-Ve a descansar, no puedes depender sólo de píldoras del ninja, no le hará bien a tu organismo.
-No soy más una ninja. Aunque pienso retomarlo un poco más adelante. Además debo cuidar de tu madre, ella despertara pronto.
Shino se acerco hasta ella y le colocó una manta en sus hombros. Tamiko pasaba el día cuidando a su madre en la casa mientras Shibi regresaba de sus misiones. Y por las noches llegaba cansada por sentarse por horas sin moverse, por dormir un par de horas antes de levantarse y volver a cuidar de la mujer.
Tres días habían pasado y no había resultados. Si bien ya no había veneno, su cuerpo si estaba muy cansado y seguía sin despertar regularmente. Lo hacia unos segundos, pero estaba tan desorientada que apenas si se movía. Le daban alguna píldora y agua para alimentarla y mantenerla viva antes de que cayera inconciente de nuevo, deportando solo al día siguiente.
Probablemente la mujer no sabia siquiera que comía o quien se lo daba. Por eso Tamiko le cuidaba, si la persona que la enveneno lo intentaba de nuevo, la madre de Shino aceptaría cualquier cosa sin dudar ni reconocer a nadie.
Que veneno causaba que la persona quedara inconciente no lo sabia, era frustrante que hubiera un veneno que ella no pudiera reconocer. Como si el maldito estuviera hecho con algún secreto familiar. Probablemente de quien la enveneno. Por eso los médicos le habían dado tantas cosas sin lograr curarla del todo.
Necesitaban encontrar al culpable, Shibi era el que más preocupado estaba por supuesto. Tenían que encontrar quien hizo eso y lograr que entregara el antídoto.
-No me gusta verte así. Yo cuidare de ella ahora.
-Tu tienes trabajo.-Reprocho y se levantó para abrazarlo.
-No por el resto del día. Anda, vuelve a la casa y yo me quedo. Es una orden.
-Como si alguna vez las obedeciera.- Le sonrío y aspiro su aroma.- Hueles tan bien, como odio que Saori siga por aquí merodeándote.
-Ella se queda en esta casa. A la nuestra no entra. No tienes de que preocuparte.
-Sabes que busca cualquier razón para hacerme quedar mal, incluso es ella quien le cocina a tu padre y todavía encuentra tiempo para buscarte. ¿A ti no te importa comer lo poco que yo se cocinar, verdad?
-No, por supuesto que no. A mi me gusta como cocinas.
-Es que tu madre es una gran maestra.- Sonrío orgullosa.-...Shino, no se como decir esto pero...-Se mordió el labio cuando sintió el sonrojo.- Nuestro matrimonio, bueno, nosotros no estamos casados del todo, quiero decir....
-Que no lo hemos consumado.- Completo él y fue recompensado por un sonrojo mayor y Tamiko escondiendo la cara entre sus ropas. Esa chica era bastante extraña. Ahora entendía que todas las cosas que le dijo en el pasado la hicieron reunir un gran valor. Pero ahí estaba, de nuevo encarándolo no dispuesta a que él la avergonzara.- Cuidas de mi madre todo el día, no quiero cansarte.
-No estoy cansada, yo sigo tomando las píldoras. Tu en cambio eres el que esta cansado por las misiones. Aunque...ya que ambos somos ninjas tenemos un mayor rendimiento, debemos buscar otra excusa. Ya no somos niños y no podemos inventar cosas para posponerlo.- Le sonrío ligeramente.
-¿Quieres hacerlo ahora? Es media tarde y mi padre debe estar por volver. Podríamos ir a casa.
-No, no me gusta así. Es decir, esto no se planea. Quiero que simplemente nos dejemos llevar. Cuando sea el momento adecuado lo sabremos.
-¿Esto tiene que ver con la forma de perder tu virginidad?
-Si.- Gruño molesta por tener que admitirlo.- La noche de bodas era perfecta para ello, pero con esto...pues...-Suspiro-...Entonces quiero otro momento especial. Y si, suena cursi, terriblemente rosa y nada parecido a mi forma de ser, pero así es como lo quiero y tú me obedeces.
-Creí que el hombre de la relación era yo.
-Compartiremos el papel. Por ahora dejemos de hablar porque no me gusta hacerlo frente a tu madre. Quien sabe que escuche.
-Como gustes.
-Oh, siempre envidio tu entusiasmo.- Dijo sarcástica y se separo.- Iré a preparar algo para que comas.
-Te dije que no tengo misiones, en cuanto mi padre llegue podamos salir a comer.
-¿Me llevas a ver Icha Icha la película? Se que es vieja pero todavía quiero verla - Pregunto entusiasmada.
-No creí que tuvieras esos gustos.
-Kakashi san dice que es buena. Y como él ha leído los libros debe tener razón.
-Mejor te compro un libro para que veas de que trata y si después quieres verla te llevo.
-Bien.- Volvió a abrazarlo.- ¿Que hacemos ahora? Tu padre no esta y Saori debe estar en la cocina.
-Toma un baño conmigo.
-Por supuesto que no.- Dijo sonrojada.- Sólo hablemos. Dime algo.
-¿Te sientes sola?
-Un poco.- Admitió con un suspiro.- Aquí no tengo a mis amigas y no conozco a muchos. Si, en la semana que tú no estuviste me visitaron tus compañeros y amigos, tenían curiosidad por saber como era yo. Y pude hacer amistad con algunas personas. Pero no son alguien con quien pueda salir y charlar tranquilamente. Hinata me ha visitado algunas veces y es muy linda, pero...me agrada más charlar con tu madre.
-Deberías tener amigas de nuestra edad. Las mujeres de mi clan son un tanto reservadas y no creo que tengas mucho en común con ellas.
-Lo se, he notado como me miran cuando salgo a caminar. Quizá cuando ella este bien yo salga un poco más.- Sonrío mirando a la mujer en la cama.- No tardara en mejorar. Lo se.
-Tamiko ¿Porque haces esto? No esperaba que si algo pasaba mi esposa se mostraría tan afectada. Pero tu...
-Es tu familia, Shino. Me importa lo que a ti te importe. Tal vez no me creas, pero de verdad te quiero.
-También yo te quiero.- Le beso el cabello y le removió un mechón de su cara.
-Lo se. No tienes porque decirlo.
-¿Como?- Tamiko le sonrío y colocando su mejilla en el pecho de él cerró los ojos.
-Se que no puedes decirlo en publico, ni muy seguido tampoco. Te es incomodo y lo entiendo. Así que no tienes que hacerlo por mí. Con que yo lo sepa me basta. No necesito más de lo que me das. Seria hermoso que me tomaras la mano al caminar, o que me besaras bajo un árbol, pero no es necesario. Soy mucho más feliz cuando alguien te pregunta quien es la joven a tu lado y orgulloso respondes que soy tu esposa. Eso es algo que nunca soñé y aun así lo tengo. Si pido un poco más puede que mi suerte se termine.
-Pero no quiero que te conformes.- ¿Porque hacerlo? Tamiko era ahora la persona a la que más quería y hacerla conformarse con tan poco era algo estupido. Él podía tener más, solo tenia que esforzarse. Si era vergonzoso todas las miradas incrédulas de la gente, pero él podría soportarlas si con eso ella era feliz.
-Shino, te tengo a ti, y tú no eres un premio de compensación. Antes mi vida era simple, trabajaba como ninja y ayudaba a mi abuelo, por las noches visitaba a mis amigas y cuando podíamos íbamos de paseo, me gustaba el chico que vivía al lado de mi casa pero tenia miedo de hablarle y que yo no le interesara así que solo fuimos amigos; no me quejo de nada, me gustaba mucho. Y ahora, no soy una ninja, no por ahora, estoy en casa casi todo el día y no hablo con muchas personas, pero estas tú. Aunque todo esto sea muy tranquilo para mi gusto y en ocasiones quiera gritar de frustración, me basta recordarte a ti. Eres algo en mi vida que no quiero dejar.
-Por eso te quiero. Yo tampoco quiero dejarte, tener una familia contigo es algo que realmente quiero. Mi vida por el contrario de la tuya, fue más tranquila, eran misiones y el clan, sin salir demasiado y siempre haciendo todo de manera pacifica. Y tu viniste cambiarlo todo.
-¿Soy un poco hiperactiva, verdad?- Pregunto con una sonrisa nerviosa porque ella ya sabia la respuesta.
-No mucho cuando hablamos, te comportas más calmada. No siempre tienes que ser fuerte, Tamiko. El mundo no se caerá porque te permitas llorar alguna vez. Ni nadie morirá si muestras temor. Por dentro eres aun más delicada que muchas chicas.- Le dio pena, no se acostumbro a la sensación y temió el rechazo, pero aun así la estrecho más contra sus brazos.- Nadie va a lastimarte, lo juro.
El estaría ahí para cuidarla, siempre. ¿Era prudente expresar todo lo que sentía? Probablemente no. Primero quería saber que ella sentía igual. Nunca espero que su esposa lo quisiera, de hecho, sabia que así no seria. Su esposa debía respetarlo y cumplir sus demandas, ser sumisa ante él. Así era como educaban a las mujeres que eran comprometidas desde pequeñas.
Pero imaginarse a Tamiko sin ese brillo de libertad en los ojos, esa chispa en su sonrisa o verla ir de un lado a otro casi como si bailara de felicidad, era algo que no deseaba ver jamás.
La quería porque era diferente a las demás, porque era una criatura indomable. Una mujer con un gran corazón, y que lo hacia sentir bien.
-Te quiero, Shino, te quiero.- Volvió a repetir con la necesidad de que él lo comprendiera.- Había esperado mucho para encontrar un hombre que amar y ahora al fin lo tenia.
-Lo siento ¿interrumpo?- Shibi estaba sonriendo en el marco de la puerta y los jóvenes avergonzados se separaron. Malditos sonrojos. Y aun más la interrupción, ellos tan solo querían besarse y no podían.
-Iré a preparar algo para que coma.- Se disculpo Tamiko para salir rápidamente.
-Será agradable probar algo que prepare tu esposa. Una receta familiar es mejor que cualquier cosa que prepare Saori.- Alcanzo a oír como le decía a Shino y sonrío.
Pero en la cocina estaba Saori. Acomodándose un mechón de su cabello tras la oreja que rebelde se había salido de su perfecto peinado. Ella era una chica de gran porte y elegancia, algo que simplemente Tamiko no seria nunca. ¿Como serlo si tenia tantos defectos? Pero nunca bajaría la cabeza ante nadie como ella.
-¿Viniste a quemar algo?- Pregunto con una sonrisa arrogante dibujada en sus finos y rojos labios.
-Si quisiera quemar algo, hay mucha basura que podría usar.- Respondió mirándola de arriba a abajo, intentando mostrar repulsión pero interiormente se pregunto si ella debería usar ropas más conservadoras.
-Tu maldit...
-Saori- La voz de Shino resonó en toda la cocina, levanto el volumen apenas un poco más allá de su tono acostumbrado que siempre parecía susurrar pero su siempre imponente imagen hizo que ambas chicas lo miraran con asombro. Había salido tras de Tamiko para dejar a sus padres solos y sintió una muy clara ira al ver como Saori pretendía insultar a Tamiko.- Te recuerdo que esta es la casa de mi padre y en su nombre exijo tu respeto. Así como una disculpa hacia mi esposa.
-¿Porque me disculparía? No tengo nada que lamentar.- Si pudiera hubiese escupido veneno. Pensó con ironía y casi sonríe al recordar a la mujer inconciente.
-Fuiste invitada a quedarte, pero no olvides que ahora soy yo el líder del clan. Así que si no piensas comportarte como es debido debo ordenarte que te marches. Y si tanto necesitas que te lo recuerde entonces deberías pensar que como esposa del líder y futura madre de los herederos, Tamiko tiene más poder aquí que tu y que cualquier otra persona en el clan. Lo que ella diga será obedecido aun si eso significa un daño a terceros.
-Esto es imposible. ¿Como puedes defenderla? Es una extraña y no significa nada.
-No me hubiese casado con ella si no significara algo, Saori.
-Es ridículo, las personas obligadas a casarse no desarrollan lazos de afecto.
-¿Porque no? Mis padres llegaron a amarse después del matrimonio. ¿Eres tan tonta como para pensar que no amo a mi esposa?- Tamiko retuvo la respiración al escucharlo y Saori salio molesta al escuchar su burla. Entonces Shino se acerco a Tamiko y la rodeo con los brazos.- ¿Estas bien?
Durante unos segundos no pudo siquiera asentir asi que coloco las manos sobe el pecho de Shino y miro hacia un lado. No sabia si Shino la amaba realmente o solo lo dijo para enfurecer a Saori.
Se quedaron así durante unos minutos, Tamiko tratando de encontrar una respuesta y Shino consolándola. Le parecía que entre sus brazos asemejaba a una pequeña muñeca frágil y delicada que necesitaba protección.
Tamiko sonrío al fin y lo miro a la cara. Odiaba esos lentes pero almenos podía imaginarse cuan hermosos eran sus ojos.
-¿Al lado de ella parezco vulgar?- Bromeo tocando la tela de su pequeño vestido. Shino sonrío y Tamiko se lo imagino rodando los ojos.
-No. Tonta.- No quería darle oportunidad de que le regañara por el pequeño insulto, así que la beso.
Entonces Tamiko se permitió creer que Shino había dicho la verdad.
