Disclaimer: Takaya es el dueño.

Notas: I'm back.

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Capítulo 6

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So one day he found her crying
coiled up on the dirty ground.
Her prince finally came to save her
and the rest she can figure out.
But it was a trick.
And the clock struck twelve.

Brick By Boring Brick - Paramore

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Salir de la mansión no fue sencillo. Nada sencillo.

Apenas había dejado la habitación cuando escuchó las espadas desenvainarse a lo lejos. Apareciendo frente a él soldados que no reconocía. Saltando encima suyo en una avalancha de dientes y garras, dispuestos a destrozar su cuerpo sin ningún ápice de vacilación.

Tuvo que soltar a Shinoa y colocarse frente a ella para cubrirla de los cientos de ataques que llovían sobre ellos. No eran fuertes. No como él. Pero eran muchos, demasiados. Su mente le martilleaba desde el fondo de su cabeza, advirtiéndole silenciosamente de caras conocidas que no fue capaz de examinar por el cansancio en que su cuerpo comenzaba a caer. Temblaba ligeramente por el agotamiento, sólo dándole espacio para pensar en una cosa, ganar.

¡Mika! —abrió los ojos al escuchar su grito, notando muy tarde que ya no estaba junto a él. La buscó desesperado entre la multitud de cuerpos. Encontrándola ya demasiado lejos. Estaba pataleando, arañando tanto como pudiese para soltarse del agarre del vampiro que la arrastraba velozmente por las escaleras.

Chasqueó la lengua con furia. Presionando con más fuerza su arma y matando tan rápido como podía. Avanzando un par de metros cuando lograba hacerse paso; y retrocediendo muchos más cuando los soldados eran reemplazados de nuevo. Los segundos comenzaron a volverse minutos, así como su visión volviéndose nublosa y su respiración más agitada. Con brazos sosteniendo filosas armas y manos y bocas puntiagudas precipitándose contra él. Ojos iracundos que lo único que parecían querer era su muerte y que se lanzaban sin importarles perder extremidades, escupiendo gruñidos indescifrables que más parecían un cántico sagrado que ninguno se atrevía a dejar de decir.

«Traidor, traidor, traidor»

«Maldito bastardo traidor»

—Espada—llamó enojado. Asustado—. Bebe mi sangre.

Las púas se enredaron en su brazo como una serpiente, el poder de su arma fluyendo gracias a su sangre y otorgándole la fuerza que necesitaba para matar con facilidad. Una ligera explosión de poder le sirvió para abrirse paso entre todo el ejército de vampiros, corriendo para alcanzar a Shinoa y maldiciendo en voz alta a los que insistían en no dejarlo ir y lo perseguían con los ojos opacados por el odio.

Resopló casi igual de iracundo que ellos, contagiándose por la excitación de la batalla y gritando para que su arma se alimentara más y más. Lo suficiente para ser más rápido—más veloz—más fuerte, más, más, más. Hubo un gigantesco remolino negro por todas partes y por un instante sólo quedó él con su alterada respiración. Una mueca formándose en su rostro por el agarre de las espinas sobre su carne, que lo herían con suma lentitud y parecían regocijarse con su dolor.

Pero no tenía tiempo para eso.

La encontró en el segundo piso. Despeinada y sumamente pálida, sus manos de un tono púrpura, con leves gotas de sangre resbalando por ellas por los constantes golpes que daba al vampiro que seguía arrastrándola con suma diversión por todo el suelo. Llegó a su lado sin que el vampiro lo notara, clavándole con molestia sus garras en su garganta. Volándole la cabeza al instante y ocasionando que el cuerpo sin vida cayera sobre ella, desapareciendo no sin antes terminar de mancharle todo el vestido con los cúmulos de sangre que caían de su cuerpo sin vida.

Mika inhaló hondamente por la boca. No estaba tan herido, pero sí agotado, muy, muy agotado. El olor de la sangre de Shinoa le llegaba como una bofetada a la cara y tuvo que apretar su espada para no perder la cordura. No muy lejos escuchaba a los demás soldados llegar a la mansión y eso lo alertó lo suficiente para salir de su aturdimiento.

—Vamos—instó, tendiéndole su mano libre que fue envuelta rápidamente por la pequeña de ella; que a pesar de que no haber dudado en tomarla, sus ojos parecieron brillar con temor por un pequeño instante.

No le hizo signos de haberlo notado y quiso creer que era por el aspecto sucio que tenía.

— ¿De dónde salieron tantos? —le preguntó, saliendo de su estupor y corriendo a su lado sin quejarse por los moretones que sus piernas comenzaban a reflejar. Buscando alguna ventana por la cual saltar y colocándose tras Mika luego de que una nueva horda de vampiros apareció.

— ¡No lo sé! —exclamó, todavía deteniendo los ataques del ejército.

No supo cuanto tiempo le tomó el seguir luchando. Simplemente se obligó a permanecer de pie por el bien de ambos, y atacó incluso cuando el dolor comenzaba a marearlo y la cantidad de vampiros no hacía más que aumentar.

Terminaron por ser rodeados. Mika rogando, casi implorando, a su espada por una última gota de ayuda—sólo una más—que le fue otorgada, no sin antes dejar su brazo en carne viva, las púas atravesando su carne sin piedad. Pero no le importó. Apretó los dientes con fuerza y siguió peleando, lo suficiente para matar a los que estaban en la habitación y para destruir parte del lugar. No se preocupó por los que seguían viniendo, tomó a Shinoa consigo y sin dudar saltó por el muro destruido.

El sonido del vidrio y concreto volando por todas partes pareció mucho más fuerte que el de los edificios quemándose a lo lejos. Aunque no tanto como el alocado sonido que hacía el corazón de Shinoa cuando ambos tocaron el suelo. Ella no esperó a que Mika terminara de decirle que subiera a su espalda, ya estaba sobre él cuando pudo estabilizarse y luego de que estuvo seguro que se sostenía fuertemente, sus piernas se impulsaron y comenzó a alejarse de la mansión con rapidez.

— ¡Espera! —Jadeó ella— ¡Shi! ¡No puedo irme sin Shi!

— ¡¿Quién?! —gritó sobre el ruido de edificios cayendo.

— ¡Mi arma! —Shinoa aló fuertemente su capa— ¡Te hable de ella antes! ¡Debemos…!

— ¡Shinoa no hay tiempo para eso!

— ¡No voy a dejarlo! —A pesar del ruido escuchó la firmeza en su voz—. Mika, por favor—

— ¡Es sólo un arma! —la cortó—. Conseguirás otra. ¡No tenemos más tiempo!

El corazón de Shinoa latió más rápido cuando asintió reaciamente, apretando con más fuerza los hombros de Mika y tragándose la petición que quería hacerle. Arrugó el ceño sin comprender. Había pasado por tanto en esa mansión, días incontables de tortura. Y al fin, luego de agrias semanas tenía una oportunidad de escapar, ¿por qué desperdiciarla por una simple arma?

No lo entendía.

Se camufló con el humo que desprendían los edificios y logró perder a varios de los vampiros que lo seguían. Más no a todos. Algunos lo encontraban y otros que eran lo suficientemente listos para notar que llevaba una humana en su espalda lo trataban de atacar. Sin embargo eso no lo detuvo, se mantuvo matando y esquivando, con la ansiedad y la adrenalina corriendo por sus venas. Seguían lejos de las puertas, pero Mika casi podía ver la salida. Vislumbrar el atardecer del cielo y aspirar el aire puro de los campos. Estaban cerca. Tan, tan cerca de ser libres que su frío corazón parecía palpitar con la anticipación que recibía.

Y dejó de notar todo a su alrededor. Que el bullicio de los vampiros que lo perseguían ya no estaba y que las calles ahora se veían limpias. Ningún vampiro cerca. Ningún ruido más que el de edificios carbonizándose por las llamas, la alborotada respiración de Shinoa y las pisadas de los niños humanos que sobrevivieron la catástrofe de la ciudad.

Muy tarde notó que ella se había quedado tiesa a su espalda y parecía apretar su capa con más fuerza, en un intento de decirle algo.

Y quizás, si pudiera prestarle atención a lo que sucedía. Analizado la situación sólo un poco—sólo lo suficiente—, se habría percatado de que todo resultaba demasiado ventajoso, fácil. Sumamente sencillo para un lugar como Sanguinem.

Habría recordado que prometió a Ferid no huir, la advertencia que le dio. De lo que el noble era capaz de hacer si le desobedecía.

Y que no era un escape para ellos. Nunca para ellos.

Su espina dorsal se estremeció al sentir un aire asesino dirigido a él. Su cuerpo crispándose al darse la vuelta y bloquear por pura suerte el ataque de la progenitora.

—Ese es el ganado de mi amo—dijo Horn, poniendo más presión en su espada y haciendo retroceder a Mika sin dificultad—. ¿A dónde crees que te la llevas?

Alzó sus garras para coger a Shinoa, pero ella se bajó al instante de la espalda de Mika y se alejó lo más que pudo para no ser víctima de los ataques que eran—en su mayoría—dirigidos a ella.

— ¡Corre! —Le gritó con dificultad, esquivando las estocadas que la vampiresa mandaba directamente a su rostro—. La salida no esta tan lejos, ¡Vete! —Ella negó con la cabeza, estaba jadeando con desesperación y parecía buscar un arma entre los escombros del lugar— ¡Vete de una vez! —El tacón de Horn tocó fuertemente su pecho cuando no se percató, y Mika escuchó con horror el sonido de sus huesos romperse. Sus manos le temblaron, su brazo herido casi no le respondía y su visión volvió a oscurecerse por un instante; sin embargo no se movió, decidido el impedirle a Horn acercarse a ella— ¡Shinoa!

— ¡Mika no entiendes! —Escuchaba los gimoteos que comenzaban a salir de su garganta y el olor a lágrimas que escapaban de sus ojos— ¡Esto es…!

La fuerza de las espadas chocando causó que Shinoa fuera empujada a varios metros de ellos. Mika al fin encontrando un hueco en el agarre de la vampiresa, la empujó lo suficiente para dirigirle una mirada enojada a Shinoa.

— ¡No puedes hacer nada! ¡Vete! —volvió a frenar el ataque de la noble— ¡Ahora! —gritó con más fuerza.

Shinoa titubeó de nuevo, pero otro grito de Mika fue suficiente para que corriera. Suspiró casi con alivio, pensando en una forma para deshacerse de Horn e ir tras ella. No sentía la presencia de más vampiros cerca y estaba seguro que con el alboroto que se creaba por el fuego podría ocultarse entre los humanos que corrían espantados. Encontraría un avión que no estuviera en llamas y la sacaría de la ciudad.

Y al fin ellos… finalmente….

Notó a Horn seguir con su mirada a Shinoa, sin lucir apresurada en seguirla, ni mucho menos interesada en hacerlo. Sólo se limitó a ejercer presión en las espadas, impidiéndole a Mika moverse por varios minutos.

Es apropósito.

Apretó la mandíbula al darse cuenta de su error, pero por más que quiso golpearla no pudo. Su cuerpo le dolía y tenía mucha sangre saliendo de su cuerpo, no podía ganar y ambos lo sabían. Intentó hacer retroceder a la noble en un movimiento desesperado, más ella no se lo permitió. En su lugar entrecerró los ojos con molestia, como si quisiera insultarlo por algo que había hecho. Por algo que no hizo bien. Terminó por desarmar a Mika, propinándole una bofetada que lo lanzó contra un edificio caído.

En su cabeza comenzó un pitido constante que le mareó al ponerse de pie. Su visión estaba algo desenfocada y se tuvo que restregar los ojos con dificultad para aclararla. Parpadeó varias veces algo aturdido, viendo atentamente a su alrededor, asegurándose que no era producto de su imaginación.

La noble ya no estaba por ninguna parte.

Me hicieron alejarme de Shinoa.

Maldijo fuertemente, tratando de correr en la dirección que se fue, pero cada paso era doloroso. Ruidos de agonía comenzaban a salir de su garganta al no poder caminar sin sentir a sus huesos machacar sus pobres órganos. Su instinto animal le hacía relucir sus dientes, espantando a cuanto humano se encontrara en el camino. ¿Cuándo fue la última vez que bebió sangre? Sus ojos se movían frenéticos entre la cantidad de niños que sentía alrededor y podía matar con facilidad.

Apretó con fuerza su pecho, recordándose que no podía y odiándose un momento por su constante moral. Si sólo bebiera con regularidad, como se suponía que debía hacer, sus heridas no estarían tardando tanto en sanar. No tendría que estar pidiéndole constante ayuda a su espada, que más que ayudarlo parecía querer asesinarlo.

El humo pareció comenzar a disiparse a su alrededor, aclarándole el camino y dejándole vislumbrar el cabello rojo de Crowley a la distancia. Estaba riéndose, mirando algo a sus pies.

Alguien.

Shinoa estaba arrodillada en el piso, sus manos parecían haber dejado de sangrar, pero su tobillo lucía hinchado, mucho más que los moretones que le hizo el vampiro al arrastrarla por el suelo de la mansión. Estaba respirando sonoramente, sus ojos mirando con rabia y mucho miedo al progenitor.

—Siempre tan inesperada—le oyó decir, acuclillándose y sosteniendo su barbilla con su índice. Su sonrisa era aterradora—, ¿Cuántas veces debo repetirte que no escaparás?

Mika gruñó, lanzándose contra él sin pensar en las punzadas de dolor que sentía al blandir su espada.

No llegó muy lejos, sin embargo. Un agarre en su garganta fue suficiente para tumbarlo al suelo. La cantarina voz de Ferid tronando a su lado, aplicando más fuerza cuando Mika intentó quitárselo de encima.

—Te romperé la garganta si sigues intentándolo—advirtió, arrodillándose a su lado.

—Tiene bastante fuerza—apuntó Crowley. Sonaba sorprendido, hasta algo fascinado—. Pudo con el ejército que se le tiró encima. Horn no estaba poniendo todo su esfuerzo, pero en realidad pudo frenarla.

—Impresionante, ¿verdad? —comentó emocionado, Ferid movió sus ojos hasta Shinoa. Sonriendo como un niño que cometía satisfactoriamente una travesura—. Nos vemos después de tanto, madmosuellie.

Shinoa frunció los ojos, su cuerpo comenzando a temblar.

— ¿No está muy pálida? —la examinó sin molestarse en la mirada que ella le daba—. Prometiste que me la entregarías sin marcas~

— ¿De qué hablas? —preguntó con fingida ofensa. Tomando a Shinoa de la mano y obligándola a ponerse de pie a pesar de la mueca de dolor que hacía. La hizo en girar elegantemente, el vestido que usaba para dormir abombándose un poco, dejando ver con claridad sus moreteadas piernas y el principio de sus muslos heridos. Envolviendo sus brazos alrededor de su pequeño cuerpo después, apoyando despreocupadamente su mentón encima de su cabeza. Imitando la sonrisa juguetona de Ferid—. Libre de marcas, tal como te prometí.

—Creo haber visto algo en sus muslos—apuntó—, y en su cuello también.

—Imaginación tuya~

Mika se quejó, quiso mirar a Ferid, pero al milímetro de mover su cabeza él lo aplastó de nuevo contra el suelo.

—Krul escapó—Mika dejó de moverse—. Capte tu atención, ¿verdad? —Rió un poco, aunque parecía que toda la felicidad que tenía antes se había ido—. Lest Karr y Urd Geales corrieron a buscarla con algunas tropas, no pudo haber ido muy lejos.

— ¿Por qué te quedaste? —se las arregló para preguntar.

—Me lo ordenaron. Es una lástima—soltó su garganta y Mika comenzó a toser, gimiendo con dolor a cada movimiento en que su cuerpo se retorcía. Ferid se puso de pie, caminando hasta quedar frente a Shinoa y doblando su cuerpo ligeramente para quedar a su altura—. Lo que le dijiste a Crowley resultó ser verdad, nadie vino a salvarte. Debe ser triste saber que eres la hija olvidada.

Mika comenzó a arrastrar su cuerpo en un intento de levantarse. Sus quejas terminaron siendo captadas por Ferid, quien levantó una ceja al verlo en tan mal estado, más eso no disminuyó ni un poco su sonrisa.

—Aunque claro, Mika trató de ayudarte, ¡Que caballeroso de su parte! —Shinoa encontró sus ojos, el pánico presente en ellos—. Yendo a verte cada noche, dándote las esperanzas para que no enloquecieras—Ferid cerró sus ojos un momento, como disfrutando de la situación—. ¿No lo crees, madam? —miró a Shinoa que intentaba parecer impasible, pero no podía ocultar las emociones en su rostro. Mika arrastró sus ojos hasta Crowley, que no se notaba ni un poco alterado por la revelación del noble. Manteniendo a Shinoa en sus brazos, parecía tararear algo siguiendo con su mirada a Ferid—. ¿Qué es lo que debería hacer contigo, Mika? Usualmente la gente no me desobedece~

— ¿Qué es lo que quieres? —escupió una bola de sangre y sus brazos temblaron cuando las apoyó en el piso para arrodillarse.

—No es lo que quiero. Es lo que queremos, Mika~

Observó con molestia al noble, con la cabeza todavía dándole vueltas por el dolor. Crowley de repente movió sus ojos carmesís hacia él, viéndolo por ínfimos segundos antes de llevar sus labios hasta el oído de Shinoa, susurrándole algo que no fue capaz de oír por el zumbido en su cabeza. Ferid colocándose frente suyo de repente, imposibilitándole el ver a nadie más que a él.

—Todo cambiará ahora—le dijo con las dos manos en sus caderas—. Shinoa se quedará en mi mansión, Mika. Desde que destruiste la de Crowley mi invitada no puede estar en tales condiciones—rió con suavidad—. Aunque no sería la primera vez que por alguna decisión tuya alguien sale herido~

Se petrificó por un instante. Ferid le dedicaba una mirada sumamente divertida, como esperando a que Mika entendiera sus palabras. Lo miró por varios segundos, apretando con más fuerza su pecho, un miedo gélido subiendo por su espalda por temor a que lo dijera. Más el noble no lo hizo, simplemente le guiño un ojo, alejándose un poco para que pudiera ver a Shinoa.

Lo que fuese que Crowley le dijo no parecía haberla alterado, en su lugar miraba con aberración a Ferid, enfureciéndose en honor a Mika.

Debía creer que Ferid hablaba de sus hermanos. Sobre la gran culpa que insistía en cargar a su espalda y de la que ella había notado en las semanas en que le relataba sobre su vida.

Claro que debía pensar eso, Mika nunca le había contado nada más.

Si llegase a enterarse que por su petición de traer a Yu ella terminó por ser encerrada… que sus meses de tortura fueron en parte su culpa.

Ella lo perdonaría, ¿verdad? Él había aceptado que ella supiera de los experimentos que hacía el ejército. Shinoa… ella, ella haría lo mismo con él, ¿verdad?

Pero todas esas marcas. Todas esas mordeduras y heridas que ahora estaban bien ocultas por las mangas y la falda de su vestido. Las cicatrices que nunca se borrarían a pesar de que siempre fingía optimismo al revisarlas.

Mika se mordió el labio, como no queriendo revelar la culpa en su mirada. Ferid dándole un ligerísimo asentimiento de cabeza, como orgulloso de que lo comprendiera. Dándole la espalda antes de tomar un respiro y volver a hablar.

—Las explosiones ya terminaron—informó—. Los vampiros que las ocasionaron se asesinaron antes de que pudiéramos atraparlos—se encogió de hombros—. Supongo que aún hay algunos que siguen leales a Krul, dudo que dure mucho—giró para darle una sonrisa cómplice a Mika—, tu mataste a muchos de ellos hoy después de todo.

¿Q-Qué…?

—Sanguinem volverá a estar igual que siempre en un par de días—siguió, ignorando las preguntas que trataba de hacerle—. Hasta que Urd y Lest no regresen, no es necesario que continuemos aquí—Crowley finalmente soltó a Shinoa, poniendo espacio entre ellos cuando Ferid le tendió la mano a ella—. Sigues siendo de vital importancia en mis planes, cariño—le dijo alegre—. ¿Nos vamos? Quizás considere no lastimar mucho a Mika si vienes por ti misma~

Shinoa le dio una breve mirada cargada de preocupación antes de coger la mano enguantada de Ferid, obligando a sus pies a caminar y desapareciendo con el noble minutos después. Dejándolo únicamente con Crowley, quién después de observarlos desaparecer lo encaró, disminuyendo la sonrisa que llevaba en su rostro hasta mostrar únicamente una fina línea.

Mika no quiso prestarle atención. Tenía ganas de golpear a Ferid exigiendo respuestas, más que nada golpearlo, pero como estaban las cosas—sin mencionar su estado actual—supo que debía esperar para eso. Enfocó la poca energía que le quedaba en sus piernas, tratando de pararse de una vez. Una ligera sonrisa de satisfacción apareciendo en su rostro cuando estuvo por conseguirlo, salvo que al levantarse unos milímetros del suelo el noble lo mandó a volar de una patada.

—Eso es por invadir mi mansión—le dijo, su silueta le sonreía tras la neblina de polvo, y que a pesar de que no podía enfocar bien sabía que era tremendamente amenazante. El progenitor lo cogió de la chaqueta y lo lanzó con fuerza de nuevo contra otro muro. La boca de Mika se abrió de golpe, dejando salir a borbotones la sangre que subía por su garganta. Su cuerpo se sentía como de papel y apenas podía mantener los ojos abiertos—. Eso fue por querer llevarte a Shinoa.

—Bastardo—gruñó, tratando de herirlo con su espada a pesar de que su brazo magullado apenas podía moverse. A Crowley le fue sencillo el esquivarlo, lo sostuvo fuertemente de su garganta y lo levantó del suelo, apretando su tráquea sin piedad.

—No recuerdo la última vez que alguien me molestó tanto—su sonrisa era más extensa, más fría y tiesa que nunca—, sino fuera porque decidí seguir a Ferid ya te habría matado hace mucho—el tono juguetón que utilizaba le causaba escalofríos, el brillo de sus iris era suficiente para hacerlo temblar. Lo soltó sólo al ver que Mika empezaba a dejar de pelear por liberarse y que casi parecía un cuerpo sin vida. Cayó al suelo ya sin poder sentir nada, con la respiración completamente errática y un dolor penetrante en todo su cuerpo. Visualizó las botas del noble comenzar a alejarse; y antes de perder la conciencia, escuchó su voz, susurrándole desde la lejanía con malicia—. Lo mejor para ti sería no encariñarte con ella.

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"No confíes en Mika".

«Cállate», fue lo que quiso decir, pero que el gigantesco miedo no le dejó. «Cierra tu jodida boca»

Se paseó ansiosamente en la nueva habitación que tenía. Ferid debía estar bastante informado de las cosas que intentó hacer en la mansión de Crowley, porque ese cuarto no tenía ningún espejo ni nada filoso alrededor, nada con lo que podría hacerse daño.

Tampoco era tan ostentoso como el anterior que tuvo, y era pequeño, bastante más pequeño. La cama era suficiente para que ella cupiera; un escritorio, un tocador, un armario sencillo y un pequeño reloj de mesa eran los únicos muebles que adornaban el cuarto. Había un baño en el que apenas entraba una tina diminuta, que tampoco contaba con agua a menos que alguien se la trajera, y claro, sin ventanas. Nada de luz a excepción de un foco protegido por una base plástica que estaba empotrado al lado de su cama.

De nuevo en un cuarto sofocante.

Aunque la ansiedad de eso venía por momentos.

Estaba preocupada por Mika y lo único que sabía fue lo que le dijo Ferid al llevarla a su nueva recamara. Riéndose de su rostro al decirle que él recibiría una paliza por parte de Crowley.

—Tu encanto parece haberlos cautivado. Quizás incluso a mi me pase~

—Sólo quédate con tu rara fascinación hacia los niños—dijo espantada, entrando al cuarto que le ordenaba.

Ferid resopló una sonora carcajada, poniéndose frente a ella y levantando su mentón con suavidad.

—Si fuera otra vida, tú y yo quizás hubiéramos sido buenos amigos—Shinoa alejó su mano, segura de que a él no le molestaría su pequeño acto de rebeldía.

—Si fuera otra vida te hubiera denunciado con servicio infantil.

Él volvió a reír, cogiendo su estómago por las sacudidas de su cuerpo.

—Deberías controlar tu boca, ¿Quieres ver a Mika de nuevo, verdad?

Esperó que su corazón no estuviera latiendo muy rápido. No hizo una respiración fuerte, únicamente lo observó, calmando los músculos de su rostro y mostrándole la misma expresión que ponía cuando Kureto hablaba con ella.

— ¿Qué le harás? —preguntó con los ojos levemente entrecerrados.

—No lo sé aún—agitó su mano pensativo, dando vueltas alrededor suyo por varios minutos, esperando verla desamparada—. ¿No deberías verte más preocupada? Intentó salvarte—Shinoa prefirió no contestar—. ¡Ese silencio es tan cruel! —Cogió su cabello levemente, aún esperando una reacción—. Quizás debamos hacer que tu cabello sea lizo, te verías más linda luciendo como tu hermana~

— ¿Eso crees?~ —bromeó con su mismo tono—, quizás por preocuparte en cosas tan estúpidas como esa es que dejaste que Krul escapara—dijo alegre.

Ambos se sonrieron, como si fueran los mejores amigos compartiendo un chiste privado. Ferid se acercó más a ella, delineando sus labios con su índice por un instante. Un sonido vomitivo subió por su garganta ante su gesto y Shinoa tuvo que hacer uso de todo autocontrol para contenerlo.

—Tenemos a una linda mentirosa aquí—su tono era más cantarín que nunca—, aunque conociendo el historial de tu familia debió de ser normal para ti.

El recuerdo de Crowley diciéndole lo mismo la hizo temblar.

—No lo soy—graznó.

— ¿En serio? ¿No mentiste a tus amigos durante meses sobre los experimentos del ejército? —La mirada estupefacta de Shinoa le hizo alzar una ceja—. ¿Crees que no me enteraría? Crowley no fue el único que pudo sacar información de los que trabajaban para tu familia—acunó su mejilla, como si fuera un padre protector con su querida hija—. Sabías del orfanato Hyakuya, pero nunca dijiste nada, ni una palabra.

—Yo—

—Asumo que lo revelaste cuando Yu perdió el control y terminó explotando todo. ¿No les hubieras ahorrado a tus llamados amigos la preocupación y el pánico de haber hablado antes? —El cuerpo de Shinoa estaba congelado, sus ojos completamente abiertos—. Lo hiciste sólo para que creyeran en ti y no te abandonaran—le dio palmaditas en la cabeza—. Tu hermana estaría tan orgullosa de ti, Shinoa.

La nueva mención de Mahiru le dolió, o quizás fue que era la primera vez que le hablaba por su nombre y hacía el sentimiento mucho peor. No lo sabía. Quedó muda, temblando de cólera y aguantando tanto como podía las lágrimas que querían escapar de sus ojos.

El noble pareció satisfecho con eso, caminó glamurosamente hasta la salida, despidiéndose alegremente de ella para después irse y encerrarla.

Shinoa se quedó ahí un momento, contemplando la nueva puerta que la mantenía alejada del mundo. Con las lágrimas finalmente cayendo por sus frías mejillas, mordiéndose los labios con fuerza para no sollozar.

Encerrada. Otra vez.

El mundo la odiaba, nadie la convencería de lo contrario.

Y así se lo repitió durante los dos días que pasaron.

Admitía que estaba algo aliviada de que las drogas no parecían ser parte del itinerario, que era lo que más le preocupaba al llegar a la gigantesca mansión del noble.

O al menos no lo eran por ahora. Su pecho le tembló al recordar las pastillas, pasándose inquietamente las manos por su nuevo vestido para dormir. Una ligera mueca de ansiedad al pensar en que comenzaba a tener los mismos tratos que con Crowley y las cantidades de ropa que solía llevarle.

Ella había estado oculta en el baño antes que se lo trajeran. Masticándose las uñas sin cesar y observándolas después algo apenada. Recordando a Mika que siempre las cuidaba para que no se las comiera y la sonrisa que hubo mostrado al notarlas regresar a su tamaño normal. Más ahora estaban destrozadas de nuevo y se había quitado un poco de sangre y piel de tanto morder sus pobres dedos.

Su pena había durado poco cuando escuchó la puerta abrirse, creyendo que era Ferid para anunciar su inminente muerte.

No obstante nadie la trató de sacar del baño. Y no salió hasta que estuvo segura que nadie la esperaba fuera. Encontrándose con su ropero lleno de vestidos y zapatos, sus cajones repletos con su ropa íntima y su tocador con varios listones y ganchos coloridos. Un pequeño ramo de violetas azules posando delicadamente al lado de una caja de peines.

Por el momento podía vestirse sola. Una chica que debía de ser de su edad le tocó la puerta un par de minutos después de que hubiera tomado el ramo en sus manos. Entrando sin mucho ruido e indicándole las horas en que irían a darle sus raciones de agua. No pasó mucho hasta que entraron a llenarle la bañera, esperando estáticos fuera de su puerta a que terminara de asearse.

Eso había sido una gran sorpresa, en la mansión de Crowley todos la vigilaban a cada segundo, incluso antes de las drogas, todos siempre le mantenían un ojo vigilante, ¿No estaban asustados de que tratara de ahogarse? Shinoa había quedado estática en la tina. Esperando a que alguien entrara y la arrastrara del cuarto por demorar tanto. Pero los minutos pasaron y pasaron y nadie dio señales de entrar.

Recordaba haber tomado un respiro muy fuerte, pensando en que podía hacerlo si quería, ahí estaba lo que necesitaba, una salida fácil. Quedarse al fondo de la bañera hasta que el aire dejara sus pulmones y librarse de una vez por todas de ese encierro infernal. Pero en lugar de eso se puso de pie. Poniéndose encima la ropa que escogió y dando un asentimiento de cabeza cuando los sirvientes pasaron a limpiar el cuarto de baño.

Tampoco la obligaron a comer. Eso fue otra sorpresa.

Le dejaban su bandeja de comida como era establecido y volvían tiempo después a recogerlo. Shinoa había esperado una confrontación por dejar el plato intacto, pero nadie le dijo nada. Sólo volvieron a traer otro horas después; que había terminado de devorar por el hambre que hacía paso por sus entrañas.

Vomitó luego, sin embargo. Recordando que Ferid nunca le dijo que Crowley no la visitaría. O peor, que él lo haría.

El pensamiento de pasar por eso de nuevo le generaba más que nauseas. Aterrorizada porque sucediera se escondió la primera noche en el baño, temblando bajo el lavabo y sobándose su cuerpo adolorido, como si la puerta de madera pudiera darle protección del séptimo progenitor o de cualquiera que quisiera lastimarla.

Cuando el segundo día pasó y ninguno de los nobles entró por su puerta, más que los sirvientes para traer comida y ungüento para su tobillo y heridas, la esperanza comenzó a florecer en su interior. Quiso creer que era una señal de que nadie le haría daño, que al fin estaría a salvo.

Más su mente la odiaba y le recordaba constantemente que Crowley le hizo esperar ocho días hasta que se escurrió a su cuarto mientras dormía.

Un estremecimiento recorrió su cuerpo. No era bueno pensar en eso. Vomitaría otra vez.

Arrastró sus pies tras la alfombra ya sin poder dormir, agradecida con que su tobillo estuviera mejor y no tuviera que estar tumbada en la cama. Pensando amargamente en las últimas palabras que Ferid le dijo para meterse bajo su piel.

¿Mahiru orgullosa de ella? Sí, claro. Entendía el tono sarcástico del noble. Mahiru siempre fue buena calculando, nunca hubiera sido como Shinoa y revelado lo que sabía por el sentimiento de culpa y cariño que comenzaba a desarrollar por sus amigos. Ella se mantendría en silencio para averiguar más, lo suficiente para meterse en los planes de Kureto. Su hermana de seguro pensaría que sus amigos serían demasiado problemáticos para seguir con ellos.

Aunque claro, ¿Mahiru si quiera tuvo amigos?

Su hermana siempre se veía tan solitaria, a pesar de esa sonrisa ladeada llena de autosuficiencia que siempre le regalaba cuando vivían juntas. Mahiru confiaba en ella, solía al menos, pero nunca pareció tener a nadie en realidad y Shinoa no era como ella, no quería serlo. Creía en sus amigos y en los lazos que crearon. Incluso ahora, ella al menos tenía a Mika de su lado.

Mika.

Estaba tan herido, ¿Sus heridas habrían curado ya? ¿Lo tendrían en un calabozo acaso? ¿Crowley le habría lastimado mucho?

El noble le había mostrado una sonrisa grande al encontrársela corriendo entre el humo y escombros de Sanguinem, Shinoa no tenía que ser adivina para sentir su molestia. No se veía nada feliz cuando la vio en su mansión tampoco, aunque no estaba muy segura de saber lo que el progenitor sentía en ese entonces.

Arrugó el ceño al recordarlo. Con ella temblando bajo las sábanas sin entender por qué no la habían drogado como le dijo Mika y temiendo lo peor cuando la puerta se abrió de golpe. Tembló inconscientemente, todavía podía sentir los ojos escarlatas del vampiro observarla con dureza.

"Te escuché rezar ese día"

Ella lo había mirado sin comprender, todavía temblando cuando Crowley le sonrió, acercándose al armario y tirándolo al suelo con tanta fuerza que este se rompió a la mitad. Se arrodilló entonces, desgarrando la alfombra y cogiendo el reloj que estaba oculto, yéndose sin mirarla y no volviendo después.

"No confíes en Mika"

Es otro de sus juegos, se repitió, apretando los puños sin pensar en el dolor que sus manos todavía sentían. Otra de sus artimañas. El progenitor quería mentirle de nuevo, entrar en su cabeza para que dudara de Mika y volviera a divertirse a expensas de su sufrimiento.

Shinoa estaba convencida de que Mika confiaba en ella y no le haría pasar por lo mismo que hizo el noble. ¿No se lo había demostrado al tratar de ayudarla todo este tiempo? ¿Al estar sufriendo algún tipo de castigo ahora por su culpa?

Además, Mika la quería en cierta forma, ¿no? La apreciaba, al menos. Incluso antes de que él se fuera a la reunión con los vampiros, en su habitación… ella estuvo… ellos…

Meneó la cabeza, no estaba para pensar eso ahora. Le dolía la cabeza y ya bastante tenía con el estrés de estar encerrada.

El click que la puerta hizo retumbó en su habitación al abrirse y ella puso distancia lista para atacar de ser necesario. Su corazón retumbando en su pecho al pensar en que lo más probable era que fuese Ferid y su horripilante sonrisa de nuevo.

Pero quién entró no fue él.

— ¡Mika! —exclamó, más sorprendida de verlo con tantas heridas, que por verlo ahí. No supo en qué momento comenzó a llorar. Las lágrimas sólo cayeron sin anunciarse en lo que corría para ayudarlo a sentarse en la cama y buscaba algo para curar sus heridas— ¿Cómo es que estas aquí?

—Ferid me dejó entrar—respiraba agitadamente. Su uniforme blanco ahora estaba lleno de barro y repleto de sangre. Mucha, mucha sangre. Su brazo bueno estaba tratando de presionar la herida en su pecho, pero eso sólo hacía que la sangre saliera más rápido. Sus colmillos relucían bastante y miraba los movimientos de Shinoa por atenderlo con extrema fijeza—. Me mantuvo en un calabozo y luego me ordenó entrar a tu cuarto. Hay bastantes guardias a unos cuantos metros de aquí, no pude negarme.

Shinoa escuchó con atención lo que le decía, limpiándose las lágrimas y apretando las toallas que cogió del baño para tratar que el líquido rojizo dejase de salir de su cuerpo. Era algo completamente inútil y se sintió algo avergonzada de siquiera intentarlo, era obvio que lo que él necesitaba no era que curaran sus heridas. Su cuerpo se curaba solo.

Siempre y cuando tuviera el recurso necesario, claro.

—… ¿No te ha dado sangre?

Mika negó con la cabeza, sus garras rompiendo sus guantes y agujereando el colchón.

Así que era eso.

Se mordió la parte interior de su mejilla, trató de decirle que bebiera de ella, pero sus labios estaban tiesos. Un leve ataque de pánico llegando a su cuerpo con rapidez. No quería que Mika la mordiera. No quería que nadie nunca, pero nunca la volviera a morder en su vida.

No era Crowley. No lo era, ¿no se lo repitió tantas veces?

Incluso aunque había asesinado a ese vampiro de la misma forma que el progenitor solía hacer con los humanos que fallaban en cuidarla.

Mika lo había hecho por salvarla. ¿No merecía al menos la misma ayuda por parte suya?

Pero no quería, realmente no quería. Comenzó a sudar frió e intentó alejarse de él cuando le escuchó gruñirle, capturándole de la muñeca y lanzándola al suelo con facilidad. El golpe hizo que el aire se fuera de sus pulmones por unos segundos y su cabeza le palpitó con dolor. Mika la miraba hambriento, abriendo la boca como un animal e impidiéndole escapar al apresarla con su cuerpo.

— ¡Detente! —Gritó jadeante, poniendo sus manos en su pecho, su voz llenándose de terror—. ¡Mika, para!

No lo hizo, le continuó mostrando los dientes y se acercó tanto a su garganta que ella comenzó a golpearlo, lágrimas de pánico rodándole por las mejillas. Sintió sus agujas rozarle la piel y Shinoa dejó de respirar, apretando los ojos con fuerza a espera del dolor profundo que nunca llegó.

Mika dejó de apresarla y Shinoa abrió los ojos para verlo alejarse hasta el armario y golpearlo hasta destruirlo por completo. Las prendas que había se destrozaron y las astillas volaron por doquier, su puño bueno chocando contra el concreto tantas veces hasta que escuchó el sonido tronante que indicaba que la pared comenzaba a romperse y su propia mano empezaba a sangrar.

—Para—susurró, tambaleándose al ponerse de pie e ir con él en un intento de detenerlo—. Detente, Mika—quiso tocarlo, pero su estado le asustaba—. B-Bebe de mí—trató de poner una sonrisa en su rostro, pero era más una mueca asustada, su voz le temblaba como nunca y no era para nada alentadora—. Estaré bien, lo juro—el cuerpo de Mika se mantuvo tenso, por lo que Shinoa subió su muñeca hasta él, insistiendo en que lo hiciera.

—No te voy a morder—farfulló, cayendo hasta el suelo. Levantando su mano para que no lo ayudara—. Mejor quédate lejos… no… no puedo contralarme tanto.

Shinoa titubeó pero se fue hasta el otro extremo de la habitación. El escritorio en medio de ambos, las violetas esparcidas por el suelo a causa del ajetreo que causaron. Dudaba que eso lo detuviera, pero no había más que usar como protección.

— ¿Sabías que la tortuga más vieja del mundo vivió doscientos cincuenta y cinco años? —preguntó de la nada.

Mika la miró sin entender, pero aún con su respiración errática se las arregló para responder.

— ¿En serio?

—No lo sé, creo que se extinguieron.

Mika bufó en lo que parecía el fantasma de una risa, apretándose fuertemente su herida que no dejaba de sangrar. Shinoa lo miró unos segundos antes de inhalar y volver a hablar. Así como él lo hizo las veces en que ellos estaban separados tras una puerta y parloteaba cosas sin sentido para que no se sintiera asustada, Shinoa lo hizo para distraerlo de su sed.

Habló sin parar. Sobre toda la familia que conocía, sus compañeros en el ejército y sobre sus amigos. Le contó cómo era cada uno y todas las cosas embarazosas que sabía sobre ellos. Inventando las historias que podía cuando no sabía con qué más distraerlo.

Una en la que era la heroína, una donde tenía una familia normal y pasaba por cosas normales. Una donde conocía a Mika en una situación completamente diferente y su primera cita era en una casa a la que llegaba la luz del sol. Con todos sus hermanos vivos y ellos haciendo bromas en una mesa con comida caliente.

Fue una de las noches más largas de su vida.

Mika se retorció por el dolor y el hambre durante horas, pero Shinoa no flaqueó ni una vez. Siguió abriendo la boca incluso cuando su garganta estaba seca y sus labios le dolían, hasta que al final, muchas horas más tarde, la puerta se abrió con Ferid y un ramo de violetas azules en una de sus manos. Inspeccionó el cuarto primero, sus ojos viendo el armario destrozado con sorpresa y luego enfocándose en ambos. Riéndose por largo rato del aspecto de Mika después.

—No puedo creer que lo soportaras—le hizo un asentimiento de cabeza a algunos vampiros para que entraran y lo arrastraran fuera de la habitación. Mika lanzó ligeros gruñidos de protesta, pero en su posición apenas podía levantar la mirada. Ferid observó a Shinoa con una mano en la cadera, las flores en su otra mano—. Debo aceptar que estoy sorprendido—dijo mirándola—. Debo traerte más ropa.

— ¿Qué pasará con Mika?

—Detalles sin importancia—agitó su mano dándose la vuelta para salir, deteniéndose a unos pasos del umbral de la puerta—. No sé si esto te lo digan en el ejército, pero al ser vampiros nuestros… deseos más humanos se cambian por la incontable sed de sangre. Se incrementan si estamos con la persona que lo provoca.

La respiración de Shinoa se detuvo por un momento.

¿Deseos? ¿Qué tipo de deseos?

—Supongo que no lo sabías—Ferid se río, girando para irse; sin embargo volvió a detenerse al oír la pregunta de Shinoa.

— ¿No dejarás las flores?

Ferid la miró intrigado.

—Claro que no, son mías.

Y sin más, se fue.

o.o.o.o

— ¿Y te dejó salir? ¿Así nada más?

—Sí—Mika respondió, sobándose las sienes.

Ferid lo llevó hasta su oficina y después de tirarlo como vagabundo en un sillón y torturarlo con charla innecesaria sobre lo muy generoso que era durante casi todo el día le dio un poco de sangre. Quería más, su garganta seguía ardiéndole, pero ya había pasado por ese dolor antes. Tomó lo suficiente para que sus heridas se recuperaran, lo hacían despacio, pero era mejor que nada.

— ¿Qué crees que trame?

Él suspiró.

—No lo sé—confesó, tomando su mano por reflejo. Shinoa las tenía vendadas y prefirió no hacer cometario sobre el nuevo aspecto que sus uñas mostraban. Ambos estaban sentados en el filo de la cama desde que llegó, y estaban bastante cansados como para moverse de ahí—. Tampoco sé que quiere con dejarme estar contigo. Sólo me dijo que me cambiara y viniera a verte. Al parecer los nobles se irán hasta nuevo aviso, Lest Karr fue citado por el primer progenitor y Urd Geales regresará a Rusia para enviar más ejército—suspiró cansado—. Ferid está encargado de encontrar a Krul y llevarla con el primer progenitor.

— ¿Qué le harán si la encuentran?

—No quiero pensar en eso—confesó—, ella escapó, es lo único que necesito saber—le dio una diminuta sonrisa—. Si ella pudo nosotros también.

— ¿Entonces irás conmigo?

Mika no le dijo que sí, pero tampoco que no. Ferid le había dejado muy claro que no podía irse, fue una de las razones por las que dejó a Yu después de todo. Eso y su inquietud por el encierro de Krul.

Pero ella ya no estaba, y desde la tortura de Shinoa no quería que Yu pisara Sanguinem. Nada debería retenerlo de irse, pero había algo, un punto negro que se removía dentro suyo y que le decía que aún no podía irse, él no. Incluso si aceptaba la posibilidad de escapar con Shinoa, no estaba muy seguro de cómo lo harían. Krul escapó gracias a los que seguían siendo leales a ella. Ellos no tenían a nadie.

El hecho de que lo abandonara también lo tenía algo dolido y que el ejército que lo persiguió pareciera creer que él era quien la traicionó lo mantenía inquieto, pero prefirió no preocupar a Shinoa con eso.

—Quizás—hizo una mueca cuando intentó estirarse, las heridas palpitándole con fuerza.

— ¿Estás seguro que ya no tienes hambre? —le preguntó preocupada. Incluso creyó que algo asustada.

—Estaré bien, ¿ estás bien? Crowley estuvo todo el día en la mansión antes de la ceremonia.

—… me vio sólo un momento—Shinoa no parecía querer hablar de eso, pero Mika no podía evitar el querer insistirle—. Después se fue.

—… ¿No dijo nada?

—Sólo… —ella frunció el ceño, su mano libre tocando la cicatriz más grande que tenía en su cuello—. No creo mucho en Dios, ¿sabes? Supongo que debería, pero nunca he creído en él... y aun así, cuando Crowley me hizo esto, yo estaba realmente aterrorizada. Estaba agonizando por el dolor—Shinoa se quedó viendo las flores en su escritorio—. Así que cuando Crowley se fue, me puse a rezar. Le pedí a Dios que detuviera el dolor, que me ayudara a escapar o que simplemente me dejara morir de una vez.

—… ¿El dolor se fue?

—No. Se quedó hasta el día siguiente cuando alguien vino a tratarla. Aunque por lo que ves no es como si hubieran hecho mucho, hacían sólo lo suficiente para que dejara de sangrar—ella sonrío irónicamente—. Al parecer Crowley me escuchó esa noche, es lo que me dijo cuando me vio.

Mika no pudo decirle nada, ambos se mantuvieron en silencio. Viendo las flores frente a ellos.

—Son diferentes a las de anoche—se atrevió a decir.

—Son gardenias, ¿verdad? Me gusta el color—Shinoa apretó un poco más su mano contra la de él—, creí que me volvería a traer violetas.

—Un poco aterrador, sin embargo.

— ¿Sólo un poco? —Shinoa rió con suavidad—, aunque no estoy segura qué tipo de flores son las otras.

—Espuelas de caballero—dijo viendo los tallos lavandas envolver a la pequeña gardenia en el centro del escritorio.

— ¿Sabes de flores?

—…Te dije que tenemos mucho tiempo libre—comentó serio, notando la sonrisa que se extendía en el rostro de Shinoa.

—Mika… Crowley se llevó el reloj.

Suspiró tristemente.

—Me lo dio destrozado.

—Supuse que lo haría—ella se mordisqueó el labio—. Me gustaba ese reloj.

—Conseguiré otro—prometió, dudando de seguir al recordar lo que pasó la noche anterior—. Perdón por golpearte de esa forma. No quise lastimarte. También tuve que haberme dado cuenta que todo era una trampa, no debí actuar tan precipitadamente.

—Eso no fue tu culpa—le dijo tratando de animarlo—, ninguno sabía lo que estaba pasando—Mika quiso decir tú sí, pero prefirió callar—. Además, no me hiciste daño—recostó su cabeza contra su hombro—, y en lo que a mí respecta, he estado sobria por casi seis días, ¡Es un record! —dijo alegre.

Mika no pudo evitar reír ante eso, posando un ligero beso involuntario en su cien. Ella se sobresaltó con su gesto y él se alejó asustado, desenredando su mano en el proceso.

—Lo siento.

—Está bien.

Ninguno dijo nada, el sonido del reloj de mesa haciendo eco en el lugar.

— ¿Sabes qué día es? —Shinoa preguntó después de un momento, moviéndose un poco para echarse en la cama, a lo que Mika quiso imitarla quitándose las botas.

—No estoy… seguro…—se calló después quitarse los zapatos. Shinoa no le dijo nada, pero Mika se sentía repentinamente nervioso. No es como si no se hubiera acostado con ella antes, pero esa cama era demasiado pequeña como para que ambos entraran recostados, a menos que estuvieran muy, muy juntos. Además nunca se había quitado sus prendas, sólo una vez cuando ella estaba enferma.

Son sólo los zapatos, intento calmarse, además ella siempre usa camisón.

Porque Ferid no podía dejar de traerle ropa, se notaba que los nobles no tenían nada mejor que hacer. Lo único que le alegraba era que esa noche no estuviera en su mansión, aunque había sido muy claro al advertirle que no tratase nada raro hasta su regreso.

—Estamos a mitad de Febrero—aseguró parpadeando con fuerza, recordando que ella solía preguntárselo las primeras veces que se veían en la mansión de Crowley, pero que a causa de la droga no podía hacer más que asentir sin decir nada.

La observó un momento antes de poner sus manos tras su espalda, con cuidado de no poner mucha fuerza en su brazo herido. Quería reconfortarla de alguna forma pero estaba algo asustado de estirarse a su lado. Shinoa se mantuvo callada, recostada con ambas manos descansado en su estómago, su cabello esparcido en las sábanas blancas hacían un contraste bastante llamativo. Mika miró a otro lado, su pecho estaba haciendo esa cosa de moverse inquietamente sin razón otra vez.

—Tenía un libro en el que contaba los días—le confesó—, parece que no me equivoque.

—No te perdiste de mucho—intentó sonar optimista—, el año nuevo fue bastante aburrido—Shinoa sonrió—. Serás un año más vieja ahora, piensa en lo que pedirás para tu cumpleaños.

Ella hizo una mueca.

—Mi cumpleaños ya pasó.

—Oh—dijo sorprendido—. ¿Cuándo fue?

—Veinticinco de Diciembre—Mika se quedó mudo por un momento—. Lo sé. Trágico, ¿verdad? Tu cumpleaños el día del apocalipsis.

—Crowley te encontró llorando por eso aquella vez, ¿verdad? —Ella exhaló largamente antes de asentir.

—Todos íbamos a celebrarlo, juntos… no lo sé, estaba algo emocionada por eso—movió sus pulgares—, quise estar con alguien que no se molestara con mi presencia por una vez en mucho tiempo—suspiró antes de sentarse, golpeándose las mejillas levemente—. Pero no importa ahora, el que viene será mejor—ella le sonrió genuinamente y su pecho volvió a hacer esa cosa de moverse muy rápido otra vez, demasiado, demasiado rápido—. Además tú estarás en el siguiente, estarán todos los que quiero. Eso es suficiente.

Su cuerpo se movió solo. Sin que Shinoa pudiera reaccionar se acercó y puso sus labios brevemente contra los de ella, moviéndolos con suma lentitud. Como una vez vio a sus padres hacerlo, en épocas más tranquilas donde aún se amaban y todo era felicidad.

El contacto duró muy poco, pero cuando se separó, Shinoa aún tenía los ojos cerrados y parpadeó un par de veces, visiblemente aturdida.

—… ¿Qué fue eso?

Mika se sorprendió al sentirse temblar.

—Tu regalo de cumpleaños.

Shinoa asintió, aún algo embobada.

— ¿Podría… tenerlo de nuevo? —preguntó dubitativa.

Su pecho le dio grandes sacudidas cuando se acercó de nuevo, como advirtiéndole que no lo hiciera, que se detuviera. Pero al final sus rostros se tocaban y sus labios presionaban con suavidad los de ella.

Shinoa temblaba cuando el beso se profundizó, sus manos estaban heladas cuando lo cogieron fuertemente, pidiéndole sobre su aliento que no la abandonara, no ese día. Y así Mika lo hizo, a pesar de que sus colmillos raspaban por momentos sus labios y diminutas gotas de sangre resbalaban por su barbilla, o que ella parecía más asustada que emocionada cuando la recostó sobre la cama. Sólo se dedicó a besarla, una y otra vez. Hasta que sus temblores ya no eran de miedo, sino de algo más. Hasta que su boca estaba hinchada y ella lo alaba de nuevo sobre sí misma, deletreando un «bésame» que él no le podía negar.

Mika escuchó sus suaves respiraciones, y el sonido agitado de su corazón, así como el sonido del reloj en la mesa, que agitaba sus manecillas y avanzaba más rápido con el tiempo. Indicando la hora de su partida.

Sin embargo esa noche no le interesó. Se quedó con ella hasta el final. Sin importarle que Ferid podría llegar en cualquier momento, o que habían cientos de vampiros en la mansión que podían oírlos. En ese instante sólo quería estar con ella. Inhalando el aire que ella exhalaba, tocándola nervioso con sus inexpertos dedos.

Imaginándose de pronto la historia que ella le contó la noche anterior, donde luego de comer con sus hermanos habrían caminado bajo las luces de la ciudad; y que él se habría detenido de pronto, acercándose tímidamente a su rostro, besándola justo como ahora hacía, sin temores a que nada pasara, sólo el hecho de que ella estaría ahí, con él.

o.o.o.o

Su oído captó el sonido de las sábanas rozarse. Los leves—casi imperceptibles—murmullos que se entregaban el uno al otro. El tímido sonido húmedo incrementándose al pasar los segundos.

Levantó una ceja al oír calmadamente lo que sucedía, no se sentía realmente sorprendido. Con las cosas que habían sucedido, supuso que era lo más lógico de pasar. Se preguntó, sin embargo, si fue algo que Ferid también anticipó.

Sus labios se estiraron en una sonrisa demasiado grande, dándose vuelta y dejando la mansión atrás. Horn y Chess estaban a unos metros esperándolo. Ninguna entendía su comportamiento, y aún así se mantenían leales, siempre a su lado. Se tragaban sus reclamos por mucho que quisieran oponerse a las decisiones que tomara.

Caminó hasta ellas con un aire despreocupado. Un niño que pasaba por ahí congelándose y buscando agitadamente un lugar para esconderse. Lo observó únicamente un par de segundos antes de retomar su marcha. Oyéndolo exhalar aliviado para luego volver a correr fuera del alcance de los nobles.

Por alguna razón no pudo evitar pensar en su estadía en Rusia.

—Todos los vampiros deciden a quién seguir—le dijo una noche Urd Geales, en el tiempo en que estuvieron juntos, caminando por las frías calles de Moscú—. Y matamos por el placer y el aburrimiento. Pero incluso con eso la eternidad se hace larga y nos volvemos seres incapaces de pensar. Míranos ahora, buscando una guerra que no terminara bien para ningún bando—el progenitor lo observó por un instante, por diminutos segundos, como si eso le bastara para saber todo de él—. ¿Qué hay de ti Crowley? ¿Tú sabes lo que quieres?

No respondió en ese momento. No tuvo una buena respuesta para dar y ahora tampoco tenía una. No estaba interesado en encontrarla tampoco.

…aunque quizás ya la tenía.

Le hizo una promesa a Shinoa antes de irse después de todo.

— ¿Iremos de nuevo a la mansión de Krul? —Se quejó Chess, refunfuñando como siempre—, ¿No deberíamos estar buscándola? —Se cruzó de brazos—. Incluso me hicieron matar a ese ejército que iba tras Mika—murmuró enfadada.

—La buscaremos—le respondió jovial—. Ferid tiene un plan.

Siempre tenía uno, por mucho que dijera que no.

Horn se mantuvo silenciosa a su lado. Ella sabía. Crowley estaba seguro de que ella sabía, ¿Por qué aceptar ayudar a Ferid, sino? Horn la quería muerta, lejos de él, pero prefería quedárselo guardado. No se atrevía a hablar por miedo a que se enojara con ella. Por miedo a confirmar una verdad que no aceptaba como real.

— ¿Cruzadas, eh? —Shinoa había estaba sentada en el piso junto a él, jugando con los bordes de su camisón—. ¿Eras un mujeriego entonces? ¿O un fiel creyente?

Ladeó un poco la cabeza como si lo pensara, viéndola disimuladamente sin que se percatara. Sus ojos recorriéndole el cuerpo por la traslucidez de la tela.

De cierta forma debía agradecerle eso a Ferid y el hecho que lo obligara a mantener ese guardarropa en su mansión. Supuso que era algo bueno que el material de la ropa hubiera cambiado con los años y sólo fuera apto para los ojos de los vampiros ahora, si Shinoa supiera que la podía ver desnuda entraría en un colapso nervioso. [1]

Aunque imaginarse eso le parecía sumamente divertido. Le había tomado muy poco el hacer que ella estuviera tan desesperada como para hablarle y olvidar que él era un asesino. Incluso el ganarse su confianza resultó más sencillo de lo que esperó.

"Escuche que la tratas muy bien. ¿Te encariñaste con ella?"

Recordaba claramente la sonrisa que le había dado a Ferid cuando se lo preguntó, negando y haciendo una broma casual para que olvidara el tema.

Claro que no lo le tenía cariño. Sólo estaba divirtiéndose con ella, todos los vampiros lo hacían con sus esclavos. Era sólo una humana, una niña, por mucho que repitiera que no lo era. Él no estaba interesado en niñas.

Pero aun así no podía apartar los ojos de su cuerpo.

Sus pechos eran pequeños. Sus caderas casi inexistentes eran de cierta forma provocativas y combinaban castamente con su vientre plano. Y sus piernas, que le llamaban más la atención por estar bien formadas a pesar de su corta edad, con sus muslos adornados por esa tierna carne que sólo le hacía preguntarse constantemente cómo sería el morderla justo ahí.

—Un creyente—confesó—. Aunque sí visite a muchas prostitutas.

Y ahí estaba, ese movimiento en la boca seguido de una risa estridente que hacía que sus ojos se achicasen con diversión e invitaba a que la siguiera. Una animosidad tan grande que era casi imposible que alguien no se contagiase de la misma.

Una igual a la de Victor. [2]

Crowley aún lo recordaba. Sus brillantes ojos verdes y su cabello rubio, con esa sonrisa tan despreocupada que siempre mostraba antes de dejar salir su estruendosa risa. Esa que utilizaba para que todos se sintieran bien y recuperaran el ánimo. La que dio hasta el último instante, a pesar de que todos sus amigos estuvieran a punto de ir a la guerra que terminaría acabando con sus vidas.

En retrospectiva se preguntó si hizo bien. Si debió dejar que esa curiosidad se apoderara de él a pesar de sus todos sus años y buscara información sobre ella sólo por el mero recuerdo de un amigo cuyos huesos debieron volverse polvo hace ya demasiados siglos.

Quizás sólo debió olvidarlo.

Y no llegar hasta una de las mansiones de los Hiragi. Destruyendo todo sin razón y sólo encontrando a un humano sobreviviente de la matanza que ocasionó, dispuesto a revelarle todo lo que sabía de la familia para no morir.

Dándole la perfecta excusa para llevársela.

Se preguntó, como muy contadas veces en su larga vida hacía, lo que hubiera sucedido si sólo lo hubiese dejado pasar.

— ¿Y sólo dejaste de tener interés?

—Algo así—se encogió de hombros—. Era de la orden, juré no tomar esposa; no cometer ningún tipo de pecado.

—Visitabas prostitutas.

—Nunca dije que fuera el más devoto.

—Debió ser genial—comentó ella, viéndolo ligeramente, aún con una sonrisa—. Tener el respeto de toda esa gente.

—Lo era—mintió, recordando los dejos de molestia que sentía cuando todos lo veían como si fuera un tipo de héroe, cuando lo único que dejó fue a sus amigos muertos en el campo de batalla—. Además todos te regalaban cosas y te alababan sin cesar. Era genial.

—Pero al final quisiste ser un vampiro—dijo sin entender.

Crowley no estaba preparado para contarle esa historia.

—Ya no estaba interesado en la vida terrenal—mintió de nuevo—. Ferid se veía bastante interesante.

—Divertirte a expensas de otros me parece muy terrenal—apuntó sin ánimos de hacer un debate.

—Supongo—se rascó la cabeza un poco, notando que ella veía su cabello— ¿Qué?

— ¿Qué?

— ¿Qué?

— ¿Qué?

Crowley parpadeó.

— ¿Estás burlándote de mí?

— ¿Yo? —dijo con ese usual tono cantarín que le hacía sonreír.

—Observabas mi cabello.

Ella miró a otro lado, doblando sus piernas un poco sin notar que él las miraba.

—Apreciaba la pintura de atrás.

— ¿En serio?

—Sí, tiene tantos detalles.

Suspiró, deteniendo su mano que quería hacerse paso bajo la tela de su ropa y tirar de sus piernas hasta él. No necesitaba hacer algo de lo que se arrepentiría después. No en ese entonces, al menos.

— ¿Qué hay de malo con mi cabello?

Sus ojos marrones, que a veces tenían esas tonalidades rosáceas que le recordaban de cierta forma a los atardeceres que solía ver desde su casa cuando aún vivía con sus padres, lo miraron intrigados por un momento.

—Nada, es que… ¿fue siempre de dos colores?

—No… —se quedó callado un momento, recordando sus días como humano—. Antes fue siempre rojizo.

Shinoa ladeó un poco la cabeza. Tuvo que obligarse a no mirar su cuello, la piel que quería volver a morder desde hace días.

— ¿Y por qué ahora esta así?

—Es un secreto~

Shinoa frunció los labios, divertida.

—Que misterioso~ apuesto a que te lo pintaste.

Crowley soltó una fuerte carcajada.

— ¿Quieres tocarlo?

— ¿Eh? —ella se sobresaltó, su corazón latiendo ligeramente más rápido. Crowley bajó un poco la cabeza hasta quedar a su altura, sonriendo al tomarla por la guardia baja. Ella resopló ante su gesto, una mezcla de molestia y diversión en su rostro—. Y dijiste que yo era la ordinaria.

—Aún lo eres.

—Calla, estoy a punto de arrancarte los cabellos.

Los dos se rieron amistosamente un momento. La mano de Shinoa alzándose sin poder creérselo y tocando un par de hebras con la yema de los dedos. Crowley se quedó esperando su siguiente movimiento y no se sorprendió cuando ella tomó más con su mano, sus dedos tocando ligeramente, con lo que parecía fascinación.

— ¿Te gusta?

—No está mal—admitió, alejando su mano y cerrándola un poco, como recordando la sensación.

Crowley la vio sonriendo como siempre, molestándola cuando sus mejillas parecían cubrirse por un fino rubor.

—Necesitas anteojos.

Sí, claro.

Se preguntó si le dijo a Mika eso.

Lo más seguro era que sí. Pero por un instante quiso creer que no.

Se alejó con las progenitoras a su lado. No necesitaba pensar en nada más. Debía ir a hablar con Ferid ahora. Tratar de explicar por qué falló en la misión que le mandó un mes atrás.

La sonrisa que tenía disminuyó hasta ser una genuina. Ferid no lucía molesto por su fracaso, ni siquiera cuando le rechazó el quedarse con Shinoa de nuevo. El progenitor sólo se había encogido de hombros como si no pudiese hacerse nada más, pero le había dado una mirada divertida, como si supiera que le ocultaba algo.

Crowley se rió con suavidad. Lo más seguro era que el noble lo averiguaría pronto, nada se interponía en sus planes después de todo.

Ferid siempre ganaba. De una u otra forma.

o.o.o.o

[1] En la primera novela de Mikaela, la primera vez que Crowley visita la mansión de Ferid se encuentra con un montón de niños vestidos con ropa hecha de un material que dejaba ver su desnudez con la correcta cantidad de luz y según palabras de Crowley "Era más obsceno que si estuvieran completamente desnudos". Lo sé, Ferid siendo Ferid.

[2] Victor Roleine fue el mejor amigo de Crowley, y él junto a sus demás amigos murieron en la quinta cruzada.

¿A que valió la pena la espera? :DDD ¿No?, Ah, bueno *llora*

Como sea, no estoy segura si llamar a esto segunda parte, pero podría decirse que encaja ahora que nos acercamos al final.

Sus comentarios siempre me hacen feliz, así que no duden en dejarlos para hacerme feliz (¿?)

¡Nos leemos! ::DD