animaba a verla de frente—. Lamento que hayas presenciado eso.

—Ja... Al menos me confirmó que terminaste con ella.

—¡Pero si te lo dije! —La encaró.

—Pensé que era mentira.

—¿Por qué iba a mentirte?

Widow se incorporó, arreglando su ropa e ignorando su exasperada actitud.

—Quién sabe... —empezó a decir, colocándose las botas—. Quizás porque no tienes futuro conmigo. En cambio con ella...

—¡No me interesa eso! —Se abalanzó hacia su ahora, sorprendida persona, y atajó sus hombros—. Yo... quiero estar contigo.

Widowmaker le mantuvo la mirada unos largos segundos... Unos tortuosos segundos en los que su pecho comenzaba a apretarse, robándole el aliento.

Mientras más seguía los continuos movimientos de sus castaños ojos, más una dolorosa punzada empezaba a asaltar su cabeza. Una punzada que conocía muy bien.

Oh, no... Otra vez...

Pero esta vez algo andaba mal..., de verdad muy mal. Ese dolor se sentía diferente, como si algo estuviese invadiendo su mente. Como si estuviera cegándola.

Sus pupilas se dilataron mientras un solo pensamiento se atrevía a irrumpirla sin su permiso, dejándola en un hipnotizado estado.

Mátala...

Quoi?

Mátala.

Se tapó el rostro, anonadada. Su interior se estaba agitando de una desaforada forma. Tracer no tardó en notar su visible cambio.

—¿Widow, qué pasa? —Sujetó sus mejillas y al instante se horrorizó por lo que vio en sus dorados ojos. Estos brillaban de una amenazante manera; ya no parecía ella...

Widowmaker plegó con fuerza los dedos en su cara, intentando contenerse de lo que próximamente terminaría en una desgracia.

Solo la ira, el rencor y la venganza tomaran el control de sus emociones.

Apretó con más rudeza su propia piel, desgarrándola.

Tu orden es... matar a Tracer. ¡Destrúyela!

—¿Widow?

—Aléjate... —murmuró con las pupilas a punto de estallar de lo amplias que se encontraban.

—¿Que te sucede? —cuestionó, preocupada.

—¡Aléjate! —La empujó, provocando que cayese al suelo.

Lena la contempló desde allí, atónita.

—¿Qué pasa? —Se incorporó con torpeza— ¿Te encuentras bien? —Trató de llegar hasta su temblante persona y lo siguiente que contempló fue una pálida mano dirigiéndose a toda velocidad hacia ella.

Widowmaker capturó su cuello y lo apretó sin piedad alguna, generando que entrecerrara un ojo por la asfixia.

—W-Widowm-maker...

La nombrada, ahora con una asesina mirada de fondo, reforzó el agarre sin darle tregua alguna y sumó una segunda mano. En consecuencia, sus piernas flaquearon y terminó cayendo inerte sobre el piso junto a ella.

—¿P-Por qué...? —moduló como pudo, chocando los dientes. Su némesis la observó, indiferente.

—Porque debes morir.

—W-Widow...—Temblando, atajó sus brazos en un intento de detenerla. Poco logró, ya que la fuerza la abandonaba con cada segundo que pasaba.

Algo extraño le sucedía; era como si fuese otra persona.

—Morir... —Apretó más su cuello, generando que sofocara un quejido—. Debes... morir.

Lena entreabrió los párpados y la contempló, afligida. Tan afligida por lo que estaba ocurriendo que unas pequeñas lágrimas se escaparon de sus ojos. Widowmaker las detalló una por una mientras caían.

¿Está... llorando?

Continuó mirándolas, ensimismada.

¿Por... mi culpa?

Su pecho se apretó de pronto, quitándole el aliento de golpe. Aspirando el aire con rudeza, soltó su cuello y se fue hacia atrás con los ojos tan abiertos que la heroína pensó que se habían congelado para siempre.

Quedó paralizada en el lugar, incapaz de quitar su perpleja expresión.

¿Qué hice? ... ¡¿Qué hice?!

Tracer se agarró el cuello, agitada, y comenzó a respirar una y otra vez sonoramente, tratando de recuperar el aire perdido.

—N-No... —musitó Widow aún con una pasmada mueca de fondo, gateando hacia atrás como si la cercanía de Tracer la lastimara—. No...

Lena se incorporó y con mucha dificultad se puso de pie.

—E-Espera...

—No... —repitió, poniéndose rápidamente de pie. Se tambaleó en el acto; su cuerpo no respondía bien. Volteó y se aferró con rudeza la cabeza; no soportaba más la presión que sentía allí— ¡Otra vez no!

—¡Widowmaker! —Estiró el brazo hacia ella, exasperada.

Tiritó ante la dolorosa tonada que la llamó y cerró los ojos con impotencia mientras un punzante dolor mucho más fuerte que el anterior se apoderaba de su pecho.

Nunca había sentido tal padecimiento; algo estaba sucediendo con su ser.

Tracer, totalmente desconcertada, se acercó y sujetó su hombro.

—¡Widow...!

—¡No me toques! —Se desenganchó, apretando las mandíbulas.

Nada tenía sentido. ¿Por qué de la nada misma sentía ganas de asesinarla de la peor manera?

Tengo que salir... de aquí.

Apretó los puños fuertemente, impotente, y comenzó a alejarse a paso rápido.

—¡No te vayas!

Trepó por la ventana, dándose cuenta de que hasta esa mínima actividad le costaba.

—¡Espera, por favor! —Escuchó los pasos de Lena aproximándose— ¡Debes decirme que pasa! ¡Puedo ayudarte!

No..., no puedes.

—¡Agh! —Ladeó la cabeza de un lado a otro, desesperada. Sentía que estaba a punto de estallar—. N-No me sigas. —dijo como pudo y saltó por la ventana, dejándola pasmada en el lugar por unos cruciales segundos.

De inmediato reaccionó y apoyó las manos en el borde de esta, solo para captar como Widowmaker caía en picada.

—¡Sabes que ya no puedo hacer eso!

La oyó a lo lejos Widow, mientras seguía cayendo.

—¡Sabes que ya no puedo olvidarme de ti, idiota!

Aterrizó de un debilitado modo, para luego ascender el rostro y encontrarse con aquellos transparentes ojos que la observaban con desolación.

—Yo tampoco puedo..., y por eso mismo debo alejarme. —susurró para sí, arqueando las cejas de una angustiada forma.

No podré tolerar... volver a lastimarte.

Se obligó a retomar los pasos, que poco tardaron en acelerar hasta escapar de la visión de la heroína. Esta última plegó los dedos contra el borde de la ventana, enfurecida.

—¡Imbécil!

Rápidamente se puso el traje y colocó el acelerador en su pecho.

—No esta vez... ¡No te dejaré ir de nuevo!

La imitó y saltó, activando el poderoso artefacto en el acto.

¡No te dejaré sola, Widowmaker!


¡Sorpresa! Bendito sean los feriados, gracias a eso pude publicar antes de lo previsto :)

¡Gracias por leer gente linda! ¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Siari55: ¡Muchas gracias por seguir leyendo! Me alegra que hayas podido identificar lo que quise expresar con las emociones de Widowmaker :) ¡Te leo en el próximo, entonces! Besos!

nekkosixx: Jaja! Las respuestas poco a poco van a ser respondidas. ¡Muchas gracias por leer, y espero que te siga gustando el fic! Besos!

Chizuru008: ¡Muchas gracias por seguir esta alocada historia! Me alegra que te haya gustado el capitulo anterior :) Genial que hayas captado todas esas emociones desenfrenadas que quise plasmar :) ¿Te leo en el próximo entonces, no? Besos!

Warlocktoungue: Jaja! Tus chistes me hacen el día xD ¡Muchas gracias por leer! y como supuse, adivinaste. Espero que con este capitulo se hayan aclarado tus dudas respecto al señor planeta de los simios. No lo aclaré en su momento para generar suspenso, parece que funcionó jajaj ¡Te leo en el próximo! Besos!