Feliz sábado. Lamento el final del capítulo del otro día, pero a veces es inevitable... en este se despejarán vuestras dudas.

Os agradezco todas vuestras opiniones, son tan inspiradoras como Cyrano, y eso me hace mucha falta porque me estoy bloqueando bastante, aunque por fortuna voy saliendo de ello ;). Seguiré con la actu semanal porque voy fatal de tiempo :(.

Un abrazo a todas y gracias por estar ahí. Gracias de nuevo a Nurymisu, Anaidam, Pegn y Mª José por su ayuda. Y a S. Meyer por sus personajes.

Hoy he sido breve. ¡Os dejo con nuestros chicos!


Capítulo 7

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La mandíbula de Bella cayó al suelo mientras sus ojos miraban a Edward fijamente y sin pestañear, como en trance, y su mente sufría un auténtico bombardeo de pensamientos de lo más variado, intentando dar una explicación a lo que acababa de oír.

No he oído bien.

Estoy borracha.

Este chico me ha intoxicado con su presencia y no funciono.

Roxana es alguna ex-novia y se ha equivocado llamándome así.

Estoy durmiendo y soñando.

Es una especie de broma.

Cuando reaccionó se dio cuenta de que su frecuencia respiratoria iba aumentando a velocidad peligrosa e intentó serenarse.

No. Me ha llamado Roxana. Y ha sido justo cuando se me ha escapado una de las frases del fic. ¿Cómo puede ser?

Edward también se percató de la perturbación de su amiga. No sabía si alegrarse o preocuparse... por la reacción que estaba viendo empezaba a pensar lo segundo. Se había arrepentido, incluso antes de ver cómo ella palidecía, en el mismo momento de terminar de preguntarle aquello. Se había dejado llevar por una intuición loca... había soltado la pregunta por ver si tenía razón, y una vez que la había soltado ¿cómo le explicaría esa ocurrencia?

Pero por las reacciones de Bella se daba cuenta de que ese nombre significaba algo para ella también. La vio abrazarse a sí misma y mirarlo con el ceño levemente fruncido, la boca aún entreabierta por la sorpresa. Su piel pálida ahora iba pasando a un tono más sonrosado... Quizá demasiado sonrosado.

Él le sonrió con una expresión que esperaba que fuera tranquilizadora. ¿De verdad es ella? ¿Cómo...? Quizá era una lectora friki que se sabía los textos de memoria. Vaya, eso sí le habría preocupado. No, no, Bella era la autora, de ahí la sensación de conocer a Roxana que tenía cuando "habló" con ella, y leyendo sus mensajes. Y su mente empezaba a vislumbrar la conexión evidente entre ellos dos: Jasper y Alice. El psicólogo le había recomendado varios de los fics que leía su hermana, y seguramente ésta sí estaba al tanto de la afición secreta de su amiga.

—¿De dónde has sacado ese nombre?—la voz tímida de Bella interrumpió su hilo de pensamientos. Se mordió el labio inferior y él se obligó a dejar de mirar esa boca deliciosa para centrarse en su pregunta. No era una respuesta a la pregunta de él... Pero algo era algo. Bien. La sondearía con prudencia. Si no tenía razón con sus sospechas siempre podía decir cualquier tontería. Y después besarla hasta borrarle la memoria... o algo parecido ¿no?

—De Cyrano de Bergerac. ¿De dónde si no?—Sonrió sin poderlo evitar al ver de nuevo cómo se abrían sus ojos, agrandándose aunque aquello pareciera imposible, y escuchar el pequeño jadeo que se le escapaba.

Pero de pronto ella se giró y se marchó aceleradamente por la calle, haciendo gestos para parar un taxi.

—¡Bella!—Sin pensarlo salió corriendo y la alcanzó en un momento.—No te vayas—se puso frente a ella de un salto y la detuvo; tomó sus hombros, jadeante más por la ansiedad que por la pequeña carrera.

—No... No entiendo. Lo de ahí dentro—ella señaló con un gesto de la mano el local del que acababan de salir—¿Es una broma? Porque si es así no la pillo— negó con la cabeza y lo miró con dolor en los ojos. Eso le hizo daño a él también.

—¡No! Me gustas, Bella. Me gustas mucho. Es sólo que...—el claxon del taxi que ambos habían olvidado sonó a su lado.

—¿Van a subir o qué?—Edward miró al taxista frunciendo el ceño y luego se centró de nuevo en los aún asustados ojos de Bella, con expresión implorante.

Por dios, si me mira así no puedo irme... no puedo. Ella suspiró y negó levemente, sin perder de vista aquellos ojos verdes.

—No, gracias—repuso Edward sin desviar su intensa mirada de la de ella.

El taxista se marchó soltando una palabrota pero ninguno de los dos apartó los ojos del otro. Edward aún tenía sus manos en los hombros de la chica, y las deslizó con suavidad hacia el cuello, llegando hasta las mejillas. Sintió un íntimo placer al comprobar que ella cerraba momentáneamente los párpados y volvía a suspirar. Bella se relajó con ese suave contacto y la sinceridad que percibía en los ojos verdes...

Al verla más serena y dispuesta a escucharle fue él quien puso gesto de tristeza.

—¿Cómo puedes pensar eso de mí? Me conoces lo suficiente como para saber que no jugaría contigo. Ni con nadie. ¿O no?

—Lo siento... supongo que aún no termino de creerme...—él meneó la cabeza con suavidad y ella entendió el gesto.—No importa. Lo siento. Pero... no comprendo—estudiaba cada uno de los rasgos del chico, como buscando en un mapa, pero no leyó nada.

—Por favor... por favor, perdona lo de antes—sinceridad, Edward.—Dime si eres la autora de "Hechizo de sangre"— suplicó. Sus brillantes ojos estaban pendientes de cada uno de sus gestos, sus manos acunando el rostro de ella, esperando.

Bella seguía sin comprender nada, y aunque una parte del corazón de ella, la que aún tenía clavada la decepción por Mike, le decía que desconfiara... sintió más adentro todavía el cálido contacto de las manos de Edward sobre su piel y su transparente mirada.

—Sí—musitó. Se sorprendió porque no se sentía tímida al confesarlo. Al fin y al cabo no era nada malo. Tan sólo era que... estaba confusa. Y más cuando él de repente la abrazó como si fuera el único salvavidas que hubiera en medio del océano.—Edward, ¿có-mo lo sabías?—Habló con dificultad por la fuerza con que la estaba abrazando.

—No lo sabía, Bella... Me gusta mucho tu historia. Por eso te pedí ser tu beta. Pero no tenía ni idea de que fueras tú... dios, esto es increíble—la voz aterciopelada era apenas un susurro cerca de su oído.

Estaba exultante. Bella y Roxana. La mujer real y la virtual con las que había fantaseado eran la misma persona. No podía creerse su buena suerte.

Bella sintió que al aire volvía a entrar en su cuerpo de forma dificultosa, pero ya no era por ninguna emoción negativa. Al contrario... ¿por qué en vez de estar muerta de vergüenza estaba empezando a... disfrutar de ese momento inesperado? El "cómo" pasó a la parte de detrás del escenario. Importaba más el "ahora". Pero... ¡Cyrano! ¿Edward? ¡Venga ya! No sabía muy bien como reaccionar. Por una parte seguía un poco en estado de shock incrédulo, y por otra por fin empezaba a filtrarse en su cabeza la verdad. Y eso le despertaba sentimientos contrapuestos. Una mezcla de felicidad y de timidez... Edward, el chico imposible por el que había suspirado durante meses, y Cyrano, su querido beta, eran la misma persona.

Se movió un poco y él aflojó su amarre. La castaña alzó los brazos y le acarició el cabello, hundiéndose en el verde esmeralda de su mirada. ¿Seguro que no era un sueño? Se lamió los labios inconscientemente. Aún sentía el sabor de su boca en ella. Dejó de pensar cuando él, siguiendo el movimiento de su lengua, fijó la mirada en su boca. Quería volver a besar esos labios llenos. La abrazó por la cintura y la pegó a su cuerpo, acarició los labios de la chica con los suyos sintiendo como la entrepierna de su pantalón empezaba a estar demasiado tensa.

Era una sensación más que bienvenida.

Bella se sentía embriagada pero una idea se abría paso en su cerebro, muy a pesar de su cuerpo. ¿Y si Alice, aunque le había jurado que no, le había contado a Jasper lo de su afición secreta, y éste se lo había explicado a Edward? Por supuesto, pensaba matar a Alice si estaba implicada. Quizá haría caer sobre su cabeza por accidente unos cuantos tomos del Anatomía de Gray.

Se apartó un poco de él.

—Edward... ¿qué hacías leyendo mi historia? Es...demasiada casualidad—Eso, ya era hora de ser directa. La conexión entre ambos era evidente: Alice Cullen. Quería resolver la intriga. Antes de que él le hiciera perder la razón por el contacto con su cuerpo.

—Ah...—la boca del cobrizo se abrió como si fuera a decir algo, para volverse a cerrar de inmediato. Apretó los labios y la duda se reflejó en su cara. Había decidido ser sincero. Tenía que confiar en ella.

Pero era tan difícil... Bueno, no tenía por qué contárselo todo ahora.

—Verás... es un poco largo.—Miró su reloj. A esta hora ya no había ningún local de los que les gustaban que estuviera abierto.—¿Quieres venir a casa? Alice se queda con Jasper esta noche. Oye... —añadió rápidamente al ver la expresión dudosa de ella— y no es una proposición indecente, créeme. Y no porque no tenga ganas de estar contigo. En serio, Bella. Me gustas muchísimo. ¿No lo notas?—su voz salió ronca, mientras la abrazaba más fuerte, y su erección fue más que evidente para ella.

—De acuerdo. Vamos a tu casa.—Le sonrió y asintió. A su pesar se separó de él, rebuscando en su bolso.— Pero deja que llame a Charlie... tiene turno de noche y espera una llamada de control para explicarle que estoy bien. No te gustaría ver a unos cuantos policías aporreando la puerta de tu casa, ¿no?

—No sería la primera vez...—bromeó a medias. Una vez Alice le confesó que había gritado tanto haciendo el amor con Jasper que un vecino había llamado a la policía pensando que se estaba cometiendo algún crimen. Y lo hizo carcajeándose mientras se lo explicaba. Parecía que su hermana disfrutaba contándole esas cosas, sabiendo que le ponía violento que ventilara con él sus intimidades—¿Y se quedará tranquilo sabiendo que estás conmigo?

—No estoy contigo, Cullen. Estoy con Alice, ¿ok?—alzó una ceja en señal de advertencia.

—De acuerdo, pero que caigan sobre ti las consecuencias de mentirle a la ley, Bella Swan. Yo soy inocente—puso su mano sobre el pecho, su expresión absolutamente angelical. Sólo le faltaba el arito de santo encima de la cabeza, y Bella sonrió para sí al imaginarlo de esa forma.

—Créeme, no lo hago por mí, sino por ti. Charlie es muy... protector.—Después de recoger sus pedacitos tras la ruptura con Mike no quería ni pensar en la reacción de su padre cuando supiera que estaba saliendo con Edward... Un momento. ¿Estaban saliendo? Parecía que sí, pero... ¿Qué momento era bueno para preguntarlo?

—No conseguirás asustarme con esa historia. Vamos.—Tomó su mano y tiró de ella. Bella disfrutó de la calidez de sus dedos rodeándola con suavidad.—Mi coche está aparcado aquí cerca, y tenemos mucho de que hablar.

El trayecto hasta casa de Edward fue corto, y hablaron de todo menos de lo que de veras estaba ocupando sus mentes.

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—Deja que te ayude con eso... ¿Quieres tomar algo? ¿Cerveza, agua, otro gin-tonic, coca-cola?—Edward la ayudó a quitarse la chaqueta fina que llevaba para protegerse de la fresca noche de Seattle y la colgó en el perchero del recibidor.

—Una coca-cola estará bien.—Es todo un caballero. Bella sonrió al imaginarse a Edward disfrazado de mosquetero a lo Cyrano. Oh, por dios, para ya de imaginar cosas, se reprochó. Pero ¿qué iba a hacerle? Era una soñadora, y en ese momento le parecía estar viviendo un sueño.

—Sí, yo también tomaré una—acordó. Quería estar bien despierto, y más alcohol haría que hiciera o dijera cosas que quizá después se arrepentiría de haber hecho o dicho.

Bella nunca se había detenido a mirar con atención la impresionante colección de CDs que tenían los Cullen en su casa. Mientras Edward trajinaba en la cocina se acercó, recorriendo las tapas de los CDs con la mirada.

—La mayoría son míos—la voz, aunque suave, la sobresaltó. No lo había oído acercarse.—Lo siento.—Se volteó. Él sonreía tranquilizador, con un vaso de bebida en cada mano.

Dios, estaba hermosa... su rostro era tan dulce y esa sonrisa... esa boca... No, no es el momento... ¿Y si ella quiere más... y yo no puedo? El pensamiento era deprimente... su libido bajó a grados negativos.

—Gracias.—Alargó la mano y tomó el vaso, mirándolo con atención. Parecía de nuevo el amigo, y no el hombre que le había hecho sentir cuánto le excitaba. ¿O estaba imaginando cosas raras?

—¿Nos sentamos?—Él desvió la vista hacia el sofá.

—Claro...—musitó.

Edward se dirigió hacia el mueble, y ella lo siguió, sin poder evitar mirar su trasero perfecto. Tenía unas casi irrefrenables ganas de tocarlo pero... de pronto lo que había sucedido entre ellos le parecía lejano.

Se sentó en un extremo del sofá, modosa y con la espalda recta, sorbiendo de su bebida sin apartar los ojos de los gestos de él.

—Puedes quitarte los zapatos y poner los pies en el sofá. Yo lo hago—bebió un largo sorbo del vaso, la dejó en la mesita de enfrente y, haciendo lo que acababa de decir, dobló sus largas piernas y se sentó sobre sus pies. La miraba de una forma que ella no habría sabido definir. Bella se mojó el labio inferior con la lengua de forma inconsciente, y por una décima de segundo la mirada verde se oscureció, para volver a parecer de inmediato la afectuosa mirada de un amigo, sin más.

Él estaba comportándose de forma extraña, así que ella decidió que era hora de hablar. Habían venido a eso, ¿no? Bebió un poco más.

Le echó un vistazo a Edward, y sintió como una especie de muro entre ellos. De pronto deseó haber pedido algo más fuerte que la coca-cola, y que él también lo hubiera hecho. No, no le hacía falta ir bebida para ser sincera con él. Era su amigo. Y era Cyrano, su beta. Era sincera con ambos, y esperaba eso en retorno.

—Edward... ¿qué hacías leyendo mi historia?—Clavó sus ojos oscuros en él, mirándolo con atención.

El cobrizo tragó en seco y su gesto se volvió alerta. Inspiró con fuerza y apartó un segundo la mirada de ella. De nuevo parecía dudar, pero cuando la volvió a mirar sus ojos brillaban decididos.

—Jasper me había recomendado unos cuantos fics. Y entre ellos estaba el tuyo—hizo una mueca divertida ante el jadeo que se le escapó a Bella. Y le había dicho la verdad... no toda, pero era cierto ¿no?

—¿Jasper sabe...?—su voz se apagó, pero el chico entendió perfectamente.

—Sabe que soy Cyrano, pero no sabe que tú eres Roxana.

Ella lo miró de hito en hito durante unos segundos, y de pronto soltó una risita.

—No os imagino a ninguno de los dos leyendo fics—sonrió ampliamente, de pronto más tranquila.

—¿Qué es tan divertido? ¿Qué prejuicio tienes contra los hombres que leen fanfics?—alzó una ceja, simulando estar ofendido.

—Ninguno, pero... simplemente me hace gracia imaginaros a los dos compartiendo títulos de fics—Bella hizo caso a Edward y se quitó los zapatos, cruzando sus piernas sobre el amplio sofá. Edward miró sus pequeños pies, las uñas perfectamente pintadas y arregladas, y sintió celos porque sabía que ella no lo había hecho para él.—Alice siempre dice que Jasper hace ver que los lee en plan estudio clínico, pero ambas creemos que disfruta de la lectura tanto o más que nosotras—sonrió para sí, pensativa.—Seguramente ella le aconsejó el mío y él te lo aconsejó a ti.—Bebió un sorbo.—Pero Jasper y Alice leen muchos fics... ¡Qué casualidad que te fijaras en el mío!

—No es casualidad. Era el mejor de todos los que me habló—murmuró, mirándola muy serio. Ella notó que comenzaba a sonrojarse.

—Gracias—susurró. Bebió otro sorbo y se dio cuenta con repentino apuro de que se estaba terminando la bebida. ¿A dónde iba a mirar ahora? ¿A esos hipnóticos ojos verdes o a esos labios perfectos que la atraían como un imán?

¿Y por qué Edward estaba tan raro?

De pronto un silencio incómodo se instaló entre ellos. Al fin y al cabo no es que hablaran del tiempo. La historia que Bella escribía era erótica. Edward se mordió el labio, recordando la escena donde Anthony por fin cedía el control al deseo en vez de al miedo. El ambiente de la habitación pareció mudar de un segundo a otro. Bella vio el cambio en las pupilas de él, en su respiración, en su postura... y tragó saliva cuando Edward acortó en un instante la distancia entre ambos. El desconcierto ante el cambio de él fue momentáneo... se esfumó como el hielo bajo el sol en cuanto los labios del chico rozaron su boca.

Besarla de pronto se transformó en un acto instintivo, reflejo, algo tan natural como respirar, o como buscar alimento cuando se estaba hambriento. Ávido de volver a sentir su boca entreabrió los labios y rozó la punta de su lengua con la de Bella... Ella pasó su mano tras su nuca y lo presionó más contra su boca, tanteando, saboreando la de él, que le regaló un beso lento, dulce, disfrutando del dócil gemido que escapaba de la garganta de la chica.

Bella estaba casi en éxtasis. Notaba fluir la humedad entre sus piernas. Podía jurar que jamás había disfrutado tanto de un beso... Era algo que hacía más como una agradable costumbre que porque le apasionara. ¿Tan bueno era él besando? ¿O era lo que ella sentía por él lo que la estaba trastornando? Sintió el deseo contrayendo su vientre con fuerza y unió su lengua con la de él, una y otra vez bebiendo su sabor, mientras sus manos se perdían por el pecho, el abdomen y la espalda del chico, disfrutando del tacto de sus músculos, definidos y tensos.

Movieron su posición y se arrodillaron sobre el sofá buscando el máximo contacto entre sus cuerpos. Edward sentía los pechos de ella contra su propio tórax y comenzó a faltarle el aire por la opresión del deseo. Sus manos, hambrientas del suave tacto de la piel femenina, se movieron con voluntad propia y bajaron los tirantes del ligero vestido veraniego que Bella llevaba puesto. Sin detener sus besos, entre gemidos y jadeos, los dedos masculinos recorrieron los hombros, sedosos y redondeados, y se dirigieron a la cremallera posterior, bajándola con cuidado. Una vez tuvo vía libre introdujo las manos por la amplia abertura posterior y recorrió la espalda, la cintura, la curva de las caderas... No pudo evitar que se le escapara un quejido extasiado por el tacto cálido y delicado de ella.

—Dios... qué suave eres—susurró contra su boca, y su voz anhelante era como un beso más.

Sentía su pene duro y el deseo vibraba y llameaba en su intimidad como no recordaba haber sentido. Sus labios se desplazaron por la mandíbula y el cuello de Bella al tiempo que la punta de su lengua paladeaba el aroma de la piel femenina. La chica sentía arder la sangre en sus venas, su respiración acelerada, el corazón golpeando con fuerza la pared de su pecho, la pasión gobernando todos sus pensamientos y actos. Él se reclinó en el sofá, arrastrándola sobre sí, volviendo a tomarla de la nuca y acercándola a su boca... necesitaba volver a besarla, chupar su lengua... morder sus labios tiernos, dulces y gruesos como si degustara una fruta madura.

Sin perder contacto con la boca de Edward, Bella apoyó sus antebrazos a cada lado de su cara e inició un lento movimiento de fricción sobre él. La parte baja de su abdomen onduló sobre la pelvis masculina, que se elevó levemente, lo suficiente como para aumentar la intensidad de la caricia. Bella lo sentía. Él estaba muy excitado, tanto como ella. No buscaba nada más que darle placer con ese contacto, y percibiendo los ecos de los gemidos masculinos en su boca supo que lo estaba consiguiendo.

Tenías razón, Lauren, está buenísimo pero en la cama es un desastre.

¡No! Edward sintió como su sangre se helaba de repente. No podía pasarle eso... no ahora. La nasal voz de Jessica retumbó por todo su cuerpo procedente de su cabeza y, como si hiciera caer una tras otra las piezas de un dominó, llegó hasta su excitación, haciéndola esfumarse de forma automática.


En fin... pobre Edward, veremos cómo reacciona a esto. A veces las cosas no son tan fáciles. Un beso y nos leemos el sábado. Decidme lo que pensáis...