Cap 7: Exorcismo

Se habían cansado de vagar por el pueblo durante toda la mañana sin intenciones de poner un pie de nuevo en esa casa, aunque sabían que tenían que volver a hacerlo tarde o temprano, preferiblemente tarde después de todo.

Y el pueblo tampoco era demasiado grande como para durar todo el día recorriéndolo, aumentando que el sol siempre era demasiado intenso como para estar en la calle a pleno medio día. Casi al terminar su recorrido se toparon con un negocio entraño en las orillas del pueblo. Un local de paredes amarillentas y desgastadas al lado de la farmacia del pueblo. Que en letras verdes ponía "hierbería" como único título; y en la parte de afuera colgaban diversos artefactos, hierbas y talismanes meciéndose al compás del viento.

Ninguno de los dos había entrado nunca a una tienda como aquella, pero decidieron entrar para buscar algo que les fuera de ayuda en contra del fantasma de la mansión.

Por dentro la tienda olía a inciensos y hierbas frescas, y era mucho más extraña que en el exterior. En la pared colgaban desde cuadros hasta máscaras extrañas, peluches y artesanías que parecían ser locales. Del techo colgaban ristras de hierbas y toda clase de artefactos. Y en los estantes se encontraba toda clase de objetos raros, que suponían, deberían tener algún uso en alguna situación. En el fondo de la pared había algunos estantes repletos de libros de contenidos esotéricos, sobrenaturales y temas raros. Pero no sabían exactamente que buscar en contra de un fantasma.

Al final decidieron acercarse al mostrador para llamar a la encargada y preguntar directamente. Tocaron la pequeña campanilla que había sobre la mesa y escucharon ruidos aproximándose desde el cuarto interior del negocio.

Esperando que salera la típica vieja bruja que atendía esos lugares, se quedaron un poco sorprendidos al ver salir a un joven de más o menos su edad pasar por la puerta para colocarse frente al mostrador. Era ligeramente más alto que ambos, y tenía el cabello verde como nunca se lo habían visto a nadie en ese pueblo, y sobre su nariz reposaban unas gafas que se ajustaba cada que tenía oportunidad.

El encargado simplemente se les quedó viendo sin decirle los buenos días siquiera por educación. Pero curiosamente tampoco parecía el típico adolecente que atiende un lugar sin la menor importancia y sin saber lo que está haciendo. Al final decidieron olvidar los prejuicios sobre los adolecentes desinteresados y las viejas brujas atendiendo esos lugares, para preguntar si tenían algo para deshacerse de un fantasma.

El joven de cabellos verdes se les había quedado mirando fijamente durante un largo tiempo como inspeccionándolos. Al final decidió hablar para contestar su pregunta minutos después.

-¿son ustedes los de la mansión al final del pueblo cierto?- preguntó y Kagami y Aomine sólo asintieron – les recomendaría que mejor se mudaran – dijo al final desinteresadamente.

Kagami y Aomine se le quedaron viendo bastante mal, pensando en que si pudieran mudarse ya no estarían en ese asqueroso pueblo metidos en una mansión donde habitaba un fantasma, no es que estuvieran allí por gusto precisamente.

-Bueno… ¿tienes algo o no?- preguntó enojado Aomine .

-Nada que pueda funcionar- respondió el joven peliverde al otro lado del mostrador.

-Entonces para que tienen esta porquería de tienda abierta- reclamó el moreno bastante molesto por no poder resolver el problema del fantasma.

-Lo que sea que pueda servir- habló Kagami- por favor- dijo forzadamente al final poco acostumbrado a pedir las cosas amablemente.

-Hay algunos libros de exorcismo por allá- mencionó desinteresadamente el encargado, para después ajustarse los anteojos sobre su nariz- pero ya he intentado sin éxito el exorcismo de esa mansión.

-Entonces ¿no se puede exorcizar?- preguntó Aomine mientras se acercaba a los estantes con libros.

-No lo sé- reconoció el de cabello verde- sólo digo que yo ni siquiera he logrado que el fantasma se manifieste ante mí, mucho menos exorcizarlo – aclaró mientras volvía a acomodarse los lentes sin que estos se hubieran movido un milímetro de su rostro.

-Nosotros si lo hemos visto- mencionó Kagami y el peliverde pareció interesado unos segundos antes de disimularlo.

-Entonces buena suerte- volvió a decir desinteresadamente el encargado mientras tomaba uno de los libros de los estantes y lo hojeaba buscando una página en específico.

-¿Entonces podemos hacer algo?- preguntó Kagami.

-Existe este hechizo- respondió el peliverde mostrándoles una página del libro que había tomado del estante- pero no creo que personas ineptas en estos temas puedan llevarlo a cabo.

Aomine se molestó y estuvo a punto de contestarle algo no muy agradable al peliverde. Pero Kagami se le adelantó a hablar para no causar ningún problema, después de todo era con lo único que podían contar en ese pueblo.

-Lo intentaremos- dijo Kagami, casi arrebatándole el libro al encargado.

-Si quieren- contestó el de cabellos verdes- pero tendrán que comprar lo que necesitan para llevarlo a cabo.

-Está bien- aceptaron ambos y empezaron buscar en sus bolsillos, afortunadamente habían cargado con dinero y no necesitarían volver a la mansión por él.

El encargado se movió rápidamente entre los estantes empacando algunas hiervas inciensos y veladoras de las que tenía en una bolsa de cartón. –pueden llevarse el libro si quieren- ofreció cuando llegó de nuevo al mostrador- pero tienen que devolverlo- advirtió mientras se acomodaba de nuevo los anteojos.

-Muchas gracias – dijo Kagami cuando pagó y tomó la bolsa de cartón.

-Exorcizaremos a ese fantasma- dijo Aomine antes de salir del local.

-No me importa lo que hagan - contestó desinteresadamente el encargado- solamente regresen el libro en buen estado.

Ambos salieron de la tienda y caminaron de nuevo por las calles del pueblo para volver a la mansión.

Cuando entraron a la sala de la mansión lo primero que hicieron fue abrir la bolsa de compra para empezar a sacar las cosas que necesitarían para el ritual de exorcismo. Abrieron el, libro en la página que les había señalado el encargado de la tienda y se dispusieron a hacer los preparativos.

Empezaban las instrucciones y a continuación aparecía el dibujo de lo que se supone deberían dibujar en el piso. Aomine sacó algunos de los extraños gises de la bolsa y empezó a dibujar, o al menos a intentar copiar en símbolo en grande en la habitación, fallando miserablemente. Kagami tampoco tuvo demasiada suerte al intentar copiarlo, gastando los últimos cuarenta minutos sólo en tratar de poner el círculo decentemente en el piso. Al final lo terminaron, no exactamente igual que como venia en la hoja pero al fin había parecido un círculo así que suponían debería estar bien.

Encendieron los inciensos, que, según había explicado el encargado, tenía la función de atraer y retener a los fantasmas lo suficiente para poder ser exorcizados. Y luego encendieron las veladoras en cada extremo donde lo marcaba.

Kagami y Aomine se arrodillaron al frente de la figura y tomaron el libro para empezar a recitar el conjuro.

Sin embargo, ya en medio del exorcismo a Kagami ya no le parecía tan buena idea lo que estaban haciendo…

-¿Está bien lo que hacemos?- preguntó Kagami interrumpiento su recital del conjuro.

-Espero que sí…-contestó algo inseguro Aomine- al menos vamos más o menos como lo dice el libro…

-No me refiero a eso…- dijo Kagami mientras pasaba su mano sobre la mecha de una veladora y sentía el calor en su mano, para luego retirarla rápidamente- Me refiero a que si estará bien que intentemos exorcizarlo.

-Por supuesto- aseguró el moreno- es la única forma en que podemos seguir viviendo aquí.

-Tal vez…- le dio finalmente la razón el pelirrojo.

Aunque en el fondo estaba dudando sobre si llevar a cabo un exorcismo era buena idea. Primero que nada porque ninguno de los dos sabía exactamente lo que hacía, intentaban seguir las vagas instrucciones de un libro viejo, y estaban leyendo el conjuro en un idioma extraño sin tener idea de lo que decían. Había escuchado decir que intentar algo en contra de un fantasma podría enfurecerlo más y buscar venganza, y, hasta ahora el fantasma nunca había dado ninguna muestra de hostilidad hacia ellos…¿Qué tal si sólo lograban empeorar la situación?

Por otro lado, era verdad que el fantasma nunca les había causado ningún daño, no sabía si por falta de oportunidad o por falta de voluntad. Pero él mismo había estado frente al fantasma en algunas ocasiones y salió bien librado de cada ocasión. ¿Qué motivo tenían para tratar de eliminarlo?, solamente miedo a lo que pudiera hacer.

Kagami se dio cuenta que no sabía realmente como era la existencia de un fantasma, pero sin duda aún así se trataba de algo, que si bien no 'vivía', 'existía', y eliminarlo solamente porque a él y Aomine les causaba temor no parecía lo más civilizado del mundo. Sin embargo aún con eso en mente siguió leyendo el conjuro que se supone pondría fin a la existencia de ese fantasma este mundo.

-¿Qué crees que pase con los fantasmas cuando se exorcizan?- preguntó, más que nada para sí mismo dado que no esperaba que Aomine supiera la respuesta.

-Pues se van, y ya- contestó sin complicaciones el moreno.

-No puedo imaginar a donde irán…- pensó en voz alta de nuevo, recordando claramente la imagen del fantasma en su memoria ¿A dónde iría ese fantasma?

Aomine volteó a verlo algo extrañado, Kagami estaba pensando mucho en todo este asunto, y regularmente el pelirrojo no era alguien que pensara mucho- Eso no importa- le contestó- lo único importante es que nos desharemos de él- respondió. Y pudo ver que esa no era la respuesta que esperaba el pelirrojo.

Continuaron con la lectura, mientras el incienso se seguía consumiendo y cambiaba sus aromas dulces por un olor extraño y nauseabundo. Kagami dudaba que fuera a funcionar, e, incluso le preocupaba que llegara a hacerlo. Durante el tiempo que estuvieron leyendo ese conjuro no había visto señas de que nada sobrenatural sucediera, como se suponía debería de hacerlo, generalmente se empezaban a mover cosas, o empezaban a temblar los muebles y los cristales de las ventanas, pero no sucedía nada. Aparte de que las velas y el incienso se seguían consumiendo y de que Aomine y él leían el conjuro una y otra vez.

Después de un rato, no supo realmente cuanto tiempo desde que habían empezado, por fin se escuchó un ruido extraño en la habitación aparte de sus voces, él calló primero, segundos después Aomine. Voltearon rápidamente hacia la dirección donde lo habían escuchado, pero, por mucho que estuviera haciendo ese ritual no esperaban lo que vieron.

Justo en ese lugar se encontraba el fantasma, a plena luz del día, de rodillas en el piso, mientras vieron como una de las veladoras rebotaba en la pared dejando un rastro de cera derretida. El libro cayó de sus manos… Él puso atención al fantasma, Aomine trató de seguir con los rezos, los cuales al parecer se le habían olvidado.

Unos segundos bastaron para verlo. Realmente se veía mal, o al menos no como lo había visto aquellas veces resaltar bajo la luz de la luna. Sus ojos azules se encontraban algo apagados, y su rostro que parecía una estatua inexpresiva se había tornado en una expresión de cansancio. Tal vez después de todo el exorcismo había funcionado…

Sin embargo esa pregunta volvió a su mente ¿Qué pasa con un fantasma que es exorcizado?... Si realmente iba a desaparecer, si lo exorcizarían… ¿Serían capaces de hacerlo?.

Cuando se volvió a dar cuenta Aomine se había levantado y se encontraba parado a su lado. Pudo notar que el peliazul tenía miedo, y se preguntó por qué el no sentía lo mismo. Tal vez por que como se miraba el fantasma en ese momento no parecía siquiera que fuese capaz de moverse.

Si lo exorcizarían ese era el mejor momento…

Se levantó también pero no tomó el libro, se quedó de pie al lado de Aomine indeciso de que hacer a continuación. A Aomine lo había paralizado el miedo, y al él la duda. Al final lo única que atinó a hacer fue abandonar el lugar y salir huyendo de la mansión.

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No pensaba abandonar aquel cuarto oscuro, nunca lo hacía, su vida de fantasma le prohibía salir cuando la luz del sol se encontraba en todo su esplendor y le prohibía mostrarse ante las personas. Encerrado en las cuatro paredes de uno de los cuartos menos accesibles de la mansión, sin que un mínimo rayo de sol entrara por la ventana la cual estaba cubierta totalmente, en su pequeño espacio que ahora, desde que esas personas se habían mudado, era su único refugio. Disfrutando de la tranquilidad que se creaba con el silencio del interior y los murmullos que llegaban del exterior.

Ese día realmente se sentía mal, incluso dudaba que pudiera salir en la noche de esa habitación. Aunque lo mejor era tampoco intentarlo, aún recordaba el rostro de esas dos personas cuando lo vieron aquella noche, suponía que sería esa una expresión normal cuando una persona ve a un fantasma, aunque no lo sabía realmente, nunca había sido expresivo de todas formas. Pero realmente nunca había sido su intención mostrarse ante ellos en primer lugar, o más bien dicho no esperaba que ambos pudieran verlo, muy pocos habían podido hacerlo desde que tenía memoria.

Le dolía terriblemente todo, y sentía que las energías le fallaban a cada momento, pero realmente salir no era una buena opción, y menos con esos dos en la casa. Afuera se escuchaban las voces de ambos, pero no sabía que pasaba, se sentía un poco mareado, así que decidió recortarse hasta que todo pasara.

O al menos así decidió, pero desde el exterior un olor extraño empezaba a remplazar los olores dulzones que desde hacía rato entraban a su habitación, aquel olor al contrario no era agradable, y lo había empezado a preocupar un poco.

Con menor ligereza que de costumbre se levantó y empezó a moverse hacia la salida de la habitación, en silencio, como usualmente se desplazaba se fue acercando a la puerta. Y luego que la abrió, las intensas luces del sol invadieron sus pupilas como no lo habían hecho en mucho tiempo, el sol le parecía ridículamente intenso aunque sólo fueran los rayos que entraran por las ventanas. Algo desorientado por la luminosidad y su malestar anterior siguió el olor que parecía dirigirse hacia la sala de la mansión. Casi al llegar notó que estaba alterado, algo bastante raro en él, se recargó un poco en la pared para tratar de reponerse sin mucho éxito, y luego se dispuso a recorrer la distancia faltante un poco más lento.

Había llegado, y como era usual, no lo habían notado. Se dio el tiempo de observar la habitación… Estaba llena de ramilletes de hierbas por todas partes, había un símbolo dibujado en el piso, y a su alrededor al menos unas quince veladoras ardían acompasadamente. Los olores provenían de los inciensos que se quemaban sobre la mesa de la estancia, y que realmente le causaban malestar cada vez que su aroma llegaba a él. En medio estaban esos dos chicos con un libro leyendo palabras en un idioma que nunca había escuchado.

Se preguntó si debía salir de allí, aunque su malestar empeoraba, por lo que terminó apoyándose en la pared. Los chicos continuaban con su lectura. Su cabeza empezaba a dar vueltas, intento alejarse pero cuando se dispuso a avanzar terminó por tropezarse con una de las veladoras que no había visto.

Cayó sobre sus rodillas, y la veladora se apagó y rotó por el piso hasta chocar con la pared causando un sonido hueco que advirtió a los otros dos de su presencia.

Lo siguiente pasó tan rápido que ya no lo recordaba, simplemente su el dolor que sentía, los rostros asustados de ambos. Y después esos dos saliendo rápidamente de la mansión. Habían dejado todas las puertas abiertas pero no encontró fuerzas para moverse e ir a cerrarlas. En su lugar terminó por desplomarse en el piso tratando de reponer sus fuerzas….