¡Hola, hola! Perdón por la tardanza, ya que si no os habéis fijado he estado entretenida con varios fics que me llegaron a mi imaginación y para que no se me olvidaran pues los escribí o3o, pero no pienso dejar este fic sin acabar, lo prometo ^^. Y también espero review, ya que me encanta leer vuestra opinión sobre la historia, me da más ánimos a escribir, en serio x33.

Ante todo, los personajes de One Piece pertenecen a Eichiro Oda.

Aclaraciones:

Las palabras en cursiva serán pensamientos que aclarare en la historia o se podrá saber por el diálogo.


Desperté en mi cama improvisada de la habitación que compartía con Nami y con Robin, pero no tenía ganas de levantarme. Aún recordaba la conversación que tuve con Luffy, desanimándome. Pero a mi mente llegó también la conversación con Zoro, haciéndome sonreír. Ya tenía una decisión y no pensaba echarme atrás: haría el entrenamiento como estaba pensado, sí, pero después de todo ello volvería junto a ellos. Aunque me daba lástima perderme las numerosas aventuras que me iría a perder, pero era mi deber, mi responsabilidad, no permitiré que nadie atacara este mundo.

Natsumi se levantó de la cama, dándose cuenta del silencio que había en ese momento. Aunque no estaban ni Nami ni Robin en sus camas, le extrañaba que no hubiera oído a su capitán gritando y riendo como todos los días, aunque claro, ese no era un día cualquiera. Seguramente Luffy estaría desanimado, porque existía la posibilidad de perder por primera vez a un nakama.

Se vistió rápidamente, colocándose sus armas, y salió de la habitación, descubriendo que ese día era sombrío, sin nada de luz. Nada, no había nadie en la cubierta. A lo que fue a buscarles a la cocina, encontrándose con el cocinero que estaba lavando los platos.

-¡Hola Natsu-chwan! ¿Cómo has dormido?- preguntaba el sonriente cocinero dejando su labor para acercarse a ella, aunque se le podía notar un ligero tono de tristeza en él.

-Bien, bien. ¿Y tú? Se te ve triste- decía la chica mirando las diminutas ojeras del cocinero, que intentaba no mostrar.

-¿Qué? ¿Yo? Pues no muy bien, que digamos- decía el cocinero, sacando su lado triste, ya que se había pasado toda la noche sin dormir al saber que podría no volver a ver a Natsumi.

La chica lo miró preocupada, sabiendo que era por culpa de la discusión de ayer con Luffy, decidiendo cambiar de tema.

-Por cierto, ¿dónde están todos?- Preguntó la chica, mirando hacia la cubierta desierta.

-Fueron a inspeccionar la isla, ya que Robin-chan quería conocer más de su historia. Además que Luffy decía de buscar aventuras- explicó el cocinero que se junto con ella para ver la solitaria cubierta. -Por cierto, sobre ayer, ¿qué has pensado?

La chica no respondió inmediatamente ante la pregunta, sin parar de mirar el barco que había sido su hogar durante muy poco tiempo. Se giró a Sanji, que la miraba serio en busca de la respuesta de su pregunta.

-He pensado en quedarme- dijo ella atenta a la expresión de tristeza que había puesto el cocinero, para luego proseguir. -Y luego, después de terminar, os seguiré. El mar es grande, podré dar con vosotros seguramente- terminó sonriente la chica, mirando el mar.

Sanji, después de la sorpresa que le había dado al principio, sonrió por la decisión. Aunque no estaba de acuerdo con dejarla allí, era su decisión, no podría retenerla aunque quisiera. Pero podría volver a verla. -Y seguramente más hermosa de lo que es- pensó mirándola de reojo cómo su larga melena castaña bailaba con el viento y sus ojos pardos, con toques rojizos miraban el mar fascinados. Sanji se quedó petrificado ante esa imagen y pensó en terminar el casi beso de la cocina de la otra vez. Pero no debía, ella creía que amaba a Nami, aunque de cierta forma era cierto. Además aquel día, estaba alterada, sólo se dejó llevar. No conocía los verdaderos sentimientos que tenía ella hacia él.

Suspiró agotado de sus pensamientos, soltando también el humo de la nicotina. Dejando de mirar a Natsumi, para mirar el mar.

Ambos no dijeron nada, hasta que al fin llegaron todos, aunque no iban como normalmente lo hacían: escandalosamente. Sino tristes y sombríos, se les notaban a todos la tristeza en los ojos, sobretodo en Luffy que no había levantado la vista del suelo, cubriendo su rostro con su sombrero.

Todos llegaron junto con Sanji y Natsumi, buscando repuestas de la decisión de la última. Entonces fue cuando Luffy levantó la mirada, enseñando un rostro triste y serio. Se situó delante de Natsumi, mirándola fijamente. Nastumi en ese momento se dio cuenta, que Luffy si quería podía ser intimidatorio.

-Y bien, ¿qué has decidido?- Pregunto serio el capitán.

Natsumi en un acto reflejo miró al espadachín que se encontraba detrás del capitán, como buen primer oficial, y le sonrió. Zoro supo, entonces la respuesta de su nakama, sonriendo con ella.

-Me quedaré a entrenar- dijo la chica decidida. Luffy volvió a bajar la mirada y se disponía a irse cuando Natsumi volvió a hablar, -pero, cuando termine, pienso buscaros hasta dar con vosotros, eso no lo dudéis- terminó la chica, viendo como su capitán volvía la vista a ella con brillo esperanzador en ellos y sonrió corriendo hacia ella para abrazarla.

-¡Síii! ¡Sabía que no nos dejarías!- Gritaba eufórico el muchacho levantado a la chica, sin dejar de abrazarla, y estrujándola. Toda la tripulación también sonrió y gritó de alegría, y el pequeño Chopper lloró de alegría diciendo: "sabía que no nos abandonaría".

Toda felicidad era observada, desde abajo del barco de los Sombrero de Paja, por ciertas personas que habían ido a saber también su repuesta.

-Así que es ella la nueva Pájaro Enjaulado, Gorski-sama- decía un muchacho de cabellos azabaches y ojos rojos como el fuego.

-Sí, es ella, se le parece mucho, ¿verdad?- Decía la mujer viendo divertida la escena de aquella tripulación.

-Todas las Pájaro Enjaulados se parecen, ella no es la excepción- contestaba burlón el muchacho, sin dejar de mirar a la chica, que forcejeaba para que su capitán la soltara.

-Sabes, ahora que veo a esta tripulación, no me extraña que el Pájaro Enjaulado no quiera dejarlo, son graciosos y dan mucha vitalidad- contaba pensativa la mujer viendo cómo el Sol hacía acto de presencia en la mañana.

El muchacho se le quedó mirando con miedo y gracia a la vez, conocía muy bien a aquella mujer y sabía que muchas veces podía ser benévola, y más si se trataba del Pájaro Enjaulado.

-¿En qué está pensado, Gorski-sama?

La mujer solo sonrió, mientras caminaba hacia el barco, siendo seguida por el azabache.

Toda la tripulación seguía celebrando el "no" abandono de la chica, sin darse cuenta de que dos personas habían subido al barco.

-Buenos días a la tripulación- dijo animadamente la señora Gorski, haciendo que toda la tripulación se pusiera en alerta ante los nuevos invitados.

-¡Gorski-sama!- gritó sorprendida Natsumi, al acordarse de que a ella también le tenía que dar una respuesta. -¿Qué hace aquí? Creía que tenía que ir yo al templo a darle mi decisión.

Toda la tripulación se relajó al saber que ella era la entrenadora de Natsumi y la ancestral del Fénix, aunque muchos otros no dejaron de estar alerta.

-Tranquila ya la oímos- sonrió la mujer ante el despiste de la chica.

Natsumi se dio cuenta de la presencia del muchacho, que ella supiera no estaba cuando se encontró con Gorski la última vez. Gorski se dio cuenta que muchos miraban atentamente al muchacho, sobretodo Natsumi, que intentaba hacer memoria de si lo había visto.

-¡Ah! Él es Vicent, tu guardián- le explicó la mujer a la chica y a toda la tripulación.

Tanto el peliverde como el rubio de la tripulación lo miraron mal, sabiendo que él tendría que estar con ella durante su entrenamiento por ser su "guardián", irritándolos a ambos. El chico azabache se percató de las dos miradas asesinas y sonrió sin saber qué hacer y con un gota en su cabeza.

-Así que has aceptado.

-Sí- asintió decidida la chica, no volvería a intimidarse por aquella mujer.

-Bueno, he estado pensado en el tiempo estimado de tu entrenamiento- comentó la mujer, siendo escuchada por la atenta mirada de toda la tripulación, esperanzados. -Que siguen siendo dos años- comentó la mujer al ver a todos si cambiaba la fecha y suspiraban en claro desacuerdo, para luego continuar. -Pero...- comentó la mujer alargando el "pero" ante la mirada de la tripulación

-¿Pero...?- Incitaba la tripulación al unísono, con miradas brillantes sobre la mujer.

-He decidido rebajar, por ahora, el entrenamiento- terminó sonriente la mujer, viendo cómo todos gritaban de alegría y se abrazaban eufóricos ante la mirada enfadada de la mujer. -¡Oye! ¡Qué no he terminado!- Gritó al final, haciendo que todos se sentarán de forma de indio y la escuchaban serios. -Veréis: al parecer esta isla forma parte de un curioso archipiélago, que está conectado por corrientes de agua, que os llevarán a todas y cada una de las islas del archipiélago, para que, cuando hayáis salido de la última, os llevará de nuevo a esta isla.

-Entiendo, ¿y cuántas islas son?- Preguntó Nami interesada en las corrientes de agua.

-Contando ésta: doce. Y os aseguró que tardaréis en terminar el archipiélago, cada una de las islas esconde misterios y aventuras- decía la mujer divertida, de cómo el capitán tenía sus ojos de estrellitas al oír "aventura" al final de la frase.

-Entonces, ¡está decidido! ¡Iremos a la aventura y luego volveremos a por Natsumi!- Gritó eufórico el capitán saltando, seguido de la tripulación.

-Por cierto, ¿de cuánto tiempo hablamos?- Preguntó Nami a Gorski.

-Pues como de dos o tres meses, según cuánto tardéis en terminar la aventura.

-A mi me vale- sonreía Natsumi, mientras abrazaba a Chopper y se acercaba a las dos mujeres.

-Sí, pero será difícil hacer que dos años se conviertan en dos meses, así que yo que tu espabilaría. No me gustaría ver cómo le voy a decir a tu capitán que moriste en medio de tu entrenamiento.

-No me dejare intimidar, daré mi mejor esfuerzo- dijo la chica manteniendo la mirada a la mujer, mientras todos la miraban con una sonrisa.

La mujer sonrió al ver la mirada decidida de la chica, dejando el barco y diciendo que mañana mismo empezarían y que sería mejor que ellos se fueran, si no querían que la corriente se cortara por causas climáticas. Así que estaba decidido, a la mañana siguiente se separarían de la chica durante dos o tres meses.

Pero claro, en aquella tripulación no faltaba una fiesta de despedida que le darían a la chica y suerte en su entrenamiento.

Al final de la fiesta, todos acabaron durmiendo en cubierta, excepto las chicas y el cocinero que se quedó a recoger el estropicio de sus nakamas, pero con una sonrisa y un cigarro en los labios.

-¿Sanji?

El rubio saltó asustado al percatarse de que se había ensimismado con sus pensamientos sin darse cuenta de la presencia de Natsumi.

-Ahh- suspiró después de verla. -Me asustaste Natsu-chan, creía que ya te habías ido a dormir junto con Nami-san y Robin-chan, ¿qué haces levantada?- explicaba el chico, volviendo a su tarea de recoger los platos. Al darse cuenta que una finas manos también se disponían a ayudarlo.

-No podía dormir, supongo que nervios de mañana- explicaba mientras recogía algunos vasos y platos.

-¿Te da miedo el entrenamiento?- Preguntaba el chico, con su tarea y mirándola de reojo.

-Un poco- admitía la chica un poco sonrojada.

El sonrió al ver que seguía siendo la chica que habían encontrado en aquella isla. Aunque ahora llevara armas, seguía siendo la misma.

-No deberías tener miedo, seguramente te haces muy fuerte. Se te ve en los ojos que puedes hacer cualquier cosa que te propongas- dijo el chico, mientras se iba a la cocina a dejar la carga de platos y vasos en el fregadero, siendo seguido por la chica, que hizo lo mismo que él. -Gracias por ayudarme, me has ahorrado trabajo- le sonrió a la chica que se había quedado enfrente del fregadero pensativa. Después del último comentario, ella se giró y le sonrió tímidamente.

-¿De verdad crees que me haré fuerte? Siempre he pensado que era demasiado débil- dijo la chica volviendo la vista al fregadero.

-No lo creo, lo sé- dijo viendo como ella volteaba a verle con lágrimas en los ojos, como si fuera una niña pequeña.

Él no lo pudo evitar y se acercó a ella para abrazarla, dejando que se desahogara por toda la responsabilidad que se le había adquirido sin desearlo si quiera.

-Tengo miedo, Sanji. Tengo miedo de no ser lo suficiente fuerte de aguantar el entrenamiento, de no poder proteger a el mundo ni a vosotros. Tengo miedo de fallaros- le contaba sollozando la chica derramando lágrimas, mientras Sanji la escuchaba y le acariciaba el pelo para calmarla.

Ahora que lo pensaba, a Sanji le sonaba mucho esa situación.

-¡Ah! ¡Ya recuerdo! Fue cuando casi la beso, si no hubiera sido por el marimô- pensaba el rubio, mientras oía como seguía llorando la muchacha en su pecho.

La chica se separó de su pecho de nuevo, como aquella vez, y se le volvió a quedar mirando. Ambos mirándose como entonces y acercándose poco a poco, hasta sentir el aliento de ambos. Pero en el recorrido, ella paró, haciendo que el cocinero se le quedará mirando interrogante. Ella se separó de nuevo de él, bajando la mirada y disculpándose con ésta, mientras se disponía a huir de aquella sala.

-Y-yo... lo si-siento- susurró para después encaminarse hacia la puerta.

Sin embargo, Sanji la paró cogiéndola de una muñeca, haciendo que se girara de nuevo a él y siendo otra vez abrazada. Pero ella bajo la mirada triste, mirando su tan bien puesta corbata incapaz de verlo a los ojos.

-Tú amas a Nami. Yo no quiero interferir- le dijo la chica, al mismo tiempo que se soltaba del abrazo y del agarre del muchacho. Para luego mirarlo a los ojos de forma penetrante, pero aún con lágrimas en los ojos- O ¿no?- Preguntó curiosa ella, con un ligero brillo en ellos. Sanji, por otra parte, no sabía que decir: sí, amaba a Nami, pero con Natsumi era todo tan diferente. No sabía qué sentía por ambas chicas: ¿atracción, deseo, fraternidad... amor?

-Y-yo...- el chico no sabía qué decir, estaba confuso. Sin embargo, la chica se dio cuenta que no contestaba para herirla: eso ya lo había vivido antes.

-Sanji, escucha- dijo tranquila, al ver que el cocinero le volvía la mirada al oírla en ese tono. -Tú la amas y no me importa, es más me alegro- decía sonriendo. -No me lo creo ni yo- pensó a la vez que proseguía, -hacéis una bonita pareja- seguía ella ante la atenta mirada de Sanji. -Ojala algún día se enamore de ti, será hermoso veros juntos, seguro- seguía sonriendo, -miéntete más, que no ves que no te estás haciendo el suficiente daño- seguía pensado sarcástica.

Sanji la miró curioso, aunque en su interior se sentía alagado por el hecho de que le dijeran todo ello. En el interior, sentía que esa mujer se estaba haciendo daño a sí misma al decir todo eso. Pero preferiría dejarlo pasar. Antes de que abriera la boca para hablar, ella lo cortó:

-Bueno, será mejor que me vaya a dormir. Mañana va a ser agotador- decía a la vez que se desaparecía por la puerta, ante la mirada del cocinero, que sin darse cuenta se había fumado ya el cigarro. Lo tiró al fregadero y se disponía a saciarse con otro.

-¿No te dije en su momento que la dejaras en paz?- Conocía esa voz perfectamente.

-Para empezar, no me dijiste nada de dejarla en paz- dijo el cocinero, mientras encendía otro cigarro, al espadachín que había estado contemplando otra vez aquella escena, que si no la hubiera parado Natsumi, hubiera parado él mismo.

-Pues te lo digo ahora: déjala en paz- contesto amenazante el peliverde mientras llevaba una mano a sus katanas.

-No me da la gana- sonrió burlón el cocinero al espadachín, que por momentos se enfurecía.

-Si sigues jugando con ella le harás daño- dijo el espadachín, intentando calmarse, ya que solo quería hablar con él, -y mucho- concluyó en un susurro, mientras salía de la cocina en dirección al puesto de vigía para seguir con su guardia.

El cocinero miró curioso cómo se iba de la cocina. Esa forma de hablar y preocuparse de alguien no era muy normal en el espadachín, ya que todas las mujeres con las que había estado, en ninguna ocasión las había defendido. A lo mejor la defendía porque era su nakama. Pero eso tampoco tenía sentido, el ejemplo claro era Robin y Nami, a las que cortejaba desde siempre y sólo se había metido con el por ello, porque le parecía estúpido.

De repente, se dio cuenta de un detalle.

-No, no me digas que el marimô... ¿siente algo por ella?- Se preguntó el cocinero con cierto temor y sorprendido ante tal hecho de que el peliverde, en verdad, tuviera sentimientos.

Mientras en el cuarto de las chicas, Natsumi no dejaba de llorar en silencio:

-¿Por qué? ¿Por qué me tenía que enamorar de Sanji? Con lo mujeriego que es. Además de eso: ama a Nami. ¿Cuántas veces tendré que recordármelo?- se preguntaba la chica, mirando cómo dormía su compañera pelirroja.- Aunque no estoy enfadada con ella, es mi amiga. Y si en un futuro le llega a gustar Sanji, le apoyaré. Además serán felices entonces y eso no lo voy a discutir nunca. Solo espero que Sanji sea feliz. Además, seguramente me llegue a enamorar de otra persona- se decía para consolarse. -Como... Zoro, sí, él es muy bueno conmigo y me ayuda. Como el consejo de ayer, en verdad me ayudó mucho- ella seguía pensando en las diferentes razones por las que podría enamorarse de Zoro y la verdad, es que era muchas. Y con el pensamiento de Zoro en la mente, se quedó dormida.

...

A la mañana siguiente toda la tripulación estaba levantada para despedir a su nakama abrazándola, y uno por uno, haciéndolo más dramático, algunos incluso lloraban. Empezando por el reno:

-Venga Chopper, no llores, solo serán dos meses- le consolaba la chica al pequeño reno que lloraba mientras lo abrazaba.

-Ten cuidado y no te hagas daño y, sobretodo, no te esfuerces- lloraba el reno aún, hasta que, obligado por el tirador, se soltó de ella. El siguiente era el tirador:

-¡Ja! Yo no necesito abrazos, el gran Usopp no necesita nada- gritaba a los cuatro vientos, al ver que la chica lo iba a abrazar, así que solo se dieron la mano. La siguiente, Nami:

-Ten cuidado, eso sí espero que seas muy fuerte, ya sabes que los entrenamientos son duros- le dijo la pelirroja mientras la abrazaba y lloraba un poco. Sin embargo, Natsumi sintió un tirón de la pierna al separarse de la chica, dándose cuenta de que el tirador la sujetaba por la pierna si parar de llorar.

-¡Ten cuidado!- Gritaba el moreno mientras lloraba escandalosamente agarrado a la pierna de la chica, hasta que Nami le asestó un golpe. La siguiente Robin:

-Espero que te conviertas en una digna Pájaro Enjaula- le decía sonriente, mientras la abrazaba.

-Eso espero- le dijo al separarse. Ahora venía lo más difícil, Sanji:

-Bueno, solo espero que te conviertas en alguien muy fuerte, aunque ya lo eres- le sonrió Sanji, tendiéndole la mano a la chica, que ella aceptó desilusionada, pensando que haría un drama de todo ello el cocinero. Pero al separarse e ir a despedirse del siguiente. Sanji la sujetó de la muñeca y la giró hacia él para abrazarle fuertemente, siendo vistos por el espadachín que gruño al tan inesperado acto. -Ten mucho cuidado y sobretodo come bien- dijo riendo el cocinero, mientras a apretaba más hacia él. Después de un rato, se separaron. El siguiente, Zoro:

-En fin, nos vemos- soltó simplemente el peliverde mirando hacia otro lado y haciendo un amago con la mano.

Natsumi no se quedó conforme, con todo lo que le había ayudado Zoro, no le gustaba esa despedida y se abalanzó hasta él para abrazarlo fuertemente. Siendo impresionados, tanto como Sanji y la tripulación como el mismo Zoro. Que tímidamente acepto el abrazo estrechándola contra él.

-Me debes el combate que me dijiste- sonrió ella sin soltarlo, se sentía bien al lado del cálido espadachín.

-Cuando quieras, estoy disponible- sonrió él también, estrechándola más contra él, hasta que se separaron con una sonrisa en los labios ambos. Y por último, pero no por ello, menos importante, su capitán, Luffy:

Luffy solo la miró sonriendo, para luego abalanzarse contra ella y estrecharla todavía más de lo que lo habían hecho sus nakamas. La echaría de menos.

-Cuando volvamos, quiero ver a una nakama renovada y dispuesta vivir aventuras- sonrió el risueño capitán, mientras seguía abrazándola.

-Por supuesto, capitán- coincidió con él la chica.

-Shi shi shi- reía el joven capitán al separarse de ella.

Ya todos estaban subidos en el Merry y se disponían a vivir aventuras, para luego regresar, de eso no cabía duda. Natsumi miraba como todos la despedían con la mano, haciendo ella lo mismo. En verdad, esa tripulación era su familia. Hasta que ya no se vio el Merry, que fue arrastrado por una lejana corriente, desapareciendo de su campo de visión. Sin querer Natsumi derramó varias lágrimas, siendo vista por Vicent y Gorski, que habían estado esperando a que se fueran para empezar el entrenamiento que le habían prometido.

De un momento a otro, Natsumi se limpió las lágrimas, eufórica y dirigió su vista a sus entrenadores con una enorme sonrisa en su rostro.

-¡Que empiece el entrenamiento!- Sonrió con ojos decididos ante las sonrisas orgullosas de las personas que tenía en frente y de las personas que acababa dejar ir.


Bueno hasta aquí el capítulo de hoy ^^. Espero que os haya gustado y sobretodo espero reviews, ya que casi no tengo reviews y me hace estar triste DD:, así que porfaa.. Escribir reviews, me dan de comer o3o ~

En el próximo capitulo, empezare a escribir después de esos meses, que si no se me hace eterna esta historia xDD.

¡Adiós! (Y en serio, me gustaría mucho que me dejarais reviews o3o ~)