Hola!

Lamento la demora, pero esta semana he vuelto a trabajar después de unos meses sabáticos, por lo que aún no me acostumbro y recién tengo un tiempo para prender el PC y escribir un poco! Espero que puedan comprender! Sin más, el esperado momento! Ojalá les guste!

BHNA no me pertenece ni sus personajes!

Despertó con su hija en sus brazos y el sol llegándole en la cara.

Aún no sonaba la alarma, por lo que la apagó y se levantó como todas las mañanas para ir a correr. Dejaría que Minose durmiera un poco más porque trasnochar no le ayudaría mucho durante el largo día que les esperaba.

A la vuelta preparó todo y despertó a su hija para que se vistiera y desayunara.

Estaba tan emocionada y no paraba de dar saltitos a cada momento, como si no pudiera aguantar la emoción en su cuerpo.

-Crees que le voy a caer bien? -Le preguntó mientras tomaba su desayuno.

La miró con una ceja alzada y sonrió un poco.

-Te va a amar si es que aún no lo hace.- Dijo con los ojos cerrados mientras bebía su café.

Antes de partir la cogió por los hombros e hizo que le mirara.

-Quiero que recuerdes lo que hablamos ayer.- Estaba un poco agachado para estar a su altura.- No hablarás de esto con tus amigas, necesito que lo mantengamos entre nosotros.

-Sí, papá!- Lo abrazó por el cuello y le besó la mejilla como siempre hacía.-Estoy atrasada, debo irme!

Y salió corriendo luego de despedirse.

Había pedido en el trabajo trabajo salir más temprano para atender asuntos familiares, por lo que eras las dos de la tarde y se encontraba preparando el almuerzo en su hogar.

Estaba ansioso, no quería tener nada que ver con Uraraka, pero por su hija aguantaría tener que ser una persona civilizada.

Minose llegó hecha un torbellino.

-Papá! El día se me ha hecho eterno!-Se sentó en el comedor y recibió un plato humeante de tallarines a la boloñesa.

-Somos dos.-Comentó intentando quitarle importancia.- Después de comer ve a ordenar tu cuarto para que esté decente.

Bromearon un rato sobre las normas de hogar y que todo siempre estaba ordenado. Recogieron, limpiaron y organizaron un poco las cosas para recibir a la invitada.

A las 16:00 en punto sonó el timbre y fue como si les hubiesen arrojado agua fría a ambos. La niña se sentó y volvió a levantarse impaciente, él fue a abrir la puerta y, sin darse cuenta, se arreglo el cabello frente al espejo de la entrada.

Gruñón al darse cuenta de lo que estaba haciendo.

Abrió la puerta y la mujer que estaba esperando estaba igual de ansiosa que ellos. Traía una caja en las manos y se la ofreció sin saber qué decir.

-Traje algo…- Sonrió con vergüenza y no supo qué decir.

Katsuki se movió hacia un lado para dejarla pasar a lo que ella se movió al fin.

-Permiso.-Dijo al entrar y sacarse los zapatos.

Vestía una polera beige holgada y unas calzas negras, las zapatillas que había dejado eran de marca y hacían juego con su bolso. Sin maquillaje y con anteojos de sol que guardó de inmediato en su bolso.

Cuando entró en la sala precedida por el rubio sintió que el tiempo se detenía. Su corazón se saltó un latido cuando la pequeña la miró y se levantó de su asiento.

Todos se quedaron quietos un momento, hasta que la niña se acercó con cautela a la mujer, sin dejar de observarla.

-Uravity-san?-Se acercó hasta estar a solo un metro de ellos, los cuales seguían de pie, expectantes.

Uraraka solo asintió y ladeó la cabeza de forma gentil.

-Así es, Minose-chan.- Se ruborizó un poco más y se le puso la nariz colorada. Estaba aguantando las lágrimas lo mejor que podía.- Yo soy tu mamá.

Y sin que los adultos lo esperaran, la pequeña se lanzó a su cintura y la abrazó con toda la fuerza que podía. La morena no aguantó más y sintió que sus piernas flaquean y sus mejillas se mojaban con sus lágrimas.

Katsuki sentía que estaba estorbando, que no debía estar ahí, por lo se que cabreó y dejó la caja sobre la mesa y se acercó a la puerta.

-Voy a traer té.-Y dejó a ambas mujeres llorando en silencio abrazadas.

No podía esperar algo distinto la verdad, ambas habían estado separadas durante mucho tiempo y al fin se habían reencontrado. Una siendo la ídolo de la pequeña y la otra siendo la mezcla perfecta entre sus progenitores. Minose tenía tanto de él como de Uraraka.

Se tomó su tiempo y para cuando volvió ya se habían sentado en el sofá. Pero seguían abrazadas.

Cuando Ochako sintió entrar al rubio intento levantarse para ayudarle.

-Estoy bien, yo me encargo.-Le dijo para que no se levantará.

Abrió la caja, cortó la tarta y sirvió dos porciones; él no comía dulces. Tres tazas de té y dos platos llevaba en la bandeja que dejó en la mesa de centro.

Se sentó en un sitial y las observó por un momento. Tenía el cerebro a mil por hora, sin saber qué hacer o decir.

A ratos quería echarla de su hogar y a otros quería que se quedara el tiempo que quisiera para que su hija no borrara esa sonrisa de sus labios.

-U-Uravity-san… -Llamó Minose ocultando su rostro un poco.-Yo… esto…

Uraraka captó enseguida cual era la pregunta que no podía formular, por lo que la interrumpió.

-Minose-chan, puedes llamarme como quieras.-Sonrió y acarició con cariño su cabello.- Dejaré que tú escojas como llamarme, con lo que sea que te sientas cómoda.

-Puedo llamarte "mamá"?-Su sonrisa era tan hermosa, que ambos padres sonrieron ante la pregunta.

-.-

-Katsuki!- Le recibió su madre en la puerta de la casa.

No había alcanzado ni a dejar sus zapatillas bien puestas y ya le jalaba del brazo hacia la sala. Al entrar, la bebé de unos diez meses se encontraba sentada jugando con unos bloques de madera en la alfombra.

Su madre se llevó un dedo a los labios para indicarle que se mantuviera en silencio.

-Minose-chan.-Dijo la mujer con una voz que sólo utilizaría con un infante.- A quién extrañaste mucho hoy?

-Paaapaaa!-Gritó la niña volteándose mientras alzaba los brazos.

La sonrisa que le invadió el rostro hizo que su madre soltara una risa entre labios.

Dejó caer su mochila sobre el sillón y se arrodilló para abrazar a la pequeña y besarle la mejilla.

-Estuvimos practicando toda la mañana.-La mujer se sentó a su lado en el suelo.- Queríamos que fuera una sorpresa.

Acarició el cabello rubio de la niña y la abrazó para susurrarle algo al oído. Algo que solamente ella podía escuchar.

-Te amo, enana.

-.-

Su vida estaba embelesada por los recuerdos que tenían juntos. No echaría todo por la borda por el odio que sentía por esa mujer; la que había hecho mal todo lo mal que podía hacer…

La charla había comenzado una vez se sintieron más cómodas. El pastel había sido arrasado y él se levantó a buscar más té; completamente en silencio.

Cuando se encontraba en la cocina sintió que unos delgados brazos lo abrazaban desde atrás.

-Papá, puedo mostrarle a mamá mi habitación?-La pequeña restregaba su rostro contra su camisa.

-Minose.-Volteó para ponerle una mano sobre el cabello.- Siempre y cuando hayas ordenado.

-Papá, tú no me dejas tener mi cuarto desordenado.-El puchero que hizo fue adorable.

Se agachó a su altura y besó su frente. La atrajo hacia su pecho y la abrazó unos segundos para luego separarla por los hombros y mirarla a los ojos.

-Estás feliz?-Preguntó poniendo una expresión triste sin quererlo.

Las manitos que antes afirmaban su camisa ahora se posaban sobre sus mejillas y acariciaban despacio.

-Sí.-Su sonrisa podía iluminar sus días más negros.-Muchas gracias, papá.

Se abrazaron unos segundos en silencio. Tiempo que Ochako aprovechó para mantenerse escondida y volver a la sala donde se suponía que se encontraba.

No había sido su intención escuchar a escondidas, si no que había intentado ayudar llevando unos platos sucios. Pero se volvió a sentar y dejó la loza en el lugar de donde la había levantado para que no lo notaran.

Sintió su celular vibrar por lo que lo tomó y comprobó que su agente le estaba llamando. Canceló la llamada y le envió un mensaje diciendo que estaba muy ocupada como para contestar y que no respondería hasta la mañana siguiente. No quería que la interrumpiera. Se podía caer la luna sobre Tokyo y ella no iba a interrumpir su tarde con su hija.

Llegaron de vuelta cuando estaba metiendo el móvil en su cartera.

-Mamá, ven!- Se acercó y le tomó una mano.-Quiero mostrarte mi cuarto!

Sabía que había pedido permiso, mas prefirió mirar al rubio para que le indicará que estaba bien; éste hizo un gesto con la cabeza indicando hacia la puerta para que siguiera a su hija.

Sin intención de generar estereotipos, la habitación de la pequeña tenía de todo. Por un lado había muñecas, todas vestidas y ordenadas sobre una repisa, y por otro lado había una colección de autitos de carrera, también ordenados. La cama que se encontraba ordenada y estirada pulcramente tenía un cobertor con flores, que contrastaba curiosamente con unas sábanas verdes con azul.

Al ver la sorpresa en su rostro, Minose se avergonzó un poco.

-Papá me deja escoger mis cosas.-Se acercó a su cama para sentarse e indicarle a la castaña que la acompañara.- Y las sábanas que van a juego no estaban limpias.

-No te preocupes.-Acarició su cabello y aceptó la invitación para sentarse a su lado.- Me encanta.

Bakugo, apoyado en el umbral y con las manos en los bolsillos las observó un momento. Eran tan parecidas que le causaba enojo. Todos esos años que había tenido que aguantar su rabia para ahora tener que tragársela, sólo por su hija.

Ya comenzaba a dolerle la cabeza por lo que prefirió dejarlas.

-Papá, a dónde vas?

Minose le había cogido la mano sin que él se percatara que se había levantado. Le acarició la cabeza e intentó que la mirada de la morena no le molestara más.

-Hay algo del trabajo que tengo que atender. Quédate aquí con tu madre.

Al decir eso, sintió que se le secaba la boca y se le ponía amarga de la ira.

Atravesó con la vista a Ochako, la que llegó a enderezarse por la intensidad de sus ojos. Decía todo lo necesario.

"-Atrévete a hacer algo fuera de lugar."

La carta de "madre de su hija" no serviría para salvarla si es que se atrevía a hacerle algo a la pequeña. Y Uraraka lo sabía a la perfección.

uh! Si algo llega a pasarle a esa pobre cabellera rubia, un padre va a reaccionar hahahaha

Me gusta mucho esta versión de Katsuki, sé que suena raro que lo diga yo misma, pero siempre he sentido que el pobre es un desentendido. Él es, dentro de todo, honesto, por lo que sí lo creo capaz de hacer todo esto, con el tiempo (y ahora que estoy leyendo el manga) me he dado cuenta que es atento a su propio modo y con las personas que él siente que tiene que serlo, y aunque no lo crean, es capaz de agradecer y reconocer sus errores! Por mucha frustración que eso le cause!

Me encanta! Y espero que les haya gustado!

Gracias por leer!

conchito!