Hola de nuevo gentesita hermosa! n_n quien ya tiene vacaciones? …Yo sí xD
Bueno en cuanto a la propuesta que les hice de que Pitch cantara…nadie me dijo que no así que soy libre de prepararlo. Gracias a todos por seguir leyendo esto.
En fin, ya no los entretengo…¡Que suene!
Capítulo 7: Todo por lo que estoy viviendo.
Anna trataba de convencerme de regresar, supe que tendría que sacarla, como siempre lo he hecho, para poder irme y empezar con mi entrenamiento junto con el Rey de las Pesadillas. Pero al decirme que había provocado otro accidente me exalte tanto que la nieve empezó a rodearme provocando una tormenta en la alcoba.
-¡Pues finalmente y como nunca…!
-¡No, yo nunca libre voy a ser…!
La tormenta se hacía más fuerte a cada segundo, al ver a Pitch al lado de Ana e ir hacia mí hizo que mi estrés aumentara, deseando alejarlos a los dos para que me dejaran pensar con claridad. No medí la cantidad de poder que dejé salir, mucho menos sabía de qué manera se manifestaría, pero en cuanto me di la vuelta vi confirmados mis peores miedos y pensando que todos tenías razón…soy un monstruo.
-E-Elsa.-Ana me habló débilmente en el suelo mientras observaba con terror como un témpano de hielo se había clavado justo en su corazón, la herida comenzaba a sangrar y Ana se iba acercando al piso cada vez más hasta que terminó tendida en este.
-¡Ana!-fui hacia ella con desesperación, el pánico me hizo incapaz de ayudarla, incapaz de hacer algo antes de que fuera demasiado tarde, fue cuando sus ojos se posaron en mí y me vio con desprecio.
-Monstruo…¡MONSTRUO!-gritó señalándome e intentando alejarse.
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-¡ANA!
La reina despertó estrepitosamente arrojando la sábana al momento de levantarse, su respiración era agitada, miraba por todos lados y sus manos sujetaban su cabeza pensando que ésta iba a estallar. Un bulto a su lado se removió y la princesa se levantó tomando del hombro a su hermana.
-Elsa…-susurró levemente asustando a la semi rubia.-¿otra vez pesadillas?-preguntó, pero su hermana solo respondió con los ojos anegados de lágrimas. Ana abrazó a Elsa mientras ésta dejaba que su llanto inundara la habitación.-Todo esta bien, mírame.-retiró un poco el rostro de su herma para que la mirase.-Yo estoy bien, nunca harías nada apropósito para lastimarme.-dijo suavemente.
Elsa siguió sollozando y dejando que su hermana la consolara. En la última semana transcurrida, la reina tenía pesadillas, y no solo esas que te dan tu susto de media noche sintiendo que caes, no, eran pesadillas que involucraban siempre a su hermana o a sus padres. Por varias noches, las pesadillas no pasaban de solo despertarla sin molestar a su hermana, pero después éstas empeoraron y Ana tenía que calmarla para evitar que congelara la habitación o perdiera la cabeza.
Ya faltaba poco para la boda de la castaña y Elsa se sentía, en cierto modo, responsable de que todo estuviese bien hasta el gran día para no preocupar a su hermanita. Lo menos que quería era que Ana estuviese más al pendiente de ella que de sí misma, pues entonces empezaría a notar ciertas cosas de las Elsa había intentado protegerla.
-¡Elsa, Ana! ¿Qué sucede? ¿están bien?-Olaf había entrado armado con su nariz de zanahoria, había oído el alboroto desde el pasillo. Las hermanas sonrieron observando a su amigo su manera de defenderlas.
-Todo esta bien, Olaf.-respondió Elsa secándose las lagrimas con sus dedos.-Solo fue una pesadilla.-dijo forzando una sonrisa.
-Oh.-se volvió a colocar su nariz.-De acuerdo.-caminó y subió a la cama de las hermanas.-¿Quieres que te traiga chocolate caliente, Elsa?-preguntó amablemente el muñeco, amabas sonrieron por el gesto a la vez que la mayor asintió.
-En realidad, creo que sería mejor si voy yo misma.-se levantó de la cama.
-En ese caso te acompaño, ya estoy despierta después de todo.-comentó Ana tranquilamente.
Entre los tres fueron a la cocina intentando no despertar a nadie, Olaf encendió la chimenea para calentar el chocolate con leche y las hermanas sacaron los necesario de las alacenas para empezar a prepararlo. Ana le dijo a Elsa que se sentara, puesto que en la cocina hay una mesa con sillas, para que pudiese relajarse en lo que estaba lista la bebida caliente, pero ella insistió en ayudar para tener su mente ocupada. En unos diez minutos el chocolate estaría listo para empezar a beberlo bien caliente, mientras esto ocurría, ellas tendrían que esperar y Ana usaría esto de excusa para saber qué soñó esta vez Elsa.
La reina estaba sentada con su mano cubriendo sus ojos mientras la otra sujetaba su taza, en su mente trataba de borrar la horrenda pesadilla, hasta ahora le era difícil comparar el resto y ver cuál había sido la peor pero ésta se había vuelto la número uno como la peor pesadilla de todas; ninguna de las pesadillas anteriores se las contó a su hermana, no querían angustiarla con ellas pero eso era justo lo que hacía sin darse cuenta.
-¿Y bueno?-la voz de Ana la sacó de sus pensamientos, al tiempo que ella había tomado lugar a su lado pero sentada frente a ella.
-"¿Y bueno qué?"-respondió su hermana con una sonrisa forzada.
-¿No piensas decirme?-sonó más a reclamo que otra cosa, Elsa debió la vista dirigiéndola a su taza.-Oooh, ya entiendo. No quieres decirme de qué fue la pesadilla, ok. Pero si mañana me ves con ojeras y molesta no me vengas a preguntar por qué.-hizo morritos y le dio la espalda, no era más que otro berrinche con el que la reina tendría que lidiar.
-Una pesadilla no tiene nada de importante, no hace falta que sepas qué fue.-respondió con calma, nunca le seguía la corriente a su hermana.-No creo que tenga otra en unos días.
-Eso lo dijiste ayer, y antier…y el día anterior y el anterior a ese.-Ana se dio vuelta poniendo cara seria.-Esto está empezando a preocuparme.
-Ana, no hay de lo que tengas que-la menor tomó su mano callándola, su expresión se volvió dolida.
-Las pesadillas no son lo único que me preocupan.-Elsa esperaba que no tuviese nada que ver con lo otro.-Tal vez creas que tu eres la que me cuida pero yo también tengo que cuidar de mi hermana. Te duermes hasta ya muy tarde, te levantas antes de que salga el sol, haces tu trabajo demasiado rápido para después venir conmigo y Kristoff.-la angustia se reflejaba en la voz de Ana a medida que le decía más cosas a Elsa.-Primero fue todo eso, luego las pesadillas, lo único que falta es que vuelvas a congelar el reino.
El lugar se volvió silencio, Elsa tenía los ojos como platos, Olaf las había estado observando del otro lado de la mesa entre ambas viéndolas dialogar. Ana seguía sujetando la mano de su hermana, pero ésta la sentía apretada y que también le estaba cortando la circulación; no hacía falta decir que la castaña quería
-Si hay algo que quieras decirme que explique todo, es momento de que me lo digas.-dijo aumentando el apretón.
-Ana…me lastimas…-dijo la mayor, al oírla suavizó el agarre.-No hay que explicar creo que…estoy algo nerviosa por lo de la boda, creo.
-¿Tú nerviosa por mi boda? En todo caso yo soy la que debería estar nerviosa.-dijo incrédula.-Elsa, no mientas más. Sé bien que algo está pasando y no quieres decírmelo.
-Es que-
-Y si es para protegerme entonces con más razón.-Olaf fue a la cocina dejando a esas hermanas arreglarse solas.-No logras más que angustiarme si me escondes cosas que, según tú, son para mi propio bien. No estoy reclamándote nada, pero lo digo por la última vez que no me dijeron algo por mi propio bien, ¿Y qué pasó? Terminaste congelando el reino entero.
-Pero mi trabajo siempre ha sido ese.-dijo de pronto acallando a su hermana.-Lo hago para protegerte de algo más grande que yo, de algo más peligroso que yo. Tal vez todos ya hayan olvidado que te hice daño con mis poderes pero yo no.
-Elsa, eso fue un accidente.
-Para ustedes, pero eso no cambia el hecho de que mi mano izquierda fue la que lanzó el rayo de hielo que te hirió, aún si fue accidente yo soy la única responsable.-ambas guardaron silencio, Ana estaba boquiabierta y sin nada que saliera de esta.-…estaremos en buenos términos, pero aún tengo miedo de perder a mi única familia.-dijo asustada.-Esas pesadillas son el reflejo de mis peores miedos, del miedo de perderte a ti, mi hermana y mi única familia.
Ambas guardaron silencio otro rato, Ana acarició el cabello de su hermana mayor como si fuera la pequeña de las dos, luego le abrazó siendo correspondida de inmediato.
-Tú sabes…que no importa lo que pase siempre me cuidarás y…harás lo que es correcto para todos. –dijo suavemente durante el abrazo.-Solo te pido que no te esfuerces tanto, yo también tengo que cuidarte después de todo.-dijo sonriendo mirando los ojos azules de Elsa, siempre pensó que eran más brillantes que los de ella.-Yo siempre estaré aquí para ti.
-Gracias, Ana.-respondió sonriendo con honestidad.
-¡¿Quién quiere chocolate caliente?!-dijo Olaf entrando con una bandeja en donde venían dos tazas humeantes.
-Yo.-respondieron a la par las chicas.
-Muy bien. Amargo para Elsa.-dijo haciendo a un lado la taza vacía y entregándole la suya, empezó a soplar el humito de la tacita.-Y chocolate con leche para Ana.-le dio su taza.-¿Están bien?-preguntó en doble sentido refiriéndose a lo que estaban hablando hace un momento, ambas se vieron de reojo y sonrieron.
-Estamos bien, Olaf. Gracias.-respondió Ana dando un sorbo a su taza.
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Las mañanas en Arendelle prometían mucho cuando el otoño estaba en su apogeo, esta no era la excepción, aún si las pesadillas eran algo desagradable para Elsa, estar lista para las visitas de sus pretendientes era algo todavía peor para ella. De manera oficial y tradicional, por no decir estricta, Elsa tendría que elegir marido si quería que su línea de sangre heredaran el trono; pero muchos le apostaban a su hermanita Ana para ser la heredera puesto que su boda sería al termino de la semana, la mayoría ya estaba practicando sus reverencias para la Reina Ana de Arendelle en caso de que la mayor no quisiese contraer matrimonio o si este fracasaba…como muchos creían.
Elsa se puso su vestido favorito, el que se hizo estando en la montaña, y volviendo a sus precauciones, sacó sus guantes blancos y se los colocó, y como algo extra y parte de las reglas, se puso una tiara. Ana usaba sus trenzas, un vestido sencillo de mangas de tres cuartos color lila con bordes purpuras y zapatillas prestadas de su hermana color rosa con detalles purpuras. Kristoff normalmente no iba a estas cosas sino hasta la fiesta de la noche de bienvenida, donde la reina bailaba con el posible afortunado, pero esta vez su familia le dijo que el convenía ir para calmar a su futura esposa, el muchacho no entendió pero hizo caso igual. No vestía muy formal, realmente pero si tuvo que usar un traje por ser un evento donde llegaría gente importante.
Los barcos tardaban en llegar, así que las hermanas se decidieron a matar el rato en su habitación, puesto que el trabajo de la reina había sido terminado a tiempo para disfrutar de la fiesta. Al caer la tarde la reina pensó que no tendría que ver a ese pretendiente en particular, por un momento dio gracias al retraso. Justo a las cinco de la tarde, escuchó que alguien tocaba la puerta y al dar permiso de entrada vio a Ejnar con su porte formal.
Ya es al hora sus majestades, los barcos llegarán pronto.-dijo igual de formal que siempre, las hermanas asintieron y el hombre regordete se marchó.
-Ya es la hora.-soltó Elsa sin ganas.
-Anímate, entre más pronto empiece más pronto se terminará.-dijo Anna colocando su mano en el hombro de su hermana intentando animarla.
Salieron de la habitación dirigiéndose a la salida donde acababa de llegar Kristoff esperando a Anna, quien le dio un beso y los tres empezaron a caminar fuera del palacio. Un carruaje los llevó a los puertos para recibir el barco y otro se llevó para al invitado que se quedaría en el castillo. En lo personal para Anna, no estaba de acuerdo con lo que Elsa tenía que hacer, pero tradiciones son tradiciones y por ahora tendrían que acoplarse a ellas. Ya estaban los tres y con Ejnar esperando en el puerto, no muy lejos se podía divisar el barco que esperaban junto con otros que llegaban para abastecer los bienes comerciales del reino, pero el primer barco que se veía era el que la reina esperaba con semblante tranquilo y a la vez denotando nerviosismo.
-Sigo sin creer que tengas que hacer esto.-soltó Anna con descontento.
-Anna, no empieces.-suplicó su hermana siendo la madura.
-No, hablo en serio. ¿Por qué tienes que casarte para que se avale oficialmente tu título de reina? ¿no te parece aunque sea un poco injusto?-dijo cruzándose de brazos.
-Anna, no me corresponde juzgar nuestras tradiciones y mucho menos ponerme en contra.-sentenció.
-Pues sigo sin estar de acuerdo. Tú serías una gran reina aun si te quedas soltera. Además, me parece tonto que tengas que buscar esposo por medio pretendientes…y de paso príncipes.-dijo volteando a ver el piso recordando la mala experiencia de cuando fue traicionada.
-Hermana, solo porque tú encontraste amor de verdad en alguien que no es un príncipe, no significa que a mí me tenga que ir igual.-dijo suavemente mirando a Kristoff, quien las miraba argumentar con media sonrisa sarcástica.-Aunque debo admitir que sería bueno que me pasara lo mismo.-terminó con una sonrisa.
-Bueno…si quieres omitir la parte de ser traicionada supongo que sería mejor, jaja.-al terminar de hablar el barco ya había anclado y los marinos colocaban la tabla para que la gente a bordo empezara a bajar.-por cierto, ¿quién viene esta vez?-preguntó Anna en susurros a Elsa manteniendo al compostura, pero su hermana se abstuvo de responder girando los ojos al barco.
-Presentando ...-anunció Ejnar, todos, hasta la princesa y su hermana hicieron una leve reverencia y bajaron sus cabezas.-… al Príncipe Hans de las Islas del Sur.-al oír el nombre, Anna y Kristoff dejaron de respirar y junto con Elsa subieron su vista, a la princesa le dio un tic en el ojo derecho y Kristoff ya había hecho puños sus manos. ¿así o más que no olvidaban la traición de aquél cretino de cabellos pelirrojos?
-Bienvenidos a Arendelle.-dijo Elsa con una sonrisa tranquila.-Los estábamos esperando.
-Gracias su majestad.-contestó el príncipe de los cretinos bajando del barco y tomando la mano de la reina.-Y gracias por haberme permitido quedarme en el castillo.-finalizó besando levemente la mano de Elsa. Anna y Kristoff estaban sin pista, sus caras lo expresaban, se miraron por un segundo y después Anna llamó la atención de su hermana aclarándose la garganta. Hans bajó del puerto primero y se subió al carruaje que prepararon, al tiempo que Elsa volteó hacia su hermana.
-¿C-c-cómo es que…?-
-¿Qué hace ese aquí?-preguntó Kristoff.
-En la fiesta lo explicaré todo, lo prometo.-dijo rápidamente Elsa alcanzando el carruaje en el que iría el príncipe Hans.
Ana y Kristoff seguían sin creerlo, las mismas preguntan rondaban por su cabeza con respecto a la razón de Hans al estar aquí. Pero Anna se veía más curiosa que Kristoff, y ahora que lo recuerda, su hermana no le dijo quién vendría como las otras veces, Elsa debería darle una buena explicación si no quería sentir su furia.
-¿Tú cual crees que sea la razón?-preguntó el rubio sacando de sus pensamientos a la castaña.
-No lo sé. Tal vez sea otro mediocre intento de tomar el trono de mi hermana.-dijo molesta.-Como sea, Elsa sabe lo que hace.-finalizó segura de lo que decía.
-¿Lo crees de verdad?
-… …-miro el vacío por un segundo.-Sí.
-Titubeaste.
-No lo hice.
La gente del castillo ya estaba reunida para recibir al invitado, era costumbre que la reina conviviera con el pretendiente por al menos una semana. Elsa lo tomaba como una labor más en su posición como reina de Arendelle pero para Anna era algo personal y también algo para ponerse alerta, no estaba dispuesta a dejar en paz a ese cretino ni por un segundo si intentaba acercarse con malas intenciones a su hermana.
Elsa estaba de pie en el mismo punto de la vez de su coronación, se quedó ahí hasta que Anna y Kristoff empezaron a bailar en el salón, fue cuando ella, Hans y Ejnar se excusaron por unos minutos y pasaron a un salón más pequeño. Anna lo consideró sospechoso y se decidió a seguirlos, pero sintió que el montañés le tomó firme del hombro.
-No irás.-dijo discretamente mientras seguían bailando.
-Pero tengo que, no dejaré que Hans lastime a Elsa.-respondió Anna en voz baja.
-No creo que haya venido por eso, además Ejnar está con ella. Lo que me intriga es saber como es que tu hermana está tan tranquila con todo esto.-contestó dándole vuelta para que ella quedara de espaldas tomando sus manos.
-Pero...¿Por qué Elsa no me dijo nada?-preguntó sin hacerse a la idea, Kristoff calló mirando por todos lados menos a la cara de su novia, Anna se molestó por eso-Dilo.
-¿Qué? ¿decir qué?
-Sabes a qué me refiero, dilo.
-Pero-
-Dilo.
-…tal vez sea porque…tiendes a exagerar…-Anna le fulminó con la mirada.-solo a veces.
-¿Qué? es ridículo, yo no exagero.
-Que no…-soltó sarcásticamente ganándose un pisotón adrede por parte de su novia, le dolió solo porque le pisó con el tacón, seguidamente Anna salió de la pista de baile haciendo que Kristoff fuera tras ella.-Y me dice que no exagera…-soltó adolorido cojeando. Ya entendía porque los troles le sugirieron ir más temprano esa vez.
Elsa
Si bien mi hermana está molesta por todo esto y le prometí explicaciones, yo también estoy algo incómoda con todo esto e igual o más molesta que Anna. Ejnar nos acompañó al salón pequeño para tener algo de privacidad a petición de Hans, aunque sigo sin entender el por qué de esta visita poco agradable. Los tres tomamos asiento, Ejnar a mi derecha y Hans frente a nosotros, pasaron un par de segundos en los que el príncipe tomo aire, luego de un minuto se dignó a hablar.
-Imagino que no está contenta con mi visita, su alteza.-dice apenado pero con su rostro alzado intentado no sonar nervioso.
-Imagina bien.-respondo indiferente.-Entiendo, por la carta de sus hermanos, que usted tiene algo que explicar relacionada con su última visita a mi reino.-dije. Hans se aclaró la garganta.
-¿En la carta no decía la verdadera razón de mi vista?-pregunta curioso.
-No. Usted vino para explicar su traición.-vuelvo a decir frugal.-Estoy esperando.
-...Usted no tiene la intención de elegir un pretendiente ¿no?-preguntó de pronto.
-Le aconsejo que solo dé su explicación a la reina, de lo contrario será expulsado del palacio apenas la reina lo ordene.-dijo mi acompañante en tono severo, justo como se lo pedí. Hans suspiró pesadamente y agachó la cabeza.
-Su alteza, no vine aquí como un pretendiente más, eso se lo puedo asegurar.-miré incrédula a mi consejero, Hans finalmente alzó su vista.-La razón de por la cual quise usurpar su trono…es una muy personal.
-¿Personal?-pregunté incrédula.-Es un chiste ¿cierto?
-No, pero eso no cambia el hecho de que lo que hice estuvo aberrantemente mal…y…me disculpo por eso.-pasó a arrodillarse, prácticamente se estaba postrando ante mí.-Vine aquí fingiendo ser un pretendiente para que me dieran el permiso de entrada al reino. Mis hermanos lo arreglaron todo para venir hasta aquí y pedirle mis más sinceras disculpas.-se levantó sin mirarme a los ojos.-Si usted lo desea partiré mañana de regreso a mi nación.
No podía creer lo que estaba viendo y mucho menos escuchando, él realmente está diciendo la verdad. (sépase que aprendí a diferir de entre los que mienten y los que no por parte de un conocido de la oscuridad) Pensé que diría algo como un pretexto pero realmente se está disculpando, pero sigo sin entender por qué no puede explicarse, ¿tan personales fueron sus razones?
-Espere por favor.-pedí.-¿No puede al menos decirme por qué traicionó a mi hermana?-al terminar mi pregunta me miro y se volvió a sentar con semblante dolido.
-Me temo que esa también es una explicación personal. Y también me disculpo por eso.-agachó su cabeza una vez más, alcancé su hombro derecho para que alzara su mirada.
-¿Cómo puedo hacer para que me digas la verdad?-pregunté sonriendo honestamente.
-No pienso decírselo a nadie, solo mi esposa lo sabría.-dijo…oh, ya entiendo.-No lo compartiré con nadie más, y entiendo si usted no está dispuesta a escoger marido.-dijo soltando aires de sarcasmo.
Me puse de pie estrepitosamente, es cierto que no pienso en tener una relación con ninguno de los muchos pretendientes que me han visto, pero tampoco voy a dejar que este cretino diga lo que le venga en gana cuando no sabe nada.
-Bien, le daré tres días de alojamiento en el palacio, hasta entonces espero no verlo más que a la hora de mis comidas en el gran comedor.-digo sin emoción alguna.-Y le prohibo estrictamente que pida entrar a mi cuarto, ya que lo comparto con mi hermana, usted no entrará. También tiene prohibido hablar con mi hermana.-empiezo a caminar y mi consejero hace igual dirigiéndonos a la puerta.
Hans nos siguió y regresamos a la fiesta donde al parecer todos se percataron de nuestra ausencia, incluyendo a mi hermana y su novio. Me coloqué en la silla principal del gran salón y suspiré pesadamente. No consigo pensar con claridad con todo esto, primero me piden disculpas y después me insultan diciendo que no estoy tomando esto en serio…puede que en lo último tenga razón Hans pero…pero…olvídenlo me largo de aquí, necesito pensar con claridad.
La fiesta se terminó, Hans partió a su habitación asignada y todos ya se están retirando, Anna viene hacia mí con Kristoff, adivino que me interrogarán.
-¿Ahora ya me puedes explicar qué está haciendo Hans aquí?-pregunta casi queriendo hacerlo público.
-Anna tranquila.-le dice el rubio tomando su brazo.
-Vino aquí como pretendiente sin serlo solo para pedirme disculpas por su traición.-dije ya más relajada sin sonar molesta o incómoda, por otra parte, Anna se vio indignada.
-¿Y las aceptaste así nada más? Elsa, él sigue siendo una mala persona, aún si se hubiese postrado en señal de perdón no deberías-
-Lo hizo.
-…¿qué?
-Se arrodilló y pidió perdón por sus actos, en la carta donde me anunciaban el siguiente príncipe que vería, los hermanos de Hans aclararon que ya está cumpliendo con una sentencia en su nación.-Anna se cruzó de brazos incrédula.-...y dijeron que solo vino para explicarse y disculparse.
-¿Oh en serio? Entonces quisiera también escuchar su maravillosa razón para querer robar tu trono, hermana.-dice irguiéndose… ay Anna.
-…él dijo que…es algo personal y que solo se lo dirá a su esposa.-algo que siempre me dio risa de Anna es la capacidad de ser tan expresiva en cada una de sus caras, la manera en la que se ve sorprendida y a la vez incrédula no tienen comparación, prácticamente está mirando el vacío.
-¿Es en serio? ¿eso le dijo Hans?-pregunta Kristoff.-Imagino que usted no cederá solo para saberlo.
-Pero claro que no, no soy tan cruel como para convencerlo, sería hacerle lo mismo. Y no me rebajaré a su nivel, eso no sería digno de una reina que se respete.-le expliqué, pero mi hermana seguía sin reaccionar.-…¿Anna estas bien?
-¿Anna? ¿qué te sucede?-el muchacho empezó a sacudirla ligeramente para sacarla de su mini trance, pero nada servía.
-Tienes que sacarle la verdad.-dijo finalmente viendo el vacío…esperen ¿qué dijo?-Convéncelo de que te diga por qué nos traicionó.-dijo sujetando mi brazo.
-Anna, no lo haré, no voy a engañarlo para que me diga.
-¿Qué no lo ves, hermana? Ya es tiempo de que él reciba lo que se merece y que vea lo que se siente que te traicionen.
-Anna, la venganza nunca resuelve nada, ni siquiera una infantil.-dijo serio el rubio.
-Bueno, no es venganza en sí, es solamente…hacer que el karma trabaje a nuestro favor.-dijo con una sonrisilla juguetona.
-No, Anna. Ni siquiera lo dejaré quedarse lo suficiente, le di tres días de estancia y después de ello se irá.-sentencié.-No sé por qué quieres hacerle lo mismo que él te hizo pero-
-¿Y quien dijo que yo lo haría pagar?-…ok, ahora si me confundí.-Tu eres bella, Elsa, si pasas unos días con él en más que seguro que caiga y afloje su lengua un poco.-insinuó juguetona.
-¿Qué? ¿es en serio? Dime ¿acaso el hielo de tu hermana te atrofió la mente?-dijo el montañés.-Sin ofender majestad.
-No, yo te apoyo.-dije sin resentimientos.
-Bien, no importa supongo. Pero no olviden que esta es una oportunidad única en la vida, aunque si la quieres desperdiciar por hacer lo correcto como siempre, entonces está bien.-y sin decir más tomó la mano de Kristoff y se fue.
-¿Qué acaba de pasar aquí?
Anna no suele comportarse así pero últimamente lo ha hecho, puede que sea la edad…¿pero y si tiene razón? No, la venganza nunca ha resuelto nada y no pienso rebajarme a lo que hizo Hans…aunque sus razones para caer tan bajo son lo que me tienen intrigada.
Luego de mucho pensar y reflexionar por todo el castillo, me digné a ir a mi habitación con mi hermana, ella se estaba deshaciendo las trenzas cuando entré aún con el vestido del día. Entré al armario y me puse la pijama. Anna se disculpó por la casi discusión de hace unas horas y le dije que no se preocupara por ello, que no importaba del todo…pero no es verdad. Nos recostamos y apagué las velas, lo siguiente que oí fueron los ronquidos de mi hermana, reí por lo bajo y me di la vuelta para dormir mejor.
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¿Cuánto había pasado? ¿tres? ¿cuatro horas? Quizá más, quizá menos pero el príncipe de las Islas del Sur no conseguía dormir luego de su conversación con la reina, le había dicho la verdad con respecto a sus intenciones pero que no le quisieran creer solo lo dejaba como sus hermanos le dijeron: Una vergüenza para el resto de la familia. Sin más qué hacer se levantó y salió de su alcoba para rondar un rato y ver si así podría conciliar de nuevo el sueño, siempre que le daba insomnio rondaba por el castillo, pero como este no era el suyo y tampoco su celda "real", tendría que procurar que nadie lo viera aún por ser de noche.
Ya estaba recibiendo un castigo en su nación pero dejar las cosas como las dejó con las hermanas de Arendelle era un lujo que no se podía dar, como mínimo se disculparía pero si les explicaba sus razones, estaba seguro de que lo creerían un
-¿En domingo? ¿Es en serio?
-Ya deja de decirlo así, suenas como si te preocupara su matrimonio.
Al segundo de escuchar la voz de la reina, se pegó al muro que conducía a los jardines, se quedó ahí intentando divisar con quién hablaba la reina que por cierto sonaba a un muchacho pero no mayor a los trece o catorce años de edad. Se asomó sin dejar ver su cara observándolos dándole la espalda en una banca, era la primera vez, y quizá la última, que veía a la reina sonreír, y más con el cabello suelto. El muchacho tenía cabello blanco, y por la piel que dejaba ver su capa, podía decir que era pálido y adivinaba que tal vez tendría ojos azules.
-¿Entonces vendrás?-preguntó la reina.
-¡Por supuesto! ¿crees que me perdería la boda de m-mi…-Jack dejó a Elsa con interrogante en el rostro.-…ah.
-Jokul, eres muy raro.-dijo Elsa empezando a reír por la expresión de nerviosismo del menor.
Hans no entendía nada de aquello, la reina conocía a ese chico pero se el hizo raro no haberlo visto en ninguna de las veces que vino al reino.
-Un segundo.-susurró para que solo él mismo se oyera.-¿Dijo Jokul? "Jokul el espíritu de la escarcha? ¿ Jokul el que lleva el invierno de improviso a todos lados?" pensó para no ser descubierto. Dio un paso atrás y después otro y así hasta que legó a un pasillo contiguo cuya ventana daba frente a donde estaban sentados el espíritu y la reina, no hizo ningún ruido y procuró no ser visto aún cuando las velas estaban apagadas.
-Oye, ¿quieres hacer trucos?-soltó el muchacho tomando su inseparable cayado.
-Mmmh…bueno.-la reina le siguió y se colocaron el centro del jardín, justo debajo de un árbol.
Elsa extendió sus manos y Jack acercó su cayado a éstas, lo siguiente que pasó fue una combinación de rayos de hielo con escarcha saliendo de entre ellos dos, el hielo en el pasto permitió la vista de la escarcha pero entre el hielo y el pasto. Ambos rieron levemente y continuaron llenado el lugar haciendo lo mismo; Hans estaba atónito, el muchacho de su cuento preferido estaba ahí, frente a él, haciendo trucos con la reina Elsa…¡Cuantas ganas tenía él de salir y hacerle preguntas al adolescente! Haber crecido escuchando esas historias y de repente ver a ese personaje frente a él, ¿cómo no volverse loco?
El suelo ya estaba cubierto de hielo, ambos comenzaron a patinar y Jack dejaba que la escarcha terminara de cubrirlo, Elsa Congelaba los rosales despreocupadamente por el hecho de ya saber cómo descongelarlo, siguieron así hasta que todo se veía como un paraíso blanco sin llegar a ser la tundra.
-Ahora está perfecto.-dijo contento Jack.
-Jajaja…bueno, casi.-Elsa movió sus manos formando una bola de nieve entre sus manos, seguidamente la soltó por los aires haciendo que nevara solo en ese jardín.
-¡Esto es asombroso!-gritó el muchacho. Por un momento le recordó a
-Divirtiéndose sin mí, qué malos son.-Ana estaba recargada en el umbral de la puerta con una sonrisa pretensiosa en su rostro, su bata amarilla y un par de botas, igual con el cabello suelto.
Jack se paralizó en su lugar por un segundo, miro de reojo a Elsa y después a Ana, se miraban entre ellas y después al muchacho, Hans seguía escondido observando y pensado que tal vez
-Entonces…-bajó las escaleras caminando hacia ellos aún sonriendo pretensiosamente.-Haciendo trucos con nieve y escarcha sin mí, divirtiéndose jugando y riendo sin mí, creí que éramos hermanas.-dijo chistosa fingiéndose seria.
-¿Tú lo conoces?-preguntó la semi rubia.
-Sí, Jokul y yo jugábamos cuando era pequeña y cuando tú…ya sabes…no querías salir.
-…Entonces tú…-tomó del hombro al muchacho mirándolo sorprendida.-Tú estuviste con Ana ese día. El día en que te vi jugando y riendo sola.-posó sus ojos en su hermana sonriendo.
-No me gusta verlas tristes por nada del mundo.-comentó hablándoles como si fuera su padre, qué ironía.
-¿Pero por qué lo hiciste?-Elsa seguía sin entender.
-Porque ustedes son las únicas que han podido escucharme, y ahora también pueden verme, pero siguen siendo las únicas capaces de hacerlo.-dijo, no era del todo verdad ni tampoco mentira, solo dijo media verdad y media mentira.
-¿En serio?-preguntó incrédula la menor.-¿Por qué?
-…porque ustedes creen en mí.-finalizó haciendo que las chicas sonrieran tiernamente, Ana seguía siendo esa niña pequeña en el interior y Elsa todavía necesitaba de alguien igual a él para no sentirse tan sola; todo eso lo dedujo Jack con el tiempo a medida que ellas lo fueron escuchando.
Todo cayó silencio sepulcral, el príncipe estaba boquiabierto, las hermanas no eran las únicas realmente pero no quería más razones para que lo echaran antes de tiempo, permanecería ahí hasta ver a solo al adolescente y decirle que él también lo puede ver. Las hermanas empezaron a jugar guerras de nieve e hicieron toboganes, Jack les hizo una pista para deslizarse por todo alrededor del jardín como una pista de carreras. Hans se vio sobrante en la escena a pesar de no estar ahí, así que optó por lo sano y se retiró sin que se percataran de su huida.
Ya era medio día y las hermanas seguían en cama, Ana encima de Elsa y ambas completamente despeinadas y con saliva cayendo de la comisura de sus labios. Se fueron a dormir apenas un par de horas antes de que el sol saliera, se habían divertido como nunca jugando con Jokul, lo malo fue que Elsa tuvo que descongelar aquel hermoso paisaje en blanco antes de irse; por un momento pensó que le gustaría tener su propio jardín hecho de nada más que hielo, una nevada permanente y escarcha. Escucharon que alguien tocó la puerta pero ellas siguieron roncando, hasta Elsa.
-Eh…¿chicas?-era Kristoff con Olaf del otro lado de la puerta. Ambas se levantaron aún con los ojos cerrados.-¿Las desperté?-preguntó.
-No, no lo hiciste.-contestó Ana.
-Estamos despiertas desde hace horas.-dijo Elsa apoyándose en su rodilla con la mano, Ana ya estaba volviendo a caer hasta que ambas dieron un respingo casi al borde del sueño otra vez.
-¿Quién es?-preguntaron ambas, luego tallaron sus ojos pero Ana se echó una vez más en el colchón.
-Sigo siendo yo, Ejnar pide que ya se levanten. Elsa tienes todo tu escritorio repleto de papeles y Ana, dijiste que verías el vestido hoy antes de que cerrara.-Ana se quitó un mechón de cabello de su boca.
-Por su puesto…¿a qué horas cierra la tienda?-preguntó aún echada, mientras que su hermana ya estaba yendo al closet tambaleándose y tomando lo primero que sus manos ubicaron, puesto que seguía con los ojos cerrados.
-Cierran dentro de dos horas.
-Cierran dos horas…dentro.-contestó viendo el maniquí desnudo en donde iría su vestido de bodas.-¡Cierran dentro de dos horas!
De manera maratónica, la reina y al princesa se las arreglaron para verse bien y salir pitando del castillo hacia la tienda de vestidos donde Ana vería el suyo. No quería que se lo hicieran pero si no encontraba el perfecto tendría que mandarlo hacer antes de su gran día, después de todo aún les quedaban cinco días para el gran evento.
En lo que la princesa se probaba los vestidos, Kristoff, Sven y Olaf irían a comprar el traje del rubio corta hielo. Elsa se excusó con Ana en lo que se probaba los vestidos, dijo que tenía un par de guates que estaban rotos y que necesitaba otros nuevos, la menor dijo que estaba bien y que al regresar tal vez ya tendría un par de vestidos a elegir. A pesar de ir con un vestido casual, no hecho de su hielo, y con una trenza bien hecha, todos la saludaban y le hacían una leve reverencia al verla pasar por los puestos y tiendas; Elsa no se incomodaba, pues solo sonreía y daba los buenos días mientras veía donde comprar sus guantes.
Vio un puesto y se adentro a este, la encargada dio los buenos días y esta se los devolvió, luego se adentró más viendo los diferentes colores y detalles que tenía cada par de guantes; ya tenía azules y blancos pero no de otros colores porque no combinaban con sus vestidos de iguales colores. Vio un par de guantes abandonados en la esquina de un buró, tomo el par y se colocó una en la mano izquierda, eran suaves, hechos de algodón a color purpura con detalles de soles dorados en los bordes las muñecas y en el centro bajo los nudillos. Los admiró en sus manos por un momento, el color era hermoso pero le traía nostalgia por algún motivo, aunque eso no le quitaba lo bonito de esos guantes.
-Esos le quedarían bien.-escuchó y se sacó el guante dejándolo en su lugar al reconocer la voz.
-¿Qué hace aquí? Le dije que se alejara de mí.-respondió la reina con voz severa sin ver al príncipe.
-¿Qué no puedo venir a comparar un saco?-dijo acercándose a unos estantes del otro lado del local.-Apropósito, dígale a la princesa Ana que felicidades por su compromiso de mi parte.-comentó, la reina dejó los guantes en su sitio y se dio vuelta.
-Gracias, se lo haré saber...-se encaminó a la puerta.-Puesto que usted tiene prohibido hablar con ella.-soltó saliendo del establecimiento.
El pelirrojo dejó lo que estaba haciendo y salió tomando del brazo a la reina, Elsa se soltó del agarre casi de inmediato con semblante molesto.
-No busco hacerle daño a usted o la princesa Ana, eso ya quedó en el pasado ¿no lo ve?
-Pues no lo veo.-respondió de sopetón la muchacha apenas terminó.
-Mire, eché todo a perder y sé que hice mal pero-
-¿Hiciste mal? Querías casarte con mi hermana para después deshacerte de mí y reinar en Arendelle. Si esa es tu definición de hacer mal, entonces prefiero no saber qué consideras horrible, deshonroso y atroz.-soltó, al gente del lugar los escuchó dejando de hacer sus quehaceres, pero en cuanto los de sangre real se percataron y los voltearon a ver, continuaron con lo suyo. Elsa suspiró y siguió caminando, siendo seguida por Hans.
-Su alteza, solo deme una oportunidad, solo una para probarle que mis intenciones son buenas.-suplicó el muchacho mientras caminaba al lado de la reina.
-No, ya hiciste suficiente.-sentenció, Hans le tomó de su mano y solo así descubrió que la traía desenguantada desde que salieron del castillo.
-Le pido, no, le suplico. Haré lo que sea, pero le pido que ya deje de desconfiar de mí.-Hans sujetaba su mano de manera firme sin hacerle daño, todo intento de zafarse fue inútil.-Haré lo que sea, incluso si lo pide ayudaré con la boda.
Elsa sabía que estaba diciendo la verdad pero su hermana no la entendería, el saber cuando mienten y cuando no era fácil de explicar, aprendió luego de años de práctica con "aquel que no se puede nombrar".
-¡¿Qué hiciste qué?!
-Te dije que te molestarías.
-No estoy molesta…¡ESTOY FURIOSA!
-Ana tranquilízate.
Kristoff tenía a su prometida sujetada de la cintura evitando que le hiciera algo a su hermana mientras ésta se alejaba a pasos pequeños de su molesta hermana. Luego de hablar Hans fue directo con su hermana para que el día siguiente no le diera un ataque al ver al príncipe ayudando con los arreglos finales de la boda.
-¿Acaso te has vuelto loca?-reclamó Ana intentando zafarse del agarre del montañés queriendo ir hacia su hermana, estaba realmente furiosa.
-Mira, solo tienes que decirle qué hacer y él obedecerá, no es la gran cosa pero-
-¡No quiero!-
¡Ana, ya basta!-silenció a ambas chicas el rubio.-Si tu hermana le dio una oportunidad al cretino hay que aceptarlo, después de todo ella es la reina.-dijo señalando con el pulgar a la mayor, mientras Elsa deseaba que la tragase la tierra.
-¿Y cómo sabes que no es una trampa? ¿qué te hace pensar que no hará algo para intentar tomar tu lugar? Es más ¿cómo sabes que no está mintiendo?-preguntó seria a lo último señalando a la ventana donde estaba Hans esperando el veredicto de la hermana menor.
Elsa se congeló en su lugar pensando en una explicación válida pero no se le ocurrió nada al final, las ayudantes de la tienda al verse inmersos en la discusión, dieron media vuelta siguieron en lo suyo acomodando los vestidos que Ana ya se había probado.
-No lo sé con exactitud, solo es una…un…presentimiento.-dijo esperando la reacción de la menor, a la cual le dio un tic en el ojo.
-¿Corazonada? ¿Debo soportar al príncipe de los cretinos solo porque tienes la corazonada de que no está mintiendo?-Kristoff la soltó al ver que ya no ponía fuerza. Ana miro una vez más al príncipe despreocupado esperando a fuera, luego una sonrisa pretensiosa y juguetona se posó en su rostro. El rubio ya sabía que nada bueno saldría de todo esto.-Bien, el cretino se puede quedar.-finalizó Ana, Elsa suspiró con alivio por tan madura reacción.-Con una condición, él tendrá que hacer todo lo que yo diga.
-Bien, no creo que haya problemas.-dijo despreocupada y ajena a los planes de la menor.
-Y me refiero a TODO lo que yo diga.-finalizó, Elsa se vio sin opciones.
-Bien…se lo haré saber.-seguidamente salió del local y fue con Hans para darle a entender la condición de Ana, a lo cual reaccionó resignado pero sin queja alguna.
-¿Qué estas planeando hacer?-preguntó Kristoff.-Mas te vale que no sea lo que estoy pensando.
-¿Y qué estas pensando?-preguntó sugerente entrando al vestidor.
A pesar de haber aceptado el trato de Ana, Hans lo que realmente estaba aceptando eran sus maltratos como retribución por haberla traicionado. Ana no solo compró el vestido para la boda, sino que también compró vestidos nuevos, zapatillas, zapatos bajos, ligas para sus trenzas, broches, ropa de invierno que ya se estaba empezando a vender, botas de invierno, bufandas, guantes. En fin, compraba impulsivamente ¿y para qué? pues para que Hans cargara todo, por supuesto; lo peor de todo era que le pobre hombre no podía quejarse, solo podía asentir y responder sí a todo, en otras palabras, tenía que ser sumiso ante la princesa. Kristoff y Elsa solo podían observar y dar ánimos al pobre, la reina prácticamente le dio control total a su hermana sobre el príncipe del sur. Terminaron ya entrada la noche, llevaron todo en tres carruajes, en el cuarto venían Elsa y Hans, y en el quinto estaba la pareja y Olaf. Los sirvientes se tardaron pero consiguieron subir las cosas de la princesa a su habitación, Hans terminó agotado y corrió directo a su alcoba; Las hermanas desempacaron casi todo para guardarlo, y lo que no entonces lo metieron con todo y caja en la estantería. Ana estaba que no cabía de diversión, reía divertida como si le hubiesen dicho lo más divertido del mundo, mientras Elsa le reprimía con al mirada, se arrepentía de lo que había hecho.
Ya por la noche, el príncipe volvió a salir para deambular, estaba cansado sí, pero quería ver al mucho de los cuentos con los que creció en su hogar. Antes de llegar al pasillo que conducía a los jardines vio algo extraño en las escaleras por donde vino, no era nieve ni escarcha, era oscuro y parecía moverse solo.
En cuanto su hermana se quedó dormida, pudo salir y ver si él estaba de vuelta, aquella sombra sin forma la puso más alerta que nunca. Tomó una vela y siguió el caminó que tomó aquella aparición, atravesó los pasillos, se dirigía a las escaleras. Luego soltó un grito de espanto al ver con quién se había encontrado en su camino, dejando caer la vela haciendo que se apagara.
-¿Reina Elsa?
-Hans…ah…-el pelirrojo recogió la vela y la encendió con un fósforo que traía en el bolsillo, Elsa la tomó y empezó a caminar de regreso.-Lo siento, yo…
-No no, me disculpo, no era mi intención asustarla.-la detuvo para que no se fuera.-Es solo que me pareció ver una sombra.-al terminar el comentario, la reina se paralizó en su lugar, esperaba no fuese lo que creía.
Aquella sombra se deslizó cerca de ellos pero alejada de la luz flamante, observó a los de sangre real quedar inmersos en el silencio y la tensión del momento, Elsa solo traía su vestido pijama color azul cielo, ni siquiera se molestó en usar la bata, Hans solo traía sus pantalones y el resto del torso estaba descubierto. Era una situación incómoda más que nada, pero ambos solo pudieron quedarse congelados en sus lugares. El que veía a través de la sombra frunció el ceño en cuanto los vio juntos en esa situación.
"¿Buscabas algo?" susurró solo al oído de la reina sacándola de su trance y desviando su vista del cuerpo del príncipe. Miro por todos lados espantada y moviendo la velita para poder divisarlo.
-¿Usted qué estaba haciendo aquí su al teza?
-Ah…nada.-dijo moviendo más alto la velita.-es solo que…creí escuchar algo.-dijo refiriéndose a lo de hace rato.
¿Me odian por dejarlos así? Anímense, actualizaré pronto ahora que son vacaciones xD
Lo diré una vez: ADORO ESCRIBIR MUCHO! Me encanta, es un mal hábito pero me encanta n_n Bueno, esto es todo, ojala les haya gustado, espero sus opiniones y comentarios. Oh una cosa más, ya tengo la canción que nuestro Pitch cantará xD, ya casi lo termino, pero díganme, estuviese en su poder…¿cuál elegirían ustedes? Olvidé preguntarles la vez pasada. Una vez más me disculpo por los horrores de ortografía…sé que están ahí. T^T En fin nos vemos luego.
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