DISCLAIMER: Buscando inspiración para terminar el séptimo libro, decidí obsequiarlos con esta historia. ATTE: JK. Rowling. (JA inocentes! Se lo creyeron!)
Honestamente! Es una página de FanFiction! Es obvio que esto no es mio!
Hola! Un capítulo largo para compensar el anterior. Y porque son las tres de la mañana y me harté de estudiar etnolingüística (?) . También les cuento que el capítulo que viene va a desbordar Harry X Ginny, y el título va a ser "The Killing Game".
Llegamos a las 40 RR. ¿A cuantas llegaremos con este capítulo?
Un beso muy grande, los quiere
Maria Lia.
PD: Este capítulo se llama "Contrapunto"
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Counterpoint
Olvido, todo ese frío reunido de una sola vez,
Que vez,
En cuando cada tanto los juegos prohibidos
Nos sacan ese frío,
Me escurro entre tus dedos, tus canciones, tus mitos.
Y es que estamos, desesperados,
Por encontrarnos y vernos hoy,
Y vernos hoy.
Más deseo, más me alejo,
Soy un extraño aquí en mi cuerpo.
Tanta calma desespero...
A Veces Vuelvo, Catupecu Machu.
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Generalmente, cuándo uno se siente de determinado estado de ánimo, lo más seguro, es que todos los demás habitantes del planeta se sientan con el estado de ánimo inverso. Es proporcional. Mientras más desgraciado te sientas, más felices están los demás (Con lo cual tu te sientes aún más desgraciado) y cuándo te sientes feliz de todo, los demás están deprimidos, (con lo que tu te sientes como un mal agradecido irrespetuoso. )
Harry comprobó esta teoría el Miércoles.
Se había despertado con el poco reconfortante pensamiento de que iba a tener que soportar las pruebas de selección para el equipo de Quidditch. Lo único bueno de eso, era que al haber menos de la mitad del colegio, no se presentarían tantas personas.
Despertó a Ron, y aún dormidos, comenzaron a vestirse. Sus compañeros de cuarto, o habían bajado desde hacía mucho (Como James, Sirius y Remus) o seguían durmiendo (Como Peter, Neville y Dean).
Harry se maravilló de que su padre hubiese podido despertarse tan temprano. Después de todo, se habían acostado a la misma hora, bien entrada la noche, al acabar las pruebas de Selección del Equipo de Quidditch Tradicional. La perspectiva de las pocas horas de sueño de las que desfrutaría esa noche, no lo animó en absoluto.
Ron parecía compartir sus expectativas.
Entraron en el Comedor, y se sentaron a ambos lados de Hermione, que estaba leyendo "Aritmancia comparada".
Inmediatamente después, Fawkes descendió en picada ante Harry, con una mirada en la que pedía, o más bien exigía, un pedazo de tostada.
- Hola chicos – saludó una voz femenina sentándose a un lado de nuestro héroe.
- Hola Lily – correspondieron.
- Hace mucho que no hablamos. No coincidimos en muchas clases. Oigan oí que harías las pruebas para el equipo hoy, Harry.
- ¿Pensando en presentarte Evans? – terció otra voz, risueña.
- Sólo curiosidad Black.
Los tres Merodeadores se sentaron junto a ella.
- Toma Harry – dijo James extendiendo un pergamino – Es la lista de todos los que no han sido seleccionados para nuestro equipo, por si necesitas a alguien más.
- Muchas gracias. Aunque de hecho, sólo necesito un golpeador y un cazador.
- De todas formas, fíjate.
- Hey chicos – cortó Hermione – Desde que han llegado, he leído la misma frase al menos quince veces.
- Lo sentimos preciosa – se disculpó Sirius con una sonrisa deslumbrante.
- Disculpa – se unió Lily.
- ¿Está interesante el libro? – preguntó James.
- Verán, esta frase es sencillamente fenomenal.
- Qué ruda eres – cortó Sirius.
Harry y Ron rieron.
- Lo que veníamos a decirte –explicó Remus – es que hay mucha gente que quiere presentarse en tu equipo.
- No habrá problema.
- Sobre todo chicas – puntualizó.
- Ahí si tenemos un problema.
Harry miró por encima de su taza de café. Ginny estaba muy animada hablando con Colin Creevey.
- Se te van a salir los ojos – murmuró Hermione.
- ¿Tu crees? – ironizó, pero en ese momento, los ojos castaños de la pelirroja lo enfocaron, y se apresuró a tomar un trago, con tan mala suerte, que el líquido hirviendo quemó su garganta, y comenzó a toser.
- Son tan disimulados – comentó la prefecta, sarcástica.
En efecto, los rostros de Harry y Ginny estaban completamente ruborizados, y Dean Thomas miraba la escena con el entrecejo fruncido.
Evidentemente, no le había pasado desapercibido el intercambio de miradas.
Los Merodeadores, Lily, Ron y Hermione se miraron con el aire de quien acaba de descubrir el uso de la Teoría de la Relatividad.
De repente, Lavender ahogó un grito y se fue hacia atrás. Los mismo hicieron casi todos los estudiantes que se sentaban en la Mesa Gryffindor del futuro, muchos chillando, muchos furiosos como Hermione, o muchos sencillamente asqueados, como Harry, Ginny y los Merodeadores, cuando sobre la mesa comenzaron a aparecer miles de cucarachas.
- ¿Qué demonios...?
Una carcajada en ambas Mesas de Silytherin, hizo que comprendieran rápidamente lo que había pasado.
- ¡Evanesca! – dijo Harry, haciendo desaparecer las cucarachas de su lado de le Mesa. Para sorpresa de todos, Neville hizo otro tanto en su lado.
- Veamos que tanto les agradan los insectos a esos idiotas – masculló Ron sacando su varita y junto con Harry apuntaron por detrás de la Mesa.
Nueva sorpresa: Hermione hizo lo mismo. También los Merodeadores, que no querían desaprovechar la excusa.
- ¡Avis!
- ¡Verbero!
- ¡Oppugno!
Una bandada de canarios con instintos asesinos salió disparada de la varita de Hermione, y luego se dedicaron a morder y fustigar hasta el último trozo de piel Slytherin. Esta ves fue el turno de ellos de cubrirse. Tuvieron la satisfacción de ver correr y gritar a Pansy Parkinson, de ver deslizarse una jarra de miel por el cabello de Draco Malfoy, y de ver como se borraba la desagradable sonrisa del rostro de Snape.
Malfoy, furioso, había arrojado una sopera a Harry, que por accidente le había dado a una chica de Ravenclaw. El novio de la chica en cuestión le hizo un maleficio. Como consecuencia varios Slytherin habían salido a atacarlo, provocando que a su vez, los amigos del chico fueran a defenderlo. La hermana de uno de los defensores era de Hufflepuff, y la cuarta Casa entró en la pelea.
Los profesores estuvieron veinte minutos intentando terminar el conflicto, que a esa altura era bastante violento.
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Tuvieron una hora libre después del desayuno, una hora de Transformaciones , en la que pudieron comprobar que Minerva McGonagall, pese a ser más joven (Y era muy bonita, no lo podían negar) seguía siendo igual de estricta e inflexible. Le siguió otra de Pociones, en la cual Harry y Hermione fueron invitados nuevamente (para su desgracia) a formar parte del "Club Slug", el primero debido a su magnífica habilidad en pociones, evidentemente heredada de su madre (Que, por cierto, adulaba a Slughorn de una forma que habría hecho parecer a Malfoy un novato) y la segunda gracias a su inmenso conocimiento. La hora de Adivinación fue una completa pérdida de tiempo, en la que, aunque la profesora no era Trelawney, sino un viejo bastante desagradable que encontró un nuevo pasatiempo.
En Harry.
- La cruz torcida, señores, como deben saber a esta altura, indica desgracias y sufrimiento. Vaya, vaya. Tienes un enemigo mortal.
El muchacho enterró la cara en las manos, mientras Ron reía disimuladamente.
- Eres un interesante objeto de estudio, amigo.
Cuando finalmente los tres amigos, Ron y Harry con sus escobas, salieron al campo de Quidditch, el moreno suspiró.
- No te preocupes – lo tranquilizó Hermione – Recuerda que no son tantas personas esta vez.
- Gracias a Dios – espetó Harry, que caminaba como res al matadero.
- Lo harán genial. Los esperaré – informó la chica sacando el gran libro de Aritmancia y sentándose en las gradas. Al poco tiempo, llegaron Lily y los cuatro Merodeadores, que se sentaron a su lado, junto con varios curiosos.
Esa fue una de las raras ocasiones en las que Hermione no tuvo razón. Bueno, eran menos personas que el año pasado. Pero eran muchos. Todos los Gryffindor que habían viajado, y, como si fuera poco, todos los que no habían entrado en el equipo de James.
-Tal vez esto suene un poco extraño, pero si hay alguien aquí, que no sea de Gryffindor, por favor, que se vaya. – murmuró Harry
Para su sorpresa, cinco Ravenclaws y dos Hufflepuffs corrieron hacia las gradas.
-Bien. Una vez solucionado eso. Agrúpense de a seis.
Al igual que el año pasado, los hizo dar vueltas al campo de Quidditch. Para su alegría, no fueron tantos los que se cayeron en esta oportunidad, aunque un Gryffindor bajito se dio de boca contra el poste central.
Cuatro horas después (Ya había pasado la hora de la cena y Harry sentía como se le retorcían las tripas, y bendijo a su capa invisible por la posibilidad de ir hasta la cocina a buscar comida) tenía un equipo de Quidditch como Merlín manda.
Ginny Weasley, Demelza Robins y, para frustración de Harry, Dean Thomas, eran sus cazadores. Ron se había lucido en la prueba para guardián, y, como Cookes no había viajado con ellos, Colin Creveey había reemplazado su lugar al lado de Jimmy Peakes. Aunque Colin no tenía una gran fuerza, no pudo evitar el hecho de que su puntería era excelente.
Cuando todos los que no habían sido elegidos se fueron refunfuñando, Colin miró feliz a su capitán.
- ¿Lo has visto Harry¿Viste como le pegué a Dean con la bludger?
- Ha estado muy bien Colin. Intenta que la próxima le de a Malfoy. Tal vez consigamos ponerlo un poco más guapo.
El equipo rió.
- Esperemos que Snape no te castigue cada vez que haya un partido – sonrió Dean.
Harry le devolvió la sonrisa, ligeramente forzada a decir verdad.
- Esperemos. Aunque no habrá problemas en encontrar reemplazantes.
- ¿Son las ventajas de ser el Elegido, cierto? Tenemos un repuesto muy variado de mujeres que darían un brazo para entrar en el equipo – repuso el cazador.
Harry estaba a punto de replicar algo bastante hiriente, cuando apareció Hermione como un ángel caído del cielo.
- ¡Has estado fantástico Ron! – gritó abrazándolo, para luego seguir con Harry y Ginny.- Ahora vamos a dormir, sino mañana no podremos levantarnos.
- De acuerdo – aceptó Harry – El primer entrenamiento será mañana a las ocho¿Si?
Los chicos asintieron y comenzaron a dispersarse.
- Vamos a despertar a tu madre Harry. Se quedó dormida en los primeros quince minutos. Y James y Sirius están explicándole a Petigrew para que están los "palos largos con el agujero en la punta".
Harry no pudo contener la mueca amarga que surgía siempre que se mencionaba el nombre de Peter.
- Tranquilo compañero – dijo Ron apoyándole la mano en el hombro – Encontraremos una forma de hacerle la vida imposible.
Hermione vio desesperada como a ambos se les iluminaba la cara con idéntica y maligna sonrisa.
- Chicos no hagan nada...
- ...que pueda afectar el futuro, lo sabemos – terminaron mientras subían las gradas.
Lily se había quedado dormida sobre el hombro de James, y el cabello color sangre estaba desparramado por la túnica de éste. No hace falta decir, que cuando se despertó, y vio a quién había utilizado como almohada, un intenso rubor se encendió en su mejilla, y se apartó como si el pobre Prongs tuviese lepra.
- ¿Vamos a comer?- propuso Harry.
- ¿Crees que todavía quede algo en el Gran Salón? – preguntó de mal forma Lily, sin notar como todos se le habían quedado mirando.
- ¡No me digas que nunca has ido a la cocina Evans!
- A diferencia tuya Black, yo no dedico mi tiempo libre a romper cuántas normas se atraviesen en mi camino.
- Es verdad – terció Hermione- Tal vez no deberíamos...no es nuestro Hogwarts ¿Recuerdan?
- Tienes Razón – aceptó James – Mueran se de hambre si quieren.
Lily y Hermione se miraron, y con resignación siguieron a los chicos.
- ¿Estás seguro de haber hecho una buena elección de golpeadores Harry? – preguntó Peter.
Los ojos esmeraldas del joven brillaron peligrosamente.
- ¿A qué te refieres?
Wormtail se acobardó un poco ante esa mirada.
- Es decir...son demasiado delgados, y generalmente, son más corpulentos y...
- Tienen una puntería perfecta – replicó con frialdad.
El resto del grupo se sorprendió ante la gélida actitud del chico.
- Vaya, vaya Prongs. Parece que a Harry tampoco le agrada que cuestionen su habilidad como capitán – rió Sirius.
- Supongo que no – dijo Harry evitando la vista de Ron y Hermione.
- Esa es la actitud – confirmó sonriente James – No hay que prestarle atención a la opinión de los demás.
- Muy bien genios – cortó Lily - ¿Han pensado cómo vamos a entrar en las cocinas sin que el maldito Filch nos atrape?
- Si sólo hubieses traído la capa – susurró Sirius.
- ¿Qué capa? – preguntó Lily confundida.
- Ésta – respondió Harry sacando la suya de la mochila.
A los cuatro amigos se les iluminó el rostro.
- ¡Esa es la actitud de un Merodeador! – gritó Sirius.
- ¿Eso es una capa para volverse invisible? –farfulló Lily con un hilo de voz.
- Si – respondieron al unísono Harry y James.
- Y yo traje el mapa – añadió Remus sacando el pergamino.
- ¿Mapa?
- ¿Vas a repetir todo Evans?
- Cállate Black.
- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas – recitó Lupin.
La pelirroja se inclinó a verlo.
- ¡Es fantástico¿Ustedes lo hicieron?
- Sí – respondieron los cuatro.
- Bueno, Peter consiguió el pergamino – puntualizó Sirius.
- De todas formas no podemos entrar todos en la capa – intervino Hermione.
- Supongo que no. Pero Harry y yo podemos ir adelante con el mapa..
- ¡No sean tontos! Si Snape está haciendo la ronda encontrará una excusa perfecta para castigarlos todo el año. Remus y yo, que somos los que tenemos mejores calificaciones iremos adelante. Ustedes apretújense como puedan ahí dentro.
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Pero Hermione y Remus cometieron un grave error. Y fue que borraron el mapa antes de llegar a las cocinas. Y fue por eso que cuando entraron, se encontraron frente a frente con...
Albus Dumbledore.
- Vaya, que agradable sorpresa –sonrió a través de sus anteojos de medialuna – Señores Potter. Señorita Granger. Señor Black. Señor Lupin. Señor Petigrew. Señorita Evans. ¡Señorita Evans?
- Nosotros la obligamos señor – intercedió James.
- Lo imagino. Pero bueno, ya que están aquí, siéntense, coman. No los vi en la cena. Evidentemente el Quidditch los ha mantenido ocupado.
- Eh..así es, señor.
Los chicos tomaron asiento en el equivalente a la mesa Gryffindor. Media docena de elfos domésticos aparecieron enseguida, llevándoles una gran cantidad de comida y un té a Dumbledore.
- ¿Así que ya están completos los dos equipos de Gryffindor?
- Si señor.
A los pocos segundo se abrió la puerta y por ella entraron los profesores Lupin y Tonks.
- Evidentemente, la cocina se ha convertido en un lugar de reunión nocturno – rió el director – siéntense profesores. Estábamos en una apasionante conversación sobre Quidditch. Yo fui jugador en mi juventud.
- ¿De veras?- preguntó Harry sorprendido.
- Sí. Era guardián.
Tonks intentó disimular una risita.
- ¿La divierto profesora?- preguntó risueño el director.
- No, no. Es sólo que...- la joven sufrió un espasmo de risa que sacó una sonrisa del profesor Lupin – La barba debe de haber sido de gran utilidad ¿Cierto? – preguntó con inocencia, contagiando las risas a todos.
- ¿Y que hay de ti Tonks? – preguntó Hermione - ¿Jugaste al Quidditch?
La metamorfomaga-sin-metamorfosis negó con la cabeza, limpiándose las lágrimas de los ojos.
- Lo intenté una vez. En mi primer año. Pero cuando llegó el momento de patear el suelo, pateé una roca, me tropecé y me golpeé la cabeza contra un árbol. Desde ese momento, no me gustó volar.
- ¿Te tropezabas desde los once años? – preguntó incrédulo el profesor Lupin.
- ¡Bueno, discúlpame! Al menos yo no le canto a la luna llena.
Todos los presente rieron, excepto los dos Lupin, que se ruborizaron, y Lily, que no entendía muy bien lo que pasaba.
Para rematar, hubo un fogonazo dorado y Fawkes apareció.
Inmediatamente voló de Dumbledore a Harry, para reclamar un trozo de pan.
- Eso me recuerda, Harry. El profesor Dumbledore me ha enviado una nota. El viernes pasará a buscarte, si estás de acuerdo, a las ocho en mi despacho. Dice que tienen unos asuntos que arreglar – dijo el director.
El muchacho asintió.
A los Merodeadores y a Lily no les pasó desapercibida la sombra que cruzó el rostro del profesor Lupin. Incluso Tonks se puso seria.
- Bien, le enviaré una contestación.
- Eso me recuerda profesor – dijo de golpe el profesor Lupin – Probablemente tengamos que ausentarnos el fin de semana. Creo que Snape también.
- Por supuesto. ¿Puedo preguntar el motivo?
- Hay una reunión de la Orden – dijo Tonks.
Dumbledore comprendió.
- Desde luego. Señorita Tonks¿No es usted muy joven para estar en la Orden?
No hace falta decir que los Merodeadores y Lily no tenían idea de que estaban hablando.
Eld irector se arrepintió enseguida de haberlo dicho al ver la expresión de la chica.
- ¡Por supuesto! Soy muy joven para todo ¿Cierto¡Soy joven para ser Auror¡Soy joven para estar en la Orden! – De repente cambió la voz hasta adoptar un tono que se pareció sorprendentemente al de Remus – ¡Es muy peligroso para ti!
El licántropo profesor se echó hacia atrás.
- Al menos Lupin ha cambiado de idea en algunas cosas.
El ambiente quedó en silencio. Hasta que finalmente las risas de Hermione relajaron el clima.
- En fin – sonrió la Auror – Tenemos clase a primera hora, así que vamos a dormir. Chicos, profesor.
Tonks se puso de pie, y los mismo hizo el profesor Lupin.
En el camino, la chica se tropezó, pero Remus la sujetó a tiempo.
Antes de que salieran, pudieron ver como la pareja entrelazaba sus manos.
- Vaya señor Lupin – sonrió Dumbledore al muchacho – parece que su novia tendrá carácter.
El chico masculló algo.
- Les sugiero que vayan a acostarse, mañana deben estar descansados.
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Esa noche, Harry se durmió preguntándose si Dumbledore habría encontrado otro Horcrux.
Y Dumbledore, el del pasado, se durmió pensando en qué podía tener que hacer Harry en el futuro que fuese tan importante. Y algo le decía que no era casualidad con que ese fin de semana hubiese una reunión de la Orden del Fénix.
