Vive tus emociones

Mi amiga la esponja

¿Sabe? Una vez despedirme de Mimi estaba otra vez en lo mismo. Ya me cansaba esa situación. Está bien tener tiempo para pensar en las cosas de uno pero eso ya era pasarse.

¿No le ha pasado que lleva mucho tiempo pensando en alguien que hace mucho que no ve y de repente se lo encuentra? Pues por desgracia y por más que pensaba en Sora no me la encontraba. En su lugar, y para variar, me encontré con otra persona.

Esta vez le tocó a Joe de nuevo. Si se pregunta por qué Joe no estaba en el Aguador es porque allí dan como un premio a la gente que, como Joe, sacan matrículas. Consiste en que no tienen que acudir a las clases la semana siguiente a la evaluación. Son todo clases de repaso, aburridísimas. Quien puede se escaquea. Bueno, esto no importa para nada. Sólo que no piense nada raro de la impecable vida de Joe.

—Hola ¿Qué haces a esta hora por aquí?

—Yo... esto... no puedo ir a casa a comer, mis padres vuelven por la noche, mi hermana come con ellos y me dejé las llaves. —Estaba desarrollando una capacidad para las mentiras impresionante.

—Qué calamidad —dijo Joe despreocupado, esperaba algo más—. Vente a mi casa, supongo que a mi madre le alegrará verte otra vez. Me estuvo preguntando mucho de ti.

—Y que le dijiste.

—La verdad. —No sonaba muy bien—. Tranquilo, nada que le asustara.

—Ah.

—Me encontré con Izzy. ¿Sabías que él y Yamato se fugaron del Aguador? —Por un momento dudé si Joe ya lo sabía y lo decía para que picara y le contara que yo también.

—Sí, yo también estuve con él. Ellos sí que son una calamidad.

¿Conoce la expresión "hablando del rey de Roma que por la puerta asoma"? Pues se aplica bien. Al cruzar la esquina chocamos con Koushiro, bastante desmejorado por dormir en la calle, por cierto.

—Izzy, no pareces tú.

—Ya, ignoradlo, escuchad, es importante. Yamato está en paradero desconocido. Llevo toda la noche buscándolo. No apareció por la estación. —Creo que tanto Joe como yo nos temimos que Yamato había dejado tirado a Izzy.

Como consecuencia, Joe invitó también a Koushiro a su casa. Hablaríamos allí de todo.

—Hola, Tai ¿Qué tal todo, bien? —me preguntó Noa, tan agradable como la otra vez, se fijó en la ropa que llevaba, algo que le indicaba que podía haber regresado a casa y me sonrío.

Pude notar que Joe con su madre estaba mucho más relajado y Noa también. Cuando Noa se retiró a su habitación, supuestamente, pues resulta que nos estaba escuchando –supongo que por ver cómo era Joe en soledad con sus amigos–, pudimos hablar con Koushiro del tema.

—Izzy, deberías pensar que Yamato tal vez se halla marchado con su hermano a la tal casa —dije con el mayor tacto posible en mí.

—Improbable. Yamato y yo dejamos nuestro equipaje en las taquillas de la estación. Y esta es la llave. —Nos la mostró. —Aparte, veo difícil ir hasta el pueblo sin coger el autobús o el tren.

—Debemos avisar de ello a la policía, a Yamato le puede haber pasado algo —dijo Joe, como creo que habrá adivinado.

—¿Avisar de qué, niños? —interrumpió Noa, no me gusta que nos sigan llamando niños pero es algo que hacen muchas madres.

Joe le dijo la verdad a su madre de la manera más breve posible. Noa se veía muy contenta de ver a Joe con otros chicos y dijo que Joe estaba exagerando, que probablemente a Yamato le habrían encontrado sus padres cuando fue a buscar a su hermano. A Izzy también le pareció lo más seguro.

Aunque Yamato ya no me preocupaba pues pensaba que esa teoría sería acertada, Koushiro sí. Él quedaría sólo en una aventura que apenas pudo empezar y en la que había puesto tanto interés. Me daba mucha pena.

Izzy no hablaba. Debía de estar pensando en qué hacer ahora. No creo que quisiera volver a su casa. No sé su motivo por el que no quería ir pero algo sería. También podía intentar regresar al internado, si tenía suerte nadie se enteraría. De todos modos, el plan inicial había fracasado.

—Izzy, por qué no vuelves al Ensa. Estás a tiempo —dije dándole una opción que él ya habría estudiado varias veces.

—Qué remedio. Aun así, tengo que saber que le pasó a Yamato.

Tengo la impresión de que Noa nos volvió a escuchar pues enseguida nos ofreció pasar la noche en su casa, cosa que aceptamos. En parte acepté porque debía evitar mi casa, en parte porque Izzy nos necesitaba y jamás pediría ayuda. No es su estilo, se cree capaz de hacerlo todo solo.

—...

—¿Cree que eso pudo influir en su éxodo? ¿Para no necesitar a nadie? No sé... no me refería a que quiere demostrar que no necesita de nadie. Sólo que nunca pide ayuda porque no lo cree necesario –y suele tener razón–. Bueno, es igual. Si quiere psicoanalizar a Koushiro le llama y ya está. Su trabajo le va a costar.

Pues esa tarde, Koushiro fue a la estación, a por su maleta, y al súper a por la mía. Un favor personal. Mientras, Joe nos preparaba el cuarto. Y yo esperaba en el Rincón a Sora.

Fueron unos largos minutos, quizás hasta pasó alguna hora.

Puede pensar que yo estaba pensando en el posible aspecto actual de Sora o cosas así. Pues no, tenía la idea de que en dos años Sora seguiría con el mismo peinado, cuerpo y voz. Pensaba en cosas que me gustaría que me dijera y en mi mente sólo parecía más mayor.

Pensé también si Sora seguiría teniendo problemas familiares o si en dos años las cosas se habían calmado. Nada acerca de eso le pregunte.

Cuando la espera se hizo larga, empecé a creer que no iba a ir. Que si algún día nos volvíamos a ver y yo se lo mencionaba, me diría que jamás escuchó el mensaje.

Imaginé un montón de motivos por los que no acudiría al Rincón aquella tarde. Ni los recuerdo. Todo se fue cuando la vi aparecer por la puerta.

Tal y como la imaginaba.

La misma pues, y aunque su sonrisa llevara amargura, seguía ahí bien definida.

—Hola Tai. Sigues igual. —Qué mejor forma de entablar conversación.

—¿Igual de bueno o igual de malo?

Se rió un poco, nerviosa y forzada. Su risa era la misma. Seguía igual.

Por desgracia, otra cosa seguía igual. Se notaba que había llorado, la piel... algo irritada y los ojos gastados.

Por no romper tradición, ni ella me dijo que estaba mal ni yo le pregunté. Recordamos algunas historias de cuando niños y como en varias Hikari participaba era inevitable que me preguntara por ella.

—¿Y Kari qué tal está? Supongo que ella sí ha cambiado. A esa edad normal, os llevabais tres años ¿no?

—Sí. Espera, creo que tengo alguna foto de ella. —Saqué de mi cartera una foto de carnet de mi hermana—. Comprueba tú el cambio.

—Está irreconocible, muy mayor. Claro, que la recordaba como una pequeñaja que adoraba los animales. Está muy guapa. —Me devolvió la foto.

—Hombre, tiene a quien salir. Y la foto no es reciente. Tengo otra pero sale con más gente.

Le mostré a Sora una fotografía de mi hermana junto otros chicos y chicas de su clase. Entre ellos, el hermano de Yamato, Takeru. Menuda sorpresa enterarme más tarde de que conocía al hermano de Yamato.

Takeru es un chaval que va siempre con Hikari aunque nunca le presté mucha atención hasta que Sora me lo mencionó.

—Qué monos ¿No es gracioso el amor a esa edad? —¿Amor? ¿Había escuchado bien? Sora se refería como habrá notado, a Takeru, quien estaba pasándole el brazo, así como quien no quiere la cosa, por el hombro a mi hermana.

—Más le vale al rubito que no pase de ser gracioso. —En ese momento, yo ni me daba cuenta de que ya había visto al rubito más veces.

—Teníamos su edad la última vez que nos vimos. —Eso que significaba ¿qué aquel amor era gracioso? ¿Sólo gracioso?

—Un poco más —corregí, no me gustaba la relación que acababa de hacer.

Hubo un largo silencio, Sora lo rompió.

—Los veranos parecen eternos y sin embargo duran poco.

—Ya. Los buenos veranos.

—¿Sabes? Un verano puede ser muy bueno o muy malo. Junio es el mes en el que ves cómo será.

Tuvimos una larga charla algo aburrida pero interesante acerca de teorías sobre Junio y el verano. Exprimíamos el tema.

—Y cómo fue para ti nuestro verano, de los mejores o de los pasables. —Llevó la conversación a algo más personal.

—Lo recuerdo como buenos días.

—Sí, aunque por aquel tiempo yo...

—La mejor época de mi vida. —Hablábamos a la vez pero nos entendíamos.

—Yo estaba pasando por una etapa complicada y aun así no me importaría volver atrás.

Aquello significo mucho para mí. A pesar de sus problemas, Sora fue feliz conmigo.

Por su tono daba la impresión de pensar " lo cierto es que mi vida va de etapa complicada a etapa complicada". Bueno, igual es el recuerdo que tengo de ella que me hace pensar que aún sufre, aunque supongo que con el tiempo ya se acostumbró y apenas lo nota.

En ese sentido, Sora es lo contario a Mimi. Mientras que Mimi no aguanta ni dos minutos sin expresar su dolor, Sora puede guardarse todo lo malo hasta límites que nunca sabré porque jamás la he visto derrumbarse frente a alguien. Únicamente, cuando la espiaba y daba muchísima pena.

Quizás, eso le ayude a ser fuerte. Puede que con el tiempo, tras muchas malas épocas, ya le dé todo igual.

Puede que una vez cada cierto tiempo llore muchísimo porque su cuerpo ya no lo soporta y al día siguiente, tras descansar, borrón y cuenta nueva. Como escurrir una esponja hasta arriba de agua.

Llegará el día que la esponja repelerá el agua. Será la última vez que llore y eso sí que es triste.

Pensándolo bien, si no le importaría volver atrás debe ser que actualmente tampoco es que está viviendo tranquila. Yamato algo me dijo pero... ni idea de que le parece eso a Sora. Lo que me recuerda y para finalizar, Sora me hizo una invitación.

—El sábado de la semana que viene tengo una boda. ¿Te gustaría venir conmigo?

No acepté del todo, le dije que no sabía que sería de mí el sábado de la semana que viene, cosa cierta. Eso sí, le prometí llamarla. Ahora puedo decir que supongo que iré, volveré a ver a Sora y sabré más acerca del mundo que la rodea.

Cuando regresé, Joe y Koushiro me contaron que no hubo éxito en localizar a Yamato. Muchos Ishida había en la guía de teléfonos y ninguno era él. Además, desconocíamos el nombre de sus padres. De su padre, luego me enteré de que estaban separados y él vivía con su padre.

Joe volvió a decir que llamásemos a la policía. Si le pasara algo a Yamato no nos lo podríamos perdonar pero qué decirles a los policías. La mayor parte se lo tendría que decir Izzy, con la consecuencia de que la policía llamaría a sus padres.

Nos fuimos a dormir pronto, descansar nos vendría bien. Qué cama tan cómoda aquella. Fue rozarla y caer rendido.

El haber dormido en el suelo está claro que influyó.

Nos despertamos cuando la luz entró en el cuarto. Ni la persiana bajamos. Una noche más había esquivado dormir en un portal. Otra vez pude darme una ducha caliente y ponerme ropa nueva. Estaba teniendo suerte. Soy de los que nacieron con estrella.