Capítulo 7:
*TRES MESES DESPUÉS*
-Te pondrás bien pa. Antes de lo que imaginas. ¡Mira yo que rápido me curé!- Le dijo mientras le cambiaba las flores, ya marchitas, del florero, por unas bien erguidas y coloridas.
-Claro que si. De hecho, ya estoy bastante mejor.
-Pues no se te nota, tu rostro… ¿te pasa algo?
-No…
-Dímelo- se sentó a su lado, en la cama.
-Nada, preciosa. Todo está bien.
-Sé que es por mí. No te preocupes, ya se solucionará.
-No pierdo la fé, pero mientras tanto, no te veo como antes. No te puebla una sonrisa hace meses.
-Es solo momentáneo, lo prometo.
-Si, lo que dure en que él…
-Pa… Ya está, en serio- sonrió forzadamente, pero ocultándolo muy bien.
-De acuerdo. Ve a casa ahora, yo saldré mañana y… entonces hablaremos- ella depositó un beso en su frente.
-No te preocupes por ello. Nos vemos mañana. Te amo- dijo y salió del cuarto del hospital.
En realidad, no estaba tan bien como le había perjurado a su padre. Las cosas, hacía rato, no estaban bien. Él había marchado durante su estado de coma, a otro país, a hacer no sabía que cosa para no tenía idea quién. Suspiró.
Al llegar a la madriguera, toda su familia la recibió con los brazos abiertos, felices de su regreso y su recuperación temprana. El doctor no había dado muchas ilusiones a nadie y, al fin y al cabo, ella ya estaba curada. Se abrazó a todos, esperando encontrar a alguien en particular entre la gente de su familia, pero no estaba allí tampoco. Luego de la recepción, se sentaron a disfrutar de un almuerzo en familia, como hacía tiempo no tenían en la madriguera. Molly se levantó de su asiento, tras terminar, y se dirigió a la puerta.
-Lo siento niños- dijo con una gran sonrisa- disfruten tranquilos que yo… debo irme. Iré a visitar a su padre y… quizás me quede con él hasta mañana, cuando lo traiga de vuelta a casa- dijo notablemente feliz y esperanzada. Sin más interludios, se fue.
La tarde se avecinó sin aviso. Era casi de noche cuando se encontraron compartiendo una merienda saludable y alegre. La pelirroja sintió cierto desconcierto al nadie mencionar a Harry en toda la conversación. Decidió que de sufrir la soledad de su compañía, lo haría sola.
-Chicos… Me iré a dormir un par de horas. Gracias por todo- Sonrió a los anfitriones de la fiesta, sus hermanos, y a la que la había acompañado a lo largo de ella, Hermione. Sin otras palabras, subió las escaleras y se perdió tras la puerta de su cuarto. Todos y cada uno de los presentes se miraron significativamente.
-Déjenmelo a mí- anunció Ron, poniéndose de pie- Yo lo haré…
-No vayas a decirle el "te lo dije" que tanto te estas guardando, Ron…- lo previno su novia.
-Tengo razón ¿o no tengo razón? De todos modos. Es mi hermana, está mal, no voy a meter el dedo en la llaga.
-Si no te las ves conmigo- lo amenazó sin problema.
Se recostó en su cama, reconociendo que no dormiría un solo segundo, por el simple hecho de que estaba cansada de tanto estar acostada. Tres meses de cama no era chiste para nadie. Pero si tenía que lamentarse la ausencia de su amor, no lo haría en público. Tocaron la puerta.
-Pasa.
-Ginny, soy yo.
-Si.
-Ginny, hay algo de lo que tenemos que hablar- ella sonrió con ironía.
-¿No hablamos suficiente abajo?
-No, esto es algo serio.
-De acuerdo, te escucho.
-Se trata de Harry- En su rostro se reflejó toda la preocupación que había acumulado su corazón. Parecía petrificada.
-¿Qué le paso? ¿Está bien? ¿Le han hecho algo?
-Ciertamente, no lo sé.
-¿Qué?
-No lo sé, Ginny. Él simplemente desapareció.
-¡¿Cómo que desapareció?!- saltó de la cama- ¿Y que hacemos aquí? ¡Hay que buscarlo!
-No, no desapareció en ese sentido. No sé como está porque nunca más volvió a cruzarse con nosotros. Él… no volvió a mostrarse después de aquel día en que te internaron.
-Oh…- se relajó- Era eso…
-¿Cómo…? ¿Lo sabías?
-Mamá me ha dicho todo. Él tuvo que viajar para ver a no sé quien.
-No Ginny.
-Si, mamá me…
-No, es que eso es lo que decidimos decirte para que no recayeras. Ahora que estas bien, y fuera de peligro, tengo que confesarte que la verdad es otra.
-¿Qué?
-Él fue una vez, el día que te internaron, y ni siquiera entró al cuarto. Simplemente se fue. Nunca volvió. No se interesó por ti o por cómo evolucionabas.
-No puede…
-Lo siento, Ginny.
-Quizás ustedes no lo vieron, quizás iba en otros horarios.
-Estuvimos turnándonos para no dejarte sola nunca. Y, de todos modos, el último mes, cuando ya estuviste más consiente… tú tampoco lo viste aparecer. Él se fue.
-No, no puede ser.
-Ginny, no voy a intentar convencerte, solo… no esperes que vuelva- se levantó para irse- ¡Ah!, otra cosa- se volteó- mamá encontró esto en tu mano pero creyó que ibas a perderlo- sacó de su bolsillo una llave pequeña, como de candado, y se la entregó.
-Pero… Ron, esto es la llave de la casa de Harry.
-No, Ginny, es la llave de tu casa.
-La reconozco, él debe estar allí, ¿entiendes?, esperando que vaya a buscarlo.
-No te molestes. Hemos pasado nosotros ya, fuimos a buscarte algo de ropa. Él no está. Ni tampoco sus cosas importantes. Él vació la casa de lo más relevante y… se marchó- dijo angustiado- Ahora es tu casa- Cruzó la puerta y se perdió en el pasillo.
Su mirada, al igual que sus pensamientos, quedó enfocada en la salida y en aquello que su hermano, crudamente, le confesó. ¿Podría ser realmente eso, lo ocurrido? ¿Sería Harry, capaz de abandonarla cuando ella más lo necesitó? ¿Sería capaz de olvidarse de todo lo que se amaban, o al menos, de lo que él había dicho amarla? No supo más que desahogarse en llantos, aquella tarde. No vio otra solución posible entonces. No vio salida al asunto ni esa tarde ni aquella noche, ni siquiera llegó el consuelo con la nueva mañana. Parecía que aquel estado de ánimo taciturno y mediocre, no la abandonaría ni aquella semana, ni el mes siguiente.
Suspiró al sentirse extremadamente vegetativa, como lo hacía entonces. Se quitó las mantas que cubrían su cuerpo y se levantó para mirarse en el espejo. Estaba completamente demacrada. Le dolió entender que, con el tiempo, sería peor. Si así se veía el primer día, ¿Qué le quedaba para el resto de las desilusiones que no tuvieran que ver con el morocho? ¿Qué le quedaba para el resto de su ausencia?. Golpearon su puerta. Ella se colocó unos clips en el pelo, se restregó un poco los ojos y abrió la puerta.
-Ginny- dijo con gran pesar- mira como…
-Pasa…- cerró la puerta y se sentó en su mullido colchón.
-Ginny tenemos que hablar…- se sentó, la castaña, a su lado- Esto no está nada bien.
-¿Te parece?- dijo retóricamente, cargada de ironía- ¿Cómo ha sido capaz de…?
-Harry es algo complejo, ya lo conoces.
-Al parecer no.
-No creas todo lo que oyes.
-¿A qué te refieres?
-A que tu hermano está muy molesto, su visión no es muy objetiva.
-Entonces, ¿él si me fue a ver? ¿Él si se preocupó por mí, Herms?- la miró con un impresionante y espontáneo destello en sus ojos.
-No. No, eso si es correcto. Es decir, que yo sepa, él no ha intentado localizarte ni… bueno.
-Pero, ¿entonces él tiene una excusa para ello?
-No, al menos no que yo sepa.
-Entonces, ¿volverá?
-Eso no lo sé.
-¿qué es lo objetivo no dicho por Ron, entonces?- se alteró.
-En general, no es muy grave si lo piensas- tragó saliva- es decir, él se presentó el día que te internaron, tu hermano lo acusó de asesino y… ¡Dios, Ginny!, tendrías que haber visto su rostro. Es lógico que Harry se sintiera un estorbo, desubicado, incluso culpable, tú sabes como es él. No lo culpo si luego de esa injusta acusación, él prefiriera desaparecer por un tiempo. Poniéndome en su lugar, seguro decidió cortar por lo sano, no verte mientras estuvieras mal y tu familia estuviera preocupada y alterada por ello.
-No es excusa. Si él me amara no tendría que importarle lo que Ron dice, él sabe que las cosas no son como él dijo. Harry solo me obedecía a mí cuando ocultó ciertas cosas, no por eso es un asesino.
-Ginny, convengamos que tú no estabas nada conciente para negarle las palabras de Ron en ese momento. Ni yo supe qué hacer entonces- Respiró hondo- Estaba asustadísimo. No entró al cuarto por miedo a no verte bien, y de hecho no lo estabas. No entró por miedo a perder la fé y creer que no lo soportarías.
-Y ¿Ahora qué...? Estoy bien ¿no?, podría aparecer por aquí si fuera como tú dices. La verdad, deseo inmensamente que vuelva, pero no veo la posibilidad de que ello suceda.
-Solo vine para que no te quedaras con las rencorosas palabras de tu hermano. No lo tomes a mal ni lo culpes, el pobre hace todo lo que cree correcto para ayudarte, para verte bien. Pero a veces, sus propios pensamientos y creencias, se interponen y, hacen desastre.
Las palabras de la castaña sin duda habían dejado abierta la puerta de una nueva posibilidad, no obstante, ella no se encontraba con las fuerzas suficientes como para seguir creyendo aquella idea, posible. Es decir, podría seguir soñando por años, que él volvería, pero a la hora de la desilusión, sin duda no lo aguantaría, y con su hermano cerca, diciéndole todos los días que su regreso no se produciría, aquella desilusión no tardaría en absorber su energía por completo.
-Mejor olvidarse del tema- se dijo aplicando todas sus fuerzas en que aquello si funcionara.
No tardó ni una semana en dejar la madriguera. No soportaba el hecho de que cada vez que se cruzara con alguien, y su cara no expresara una inmensa felicidad, le preguntaran por ella y sus sentimientos, o le recordaran que él no valía sus llantos, y todas esas cosas que suelen decir para levantar el ánimo, pero que no sirven más que para retomar el tema en el fuero interno.
-Pa, voy a estar bien, en serio…
-No quiero que estés sola. No me gusta que vivas sola y menos en su casa.
-Ahora es mía ¿recuerdas?
-No importa. Será difícil, créeme. Una casa compartida no se ve igual a la hora de habitarla sola, y menos si tiene recuerdos. No quiero verte decaída y…
-Descuida- le sonrió enormemente, inventando la felicidad en su rostro- soy fuerte. El primer impacto ya pasó. Además no quiero ser estorbo aquí y no quiero volver unos cuantos pasos atrás. Ya pasé la etapa de mi independización, y no quisiera volver a sentirme esclava de mis responsabilidades adolescentes, ¿si?. Estaré bien, lo prometo.
-Pero... aún es pronto.
-Déjame decidirlo a mí ¿si?. Si es tétrico, puedo volver, siempre puedo volver con ustedes papi. Voy a arreglarme bien, pierde cuidado- lo abrazó- Te quiero. Voy a extrañarte ¿sabes?. Pero nos llamamos- le sonrió.
Suspiró. Giró la llave que pareció hacer contacto con la cerradura. La puerta quedó desrabada y ella la empujó suavemente mientras se adentraba con los ojos cerrados, esperando que, al abrirlos, él la esperara con una sorprendente fiesta o, al menos con su presencia. Abrió los ojos de apoco, mientas que con su espalda cerraba la puerta, tras de sí. Unos segundos de suspenso, y luego…
Nada.
Suspiró nuevamente y le echó el cerrojo a la puerta nuevamente. Era evidente la desilusión causada por su propia estupidez interna. ¿Volver? Casi se rió de sí misma al pensar en ello. No le sorprendía, después de todo, Harry se merecía cosas mejores que la mísera felicidad que ella pudiera darle.
Dejó las llaves tiradas sobre la mesita donde solía colocarlas él, prolijamente. Jamás se acostumbraría a aquella casa así de vacía. Subió las escaleras apesadumbrada, dejó su bolso tirado en una esquina de la habitación, sobre la silla en la cual él solía doblar y dejar su ropa acomodadamente para ser guardada al día siguiente. Se dejó caer sobre la cama y se dejó dormir.
Aquella semana no fue fácil. Sola y con el corazón destruido, no eran buenas combinaciones para nada. Pero intentó superarlo. Ya había estado cuatro meses sin él hacía tiempo y… quizás hubiera sido mejor nunca volver juntos pero, ahora solo le quedaba recordar aquellos tiempos de soledad y añoranza. Hubiera preferido aún odiarlo, pero no, no podía.
-No puedes estar todo el día durmiendo, o tirada, como un potus… tienes una vida, una familia. Él se pierde todo eso si no lo quiere, es tu deber disfrutar de ello- se dijo, harta de su estado vegetativo.
Fue consiente de que no lograría nada así y, aunque no tuviera la suficiente fuerza de voluntad para olvidarlo o no sufrir por ello, tiene suficiente energía para enfocarla en otras cosas. Se levantó con la única idea de darle un cambio a aquella casa. Solo en su ausencia se había percatado de lo oscura que era la casa y, era hora de darle un toque más hogareño. Ella era diseñadora y, se especializaba en cambios de looks. Perfectamente podría con la casa, y si aquello luego la inspiraba para crear modelos nuevos, entonces sería una perfecta manera de sopesar el tiempo sola.
Un día de los de aquella semana, lo utilizó para salir a su anterior estudio y presentar los nuevos modelos que había creado tres meses atrás, gracias a la ayuda tácita del morocho y el regreso a su vida. Algo en ella le había dicho que arriesgara los últimos recuerdos de felicidad que le quedaban (que eran esos dibujos) y quizás ganara algo a cambio de lo que ahora sufría. La felicidad no le cupió en el cuerpo cuando su anterior jefe le dijo que no podría retomar su anterior trabajo ya que no se encontraba a su altura. Él le ofreció un cargo mucho mayor, en el cual tendría oficina propia y gente a su cargo para hacer que sus diseños pasaran, del papel a la tela. Y por aquellos pocos diseños nuevos, recibió un adelanto bastante ostentoso que no conllevaba ni la mitad de lo que sería su sueldo cada mes si aceptaba el nuevo puesto. No dejó pasar más sonrisas ni agradecimientos. Lo aceptó con la promesa de empezar el próximo lunes, ya que necesitaba tiempo para asumir la idea. Cerraron el trato tras estrechar sus manos.
Con aquel adelanto, o más bien con un cuarto de él, compró los materiales necesarios para iluminar la casa. Unos retazos de tela de colores llamativos, lámparas, música nueva y movida, velas de colores, sahumerios y un par de plantas de hermosos colores y texturas. Sonrió satisfecha y renovada.
Entre pitos y flautas, cortinas y lámparas logró, en aquella semana, cambiar todo el lúgubre color ocre y amarronado de la casa, por uno un morado más vivaz y diversas tonalidades de verdes, desde el oliva hasta el pastel. Sábado por la tarde, tarea finalizada, la sonrisa no podía ser mayor en su rostro. O si, pero prefería no pensar en ello.
Aún cuando los colores hubieren cambiado, los recuerdos estaban allí, en cada esquina y escalón, en cada habitación y mueble. Pronto observó como, aquello que la había mantenido ocupada durante una semana, ahora no servía para nada, ya que su rostro volvió a poblarse por aquella decepcionada facción. No podía ser ocultado de ninguna manera. Ni con decoración, ni con nuevo trabajo. De todas maneras, solo le quedaba aquel pequeño fin de semana para estar decaída el día entero. Solo aquellos dos insignificantes días, cuarenta y ocho inmundas horas, tan solo dos mil ochocientos ochenta minutos, si se lo pensaba, ciento setenta y dos mil ochocientos segundos no era tanto. Y si sus padres la visitaban, tendría como coartada, la aparente salud de la casa y su nueva estética, eso los dejaría tranquilos si su propio rostro no lo hacía. Y podría escapar de sus propios pensamientos de lunes a viernes de ocho de la mañana a seis de la tarde, incluso algunas horas extras también. El resto de su tiempo podría dedicarlo a lo que deseara, y si parte de ese deseo era sufrir por un amor no correspondido, pues así sería, pero al menos no tiempo completo.
Como se había permitido, tomó uno de los potes de helado de chocolate casi vacíos y uno de dulce de leche sin abrir, y se dirigió a su cuarto, en la planta superior, para ver la tele todo el día, sumirse en el helado, y en la depresión que, desde ese día, sería la orden de todos los días.
Tras acabar el pote, y medio del otro, tras cambiar veinte veces de canal porque todas las películas eran de romance y final feliz, y tras taparse con una manta, se durmió entre lágrimas, sollozos, y restos de helado.
Entró y, al instante, se arrepintió de ser culpable, de su cobardía, incluso de existir. Verla en aquel estado maníaco depresivo, acostada en la cama (si así podía decírsele) con el pelo hecho una maraña, sus ojos con bolsas y marcas de haber sido restregados, sus mejillas pegajosas por las lágrimas y el cuarto dado vuelta como por histeria, le rompía el corazón. Suspiró y avanzó inseguro a su lado. Se sentó al costado de la cama, a la altura de su rostro venido a menos, causa del maquillaje corrido y los restos de helado en sus mejillas. Aún así y todo, era la mujer más hermosa a sus ojos. Sonrió con tristeza.
Se levantó y se dirigió al cuarto del baño, abrió el grifo de la enorme bañera (estilo jacuzzi), y volvió al lado de la pelirroja. Extendió la mano y con su dedo del medio y recorrió su pequeña nariz, desde el hueco donde se forma, en la frente, bajando por su pequeño tabique, hasta llegar a la pequeña punta. Repitió la caricia unas tres veces sin recibir reacción. A la cuarta ella, fastidiada en sueños, se alejó. El morocho sonrió y volvió al juego. Sus ojos color chocolate se dejaron ver poco a poco, con clara pesadumbre producto de una mala noche. No tenía otra expresión alguna en el rostro. Solo lo miraba fijamente.
-Hola hermosa- dijo en susurro con melancolía- volví- ella lo miró confundida al principio, más luego se abalanzó a sus brazos, escondiendo su rostro entre su cuello.
-¿Por qué tardaste tanto?- dejó caer un par de lágrimas que, aparentemente no resultó difícil dejar ir, dado a la fluidez que tenían la noche anterior.
-Lo siento, no debí demorarme tanto… ¡te extrañé horrores!- la besó como si nunca se hubiera ausentado esos, casi, cuatro meses.
-Sabía que volverías- dijo más para sí- bueno no lo sabía, lo quería creer. No serías capaz de dejarme, claro que no.
-Jamás podría dejarte, hermosa. Yo no tengo sentido sin ti, es tan simple como eso- le susurraba aún pegado a su cuerpo. Aquel abrazo parecía indestructible.
-Pues me alegra que sea igual para los dos- lo separó para verlo a los ojos- tienes una gran excusa ¿no?. Dime por favor que tienes una gran excusa, que no me equivoqué en no odiarte por abandonarme. Dime que todo este tiempo creí en ti porque mi instinto me lo decía y no se equivocaba- le rogó como un favor personal, clavando sus ojos color café en los suyos jade.
Harry suspiró alejando la mirada, algo avergonzado. Millones de ideas poblaron su mente, entonces. ¿Excusas?, de esas podría inventar un centenar, pero… la verdad era una sola y no era excusa alguna para dejarla pasar por todo lo que, sabía que había debido pasar. No, claro que no era excusa, él era un cobarde y ella, demasiado buena para perdonarlo aunque no lo mereciera.
Sus ojos continuaron cuestionándolo, con un pequeño destello de esperanza, mientras los suyos solo vagaban por las esquinas del cuarto buscando, quizás, una palabra adecuada, una sola. Pero solo se le ocurría la verdad, las idioteces que hicieron que él la abandonara ante aquel suceso.
-Bueno…- comenzó- excusa, lo que se llama excusa, no. Es más bien una…debilidad.
-¿A que te refieres?
-A que fui un idiota- dejó salir el aire retenido, por su boca. Clavó sus ojos en ella- La verdad es una sola y… no tiene perdón.
-Dila ya, Harry- lo miró preocupada- no me alteres así, no quiero que…
-No creo que te altere, más bien va a decepcionarte.
-Venga, ¿Qué?
-La verdad es tan sencilla como que… fui un cobarde- agachó la cabeza y, con ella, la mirada.
-Un… ¿cobarde?, umm, no entiendo.
-No me quedé por ti, por cobarde. No soporté la idea de ser el culpable de tu estado de coma y…
-Tú no…
-Deja que termine, por favor- suplicó y ella lo concedió con el silencio- No soporté la idea de ser culpable de tu estado de coma y de tu futuro tan incierto- el morocho ladeó la cabeza de lado a lado, negando un propio pensamiento- tendrías que haberte visto, Gin. Tu rostro, tu… tu cuerpo pálido, parecía inerte y… entré en pánico. Es decir, en un principio no quise entrar a verte por el simple hecho de saber que yo sería tu asesino propio y el culpable de mi próxima agonía. No quise entrar por miedo a que tu rostro, aún callado, me culpara con los ojos cerrados. No quise entrar por no confirmar lo que tu familia me había dicho. Había sido egoísta encerrarte para mí, aquí, cuando algo en ti estaba completamente mal. Ron tiene razón, yo…- tomó una gran bocanada de aire y exhaló profundamente- La única verdad aquí es que fui demasiado cobarde como para entrar a la habitación y hacerme cargo de mi error.
-Entonces…- agachó ella, ahora, la vista- tú te fuiste sin avisar a nadie, desapareciste y… te importé un bledo todo este tiempo- concluyó.
-¡No!- respondió con rapidez- No, jamás digas ni pienses eso, ¿si?.
-Es la conclusión que saco de todo esto, Harry. Pero, está bien, es decir, estabas en todo tu derecho.
-Aún no he terminado, ¿sabes?
-Pero no tienes que explicarme nada, en serio- dijo mirándolo y haciéndole ver que de verdad no importaba todo eso.
-¿De verdad me perdonarías aún sabiendo que no estuve contigo cuando más me necesitabas?
-Es que no tiene sentido, todo eso ya pasó. Estas conmigo ahora y, la verdad es que, por mi estado actual- se miró el pelo y lo desordenado del cuarto- yo diría que ahora es cuando más te necesito, y aquí estas. Hubiera sido en vano. Mi familia estuvo esos tres meses allí y no me percaté hasta el tercero. No… no tiene sentido, en serio- se estiró para besarlo.
-¿Por qué eres tan genial cuando no merezco ni un suspiro tuyo?
-No exageres.
-Te lo digo en serio. Estaba resignado a venir y ser dejado, me lo merezco, y tú, en vez de eso, me recibes como si hubiera sido un héroe. No es justo todo esto, Ginny. No es justo para ti contentarte con tan poco, yo…
-Calla. Eso lo decido yo.
-No, eso lo deciden las circunstancias y hoy, igual que siempre, están en mi contra.
-Deja de pavadas, ¿no ves que estoy feliz de estar contigo de nuevo?
-Ese es el punto. Yo siempre arruino todo y tú siempre estás con una excelente predisposición a perdonarme todo y…- lo calló con un beso. Él se dejó callar varios minutos. Lo separó y sostuvo su rostro entre sus manos y apoyó su frente en la de él.
-Calla ya, por favor- lo miró a los ojos- Me hace sentir mal que nos compares. Esto que sentimos, no se compara, nunca se comparará- él suspiró. No quería discutir más con ella sobre el tema, pero quería terminar de explicarle.
-Sé que tienes razón pero…
-…nada.
-¿Puedo terminar de explicarte?
-No, no tiene sentido.
-De verdad, necesito decírtelo todo, para sentirme un poco mejor.
-¿Va a hacerte sentir mejor?
-Si.
-Me lo prometes ¿no?, porque si luego de contarme te pones…
-Lo prometo- ella sonrió y lo liberó de sus manos.
-De acuerdo, te escucho.
-Bien, lo que aún no te dije es que… si, me había ido del hospital para venir aquí y buscar mis pertenencias, pero no sin antes hablar con el médico encargado de tu estado. Él me contó como era la situación, o mejor dicho, lo grave de ella. Entré en pánico. Sabía que no podría apoyarte en cuerpo, estando presente contigo, y menos con tu familia allí, me odiarían, pero si podría estar en alma- ella sonrió- por lo que le pedí al doctor, personalmente, que me llamara a diario y me dijera tu estado. No pasó un día sin que supiera de ti. Si él no me llamaba, porque seguías igual, lo llamaba yo solo para que me lo dijera nuevamente y estar completamente seguro de que no te había matado mi estupidez- aguardó unos segundos. Inspiró hondo un par de veces- Tampoco sabes que, te fui a visitar una vez, aunque fue una sola- la cara pecosa se le iluminó en un segundo.
-¿En serio?
-Claro. Esa noche, antes de partir, cuando tu familia se había desperdigado por el hospital para cenar. Intenté sobreponerme antes de que fuera tarde y viajara lejos. Pero cuando entré y te vi… el corazón se me hizo añicos. De haber estado consiento lo habrías sentido quebrarse. Ahora creo que hubiera sido mejor sobreponerme todo este tiempo y jamás abandonarte. Pero lo intenté, Gin, lo intenté y no pude. Esa noche te hice un montón de promesas que cumpliría si tú mejorabas, y te dejé la llave de casa para que, cuando estuvieras, volvieras y, pudiera encontrarte aquí- el rostro del morocho volvió a cubrirse del manto vulnerable de la tristeza- solo que no esperaba encontrarte así de mal. No pensé que tardaría tanto en volver. Es que no pude ubicar al doctor. La última que me quedó fue llamar a Ron, haciéndome pasar por el mismo doctor, y preguntar por tu estado. Cuando me dijo que estabas mejor, que ya te habías mudado a tu casa, me apresuré a volver. Lo siento- Ginny hacía rato se había tildado en sus ojos, al parecer, recordando una parte en esencial, de su relato.
-Tú… ¿tú fuiste el que dijo que me daría la vida a cambio de que me mejorara?- él asintió asombrado- Soy consiente de ello. Escuché todo ese día. De hecho, escuché todo lo que se habló esa semana para ver si volvía a oír esa voz, que era la tuya y no la reconocí. Pero no la volví a oír y… simplemente dejé de prestar atención. Fuiste tú- repitió- ¿Cómo no te reconocí?, estuve tan confundida esos primeros días. Entonces, es por ti que estoy ahora aquí.
-¿Qué?, me perdí, Gin.
-La primera semana estuve bastante consiente de todo aunque no pude despertar y me dolía hasta pensar. Creí que no lo resistiría y menos con mi familia aturdiéndome los oídos como lo hacían. Cuando escuché tu voz y esas promesas fue como si me iluminara- dijo sonriendo- es que… toda la fuerza que no creí tener para sobrevivir, tú me la diste con esas palabras. Más luego, cuando no volví a oírte, supe que no tenía sentido, es decir, no había escuchado todo, pero si lo importante. Yo tenía que curarme y punto. Anulé todos mis sentidos para juntar fuerzas, me dediqué a dormir y… aparentemente sirvió- sonrió. Harry le devolvió la sonrisa.
-Así que me escuchaste.
-Pero jamás te reconocí. Cuando a Ron y Hermione les pregunté por esa voz, me dijeron que nadie más que ellos, habían estado allí. Y luego les pregunté si habías sido tú, y me di cuenta de que era imposible, ya que ellos juraban que tú te habías dado a la fuga por sentirte culpable y bla bla- su rostro se volvió melancólico nuevamente.
-Bla bla, si. Tienen razón.
-Nada de esto importa, ¿no te das cuenta?- él la miró extrañado- sino fuera por ti, definitivamente no estaría aquí hoy.
-Nunca habrías estado en el hospital, de ser por mí.
-No seas injusto contigo mismo. Si hubiera vivido sola, tampoco habría ido, tu nunca me retuviste- insistió- Pero ya nada importa porque fuiste tú quien me ayudó a salir de ese estado y…- se abalanzó nuevamente a sus brazos cayendo de la cama, haciendo que el quedara recostado, de espaldas al suelo, con ella encima. El beso se tornó bastante fogoso segundos antes de que ella decidiera alejarse para mirarlo- Dejemos este tema, es absurdo.
-Claro que no lo es.
-¿Quieres que te perdone?
-Si- dijo con tristeza.
-Entonces no saques nunca más el tema- él estaba por objetar algo pero ella se adelantó a hablar- De todas formas ya estas perdonado, no puedes sacar más el tema- él sonrió y la volvió a besar. Sin saber cómo, él levantó a ambos del suelo y a ella en brazos. Se dirigió al baño- ¿Qué haces?
-Dejé el grifo abierto. Vamos a darnos un baño- le sonrió- tú estás toda sucia y yo… te he extrañado mucho- le sonrió con picardía.
FIN
