-¿Podremos ver a mamá luego, papi? – preguntó una niña de dos años, con un adorable puchero en sus labios, y en brazos de un apuesto joven de veinte años, cabello negro alborotado y ojos color avellana, escondidos detrás de un par de gafas.

-Claro que sí, pequeña… - le besó una mejilla, y quince minutos después, sentados en una silla que se encontraba en el pasillo de color blanco inmaculado, una mujer de edad media con un traje verde-lima, le habló al joven, mientras portaba una carpeta con un broche-sujetapapeles.

-Pueden pasar, señor Potter. – les dedicó una sonrisa cariñosa, y se marchó, guiándolos.

-¡Sí! – festejó la niña de cabello rubio y ojos azules. - ¡Veremos a mamá y a mi hermanito! – se escuchó a la mujer reír con ternura.

-Entraremos, y hablaremos en un tono bajo, ¿Sí, Serenity? – le advirtió su padre. La niña, dándose cuenta, afirmó con rapidez.

-¿Mamá estará bien? – le susurró en el oído. - ¿Y mi hermanito también?

-Eso no lo dudes, princesa. –su padre le pinchó la nariz con suavidad, sacándole una sonrisa. – pero mamá estará un poco cansada. Por lo que no la agobies, ¿Eh?

-Yo la cuidaré a ella y a mi hermanito. – dijo con vehemencia y determinación. – Lo juro por la luna plateada.

-Ya está bien, aquí están ellos. – dijo la mujer de traje verde-lima. – pueden pasar.

El joven de veinte años abrió la puerta con cuidado, dejando ver una habitación espaciosa, blanca, y con una camilla y un cunero de cristal en el medio con la cabecera contra la pared.

-James… - susurró alguien desde la camilla. – Serenity…

-Mamá… mami, ¿Estás bien? ¿Te vas a poner bien? – le acribilló la niña a una mujer de veinte años, de cabellos rojo oscuro, y ojos verde esmeralda. Se la veía un poco pálida, pero eso no le permitió sonreírle a su hija, y besar a su marido.

-Estoy bien, solo estoy cansada. Pero, mira… - se acomodó en la camilla, con un gesto de dolor, y señaló el cunero de cristal. –ahí está tu hermano. – el pelinegro alzó a su hija, haciendo que quedase suspendida a un lado del cunero. Allí, un recién nacido dormía plácidamente, con un gracioso mechón de cabello color azabache, como el de su padre.

-¿Y cómo se llama? – preguntó con una sonrisa.

-No sabemos, peque. – le dijo su padre. - ¿Tienes alguna sugerencia, Lily? – le preguntó a su esposa.

-Quiero el tuyo como segundo nombre, igual que la tradición de tu familia, cariño. – le dijo la pelirroja. – pero… no, no se me ocurre un primer nombre.

-¡Harry! – exclamó la pequeña, con decisión. - ¡Se llamará Harry! – los esposos se miraron, sonrientes.

-Es hermoso, pequeña… - le dijo su madre, mirando hacia donde Harry dormitaba.

El niño se removió un poco, y lentamente, fue abriendo sus ojitos, mostrando un oscuro verde jade.

-Parece que tendrá tus hermosos ojos, cariño. – le besó su marido. Ella solo sonrió. – Llamaré a Remus, ya que Sirius se ha ido a…

De improviso, la escena se volvió borrosa, agitándose de un lado a otro, y tornándose oscura toda la visión.

-¿Serena? – una voz vagamente conocida, llamaba a la rubia. - ¿Serena? ¡Serena! – exclamó la voz que ella identifico como perteneciente a Lita.

-Harry… - murmuró ella, casi semiinconsciente.

-Válgame dios, Serena… - dijo la voz de Rei. - ¿Sabes el susto que nos hiciste pasar en el último momento de la pelea? – se desesperó la chica del fuego.

-Lo siento. – le sonrió compungidamente. – solo… recordé… algo.

-Trata de pararte, Serena. – le dijo Amy, ayudándola.

– No quiero ni saber cómo sería la expresión de mamá Ikkuko. – Mina se estremeció, y eso, hizo que la rubia de ojos azules se parase de un salto, y mirara a su alrededor. No había nadie en el lugar.

-Vayamos antes de que les dé a ellos tres un ataque cardíaco. – se turbó ella. – Ahora.

-Sí. – dijeron las, ahora, ocho Sailors. A mitad del enfrentamiento, las restantes Outers habían llegado a toda máquina.

-Bien, - suspiró Serena, Sailor Moon. – Vayamos a cenar. – y empezaron a correr como si otra batalla se estuviese desarrollando cerca de la casa de la rubia.

-…-

-¿Estás segura? – le preguntó su madre, cuando dijo que no tenía problema en cocinar para más.

-Claro que sí, se lo merecen. Son tus protectoras, ¿No? – le dijo mientras ponía una mano en cada hombro. – pero… pareces… perturbada, hija… ¿Qué es lo que te sucede? – dijo con dulzura y preocupación.

-¿Qué sabes de… lo que Kenji dijo ese día? – le preguntó con un hilito de voz. Eso hizo que su madre, casi se desmaye. - ¡Mamá! – se preocupó ella.

-Yo… - la peli azul se sentó en la silla de la cocina, mientras un murmullo en la sala se escuchaba. Los demás, no se habían enterado de nada. – se muy poco… - dijo en un susurro. – Kenji, de algún modo, cuando eras pequeña, mandó a que sellaran una parte de ti, no le gustaba que una niña, en ese entonces su hija, tuviese magia. En ese tema, era muy machista. – la miró a los ojos. – ahora que tu magia ha reflorecido en ti nuevamente, queda muy poco para que las autoridades del Ministerio de Magia vengan por ti, quizá, cuando pase un año, y tu tengas diecisiete años, te encuentren. Pero para cuando cumplas esa edad, no tendrán ningún derecho a reclamarte. Porque ya serías mayor de edad para ellos. – Ikkuko tomó las manos de su hija. – Cuando te saqué de esa casa, el cuerpo de tu padre, James creo que se llamaba, estaba en el pié de la escalera. – eso hizo que los ojos de Serena se anegaran de lágrimas. – no vi rastros de Lily, tu madre, y de Harry, tu…

-Mi hermano. – completó ella. – hoy recordé el día en que nació y pude ver claramente cómo eran cada uno. Estábamos en la habitación que le dieron a ella. Solo eso. Y es muy raro. – le comentó. – normalmente, los recuerdos nítidos son a partir de los tres años y medio. – suspiró, y dejó que su madre hablara.

-No es raro, sabiendo de donde provienes. – le rebatió la peli azul. – me quedé en Inglaterra una semana más, tratando de averiguar qué era lo que había pasado con tu hermano y tu madre biológica. – prosiguió ella. – en un diario de allá, pude leer que el único, según ellos, porque no te habían encontrado, el único que había salido vivo, fue tu hermano menor. No sé muy bien que era lo que sucedió en esa casa, pero alguien había ido a matarlos a todos, y tú habías estado escondida no sé en qué lugar, dormida. En ese diario, ponía que Harry se había ido a vivir con tus tíos maternos. La Señora de ese matrimonio, una tal Petunia Dursley, era hermana de tu madre biológica. No más que eso. – Ikkuko se volteó, poniéndose manos a la obra en la cena para doce personas. – Puedes ir con los demás, Serena. Y dile a Sammy que te ayude con la mesa. Ya termino con la cena. – dijo ella con voz extraña, sin saber que la rubia tenía la cara lágrimas, recordando en el momento en el que, trece años atrás, ella estaba muy adormilada para tener en cuenta que un encapuchado entraba a la casa a la fuerza, debajo de la mesa de la cocina, cuando se durmió completamente y, vagamente, escuchando súplicas de parte de Lily Potter, en el piso de arriba. Al día siguiente de todo eso, no recordaba nada, mientras veía a una mujer que leía un diario.

En silencio, salió de la cocina secándose las lágrimas, olvidando completamente en actuar para su hermano, su novio y sus amigas.

En par, todos estaban conversando: Luna y Artemis se había ido a investigar sobre unas vibras al límite de la ciudad. Lita charlaba con Rei sobre la fiesta al lado de una ventana, Amy con Darien sobre la facultad en el sillón para tres, Mina charlaba con Sammy sobre los videojuegos de Sailor V sentados en delante del televisor, Michiru con Setsuna ponían en práctica unos bocetos de traje para la fiesta de las chicas en la mesita ratona que había frente al sillón, y Haruka jugaba cartas con Hotaru acostadas en el piso.

Serena, con desánimo, se sentó al lado de Darien, quien notó su estado.

-¿Serena? –le llamó él. – Serena, ¿Qué te suce…? – Sin terminar la pregunta, la rubia enterró en su chaqueta el rostro, temblando levemente. – Oye… ¿Te sucede algo malo? – Nada. No habló, ni se movió. Lo único que hizo, fue aferrarse más a él.

-Prefiero… - dijo contra sí. – prefiero decirlo luego. – dijo mirándolo a los ojos. Estos, estaban levemente enrojecidos. – Es… sobre parte de mí. – susurró, apretujándolo más.

-Como tú quieras. – le regaló una sonrisa. – mañana… ¿Qué tienes que hacer? – preguntó, pensando en invitarla a cenar.

-Mañana tenemos una hora más, para darle los últimos detalles al decorado del salón. – le contestó. – las luces las tomaron "prestadas" los chicos de la sala de ensayo de su discografía. – con eso, ella misma se animó.

-prestadas, -remarcó Darien, divertido.

-Según Yaten, tienen tantas luces que no van a notar las que faltan. – respondió ella, encogiéndose de hombros. – Y Taiki casi encierra a Seiya en su departamento porque quería agarrar todas las que había. Es un tonto. – rió ella. – pero es buen amigo. Los tres, son buenos.

-Eso, no lo dudo, pero sigo sin fiarme de Seiya… - Darien frunció el ceño y la nariz, encantando a su novia. – tiene una actitud que no me gusta.

-No tienes porqué sentirte celoso, Darien. – se aferró a su brazo. – Yo soy solo para ti. – eso causó un leve rubor por los dos.

-¡Picarona! – saltó Mina. - ¿Qué hiciste ayer cuando te vino a buscar? – demandó con picardía y malicia.

-¡MINAKO! – gritaron las restantes Inners con enojo, mientras Darien y Serena no sabían dónde esconderse. Las Outers reían disimuladamente, mientras Sammy se puso verde.

-¿Qué? – dijo ella con inocencia. – Es normal, ¿No? Mientras no se nos adelante la Pequeña Dama, está todo bien, ¿No? – agregó de la misma forma que antes.

Rei, salvando a la pareja de algo mucho más vergonzoso, le puso una servilleta de papel en la boca. Al instante, Serena se paró y agarró la muñeca de Sammy, dirigiéndose a poner la mesa, y confundiendo a los demás, menos al que más concurría la casa.

-…-

-Así que era eso. – Dijo el pelinegro, abrazando a la rubia. - ¿Quieres ir por tu hermano? –dijo, adivinando su deseo.

-Claro que sí. – dijo sin pelos. – Según mi madre, cuando cumpla diecisiete años puedo hacerme cargo de él, soy solo dos años mayor, y él tendrá solo quince años, como Sammy. – miró a su hermano, y lo abrazó. – No te preocupes, seguiré siendo la misma.

-No quiero que me cambien a Serena. – dijo el chico, sonriente.

-Nosotras también. – dijeron las demás.

-Lo único que varía es el nombre, pero es casi el mismo que ahora, pero es igual que mi vida pasada. – se explicó ella. – Más allá de la magia. Eh leído en los libros que me dio mi mamá, y al ser un… - recordó la palabra. – Squib, puedes hacer algunas cosas. – le explicó ella. – después de todo, sigues siendo parte de mi vida, ¿No crees?

-Si lo creo. – le dijo feliz.

-Pero no podré ir a buscarlo, mínimo, después de que termine con las cosas con Sailor Galaxia, estaré más tranquila para pensar el cómo ir hasta allá. – se resignó ella. – pero… lo que no sé, es el porqué olvidé todo cuando tenía tres años, - se extrañó ella. – al otro día, ya estaba con mi mamá Ikkuko y no recordaba nada, pero ella destilaba tanta confianza, que no le había hecho caso.

-¿Crees que le habrán dicho algo de tu existencia? – preguntó Setsuna.

-No lo sé… tenía tres meses de cumplir un año cuando atacaron nuestra casa. – suspiró, tratando de enfocar un recuerdo. – pero lo más curioso, es que ella era pelirroja y él, peli azabache. ¿Dónde entro yo, que soy rubia?- preguntó con diversión - ¡Al carajo todo sentido de la genética! – y eso, hizo reír a todos.

-No lo sé… - dijo Darien, observando los mechones de su cabello. – yo veo unas hebras aquí de esos colores.

-ahí tienes un punto, pero, ¿Y los ojos? – se cruzó de piernas estilo "indio", e hizo un gesto pensativo.

-¿Algún otro familiar? – sugirió Amy. – por ejemplo, está el caso de Rini, que tiene el cabello rosa, al tiempo de que tú tienes el cabello rubio y Darien en negro. ¿Dónde encaja eso? – preguntó al final.

-Si tan solo supiera más de mi familia biológica… - se lamentó, suspirando. –En fin, Ahora no sé como verles la cara mañana a los chicos… - dijo con angustia.

-No tienes el porqué preocuparte por ellos. – discrepó Haruka. – esto surgió, primero, por culpa de esos int…

-Haruka… - le detuvo la rubia. – No se sabe muy bien paraqué son esas Semillas Estelares, pero por alguna razón, Sailor Galaxia quiere apoderarse de todo. Ellos no tienen la culpa, están buscando algo o a alguien. No tienes porqué ponerte de esa manera. Todas somos Sailors, y yo lo único que quiero es poder llevarme en paz con ellos y pelear juntos.

-Pero, resaltemos que el único molesto es Taiki, - dijo Lita. – Seiya nos tiene aprecio a las cinco, y Yaten… bueno… - no supo como terminar.

-Yaten se pudo enamorar de alguien. – Serena rió con sutileza. Mina, al instante, bajó la cabeza, sintiendo desolación. Pero se recompuso, solo siendo notado por Chiba y la nueva chica Potter. Ellos, se miraron una fracción de segundo. – Pero lo que resta, es esperar. – dijo la rubia con solemnidad. - ¿No es así, Mamo-chan? – sonrió hacia el ojizafiro.

-No sé él porque lo tendría que negar. – habló con tranquilidad. – Creo que ahora, la que tendría que pedir el celular de uno de esos dos, son ustedes, por lo menos, para poder terminar el curso en paz. No solo se trata de las batallas con el enemigo. Ellas, Haruka, se han hecho muy buenos amigos con los hermanos Kou.

Ante eso, Tenô no pudo rebatir nada.

-Bueno, podríamos pedir un… - la voz de Sammy, quien había estado muy atento a la charla, se fue perdiendo para Serena junto con la vista, entrando en uno de sus viejos-nuevos recuerdos, y desmayándose en brazos de Darien.

-¿Quién es la niña más hermosa del mundo, ah? ¿Quién es? – jugueteó una voz graciosa delante de ella. Dos enormes ojos color miel, alcanzaba a ver la niña de tres años, a la vez de que mechones de cabello color castaño claro se posaban sobre arriba de las cejas del mismo color. - ¿Cómo has estado, Serenity?

-¡Bien, padrino! – le respondió con alegría. - ¿Quieres de mi chocolate? – preguntó tendiéndole una porción del suyo.

-No, esta vez, traje el mío, pequeña. – le dijo mostrándole uno sin empezar. – recuerda siempre comer uno cuando sientas frio o cuando estés de buen humor. – la miró, mientras alzaba el paquete de chocolate.

-¡Claro! – dijo, besándole la mejilla. – Mamá está con Harry, cambiándolo, y papá está en la chimenea hablando con tío Sirius.

-entonces, quedémonos aquí. – dijo el joven. - ¿Qué te gustaría hacer, Sere?

-Amh… - se llevó un dedo a su pequeño mentón, graciosamente pensativa. - ¿Puedo ser la princesa de la Luna?

-¿La princesa de la Luna? – se extrañó el joven.

-¡Sí! – chilló ella. - ¡La princesa Serenity, quien espera a su príncipe de la Tierra, Endimion! ¡La princesa y sus protectoras de Venus, Mercurio, Marte y Júpiter! – exclamó, dando saltitos. - ¡La princesa, junto con sus "hermanas" mayores de Neptuno, Urano, Pluto y Saturno! – el ojimiel, quedó confundido.

-¡Remus! – exclamó una voz, por las escaleras. La niña y el joven, se voltearon para ver a Lily, con una remera color violeta y un pantalón largo gris, junto con sus pantuflas. - ¿Cómo estás? – en sus brazos, llevaba a un pequeño Harry de casi un año de edad.

-Estoy bien, Lils. – le dijo, mirando a la niña. - ¿Acabas de escuchar lo que Serenity dijo? – le preguntó con sorpresa.

-Claro. – dijo riendo. – desde que le leí el mito de Selene y Endimion, no ha parado de pedir que juegue con James a que ella era la princesa Serenity de la Luna, y él el príncipe Endimion de la Tierra. – miró sutilmente hacia donde se podía escuchar las llamas de la chimenea. – Digamos que James es demasiado débil cuando ella le pide algo. Y tú estás mejor o peor que él. – rió, mientras Harry la imitaba, viendo que ella lo hacía.

-¿Qué puedo decir? – Remus miró con adoración a la niña. – Es irresistible. – se limitó a decir. - ¿Cómo lleva James lo del encierro? – preguntó con timidez.

-Trato de distraerme con mis hijos. – habló el interpelado, llegando de la chimenea. – Dime tú, ¿Hay noticias?

-Los gemelos, Gideón y Fabián, murieron en una emboscada. – dijo con seriedad, haciendo que la pequeña no entendiese nada de esa charla. – a los dos, en esa emboscada, los mató Dolohov.

-¡Molly debe estar destrozada! – gimió Lily, reprimiendo un sollozo. - ¡Y en estos momentos no podemos ir a darles nuestro pésame!

-No te preocupes, Lily. – le calmó James, tenso. – Remus, - lo miró. – te encargo que se lo digas de parte nuestra, ¿Si?

-Ni dudarlo, amigo mío. – respondió sin titubeos. - ¿Qué te dijo ese pulgoso? – preguntó.

-Nada relevante. – giró los ojos. – Esta semana ha estado quejándose que tiene más peleas que conquistas, para variar. – Eso hizo largar una carcajada de la pelirroja y el ojimiel.

-Mamá, mamá, - tiró Serenity de su falda, mientras la llamaba. - ¿Puedo cargar a Harry? – dijo con inocencia.

-Claro, pero te tienes que sentar. – dijo mientras ella hacía lo propio.

Lily le indicaba como tenía que sostenerlo, mientras que James preparaba a cámara mágica. El niño, no dejaba de mirar a la pequeña rubia que era su hermana, enroscando sus deditos en su cabello, mientras tiraba levemente y ella solo sonreía.

Se oyó el "click" de la cámara, mientras los tres adultos tenían una gran sonrisa en sus rostros.

Y, como en el primer recuerdo, todo empezó a difuminarse, hasta ponerse negro.

-…no deberías preocuparte. – escuchó Serena, la voz de Amy. – es igual que cuando se desmayó al final del encuentro con el demonio de esta tarde.

-¿Seguras? – escuchó una voz preocupada, muy cerca de ella.

-¿Mamoru? – llamó Serena, débilmente. Trató de incorporarse de donde estaba, pero un brazo se lo impidió.

-Espera unos minutos más, Usako. – dijo el estudiante de medicina. - ¿Estás bien? – le preguntó. - ¿Qué te pasó?

-Solo… recuperé otro recuerdo… estoy bien, Darien. – le calmó la rubia. – este está cerca del primer cumpleaños de Harry.

-¡Cuéntanos! – se entusiasmó Mina. - ¡Por favor!

Serena sonrió, empezando a describir a su padrino y su clara adicción al chocolate. Las cosas inusuales, como hablar por la chimenea, y, lo más gracioso e irónico, el juego de la princesa de la Luna.

-Bueno, eso es demasiado. – Rei habló. – Pues, parece que un poco de tu vida en la Luna tenías antes de que mamá Ikkuko te adoptase, y, digamos que es gracioso ver a dos hombres siendo débiles a la hora de tratar a una niña como eras tú.

-Ah, pero mi papá no es nada comparado con el verdadero Endimion. – bromeó, haciendo que Darien la mirase insinuosamente. Ella rió. – Pero… - frunció el ceño. – Creo que parecían dentro de una guerra, ¿No es así, mamá?

-Oí algo parecido en boca de Kenji, por aquellos días. – admitió, recordando. – supongo que era una guerra mágica.

-Parecía que, en ese momento, habían matado a dos hermanos de una amiga de mamá Lily. – su rostro se tornó triste. – Harry era tan pequeño… - se llevó las manos al pecho, cerrando sus ojos. – siento… que lo ha pasado horrible con mis tíos…

-¿Cómo puedes saber eso, Serena? – se impresionó Rei.

-Lo único que se me ocurre, - habló Setsuna, llamando la atención de todos. – es que tengas un fuerte vínculo con tu hermano menor. No solo por la sangre, quizá, sea la misma magia.

Y con eso, dejó pensativo a más de uno.

-…-

Sábado a la mañana

El mejor logro que las cinco Inners habían logrado esta semana, era restaurar su amistad con los hermanos Kou, con Taiki un poco cascarrabias, murmurando en tono de broma el cómo pudo él llevar la corriente a sus hermanos, pero después se acordaba: las Sailors del sistema solar interno eran sus únicas amigas, y eso, pese a quién le pese, no podía negarlo. Eran como niñas pequeñas, irresistibles cuando se compenetraban contra poner a alguien de su lado. Tenían experiencia con Michiru y Haruka.

El colegio de Rei, había festejado la gala de diplomas y la fiesta de gradación el viernes, por lo que se había ofrecido de voluntaria para la escuela de las demás, ayudando a las chicas con las mesas de los padres, y acomodando las filas de sillas para los que se graduaban.

La fiesta se daba en el gran gimnasio de la escuela Juuban, mientras que la ceremonia de diplomas, se daba en el patio.

Según el director explicó, a cada graduado se le daba una medalla y un diploma, eligiendo una persona dentro del colegio para el diploma, y uno a propia elección, siendo el padre o cualquier persona para dar la medalla, entregando estos respectivamente.

Serena había elegido a la señorita Mónica, quién se había trasladado de la secundaria a la preparatoria donde ella estaba, para que le entregue el diploma. Y a Darien, para la medalla, ya que, quería a Sammy para que lo hiciera, pero no era mayor de edad. Cuando se lo pidió, el pelinegro se limitó a besarla como no lo había hecho hasta ahora: con pasión.

La rubia sacudió su cabeza, sonrojada, mientras se acomodaba el birrete color borgoña, y se alisaba la túnica abierta del mismo color. Debajo de esta, tenía puesto un vestido blanco, parecido al suyo como princesa lunar, con detalles en plata y dorado. Su peinado era clásico de ella, por última vez, usaría sus chonguitos, armados con una blanca y roja cinta larga de terciopelo, haciendo un mediano moño en cada chongo, y metro y medio caía junto a sus colitas hasta la cadera, su pelo, esta vez, resaltaba sus hebras rojas y negras.

-¿Estas lista, hija? – la voz de su madre, abriendo la puerta. – Oh, dios santo… - la peli azul se maravilló con su hija. – mi pequeña… - la peli azul había dejado su pelo suelto, acompañado con un vestido manga larga color azul, y zapatos bajos en negro. – estas hermosa… - sollozó.

-Mamá… - sonrió ella. – recuerda llevar la cámara, quiero fotos con mis compañeros, con las chicas y los chicos.

-La tengo en mi bolso sin falta, cariño. – le acarició la mejilla. – Darien acaba de llegar. – por alguna razón, sonaba un poco nerviosa. – y quiero una foto en la puerta con él, y otra con tu hermano.

-¿Y tú, mami? ¡Yo quiero una contigo! – rió la rubia. Ella tomó un collar plateado, y lo sostuvo sin ponérselo.

-Eso ni se duda. – Ikkuko tiró de ella con delicadeza. – vamos, no quiero hacer esperar al guapo de mi yerno.

-¡Mamá! ¡Eso suena como si quisieras sacármelo! – rió ella.

-No… yo no quiero más hijos, pero no puedo negar que quiero nietos de ti y Sammy algún día. – discrepó con picardía.

-¡MAMÁ! –la rubia se avergonzó y ruborizó como manzana.

-¡Aquí te la traje, querido! – eso hizo que le surgiese una gran gota a la chica.

-tú no cambiaras, mamá. – exclamaron sus hijos.

-¿Y? – preguntó Ikkuko, mirando mal a Darien y Sammy. - ¿Qué dicen? – hizo dar una vuelta a Serena.

-Bonita, hermanita. – admiró Sammy. En cambió, Darien se quedó mirándola fijamente, para vergüenza de su novia.

-… - Darien no supo que decir.

-Sin palabras, muy bien. – festejó Ikkuko. – es suficiente para mí. – tomó de Serena y Sammy, y los colocó, en la puerta, sosteniendo la cámara. – Darien ponte a mi lado, por favor. – pidió, mientras el susodicho salía de la casa. Él obedeció con tranquilidad. – Sonrían… - los hermanos lo hicieron, Serena, levemente ruborizada. ¡Click!- ¡Que felicidad! – sus ojos brillaron. – Sammy, ven aquí, Darien, toma su lugar.

Encantado, el pelinegro rodeó los hombros de la rubia, mientras miraba el pelo azulo de su suegra, para que enfocase sus ojos a la cámara. ¡Click!

-Sammy, sácame una con Serena. – le cedió la cámara a su hijo, y tomó el lugar de Darien, al otro lado y poniendo una mano en cada hombro de su hija, sonriendo con dicha. Un último ¡Click!, resonó entre los cuatro, dando a entender, que era la hora de irse al gimnasio. – Muy bien. – parecía una niña en una dulcería, causando que los tres menores que ella, sonrieran. - ¿Vamos?

-Sí. – tronaron los tres, dirigiéndose al deportivo rojo. Serena quedó del lado del piloto, en la parte de atrás, Sammy como copiloto, e Ikkuko acompañaba a su hija.

-…-

Sammy bajó, luciendo un traje gris, y con los brazos cruzados detrás de la nuca. Su madre, bajo y se enganchó del brazo de su hijo.

Darien bajó, ganándose la mirada del mayor número de mujeres y vestido con un Tuxedo negro, para dirigirse la puerta de atrás del auto, y abriéndola, para ayudar a su novia a bajar.

-¿Puedo escoltarla hasta su puesto, señorita Potter? – jugó él.

-Por supuesto, noble Chiba. – le siguió ella, tomando la mano que él le ofrecía.

-Se me olvido decirle, señorita, que se ve excepcionalmente despampanante,-se sinceró. – tengo un poco de miedo, pues, que me la quiten a usted, dama, en la noche.

-Tonto. – rió ella, finalizando la charda. - ¿Vamos? Las chicas me esperan. – dijo cerrando su túnica.

Caminaron un rato, deteniéndose para hablar con conocidos y profesores que tanto Darien como Ikkuko conocían. Cerca de una organizada tarima, se encontraba un conjunto de sillas, donde a lo último de todo, se veían a los hermanos Kou, a Mina, Lita y Amy vestidos de la misma manera que ella, las túnicas y los birretes. A sus lados, Rei estaba con Nicholas, Richard, Andrew y las Outers.

Obviamente, quien les llamó la atención fue Mina, agitando su brazo con desmesura.

Los cuatro recién llegados saludaron a cada uno de ellos, expectantes.

-¿Cómo te sientes, princesa? – le preguntó Setsuna.

-Siendo sincera, extraña, mucho más extraña que cuando viajamos a Tokio de Cristal. – rió con nerviosismo. – ah, y muy nerviosa. – eso hizo reír a todos. - ¿Me lo pones? – le preguntó a su novio, tendiéndole el collar que había agarrado al salir. Su cadena era plateada, haciendo juego con el dijo, en forma de luna creciente, como su marca de princesa lunar, y, dentro de ella, habían nueve colores: Azul, rojo, verde, amarillo, violeta, marrón, negro, aguamarina y dorado.

-¿Porqué esos colores? – preguntó Taiki, tan curioso como siempre.

-Cada uno, representa el color de cada planeta, contando con el diez, que es el color plata. – dijo Darien, ya que se lo había regalado él mismo.

- ¿Y qué es el dorado? – se confundió Seiya, rascando su cabeza.

-el dorado representa a mi cristal, que significa que soy le heredero al trono del planeta Tierra. – dijo para los que estaban ahí. – entre estos diez planetas, este, es el único que consiguió tener vida. – eso entristeció a cada princesa.

-Ya va a comenzar. –susurró Rei, viendo al escenario. Y, con un poco de apuro, todos se acomodaron en sus lugares, mirando al Director de la preparatoria, quien carraspeó.

-Bien, damos comienzo a este acto conmemorativo para los presentes alumnos de último año de la Preparatoria Juuban. – y, caso en un pestañeo, todos aplaudieron. Después de eso, dio paso a un largo y emotivo discurso, seguido de un video de cada salón. Lo que causó risa, en el último video, fue cuando se podía ver a un Seiya Kou, con una rama (desconociendo como la consiguió) tratando de despertar a una Serena dormida, y con ojeras, de hace cuatro meses atrás.

-¡Eso no se vale! – gritó Serena, causando más risas. - ¡Que conste que no me desperté y no le di con mi carpeta de dibujos! – eso logró aumentar las risas.

-¡Y creo que eso duele! – Gritó –Rei, después de ella. - ¡Pregúntaselo a tu novio!

-¡Ya cállate, Rei! – a estas alturas, la gente casi estaba sin aire. Y, con alivio, el público pudo ver la escena final: todo el curso de Serena, con los Kou en una punta haciendo payasadas, y en la otra, Lita levantando a Serena (esta con una tosca corona de papel en la cabeza), con ayuda de Mina y Amy, que consiguió una ovación de aplausos en todo el patio de la escuela.

-Bien, este último video fue interesante. – comento un divertido Director. – Llegó la hora, mis estimados amigos. – eso hizo callar a todos, y poniéndolos nerviosos. Nombró tres cursos diferentes, y, uno a uno, iban pasando a buscar su diploma, y su medalla. –Y llegamos, al curso más interesante del año, y de la noche. – haciendo reír a todos. – empecemos: Aino, Minako. – llamó él.

La nombrada, dando saltitos nerviosos, subió hacia el escenario, mientras le daban el diploma y le colocaban la medalla, al mismo tiempo que nombraba quienes entregaban la medalla y el diploma. Después de eso, hizo una "V" con los dedos hacia el público y volvió a su lugar.

El director siguió nombrando, los que restaba de la A, seguía con B, C, D, E, F, G, H, I, J, K…

-Kino, Lita Makoto. – la chica del planeta Júpiter, subió con tranquilidad, mientras que se repetía la acción con el director y a entrega. Seguidos de ella, los hermanos en orden alfabético: primero Taiki, después Seiya y, por último Yaten. Estos últimos, haciendo un bailecito, que hizo reír a todos.

-Mizuno, Amy - con una sonrisa por parte de todos los profesores, el director y sus amigos, se dirigió hacia la entrega, por la señorita Mónica y su madre.

Diez minutos después, llegó el momento de Serena, con el cambio de nombre incluido. A estas alturas, todos en Juuban, sabían el cambio de apellido, pero todos suponían que su nombre era un diminutivo del original. La separación de Ikkuko del Tsukino mayor, se la sabía todo el mundo.

-Potter, Serenity Lilian. – sonriendo, la rubia caminó temblando hacia arriba, sonriéndole a la señorita Mónica cuando le dio el diploma y la abrazó, y apretando los labios cuando Darien le colocó la medalla con una cinta blanca en su cuello, de premio, el chico se ganó un beso de Serena, haciendo que el patio entero chifle con entusiasmo, provocando un leve sonrojo en la joven pareja.

Darien y Serena volvieron a posicionares en sus lugares, mientras los últimos nombres sonaban por los parlantes. Serena notó que su madre le había sacado fotos: tres cuando caminaba, tres cuando recibió el diploma y cuatro cuando Darien le dio la medalla.

En el último momento, el director retomó un pequeño discurso.

-Ahora, - suspiró mirando a sus recién ex alumnos. – es hora de que decidan por sí mismos, hijos. Le deseo, en el nombre de todo el cuerpo docente, que sus deseos se logren y vivan con felicidad. De ahora en adelante, son casi dueños de sus vidas, algunos seguirán una carrera, mientras otros se dedicarán a trabajar o a hacer pequeños cursos. Y, no se olviden, cuando cometan un error, con toda dignidad, espero que se levanten y sigan su camino como si no hubiese pasado algo, con, gracias a eso, solo enseñanza en el camino de la vida. ¡Hasta siempre, graduados! – exclamó, generando un griterío en la parte de los recién graduados.

Los alumnos, la mayoría, saltaron, mientras tiraban sus birretes, mientras que las Inners del día, se buscaban y se abrazaban como nunca, riendo de felicidad. A los segundos, Rei se les sumó, ayudando a Lita a subir a sus hombros a Serena, para bochorno de ésta. La rubia, desde esa posición, podía ver a su novio, sonriéndole, a su madre, llorando a lágrima viva, a Sammy, saludándola con un brazo, y a las Outers, aplaudiéndola.

Ahora, lo único que le interesaba, era acabar con la tiranía de Galaxia, para después, ir a Inglaterra, en busca de su hermano.

Ignorante a todo, lo que ella no se esperaba, era algo totalmente Inesperado.