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Elena no había vuelto a estar a solas con Damon desde el viernes, dado que no pudieron quedar el fin de semana y era recomendable no verse entre clases. Por eso, cuando llegó el martes por la tarde, la chica estaba tremendamente emocionada por volver a verse con él. Jamás había agradecido tanto las horas de tutorías que ofrecía el instituto. Es más, deseaba que hubiese tutorías todos los días de la semana, para así poder estar con el dueño de esos preciosos ojos celestes que tanto la hacía enloquecer.
-Hola -saludó tímidamente ella al entrar al despacho del chico.
-Hey -sonrió él.
La joven se acercó a Damon, quien abrió los brazos invitándola a sentarse en su regazo.
-Ven aquí -le pidió él.
Elena accedió gustosa. Al sentarse sobre él, le rodeó el cuello con sus manos. El chico posó sus manos en la cintura de ella y la atrajo más a sí.
-Te has afeitado... -sonrió la joven acariciándole la ahora suave mandíbula-. Me gusta.
-¿Mejor con barba o sin ella? -preguntó él curioso.
-La barba te hace parecer más interesante, más misterioso. Pero sin ella te ves más joven y dulce. Me gustan las dos caras de la moneda.
-Y a mí me gustas tú -dijo el chico antes de unir sus labios.
Elena se sorprendió un poco cuando Damon la besó tan intensamente, pero correspondió el beso gustosa en cuanto pudo reaccionar.
-Llevo días queriendo hacer esto -confesó él apoyando su frente sobre la de ella-. Tus labios son adictivos.
-No más que los tuyos -sonrió la chica volviendo a besarle.
Después de eso, la pareja se dedicó a acariciar y besar tímidamente sus cuerpos en silencio.
-No es que me moleste, pero... ¿Vamos a pasarnos las dos horas de tutoría así? -preguntó él divertido tras un buen rato intercambiando caricias y besos-. ¿No vamos a hablar?
-Hablar está sobrevalorado -aseguró ella mientras seguía dándole intermitentes besos.
-Bueno, supongo que ya tendremos tiempo de sobra para hablar más adelante -coincidió el chico colocando una mano detrás la nuca de ella y besándola.
Ese beso fue mucho más largo que cualquier otro de los que se dieron ese día. Al principio fue dulce y lento, pero cuando Elena entreabrió sus labios permitiendo al chico invadir su boca con la lengua, el beso se convirtió en algo mucho más intenso y pasional.
Elena hizo un intento por quitarle la camisa pero solo consiguió desabrocharle un par de botones, puesto que Damon la detuvo.
-No es bueno dejarse llevar tanto -rió él contra sus labios-. Ya habrá momento más apropiado para eso.
La chica refunfuñó, pues estaba deseando perderse en caricias y besos en el torso de él, pero comprendió que no era ni el lugar ni el momento adecuado. Además, llevaban muy poco como pareja, debía ir más despacio.
Por ello, Elena volvió a retomar la rutina de ese día: acariciar el cabello y pectorales de él mientras besaba de forma discontinua sus labios. Por su parte, Damon acariciaba las piernas de ella y repartía besos no solo por su rostro sino también por su pelo y cuello.
Una vez más, el tiempo se les pasaba volando cuando estaban sumergidos en su burbuja personal.
-Deberías volver ya a casa -sugirió él entre besos por parte de la chica-. Las tutorías van a acabar.
-Hmm... No quiero separarme de ti -se quejó ella sin parar de darle intermitentes besos.
-Yo tampoco, nena. Pero no podemos estar así eternamente.
-Ojalá –deseó Elena.
En respuesta, Damon volvió a regalarle un intenso beso.
-¿El jueves podré verte? –preguntó ella esperanzada.
-Hay reunión del claustro de profesores –se disculpó él-. Vamos a tener que dejarlo para el viernes, si es que estás libre.
-Siempre estoy libre para ti –afirmó ella volviendo a besarle.
-¿Estás seguro de que no podemos quedar ninguna tarde más de los días entre semana? -preguntó ella apenada, jugando con los pelos de la nuca de él.
-Entre el papeleo, preparar las clases siguientes y esa obsesión de Ric de ir después de las clases al Grill a tomar algo...
-Nos quedamos solo con dos o tres días a la semana -entendió Elena.
-Créeme, me encantaría que fueran más, pero no es posible.
-¿Me escribirás al menos todos los días? -pidió ella poniendo carita de pena.
-Eso sin duda -accedió él dándole un sonoro beso en los labios-. No podría sobrevivir a los días sin verte de no ser por tus mensajes.
-Pues ya somos dos -coincidió ella devolviéndole el beso.
La pareja también se llamaba al móvil de vez en cuando pero eran más seguros los mensajes, dado que la tía de Elena, Ric o cualquier otro podría oír la conversación. Al escribirse, la conversación se convertía en algo más discreto. Además de todos estos motivos, Elena sentía menos vergüenza escribiéndole mensajitos al móvil. Podía soltarse un poco más, dejar la timidez a un lado y ser ella misma, y eso era algo que a ambos le encantaba.
A regañadientes, se despidieron y desearon buenas noches; a sabiendas de que aquella noche volverían a intercambiar mensajes cargados de promesas para el viernes.
D&E
Aquel viernes, Damon se llevó a la chica a Hillsville, un pueblucho casi más pequeño y tranquilo que Mystic Falls, a una media hora en coche del mismo. Era el lugar ideal para sus escapaditas románticas. Nadie les molestaría allí.
Tras un paseo por el pueblo, donde caminaron de la mano e intercambiaron caricias y besos, la pareja se dirigió a un parque. Damon se sentó recostando la espalda contra un árbol y Elena se sentó a horcajadas sobre él, permaneciendo ambos en esa postura durante el resto de la velada. Después de compartir un prolongado beso cargado de sentimientos, la joven habló:
-Nunca me había besado así con alguien en un parque -rió ella feliz contra sus labios.
-Yo tampoco -coincidió Damon apretándola más contra sí-. Siempre hay una primera vez para todo.
-Me alegra que sea contigo -sonrió la chica volviendo a besarle.
-Y a mí -dijo él antes de profundizar el beso, entrelazando sus lenguas en una delicada, lenta y cálida danza.
-Cómo me gusta este pueblo... -susurró Elena juntando sus frentes.
-A mí también -coincidió él retirándole un mechón de la cara y colocándoselo detrás de la oreja-. Me gusta poder estar así contigo.
-¿Así cómo? -preguntó ella juguetona, rozando sus labios.
-Juntos. Sin temor a ser juzgados -respondió Damon acariciando con su mano libre la cadera de la chica por debajo de la ropa.
-Juntos -repitió ella con una sonrisa, inclinándose para volver a besarle.
-Me quedaría aquí para siempre -dijo Elena, repartiendo húmedos besos por la mandíbula del chico.
-Eso sería estupendo, pero tenemos que volver ya.
-Mmm... No quiero -protestó ella haciendo pucheritos, apretando con más fuerza su agarre de la nuca de él-. Quiero quedarme aquí contigo.
-Elena... -le advirtió este cuando ella volvió a besar sus labios, sin intención alguna de acabar con el momento-. Tenemos que volver a casa...
La joven refunfuñó, ganándose así un beso de Damon a modo de disculpas.
-Vamos, nena -dijo él palmeándole los muslos divertido-. Volvamos al mundo real.
A regañadientes, Elena se puso en pie y Damon se levantó con ella, tomándola de la mano al momento. La joven sonrió ante ese gesto y entrelazaron sus manos. Juntos subieron al Camaro del chico y regresaron a Mystic Falls, donde tendrían que ocultar su relación.
Damon aparcó el coche en el garaje de su propiedad –el cual estaba junto a su casa pero era un edificio independiente-, donde estaba también el de Elena. Cuando quedaban, la chica lo dejaba allí y después se movían con el coche de él. La ventaja que ofrecía el lugar era que estaba situado en una zona bastante alejada del centro del pueblo y los vecinos más cercanos estaban lo suficientemente lejos como para no ver entrar ni salir a Elena de allí.
Ambos eran conscientes de que no podían volver a estar juntos hasta el martes, por lo que ninguno quería acabar todavía con ese beso de despedida que se estaban dando. Pero, una vez más, Damon tuvo que ser quien actuase con responsabilidad en la pareja.
-Buenas noches, Elena -dijo él rompiendo el beso-. Que descanses, princesa.
-Buenas noches, Damon -respondió ella dándole un último beso.
El chico besó su frente y la observó hasta que se subió a su coche y se perdió de vista en la oscura y solitaria carretera que la conduciría devuelta a casa.
Damon se sentía como un adolescente enamorado. Estar con Elena le hacía sentirse realmente vivo. Se sentía capaz de volver a amar y entregarse incondicionalmente sin miedo a acabar herido. Elena no era como cualquier otra mujer que había conocido, sabía que ella valía realmente la pena.
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Espero que os esté gustando el fic. Muchas gracias por vuestros comentarios ;)
