Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc.Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia ni se infringen deliberadamente derechos de autor.

Notas de autor: Gracias por todos vuestros reviews. Este es el penúltimo capítulo, espero que os guste. Como siempre, agradeciendo a Dybbo su beteo.

Este capítulo es para Alma y daniita, muchas gracias por vuestros reviews.


GARÇON NU

FanFiker_FanFinal

Beta: Dybbo

07. BLANCO Y EN BOTELLA

En mitad de la calle, a oscuras, solo con las farolas próximas iluminándolos y rodeados de chicos que pasaban por su lado, Harry recibió aquello como una bofetada. Nott, su pareja. Algo se encendió dentró de él, y, curiosamente, no fue la rabia.

—¿Draco, eres gay?

El rubio se permitió soltar una carcajada.

—Bueno, Potter, definitivamente sí estabas el último en el reparto, me parece que te dieron algo así como una esponja con dos neuronas, una para comer y otra para no mearte en los pantalones —Harry obvió la mordaz y cruel respuesta del chico y se puso frente a él.

—Pero no me dijiste nada...

—¿Qué tenía que decir? ¿Acaso mi maestría besando no te ha convencido? ¿Creías que estaba actuando? —el silencio de Harry lo dijo todo, y se permitió suspirar—. No sé si alegrarme por eso, si tomarlo como un cumplido.

—Bueno, disculpa mi estupidez, pero recuerda que vengo aquí a hacer lo que al señor le venga en gana, no a entender las cosas.

—Era obvio hasta para tu amigo el pobretón, lo hubiera adivinado enseguida. ¿O aquella paja no te dio una pista?

Draco seguía mirando a la carretera, cabreado por la astucia de Nott y la estupidez de Potter, y alzó la cabeza al oír pisadas alejándose. Era Harry, yéndose de allí. Draco estuvo tentado de llamarlo, pero después de su comportamiento, tampoco esperaba que el otro acudiera a su llamada. Suspiró, cansado, dejándose caer al suelo. Duró así poco tiempo, en cuanto vio que sus ropas estaban ensuciándose. Caminó solo, metió la mano en el bolsillo de su abrigo y jugó con las llaves mientras recorría el camino hacia el metro. Hizo trasbordo en Earls Court para enlazar con la District Line. Durante todo el trayecto no se quitó de la cabeza el beso con Potter. Entonces, por megafonía anunciaron que aquel era el último tren a Richmond. Miró la hora, daban apenas las once. Mientras Draco pensaba en su suerte, el beso con Potter volvió a reproducirse en su mente. Potter. Con suerte el chico cogería un autobús nocturno hacia Kingston y volvería a su casa. Claro. ¿Por qué se preocupaba, si era el maldito Potter quien lo había dejado tirado? No podía sentirse culpable, porque los Malfoy no sienten culpa. Sin embargo, al llegar a su apartamento, Draco se extrañó al encontrar a una figura envuelta en sus propios brazos, con un abrigo bastante viejo. Lo reconoció enseguida.

—Potter. ¿Qué haces aquí?

El moreno alzó la vista, le castañeteaban los dientes, aunque no debería llevar demasiado tiempo ahí, pues Draco tampoco se había entretenido en el camino.

—Me... me olvidé de que hoy no hay servicios nocturnos a Kingston. El último tren pasó hace una hora. Tampoco traje dinero suficiente. ¿Puedes prestarme para un taxi y te lo devuelvo el lunes?

Draco alzó la ceja, divertido. ¿Harry Potter se había olvidado de volver a casa? Bueno, qué sorpresa.

—¿Y por qué debería hacerlo? —Draco sí llevaba dinero de sobra, pero no quería dejárselo. Se le ocurrió algo mucho mejor, algo que convertiría la noche en memorable. Negó con la cabeza mientras abría con la llave y entraba. Al ver que el otro no lo seguía, Draco se volvió—. ¿Vas a pasar la noche en mi portal?

—Ya me marcho —dijo Harry, aún temblando de frío. En esa ocasión quizá lo mejor sería abrazarlo y decirle que podía quedarse en su casa, pero no le salía. No era nada emocional, ni tampoco impulsivo. Eso se lo dejaba al joven frente a él.

—Potter. Sube, ¿quieres?

Harry se giró, y en su mirada parecía adivinar algo de desprecio.

—Yo quiero, el problema es... ¿quieres tú?

Hacía frío y Draco se moría de sueño, así que sin más lo agarró de la solapa.

—¿Eres tonto, o qué? —Harry lo miró, como si aquella mirada pudiera transmitirle algo. ¿Y qué demonios quería decir?

—Creo que eso ha quedado claro hace poco. Sí, lo soy. Sin embargo, si no te importa, ¿podrías bajarme alguna manta o algo con lo que pueda taparme?

—Espero que no hables en serio: no puedes dormir en mi portal, te echarán si te ven, pensando que eres algún pobre mendigo; sube, he dicho.

Harry obedeció, cansado de discutir: tenía frío y dudaba de que alguien por allí le abriera las puertas por compasión. Así pues, en cuanto entró en el pequeño apartamento del rubio, se dirigió de inmediato hacia el ventanal: podía atisbar un poco de los famosos Kew Gardens, veía la pagoda y algunos coches pasar. Era una zona muy apacible para vivir. Harry deseó poder compartir todo eso junto a Draco. Ahora que conocía sus preferencias sexuales, podría intentarlo, ¿no? Podría intentar seducirlo. Harry rió. Él no sabía seducir y por lo visto Draco tenía gustos más exquisitos. Theodore iba tan pulcramente vestido... por un momento sintió envidia, sintió celos. Hubiera querido que...

—¡Potter! ¿Estás sordo? —el moreno se volvió—. Te llevo llamando un rato, pareces ido.

"Estoy así por ti, pero no creo que te importe".

—¿Vas a quitarte el abrigo o esperas que lo haga yo?

—Esa no sería una mala idea... Draco —sonrió Harry, y notó que el otro había cogido su indirecta. Se fijó en aquellos labios que había besado. Draco era tan sabroso... de repente, se estaban acercando, y Harry abrió la boca instintivamente para cobijarlos, pero Draco bajó la cabeza y comenzó a desabrocharle el abrigo. Aquel gesto le causó mayor impresión que el beso que pudiera haberle dado. Draco le quitó el abrigo sin mirarlo a los ojos y después se apartó de él.

—Draco —llamó Harry yendo hacia él, y agarrándole de un brazo lo giró hasta estar frente a él. Después, y debido a su impetuoso carácter, pasó su mano derecha por la mejilla de él y le dio un ligero beso en los labios.

—Potter, no tienes que fingir. Ya no —sonrió el otro ligeramente, y Harry solo acertó a abrir la boca, sorprendido.

—¿Crees que finjo? No sé si tomármelo como un halago —se burló Harry, utilizando las mismas palabras que el rubio había usado contra él.

—Simplemente descubrir que soy gay te ha hecho gracia y ahora estás caliente —Draco tensó la voz, como si quisiera imponer respeto: no quería ser el polvo de Potter y ya está. Quería mucho más de él y si se acostaban, quizá no lo obtendría.

—Mierda, si hubiera estado caliente habría cogido a cualquier tío de cualquier local, Draco —el rubio se percató en cómo pronunciaba su nombre—. Pero como ves, me fui. Y vine a verte. Me gustas.

Draco pestañeó, dirigiendo su mirada hacia la boca rosada de Potter, que, aparentemente, quería compartir únicamente con él.

—No funcionaría —rechazó Draco, alejándose hacia su cuarto, escuchando a Harry hablar.

—¿Por qué? ¿No te gusto? Dímelo, entonces y dejaré de besarte. Pero mientras tanto, lo haré porque me gustas, no porque tú me lo ordenes. Draco. Mírame.

—Tengo pareja —recordó el rubio mientras se desabrochaba su hermosa camisa de seda. No debería estar ahí, desnudándose frente a Potter cuando estaba diciéndole todas esas cosas.

—Es una excusa patética. Ya he visto cuánto le quieres, me estás usando a mí para que se dé por enterado —Draco pareció pensar "por lo visto no es tan tonto"—, ¿qué problema tienes? ¿Es acaso por mis amigos? ¿Por lo que dirá la gente, por tus padres?

Draco lo miró intensamente y trató de que su voz sonara firme y conclusiva.

—NO funcionará.

Harry fruncía el ceño y al volver a escuchar esa palabra, se rindió. Abrió los brazos, estaba muy bueno embutido en esa camisa y esos vaqueros ajustados, Draco trató de controlar su excitación.

—Muy bien. No funcionará. Pero hoy es viernes, y me necesitas. ¿Qué quieres, que sea tu polvo de esta noche? No me importa, puedo hacerlo.

—Eso suena a desesperación, Potter. Ve a buscarte otro —dijo Draco mirándolo ahora con lástima.

—Dormiré contigo, entonces. Sin sexo —el joven no parecía cansarse de dar otras alternativas. Draco estuvo tentado de tomarle la palabra y penetrarle hasta que los visitara el amanecer, pero se contuvo. Si se tiraba a Harry, algo que, sinceramente, le apetecía, era posible que después no pudiera utilizarle para sus salidas y para evitar a Nott. Suspirando, echó la cabeza hacia atrás, acabó de desnudarse, agarró un pijama de su armario y se lo puso. Cuando fue a acostarse, Harry Potter ya estaba bajo las sábanas, inclinado hacia el otro lado. Draco pestañeó, curioso, tratando de retener esa sugerente imagen en su mente, para siempre: Harry acostado en su cama, con él. Se preguntó si el moreno era de los que se despertaría de noche para pedirle sexo. Se introdujo en la cama, y al levantar el edredón se dio cuenta de que Potter no llevaba más que unos calzoncillos.

—Puedo... prestarte un pijama —murmuró Draco, y Harry se volvió, sonriente.

—No uso pijama, Draco. Pero si te molesta, dímelo y me pondré algo —sus ojos... Dios, sin gafas, eran increíblemente verdes. Y esa manía que ahora había cogido de llamarlo por el nombre. Draco murmuró un "no", se giró hacia su lado y apagó la luz, preguntándose quién dormiría esa noche, preguntándose si existía algún objeto que pudiera hacer que la noche fuera infinita, y que el calor y el olor del hombre a su lado lo envolvieran para siempre.

Cuando Harry despertó, a pesar de su mirada miope, podía ver la espalda de Draco y si alargara una mano, podría tocarla. Se preguntó si seguía dormido, y se dedicó a contemplarle: su respiración pausada y profunda parecía indicar que seguía en brazos de Morfeo. Mejor no despertarlo, se dijo, pero siguió mirándolo y repasando las finas hebras de cabello, esparcidas en la almohada, con sus ojos. Observar a Malfoy durante diez minutos, se dijo, provocaba que sus partes bajas despertaran antes que cualquier neurona en su mente. Harry deslizó la mano hacia su ingle para calmarse, pero no fue buena idea teniendo el olor de Draco y su cuerpo al lado. Así que en lugar de calmarse solo pudo frotarse más y más, tratando de controlar cualquier jadeo, incluso la entrecortada respiración. Se separó un poco de él, pero los recuerdos de los besos del día anterior estaban aún frescos, y manipularon su mente, catapultando sus deseos al orgasmo más inmediato.

Cuando Draco se acostó, su mente comenzó a crear todo tipo de escenarios vergonzosos, desde tumbarse sobre él en la nocturnidad de su sueño hasta hablar en sueños y decir su nombre. Así pues, cuando Draco despertó y se vio en una postura tan digna, de espaldas a Harry, con su cuerpo arrebujado incluso evitando tocarlo, se relajó. Inspiró varias veces de forma profunda, aliviado. Sin embargo, cuando quiso volverse para contemplar a su acompañante de cama, comenzó a escuchar jadeos sospechosamente calientes, jadeos que comenzaron a despertar a su polla de forma alarmante, y se detuvo. Jadeos que, coronados por un triunfal "Draco" al final de los mismos, le llevaron prácticamente al límite. Entonces se dio cuenta de la tontería: Harry lo deseaba de verdad, y él también. ¿Qué peligro había en dejarse llevar, aunque fuera una vez? Estaban acostados, en la misma cama, solos, aislados del mundo y Nott no vendría hasta bien entrado el día. Draco se incorporó para deshacerse de su pijama, parte de arriba y de abajo, y se volvió esperando que Harry no se hubiera quedado dormido de nuevo; no lo había hecho, lo miraba con lascivia. Draco los cubrió a ambos con el edredón y pegó su cuerpo al de Harry, abrazándolo, clavando su erección en alguna parte del otro chico, dándole a entender su deseo extremo e inmediato, Harry contestó besándolo; en la frente, en la cara, en los labios. Draco lo apretó contra sí: Harry estaba muy musculado debido al jodido rugby, y se dijo que no tendría ninguna posibilidad si pelearan. Sin embargo, el moreno no tenía ganas de pelear, sino de besarlo constantemente; comenzó a acariciar su cadera despacio, pero de forma insistente. Draco no se hizo mucho de rogar, quitándose los calzoncillos en cuanto Harry rozó la tela. Harry, sin dejar de mirarle, se aventuró en aquel lugar indómito, y por su sonrisa, le gustó lo que encontró. El moreno se mordió el labio y comenzó a acariciarlo, produciendo jadeos en el rubio, que pasó la lengua por su boca, batallando con una pasión desmedida.

La intensidad de sus miradas era todo lo que podían desear; ambos sabían que, si abrían la boca, romperían ese mágico momento, ese instante de placer compartido. Las caricias constantes de Harry hicieron que Draco se corriera tan pronto que incluso él se avergonzó, dejando caer la cabeza en la almohada, con los ojos cerrados, aún paladeando el nombre de su compañero. Y cuando abrió los ojos, Harry estaba limpiando a ambos con un pañuelo de papel, mientras le dirigía una sonrisa de adoración.

—Ugh...

Como respuesta, recibió un mordisco en la oreja.

—Eres muy sabroso. Ese Nott tiene mucha suerte —dijo Harry con un suspiro, apartando un mechón de la frente sudada de Draco.

—Claro que no —Draco lo miró, y replicó—, la suerte la tienes tú.

Harry sonrió; de repente le gustaba la faceta egocéntrica del rubio.

Ambos se besaron durante unos minutos, hasta que Draco decidió que quería estar más tiempo durmiendo, y Harry no puso pegas, siempre y cuando su cuerpo se enroscara al suyo sin piedad.


El tono del móvil despertó a Harry, quien cogió la llamada, aún somnoliento.

—¿Hola... ? Ah, Ron... sí, sí, estoy bien. Se me hizo tarde ayer, así que me quedé a dormir en casa de un amigo... en... Londres. No. No lo conoces. ¿Qué pasa con Hermione, sigue sin hablarte? Oh... ya. Díselo, Ron: confiésale que quieres estar con ella en serio. No va a dar su brazo a torcer. Ya sabes lo que te dije. Uf... claro. Hazlo, de verdad. Ya, lo entiendo, pero luego ella es razonable, lo sabes. Te perdonará, pero tienes que insistir... sí, te veré luego. Adiós.

Una cabeza rubia asomó por el marco de la puerta.

—¿Problemas en el Weasley-paraíso? —Harry se incorporó con los codos. Draco había tomado una ducha, llevaba el cabello suelto y mojado y vestía un albornoz blanco.

—Hola.

—La ducha está libre, por si quieres utilizarla —Harry dedujo que sería descortés no aceptar—. También he preparado algo de desayunar, pero no voy a llevártelo a la cama.

Harry se levantó, notándose algo pegajoso. Ambos se miraron con cariño.

"Este imbécil hace juego con mi cama", admitió Draco muy a su pesar, porque era una pieza de colección que querría conservar. Pero debía dejar los sentimentalismos, Potter ni siquiera debería haber pasado allí la noche; ahora confundiría las cosas, sin hablar de que le sería imposible concentrarse en sus tareas.

—¿Qué estás pensando? —preguntó Harry dirigiéndose hacia el baño.

—Ahí tienes una toalla. No pienso nada que te incumba a ti, eres un poco creído.

—Y tú siempre respondes con evasivas, estaría bien que me dijeras la verdad algún día, para variar —Harry se quitó los calzones sin importar que Draco estuviera mirándolo.

—No sería... divertido —dijo el rubio repasándolo de arriba abajo—. Te espero en el sofá.

Ambos compartieron un desayuno con cereales, tostadas con mantequilla y zumo de pomelo. Después, se quedaron a repasar francés y para cuando quisieron darse cuenta, había pasado la hora del almuerzo.

—Será mejor que me vaya —dijo Harry, pero podía notarse cierta tristeza en su voz. Draco se levantó para acompañarlo. Cuando Harry se hubo enfundado el abrigo y abrió la puerta de la entrada, Draco lo enfrentó.

—Hasta el lunes, Potter. N'oublie pas que nous nous voyons lundi. (1)

Harry jadeó involuntariamente. Ver los labios de Draco formar frases en francés ahora tenía un sentido totalmente distinto.

—Si vas a excitarte cada vez que te hablan en francés vas a tener un problema en clase —bromeó Draco.

—Yo diría que tendré la oportunidad de pasármelo bien —rió Harry, y ambos quedaron en silencio, Draco sujetando la puerta, Harry frotándose las manos, reticente a marcharse—. ¿Puedo besarte?

—No. Lo haré yo, imbécil.

Draco le agarró del cabello, no muy delicadamente, y movió los labios sobre él. Los ojos de Harry eran dos pozos negros y a Draco le encantó comprobar que se debían a la atracción por él.

—Gracias, Harry. Por todo. Por quedarte. Mais notre relation est impossible malgré mon désir. (2)

Harry parpadeó, confuso. Definitivamente, debería estudiar francés.


El lunes, Harry caminaba solo por los pasillos de la facultad cuando se cruzó con Hermione. La chica miró primero a su alrededor, como si temiera encontrar a alguien y cuando vio a Harry solo, sonrió.

—¿Vas a estudiar?

—A la biblioteca —respondió Harry—, voy a saltarme la clase de Análisis de Circuitos Lineales.

Hermione hizo un gesto de fastidio.

—Harry, no deberías desperdiciar tus horas de clase.

—No voy a hacerlo, no sé si me has oído —y se inclinó hacia ella—. Voy a la biblioteca.

—Bien, te acompaño, entonces, puesto que ese es mi destino.

—Solo voy a por una bebida a la cafetería —Hermione asintió, y ambos caminaron juntos.

—Ginny juega este sábado. ¿Vas a ir a verla?

Harry quedó pensativo demasiado tiempo.

—¿Harry?

—Sí, sí, Hermione. No lo sé —la chica lo contempló con mirada suspicaz.

—Harry. ¿Con quién dormiste el viernes?

—¿Ron te ha dicho algo? —ante la mención del nombre, Hermione contrajo el rostro.

—Claro que no. Estuve hablando con Seamus.

—Ese cotilla… —susurró él sin poderlo evitar. No tenía suficiente con sus posibles citas, tenía que controlar también las de los demás.

—¿Perdón?

—Nada, Hermione. Era mi cita del viernes —Hermione pareció ilusionada, agarrando con fuerza los libros que sujetaba con ambos brazos.

—¿Salió bien?

—Solo fue una noche —dijo Harry, y no pudo evitar que cierta nostalgia se instalase en su garganta, haciéndole tragar con dificultad.

—Ya. Bueno, al menos me alegra que te divirtieras —ambos entraron a la cafetería. Harry observó a la chica, concluyendo en que aún seguía enfadada con Ron—. Harry, no lo intentes. No quiero que me trates de convencer.

Harry movió la cabeza.

—No voy a hacerlo. Realmente te entiendo —ella lo miró con dulzura, agarrándolo del brazo.

—Va a ser verdad eso de que los gays comprendéis a las chicas —Hermione se pidió también un refresco y los dos caminaron rumbo a la biblioteca; en esos momentos, todo el mundo estaba en clase, por lo que aparecía casi vacía. Tanto Hermione como Harry aprovecharon la hora de estudio hasta volver de nuevo a sus respectivas clases y profesores. Harry trató de concentrarse, a pesar de que la jornada del fin de semana se reproducía constantemente en su cabeza. ¿Qué habría pasado con Nott? ¿Se habrían acostado, habrían discutido, habrían… acabado?

Harry no las tenía todas consigo. Si hubieran acabado, no creía que Malfoy se echara a sus brazos, como si nada. Si se hubieran acostado… bueno, entonces no tendría nada de qué preocuparse y podría acudir a los bares los fines de semana que tuviera libres. De momento, tocaba clase de francés y, aunque había estudiado suficiente para la jornada, no supo por qué se sentía tan nervioso. Un mensaje antes de la hora de quedada, cancelándola, tampoco ayudó nada. Por suerte, recibir varias buenas notas esa semana lo mantuvieron animado. El miércoles, tras el entrenamiento de rugby, salió un poco con los chicos del equipo. Harry estaba seguro de que alguno de ellos era gay, como él, e intentaba adivinarlo. En ocasiones, usaban la mirada para tantear, pero Harry no era muy ducho en hacerlo, y a veces se había llevado algunas sorpresas: como Malfoy. Jamás pensó que el chico pudiera sentirse atraído por los chicos, con lo melindres y selectivo que era.

—Eh, Harry —llamó Ron, ligeramente achispado, sujetando aún su cerveza con la mano derecha—, ¿qué te ha parecido la jugada de Thompson?

—Espero que le salga igual en el partido —rezó Harry, porque sus rivales eran duros, y ese sábado tenían encuentro con Cardiff.

—Y si no, siempre te tendremos a ti —añadió McCarthy guiñándole un ojo.

El moreno sonrió ligeramente a su compañero: McCarthy era uno de los más simpáticos del equipo y se llevaban bien, pero había rumores de que una chica de la facultad de Artes le traía loco. A Harry no le hubiera importado que McCarthy fuera de su acera. Poco después, los chicos comenzaron a hablar de féminas y Harry desconectó totalmente, dedicándose a vigilar a los chicos del pub. Después bebieron y se mezclaron con otras personas. Cuando salieron, tuvo que medir sus pasos; Ron, a su lado, tampoco estaba muy ebrio. Se tiraron media hora introduciendo la llave, hasta que al final entró. La resaca sería espectacular…


CONTINUARÁ

Notas de la traducción:

(1) No te olvides de que nos vemos el lunes.

(2) Pero nuestra relación no es posible a pesar de mi deseo.

Comentarios a anónimos:

Himextina: Muchas gracias por tus halagos, encantada de conocerte. Mi intención es permanecer mucho tiempo en el fandom, lo que no puedo prometer es que escriba drarrys indefinidamente, supongo que probaré también con otras parejas (sí, llevo pensando esto un tiempo, pero al final escribo drarrys) XD

Azul: Aquí tienes el siguiente, es el penúltimo, disfrútalo. Besos.


Para los que preguntéis, queda un capítulo y un epílogo. No lo podré publicar hasta la semana que viene, en cuanto al epílogo lo subiré un poco antes. Besos, os quiero.