Disclaimer: Gravity Falls y sus personajes no me pertenecen, estos son propiedad de Alex Hirsch.
Fueron demasiadas noticias para lo que se suponía era una simple cena con uno de los tantos socios de su padre. Esperaba que se la pasaran hablando únicamente de negocios, pero la charla no se limitó a eso. De haberlo sabido hubiese aceptado la invitación de Wendy de ir a dar una vuelta en el cementerio sin pensarlo dos veces. Pensó que la cena era menos sombría que aquel campo cubierto de lapidas… Odiaba admitir que se había equivocado.
La noche se estaba volviendo larga, muy larga, y no podía conciliar el sueño por más que lo intentara. En parte era porque aún no podía tragar todo aquello, pero también era porque a pesar de querer rebelarse se sentó al instante y agacho la cabeza en cuanto sus padres le miraron rígidamente.
Sintió ganas de llorar y por un instante sintió deseos de escribirle, pero en lugar de eso sacudió la cabeza y se puso de pie rápidamente; tomó unos zapatos al azar del ropero, se colocó un abrigo sin abrochar sobre la larga bata de dormir color lila y tomó el stick de su clase de lacrosse. Bajo a hurtadillas y salió por la puerta trasera.
Una ráfaga helada le caló hasta los huesos, pero en lugar de entrar siguió vagando alrededor de la cabaña a la que llamaba hogar. Las cosas habían mejorado (económicamente hablando) y ahora el desgastado muelle de madera había desaparecido dando lugar a uno nuevo de piedra que iba bien con la casa (y con sus padres). Justo iba dejar caer su pie sobre una de las barcas varadas frente a este cuando, a pesar de la bruma, pudo observar una luz; así que en lugar de subir a la barca y contemplar el lago en silencio, se encamino a la cabaña al otro lado del lago.
Antes no hubiese hecho algo así, sobre todo con todo lo raro que solía ocurrir en el pueblo, pero después de todo lo que había pasado se creía capaz de defenderse sola. Además no iba a un encuentro con un desconocido, sabía perfectamente quien era la persona al otro lado del lago. Y no porque se lo hubiese dicho sino porque lo presentía desde el fondo de su ser.
Después de ahuyentar un par de ojo murciélago, escuchar algo enorme chapotear en el lago y ver un par de gnomos haciendo cosas dudosas (¿Por qué diablos llevaban mariposas en frascos y para qué las necesitaban?), llego a su destino. La luz que atravesaba la bruma provenía de una lámpara de aceite la cual iluminaba a un chico solitario que arrojaba colérico piedras al lago.
-¿No puedes dormir?- preguntó.
El joven, que no se había percatado de su presencia hasta ese momento, dio un saltó mientras profería maldiciones.
-¿Qué haces aquí?- inquirió aun exaltado.
-Una pregunta no se responde con otra.- dijo entrecerrando los ojos.- Es una regla muy simple.
-No, no puedo y dudo mucho que lo logré en un largo tiempo. ¿Cómo podría después de tremenda noticia?- respondió.- Ahora podrías decirme qué haces aquí, a esta hora y con este frio.
-Tampoco puedo dormir…- intercambiaron miradas.- No dejo de pensar en la cena.
-¿Sabes? Jamás espero nada de mis padres y aun así siempre logran decepcionarme.
Lo observó con detenimiento. No era la primera vez que lo veía, pero siempre era de reojo mientras se saludaban o despedían por cortesía. Era alto y delgado, su cabello rubio oscuro y sus ojos azules al igual que los suyos. Al sentirse observado se volvió a ella y le sonrió a medias. Se sonrojó.
-No es lo que piensas…- se apresuró a decir, porque no era lo que pensaba. Sí, era guapo, pero no le gustaba y no estaba segura de sí podría gustarle a futuro.
-En realidad no pensaba en nada, tú fuiste la que saco sus conclusiones. – Dijo tranquilamente tomando asiento en la tierra helada.-Tú eras la que me miraba raro, yo solo fui amable.
-Hasta donde sé, sonreír incomodo no cuenta como cortesía.- objetó sentándose a su lado.- Además, ¿Qué esperabas que hiciera? Necesito hacerme a la idea de que…
-Yo también.-la interrumpió.- Pero no por eso te miro fijamente. Eso es grosero.
-Me acabas de interrumpir solo para decirme que soy descortés, ¿Sabes lo incoherente qué es eso?
-Esto no puede estar pasando... Si es así ahora, no quiero saber cómo será cuando nos casemos.- exclamó agobiado. La miró.- Yo solo quería cenar y pasarla bien en el lago. ¿Por qué demonios nos hicieron esto, Pacifica?- cuestionó.
-No lo sé, - mintió a pesar de saber que ese matrimonio solo era una de las tantas maneras de mantener el negocio. La alianza estratégica perfecta. -pero ya está pactado y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo.
… … …
"DISCO GIRL, COMING THROUGH, THAT GIRL IS YOU OOH OOOH, OOH OOOH" sonó su teléfono trayéndola de vuelta a la realidad, extendió la mano y apagó la alarma. Dio un largo bostezo, refregó sus ojos y se levantó, caminó hacia la ventana, la abrió y contempló el lago.
Al otro lado de este las familias de Gravity Falls y algunos turistas pescaban o simplemente daban un paseo en bote. Las voces alegres inundaban el lugar. Era difícil creer que hace año y medio esa zona estuviese cubierta de pinos y que ahora en su lugar hubiesen cuatro cabañas, una oficina administrativa con dos minivans para dar recorridos por la ciudad y un embarcadero; todo gracias de Bienes raíces Northwest y asociados, que ahora también se dedicaba al negocio del turismo.
Dejo la ventana abierta y se dirigió al baño; sí, era un día hermoso, pero desgraciadamente tenía que trabajar. En realidad no detestaba ese trabajo, de hecho ella lo había elegido (más que nada para molestar a sus padres y sentir que tenía control de su vida), pero el servicio al cliente y el ambiente comenzaban a hartarla. Aun así no quería dejarlo, no tanto por su terquedad, sino porque era mejor que estar en casa escuchando a su madre hablar sobre su futura boda y a su padre sobre cómo debía comportase a la altura de una futura empresaria, o escucharlos a ambos expresar su descontento respecto a su amistad con la chica Corduroy que no le beneficiaba de ninguna manera. Prefería mil veces lidiar con la gente que pedía una cosa y cambiaba de opinión cuando terminaba de anotar, con quienes buscaban excusas para no pagar, con Linda Susan que solo se dedicaba a holgazanear y perder el tiempo charlando y coqueteando con los clientes dejando que se le acumulará el trabajo, y el cocinero que parecía sacado de una prisión, a tener que estar en casa escuchando lo que ya sabía.
El agua caliente jamás se dignó a salir así que se dio una ducha rápida con agua fría, en cuanto terminó se puso la bata, se apresuró a secarse y acicalarse. Saco el uniforme del armario y lo coloco sobre la cama, roció generosamente lo último que quedaba de la botella de Eiffel Kiss inundando la habitación con su inconfundible aroma. Tiro la botella al cesto de basura y saco una nueva del cajón dejándola sobre el tocador.
Cepillo su cabello hasta dejarlo brillante y se hizo una coleta, se puso el uniforme, tomó un rímel y un labial rosa oscuro, los introdujo en su bolso y, tomando este y el stick, bajó corriendo las escaleras, ignorando las quejas de sus padres sobre ese trabajo de quinta y de cómo debería estarse desempeñando en el negocio familiar.
"No lo necesito" pensó mientras decía que solo era un trabajo temporal para aprender a valerse por sí misma y dar un ejemplo de su educación y humildad al pueblo. "Si en mentir ya soy más que experta."
Mentiras, todos unos mentirosos. Y ella era parte de eso también le gustase o no. Era algo que llevaba en la sangre, que se había inculcado de generación en generación y que ella debía seguir porque así lo querían ellos. Porque era una Northwest.
"Pero sólo porque seas su hija no significa que debas ser como ellos… " Resonó de pronto en su cabeza como un eco lejano. "No es demasiado tarde"
Sonrió. Ese era un gran pensamiento, pero era algo muy ingenuo. Igual aun podía disfrutar de lo poco que podía manejar en su vida antes de seguir con lo que creyó terminaría cuando asimilo que ya no tenían dinero que respaldará la manipulación y el engaño, cuando creyó que podía poner el apellido en alto por sus buenas notas y buen ejemplo. Pero hay algunas cosas que por más que te esmeres en hacerlas desaparecer un poco de ellas se queda adherido… Algo así como las manchas de Chili en un mandil blanco después de un largo día de trabajo.
Siguió andando por el pueblo, observando como lo único que había cambiado era lo que su familia había hecho en el lago. La plaza, las casas y todo lo demás seguían igual. Incluso aquella banca solitaria a lado de aquella farola con el fondo de las montañas y los enormes pinos. Todo seguía igual y seguiría igual.
Cuando llego al Greasy's Diner (con un elegante retraso de cinco minutos) entro dando un saludo rápido, dejando su bolso y stick tras el mostrador a un lado de dos enormes cajas de azúcar y un par de enormes latas de salsa de tomate. Tomo una comanda, el lápiz de siempre y una franela. Al ponerse de pie se encontró cara a cara con Linda Susan que soltó:
-Querida que bueno que llegas…- dio un suspiro exhausta.-Me hacía falta una mano.
Se volvió hacia las mesas, las cuales se encontraban vacías a excepción de dos. En una estaba una mujer bebiendo un jugo de naranja, y en la otra se encontraba la pareja de policías de la ciudad acompañando sus donas con un café expreso para no perder la costumbre.
-Cielos, Linda Susan, a tu edad no sé cómo puedes lidiar con todo este caos.- soltó con sarcasmo.- Yo habría enloquecido.
-Cuando llevas tanto tiempo en esto aprendes un par de cosas…- dijo llena de orgullo. Dio un resoplido, olvidaba que el sarcasmo no funcionaba con aquella mujer. –En fin, - continuó.- ¿Podrías ayudarme a llevar otra jarra de café?- le pidió dejando esta sobre el mostrador.
-Sí, claro.
-¡Gracias tesoro!- exclamó entrando a la cocina.- ¡Eres un encanto!- y dicho esto comenzó a charlar con el cocinero.
-Sí que lo soy.- dijo tomando la jarra. Sin duda sería otro largo día.
Para la hora del lunch el restaurant estaba a reventar, y como siempre Susan se tomaba su tiempo en atender a los clientes mientras ella corría con dos charolas en una mano y dos jarras (una de jugo y otra de café) en la otra. Si al terminar el día no recibía una propina decente sin duda perdería la compostura. Pero por suerte los clientes estaban más que generosos y dejaban billetes grandes en el frasco. Cuando lo hacían la sonrisa en sus labias y la frase "Gracias, vuelvan pronto" le salía por voluntad propia y con completa honestidad.
Cuando pasó el lunch, por fin pudo tomar su descanso y lo primero que hizo fue sentarse. Los pies le dolían a horrores y sentía la garganta seca de tanto repetir órdenes, pero al menos ya podía reposar un poco antes de tener que retirar las jarras de café que sobraron del mostrador y comenzar a sacar las salsas para la comida.
Estaba disfrutando tanto de ello que no se dio cuenta de lo que ocurría afuera hasta que escucho a Linda Susan entrar por la puerta trasera a toda velocidad balbuceando:
-Los hombrecitos no quieren dejar la basura…
-Yo me hago cargo…- soltó rodando los ojos y tomando el stick tras la barra.
Salió rápidamente y al verla los gnomos sisearon como si fuesen gatos (incluso hacían un ademán con sus manos como si fuesen garras).
-Les daré opciones, pequeños fenómenos…- los miró.- O dejan de hurgar en la basura o los arrojó a las profundidades del bosque como si fueses pelotas. Ustedes deciden.
-Esta vez no vas a ganarnos rubia mandona, tenemos un…
No dejo terminar de hablar a su líder (o al menos al que ella creía era el líder) cuando ya lo tenía sobre la canasta del stick y tomando impulso lo arrojo con fuerza hasta que cayó en un arbusto al fondo. Tomo otro y otro más siguiendo el mismo procedimiento.
-¿Alguien más quiere jugar al valiente? – pregunto llevándose las manos a la cadera. El resto de ellos echo a correr a excepción de uno que se le quedo viendo fijamente. Alzó el stick e hizo un gesto amenazante.
-¡Shmebulock…!- exclamó echando a correr.
-Eso creí.- dijo entrando tranquilamente al restaurant para seguir trabajando, lamentablemente. ¿Por qué esos estúpidos gnomos siempre venían en su descanso? Al menos pasando la comida podría volver a casa y descansar como era debido.
Volvió a sus labores habituales como limpiar las mesas, colocar las salsas, barrer los pisos y sacudir la barra, mientras lo hacía tarareaba las viejas canciones que sonaban en la radio. Las aborrecía pero después de tanto escucharlas termino aprendiendo la letra de cada una de ellas.
La campanilla de la entrada sonó mientras realizaba sus labores, anunciando la llegada de un cliente. Susan estaba libre así que se los dejo a ella, ya había tenido suficiente por el momento.
-Pacifica…- soltó la mujer, frunció el ceño.
-¿Sí?- respondió de la mejor manera que pudo dando la vuelta para verla.
-Quiere que tú le atiendas.- anunció.
-¡Voy!
Tomo un menú y se acercó a la mesa.
-Bienvenido a Greasy´s Diner, le atiende Pacifica. – siempre que decía eso sentía que sonaba como un robot. -¿Puedo tomar su orden?
-Verá, me gustaría la compañía de mi amiga mientras disfrutamos de unas papas fritas…- dijo la mujer en la mesa colocando su mano sobre su comanda, haciendo que la viera.-Y una malteada grande de chocolate, por favor.
-¡Wendy!- soltó dibujando una sonrisa.
-Por lo visto has tenido un día pesado, ¿Huh?
-Terrible… Pero no tanto como tu cabello.- soltó mirándola burlona. No creyó que en verdad fuese hacerlo, pero ahí estaba frente a ella con el corte mohicano que venía diciendo se iba a hacer desde que inicio el verano.- Al parecer la rasuradora salió victoriosa.
-Al igual que tú de los osos, ricitos. – soltó haciéndose a un lado, indicándole con un gesto que tomara asiento. Tomo uno de los rizados cabellos y lo jalo.- En serio lo hiciste.
-Lo dices como si fuera la gran cosa.
-Si no mal recuerdo alguien me dijo que su madre odiaba verle con el cabello rizado casi tanto como con ese vestido verde lago.
-No lo odia, solo dice que no me va.- la miro.- Pero ya voy a cumplir 18 y pronto estaré en la Estatal de Oregón con beca completa; así que esto compensa mi esfuerzo.
-De hecho, te va bien.
-Por supuesto.
-No eres nada modesta.
-No hace falta cuando lo que se dice es obvio. – la miro. – Pero dejando eso de lado, ¿Qué haces aquí?
-¿Cómo que qué hago aquí?
-Hasta donde tenía entendido te ibas a ir de vacaciones con tu novio, ¿No?
-Digamos que hubo un cambio de planes…
-¿Rompiste con él?
-Fuerzas mayores me trajeron al pueblo, de hecho.- intercambiaron miradas.- Y también terminamos.
-Eso creí. ¿Qué fue lo qué pasó?
-Digamos que por fin comprendí qué era lo que no funcionaba entre nosotros dos.
-Si preguntas creo que era demasiado soso para ti.
-Sí, pero no lo pregunte.
-Da igual, debías de saberlo. En fin, al menos estás aquí. El verano no será un desperdicio total.
-Wow, casi suena como si me hubieras extrañado.
-Bueno, tal vez un poco.-admitió.- Pero ni se te suba a la cabeza.
-No hay mucho de lo que se pueda sostener ese ego, de igual modo.
Echaron a reír. Realmente le alegraba que Wendy estuviese en el pueblo. Al menos su último verano ahí sería tolerable.
-Como sea, voy por tu orden…- anunció levantándose.
-Vamos, Paz, quédate un rato más. No tengo prisa.
-Eso es obvio, pero Linda Susan no atenderá a toda esa gente. – observó un par de mesas que se habían ocupado.
-No tardes mucho, en serio tengo una enorme noticia que darte.
-¿Acaso se trata de un nuevo prospecto para tu larga lista de corazones rotos?
-Que va, ¡es mil veces mejor! – exclamó.
-Suena como algo que vale la pena escuchar.- tomo la comanda y el lápiz.- No tardo.
Abandonó la mesa, dejo la orden entre los pendientes y se apresuró a atender a los recién llegados. Pero conforme avanzaba el tiempo el trabajo en lugar de disminuir aumentaba. La gente iba y venía tan rápidamente que no le daba tiempo de detenerse.
Cuando al fin las cosas se calmaron se apresuró a recoger todos los trastos sucios de las mesas y limpiarlas. Entró a la cocina y los acomodó en el lavaplatos. La campana volvió a sonar pero estaba demasiado ocupada con eso como para poder atenderla. Igual Linda Susan podía hacerse cargo de eso, para eso les pagaban a ambas.
La mujer dejo su charla de lado y salió tranquilamente. En realidad no la odiaba, pero tampoco podía asegurar que le agradaba. Fue ella quien le enseño cómo funcionaban las cosas en ese lugar, y era quien le hacía plática cuando la notaba decaída. Aunque nunca hablaron de nada en particular. Sin embargo jamás se apegó a ella, tal vez porque sus padres decían que la amistad y el trabajo no deben mezclarse, o por el hecho de que la exasperaba demasiado su holgazanería. Podría incluso ser la diferencia de edad. De igual modo, no era algo que le quitara el sueño.
Terminó de colocar los trastos en su lugar, cuando la campanilla comenzó a sonar nuevamente. Pensó en pedirle a Wendy que pospusieran la charla cuando notó que una pareja se acercó a ella y comenzaron a charlar. A pesar de estar de espaldas algo en ellos le resultaba familiar, podría ser que la pelirroja en algún momento se los presentó, pero no los recordaba. La chica era casi de su estatura, tenía la piel clara y el cabello castaño corto con un flequillo en diferentes tonalidades (parecía que un arcoíris se había estrellado abruptamente ahí); llevaba un vestido de tirantes rosa fucsia con holanes blancos, sobre este una blusa blanca manga tres cuartos con estampado de estrella fugaz con una cola de arcoíris, medias blancas y zapatos tipo escolar a juego con el vestido. Parecía sacada de una extraña mezcla de caricatura japonesa y programa infantil. El chico en cambió era alto, al igual que la chica de tez clara y cabello castaño (de hecho sus cortes eran parecidos), traía una camisa naranja y sobre esta una parca color azul marino, pantalón verde seco y tenis color café. Sin duda no tenían sentido de la moda, pero bueno, no todos saben sobre eso.
Ambos tomaron asiento, ella siguió charlando animadamente, mientras que él abrió un libro y comenzó a leer. Sin duda había algo en ellos que le resultaba muy familiar.
A pesar de que su turno estaba por terminar, tomo una jarra de agua y un par de vasos, y se acercó a ellos. Tenía excusa suficiente con Wendy, pero no quería ser tan obvia.
-Bienvenidos a Greasy´s Diner, le atiende Pacifica. ¿Puedo tomar su orden?
-¿Pacifica?- soltó incrédula la chica del horrendo cabello.- Wow, ¡solo mírate!
La observó confundida. Esa voz sin duda le resultaba familiar, bastante familiar. Tomo los vasos y comenzó a llenarlos.
-¿No me reconoces?- inquirió.- ¡Soy yo! ¡Mabel!
Se detuvo en seco. Se volvió a Wendy la cual hizo un además de sorpresa, dándole a entender que esa era la gran noticia que quería darle.
-¿Mabel Pines?
-Y no vengo sola. ¡Saluda hermano!-exclamó dándole un codazo a su gemelo, aun ajeno de lo que acontecía a su alrededor. Mabel le indicó con la mirada que observará a la chica frente a ellos. Al verla su expresión cambio por completo.
-¿P-Pa-Pacifica?- tartamudeo dejando caer el libro.
-Dipper…
FanFiction muy buenas tardes les atiende Sesel Blue, ¿En qué puedo ayudarles? Okey no.
Bien, al final si pude cumplir mi promesa y terminar el siguiente capitulo en brevedad (si comparamos con lo que me tomo actualizar el anterior). Espero que les guste.
Como siempre agradezco a todos los que leen y comentan, también a quienes agregaron esta historia en favoritos o en seguir. ¡Mil gracias!
Y por último, antes de despedirme, agradezco a mi beta y amigui Ryna por apoyarme con el fic. Te quiero nena.
¡Nos leemos!
