Capítulo 6.
Una de las cosas más curiosas, según mi muy particular modo de ver, es ese limitado espacio de tiempo en el que se está entre la vigilia y el sueño. Si es antes de dormir, suele explotar la creatividad a niveles que en completa vigilia no podrían ser alcanzados. Desde hace unos años, duermo con un pequeño block de notas en el buró de mi cama. Muchas veces no recuerdo haber escrito nada en él, sin embargo, cuando al día siguiente leo mis notas, los recuerdos de sueños curiosos o ideas vuelven vívidos a mi mente. De hecho, de muchas de las experiencias que he vivido junto a la brigada, he tenido que recuperar detalles y recuerdos por ese medio, no tengo una memoria tan privilegiada como la de Haruhi o la de Ryoko, así que debo aprovechar todos los recursos que tengo.
Por otro lado, ese mismo estado, pero antes de despertar por completo, suele tener un efecto semejante, aunque en una dirección diferente. Principalmente por el hecho de que tu cerebro aún tiene frescos los estímulos de los sueños, y a razón de esos sueños, será el humor o la actitud que se tenga, y hará que se magnifiquen esas emociones y sensaciones. Es una fortuna que no tenga pesadillas a menudo.
A qué viene todo esto, Se preguntarán. Pues bien, son poco antes de las seis de la mañana y estoy despertando. Estoy precisamente en ese lapsus hipnopómpico que evita que tenga la certeza sobre si estoy despierto o dormido… lo único que sé a ciencia cierta, y no porque lo recuerde, sino porque así me siento, es que tuve un sueño más o menos erótico. Lo sé, porque mi temperatura corporal es algo más alta de lo usual, al igual que mi ritmo cardiaco. Ah… claro… también porque tengo una erección… es en este punto donde comienza a volverse un problema. Una excitación en vigilia es fácilmente controlable. Simplemente piensas en algo más y se acabó. No obstante, en este momento no tengo modo de distraer la mente…
—¿Kyon…?— Me dice con pereza aquélla con quien comparto esta lujosa y comodísima cama de hotel. —¿Estás despierto?
—No estoy seguro—. Siento como arrastro las palabras.
—Tuve un sueño… uno muy… intenso.
Se gira hacia mí y sube uno de sus suaves muslos sobre mis piernas mientras abraza mi cintura.
—¿Y tú estás despierta?— Creo que está exactamente en el mismo estado alterado de la conciencia que yo.
—Tampoco estoy segura… pero… ¿tú crees que podríamos…?
—Ryoko está dormida en el apartado de al lado…— Le advierto mientras acaricio la pierna que me puso encima.
—Sólo no hagamos ruido—. Me dice con la mirada vidriosa por el sueño y una voz casi suplicante. —Te aseguró que no vendrá. Además… no creo ser la única esté deseándolo.
Por algún motivo que no entiendo por completo, me vino a la mente un clásico de The Beatles… ¿cómo iba…?
Something in the way she moves,
Attracts me like no other lover.
Something in the way she woos me.
I don't want to leave her now,
You know I believe and how.
Somewhere in her smile she knows,
That I don't need no other lover.
Something in her style that shows me.
I don't want to leave her now,
You know I believe and how.
Moviéndose sólo lo necesario, se deshace de los pantalones del pijama. Apenas un segundo después, está encima de mí por completo. Hace algunos movimientos para acomodarse y empezar nuestra improvisada danza del amor. La sensación del calor y la humedad de su vientre en este estado mental, tan perceptivo y sensible, hacen que la experiencia sea extrasensorial, mágica y hasta cierto punto, nueva. Así, apenas moviéndonos, la abrazo por la cintura y dejo que la sensación de la piel de su espalda en mis manos aderece aquel momento que no teníamos hace mucho tiempo. Ella hace ruiditos apenas perceptibles, pero no ha parado de sonreír. No se sacude con fuerza, tampoco hace esos elaborados movimientos que acostumbra… sólo se consiente, se deja querer.
Deja escapar una exclamación, apenas audible, el ver esa expresión de bienestar en su rostro hace que desee que estos diez minutos que compartimos aquí se vuelvan eternos.
—Te amo—. Esa es una declaración que no suele hacer. Al menos no tan sincera como en este momento. Lo digo porque me suelta esas palabras mientras me mira a los ojos, con el rostro completamente relajado y sonriente.
You're asking me will my love grow,
I don't know, I don't know.
Stick around, and it may show,
But I don't know, I don't know.
Something in the way she knows,
And all I have to do is think of her.
Something in the things she shows me.
I don't want to leave her now.
You know I believe and how.
—¿Mamá…?— Se escucha en el compartimento de al lado de nuestra suite. Los dos sonreímos con resignación. Es uno de los precios a pagar por la paternidad.
—Yare-yare… Iré a ver…— Se ofrece con esa misma expresión arcaica que se le pegó de mí mientras se levanta de la cama y recupera sus pantalones. —¿Estarás despierto cuándo vuelva?
—De ninguna manera.
—Entonces te debo una.
Se inclina para besarme y desaparece en el compartido de Ryoko… aún quedaban unas horas, había que aprovecharlas para dormir.
Ryoko despertó poco después de las siete. Haruhi y ella estaban completamente espabiladas después quince minutos y entre las dos me arrastraban con todo y cobertores por la alfombra de la habitación.
—Tenemos hambre—. Decía Haruhi con las manos cruzadas sobre el pecho.
—Yo no—. Respondí mientras me hacía un ovillo.
Una almohada se impacta entonces contra mi rostro. Luego otra vez y una tercera vez. Ambas mujeres me asaltan para despertarme. Ahí estábamos los tres, jugando como idiotas mientras poco a poco me resigno a que debo despertar y llevarlas a desayunar al restaurante del hotel, a horas a las que las familias normales siguen recostados o preparando a los niños para ir a la escuela. Ryoko terminó la primaria antes de la edad escolar y la secundaria a los cinco. Quizás este año comience la preparatoria… Haruhi pensó que no sería prudente forzarla a que tome grados muy adelantados, e incluso pensamos en inscribirla en una escuela común simultáneamente, para que pueda convivir con otros niños y deje salir las tensiones. Ya lo he expresado antes, quizás su cerebro sea inmenso, pero al final es una niña, tan inocente, enérgica y caprichosa como cualquier otra, tratar de imponerle por la fuerza los conocimientos que, sin lugar a dudas memorizará, pero que no está preparada para comprender y asimilar, se me hace un tanto injusto… Haruhi y yo tuvimos infancia, yo no voy a negársela a ella.
Un par de golpes en la puerta detuvieron nuestro entretenido amanecer. Haruhi caminó hasta la puerta sin dejar de reír y al abrirla, apareció nuestro ángel del té.
—¡Mikuru, estás en nuestro equipo! ¡Toma una almohada y mata a Kyon a golpes!
Asahina dio los buenos días, pero en lugar de hacer caso a su Haruhi, se acercó y susurró algo en su oído. Haruhi asintió un par de veces.
—¿Sucede algo malo?— Pregunté mientras mandaba a Ryoko al baño para que se lavara los dientes.
—En absoluto—. Responde la detective mientras alcanza su móvil. —Todos iremos a desayunar juntos. Me adelantaré con Mikuru mientras tú preparas a Ryoko—. Indicó mientras tecleaba en número de Nagato. Nagato tiene un teléfono que no usa, sólo lo contesta cuando Haruhi le habla. De hecho, ni siquiera lo lleva cuando sale. Pasaron unos segundos y la línea conecto. —Yuki, iremos a…— Se detuvo abruptamente. Se quedó en silencio unos segundos. No di crédito a lo siguiente que escuché… —¿Tre…? ¿Doctora Hadley…? ¿Por qué usted…?— Silencio, aparentemente una explicación. —Entiendo… ¿Yuki puede hablar…?— Una pequeña espera mientras el móvil del otro lado de la línea cambiaba de manos. —¿Yuki? ¿Dónde estás…? ¿Aquí…? ¿Por qué Trece está contigo…? ¡Te he dicho que no tienes que ser tan específica…! De acuerdo… las espero entonces en veinte minutos en el restaurante… por supuesto que puede ir… después de todo, Kyon paga. Nos vemos…
Haruhi se vuelve hacia nosotros con una mueca confundida.
—¿Trece?— Pregunto sin saber a ciencia cierta que está pasando.
—Sí… ¿Puedes creerlo?— Me dice mientras trata de asimilarlo.
—¿Y a qué hora llegó…?
—Según Yuki, llegó anoche con ella…
Asahina se lleva las manos a la boca, escandalizada. Yo también lo estoy… y no es que sea homofóbico, pero… ¿Nagato…?
—Quizás deberíamos dejar que Koizumi se levante hasta tarde hoy—. Dijo Asahina, empática como siempre.
El gesto de confusión de Haruhi degenero en preocupación ante esas palabras.
—Sí… tal vez sea lo mejor por hoy.
Luego de esas reflexiones, la detective y la viajera del futuro abandonaron la habitación, aparentemente necesitaban unos minutos a solas… me da la impresión de que tiene que ver con aquello que nos comentaba Asahina anoche, ese asunto aún en la incógnita y que tenía que ser discutido con Haruhi y conmigo.
—¿Hoy iremos con Greg-Ojisan?— Me pregunta Ryoko, tomada de mi mano mientras bajamos hacia el restaurante.
—Es lo más seguro… ¿Te agrada?
—Sí… me recuerda a mamá… porque cuando se enoja, da mucho miedo… pero es bueno y me trata bien.
—Es bueno que te agrade, vas a tener que pasar mucho tiempo con él.
Esperamos en silencio a que el ascensor llegara a la planta baja. Ryoko se balancea en sus talones y sus puntas mientras canturrea algo.
—La tía Mikuru está preocupada—. Dice de pronto.
—¿Qué te hace pensar eso?
—Tiene miedo… se ve como yo cuando rompo algo por accidente y sé que mamá me regañará.
—Lo dices como si fuera la única capaz de reprenderte.
—Tú nunca me regañas.
—Quizás debería empezar a hacerlo, en algún punto dejarás de respetarme.
—Tú pones una cara muy rara cuando estás enojado. No me dices nada, ni a mamá… pero me dan muchas ganas de llorar.
Ryoko es quizás ese comodín que evita que Haruhi y yo nos volvamos locos en nuestro diario afán. Me motiva a hacer cosas arriesgadas y mantiene a Haruhi equilibrada. Lo hacía ya cuando apenas estaba en su vientre, en esas noches que Haruhi pasaba en vela con unos audífonos puestos sobre la barriga, escuchando a Dvorak, Tchaikovski o Wagner, o bien, cuando nos maravillaba cantándole alguna canción de cuna con esa voz que no sólo es privilegiada para el rock y el j-pop.
Algo anda mal aquí… Ryoko ya lo sabía, pero acaba de recibir la confirmación.
Haruhi se levantó de golpe unos segundos antes de que nosotros alcanzáramos la mesa. Su respiración está agitada y sus puños están cerrados. Asahina luce temerosa, y no levanta la vista del ménage frente a ella… más que temor, hay un fantasma de vergüenza en su rostro. Me pregunto que pudo haberle dicho que la hiciera enfurecer de esa manera.
—¿Qué está pasando?— Dejo salir con un gesto estúpido apenas alcanzamos la mesa.
—Nada—. Responde mi esposa, tajante, mientras lanza una mirada de advertencia a la visitante del futuro. Vuelve a tomar su asiento y recupera la compostura.
Quiero saber que está pasando, pero por el gesto de Asahina, que no se atreve a mirarnos, creo que será mejor que deje que las aguas se calmen un poco. Coronando la atmosfera enrarecida de nuestro peculiar desayuno, aparece la alienígena seguida de la doctora con apodo de número. Nagato llegó sin saludar y tomó asiento, Trece dio un tímido "buenos días" y se sentó a su lado. Otro asunto del que quiero enterarme, pero que no sería un buen tema de conversación a estas horas del día y menos aún con mi hija presente… amenaza con ser un día muy interesante.
Por cortesía a nuestra invitada, la convivencia fue en inglés. Haruhi y Nagato devoraron todo lo que pudieron como si no hubieran probado bocado en semanas.
—¿Qué tal los hot-cakes?— Le pregunta Asahina a la niña de mejillas repletas de comida.
—Sabrosos… pero no son como los de mamá…— Responde Ryoko con su limitado inglés.
—Usted y mi jefe se parecen mucho, detective—. Interviene al fin la doctora, que desayuna jugo y algunos vegetales. Es curioso, parece una mujer muy sana, pero me da la impresión de que se cuida de más.
—¿Por qué lo dices, Remy?— ¡Hey! ¿Por qué demonios a ella si la llamas por su nombre y a mí no?
—Por muchas cosas…— Parece reflexiva mientras sonríe marcando sus bonitos pómulos. —Ambos parecen disfrutar dando órdenes, ambos son unos genios en sus campos… y House es un virtuoso en la cocina. Por el comentario de la pequeña, parece que pasa lo mismo con usted—. Se vuelve hacia mí y pregunta: —¿Es verdad que el amor entra por la boca para un hombre?
—Creo que ese parámetro no aplica a mí. Yo fui esclavizado con coerción cruel y platillos deliciosos al mismo tiempo—. Haruhi me lanza su mirada de ave rapaz al escucharme. —Sí, fue la comida—. Cierro el comentario para evitar problemas.
—La diferencia está en que usted es joven, hermosa y parece muy feliz, mientras que House… bueno, sólo es House—. No sé que sentir de escuchar que Haruhi le parece atractiva…
La conversación siguió con ese tipo de trivialidades. La doctora Hadley me parece una persona muy agradable ahora que la trato más. Y mientras reímos en el café de sobremesa, Haruhi se vuelve hacia uno de los amplios ventanales del restaurante y su sonrisa se apaga.
—Discúlpenme un momento, por favor—. Se levanta y camina rápidamente hacia la salida.
Cuando estuvo afuera pude ver la causa de su reacción. Koizumi estaba ahí.
—¿Qué estás esperando para entrar?— Pregunta Haruhi en japonés para evitar cualquier suspicacia.
—No entraré, Suzumiya…— Respondió con tono inexpresivo. —Pensé que sería el único aquí, pero por lo que veo me equivoqué… no quisiera importunar su reunión, pediré algo a la habitación.
—No digas estupideces… tú eres el vicecomandante y…
—Entonces, detective…— Expresó él levantando peligrosamente la voz mientras comenzaba a caminar de vuelta al ascensor. —…tal vez ya no sea apto para esa responsabilidad.
El ánimo en la mesa decayó un poco a partir de ese momento. Incluso Ryoko bebía su leche con chocolate en un precavido silencio.
—Debo ir al trabajo—. Dijo de pronto Trece, poniéndose de pie. —Creo que no fue una buena idea venir al desayuno después de todo… lo mejor será que me vaya.
—Sería lo correcto—. Nagato no cambió su plano tono de voz en absoluto. De hecho, ni siquiera se giró hacia ella.
Trece la miró contrariada… quizás esperaba otro tipo de respuesta… después de una noche entera con ella, debió darse cuenta que no sería así.
El hospital lucía lúgubre mientras la luz vespertina se colaba por las ventanas de los deshabitados pasillos. House y su gente nos veían llegar a su oficina con la expresión aburrida.
—Asumo que hubo interacción anoche… ¿verdad?— Dice un rato después de estar todos reunidos mientras masajea su pierna con la diestra y da vueltas a su bastón con la siniestra. Continúo al ver que nadie le respondía. —¡Niña! ¿Te gustan los juegos de video?
—Sí—. Responde mi hija. Inmediatamente después, es llevada a la oficina, puesta frente al Mac adentro y equipada con unos audífonos, luego dejada encerrada ahí. House vuelve con un gesto triunfal.
—No me refiero a la obvia y aburrida vida marital de estos dos—. Puntualizó refiriéndose a Haruhi y a mí, retomando el comentario anterior.
—¿De qué hablas?— Dijo Chase, interesado. Siento algo así como un morbo inherente en su personalidad.
—De sexo, por supuesto. Díganme, ¿quienes hicieron más estrechos los lazos entre nuestros equipos?
—Eso es trivial, ¿podríamos concentrarnos en lo que pasó con los pacientes y su reacción a las drogas?— Lanzó Trece. Grave error.
—¡Lo sabía! ¡Fuiste tú…! Pero ahora debemos averiguar con quien…— El galeno se puso de pie mientras los ojos de sus médicos perforaban a la joven doctora, en especial Foreman. —Veamos… aunque me encantaría, tú nunca participarías en una aventura lésbica, exudas tanta mojigatería como sensualidad…— Dice descartando a Asahina. —A ti ni siquiera te agrada Trece…— Dice contra Koizumi. —¡Por favor, díganme que tuvo un trío salvaje con ustedes dos!— Dice emocionado a Haruhi y a mí. —Lo digo porque ustedes seguramente no se separan ni para ir a orinar… ustedes lo saben, ¿no es así…?
—¿Qué te hace pensar eso, Ojisan? A diferencia de ti, nosotros somos sumamente respetuosos con la vida personal de nuestros colaboradores—. Le responde Haruhi.
—¡Oh, vamos! ¡No creo que haya nadie tan entrometido como tú, niña! Apuesto que gozas metiéndote hasta en los lugares más recónditos y personales de la gente que trabaja contigo. Sin embargo, no necesito que me lo digan, la respuesta salta a la vista… ¿No es así, doctora Nagato?
—¿Qué te hace creer que pasó algo?— Le pregunto yo, porque sé que no obtendría señales de ella, de ningún tipo.
—¿Por qué? Porque el metrosexual de allá tiene un humor horrible—. Responde señalando a Koizumi con el bastón. —Y por la forma en cómo la defendió de mí cuando estábamos encerrados en Fort Dix, parece que el tipo tiene una seria fijación con los ratones de biblioteca… eso explicaría porque está aquí con una resaca espantosa y sin haber probado bocado desde ayer… además, es difícil no prestar atención a Trece, él ni siquiera la ha volteado a ver desde que llegó, cosa que todos los demás varones de esta habitación hacemos al menos una vez cada quince minutos. No tendría razón para comportarse así con ella a menos que ella se esté comiendo su pastelillo, y por "comiendo su pastelillo", me refiero a tener sexo con el pastelillo.
—Reacción—. Dice Nagato indiferente, como si no se estuviera hablando de ella.
—La esperada—. Es Foreman quien responde. —Al parecer, logramos ganar algunas horas para los enfermos gracias al coctel de drogas, pero no tenemos certeza de cuanto tiempo en realidad tenemos.
—Si logramos conseguir la muestra de… médula…— Dijo Haruhi y se contuvo. Salvo por House, nadie en ese cuarto sabía sobre Vamp. —¿Qué posibilidades tenemos de sintetizar una vacuna o un antídoto?
—Sería una carrera contra reloj, y aún si lográramos hacerla, no sabemos a ciencia cierta si daría resultado o si dejaría secuelas—. Dice House recuperando la seriedad. —¿Qué opinas tú, doctora Nagato?
—Me reservo a anticipar juicios de ningún tipo.
—Hablas como una maldita computadora extraterrestre.
—¿Qué hacemos ahora? ¿Esperar a que vengan los soldados y nos digan donde conseguir la muestra que buscamos?— Lanzo yo… este caso se pone complicado en el mal sentido… no me siento motivado a buscar una solución…
Vamos, no crean que soy un desalmado, es sólo que Vamp seguramente tuvo sus razones para buscar venganza, es un asunto personal, no me concierne en lo más mínimo, no es mi problema.
—Parece que no tendremos que esperar mucho…
Luego de decir, eso, House sigue con la mirada al séquito de soldados liderados por Campbell que se dirigen a la oficina. Le hace una seña a House y a Haruhi y ambos se reúnen en el pasillo con él. House es el primero en regresar. Luce más serio de lo usual.
—Tómense el día—. Dice a sus médicos sin el mayor preámbulo. —Los llamaré si necesito que vuelvan al hospital, la doctora Nagato es suficiente para ayudarme a monitorear a los pacientes.
Todos son personas inteligentes, todos saben que se les está ocultando algo, sin embargo, todos acceden. Se despiden escuetamente y veo una vez más a Trece suplicar sin palabras por un poco de contacto humano de Nagato. Otro esfuerzo infructuoso.
Estando sólo House y la Brigada, Campbell entra al salón sólo seguido por Orwell, que se queda de pie detrás de él mientras que el coronel se sienta en la cabecera de la gran mesa de cristal. Tiene ese mismo gesto astuto que me hace desconfiar de lo que diga.
—Parece que llegó su oportunidad, detective. Tenemos la noción de cuál será el próximo objetivo de Vamp… esta vez no nos tomará por sorpresa, estaremos ahí antes que él y lo emboscaremos… ¿quiere participar?
—¿Cómo saben cuál será su próximo blanco?
—No necesita en absoluto saber eso, sin embargo, se lo diré. Tenemos en resguardo al teniente al que Vamp estaba buscando la última vez, y por el cual aún no les agradezco por haber salvado. Intencionalmente revelaremos su ubicación de tal forma que vaya a por él y entonces atacaremos nosotros.
—¿Tiene forma de controlarlo?
—Se tomarán las medidas necesarias. La operación está programada para las mil novecientas, así que preparen lo que deban y regresen aquí para que los llevemos al punto de contacto—. Terminó el militar y se puso de pie para irse.
Aún no alcanzaba la puerta cuando Haruhi le habló.
—Coronel… ojalá no nos esté ocultando nada.
—Estamos juntos en esto, detective.
Campbell se marchó y Orwell salió detrás de él con su sonrisa de niño.
—Tenemos un par de horas para prepararnos, así que volvamos rápido al hotel…— Comenzó a dirigir Haruhi. —Yuki, volveremos por ti para ir todos juntos allá… Greg-Ojisan, necesito de nuevo que te hagas cargo de Ryoko.
—Estoy en eso—. Respondió House, radiante con el móvil sobre la mejilla. —¿Sí? ¿Wilson? ¡Noche de chicos! Ven al hospital, pediré que te dejen entrar.
La inquietud está matándome. Pienso eso mientras aseguro la vaina magnética a mi pantorrilla derecha para luego colocar mi fiel cuchillo de supervivencia ahí.
¿Por qué es tan especial este cuchillo…? En primer lugar, porque fue lo único que Asakura-Ni dejó cuando murió, le debemos todo y por eso nuestra hija lleva su nombre. Por otro lado, Nagato me informó luego de un tiempo que los datos en el cuchillo estaban editados, por lo cual, la hoja nunca pierde el filo y es indestructible… eso lo he comprobado, he tenido que cambiarle el mango un par de veces, pero la hoja no tiene siquiera un rayón. A mediados de la universidad decidí formalizar mi educación en artes marciales. A diferencia de Haruhi, que prácticamente triunfaba en la disciplina que quería, yo debía concentrarme en una sola para obtener buenos resultados. Al final me decidí por el Kendo, y gracias a ello me volví muy bueno con el cuchillo y con la espada. Tal como le dije a House hace unos días, me siento más confiado con un Daisho, pero no es sencillo transportar uno.
Haruhi prepara su Desert Eagle, lleva tres cartuchos adicionales y no es lo único que ha preparado. Su esbelta figura está enmarcada por un traje negro de cuero que le permite moverse con mayor libertad. Me encanta verla así. El resto de los miembros de la brigada se preparan con lo propio en sus habitaciones, salvo por Nagato, aún en el hospital y siempre lista para la batalla.
—¿Qué pasó en el restaurante en la mañana, con Asahina?— Le pregunto a mi esposa. Tardó unos segundos en responder.
—Dice que quiere iniciar una familia. Quiere tener un hijo.
—¡Eso es genial!— Respondo. —Deberías estar feliz por ella.
Una vez más, le tomó un momento replicar.
—Cuando me lo dijo, realmente lo estaba, me sentí muy bien por ella… le pregunté si pensaba adoptar.
—¿Y eso es lo que quiere?
—No… quiere concebirlo y tenerlo ella…
—Aún me sigue pareciendo una gran idea… ¿Cómo pretende hacerlo?
—Inseminación artificial, por supuesto—. El aplomo de Haruhi comenzó a flaquear, como si se acercara inexorablemente a un tema que la inquietaba sobremanera. —Por eso quería hablar con nosotros en la mañana, quería hacernos una consulta, pero al final, decidió hablarlo conmigo primero.
Ese comentario me extrañó.
—No estaría pidiéndote permiso, ¿verdad?
—No… me estaba explicando cómo se haría el procedimiento… es sencillo, hasta cierto punto… se necesita un útero sano y ella lo tiene… y necesita un donante…— Noté como su rostro comenzaba a endurecerse de vuelta.
—¿Donante de qué?
—¿Eres estúpido? ¡De esperma, por supuesto!
—Sigo sin entender cuál es el problema, hay bancos de esperma por todos lados…
—Ella no quiere que venga de un banco…— Me miró con intensidad antes de lanzar el golpe. —Ella quiere que nosotros… que tú seas el donante.
Ahora soy yo el que no sabe que decir.
—¿Perdona?
—Quiere que tú seas el donante.
Me quedé en absoluto silencio. Lo único de lo que tengo constancia es que estaba muy serio, Haruhi se acercó y se sentó a mi lado, en la cama.
—¿Tú qué opinas?— Me pregunta luego de unos segundos. —¿Quieres ayudarla?
—Es complicado… yo… realmente no creo que sea una buena idea…
—Estamos en pleno siglo veintiuno, hay que tener una mente abierta… además, no sabemos cómo son las cosas en el futuro del que viene Mikuru… quizás deberíamos ser un poco más maduros.
—¿Piensas eso de verdad? Porque a mí me suena a algo así como: "Suzumiya, necesito que me prestes tu cepillo porque perdí el mío, ah, y un poco de semen de tu esposo, porque quiero tener un hijo suyo…"
—¡Idiota!— Me dice mientras deja salir una carcajada que relaja la tensión de la charla.
—¿Te parece si lo discutimos con calma cuando terminemos este asunto? Creo que es algo que debemos hablar con más tiempo.
—Sí… aunque eres libre de decidir… es algo tuyo, después de todo.
—Ambos sabemos que lo tuyo es tuyo, y lo mío… demonios, también es tuyo.
Me sonríe y pone el asunto en pausa. Si esta propuesta nos hubiera sido hecha hace cinco años, quizás no sería algo tan serio y tal vez lo habríamos consentido… si hubiera sido hecha hace diez años, no sólo hubiera accedido, le habría propuesto una concepción por el método tradicional… aunque esto debe ser difícil para Haruhi, me hace ver que realmente ha madurado mucho. Creo que de antemano sabemos que la respuesta a esta petición será un "no". No voy a exponer a mi esposa a ver un hijo mío en otra madre.
Koizumi sigue vestido en ropa casual al igual que yo, pues él no necesita trajes de ningún tipo, tiene poderes y se puede proteger con ellos. Asahina nuevamente está enfundada en un traje gris de infiltración muy parecido al que usó en su juventud, Haruhi cubrió parcialmente su traje negro bajo su gabardina. Volvimos al Princeton y House no pudo estar más feliz ante el regalo que Asahina y Haruhi hacen a sus ojos inquietos, como los de un adolescente, pasó los pocos minutos que estuvimos en su oficina haciendo bromas al respecto.
—Ya sé…— Comenzó el médico, dirigiéndose a Asahina. —Si a mitad de la pelea, te abres un poco la blusa de ese traje, el tipo seguramente voltearía a verte y pueden aprovechar para patearle las pelotas.
—¿Qué tal si es homosexual?— Replica Asahina, extrañamente parece divertida por el poco ortodoxo humor de House.
—¿Bromeas? Volverías heterosexual a Big Gay Al en un abrir y cerrar de ojos.
Campbell llegó un poco después para que lo siguiéramos. Haruhi y yo nos retiramos las alianzas una vez más y las dejamos en manos de Ryoko, la hicimos prometer que se portaría bien y obedecería a House en todo lo que él dijera. En urgencias nos esperaba ya una furgoneta blindada, Orwell nos ordenó la abordáramos en la parte trasera y así lo hicimos.
Hoy hay viento. Es raro, esta región no parece una en la que eso sea habitual. Ahora mismo no puedo sentir ese viento debido a que vamos dentro de este vehículo, pero escuchamos como embiste un costado con suficiente fuerza como para no poder ignorarlo. Haruhi y Asahina siguen distantes por el incidente de la mañana, Koizumi también viaja silente y ensimismado. No sabemos a dónde vamos, la caja de la furgoneta no tiene ventanas, diera la impresión de que no quieren que podamos regresar a este lugar si es que terminamos con el trabajo hoy. Por lo general, disfruto del silencio… pero hoy es incómodo…
—¿Sabes dónde estamos?— Le pregunto a la única persona que podría saberlo: Nagato.
—No. George Orwell impuso un bloqueo en este vehículo, no me es posible ver más allá de las paredes del furgón.
Ahí se extinguió el conato de conversación. Sin embargo, yo seguía sintiendo esas asfixiantes ganas de hablar, como si ese silencio fuera la confirmación de que algo espantoso y siniestro estuviera a punto de caer sobre nosotros, como si con un poco de ruido pudiera espantar a los demonios que nos asechaban esa noche. ¿Es por eso que Asahina nos hizo ver y comprender el pasado de House? ¿Confiar en él significaría confiarle el porvenir de nuestra hija? Tal vez a eso se refería Asahina con que deberíamos confiar plenamente en él… tal vez el verdadero propósito era que nos enfrentábamos a un futuro incierto que nos condenaría.
El viaje no duró más de una hora. Hora que se me antojó una vida entera, si me hubiese visto en un espejo nada más de bajar del furgón y me hubiera visto barbado, no me habría sorprendido en absoluto.
—¿Dónde estamos, coronel?— Pregunta Haruhi al saltar al suelo y echar un vistazo a las austeras instalaciones militares a las que llegamos.
—Es el área metropolitana de Nueva Jersey—. Respondió el coronel sin ganas auténticas de aclarar nuestras dudas.
—¿Él vendrá?
—Sin duda. Aquí ocultamos aquello que Vamp busca con tanta desesperación.
—¿El teniente "pipí"?
—Será mejor que entremos al edificio—, evadió el militar, —el viento es fuerte aquí afuera y Vamp podría atacar en cualquier momento, pero antes… trajimos algo de arsenal, por si quieren abastecerse.
Dicho eso, abrió la parte trasera de otra furgoneta, una muy semejante a la que nos trajo. Estaba repleta de armas, de todos tamaños y formas, pistolas, escopetas, rifles de asalto y demás. Los ojos de Haruhi brillaron… pasó algunos segundos observando las armas, con lo cual Campbell parecía complacido, pero al final, sólo tomó un par de cargadores extras para su propia pistola. Le encantan las armas, pero es orgullosa y siente un gran apego por su Águila del desierto. Campbell nos mira desconcertado.
—¿Sus colegas irán desarmados?
—Soy un partidario de la no-violencia—. Responde Koizumi sonriente.
—No sé usar armas de fuego—. Se excusa Asahina, avergonzada.
—Innecesario—. Dice Nagato, que ni siquiera volteó a ver la camioneta.
—Tengo aquí todo lo que necesito—. Agrego yo mientras ajusto la vaina magnética a mi brazo izquierdo.
—Entremos entonces—. Cierra Haruhi.
Comenzamos a caminar hacia el pobre edificio militar de tres plantas. Además de la austera carretera por la que llegamos, no hay signos de civilización a los alrededores, la única muestra de vida es el soldado detrás de un enorme reflector sobre una pequeña atalaya. La gabardina de Haruhi hace un dramático vuelo, al igual que el cabello de Asahina mientras nos internamos a las instalaciones.
El silencio cayó nuevamente mientras nos uníamos a un contingente de un centenar de soldados fuertemente armados que custodiaban el lugar, ese maldito mutismo del ambiente que amenazaba con volverme loco.
—Algo anda mal…— Me susurra Haruhi de pronto y en japonés.
—¿También tienes la sensación de que nos están ocultando cosas…?
—Sí… Campbell está aquí… es decir, si tú fueras el tipo al mando… ¿irías al campo de batalla a exponerte innecesariamente?
Reflexioné unos segundos en sus palabras, luego me acerqué al coronel y pregunté:
—¿Dónde tienen oculto al teniente?
El viejo soldado me miró con esos ojos duros como diamantes.
—En el búnker.
—Es sólo por precaución—. Le dije al sentir que me miraba como se mira a quien hace demasiadas preguntas. —Por si necesitamos protegerlo directamente.
Regresé con la brigada.
—Dice que está en el búnker—. Informé a mi líder de club.
—Deberíamos ir a echar un vistazo, ¿no creen…? ¿Dónde está la entrada al búnker, Yuki?
Nagato echó un vistazo alrededor, le tomó un par de segundos averiguar y señalar con el dedo el lado norte del pabellón donde estábamos.
Pasó en un instante.
La brigada, liderada por Haruhi, comenzó a andar hacia la entrada a dicho sótano, y nuestras intenciones no pasaron desapercibidas mucho tiempo. Volví la cabeza hacia el coronel, a unas decenas de metros de nosotros, él notó que íbamos hacia el búnker y de inmediato comenzó a caminar hacia nosotros seguido de otros cinco soldados. Haruhi lo vio y sólo aumentó el paso, a medida que nos acercamos al acceso, la tensión iba aumentando… podía escuchar las pesadas botas de Campbell tras nosotros a pesar de la distancia que aún nos separaba.
—¡Detective Suzumiya!— Exclamó cuando apenas nos faltaban unos pasos para llegar mientras él se abría paso entre los cadetes.
Haruhi al fin se detuvo. De pronto nos volvimos el centro de atención del lugar, todos los presentes miraban con curiosidad la escena que montamos involuntariamente.
—No está aquí, ¿verdad?— Preguntó mi esposa, sin volverse hacia el coronel.
Silencio. Nadie habló, como si todos los presentes, salvo por nosotros, estuvieran confabulados. El suspenso se prolongó por poco más de medio minuto.
El mutismo fue roto por un joven, un cabo con un radio de diadema que se acercó y susurró algo inaudible al oído del coronel. Por fortuna para nosotros, Nagato si puede escuchar a esas frecuencias.
—Vamp está atacando—. Dijo la alien, inamovible. Campbell la miró como si lo hubiera traicionado.
Haruhi fue demasiado rápida, para los soldados, para mí, para Campbell…
Lo siguiente que escuche fue una cacofonía de gritos que decían "¡freeze!" o "¡Drop your weapon!" y la liberación de seguros de enormes y aterradores rifles automáticos. Todos nos apuntaban. Al mirar a Haruhi entendí todo.
—¿Dónde escondieron al teniente?
Ella hizo esa pregunta con la voz más gélida y sobrecogedora que jamás le escuché. Eso no era todo. El cañón de su arma apuntaba directo a la nariz de Campbell, a sólo unos milímetros de distancia.
—¿Cree que estos muchachos dudarán en dispararle, detective?— Pregunta Campbell, arrogante y sin mostrar un ápice de miedo.
—¿Cree que tratar de intimidarme le va a quitar lo muerto? Dígame dónde está el teniente u hoy nos vamos todos juntos al infierno.
En diez años con ella nunca la escuché tan determinada. Su rostro se había teñido de escarlata por el enojo.
—Pensamos que si filtrábamos información falsa, podríamos atraer a Vamp hasta aquí…— Comenzó el coronel.
—¿Dónde escondieron a su maldito teniente meón?
—Pero parece que fue mucho más listo que nosotros… ya está en el lugar donde escondimos a quien busca… lleva menos de cinco minutos ahí…
—¡Responda la maldita pregunta, coronel!
—Ya es tarde, detective…
—¡SÓLO DÍGALO!
Campbell pareció valorar por primera vez su situación y dudó en responder. Al final, lo hizo:
—El Princeton-Plainsboro.
—¡HIJO DE PERRA!
Haruhi bajó su arma luego de insultar al coronel y comenzó a correr hacia la salida, la brigada corría tras ella. El rojo que teñía su cara segundos atrás se había perdido por completo, dejando una palidez como la de un papiro. Se detuvo a un par de pasos de la puerta de salida.
—Si algo malo pasa por su culpa, Campbell, Vamp será el menor de sus problemas—. Dijo ella. Serían las últimas palabras que cruzaría con aquel viejo militar.
Fue hasta que el viento inclemente del exterior me golpeó que entendí a cabalidad lo que pasaba… el tipo al que Vamp buscaba, estaba en el Princeton… y ya había llegado allá…
Ryoko…
Que nos viera quien fuera, no me importaba… teníamos que llegar allá de inmediato, y sólo había una forma de hacerlo: el TPDD.
Asahina nos extendió las manos y Haruhi y yo nos prendimos de esos suaves dedos como si la vida se nos fuera en ello, un segundo después aparecimos en las afueras de un hospital apenas unas horas antes, pacífico y parcialmente desierto. Ahora había disparos, soldados heridos o muertos en la entrada principal, no lo supe y no me importó, los cinco pasamos a su lado sin prestarles la más mínima atención. Maldigo a las logias militares de alto nivel, porque creen que pueden pasar por encima de todo mundo, incluyendo a sus propios soldados, jóvenes que realmente quieren defender a su país y que terminan muertos en las guerras o por un maldito homicida loco que pretende ser un vampiro…
La oficina de House estaba vacía. Pero había rastros de pelea por todo el hospital, sangre embarrando las paredes, algún muro de cristal roto, y esa aura de terror que hay en los sitios donde recién sucedió algo horrible.
—Anfiteatro—. Fue la sentencia cruel de Nagato, sabiendo donde podían estar ocultos House y Ryoko.
Todos la obedecimos mientras suplico al cielo que nada malo haya pasado.
Por favor… por favor…
La súplica se rompió en el aire. La rompió la voz de House, al fondo del pasillo, detrás de una gran puerta doble a través de la cual se escuchaban sus gritos.
—¡Déjala tranquila! ¡Es una niña! ¡No es por quien viniste aquí!
Fue la primera vez en mi vida que corrí más rápido que Haruhi y Nagato.
Sin medir el impacto, lancé mi hombro con toda mi fuerza contra la puerta. No se abrió, pero una de las bisagras cedió parcialmente, el segundo intento fue apoyado por Koizumi, la puerta cayó al perder los soportes de los muros.
Una risa profunda llenó momentáneamente el lugar con su tétrico eco, como si estuviera a muchos kilómetros de nosotros. Un cristal roto en una de las pequeñas troneras del anfiteatro nos enseñaba la ruta de salida de Vamp, ahora ya ausente. Al centro de la estancia, hincado, House.
Nos miró con los ojos inyectados de horror. Su frente sangraba, la mitad de su bastón aún ocupaba lugar en una de sus manos… había luchado y perdido. Sobre sus piernas estaba Ryoko, parecía dormir… la bonita blusa rosa que llevaba encima estaba rasgada, dejando al descubierto su hombro derecho.
Un hombro derecho de una niña de seis años, perfectamente sana y feliz al inicio de su vida, llena de sueños y esperanzas. Un hombro de piel suave y ese peculiar aroma a bebé que se conserva por los primeros años de vida. Un hombro que por el parecido que tiene a los de su madre, me parece lo más hermoso que he hecho en mi vida.
Un hombro pequeño y frágil, ahora perforado por dos agujeros que dejan salir modestas cantidades de sangre…
Ryoko está infectada.
Capítulo 6.
Fin.
