Sam cerró la puerta del cuarto de baño. Había dejado a su hermano jugando con Morrigan nada más levantarse todos. Un momento antes, apoyado en el marco de la puerta, estuvo mirándolos un instante y no pudo evitar reír cuando el pequeño perro, se lanzó sobre su hermano y sentado sobre su pecho, comenzó a lamerle la cara. Aunque sólo se tratara de un animalito, le recordaba mucho a su hermano.

Los dejó ahí, tranquilos los dos, como si no recordaran lo que había ocurrido, tan sólo unas horas antes en el parque. Tampoco le extrañó demasiado, en el fondo tan sólo se trataba de un niño, que aunque había estado terriblemente atemorizado y que había pasado un mal rato, ahora se divertía con su cachorro.

Sam se concentró en su propio reflejo en el espejo del baño. Se estaba viendo a si mismo, desde luego, pero algo había cambiado en los últimos días. No se había dado cuenta hasta ese momento, pero él había cambiado, tener que ocuparse de su hermano como lo estaba haciendo, casi lo había agotado por completo. Se fijó en las ojeras que habían aparecido bajo sus ojos y en su expresión triste.

La verdad era que no estaba durmiendo demasiado durante los últimos días, tampoco le había dado demasiada importancia a que apenas pegaba ojo, en que daba vueltas en la cama durante toda la noche tratando de encontrar una solución al problema de su hermano, o que se levantaba a altas horas de la madrugada, salía de la habitación y paseaba sin rumbo, respirando en aire de la noche tranquila, pues le agobiaban las cuatro paredes.

Hasta ese momento no se había preocupado por lo que le sucedía a si mismo, tan sólo por la seguridad de Dean y por devolverle a la normalidad otra vez.

Se lavó la cara, dejando que el agua apartara de su mente todos los problemas que no le dejaban pensar en ninguna buena solución. Un sonido a su espalda llamó su atención, pero al darse la vuelta, se dio cuenta que estaba sólo en el cuarto de baño.

Agitó la cabeza, creía estar volviéndose loco después de todo lo que estaba ocurriendo. Abrió el grifo de la bañera, necesitaba darse una ducha y refrescarse, un tiempo, aunque fuera minúsculo para si mismo.

- o -

Cuando Morrigan saltó sobre él, Dean comenzó a reír a carcajadas, al mismo tiempo que el pequeño animalito ladró felizmente. Su hermano se había metido al baño y le había dicho que saldría en unos minutos y que luego se irían a desayunar. Dean casi no le hizo caso, entretenido como estaba con Morrigan.

A pesar de haber pasado un miedo terrible la tarde anterior, cuando aquel desconocido había intentado agredirle, ahora todo aquello sólo formaba parte del pasado, apenas le importaba mientras jugaba con el perrillo. Sabía que su hermano cuidaría de él, lo había visto esa tarde, había acudido en su rescate y había hecho que aquel extraño desapareciera sin hacerle nada, tan sólo había sido un horrible susto pasajero.

Aunque le había costado creérselo y no había sido fácil de asimilar, Sam era ahora su hermano mayor, el que cuidaba de él, el que le protegía de todos los peligros. No tenía de que preocuparse, estaba seguro con él, igual que desde que lo había sacado de su casa de Lawrence en llamas, había hecho el con Sam.

Una extraña sensación recorrió todo su cuerpo, le hizo temblar y se levantó con rapidez, dejando que Morrigan se deslizara desde su cuerpo hasta la cama. El pequeño cachorro se lo quedó mirando y luego recorrió con sus pequeños ojos negros, igual que Dean, la habitación y aunque Dean no fue capaz de ver nada anómalo, Morrigan, comenzó a gruñir, mirando hacia el cuarto de baño en el que estaba Sam.

- o -

Sam se sentó en el borde de la bañera, aquella situación ya le había comenzado a desbordar, tanto que ya presentía el peligro en cualquier lado, aun donde no lo había. Necesitaba pedir ayuda. Pensó en Bobby, tal vez él pudiera saber como hacer que Dean volviera a ser el mismo, pues comenzaba a darse cuenta que intentar llevar aquella situación a buen puerto el sólo no estaba dando el mejor de los resultados.

De nuevo, la misma sensación de que alguien le estaba observando se apoderó de él. Unos ojos invisibles parecían estar mirándolo desde la puerta. Sam se levantó y fue hacia allí, temeroso, de poder estar enloqueciendo, o peor aún, que realmente volvieran a estar en peligro.

Entonces lo notó, al colocarse frente a la puerta, algo muy parecido a un aliento fétido, que casi le hizo vomitar, llegó hasta él. Sam se apartó ligeramente, tratando de volver a respirar como siempre aunque le resultaba imposible. Acercó su mano hacia lo que no podía ver y una descarga eléctrica le hizo apartarla de repente.

Sam se quedó donde estaba. "Al menos, no me estoy volviendo loco." No es que fuera un gran consuelo pensar que un ser invisible, con mal aliento y una fuerte energía eléctrica le estuviera observando, pero al menos no había perdido la cabeza.

Un ruido, muy similar al que producen unos pies al arrastrarse sonó delante de él, lo que fuera que había ahí se estaba movimiento hacia él. Sam dio un paso hacia atrás, pero en seguida dio con el lavabo.

Quería llamar a su hermano, decirle que necesitaba que le echara una mano, pero no podía hacerlo, no podía poner en peligro a Dean en esa situación. Aquello lo tenía que solucionar sólo, o al menos tratar de hacerlo.

No tuvo demasiado tiempo para pensar, aquella cosa o lo que fuera se había acercado lo suficiente como para volver a notar su aliento sobre su hombro, incluso creyó escuchar una especie de gruñido.

Sam intentó moverse otra vez, pero en esta ocasión, al hacerlo, notó una descarga en el brazo derecho. Le estaba aprisionando poco a poco y en breves momentos ya no tendría sitio para moverse.

El ladrido de Morrigan le despistó un momento.

- o -

Dean se levantó de la cama, lentamente, acercándose hacia la puerta, pero los ladridos de Morrigan le hicieron detenerse en seco. Se volvió hacia el animalito, que había llegado hasta él y estirándolo de la pernera del pantalón, intentó que dejara de moverse.

Dean se agachó hacia Morrigan. "¿Qué ocurre?, tu también lo has notado verdad." Como si le hubiera entendido, Morrigan volvió a ladrar una vez más. "Se que algo ocurre en el cuarto de baño y si es Sam… necesitará mi ayuda." De nuevo, como si quisiera contestarle, el pequeño perro volvió a estirar de su pantalón con fuerza.

Cogiéndolo con ambas manos, Dean apartó al Beagle y lo colocó sobre la cama, mientras el animalillo no le quitaba los ojos de encima, atentó a todos sus movimientos. Dean le acarició la cabeza, intentando calmarlo, aunque no estaba muy seguro si también trataba de sosegarse a si mismo.

"Tengo que entrar, Sam me necesita."

- o -

A pesar de no poder ver, Sam sintió unas frías manos que se posaban sobre su pecho y su hombro y le hicieron estremecerse. La que tocaba su hombro, apretó con fuerza y le hizo gemir por el dolor. La otra, sin embargo, fue subiendo hasta tocar su cuello. Sam se quedó sin respiración por unos momentos, cuando una pequeña corriente eléctrica le atravesó la garganta.

Intentó moverse, apartarse de aquella cosa, pero cuando iba a hacerlo, delante de él se dibujó una extraña sombra, que aunque parecía tener algo parecido a una forma humana no parecía una persona. No tenía rostro, oculto por una especie de capucha de color negro.

Se quedó paralizado, nunca había visto nada parecido a aquello. Cuando consiguió que sus piernas le hicieran caso y que su mente volviera a funcionar, dio un paso hacia la derecha; sabía perfectamente que ese ser no le dejaría marchar tan fácilmente, pero tenía que hacer algo.

Con decisión, comenzó a andar, acercándose a la puerta, viendo que la salida estaba cada vez más cerca, pero cuando creía que lograría salir de allí, de improviso, las mismas manos invisibles que un momento antes le habían tocado, le rodearon con fuerza el cuello y apretaron, hasta que apenas podía respirar.

De nuevo, volvió a sentir el fétido olor de aquella cosa sobre la nuca, mientras que le impedía moverse con una gran fuerza, que lo mantenía donde estaba, sintiendo que el aire ya no entraba en sus pulmones.

- o -

Tras mirar una vez más al pequeño cachorrillo, Dean fue hasta la puerta del baño y trató de abrirla, pero se dio cuenta que le era completamente imposible abrirla, como si alguien estuviera sujetando el pomo desde el interior. Trató de girarlo pero le fue imposible.

Dio un paso hacia atrás, preparado para tirar la puerta si era necesario. "Sam, ¿estás bien?"

Desde el interior del baño, Sam escuchó la voz asustada de su hermano que le llamaba, pero no pudo contestar, apenas podía respirar y mucho menos hablar. Notó que las fuerzas se le estaban acabando y aunque trató de evitarlo, las piernas le fallaron y cayó de rodillas al suelo.

"Sam ¿me oyes? Dime al menos si te encuentras bien." Dean esperó unos momentos. Sin saber muy bien por que, bajó la mirada y se dio cuenta que un humo casi negro salía por la rendija de la puerta. "¡Sam, vamos dime algo por favor!"

Sabía que su voz ya no sonaba en ningún caso tranquila, pero le daba igual, era cierto, estaba aterrado, porque no sabía lo que podía hacer, porque tenía miedo de que le pudiera suceder algo malo a su hermano, porque estuviera en problemas y no pudiera ayudarle a tiempo.

Sin embargo, sin estar muy seguro de cómo lo logró, consiguió apartar el miedo a un rincón de su mente y se dispuso a echar la puerta abajo. Dio un primer golpe, pero la puerta ni siquiera se canteó, con el segundo, tan sólo emitió un leve chirrido. Tenía que usar mayor fuerza.

Sam escuchaba la voz de su hermano, pero no podía decirle nada, por mucho que quería que le ayudara, no quería que entrara, que aquella cosa le atacara. Pequeños puntitos negros aparecieron delante de sus ojos, sabía lo que eso significaba, estaba a punto de perder el conocimiento, pues a penas podía respirar ya.

Mientras el ser le apretaba el cuello, Sam cayó con ambas manos al suelo y abrió la boca intentando que una mayor cantidad de aire entrara en sus pulmones, pero todos sus esfuerzos no sirvieron para nada.

Entonces una nueva figura apareció en el cuarto de baño, alguien a quien ya había visto en el parque y que había atacado a su hermano en el parque.

"No es nada personal muchacho, pero mi señor me ha encomendado una misión muy importante y no le sienta bien no conseguir lo que quiere." Marius se acercó a Sam que desde el suelo, lo miraba con el terror en la mirada, no tanto por el mismo, si no porque aquel hombre volviera a hacerle algo a su hermano.

"¿Qué… es lo que quieres… de mi hermano?" Con las últimas fuerzas Sam consiguió decir lo que tanto había querido preguntar desde que todo aquello había comenzado días atrás.

"En realidad nada. El problema es que uno de los niños del orfanato le hizo algo y le devolvió su alma infantil." Marius de agachó hasta donde estaba Sam y acarició su mejilla despreocupadamente. "Eso no hace feliz a mi señor, que quiere ese alma de vuelta a donde pertenece."

Las manos que lo sujetaban dejaron de apretar su cuello. "¿Vas a matarlo?"

"Si hubiera otra solución no lo haría, pero se trata de él o de mi y sinceramente, no quiero pagar las consecuencias de la travesura de ese mocoso del orfanato."

"Sabes que no te lo permitiré." Sam se incorporó con cierta dificultad, hasta quedar de rodillas, respirando entrecortadamente.

"Ya contaba con eso." Marius miró a la sombra y le hizo un gesto con la cabeza. "Lo siento muchacho pero espero que al menos te consuele saber que te dejaré con vida a ti, siempre y cuando no te entrometas en mis planes."

Una gran fuerza se apoderó del cuerpo de Sam y lo levantó, volviendo a dejarlo casi sin respiración. No dejó de mirar a Marius, que se alejaba hacia la puerta. "Dean…" Antes de poder decir nada más, la sombra que estaba tras él y que lo sujetaba por el cuello, lo lanzó con fuerza contra la pared, haciendo que se golpeara la cabeza y que cayera al suelo semiinconsciente.

- o -

Algo en su interior, le decía que tenía que abrir de una vez la puerta, que tenía que conseguir entrar en el baño si no quería llegar demasiado tarde y no poder ayudar a Sam. Se concentró en el nuevo golpe que iba a dar contra la puerta y con un gran esfuerzo, consiguió que esta se abriera con un gran estruendo.

La luz del nuevo día, iluminó toda la habitación y penetró en cuarto de baño, con un rayo que impactó directamente contra una figura que apareció frente a la puerta. Dean lo reconoció nada más verlo. Era el mismo hombre que le había atacado en el parque.

Marius se acercó a la puerta en cuanto había empezado a escuchar los golpes, quería atacar a Dean en cuanto entrara, estaba seguro que no debía dejarle ni un momento para defenderse. Sin embargo, cuando la luz del sol llegó hasta él y atravesó su cuerpo, sintió que le atravesaban con la más formidable de las espadas. Se retorció por el dolor, incluso gritó y finalmente se desvaneció en el aire.

Dean se había quedado petrificado al verlo, pensaba que volvería a atacarle, que volvería para intentar terminar el trabajo que había empezado, pero al ver como desaparecía, comenzó a respirar más tranquilo, aunque no era capaz de entender lo que acababa de pasar.

Pero no le importó, cuando tanto la sombra que estaba junto a la bañera, como Marius desaparecieron, Dean se fijó en la figura que se movía con dificultad desde el suelo. Se acercó a Sam y le tocó con cuidado, esperando que por fin abriera los ojos.

"Sam." Este gimió tímidamente y por fin terminó abriendo los ojos, que los notaba demasiado pesados.

"Dean ¿estás bien?" Tocó con fuerza a Dean, quería convencerse que realmente estaba allí, que aquel mal momento había pasado de verdad.

"Claro, pero eso tendría que preguntártelo a ti." Sam se apoyó en su hermano y se levantó despacio. Se palpó la cabeza, le dolía después del golpe recibido, pero no dijo nada, no quería preocupar a su hermano.

"Si, estoy bien, no te preocupes." Ambos salieron del baño, mientras Morrigan los vigilaba desde la puerta. Una vez que los vio a los dos, el animalito comenzó a moverse, a corretear como siempre.

Sam se sentó en la cama. "Sam, ¿Qué ha pasado, por que ha vuelto ese hombre?" Dean también se sentó en la cama y se cruzó de piernas.

"No estoy seguro, Dean, pero lo averiguaré." Sam odiaba mentir a su hermano, pero aunque sabía la verdad, después de que Marius se lo contara, no podía permitir que su hermano sufriera más. Si había conseguido mantener su mentira durante los primeros días, podría guardar también este secreto hasta que encontrara una solución y supiera como acabar con Marius esas malditas sombras.