― ¿Y dígame, era el Señor Grindelwald dado a robar? ―preguntó la sub-inspectora con intención, seguramente para confirmar la posesión del giratiempo de Berger.

― ¿Qué? ¡No! ―se escandalizó Nina.

― ¿No había entrado nunca a robar al despacho del Profesor Berger?

― ¡Pues claro que no! ¿por quién le toma? ―respondió.

La miró con sospecha, yo me mantuve en estado de alerta. Nina no era muy lista, eso contradecía las declaraciones del Profesor Berger y de Hansson, no estaba seguro de que me estuviera ayudando en absoluto.

― ¿Sabía si el Señor Grindelwald había conseguido un giratiempo... Por algún otro método? ―preguntó mientras yo me desternillaba de risa, estaba realmente valorando que Nina dijera la verdad, tratando de hacer encajar las piezas.

― ¡No! ¿Por qué está tan obsesionada con que él sea el asesino?

―Solo barajamos posibilidades ―sentenció. Y ahora encima se excusaba. El orgullo de las fuerzas policiales... ¿Cómo conseguían ser tan aburridos?

― ¿Y los maleficios qué tal se le dan? Por ejemplo… ¿el imperio? ―siguió insistiendo. Puse los ojos en blanco, como que iba a dejar una pista tan evidente. Nina frunció el ceño.

―Si usted cree que estoy siendo controlada por él está muy equivocada, asquerosa sangre sucia ―le espetó, sombría―. Soy la persona más importante para él, moriría antes de hacerme daño.

Alcé las cejas con sorpresa, era impresionante las historias que podía hacerse la gente. Entonces un hombre mayor de unos sesenta y tantos años, con ropa y corte militar, entró en la sala sin picar a la puerta.

―¡Inspector Frediksson! ―exclamó Turandot sorprendida al verle entrar.

―Sub-inspectora Eidem, está usted oficialmente fuera de este caso desde ahora mismo ―sentenció el hombre firmemente, con voz de mando, sin dejar lugar a replica, mientras le tendía unos papeles que debían ser la orden.

―¿Cómo? ―preguntó Nina reaccionando la primera.

―Disculpe, Señorita, esta es una conversación privada, si nos permite… enseguida la volveremos a llamar ―aseguró el hombre con muy poco tacto, señalándole a Nina la puerta.

Ella comprendió al instante y se levantó enojada, luego el hombre se volvió hacia mí.

―¿Y este muchacho? ―preguntó a la sub-inspectora, ella se volvió para mirarme durante un instante y luego se volvió a sus papeles sin hacerme mucho caso.

―Es mi sospechoso, no se preocupe, esta insonorizado… ¿Qué ha pasado?

―Se han dado por desaparecidos a dos aurores, hace más de doce horas ¿Consintió un viaje en el tiempo sin informe de riesgos y sin autorización expresa?

―¿Qué? ―respondió ella completamente confusa.

―Lo han explicado sus subordinados. Dos aurores en prácticas utilizaron un giratiempo para ir al pasado a conseguir pruebas del crimen y no han vuelto. Es un asunto muy grave, Sub-inspectora, tiene suerte de que haya podido interceder por usted y no vayan a echarla del cuerpo.

―Yo... Yo... ―balbuceó ella aparentemente calmada y entonces se levantó corriendo apoyándose en el cristal que hacía de puerta―. Fuiste tú, jodido demonio, lo sé, no sé como lo hiciste pero ¡Sé que fuiste tú!

Yo me hice el asustado echándome para atrás con miedo mientras entraban otros dos aurores para llevarse a la mujer completamente perturbada. El hombre se volvió hacia mí, yo lo miré aun con una perfecta imitación del miedo, él sonrió paternalmente y me abrió.

―Tranquilo muchacho, ya pasó todo ―dijo calmándome―, puedes marcharte, sabemos que lo hizo un animago y ya estamos sobre su pista―aseguró poniéndome una mano en la cabeza y revolviéndome el pelo mientras yo salía de ahí fingiendo alivio y agradecimiento. Cuando cerró la puerta, sonreí maquiavélicamente y me fui.

― ¿Y bien? ¿qué crees? ―reté sonriente, mostrando mis colmillos y cerrando un poco los ojos, al chico sentado en la butaca de mi lado. Estábamos en su casa, era verano y hacía un calor demasiado sofocante como para salir a la calle.

Él levantó la barbilla y apretó los labios.

―Creo que es usted un mentiroso, Señor Grindelwald ―sentenció levantando las cejas e intentado parecer serio mientras trataba de esconder una cada vez más evidente sonrisa. Yo lo miré desafiante, me incliné en mi butaca para acercarme un poco a él.

―¿Ah, sí? ¿y en qué basa tan atrevida acusación, Señor Dumbledore? ―le dije inclinando ligeramente la cabeza hacia abajo y sonriendo con picardía, siguiendo el juego. Él se puso nervioso. Era de mi edad, de complexión delgada, ojos azules y cabello pelirrojo, llevaba el pelo largo y barba. Estaba sentado tranquilamente escuchándome interesado.

―Me dijiste que te habían expulsado por qué no podían entender la importancia de tus experimentos ―me acusó. Yo incline la cabeza hacia bajo, cerré los ojos y levante la comisura derecha de mis labios.

―Y así fue ―aseguré abriendo los ojos de nuevo. Luego me incorporé apoyándome en el respaldo de mi butaca―. Pero no tiene nada que ver porque estamos, querido Albus, en un caso puramente... ―hice una pausa dramática, levanté una ceja y sonreí mostrando mis colmillos. Él desvió la mirada un poco sonrojado―. Hipotético ―terminé sin apartar la vista de él, sonriendo.

―Ah... Claro, ya... Ya lo sabía ―balbuceó evitando mi mirada.

―Pues no parece hipotético con la cantidad de detalles que has dado ―intervino un niño desde el suelo, también era delgado y pelirrojo como su hermano mayor. Tenía el ceño fruncido y una mirada de desconfianza real. Yo levanté una ceja y entrecerré los ojos.

―Ya eres lo bastante mayor para diferenciar la realidad de la ficción pequeño Abe ―le reñí altivo, llamándole a propósito por el diminutivo que odiaba―. Esto es solo un divertimento.

―No veo que hay de divertido en un asesinato ―sentenció sombrío, entrecerrando los ojos para mirarme con rabia.

―Lo divertido no es el asesinato, Abeforth, si no la investigación... Descubrir el secreto. Tiene tanto lujo de detalles porque hay pistas clave en ellos ―intervino el chico en tono conciliador.

―Ya... ―respondió el niño, aún desafiante―. ¿Y entonces por qué tenía que contarlo desde el punto de vista de asesino? ―se giró hacia mí entrecerrando los ojos suspicaz―. ¿Como si fueras tú mismo?

―También expliqué el punto de vista de los aurores. No estarás insinuando que me crees capaz de asesinar a alguien, ¿verdad?―pregunté seriamente y haciéndome el ofendido. Él me aguanto la mirada con fiereza y luego la desvió a su hermano durante una milésima de segundo. Yo lo miré también, lentamente. No tenía el ceño fruncido, pero si una expresión dura y reprobatoria hacia el niño.

―No, claro... Será mejor que vaya con Ariana―se rindió el niño en un tono en absoluto convincente, apartando la mirada aun con el ceño fruncido y los labios apretados mientas se levantaba. Yo sonreí con suficiencia sabiéndome triunfador.

―Bien... ¿Por dónde íbamos? Ah, sí ―dijo el chico volviéndose a mí pensativo, cuando el niño se hubo ido me sonrió―. Si me lo permites, aventuraré lo siguiente… ―expuso con tranquilidad. Hizo una pausa dramática, juntando las yemas de sus largos dedos y mirándome por encima de ellos―. Como tú mismo dijiste en el interrogatorio, el asesino no pudo escapar, así que simplemente se deduce que no lo hizo.

Yo me llevé una mano a la barbilla e incline ligeramente la cabeza hacia la derecha, apoyándome en el reposa brazos de la butaca.

―Interesante, prosigue por favor ―pedí con un gesto de la mano.

―Bien, si el asesino no salió... ―empezó―. Podemos deducir que aún estaba ahí cuando llegaron los aurores. Pero no los considero tan incompetentes como para no encontrar a alguien escondido.

―Bueno... ―empecé yo levantando una ceja. No estaba muy de acuerdo con esa deducción sobre los aurores.

―No, Gellert, debo insistir. Tú sueles subestimar a la gente ―respondió inclinando la cabeza hacia bajo, negando suavemente con cierto aire reprobatorio.

―Bien, supongamos que tienes razón. Pero si el asesino no salió ni tampoco estaba escondido, ¿dónde estaba? ―pregunté inclinando la cabeza hacia abajo y levantando las cejas.

―Bueno, es mucho suponer, pero supongo que también fue asesinado... O destruido por la mente maestra, es decir, tú ―dijo señalándome y apartando la vista rápidamente, nervioso.

Yo lo miré fijamente unos instantes, él iba lanzándome miradas nerviosas, sonreí lentamente.

―¿Cómo? Yo estaba encerrado y estuve custodiado todo el tiempo. Ni siquiera pude acercarme a la escena del crimen. Además, todo el mundo lo hubiera notado si hubiera desaparecido alguien más. Mi supuesto, cómplice y mano ejecutora ―evidencié tranquilamente.

―Cierto, pero supongamos por un momento que, teniendo en cuenta cómo eres, no confiaras en un cómplice convencional humano al que decirle que hacer. Ni si quiera al que controlar con un imperius, porque como tú has dicho, sería demasiado evidente si faltara alguien más. Además de que no habrías podido deshacer el hechizo sin acercarte a nadie y por tanto existía la posibilidad de que los aurores lo descubrieran ―explicó―. Y aunque hubieras podido deshacerlo, el cómplice podía confesar. Lo mismo en relación a un animago. Incluso si lo hubiera hecho voluntariamente habrían quedado rastros de la transfiguración y habría existido la posibilidad potencial de una confesión. Demasiado arriesgado incluso para ti.

―Aún más interesante ―exclamé sonriendo con satisfacción, mostrando mis colmillos. Hice un gesto para que continuara.

Él tragó saliva y se aclaró la garganta.

―Teniendo en cuenta que no había restos de magia, descartamos la posibilidad de que obligaras a Krum a suicidarse o lo mataras con algún hechizo que actuara al cabo de un rato. Pero, me viene a la mente cierta criatura parecida a una marioneta que podría haber actuado de mano ejecutora y luego haber sido destruida por sí misma siguiendo unas órdenes muy concretas y bien elegidas sin necesidad de supervisión ―explicó. Yo incliné la cabeza hacia la derecha, sonriendo al imaginar por donde iba. Él me miró de manera penetrante, intentando contener su sonrisa de nuevo y luego desvió la vista a la ventana―. Estoy hablando, por supuesto, de un inferi ―concluyó sin mirarme. Sonrió por fin y lentamente cerró los ojos y giró la cabeza para volver a abrirlos, mirándome.

―Un pastor muggle desafortunadamente extraviado en los extensos dominios de Drumstang... ―siguió hablando lentamente, sin dejar de mirarme―. Se pasan semanas andando por las montañas sin volver a casa, su desaparición probablemente no llamaría la atención ni siquiera para su familia hasta al cabo de un tiempo. Además, tu hacías diferentes experimentos, aun con el "Prior" que seguramente solo descubrió que conjuraste el café como si de una burla se tratase, el hechizo hubiera pasado desapercibido. Y claro, los inferius no necesitan comer, ni dormir… Por cómo estaba la habitación cuando los aurores llegaron, se deduce que Krum era bastante desordenado, podía llevar escondido en la habitación semanas sin que se hubiera dado cuenta ― aventuró―. Por eso no te preocupó decir lo de la legimancia, sabias que Turandot investigaría tu paradero en los días anteriores al crimen, pero no se le ocurriría que, de hecho, hiciste la legimancia semanas antes, cuando Krum aun tenía la vieja contraseña. Además, eso explicaba por qué el prior de la varita de Krum era un hechizo de fuego en vez de un "Avada", sabía que un "Avada" no funcionaria contra un inferi.

Yo junté las yemas de mis dedos y apoyé la boca en las de los índices, inclinando la cabeza, cerré lentamente los ojos para indicarle que continuara.

―Sin embargo, un inferi también es un cuerpo, los aurores no debían encontrarlo, así que supongo que las instrucciones precisas eran que le arrancara el corazón, para estar seguro de que cumplía su cometido y luego... Bueno, no quiero abusar de las suposiciones, así que necesito que me respondas a algo que los aurores no investigaron: ¿Cuál era la naturaleza real del fuego de la chimenea de la habitación de Krum? ―preguntó inclinando la cabeza y escrutándome con la mirada.

Yo separé los dedos, alcé la barbilla mirándolo en silencio inexpresivo durante unos instantes. Finalmente incliné la cabeza hacia abajo entrecerrando los ojos y sonriendo hasta mostrar mis colmillos.

―Lo que imaginaba ―sentenció sonriéndome con complicidad, entendiendo―. No podía ser de otra manera, por mucho que Krum saliera con una chica muggle, nunca se tomaría la molestia de ir a recoger leña para tener un fuego tradicional y un fuego conjurado normal se habría desvanecido con la muerte del mago, pero... el hechizo del fuego demoniaco es diferente, se parece más a una transfiguración y por tanto no se desharía después de su muerte como cualquier encantamiento. Por eso su chimenea estaba encendida a pesar de que no era normal que lo estuvieran...Te encargaste de asegurarte de que Krum la encendería de esa manera cuando les retaste a leer los libros de encantamientos de la biblioteca, probablemente en ellos decía como hacerlo. Krum era bueno en todo lo referente al fuego, no habría podido resistirse a probarlo. Probablemente aprovechaste también para hacerle la legimancia cuando fue a buscar los libros, sabias que iría solo, teniendo en cuenta la reacción que había tenido Hansson.

En definitiva, obligaste al inferi a meterse en la chimenea hasta consumirse, tuvo tiempo antes de que llegaran los aurores. Así que, de hecho, no había salido de la habitación realmente.

Y aunque la chimenea era el único punto con fuerte magia de la habitación, como estaba el hechizo que impedía usar los polvos flú, probablemente enmascaró la naturaleza real del fuego para los aurores.

Y por supuesto esta el asunto del giratiempo. No creo que fuera Krum quien lo robara. Es una acción que te beneficiaba demasiado como para que no la hubieras preparado tú mismo.

Supongo que sabias de antemano que usar un giratiempo para descubrir al asesino es un procedimiento que se utiliza habitualmente en las investigaciones especialmente complejas. De hecho, puedo apostar a que tú les diste la idea a los dos practicantes mientras todo el mundo buscaba el animago. Supiste que la habían usado cuando te enteraste que el giratiempo estaba en el despacho y ¡creaste un vórtice temporal infinito! Siempre he querido estar en uno ―aseguró con cierto aire de admiración en la voz, luego se dio cuenta, tragó saliva y siguió hablando.

―Supongo que el inferi tenía órdenes de matar y echar al fuego a cualquiera que se apareciera en la habitación en el mismo momento que lo hiciera. El inferi mató a los aurores, que seguramente aparecieron mientras estabais en el campo de quidditch, hizo desaparecer los cadáveres y el giratiempo terminó por el suelo, probablemente Krum lo encontró allí al llegar así no tenias ni que robarlo del despacho… y de paso eso haría que los aurores lo encontraran y se les ocurriera usarlo. Además así tu coartada era perfecta, nadie podía pensar que habrías podido escapar del despacho de Berger una vez te hubo dejado encerrado y por eso precisamente confesaste, para que te encerrara.

Lo que no sé es como supiste cuando iba a actuar el inferi. Por lo que dijiste en el interrogatorio, supongo que de hecho no lo sabías. Debía haber algún tipo de contraseña... Cuando alguien hiciera algo, de esa manera podías asegurar que no sabias el momento exacto en que el inferi iba a asesinar a Krum ―explicó lenta y amablemente, sin dejar de sonreír y sin escandalizarse por lo que realmente significaba. Confiaba en mí y en lo que le había dicho de la hipótesis.

Estaba tratando de impresionarme y de algún modo lo logró...

―La contraseña era que Berger me expulsara o me amenazara de ello ―aseguré aun sin mirarle, con la voz un poco quebrada―. Ese era el momento en que el inferi atacaría a Krum. Yo sabía que él estaba preocupado por la muggle y que después del ataque querría irse a la habitación.

No me malinterpretéis, en ese momento no tenía ni idea de cómo iba a terminar todo, pero había algo que si supe.

Supe que si había alguien en el mundo que comprendería la naturaleza real de mis intenciones y proyectos mucho más allá de seguirme a ciegas; alguien realmente capaz de meterse en mi mente y que por lo tanto, podía elevarme al éxito o hundirme en el fracaso, sería sin duda la única mente genial sentada ahora a mi lado, que de haber estado en Durmstang habría logrado enviarme a prisión.

Tomé una decisión, levanté la cabeza y le sonreí mostrando mis colmillos.

―Albus... ¿Has oído hablar alguna vez de las reliquias de la muerte?


Disclamer: Gellert, Durmstang, Krum, Albus, Aberforth, Ariana, inferi, giratiempo, aurores… Rowling.

Y prácticamente un año después de su comienzo… el final. Un camino largo y lleno de intriga, espero que os haya gustado, gracias a todos por acompañarme :)

Ahora es cuando ya podéis dejarme los review normales en los que nadie menciona el giratiempo… menudo dolor de cabeza XD

Por cierto, porque no dedicar un Long trae mala suerte:

A MMcB, que fue la que estuvo más cerca de descubrirlo.

A Violet, que fue la más pesada de todos mis lectores y la que de alguna forma me obligó a terminarlo.

A Di, que fue la primera en leerlo en Potterfics.

A Skandar, que me descubrió LMF.

A Bi, que me ayudó quitó las dudas sobre el bashing y los Gary-Stu.

A Gis, que no puedo dejar de nombrarla aunque ni siquiera sepa de esto.

Por supuesto a Albus... para que allí donde quiera que esté las cosas no le vayan mal.

Y a ti, por qué sin un lector ningún escrito tiene sentido.