VII. Castidad

23 de junio de 2016

«La Escuela de Magia y Hechicería de Hogwarts le complace invitarles al baile de fin de curso que se celebrará con motivo de la jubilación de la Directora Madam Minerva McGonagall.

Podrán asistir tanto padres y familiares como antiguos alumnos del colegio al evento.

Será el próximo 27 de junio de 2016a las 18:30 en el Gran Comedor.

¡No falten!»

—No me puedo creer que la profesora McGonagall se vaya a jubilar—comentó Jazmine tras leer el cartel promocional del baile en el tablón de anuncios del colegio.

—Es normal—inquirió Teddy echándole una mirada a la foto de la directora que había en el cartel—. Lleva demasiados años dedicándose a este colegio; ya iba siendo hora de que explore nuevos rumbos.

—Sí, esperemos que todo le vaya bien en esta nueva etapa.

—Eso lo esperamos todos, Jaz.

—Por cierto—comenzó a decir Jazmine, cambiando de tema—, ¿tienes ya traje para el baile? Aún no has mencionado nada al respecto.

—Sí, bueno—contestó el joven, algo avergonzado—, la abuela me mandó el traje del abuelo Ted. Aún no lo he abierto.

—¿Cómo que no? Pues tendrás que hacerlo algún día, si quieres ir bien arreglado al baile.

—Tranquila, no tengo intención de ir.

—¡¿Cómo que no?!—exclamó la joven morena, sorprendida— Debes ir.

—Sabes que no me gustan los bailes, Jaz. Ni siquiera sé bailar.

—Pero es la despedida de la profesora McGonagall, no deberías perdértelo.

—Ya me despediré de ella como debe ser.

—Van a venir nuestros padres, ¿no te hace ilusión eso?

Teddy miró de soslayo a su amiga. Parecía mentira que ella le dijera eso a él.

—Familiares. Seguro que alguno vendrá.

—Mi abuela no podrá venir y, por lo que tengo entendido, mi padrino tampoco.

—Bueno, pero iré yo. ¿No te vale?

Teddy puso los ojos en blanco, exasperado.

—Está bien, me lo pensaré. Pero no prometo nada.

La chica saltó de alegría y, de la emoción, le dio un sonoro beso en la mejilla.

—No te arrepentirás.

—He dicho que no prometo nada.

—¡Teddy!—dijo alguien detrás del chico.

—Victoire—contestó no muy ilusionado el aludido.

—Este fin de semana es el baile de despedida para la profesora McGonagall.

—Vaya, no lo había visto en los cincuenta carteles que hay repartidos por todo el colegio, pero gracias por el aviso.

—Ya, sé que lo debes saber, pero a lo que quería llegar es que este fin de semana vienen mis padres y quieren que toda la familia esté reunida y...

—¿Y? Yo no soy de la familia, ¿recuerdas?

—¿Vas a estar restregándome eso toda la vida?—preguntó cruzándose de brazos.

—No, pero es divertido hacerlo, no lo pienso negar—contestó con una amplia sonrisa.

—Bueno, chicos—inquirió Jazmine algo incómoda—. Veo que tenéis cosas de las que hablar, así que me voy a terminar unos asuntos. Nos vemos luego, Teddy.

—También irán mis tíos—continuó la joven Weasley haciendo caso omiso a la amiga de Ted—. Casi todos.

—Mi abuela y mi padrino no irán. No creo que vaya al baile.

—Hazlo al menos por mi hermana. A ella le gustaría mucho que fueses.

—¿Pero por qué tanta insistencia en que vaya? Si tu hermana me quiere allí, que sea ella quien me lo diga.

—¿Es que tenemos que acabar siempre en discusión cada vez que hablemos o qué?

—Si no fueras tan irritante, tal vez no—contestó dándole la espalda—. No sé cómo lo haces, pero sacas lo peor de mí cada vez que hablamos.

Teddy siguió caminando sin pararse un segundo. Al darse la media vuelta se dio cuenta de que Victoire no iba a su lado y tenía la vista clavada en el suelo. Tras unos segundos, continuó caminando y pasó al lado de Teddy algo brusca.

—Está bien—dijo en un susurro casi inaudible—. Si no deseas ir, no importa—A Teddy le pareció notar que la voz le temblaba al hablar—, ya le diré a mis padres que estás indispuesto.

Salió corriendo en dirección a la Sala Común de su casa. Teddy se quedó mirándola. Sí, siempre conseguía sacarle de sus casillas, pero también hacía que ese comportamiento le hiciese sentir mal. ¿Por qué ese interés ahora en él? Si jamás le había hecho el menor caso, si siempre ha sido para ella un cero a la izquierda, mostrando siempre indiferencia. Ya, desde siempre, nunca se llevaron bien. Pero si había algo en lo que Teddy siempre detestaba, era hacer sentir mal a alguien, cosa que hacía, a su vez, sentirse aún peor. Y si algo se le daba mal a él, era arreglar este tipo de situaciones.


Había llegado el deseado día para todos. Tras darle muchas vueltas a lo sucedido, Teddy al fin tomó una decisión. Aunque no le resultaría nada fácil. Pero que nada fácil.

Aquella mañana bajó a desayunar. Se encontró con Jazmine, quién se la veía bastante contenta. No paraba de hablar de lo emocionada que estaba por ese día. No sólo por el hecho del baile, sino porque era el último día que estarían en el colegio. Iba a ser muy emotivo. Teddy miró a todos lados; no había ni rastro de Victoire. Tal vez no haya bajado a desayunar, pensó el metamorfimago. Se puso algo tenso. Tomó su desayuno con demasiada prisa y se despidió de Jazmine hasta la noche. Necesitaba hablar con ella o no se lo perdonaría en la vida.

Hizo un recorrido por bastantes zonas del castillo. Se encontró con la homenajeada por uno de los pasillos y le prometió ayudarla después de comer con los últimos preparativos para el baile. Teddy pensó que parecía una jovenzuela de quince años más que una octogenaria. Le alegraba ver a la profesora tan radiante en ese día tan especial. Se despidió de ella con un cordial saludo y continuó con la búsqueda.

Paseó por los alrededores de Hogwarts. Nada. Tal vez estuviera en la Sala Común de Gryffindor, ya que era el único lugar donde aún no había mirado. Sólo había un problema: él no pertenecía a esa casa. Pensó en que, tal vez, Jazmine lo pudiera ayudar a encontrarla allí, ya que ella sí que pertenecía a su misma casa. Cuando se disponía a entrar al hall, escuchó la sonora risa que le resultaba tan familiar.

—Victoire—comenzó a decir mientras se acercaba a ella. Estaba sentada en el césped, haciendo lo que a Teddy le parecían unas manualidades, tal vez para la decoración de la fiesta—, ¿podemos hablar?

—Claro—dijo sin apenas mirarle—, a no ser que te acabes irritando.

—No, no es eso. Bueno sí. Bueno...—Meneó un poco la cabeza, rascándose el cuello nervioso—. A lo que me refiero es que lamento lo que te dije el otro día. Estaba, bueno, no llevaba un buen día y...

—Es igual, no importa—contestó indiferente, sin mirarle siquiera. Continuaba con su tarea, cogiendo la varita y dándole "vida" a aquellos muñecos de papel—. Todos tenemos un mal día.

—Supongo—dijo mientras miraba todo el embrollo que tenía ahí montado—. ¿Quieres que te eche una mano?

—Como quieras, pero tampoco hace falta.

Teddy cogió un trozo de papel y sacó su varita.

—Al final iré al baile. Con Jazmine.

—Vaya—dijo mientras metía una de las figuras en la caja que tenía a su lado—, una chica con suerte.

—¿A qué te refieres?

—Bueno, a que de todas las chicas con las que podías haber ido, tenía que ser ella precisamente.

—Hombre, si hay alguien con quien debería ir es con ella.

—Entiendo—instó mientras giraba su varita para crear otra figura—. ¿Y la acompañas por alguna razón especial o porque sí, simplemente?

—Pues porque es mi amiga, no sé por qué ha de ser especial.

—No, lo decía por si había... ya sabes, algún asunto en medio.

—No sé a qué te refieres con "asunto por en medio".

—Pues eso, si entre tú y ella...

—¡Oh, no! Jazmine es sólo una amiga. Yo no pienso en ella de esa manera.

—¿Y piensas de esa manera en alguien?

—Pues no. ¿Debería?

—No tiene por qué. ¿Nunca te has enamorado ni nada parecido?

—Bueno, sí—se quedó en silencio unos instantes—. Cuando era pequeño tuve una especie de enamoramiento con alguien.

—¡Uh!—exclamó mientras sonreía con picardía la joven Weasley—La cosa se pone interesante.

—No, no pienses nada raro. Fue algo así como un amor platónico. Y fue pasajero.

—¿Y quién fue, si puedo saberlo, claro?

—No—se sonrojó el joven Lupin—. No querrás saberlo.

—Si me dices eso me temo que el efecto es más bien al contrario.

—Ya, pero tal vez prefieras vivir en la ignorancia.

—¿Tan malo es?

—No, pero te aseguro que no querrás saberlo.

—¿Por qué? ¿Fue acaso un chico?

—¡No! Claro que no.

—Pues entonces creo que lo podré soportar.

—Mejor que no.

—Como quieras, pero con la intriga me dejas, que lo sepas—cogió varios muñequitos y los metió en la caja—. Aunque tengo la sensación de que la conozco.

—Más que de sobra.

—No me lo pones fácil.

—Fue hace muchos años. Tendía como cuatro o cinco años. Estaba persiguiendo un pájaro por el jardín, pero tuve la mala suerte de tropezarme y caí al suelo. Me hice bastante daño en la rodilla, así que me puse a llorar desconsoladamente—Teddy tomó un poco de aire antes de continuar—. Así que ella salió de la casa, me cogió en brazos y me dio un beso en la nariz—dijo señalándose la zona exacta—. Me cantó una canción y me sonrió antes de dejarme en el suelo de nuevo.

Victoire, que había estado muy atenta con la historia, frunció el ceño y miró a la nada. Se quedó pensativa unos segundos y miró sorprendida a Teddy.

—¿Te enamoraste de mi madre?

—¿Qué?—Aquello sí que no se lo esperaba para nada—¿Cómo lo has sabido?

—Pues porque es mi madre y eso es lo que ella hacía siempre que nos caíamos. Lo hace con todos.

El metamorfomago se puso tan rojo como un tomate.

—Hemos acabado—concluyó la rubia mientras se ponía en pie—. Ya no hay más material, así que será mejor que entregue lo que llevo a su correspondiente lugar.

Teddy también se levantó, pero con tan mala suerte, que tropezó con la caja e hizo que los monigotes comenzaran a corretear como locos por el césped. Teddy se tapó el rostro avergonzado, pero sin pensárselo más, sacó la varita y los señaló uno a uno, dejándolos petrificados en su lugar. Los cogió uno a uno y los metió de nuevo en su lugar.

—Aún quedan un montón—dijo Victoire observando la caja y mirando a todas partes—. Creo que por ahí hay unos cuantos.

Con un ligero movimiento de su varitas, los atrajo hacia ella y los metió en su correspondiente lugar. Se dio cuenta de que uno de los muñequitos se había quedado enganchado en el tronco del árbol que tenían justo detrás. Victoire se inclinó un poco para cogerlo y lo consiguió atrapar. Pero, al darse la media vuelta, chocó contra Teddy y ambos muchachos cayeron uno encima del otro, con sus rostros muy cerca del otro.

Victoire se le quedó mirando unos segundos, sin moverse apenas. Él le respondió la mirada. El color de su pelo comenzó a cambiar varias veces, al igual que el de sus ojos. Ella se percató del detalle y se sonrojó. Pasados unos segundos, Teddy la apartó con cuidado.

—¿Estás bien—le preguntó ayudándola a levantarse.

—Sí, sí—contestó mientras se arreglaba un mechón de pelo que le caía sobre la frente—. Será mejor que me vaya antes de que ocurra otra catástrofe.

—¿Quieres que te ayude?

—¡No!—dijo tajante— Ya... puedo yo sola. Gracias.

Y echó a correr con aquella enorme caja entre las manos. Teddy se quedó observando cómo se marchaba, mientras se preguntaba qué es lo que se le pasaría por la cabeza para irse de aquella manera. Se encogió de hombros y se encaminó hacia el Gran Comedor.


Todo estaba listo para el baile. Cientos de velas revoloteaban por encima de todas las cabezas de los invitados, que iban llegando poco a poco hacia el castillo. Se les veían radiantes y expectantes. Miles de sonrisas se vislumbraban en cada esquina, llenas de ilusión.

Teddy bajó hasta el Gran Comedor, donde esperaría a Jazmine, que no tardaría mucho en bajar. Al llegar, ya se encontraban allí Dominique y Molly. Dominique llevaba un vestido corto de color amarillo con algunos motivos negros en los bordes. Iba su melena suelta en tirabuzones. Molly, por su parte, se había enfundado en un precioso vestido largo gris perla anudado al cuello; se había recogido el pelo en un precioso moño, adornado con unas cuantas perlas a juego con su vestido.

—Chicas, estáis estupendas—dijo Teddy nada más acercarse a ellas.

—¡Teddy!—exclamó Dominique al verlo—Me alegro de que al fin decidieras venir. Vic dijo que no vendrías.

—Lo sé, pero aquí estoy, viendo a las pequeñas Weasley como unas auténticas damas.

Ambas primas se rieron ante el comentario del muchacho.

—Por cierto, Molly, te veo diferente...

—Debe ser porque me he quitado las gafas. Me he echado una poción que hace que pueda ver sin ellas durante unas cuantas horas.

—Avísame si tengo que espantarte los moscardones.

La joven pelirroja se echó a reír. Alzó la vista y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.

—¡Papá!—gritó, echando a correr en dirección a su padre, quien la abrazó nada más encontrarse—¿Dónde está mamá?

—Se ha tenido que quedar en casa cuidando de Lucy—se separó de su hija y la miró de arriba abajo—Estás preciosa, cielo. Ojalá tu madre hubiese podido venir para verte.

—No importa, me conformo con que hayas venido tú. Tú también estás muy elegante.

Justo en ese momento, apareció Bill junto con Fleur, que se reunieron con su hija mediana nada más verla.

—¡Teddy!—exclamó Fleur al ver al muchacho—Nos dijo Victoire que no ibas a podeg asistig al baile.

—Sí, lo sé, pero iba a ser una pena no usar el traje de mi abuelo—contestó jugueteando con la pajarita—. Además, a mi abuela le hace ilusión que me lo ponga. Lástima que no vaya a venir.

—Pues entonces estoy viendo a una mujeg que se paguece mucho a tu abuela—comentó Fleur, señalando a lo lejos.

El muchacho se dio la vuelta y la vio entre los demás invitados. No podía creer lo que veían sus ojos. Todo ese tiempo pensando que no iría y resultaba que finalmente pudo sacarle un hueco para ese momento. Se quedó casi sin palabras.

—Cómo me recuerdas a tu abuelo, cariño—dijo una vez tuvo a su nieto enfrente. Le cogió del mentón y le observó emocionada—. Ojalá estuvieran aquí tu madre y tu abuelo para verte—Contuvo las lágrimas y sonrió. El chico le dio un beso en la frente y la abrazó fuerte. Era casi tan alto como ella y poco le faltaba para alcanzarla en altura—. Por cierto, si pensabas que vine sola...—dijo mientras señalaba con la cabeza hacia atrás, donde se encontraban Harry y Ron justo tras de ella.

—Nos hemos podido escaquear un rato del trabajo—dijo mientras lo estrechaba entre sus brazos.

—Gracias por venir, en serio.

—Es la fiesta de despedida de una de las mejores profesoras de Hogwarts—añadió Ron—, no nos lo perderíamos por nada del mundo.

—No sabes cuánto me congratula que diga usted eso, señor Weasley—dijo la aludida tras él.

—Profesora—contestó nervioso Ron—, ¿cómo se encuentra?

—Estupendamente, con ganas de marcha—dijo meneando ligeramente las caderas—. ¿Cómo está su señora?

—Bien, está con los niños ahora. Pero le manda recuerdos para usted.

—Dáselos también de mi parte.

—Lo haré.

—Señor Potter, me alegro de que también esté usted aquí—dijo girándose hacia Harry—. ¿Su esposa está también con los niños?

—En verdad están todos con la abuela Weasley. Pero sí, está ahora mismo con ellos.

—Una lástima que no hayan podido venir.

La profesora miró hacia el frente. Se disculpó por tener que marcharse y se encaminó hacia las escaleras del Gran Comedor. Una vez arriba, miró a los invitados, que la observaban desde sus puestos.

—Muchas gracias por venir—comenzó a decir—. Llevo demasiados años impartiendo clases en este colegio y he de decir que hoy es la primera vez que los veo a todos, tanto padres como hijos, como cualquier otro alumno que haya pasado por Hogwarts y no puedo más que decir que estoy más que orgullosa de haber sido parte de la historia de este colegio. Pero no quisiera ponerme sentimental, puesto que deseo que esta noche sea especial, no sólo para mí, que empiezo una nueva etapa de mi vida, sino también para vosotros. Así que... ¡Que empiece la fiesta!

Y, acto seguido, bajó los pocos escalones que habían y se dirigió hasta los hermanos Weasley. Miró a Ron y le sonrió.

—Como veo que no va a tener acompañante, ¿sería usted tan amable de bailar conmigo, señor Weasley?

Ron miró a los demás miembros de su familia y le animaron a que aceptara. Realmente se sentía algo incómodo, puesto que le recordaba a cierta situación similar de cuando él cursaba en Hogwarts. Pero, finalmente, aceptó sin más remedio.

—Por supuesto, profesora. Pero le advierto que no soy muy bueno bailando.

—No se preocupe usted por eso.

Andrómeda miró a su nieto, que parecía pensativo. La fiesta había empezado ya y su mejor amiga aún no había llegado. ¿Le habría pasado algo? Lo peor del asunto es que ni siquiera podía esperarla en su Sala Común puesto que no se le tenía permitido entrar. Sólo un toque en un hombro hizo que toda preocupación se esfumara.

—Pensé que no llegarías nunca—exclamó al verla.

—Lo siento, tuve algunos problemas con el vestido.

—Pues te queda estupendamente—dijo mientras le tomaba de una mano y se la besaba delicadamente.

—Gracias. ¿Te hace un baile?

—Sabes que no sé apenas bailar.

—Tranquilo, yo te enseño.

No pudo decir que no. De hecho, nunca solía decirlo. Aquella noche ambos estaban radiantes; sobre todo Jazmine. No parecía la misma. Tenía a todos acostumbrados a que llevara su melena rizada sujeta a con una coleta y ahora la llevaba perfectamente peinada en un semi-recogido, formando una especie de cascada de rizos. Su vestido azul marino hacía resaltar el color verde de sus ojos.

Teddy se tropezaba a cada momento. Jazmine lo ayudaba con los pasos. Él reía, ella sonreía alegremente. Él bromeaba. A ella le encantaba. Estaban teniendo una noche de lo más agradable. Pareciera como si nada ni nadie hubiese más que aquellos dos amigos.

La música cambió a una melodía más lenta. A Teddy le alivió la idea de que nadie más sufriera su torpeza. Jazmine se agarró a su cuello y Teddy, sonrojado, le sujetó de la cintura. Ella apoyó su mejilla en su hombro mientras se dejaba llevar por la música y se acercó un poco más al joven. Se separó un poco de él para mirarlo a los ojos. Le sonrió y se acercó más a él. Él le devolvió la mirada. De alguna manera, se encontraba bastante bien en esa situación. Sin embargo, cuando sus rostros apenas llegaban a unos escasos centímetros, Teddy se echó hacia atrás. Había comprendido algo bastante importante y no quería lastimar a su amiga.

—Lo... lo siento—se disculpó—. No puedo hacerlo.

—Pero... ¿Por qué?

—No quiero hacerte daño—dijo en un susurro y cerró los ojos.

—No te entiendo. Lo estábamos pasando bien. ¿Ocurre algo? ¿He hecho algo que te molestara o...?

—Jaz, eres una chica maravillosa, pero no te quiero como creo que lo haces tú.

—Entiendo.

—Yo no soy el chico que buscas. De veras que lo siento. ¿Estás bien?

—Sí, no te preocupes.

—Espero que algún día puedas perdonarme.

—No seas idiota—se echó a reír—. No tengo nada que perdonarte.

—¿Ves? Si es que no te merezco. Espero que todo vaya bien entre nosotros.

—Tranquilo, está todo bien—contestó con una leve sonrisa. Estaba más que claro que no tenía ánimos para nada.

Teddy la acompañó hasta la escalinata, donde se despidieron hasta el día siguiente. Vio cómo subía las escaleras con cierto sentomiento de culpa. Realmente no quería hacerle más daño. Se había dado cuenta de que él no estaba preparado para dar un paso tan importante en su vida. No hasta que no tuviera bien claro otras prioridades.

Se despidió de su abuela, quien le notó algo distraído, pero no le quiso preguntar. Más tarde lo hizo de su padrino y del resto de los Weasley que asistieron al evento. Su cabeza no paraba de darle vueltas al asunto y a repetirse una y otra vez si había hecho lo correcto o no.


Cuando se hubieron ido todos, se sentó en el último escalón y se quedó mirando fijamente un punto inexacto del suelo.

—Vaya cara llevas—Teddy salió de su ensimismamiento y comprobó que Victoire estaba a su lado sentada—. ¿Va todo bien?

—No.

—¿Ha ocurrido algo?

—Le hago daño a todas las mujeres de mi vida.

—No creo que eso sea cierto. No veo que a tu abuela la hagas sufrir.

—Bueno, ella sufre igualmente por mí, aunque no sea mi intención.

—¿Mal de amores?—dijo cambiándole de tema. A Teddy le sorprendía la capacidad de deducción que tenía la chica.

—Algo así.

—Lo superará.

—Eso espero.

—Teddy—comenzó a decir la muchacha, con una sonrisa—, sé que lo más probable es que no te interese siquiera lo que te vaya a decir, pero no eres mala persona. Lo que no quita que seas perfecto. A donde quiero llegar es que no te sientas mal por haberle dicho que no a esa chica, siéntete bien por haberlo hecho y no dejar que el asunto vaya a peor. Ya llegará tu momento. No tengas prisa.

—¿Desde cuándo te has vuelto tan filosófica?

—Desde que un idiota me llamó irritante.

Ambos jóvenes se echaron a reír. Victoire se puso en pie frente al chico.

—Será mejor que nos vayamos a dormir. Mañana será un gran día.

Teddy asintió, se puso en pie y empezó a subir las escaleras junto a la que, sin saberlo, sería la mujer de su vida. Pero, para eso, aún quedaría demasiado. ¿O no?