Dis: "Todo Twilight pertenece a SM. La historia es producto mío".
Capítulo VII
[Narra Athenodora]
Fuimos a un restaurante que a Cayo le gustaba, pedimos la comida y mientras la preparaban nos tomamos una coca cola. A la hora de pagar, pagó Cayo, no me dejó ni sacar el monedero. Cogimos la comida, preparada ya en las bolsas, y fuimos a mi casa.
Pusimos la comida en los platos y la llevamos a la mesita del salón que está entre la tele y el sofá.
—¿Qué peli? —le pregunté.
—¿Te parece bien: la vida es bella?
—Sí.
La metí en el DVD y me senté al lado de Cayo.
—¿Por qué has elegido esa?
—La vi con mis padres cuando tenía cinco años y me marcó mucho. Me gustó la forma del padre de explicar y hacer creer a su hijo que era un juego en el que tienen que participar y cumplir una serie de reglas para no ser descalificados en aquel sitio, no un campo de concentración nazi y lo que les podía pasar.
Me sonrió con dulzura y me besó.
Vimos la película mientras nos comíamos la comida que habíamos comprado. Inconscientemente me llegó a la mente el detalle de que Cayo había comido poco al igual que las otras veces que habíamos comido juntos, deseché rápido este pensamiento pues ahora yo tampoco había comido mucho.
—¿Qué hiciste ayer por la tarde?
Me miró sin decirme nada.
—¿Trabajo familiar? —aventuré.
—Sí —contestó incomodo.
Este tema no le gustaba.
—¿Y tú?
—Ordenar unos papeles para el hospital, estudiar un embarazo complicado, clasificar una carpeta, ducharme, cenar, ver muy poquito la tele, dormir y por supuesto echarte mucho de menos.
Una sonrisa alumbró su rostro.
—¿Tú no me has echado de menos? —pregunté con un puchero en los labios.
—Mucho —me contestó antes de juntar nuestros labios.
El beso comenzó con dulzura pero se fue intensificando. Su lengua quiso abrirse paso a mi boca y lo consiguió. Cayo me tomó de la cintura y me pegó más a él. Para poderle besar mejor: me senté encima de él y puse mis manos en su nuca. Su brazo se enroscó en mi cintura y la otra mano la posó en mí nuca. Mis manos se enredaron en su pelo rubio mientras jugaban con él. Su boca se deslizó hasta mi cuello besándolo frenéticamente pero algo, de repente, lo hizo parar y separarse de mí. Sus ojos estaban oscuros.
—Lo siento —se disculpó cuando me sentó, de nuevo, en el sofá.
—¿Por qué? ¿Qué pasa?
—Creo que me tengo que ir.
Se levantó del sofá.
—Cayo, ¿qué pasa? No hace falta que te vayas.
Este ya estaba al lado de la puerta.
—No te vayas, por favor —supliqué.
Me miró seriamente, tanto, que hasta mi última célula se estremeció. No me dijo nada solamente me miraba sin ninguna expresión en sus ojos. No quería decir nada, no quería que se fuera, no quería perderlo, no lo soportaría. Tomé su mano y tiré de él hasta el sofá. Nos sentamos e hice que pasara su brazo por mis hombros para poder acurrucarme en su pecho.
—Te quiero —le susurré antes de cerrar los ojos y quedarme dormida en su pecho.
Siento el retraso pero con el instituto no he tenido mucho tiempo.
Gracias por dejarme los reviews.
Besos. =)
