En Cada Paso
Capitulo 6
Los preparativos estaban hechos, Kingsley le confirmó que estaba de acuerdo con lo que pensaba hacer, pero que tomaría un par de semanas llevarlo a cabo. Pero se mostró sumamente orgulloso ante la positiva idea de Harry.
En su escritorio reposaban unos planos que Harry luchaba por comprender. Hermione ayudaba en lo que podía pero en realidad Ron demostró ser el experto en esto. Señalaba, explicaba y repasaba detalles como si lo hubiera hecho toda la vida, como si fuera de lo más natural.
-Creo que voy a dedicarme a esto. – Sonrió.
-¿a construír casas?
-Sí. Es una gran forma de ganar dinero. ¿Verdad Mione?
-Bueno, lo es… en el mundo muggle, pero entre magos y brujas…
-Oh vamos. Se me dá genial. Me oriento facilmente y tengo gran memoria para estas cosas.
-Quiza podrás trabajar en el departamento de Aurors. Sé que hay una sección que se encarga del planeamiento de misiones.
-¡hey! Es una genial idea. – Pero así como su entusiamo apareció, desapareció. – Pero necesito hacerlo mejor en Pociones.
-Vamos, Ronnie, yo te ayudaré.
-Por más que aprecio tu ayuda, amor, y créeme, lo hago. En algún momento deberé comenzar a hacer las cosas yo solo.
Hermione, entonces, sonrió y se abalanzó sobre su novio, besándolo profundamente antes de recordar que estaban junto a Harry y separarse. La muchacha le sonrió a su amigo con pena y disculpa pero Harry solamente sonrió.
-Oye, mione. No hay nada me parezca más correcto que verlos a ustedes dos besarse o tomarse de la mano.
-Pero, es que… ya sabes. Tu no estas…
-¿con Ginny, con alguien? – Meneó la mano para no darle importancia. – Es lo de menos. Merlín sabe que era hora de que ustedes dos se pusieran a trabajar en algo juntos. – Les guiñó el ojos. – Ya saben a lo que me refiero.
-En fin, y por favor, cambiando de tema. – Ron se aclaró la garganta varias veces antes de continuar hablando. – Creo que este lugar va a ser fantástico. Pero… son demasiados cuartos, Harry. Tres en la primera planta y otros tres en la segunda. Sin mensionar el amplio ático…
-La casa ya estaba así, solo quiero reconstruir las partes que faltan.
-Pero para ti solo es demasiado… - Dijo Hermione.
-Nunca dije que estaría solo. De hecho… - Hizo una pausa y sacó de su bolsillo de la túnica dos pequeñas cajitas.
Le entregó una a cada uno y esperó a que las abrieran. De inmediato pudo notar los signos de duda en ambos rostros, y no pudo hacer más que reír. De las cajitas, cada uno extraño una llave, dorada, del tamaño de un dedo índice.
-¿Qué es…?
-Bueno Ronald, es una llave ¿no?
-De dónde es la llave Harry. – Pero no fue una pregunta, más bien le estaba dando a entender a Harry que sabía la respuesta pero que necesitaba que él la diera de igual forma.
-Es la llave de la casa que estoy reconstruyendo. No los estoy obligando a nada, de veras. Pero… me gustaría que, de querer ustedes, se muden conmigo. Sé que necesitarán, este… espacio para, lo que sea que hagan pero… Ya ven, la casa es grande y hay suficiente espacio para los tres.
Harry hizo una nota mental de aseguarse de avisarles en un futuro cercano que Draco Malfoy también estaría viviendo con ellos, tal vez esa era una de las razones por las que los necesitaba cerca.
-Harry…
-miren, yo podría tomar el piso de arriba y ustedes el de abajo. O mejor, al revés para que no tenga que estar oyendo cosas raras… - Sonrió como un niño pequeño, mostrando todos sus dientes.
Hermione rió y Ron le siguió después.
-De verdad necesitas esto, ¿no?
Harry asintió aún sin dejar de sonreír exultante.
-Bien. Lo pensaremos, ¿verdad, Mione?
La muchacha asintió pero Harry sabía que era casi un sí. Ellos no podían negarse a una petición tan infantil como aquella de su parte.
...
Harry necesitaba la poción de Arterius para sentirse más ligero. Se había vuelto casi adicto a esa sensanción de libertad, de falsa seguridad. Pero es que, su dolor de cabeza había comenzado mal esa mañana, peor que en otros días. De hecho, este era lejos el más fuerte dolor de cabeza que había snetido desde que había matado a Voldemort.
Desde la pared de su cuarto, la imagen de Severus Snape lo observaba con preocupación. Era extraño verlo con esa expresión en el rostro, pero a Harry no le costó identificarla. La había visto justo después de haber enviado esa maldición a Draco Malfoy, hacia tres años.
-Potter… - había llamado cuando Harry se cayó al intentar salir de la cama.
Se había enredado con las sábanas, pero su caída se debió a que estaba más preocupado en su dolor que en el enredo. Había caido con fuerza sobre la fría loza, y por un momento el frío le había aliviado el dolor, pero solo fue un segundo, o quizá menos.
Intentó ponerse de pie, pero le daba vueltas la habitación, le zumbaban los oidos y le ardían los ojos.
-¡Harry, respóndeme, con un demonios! – Había exclamado fuera de sí, Snape.
-Estoy…
Se movió con enterna lentitud hasta la mesa de noche y tomó la copa entre sus manos. Escuchó a su antiguo profesor maldecir pero no hizo caso, el dolor era insoportable y solo esa poción parecía calmarlo. Así que de un solo trago, digirió la poción.
Casi al instante, su mente se aclaró y sus ojos pudieron enfocar. Bueno, todo lo que pueden enfocar sin sus lentes. El zumbido cesó. Sus hombros se relajaron y la nostalgia y pena se evaporó. Estaba como si nada hubiera sucedido.
Levantó la mirada hacia el cuadro. El profesor negaba con su cabeza, con sus ojos demostraba preocupación y sus manos estaba ncerradas en fuertes puños. Lo desaprobaba, Harry lo sabía, pero su dolor desaparecía. Eso le importaba más.
-Ten cuidado Potter, no es bueno que te vuelvas adicto a eso.
-Fuiste tú quien me dio la idea de usarla.
-¡Sí!, pero tu inteligencia de Gryffindor no te deja pensar con claridad.
Harry rió.
-Eso no tiene sentido ¿lo sabias?
-Lo que no tiene sentido aquí, Potter, es el hecho que estés dependiendo de una poción de alivio.
-Vamos, profesor, todo el mundo lo hace.
-No, no todo el mundo lo hace, Harry. – Dijo rindiendose. Acto seguido se perdió detrás de las puertas pintadas.
Harry suspiró y dejó la copa sobre la mesa de noche. Era domingo, lo que significaba que hoy iba a estar listo el último detalle de su nuevo hogar. Hermione y Ron lo estarían esperando en Hogsmead para llevar a cabo el viaje en aparición.
...
Fue de un solo movimiento que Hermione atrajo a Harry y lo arrastró hacia el nuevo destino. La casa donde Harry había decidido comenzar su vida. La vida que había sido mantenida en pausa debido a su destino como salvador del mundo mágico.
Harry respiró profundamente. El aire puro le llenó los pulmones y la vista le llenó el alma. Godric's Hollows era todo lo que él recordaba, todo lo que él imaginaba, todo lo que él quería que fuera para su futuro.
Hermione tomó la mano de Harry y avanzó primero por el largo camino hacia el castillo de Gryffindor. A unos kilómetros de éste, se encontraba la casa que Harry había elegido para vivir. La casa que había sido de sus padres, y de sus abuelos antes. La casa que él mismo había mandado refaccionar para poder habitar.
Para los muggles había sido un suceso que alguien hubiera logrado comprar la propiedad. Para los pocos magos que allí vivian, sabían que Harry Potter había vuelto a recuperar lo que le pertenecía por derecho. Pero para todos había sido una gran emoción ver que, luego de casi veinte años, la propiedad estubiera erguida una vez más y mostrando toda su elegancia y perfección.
-Es encantadora, Harry. – murmuró Hermione. Pues no pudo hacer que su voz saliera más fuerte. Estaba emocionada por su amigo.
-Sí, Amigo. Es… perfecta.
La casa tenía una cerca blanca, alta hasta la cintura de Hermione. La puerta redonda se abría para dar lugar a un jardín verde a ambos lados del cendero de piedras. Las paredes eran color crema, y en donde se encontraba el cesped con el material, resurgían hermosas flores de todos los colores. La puerta era de madera pintada de blanco, haciendo juego con los marcos de ambas ventanas, las cuales una de ellas, la de la izquierda, sobresalía formando la mitad de un exágono.
Harry tomó el pomo de la puerta y la abrió. Dentró había una gran chimenea, al costado. Unos sillones verde musgo que la rodeaban y una alfombra de piel blanca que cubría el piso de madera pulida. Las paredes eran celestes pastel, casi lavanda, y estaban cubiertas por cuadros, tanto movibles como fijos. Del otro lado, a la derecha, había una pequeña mesa redonda, un tanto alta como para sentarse a comer, y lo bastante pequeña como para dejar lugar a una sola persona. En el centro había una planta verde en una maseta oscura y algunos portaretratos y adornos.
Las cortinas eran de un azul más oscuro, haciendo juego con las paredes, y de frente a la puerta principal se extendía un pasillo que daba al hall de la escalera y al resto de los cuartos de la planta baja.
Harry avanzó con vacilación. El pasillo frente a él, estrecho, parecía extenderse sin fin. Cuando dio finalmente un par de pasos, se encontró con la escalera cubierta por una alfombra azul grisáceo, y con la baranda de madera oscura. Subía hasta la primera planta en donde se podía ver un pequeño barral de madera también oscura que hacía de balcón hacia la planta inferior.
Se abstuvo de subir. Primero deseaba recorrer la casa por abajo. Frente a la escalera había una puerta blanca que daba –Harry comprobó– a la biblioteca. Una habitación con una pequeña chimenea de ladrillo rojo, rodeada por dos altos muebles oscuros con estantes. Algunos de ellos tenían libros, otros tenían pequeñas estatuillas o fotografías. Harry sabía que no todo se pudo salvar de aquella noche, pero por suerte, la biblioteca no fue uno de los lugares que se vio más perjudicado luego del ataque. Frente a la chimenea había dos grandes sillones orejudos de cuero negro y una mesa pequeña. Un gran ventanal de frente a la puerta de entrada cubierta por una pesada cortina de color crema y a izquierda de la puerta, sobre la pared enfrentada a la chimenea había una puerta doble de madera.
Harry entró a la biblioteca pasando por el aparador donde había un surtido de licores cerca de la puerta y se dirigió a la otra, doble y oscura.
-Es el estudio de mi padre. – Dijo con voz queda cuando abrió ambas puertas hacia dentro de la segunda habitación.
Había un gran escritorio antiguo en ese pequeño cuarto, acompañado por un cómodo sillón de alto respaldo y apoyabrazos. Había algunos estantes con más libros, fotografías y un pequeño caldero en la esquina derecha del gran escritorio. También había un diván de cuero junto a una mesa baja.
Sobre el diván, en la pared, había un gran cuadro que casi abarcaba toda la superficie blanca. Era el cuadro más bello que Harry había visto nunca… sobre Hogwarts.
-Es precioso. – Dejó salir Hermione en un suspiro.
-De verdad lo es. – Agregó Ron tomando la mano de Hermione entre las suyas.
Harry avanzó hasta la pequeña puerta casi disimulada y que no podía verse de tener las puertas dobles abiertas. La abrió despacio y se vio entonces frente a la perfecta visión de la cocina, que se hallaba del otro lado del pasillo.
Una gran pesada, una mesa cuadrada rodeada de cuatro sillas. Una ventana sobre el lavabo cubierta por unas cortinas verdes y blancas que hacían juego con la pared y las lozas. Los muebles blancos daban ese toque hogareño y cálido que Harry siempre pesó que habría en esa casa.
Una escalera de madera clara en espiral se encontraba junto a la puerta que permitía la salida al jardín tracero. Harry fue directamente hacia la escalera y comenzó a subirla un tanto acelerado, quería saber qué le deparaba allí arriba. ¿Tendría recuerdos de cuando tenía solo un año? ¿Cuál habría sido su dormitorio?
La primera puerta blanca dio paso a un cuarto de paredes lavanda, cama matrimonial de madera haciendo juego con las mesas de noche, el tocador y el armario. Una pequeña puerta daba a lo que Harry supuso sería el baño. Era un cuarto de huéspedes, adivinó. Era impersonal, poco cálido. Siguió al más cercano, el segundo cuarto, en el centro del pasillo y frente al barral que permitía ver hacia abajo.
Tenía las paredes azules, con algunos motivos de osos y barcos. Una cama simple con un acolchado crema y los muebles eran blancos. La mesa de luz, el ropero… todo blanco. El suelo estaba cubierto por una alfombra azulada, haciendo perfecto juego con el color de las paredes. Y las cortinas eran crema, como el acolchado que cubría la cama. Una cama pequeña, si debía decirlo…
-Este era mi cuarto. – Entonó, girándose a sus amigos. Sus ojos le ardían de la emoción. – Aquí murió mi madre, protegiéndome.
-¿Estás seguro que quieres dormir aquí, Harry?
-¿Dónde voy a estar más seguro que en mi propia casa, en mi propio cuarto?
Hermione no dijo nada ante la respuesta que Harry le dio a Ron. Salieron al pasillo una vez más y hacia la última puerta. El cuarto de sus padres.
Harry puso la mano sobre el pomo de la puerta pero no se movió. No abrió la puerta, nada.
-Harry. – Llamó Ron. Pero el morocho no dijo nada.
-Quizá sea mejor que dejemos el recorrido para más tarde y…
-No. – Murmuró Harry.
Abrió la puerta despacio, y se encontró con la más maravillosa visión. Una cama King size, con dosel, cartinas y alfombra, todo ambientado con los colores de un orgulloso Gryffindor. La madera era oscura, tanto de la cama como del resto de los muebles. Una puerta de un color muy similar se abría dando lugar al baño.
Un lugar tan lleno de magia como los del mismo Hogwarts. Una bañera lo suficientemente grande para albergar a dos personas totalmente cómodas. Los azulejos eran de un amarillo apagado, con algunos leones que recorrían las paredes moviendo sus melenas y gruñendo en silencio.
Harry estaba simplemente maravillado por ese lugar.
-Es justo como creí que viviría mi padre. – Sonrió Harry.
-Sí. El santuario de un Gryffindor. – Bromeó Ron, recibiendo risas como respuesta. Pues si bien era un momento emotivo y lleno de recuerdos, era un momento en el que se estaba mirando al futuro.
-Sí. – Dijo Harry.
Cerró la puerta al salir. No quería volver a entrar y perturbar el santuario.
En el piso de arriba había otros tres cuartos dispuestos en el mismo orden. Cuartos impersonales. Cama matrimonial, armario y mesa de noches comunes, sin nada especial ni mágico. Al final del pasillo empero, justo por encima de la escalera que unía el primer piso con la cocina, había otra escalera recta, que llevaba al desván.
Ron iba encabezando la marcha esa vez, dispuesto a abrir la puerta del desván con cuidado. Pero estaba trabada. Miró a su novia y mejor amigo un segundo para después sacar su varita y abrirla con magia.
-Alohomora.
La puerta tembló pero no se abrió. En su lugar, unas delgadas líneas doradas recorrieron la puerta blanca, haciendo rulos y finos garabatos. De pronto, esas líneas comenzaron a crear formas más complicadas, hasta que letras aparecieron en la superficie.
Bienvenidos al santuario de Sirius Black. Apareció lentamente. Luego las líneas deshicieron las palabras y otras más pequeñas se agruparon como si estuvieran escribiendo un apartado. Y de James Potter. Los tres no pudieron evitar reír. Todo aquel que tenga intenciones de entrar en este santuario deberá presentar tres pruebas que serán evaluadas por la mágica puerta frente a ustedes.
Se volvieron a mirar. Esto era tan Sirius. Siempre misterioso y poniendo a prueba a todo el mundo. Las palabras se evaporaron y volvieron otras. Los chicos siguieron leyendo.
Prueba número uno. Debes ser un Gryffindor de puro corazón, todo aquel que responda mal a este primera prueba será vetado de la casa. De tener que enfrentar tus más profundos miedos, ¿a quién le pedirías ayuda?
¿Qué clase de pregunta es esa?
-Al conocimiento. – Pronunció Hermione.
-No, mione, a tu más leal amigo. – Le corrigió Ron. Los dos estaban a punto de colocar la varita obre la puerta cuando Harry los detuvo.
-No. – apartó las varitas y levantó la de él. – no le pedirías ayuda a nadie. – Pronunció mientras tenía su varita apoyada.
Sus dos amigos lo miraron desconcertados pero la puerta no dio tiempo a réplicas. Se escuchó el sonido de una cerradura al abrirse pero la puerta no se movió. Las letras aparecieron nuevamente.
Correcto. La valentía de un Gryffindor se mide no por el poder que posea ni por el apoyo que le brinden, sino por el honor de proteger a aquellos que más ama…. Aunque eso incluya que lo llamen egoísta.
Esa acotación Harry logró reconocerla. Había sido de su padre. Lo que quiere decir que James Potter había actuado muchas veces como Harry. Queriendo hacerlo solo para poder impedir que los demás sufran lo que él sabía podía llegar a sufrir.
Segunda prueba. El mayor conocimiento de un Gryffindor se basa en saber sobre… ¿qué?
Ron y Harry miraron a Hermione esperando su respuesta. Ella puso los ojos en blanco y levantó su varita. Justo antes de responder, murmuró algo así como "deberían leer un poco más Historia de Hogwarts"
-Se basa en saber que todo lo malo tiene algo bueno, y que solo con encontrarlo no alcanza, hay que pulirlo y hacerlo brillar. – miró a sus amigos y luego agregó. – Como la amistad.
Una respuesta correcta. Así como en lo malo se puede encontrar lo bueno, también sucede a la inversa. La amistad es el objeto mas valioso de un Gryffindor, el cual nunca podría existir si careciera de amigos.
Otra cerradura crugió.
-Solo falta una. – Agregó Ron.
Finalmente… esta pregunta será hecha si y solo si las dos anteriores fueron correctamente respondidas. Dime, Gryffindor, valiente, honorable y honesto… ¿Quién es aquel que más odiamos en todo este universo?
-¡Slytherin! – Exclamó Ron apoyando su varita sobre la puerta.
El silencio que siguió fue eterno, creyendo que por la acción de Ron no iban a poder abrir la puerta del desván, pero entonces el último cerrojo se abrió y la puerta se abrió solo una rendija. Harry comenzó a reír a carcajadas. Si, déjaselo a Ron para que responda esa pregunta tan filosófica.
-Bien hecho, amigo.
El colorado infló su pecho orgulloso y empujó la puerta blanca hasta que pudieron ver el interior. Ninguno dijo nada, estático, paralizados como estaban allí, en el umbral, hasta que Ron agregó casi sin aliento.
-Amigo. Creo que tu oferta de tenernos aquí fue recientemente aprobada.
