Llevaba varios días intentando buscar un momento oportuno para poder hablar con Lexa, pero parecía que no existía ninguno. La chica se iba a dormir temprano, así que no coincidían por la noche y cuando estaban en el mismo sitio, siempre estaba Alycia cerca, y obviamente, una conversación como aquella la quería tener en privado.
Además, ¿qué se suponía que iba a decirle? ¿Que se tenía que ir porque no podía estar todo el día pasándolo mal para no lanzarse a su cuello?
Sonaba tan infantil... Pero lo cierto era que es que lo que allí pasaba era mucho más que eso, porque Clarke no estaba segura que aquello no fuera recíproco, y si lo era, las posibilidades de que llegase a pasar algo estaban presentes, y eso no estaría bien. No si ella era la canguro de su hija.
Por otro lado, tampoco quería ponerla una mala excusa que, además, sería una mentira, como por ejemplo, que no era buena en su trabajo o que su hija no estaba contenta con ella.
De repente pensó en ella, en la pequeña Alycia. ¿De verdad quería hacerle eso? Hacía tiempo que no la veía tan feliz y todo era porque tenía a Lexa a su lado, y ella se la iba a arrebatar siendo egoísta.
La observó en el suelo del salón mientras ella y Lexa hacían un puzzle que la morena le había comprado, y Lexa se giraba de vez en cuando para sonreírle a Clarke, y ella no era de piedra, aquella sonrisa acompañada de esa mirada profunda la absorbía completamente.
¿A quién quería engañar? Le encantaba tenerla allí, ver cómo había traído color a su casa, a la vida de su hija y, por supuesto, a la suya.
-¡Mira mami! - La voz de la pequeña llamó su atención y vio cómo su hija le mostraba con entusiasmo el puzzle ya finalizado - Lo he hecho yo solita.
-¡Eh! ¿Y yo qué? - Protestó Lexa en tono de broma y a Clarke le pareció tan adorable que tuvo que contenerse para no ir y comérsela.
-Lo habéis hecho las dos perfecto, ¿queréis que pidamos algo de comida para celebrar vuestro triunfo con el puzzle? - Propuso la rubia.
-¡Comida china! - Gritó Alycia.
-¿Comida china? - La niña asintió - ¿Te parece bien, Lexa?
-Genial, me encanta la comida china - Se giró para guiñarle un ojo a la pequeña, que le chocó la mano.
Llevaban ya un rato esperando a la comida mientras veían la tele y hacían bromas entre las tres cuando sonó el timbre.
-¡Bien! - Alycia se levantó de golpe del sofá, y fue con su madre hasta la puerta para recibir al repartidor.
Clarke abrió la puerta y quien estaba allí no era precisamente el repartidor.
-¿Mami?
-Hola, tesoro.
-¿Nylah? - Dijo Clarke con una expresión confusa en su cara, y Lexa que se encontraba dentro, se quedó helada al escuchar aquel nombre.
-Hola, Clarke - Dijo mientras se agachaba para coger a la pequeña en brazos, que se había acercado a ella.
-¿Qué haces aquí? - Preguntó la rubia, aún muy extrañada por aquella visita.
-Pues vengo a ver mi pequeña - Le dio un beso a su hija.
-¿Pero no estabas en...?
-Sí, estaba viajando por Europa, pero he vuelto porque echaba mucho de menos a este bichillo - Dijo mientras su tono se volvía más entrañable y le hacía cosquilla a la niña que se revolvía entre los brazos de la rubia mientras reía - ¿Quieres venirte unos días con mami, cariño?
-Nylah, no sabía que ibas a venir, estamos esperando comida china y no tengo nada preparado.
-Lo podemos preparar en un segundo, ¿verdad? - Alycia asintió - ¿Puedo pasar? - Dijo mirando hacia dentro de la casa.
-Nylah, no sabía que ibas a venir... Es un poco precipitado, ¿no crees?
-¿No tengo derecho a ver a mi hija?
-El mismo derecho que para irte mes y medio, ¿verdad? - Le replicó Clarke sin poder controlar la rabia, pero recordó que estaba allí Alycia, y detrás de ella Lexa e intentó ocultar las ganas de matar a su ex mujer que estaba sintiendo en ese momento - Es igual, pasa - Dijo tras soltar un fuerte suspiro.
En ese momento, cuando Nylah entró a la casa aún sosteniendo a Alycia en brazos, sus ojos cruzaron a través del pasillo que separaba la entrada del comedor y cayeron en Lexa, que se había sentado en el sofá.
-Vaya, hola - Dijo mientras dejaba a la niña en el suelo y se acercaba a donde estaba la morena - Tú debes ser la niñera, yo soy Nylah - Lexa se levantó para saludarla cordialmente, sin pasar por alto el tono de superioridad que podía notar en la voz de aquella rubia.
Si era sincera, Nylah era guapa y podía llegar a entender por qué Clarke se había fijado en ella, pero lo que tenía claro es que no podía compararse con la rubia de ojos azules. Clarke simplemente era de otro planeta.
-Soy Lexa - Le tendió la mano cuando estuvo frente a ella.
-Oh, ¿ibáis a cenar las tres? - Preguntó Nylah con fingida molestia.
-Sí, ¿podrías esperarte a que cenemos para llevártela? - Clarke no podía ocultar que aquella situación le ponía de lo más nerviosa.
-Bueno, yo puedo comprarle a Aly comida china por el camino, ¿vale princesa?
-Vale mami.
Clarke suspiró otra vez. Cuando Nylah quería algo, no había forma de hacerle cambiar de opinión, así había sido siempre, con absolutamente todo.
Subió con exhasperación las escaleras para preparar la mochila para Alycia, dejando a la niña con Lexa y Nylah.
-Bueno, Lexa, ¿qué tal por aquí? ¿Te tratan bien?
-Sí, muy bien, la verdad es que estoy muy a gusto y me llevo muy bien con Alycia.
-¿Y con Clarke? - Dijo de repente, dejando a la morena algo descolocada.
-Sí, supongo que también me llevo muy bien con ella.
-Eso es importante, ¿verdad?
¿Qué estaba haciendo aquella tía y por qué utilizaba con ella aquel tono de superioridad? ¿Se habría dado cuenta de la forma en la que miraba a Clarke?
No le dio tiempo a responder cuando Clarke volvió con la mochila ya lista.
-Aquí tienes ropa para tres días - Le entregó la bolsa a Nylah.
-Genial, pues nos vamos. Dale un beso a mami y a Lexa, princesa.
Alycia fue hasta Lexa y le dio un gran abrazo, que la morena le devolvió con ganas.
-Te echaré de menos, Lexa.
-Y yo a ti, monito.
Nylah y Alycia fueron hasta la puerta y Clarke las acompañó mientras Lexa se quedaba en el salón.
-Cariño, pórtate muy bien, ¿vale? Nos vemos en unos días.
-Vale, mami, te quiero.
-Y yo a ti, cielo - Le dio un beso en la frente y luego se dirigió a su ex mujer - No me vuelvas a hacer esto.
-Tranquila - Le sonrió y luego le habló en un tono más bajo - Qué buena elección de niñera, te felicito.
Nylah cogió la mano de la niña y se fueron hasta el coche de la rubia, que se encontraba aparcado a apenas unos diez metros de la casa de Clarke, la cual se quedó congelada tras la última frase que su ex mujer le había dicho.
¿Qué habría querido decir con eso?
Justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta, vio al chico del servicio a domicilio llegar y recogió la comida.
-Lo siento por esto, Nylah es... algo complicada - Le dijo a Lexa mientras llegaba donde ella estaba y dejaba la comida en la baja mesa que había frente al sofá.
-No te preocupes - Le sonrió de forma cálida la morena.
-Entonces... vamos a cenar solas, ¿te apeteces o prefieres que..?
-No, no, me encanta cenar contigo - Dijo Lexa sin percatarse de cómo había sonado esa frase, llevándose una mirada de sorpresa pero al mismo tiempo divertida por parte de Clarke.
-¿Está bien si mañana viene una amiga a pasar el rato aquí? - Le preguntó Lexa al cabo de un rato, cuando ya habían cenado entre charla y alguna que otra risa.
-Claro, ningún problema - Le contestó Clarke.
Había hablado con Ontari y la morena le había preguntado si le apetecía hacer un plan barato, así que Lexa le había propuesto ir a su casa, si es que podía llamarla así, y ver una película.
-Gracias, Clarke.
-Esta es tu casa, Lex - Le dijo con seguridad mientras dejaba una de sus manos sobre la rodilla de la morena- Sólo quiero que te comportes como eres tú, y ya está, porque eres increíble.
Lexa recordó que era la segunda vez que Clarke le decía eso y, aquella confesión acompañada de la leve caricia que producía el pulgar de la rubia sobre su vaquero, hacía que su corazón latiese muy deprisa.
-Gra.. gracias - Le dijo notando cómo temblaba su voz.
-No me las des, de verdad, no puedo expresarte lo genial que me pareces y lo que me...
Clarke se calló cuando se dio cuenta de lo que estaba a punto de decir, y Lexa, que había desviado la mirada, volvió a contemplar sus ojos, conectando cielo y tierra.
La rubia simplemente acarició su mejilla y depositó un cálido beso en ella, estremeció a Lexa.
-Supongo que no necesito que Alycia me lo diga para poder hacerlo, ¿no?
-Supongo que no - Ambas sonrieron fugazmente, y Lexa notó cómo los ojos de la rubia se desviaban a sus labios, al mismo tiempo que sus ojos hacían lo mismo.
-Lexa... - Susurró Clarke. Su mano seguía en la mejilla de la morena, y su pulgar comenzó a acariciarla, bajando sutilmente hasta la comisura de su labio.
-Lo siento, yo... tengo que irme a mi cuarto - Dijo la morena, levantándose rápidamente y recogiendo un poco para salir de allí, haciendo que Clarke se dejara caer sobre el respaldo del sofá, sintiendo todo su cuerpo arder.
El timbre de la puerta sonó y Lexa fue rápidamente a abrirlo.
-¡Hola! - Dijo antes de recibir un abrazo efusivo y un beso en la mejilla por parte de Ontari.
-¿Cómo vas? - Le preguntó la chica.
-Muy bien, estos días no está la pequeña así que muy tranquila, pero se le echa de menos - Ontari observó a su alrededor.
-Joder, menuda casa, ¿no?
-Es muy guay, sí, ¿quieres ir arriba? Ya tengo las palomitas y todo preparadas.
-Claro.
Subieron por las escaleras y se encontraron con Clarke, que en ese mismo momento salía de su habitación.
-Hola - Dijo la rubia algo sorprendida, pero igualmente sonriendo.
-Clarke, esta es Ontari, la amiga que te dije ayer, ¿recuerdas? - Lexa no había hablado con Clarke desde la noche anterior, en la que la adrenalina que había recorrido su cuerpo le había hecho reaccionar saliendo de allí, cosa de la cual en ese momento se arrepentía un poco, así que su voz estaba algo temblorosa.
-Oh, hola - Dijo acercándose a la morena - Estás en tu casa. Yo me voy, ¿vale Lexa? Coged lo que queráis de la nevera.
-Vale, gracias Clarke.
Clarke echó una última mirada a las chicas y bajó las escaleras, dejándolas a solas.
Una vez estuvieron en la habitación con la puerta cerrada, Ontari habló.
-¿Qué ha sido eso?
-¿El qué?
-No sé, me ha parecido raro cómo te ha mirado tu jefa, como si hubiera algo de...
-Todo está bien - Dijo Lexa antes de darle a la chica más tiempo para pensar - Simplemente es que echa de menos a su hija.
-Ah, Claro, entiendo.
Ambas se sentaron en la cama y Lexa dio al play a la película.
No supo cómo no se dio cuenta, pero en un momento dado notó como Ontari había comenzado a acariciar su cuello con sus dedos.
-No estás viendo la película... - Le susurró.
-Lexa, yo... - Lexa levantó la mano y suspiró, volviéndose para mirar a la chica.
-Veamos la película, ¿vale? - Ontari asintió.
Y no es que aquella morena no le atrayera, en absoluto, pero unos ojos azules pasaban por su mente a cada segundo y así era imposible dejarse llevar, si aquella persona no era la rubia.
Ya hacía un rato que Ontari se había ido, y ya eran casi las doce de la noche, y Clarke aún no había vuelto. Lexa se había dado una ducha y en esos momentos estaba en la cama metida, escuchando algo de música cuando su teléfono vibró, anunciando la entrada de un mensaje.
El rostro de Lexa empalideció cuando vio el remitente.
Costia: ¿Lexa?
Sus manos comenzaron a temblar. Hacía bastantes meses que no sabía de ella, ya que aquella chica le había roto el corazón al engañarla con Emori, una gran amiga de las dos.
No sabía qué hacer en ese momento. ¿Qué querría Costia después de tantos meses?
Se dio cuenta que si no le respondía, se quedaría con la incertidumbre de qué era lo que le diría, así que decidió responderle.
Lexa: ¿Qué quieres?
La respuesta no se hizo esperar nada más que unos segundos.
Costia: Quería saber cómo estabas.
Lexa: Sin ti estupendamente.
Costia: Lexa, por favor, déjame explicarte.
Lexa: ¿Qué es lo que quieres explicarme? ¿Por qué te pille en la cama con Emori mientras yo preparaba una fiesta para ti?
Costia: No, yo... ¿Podemos vernos? Hablemos en persona, por favor.
Lexa: No estoy en Ohio, Costia.
Costia: ¿Dónde estás? Iré donde haga falta.
Lexa: En Londres.
Costia: ¿Londres, Inglaterra? ¿Qué haces allí?
Lexa: Eso no es asunto tuyo, Costia.
Costia: Si tengo que ir allí, iré.
Lexa suspiró profundamente. No la quería, ni sentía nada por ella más allá que decepción e indiferencia, pero volver a enfrentarse a algo tan fuerte de su pasado, aunque fuera a través de una pantalla de móvil, era bastante duro.
Lexa: Costia, no quiero saber nada de ti, ¿lo entiendes? Me demostraste que yo no significaba nada, y ahora tienes que respetarme.
Costia: Lo sé, Lex, pero yo necesito poder hablar contigo.
Lexa: Pero nada, Costia. Acéptalo. Y déjame en paz.
Lexa tiró el móvil encima de la cama y respiró profundamente.
¿Qué narices estaba pasando?
La noche anterior casi acaba pasando con Clarke algo que no estaba segura querer evitar, esa misma tarde Ontari casi se lanza a su cuello, y luego Costia le enviaba esos mensajes.
¿No podía tener una vida tranquila?
Apagó la luz e intentó dormir pero se dio cuenta que era en vano, porque no paraba de dar vueltas en la cama, así que decidió bajar un rato al jardín y sentarse en la hamaca que allí había para despejarse.
Cuando llevaba ya un buen rato en profundo silencio y su mente comenzaba a quedar en blanco, oyó la puerta corrediza abrirse.
-¿Pensando? - Escuchó la suave y ronca voz de Clarke detrás de ella.
-Más bien intentando no pensar.
-¿Todo bien, Lexa? - Clarke tomó asiento en la hamaca que había pegada a la que estaba utilizando la morena.
-Bueno... - Escuchó cómo Clarke suspiraba y cogía aire antes de hablar.
-Oye, si es por lo de ayer, yo... - El estómago de Lexa se encogió al recordar el momento.
-No, tranquila, no tiene nada que ver con eso.
-Puedes contarme lo que quieras, ¿vale? - Clarke la miró con preocupación y Lexa asintió.
-Es sólo... alguien de mi pasado. Me ha hablado y simplemente me ha hecho recordar cosas que no fueron muy agradables.
-¿Te hizo daño esa persona? - Preguntó directamente.
-Bastante, pero bueno, es pasado.
-Sí, y ahora tienes a tu chica, ¿no?
-¿Cómo? - Preguntó Lexa desconcertada.
-La chica de esta tarde, es tu chica, ¿no?
-No, no - Dijo Lexa con una risita - Ontari es una buena amiga.
Clarke sintió un alivio internamente, pues había notado cómo habían reído y cómo aquella chica había mirado a Lexa y no pudo evitar sentir cómo algo dentro en su interior quemaba y no de una buena forma.
Supuso que aquella era la chica de la que su hija la había hablado y entendió por qué a la niña no le gustaba.
-Ah bueno, disculpa.
-No pasa nada.
Ambas se quedaron un rato en silencio, y Lexa, aunque miraba hacia el frente, donde los árboles se alzaban, podía notar la mirada de Clarke sobre ella.
-¿Alguna vez te han dicho lo preciosa que eres, Lexa? - Dijo con un tono que hizo que la entrepierna de Lexa despertara de golpe, haciendo que girase la cabeza para encontrarse con aquellos ojos azules que la miraban de una forma que parecía que Clarke quería ver a través de ella.
-No de la misma forma que me lo estás diciendo tú - Las palabras salieron de su boca sin permiso, al igual que sus piernas, que la hicieron levantarse y recorrer el pequeño espacio que había entre la hamaca en la que ella estaba y en la que Clarke se encontraba.
Lexa se detuvo frente a la rubia, manteniendo en todo momento sus miradas conectadas, sintiendo unos dedos que acariciaban los suyos de forma suave.
-¿Qué está pasando? - Preguntó Clarke.
-No... no lo sé - La morena tragó saliva, sintiendo que las palabras, que hace unos segundos habían salido con tanta facilidad, ahora quedaban atascadas en su garganta.
Los dedos de Clarke agarraron los de Lexa con firmeza, y no pudo aguantarlo más.
Se inclinó y estrelló sus labios con los de Clarke, apoyándose en los brazos de la hamaca, sintiendo cómo la rubia la correspondía con ferocidad y sus manos se colocaban en su nuca, acercándola más a ella.
Sus lenguas se encontraron al mismo tiempo, y comenzaron a moverse al mismo ritmo, mientras el beso se iba haciendo más y más húmedo y los jadeos salían de las bocas de ambas.
-Dios... - Escuchó decir a Clarke en un susurro casi imperceptible mientras ella rozaba su nariz con la de la rubia, inclinando su cabeza para girar hacia el otro lado y continuar con aquel beso que estaba excitando cada poro de su cuerpo.
Lexa movió sus manos y las deslizó por los costados de la rubia, mientras que sus manos acariciaban los brazos de la morena.
-Lexa, yo... - Intentó decir entre besos - Yo... para, para - Le dijo y Lexa se apartó levemente para mirarla con confusión.
-¿He hecho algo mal?
-No, no, yo... Dios, no sabes cuánto deseo esto - Aclaró la rubia pasando su mano por su pelo, echándolo hacia atrás - Pero no está bien, no podemos, eres la canguro de Alycia y yo...
-Lo entiendo, lo entiendo, lo siento - Dijo Lexa, reconociendo que Clarke tenía gran parte de razón.
-No lo sientas, mejor nos vamos a dormir, ¿está bien? - Lexa asintió y Clarke se levantó para dirigirse al interior de la casa - Buenas noches, Lexa.
-Buenas noches - Le contestó y se quedó unos minutos ahí hasta que estuvo completamente segura de que la rubia ya había entrado a su cuarto, sintiendo cómo la piel le quemaba y su sexo palpitaba.
Lexa fue a su habitación también y se acostó en la cama, aún con la excitación del momento recorriendo su cuerpo.
Los labios de Clarke sabían tan bien, y en el momento en el que los había probado sabía que podría volverse adicta.
Además, sabía que ella quería más. Joder, si fuera por ella hubiese seguido hasta el final, se hubiese puesto sobre ella y la hubiese desnudado y adorado como se merecía.
Pero ahora estaba ahí, sola en su cama, porque Clarke era la adulta de las dos y la que había puesto algo de coherencia a aquella locura.
¿Cómo se suponía que debía dormir cuando lo único que quería era sentir el cuerpo de la rubia contra el suyo?
Sus manos empezaron a moverse por sus pechos, imaginando los labios de la rubia en aquella zona de su anatomía, siguieron avanzando acariciando su abdomen y tras unos segundos se introdujeron bajo su ropa interior, sumergiéndose en la humedad que inundaba la entrepierna de Lexa.
Sus dedos alcanzaron su clítoris y Lexa pudo sentir cómo éste ardía y escocía a su toque.
Jamás se había sentido tan excitada y necesitada, y menos con tan sólo un beso. Pero qué beso...
Lexa comenzó a frotar aquella parte tan sensible, mientras la imagen de la rubia continuaba fija en su mente.
No era ella, ni mucho menos, pero la liberación llegó pronto, produciendo un cierto alivio entre los muslos de la morena, que se hundió en el colchón, con la respiración agitada.
¡Uf! Cómo se ha caldeado la cosa, ¿no?
Lexa estaba que ardía.
Y Clarke como siempre, intentando pensar con la cabeza. AYUDADME A DECIRLE QUE SE DEJE LLEVAR, QUE NO ME HACE CASO, JODER.
En fin, espero que os haya gustado este capítulo, en el que creo que han pasado bastantes cosas, ¿no?
Nos leemos pronto, y gracias por los comentarios y por seguir la historia.
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