Y yo aquí procastinando al no hacer la tarea x'D Mátenme ;w;)/ Aun así espero que disfruten este capítulo que es un poco flojo, la verdad es que es casi como relleno, pero si no lo hacía el siete no lo iban a comprender muy bien.

Disclaimer: Miraculous es propiedad de Thomas Astruc y Vampire Kinght de Matsuri Hino

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VAMPIRE KNIGHT

SEXTA NOCHE

DÍA LIBRE

Ese día llegará. Por favor, mátame con tus propias manos.

Aquellas palabras de su hermano seguían rondando por la mente y el corazón de la azabache. En su mente comprendía que lo que impulsaba al chico a decir esas palabras era el temor de perder el control y convertirse en un monstro sediento de sangre que atacara a cualquiera a su alrededor. Claramente era algo que iba en contra de sus principios y de su deber como cazador de vampiros. ¿Qué clase de destino le esperaba a Nathnaël?

Ella ya había presenciado a un vampiro en descontrol, aquel que le atacó cuando apenas era una niña, uno del cual Adrien la salvó sin saber si quiera quien era ella. ¿Su compañero se comportaría de la misma forma si su destino se volviese igual de trágico? ¿Podría reconocerla? Pero más importante, ¿ella tendría el valor de hacerle frente y cumplir su promesa de asesinarlo cuando el momento llegara?

– Nath… – Suspiró pesadamente sintiendo como el viento soplaba y sus manos tocaban el pasto.

– Marinette, despierta. – Su mejor amiga se había acercado para llamarla, obteniendo el reflejo de esta al golpearle la mano ligeramente.

– A-Alya. Lo siento mucho.

– No es propio de ti dormirte en la clase de equitación. – La observó con mala cara. – ¿Pasó algo malo?

– ¡No, no! Sólo me cansé mucho por pensar en la recuperación de las clases.

– …Vale. – La ayudó a levantarse y la llevó donde estaban los caballos, aunque sólo quedaba una yegua. – Por dormirte, la única que quedó disponible para ti fue Lily.

– ¿Lily?

Entre todos los animales que estaban designados para aquella clase, esa hembra era la más problemática, pues rara vez se dejaba montar y cuando lo hacía no cumplía con las órdenes del jinete. Usualmente sólo los más experimentados en la clase o alguno que otro profesor podían llegar a calmarla, pero era algo complicado hasta para el mejor.

– Yo ya terminé mis ejercicios con otro de los caballos.

– Ugh… Tomaste a Solace, ¿verdad? – Buscó con la mirada al potro negro que mencionó, notó como otra chica del grupo estaba cepillando sus crines.

– Claro. – Acarició la melena azabache de su amiga. – Tu puedes. Usa tu buen carácter para ganarte a la esa yegua.

Se acercó por delante al cuadrúpedo, intentando no mostrarse nerviosa, necesitaba montarla con astucia y suavidad si no quería que esta perdiese el control.

– Si no prestas atención, te tirará. – Habló con fuerza la morena.

– L-lo sé… – Comenzó a soltar las riendas que estaban aún sujetas al poste. – Tranquila… ¡Ahhhh!

Apenas fue liberada, corrió en la dirección contraria a donde se encontraban los edificios escolares, pareciendo que huía de algo o de alguien. ¿Era posible que la pequeña guardiana hubiese asustado o molestado a la hembra?

Algunos de los compañeros de clase de la chica intentaron seguir al equino, otros prefirieron llamar al profesor que estaba ayudando a acomodar a los caballos que ya había completado con su tarea en la clase de aquel día.

– ¡Va hacía donde está Nathanaël! – Exclamaron varios de los alumnos.

– ¡Cuidado Juvet! – Le gritó el académico encargado de la clase.

– ¡Nath! – Marinette intentaba llamarlo, pero apenas se estaba levantando del lugar que este tenía bajo un ciruelo.

El pelirrojo fue más ágil que la yegua. Tomando las riendas de esta, la obligo a bajar la cabeza y de un salto la monto. Con fuerza sujetó las crines castañas del animal, mientras sus piernas estrujaban con fuerza la parte baja a modo de que comprendiera que debía tranquilizarse. Lily estaba intranquila, levantándose en sus patas traseras para tirar al muchacho que no mostraba temor alguno. En respuesta, el alumno giró las riendas del animal para que este le observara con uno de sus enormes ojos.

– Lily…

Casi al instante se tranquilizó, comenando a resoplar y bramar a modo de que la tensión de su enorme cuerpo saliera. El guardián recortó parte de su cuerpo sobre el cuello equino, pero colocaba todo su peso sobre los pedestales de la silla de montar, así ella podía sentirse segura a pesar del ruido que hacían todos al ir a su encuentro.

– Nathanaël es increíble, domó fácilmente a la yegua del infierno… – Pronunció su profesor.

– Como se esperaba de él. – Mencionaba uno de sus compañeros. – Es el único de la clase diurna que se puede comparar, en fuerza y presencia, con Adrien Agreste de la clase nocturna.

– Juvet es nuestro ídolo de la clase diurna. – Sollozaba uno más de los varones.

– Lo sé. Los de la clase nocturna siempre nos ven como inferiores. – Agregó otro.

– ¡Nath! – La ojiazul llamaba su atención. – ¡Lo siento! – Le faltaba la respiración. – Aunque Lily tiene mal temperamento, es la primera vez que se escapa. ¿Están bien ambos?

– Debe haber sentido una atmósfera horrible…

– ¿A qué te refieres?

– Vamos a dejarla al establo. – Comenzó a andar siendo seguido por el resto de su clase.

. . .

– Me dio un susto, esa yegua es demasiado perceptiva. En el momento en que abrí la ventana ese animal pateó a Marinette y se volvió loca… – Un moreno de anteojos observaba el campo lejano. – ¿Es el olor de nuestra presencia tan detestado por plantas y animales? ¿Tú qué opinas Adrien?

– Mañana es feriado, una rara ocasión…

– Yo diría que una tortura, especialmente para ti. No puedes pasar el tiempo divirtiéndote.

– Esa "institución de fondos para los necesitados" sigue mandando reportes aquí. – El rubio gruñó un poco. – Es tan irritante.

– Forzarte a hacer esos ensayos para los viejos debe de ser completamente molesto. – El chico cerró la ventana. – Es bueno que yo sólo me tenga que encargar de la contaduría y administración monetaria del dormitorio. No se me da muy bien ese tipo de reportes, prefiero jugar algunos videojuegos antes de hacer esa clase de cosas. – Terminó de cerrar la cortina color vino. – La yegua no golpeó muy fuerte a Marinette así que ella estará bien.

– Sí…

– Tu de hecho te preocupas mucho por ella. – Habló el morocho de forma inocente para recibir una mirada amenazante. – Creo que volveré a jugar.

– Max.

– ¿Qué pasa Adrien?

. . .

– ¡Yay! Ha pasado tanto tiempo desde que salimos…

Los dos hijos de Tom Dupain estaban caminando por Paris, cargando un par de bolsas y algunas notas. Aquel día era feriado, por lo que no había clases en la escuela, pero al tratarse de ellos, tenían el privilegio de salir por lo menos por algunas compras que el mismo director les encargaba. No era necesario que portaran el uniforme escolar, así que cada uno se había vestido con ropa común y corriente.

Marinette usaba un conjunto sencillo de pantalón ajustado rosa, una blusa blanca, chaqueta café y botines del mismo color. Nathanaël intentaba no llamar mucho la atención, pero sus pantalones morados, a pesar de ser un tono oscuro, permitían verlo claramente; también usaba una camiseta gris y una chaqueta negra, al igual que unos tenis grises con detalles en naranja.

Lo jovencita se comportaba muy alegre, algo que contrastaba en demasía con la actitud seria y algo irritada de su acompañante de cabellos rojizos.

– Aún quedan varios encargos. – La muchachita leía la última hoja que les quedaba. – La mayoría son cosas para comer y algunos adornos.

– ¿Más? – Estaba irritado, llevaba cargando demasiadas cosas por aquella ciudad tan ajetreada.

– ¡Nath, Nath! – Lo jaló hacía una tienda de ropa.

– Deberíamos regresar antes de que anochezca.

– No te preocupes, hoy los de la clase nocturna no saldrán de su dormitorio, por lo que tenemos más tiempo del que pensaba. – Tomó una chamarra para hombre. – Extiende tu brazo.

– Ok.

– No te preocupes. Mientras te dejes llevar sólo un poco, todo estará bien. – Notó como él le veía con una mueca extraña por la prueba de la ropa. – Ya sabes que me gusta ayudarte con tu estilo. Si no hay nadie que te ayude a escoger, yo lo haré. Ya sabes, la sensación que le das a la gente cuando vienes a comprar ropa es similar a la de un hermano menor por el cual no puedes evitar preocuparte.

– Tonta. – Se giró por completo y después sólo la observó de reojo.

– ¡Perdona!

– No sé cómo puedes decir esas cosas aun cuando eres un año menor que yo. – Volvió a tomar todo lo que llevaba cargando. – Además, si alguien te viera no te clasificaría como la hermana mayor. No has cambiado nada desde la primaria.

– ¡Oye!

– Si no te apresuras te dejaré atrás, "hermana mayor".

– ¡Waah! – Corrió a la caja. – Por favor, ¿me da esto? No es necesario envolverlo, traigo bolsa.

Apenas le entregaron la prende ropa, ella corrió desesperado al encuentro de su amigo que reía entre dientes por la actitud que demostraba su amiga. Pronto atardecería y ambos tenían hambre, por lo que nuevamente ella guió al chico a un lugar de su elección, una cafetería con mesas en el exterior.

– Pide lo que quieras, tómalo como un agradecimiento por cargar la mayoría de las cosas.

– Yo quería comer alguna pasta con carne.

– E-eh…

Marinette ya estaba degustando un helado de manzana con chocolate y fresa, pero su compañero no había pedido nada. Era una completa inconsciente, había olvidado lo mucho que al chico le desagradaban las cosas dulces y frías.

– Bueno, el helado de este lugar es muy popular. Las últimas vacaciones vine aquí con Alya y…

– ¿Aún no puedes salir sola?

– Claro que pudo. – Respondió con un mohín.

– No es necesario que finjas valentía. Cada vez que sales a algún lugar fuera de la academia recuerda lo que sucedió aquella noche, ¿me equivoco? – Ella intentaba desviar su mirada. – El mundo no está lleno de vampiros inofensivos como Adrien Agreste.

– Di lo que quieras. No estoy asustada en lo absoluto. Eso fue hace ya más de diez años… – La velocidad a la que comía su helado aumentaba por los nervios. – ¡Eres demasiado hábil! Desde hace mucho tiempo sabes todo de mí, pero yo aún no sé nada de tu pasado. Cosas como cuantos hermanos tienes, a que escuela ibas, cómo eran tus padres o que cosas te gustaban jugar de pequ…

– Tuve un hermano menor.

– ¿Eh?

– El falleció ese día.

– Na-Nath… Yo… Lo siento.

– Disculpe. – La camarera había ido a acercarse junto algunas otras chicas. – ¿Podría saber si eres estudiante del Instituto Françoise Dupon?

– ¿Qué tiene? – El pelirrojo trató de responder cortante.

– ¿Tengo razón? Lo sabía, luces diferente a otras personas. – La camarera hablaba sonriente.

– Eso… ¡Para, por favor! – Pidió Marinette.

– La gente de esa escuela luce diferente. – Continuó la trabajadora.

– ¿Conoces a Nino de la clase nocturna? – Preguntó una de las chicas que se había acercado. – El ama las cosas dulces, por eso viene aquí de vez en cuando.

– ¡También lo suele acompañar Kim! – Chilló otra joven.

– Por favor, dile que es bienvenido a tomar algo con nosotras… – Rogó otra más.

– Me iré primero. – Habló el cazador levantándose de su asiento e ignorando a las féminas.

– S-sí. – Su amiga rebuscó en su bolso su cartera. – ¡Aquí tiene!

Tuvo que esperar por su cambio, por lo que tardó en salir. Cuando al fin pudo llegar a la salida, el chico no se encontraba ahí.

– ¿Nath? – Notó como la noche comenzaba a caer en la ciudad luz. – ¿Dónde fuiste?

No lo pensó demasiado y comenzó a caminar por la zona apartada del distrito comercial, sabía muy bien que él necesitaba calmarse y estar alejado de las personas era la forma más rápida que él tenía.

A cada paso lo llamaba con la esperanza de encontrarlo pronto. Sabía que lo que esas chicas le habían dicho no le había dejado un buen sabor de boca ya que, sin saberlo, le hacían recordar que era uno de los que tanto odiaba.

Al avanzar por los callejones donde algunos comercios de pequeña venta ya había cerrado, su chaqueta se atoró en una extraña reja, cortando la prenda de ropa y así también su brazo. Eso no le daba un buen presentimiento y por ello continuó su camino con su mano diestra dentro de su bolso. Escuchó un estruendo desde el techo de uno de los edificios y sin dudar colocó frente a sí su vara metálica para protegerse de la caída de un ser.

– Tu sangre… Huele delicioso.

Frente a sus ojos había aparecido un vampiro que buscaba alimentarse de ella, como una presa lo haría con un animal indefenso. No sabía muy bien cómo actuar, estaba estática, sus piernas le fallaban y su corazón latí con mucha fuerza por el temor que en ese momento estaba comenzando a experimentar.

Notó como el hematófago se acercaba a gran velocidad para impactar contra ella y beber su sangre. No reaccionó más que tirando a Artemis, luego cerró los ojos esperando lo peor. Pero no llegó.

Escuchó un quejido de dolor. Junto a ella se veía como su arma estaba siendo apuntada al vampiro que no pudo detener su andar y la enterraba ligeramente en su tórax.

– ¿Aún aturdida? – Conocía la voz que la estaba cuestionando.

Sabía perfectamente que él la estaba protegiendo por detrás y aunque le llamó por su nombre, no pudo cambiar mucho de posición. Su mirada sólo se posó sobre las grandes manos de su compañero que eran dañadas por aquella arma caza vampiro que era de su pertenencia.

– No parece que estés feliz de estar conmigo, Artemis.

Sus piernas le fallaron y cayó a los pies de su amigo, sudaba frío y su voz era apenas un hilo.

– ¿Por qué hay un vampiro en esta clase de lugar? – Sus ojos se notaban cristalinos. – He estado inquieta desde que te fuiste…

El muchacho observó el temor que su amiga reflejaba, después ambos comenzaron a escuchar el murmullo de las personas alrededor. Su debes como cazador experimentado era deshacerse de la amenaza y de ser posible, no dejar que los demás viera esa criatura llena de desesperación.

– Sangre… – Pedía el vampiro.

– Era originalmente un humano, ¿verdad?

– ¡Sí! – El cuestionado saltó hacía ellos. – ¿Y qué?

– ¡Tch!

Antes de que Nathanaël lograse sacar su Bloody Mary de debajo de su chamarra, el objetivo había sido cortado a la mitad por una espada. Mientras el cuerpo se separaba en las dos mitades, permitía ver a dos personas del otro lado. Dos estudiantes de la clase nocturna, una chica y un chico.

Ella era de tez clara, con un cabello rubio recogido en una coleta alta, su ropa destacaba por recordar a una abeja por los colores blanco, amarillo y negro. El muchacho contrastaba bastante con ella, no sólo en tono de piel o estilo, sino por la pose que tenía; a pesar de tener facha de nerd, en ese momento empuñaba un arma, con una expresión de molestia y mostrando un completo desinterés a que sus anteojos se habían manchado de sangre.

– Terminó. – Habló el de lentes al guardar el arma que había utilizado.

– Idiota, te dije que no me necesitabas. – Refunfuño la rubia.

– Ustedes son de la clase nocturna: Max Pelletier y Chloé Bourgeois. ¿Q-qué hacen en un lugar como este? ¿Por qué están fuera?

– Para hacer esta clase de cosas. – Sonrió el moreno. – Marinette, por favor regresa pronto para curarte esa herida o…

– Recuerda niñata, somos vampiros. – Interrumpió Chloé mostrando sus colmillos.

Empiezo a creer que no sé absolutamente nada…

Continuará…

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Espero que la próxima semana pueda subir el capítulo siete, ya que tiene una de mis escenas favoritas *3* Y explican ciertos detalles que no se han mencionado aquí :P Quienes ya vieron el anime sólo tendrán que leer más específicamente esos detalles ;) Y sí, ya se dieron cuenta que al final Nath si va a tener hermanito XD Aun estoy decidiendo el nombre que tendrá :v Cuando salga (creo que eso es por el cap 18) ya sabrán cual es ;) Juejuejuejue… ¡Buen día y pasen a leer mis otros fanfics! D:

Siguiente capítulo: Fiesta de cumpleaños