La noche era húmeda y ventosa, muchos niños con extravagantes disfraces caminaban por doquier, sin preocuparse de nada, de esquina a esquina pidiendo dulces para saciar su hambre de ellos. En una esquina de la calle, una de las calles más oscuras se encontraba una linda y humilde casa, donde sus habitantes no sabían que muy pronto todo el futuro que habían planeado cambiaría.

La puerta de la entrada de abrió de par en par mientras una figura con una capa negra entraba por ella...

- ¡Toma a Harry y vete, Lily! ¡Es él! ¡Corre, vete! ¡Yo lo contendré! -se oyó la voz de un hombre gritar, el chico que estaba contemplando la escena vio al hombre y se dio cuenta de lo parecido que tenía con su hermano. Una risa malvada inundó la casa antes de que una maldiciendo y un rayo verde inundará la sala.

- ¡Avada Kedavra! -la luz verde inundó el estrecho vestíbulo, iluminando el cochecito apoyado contra la pared, reverberó en los balaustres como si fueran fluorescentes, y el joven que antes había gritado se desplomó como una marioneta a la que le han cortado los hilos.

Un grito se oyó en el piso de arriba. La figura de la capa negra subió lentamente las escaleras como si supiera que no podían escapar y quería apreciar cada instante de esa noche. El chico que contemplaba la escena subió por las escaleras como un fantasma, sabía que no podía ayudar, pero necesitaba ayudar, una voz dentro de él le pedía a gritos que hiciera algo.

La figura de la capa negra apartó con un único y lánguido movimiento de la varita la silla y las cajas que la mujer había amontonado apresuradamente. Y allí estaba la mujer, con un bebé en brazos. La mujer dejo a su hijo en la cuna que tenía detrás y extendió ambos brazos, como si pudiera ayudarla.

- ¡Harry no! ¡Harry no! ¡Harry no, por favor!

- Apártate, necia. Apártate ahora mismo...

- ¡Harry no! ¡Por favor, máteme a mí, pero a él no!

- Te lo advierto por última vez...

- ¡Harry no! ¡Por favor... tenga piedad... tenga piedad! ¡Harry no! ¡Harry no! ¡Se lo ruego, haré lo que sea!

- Apártate. Apártate, estúpida...

La luz verde destelló en la habitación y la mujer se desplomó igual que su esposo en el frío piso, inmóvil.

El chico que seguía contemplando la escena como un fantasma cerró los ojos, una fina lágrima caía por su ojo derecho, no quería ver lo que pasaba a continuación, tenía una vaga idea de lo que pasaría, pero no estaba listo para ello; aún así se forzó a sí mismo a abrir los ojos y ver qué pasaba a continuación.

El niño estuvo en silencio en todo ese rato; ya se sostenía en pie, sujeto de los barrotes de la cuna, y miró con expectación al intruso, quizás creyendo que quien se escondía bajo la capa era su padre, haciendo más luces bonitas, y que su madre se levantaría en cualquier momento, riendo...

La figura de la capa apuntó la varita a la cara del niño. El pequeño rompió a llorar...

- ¡Avada Kedavra!

El chico que observaba la escena cerró los ojos, no quería ver al pequeño infante tirado en su cuna, muerto, al igual que sus padres y oír la malvada risa del monstruo que se divertía matando y separando familias.

Pero eso no fue lo que oyó, a continuación oyó un terrible grito y el llanto más fuerte todavía del bebé. Con curiosidad, el joven abrió los ojos con temor, pero cuando los abrió, no estaba en la misma escena que segundos antes se encontraba.

Se encontraba en un prado, lleno de todas las flores imaginables, pero no se fijó en ello; en medio de todo el paisaje se hallaba una hermosa mujer, no aparentaba tener más de treinta años, era alta y de buen cuerpo, traía puesto un hermoso vestido primaveral verde hasta las rodillas, iba descalza y sus pies rozaban las flores con delicadeza.

Levantó su rostro, y su cara de porcelana brillo ante la luz solar. Su pelo oscuro contrastaba con sus ojos dorados. Y su voz era dulce y angelical como la voz de un ángel cuando hablaba:

- Pronto, muy pronto, mi querido héroe -dijo la mujer-. Se fuerte, yo sé que tú eres más de lo que aparentas.

Y con esas palabras, Dylan Harry Potter despertó de una pesadilla.


- ¿Estás loca? -la potente voz retumbó por toda la blanca habitación.

La mujer que antes había aparecido en el sueño del niño estaba arrodillada con la cara viendo hacia abajo mientras otras siete figuras la rodeaban, sus ojos estaban rojos de tanto llorar..

- Tranquila, Vida, no fue la intención de Naturaleza -dijo Muerte mientras agarraba a su melliza antes de que se lanzará sobre Naturaleza-. Solo fue una pequeña equivocación.

- ¡Nos pudo haber matado a todos con solo haber aparecido en ese sueño! -grito histérica Vida- si no fuese por el pacto que hicimos sobre no involucrarnos más todos estaríamos muertos por solo esa "pequeña equivocación."

- No lo volveré a hacer, lo siento -susurró Naturaleza-. Yo solo quería verlo, si no fuera por la estúpida regla de no meternos con los humanos, esto no hubiera pasado -siguió diciendo, pero esta vez más fuerte- y sabes perfectamente que yo no soy de las que siguen las reglas.

- Muy bien, pero que no vuelva a pasar -con esas palabras de Vida la chica desapareció en una explosión.

Todo el mundo se quedó callado, casi nunca veían a Vida así de enojada, pero desde la muerte de... Vida había estado un poco histérica desde entonces. Sus demás compañeros de trabajo no la culpaban, sabían perfectamente que, aunque no lo pareciese, Vida era la más afectada, y cada vez que algo tan delicado como aquello pasaba, Vida no podía evitar ponerse así.


Dylan se acomodó en la litera, las sabanas estaban pegadas al chico y sentía como el frío sudor se extendía alrededor de todo su cuerpo.

Tenía todavía las lágrimas que había llorado en su sueño alrededor de sus ojos, la luz verde todavía brillaba detrás de sus párpados cada vez que los cerraba.

Detrás de la ventana, la luz solar apenas estaba saliendo detrás de las montañas, signo de que apenas estaba amaneciendo.

Dylan se quedó un rato más sentado en la cama viendo hacia el horizonte, pensando en el sueño que recientemente había tenido. Muchas otras veces había soñado con esa misma luz y esos mismos gritos, pero nunca lo había visto así de detallado. De solo pensar que existía una persona que le disfrutaba matar le creaba escalofríos por todo el cuerpo.

Se quedó otros minutos viendo el sol salir, hasta cuando ya estaba arriba en el cielo, bajo lentamente los peldaños de la litera, no quería despertar a James, se veía demasiado tranquilo como para que lo molestara despertándolo para contarle alguna pesadilla. Dylan sabía perfectamente que su hermano se burlaría de él por molestarse por algo tan estúpido como una pesadilla.

Se vistió lentamente, tendió su cama en silencio para no despierta a su gemelo y se dirigió a la cocina, su garganta estaba seca y sus ojos rojos por intentar evitar el llanto al ver a la mujer y al hombre tirados muertos en el piso, mientras el bebé los veía esperanzadoramente esperando a que se levantasen como si se tratase de un juego...

A Dylan se le congestionó la nariz con solo ese pensamiento.

Bajo lentamente las escaleras hasta bajar y tomar un vaso de agua, sintió su garganta refrescada y se sentó en silencio viendo a los pájaros pasar por la ventana.

"¿Qué pasó con el bebé? ¿Acaso el señor tuvo piedad y por esa la razón del llanto del bebé? ¿Acaso sigue vivo? Solo era una pesadilla, eso nunca pasó ¿verdad?"

- Dylan, Dylan -una voz penetro a su mente, pero el chico no le hizo caso.

"Y si sí sobrevivió ¿qué pasó con él? ¿Tenía otra familia aparte de su madre y su padre? Si sí ¿esa familia lo querrá tanto como su padre y su madre?"

- Dylan, ¡Dylan! -otra vez esa voz, ¿qué no se podía callar?

"¿Por qué estás pensando en esto? Solo era una pesadilla, eso nunca pasó, por algo se llama pesadilla, tu imaginación la creó."

- Dylan, ¡Dylan!, ¡Harry!, ¡HARRY!

- ¿QUÉ? -le salió mucho más fuerte de lo que pretendía, haciendo espantar a su hermano que lo estaba viendo con preocupación.

- ¿Estás bien? Llevo hablándote por varios minutos -preguntó James.

Dylan solo asintió, mintiendo; pero no servía de nada, su hermano lo conocía perfectamente en todos los sentidos, sabía cuando estaba mintiendo; pero también gracias a ello no preguntó que lo molestaba, James sabía cuando su hermano no quería hablar sobre algo.

- ¡Adivina qué día es hoy! -dijo exaltado James viendo a su hermano con aprensión, como si esperase que él también se pusiera a saltar de alegría-. ¡Hoy es nuestro cumpleaños! ¡Y adivina qué significa eso! ¡Hoy nos llega la carta de Hogwarts!

Por esa razón James había estado tan emocionado. Todo el mes anterior se había estado preguntando a sí mismo si era squib o si en verdad era mago y le decía a Dylan que la carta de Hogwarts lo definiría todo. Dylan le había tenido que estar recordando a cada rato que no podía ser squib si a casa rato estaba haciendo magia accidental. Pero obviamente a él no le importaba y seguía molestándose y diciéndose que era una vergüenza para la familia, cuando llegaba a ese punto, Dylan tenía que golpearlo para que dejara de delirar.

- ¿Crees que enserio me llegue? -preguntó por milésima vez James- obviamente a ti te va llegar, siempre estás haciendo magia accidental.

- Y hacemos todo juntos, lo cual significa que tú haces la magia accidental conmigo, lo cual significa que a ti también te va a llegar la carta -repitió cansadamente Dylan por milésima vez.

- Ok, per y sí... -James no termino de hablar, unos suaves golpecitos en la ventana resonaron por toda la casa.

James salió corriendo hacia la ventana más cercana y felizmente saltando. Abrió la ventana y una hermosa lechuza negra bajo en picada y dejo el periódico sobre la mesa de la cocina. Dylan le pago cinco knuts, los cuales puso en una bolsita de cuero que llevaba atada.

- Dylan, Dylan, mira ya llegaron, y son dos -James le extendió una carta a su hermano mientras este le abría la ventana a la lechuza para que saliera volando.

Dylan abrió la carta y un extraño déjà vu le llegó.

En el sobre amarillento, dirigido al:

Señor D. Potter,

Cuarto más pequeño,

Valle de Godric,

Londres

El sobre era grueso y pesado, hecho de pergamino amarillento, y la dirección estaba escrita con tinta verde esmeralda.

Con las manos temblorosas de la emoción, Dylan le dio la vuelta al sobre y vio un sello de lacre púrpura con un escudo de armas: un león, un águila, un tejón y una serpiente, que rodeaban una gran letra H. El signo de armas de Hogwarts.

Sacó la carta y leyó:

COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA

Director: Albus Dumbledore

(Orden de Merlín, Primera Clase,

Gran Hechicero, Jefe de Magos,

Jefe Supremo, Confederación

Internacional de Magos).

Querido señor Potter:

Tenemos el placer de informarle de que dispone de un puesto en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista de equipo y libros necesarios. Las clases comienzan el primero de septiembre. Esperamos su lechuza antes del treinta y uno de julio.

Muy cordialmente,

Minerva Mcgonagall

Directora adjunta.

Dylan y James se vieron por unos segundos antes de reírse e irse a a despertar a sus padres. Pronto tendrían que ir a Hogwarts, en un mes exactamente, y querían estar listos para su nueva aventura.

Fue uno de los mejores cumpleaños que ambos chicos tuvieron, aunque la difuminada imagen de un pastel en forma de snitch sobre una mesa llena de personas pelirrojas que Dylan no recordaba exactamente aparecía cada vez que pensaba en ello, pero en ese momento no le importaba mucho mientras saltaba contento con su gemelo encima de la cama de sus padres.


**Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas**

Ya casi van a Hogwarts.

¡Estoy muy emocionada! Siiii

Ya quiero que sepan cómo Dylan cambia las cosas en Hogwarts desde el principio.

¿Estará en Gryffindor, en Slytherin, en Hufflepuff o en Ravenclaw?

¿Será amigo de Snape?

¿Y qué pasará con la relación de odio-amor entre James y Lily?

¿Dylan/Harry será lo suficientemente Merodeador para encajar con los amigos de su gemelo/padre?

**Travesura realizada**