Quiero ser escritora

Obra maestra

¡Caramba, qué mal carácter! Todavía escucho el eco de su voz ronca perforar mis tímpanos. Si hubiera sido más rápida, habría cerrado esa puerta. Qué va... mirando de reojo su actitud era capaz de tumbar mi puerta y aunque disimuláramos que no estábamos, no estaría exento del castigo. Si esa era la actitud de la señora en público no me quiero imaginar cómo es en su casa. Pobre Omi. En un sketch cómico ya puedo ver la chancleta voladora y en minutos más tarde a Omi con una almohada amarrada al trasero, poniendo muecas de dolor cada vez que se sienta. Puede ser que Wuya sea de las que piensa que la única manera de disciplinar a los hijos es a través de la violencia, pero lo único que no me termina de convencer su rol de madre es cuando dijo que si Omi necesitaba amor y comprensión para eso desenterraran a su madre. Fue un comentario frío.

Ay Omi, ¿por qué no dijiste nada sobre la notificación? De haberlo hecho esto jamás pasaría, aunque después de lo de ayer puedo entender por qué optó por cerrar la boca. Mi padre nunca tuvo necesidad de buscar un cinturón y pegarme, ni me amenazó con suspenderme la tele o los videojuegos una semana, le era bastante mostrar una mirada rigurosa y mandarme a sentar. De pequeñas, ni mi hermana mayor ni yo dimos problemas. Lo que quiero decir es que eso de que pegar es a educar es bilateral. Algunos les funciona y a otros no. Y si antes lo han castigado así, pues aún sigue haciendo de las suyas.

Me pregunto que habrá pasado al final. Fung no consentiría que su madrastra lo maltratara, se aseguraría que su nieto tuviera lo que se merece. Lo que pasa es que no tengo formas de averiguarlo en persona con él, su abuelo es mi intermediario y tengo el presentimiento que si le pregunto no me sería del todo honesto o no querrá decirme. A pesar de mis sospechas, he decidido ir hasta su librería poco después de comer.

Con todo lo que me ha sucedido hoy mi cena fueron las sobras. No tenía ánimos de cocinar. Sabía que no me quedaría tranquila hasta que lo intentara por lo menos y como lo pensé en un inicio: La tienda cerró. No había nadie, las persianas estaban abajo y las luces apagadas. Toqué esperanzada de que Fung seguía allí y que sólo clausuró la tienda para los clientes. Y me quedé esperando. Me fui a los seis minutos. Había oscurecido y de repente no reconocía las calles, creí que me fui por la dirección incorrecta cuando vi las parejas pasear de regreso en el parque. Los novios elegían estas horas para dar largas y románticas caminatas bajo el abrigo de las estrellas y el fulgor de la luna.

Me sentí enferma.

Hoy no retornaría por la ruta acostumbrada a casa. Me desvié hacia la derecha y seguí caminando en trayectoria opuesta a la del parque. No quiero saber nada sobre el estreno de ninguna comedia romántica, ni de los últimos best-seller románticos o algo que tenga que ver con el amor ¡hoy no! Me refugié en el único lugar que me haría feliz. ¡NO! ¡No es en un bar! Sé que suena tentador pasar la noche bebiendo ginebra en un bar hasta que el hombre a la izquierda se me acerque con su aliento oliendo a whisky y el fuego de la lujuria ardiendo en sus ojos, me invite una copa, luego me llevaría hasta el cuarto de un hotel y tendríamos un encuentro salvaje. Sí, ya me conozco el guión de esa obra. No señor, tipos como esos me aburren. Cuando dije mi lugar feliz quise decir a mi pasión desenfrenada por la moda.

Díganme loca, pero mis mejores ajustes de actitud vienen cuando voy de compras.

Existía una avenida que es como la Quinta Avenida. Ustedes la conocen o habrían oído el nombre alguna vez, es un bulevar que incluye las mejores tiendas de ropa de marca y lo último usado en calzado. Venía seguido cuando vivía con papá. No sé si hay otra manera de seducir mis problemas fuera de mi cabeza. Todo lo que sé es que, además de que es fácil perderte en la tención y pecar en la lujuria, las mujeres vienen con su talonario de cheques listos para firmar y carteras forradas de fajos enteros de dinero y los ladrones cuentan con ello. Tal vez me imaginé que si me iba a morir, me moriría feliz. Di un paso adelante y titubeé en dar al siguiente. No hagas algo de lo que después te puedas arrepentir. Desde mi perspectiva actual, lo único que andaba mal por aquí era mi evidente grave falta de sueño. No lo analicé por segunda vez y entré en la primera tienda que vi entre tanto un último pensamiento cruzó por mi cabeza: ¿y qué podría salir mal?

Yo no sé a qué hora me desperté. De lo único que estoy consciente es que tuve un calambre en casi todos los huesos. No recordé qué pasó anoche. Intenté levantarme desplegando todo mi cuerpo, moviéndome lentamente, reconociendo los músculos, pensarían que era absurdo que perdiese el equilibrio. Tal vez una persona común y corriente pero si se trata de alguien tan torpe como yo se caería hacia atrás y se golpearía el cráneo con la pata de madera de la cama. Como me sucedió hace pocos segundos. Genial, ya me extrañaba la ausencia de mis famosas recaídas. Me preguntaba cuando me volvería a suceder porque, de no ocurrir, había jurado que estaba en otro cuerpo. Buenas noticias: sigo siendo yo. El día no comenzaba con buen pie, o cabeza; lesiones masivas en la cabeza autoinfligidas sólo empeorarían las cosas.

Por otra parte, ese golpe en la cabeza me hizo recordar que me quedé hasta la madrugada paseando por tiendas y comprando desmedidamente... ¡Raimundo! ¡la cita!... ¡Auch! Siento la sangre bombear la parte lacerada de la cabeza. Ya me acordé. ¡Demonios! ¡¿pero qué he hecho?! Me levanto y difícilmente puedo quedarme fija en un sitio cuando miro que estoy rodeada de bolsas y bolsas… mi adicción por las compras... no pude controlarme, ¡compré hasta gastar todo lo que había ganado en el mes! ¡me he vuelto a quedar pobre! ¡AUCH! Y si este dolor no empieza a amortiguarse ¿eso significaría que tendría que ir al doctor? Sólo espero que no sea una fractura ¡ya que no tendría con que pagarle, andaría pidiendo limosna y no necesito endeudarme más de lo que estoy! Ni siquiera podría pagar una consulta.

¡Auch! Una ducha con agua fría es lo que preciso en este momento. ¡Sí, eso! Ya me sentiré mejor. Me tambaleé de un lado a otro y llegué al cuarto de baño. Apenas entrecerré, torcí la manivela dejando que el agua cayera sobre mí hasta borrar el último de los dobleces habían desaparecido de mi espalda y cuello. No fue si no cuando me sequé con la toalla que reparé que este baño es más pequeño que una jaula de hámster. ¡Ay de mí! ¿Qué voy hacer? Estoy de vuelta en el inicio: sola y sin otro patrimonio más que un apartamento en una agradable urbanización, del que dentro unos cinco meses debo rendir el alquiler ¿si les dije que pagué por adelantado los primeros cinco meses, verdad? Creo que lo hice en el primer capítulo. Sé que hay cosas más importantes que el dinero, pero ¿cómo voy hacer para pagar el alquiler? ¿cómo voy hacer para poder comprar mi libro si lo gasté todo en una noche? (siento que me está llamando desde el estante en que lo dejó Fung, preguntándome por qué todavía no he venido a reclamarlo y ahora escucho que está enojado conmigo... ¡alta traición!) ¿cómo voy hacer para la comida, las cuentas de luz y el agua y todas esas cosas si mis bolsillos están "limpios"? ¡¿CÓMO?! Realmente no lo sé. Tendría que tomar otro empleo cutre y duplicar mis turnos, beber café o usar parches de cafeína (asqueroso) y eliminar las horas del sueño.

Todo lo cual es poco más que un telón de fondo de la razón por la que convertí la canción de Gloria Gaynor, I will survive, en mi tema personal al tercer día de mi mudanza pese del hecho que no soy un hombre homosexual. No me malentiendan, es una canción genial, pero también puede interpretarse como el himno de los luchadores. Es lo que creía yo hasta que Keiko me arruinó la fiesta. En estos momentos estaba siendo víctima de un ataque bipolar... o bueno, no exageremos, tenía sentimientos encontrados y no se ponían de acuerdo: feliz ya que estaba disfrutando al máximo la mercancía, ¡os quiero presentar a mi nuevo amor: estas sandalias de cuña, exclusivas de Jimmy Choo, con tacones de tres pulgadas de alto! Suspiro de placer como el calzado suave abraza las curvas de mis pies. No lo sé, creo que sandalias son mágicas, siento que le dan forma a mis pantorrillas y realzan mi culo. Pero también no puedo evitar sentirme culpable por haber empeñado lo que tenía por comprar estas cosas y usarlas me remuerde la consciencia. Mi padre tal vez tenía razón y sí soy una irresponsable. Me parte el alma tener que hacer esto, pero voy a devolverlo todo, no me quedaré con nada. Guardé los zapatos, los bolsos y la ropa en sus cajas, las metí en su bolsa. ¡Oh-mi-DIOS! se me revuelve el estómago. Tomé un desayuno ligero, después fui al lavabo y me cepillé. Me vestí, me acicalé, me planché el pelo, me vi al espejo y cuando me sentí segura, salí.

En serio, quise hacer lo correcto y pedir un reembolso. Sin embargo, cuando había puesto todo en la caja, a la espera que la dependiente acabara por entender a otra chica, mis ojos reposaron en un afiche mientras inspeccionaba la tienda: No aceptamos devoluciones.

Y no pude hacer más.

Salí con las tablas en la cabeza, y me senté en la acera. Solté un bufido, ¿qué voy hacer con todo lo que compré? Usarlo... y desde ahora. ¿Recuerdan las sandalias de las que les hice la observación hace no mucho? Me quité las zapatillas que llevaba puesta y me las puse. Unos me veían como fenómeno de circo por lo que estaba haciendo en plena vía pública. ¿Acaso no han visto una mujer cambiarse zapatos? Peor es que lo hiciera en el pavimento cuando el semáforo está en verde. Ahí sí estaría loca. Les devolví el saludo. ¡La cortesía siempre está en primera instancia, señoritas! Me puse de pie. Todavía no es mediodía. Puedo acercarme a saludar al Sr. Fung y preguntar qué fue lo que sucedió finalmente. La librería no está muy lejos de mi posición actual, sobre todo si tomo la ruta del este. ¡Llegaré en un santiamén!

El Sr. Fung estaba cargando una caja atiborrada de nuevos libros hasta el depósito de atrás cuando empujé la puerta. El local estaba abierto para el público. El hombre se volvió hacia mí al escuchar la campanita y sonrió, en respuesta su rostro se plegó en miles de arrugas.

-Buenos días, Sr. Fung.

-¡Oh señorita Kim! ¡qué grata sorpresa verla por aquí! Espere un momento –pateó la puerta y desapareció en su interior. Apoyé mi codo en la barra. No soy la única, hay otras personas explorando en la sección de Paranormal. Del resto este viejo lugar se mantiene igual- estoy de vuelta. Dígame, ¿qué se te ofrece? –se me adelantó a lo que iba a decir- ¡ya sé! ¿vienes a recoger ese libro, verdad? Como te lo prometí, lo he estado guardando para ti.

-Me temo que no –respondí con voz apagada- esta vez vine por otro asunto, ¿a la final qué pasó con Omi?

-Bueno –se pasó una mano por la cabeza- Wuya, es decir, mi nuera ha decidido suspenderle un entrenamiento de futbol que tenía hoy y el partido de la semana que viene; no sé si tú lo sabes, pero en la escuela a dónde él va, organizan eventos deportivos sobre futbol con otros colegios y tengo entendido que todos los niños se involucran en estas actividades...

-Creo que lo he captado –asentí- no necesita explicarse. Omi debió, o debe, estar furioso.

-Lo está, créeme, el castigo que Wuya le iba a imponer era el doble de peor. A decir verdad, tú la escuchaste. Admito que yo tuve que interceder –chasqueó la lengua- no sé si estarás de acuerdo con lo que voy a decir, pero el remedio contra la indisciplina de mi nieto no es otra cosa que la comunicación. No te mentiré, desde que mi hijo se volvió a casar todo ha ido de mal en peor. Omi no quiere aceptar a Wuya en la familia, quizá porque siente que su padre está reemplazando a su madre, en vez de verlo como un nuevo miembro. Y Wuya tampoco quiere intentar hacerse su amiga. Llevan años en esto y no han logrado nada, mi hijo trabaja todo el día y he tratado de insinuarle mi opinión, pero parece que esta situación se le ha ido escapando de las manos...

-¡Guau! –lo siento, se me escapó. El viejo Sr. Fung acabó soltándolo todo, era mi turno para brindar un consuelo o dar una reflexión- ¿me permite decirle algo? No quiero entrometerme con su familia, pero hasta que ninguno de los dos ceda será peor para los dos. Digo, ambos conviven juntos.

-Tú lo has dicho, querida. Y lo que más me entristece es que, en algunas veces, he pensado que Dashi no se casó por amor si no buscaba una sustituta para la madre de Omi –o sea, que Dashi se casó pensando en su hijo. No lo hizo por él. Pero el muchacho no lo interpreta así. Me siento mal por haber sacado el tema. Si bien, mi curiosidad también hacía de las suyas.

-La madre de Omi está...

-...fue una desgracia –me interrumpió- tanto para Dashi como para Omi, ninguno ha podido superar la pérdida. No me atrevo a decir más, soy un pobre viejo, lo que sé es por lo que me ha dicho mi hijo. Si es duro para un hombre adulto de treinta y seis años aceptar que quien haya entregado por completo su corazón no estará, imagínate como debe ser para un crío de once años.

-Lo siento tanto –dije con un hilo de voz- no debí preguntar.

-No lo sientas. Tú no hiciste nada, de lo único que puedo culparte es de hacer tan feliz a mi nietecito –me eché a reír, desviando la mirada.

-¡Oh no es nada! Sólo hacía mi trabajo.

-¿Qué no es? ¡Claro que sí! Si no fueras del agrado de Omi, te lo hubiera gritado –tiene un buen punto. Omi no es inexpresivo- anteayer él estuvo conversándome sobre un cuento que estabas contándole, ¿era sobre unos monstruos? La memoria mía ha estado fallándome. Son cosas de ancianos. No sabía que escribías historias...

-¿Escribir? Creo que exagera, Sr. Fung. Lo que hice el otro día fue improvisar una historia para entretener a Omi.

-¡Oh vamos! No seas tan modesta. Lo que mi nieto me contaba era algo más que un trabajo hecho por un aficionado –sonrió- en estos días me entregaron un volante para promocionar un concurso. Déjame ver, creo que lo guardé por aquí... –el Sr. Fung rebuscó en las gavetas e inclusive dentro de la caja registradora, entonces se acordó que la tenía en el bolsillo de su pantalón y me la entregó- ¡esta es! Tómala. El concurso es patrocinado por una editorial la cual busca convocar a todos jóvenes talentosos que viven en la metrópolis, quienes pueden presentar una novela, de sello original, los participantes tiene chance de inscribirse con sus respectivas obras literarias desde mitad de septiembre hasta mitad de febrero. El ganador recibirá quinientos mil dólares y la publicación inmediata de su obra asimismo un contrato con dicha editorial.

¡No puede ser posible! Pero aquí está. Desde el diecinueve de septiembre hasta el dieciocho de febrero. Es una semana después del día de San Valentín. ¡Esta es mi gran oportunidad!... ¡oh cielos! ¡¿estamos hablamos de quinientos mil grandes?! ¡eso es mucho dinero! ¡con eso podría comprar todos los libros de esta tienda o quizás la misma librería! Iría en limusina a mis tiendas preferidas: Empezando por Givenchy, seguida por Jimmy Choo, Gucci, Prada, Fendi, Bottecelli, Bruno Magli, Henri Bendel, Manolos, Channel, Hermes, Dior, Tod y, por último, ¡Bergdorfs! ¡y compraría hasta decir BASTA! Contrataría a un botones para que me ayudara a cargar con mi equipaje y me llevaría hasta mi apartamento pero después de haber recibido un tratamiento completo: masajes, aceite, lavado con champú, cuidados, exfoliado, ¡me haría el manicure y la pedicura! Los tres elementos indispensables de la vida: Tiendas y SPA. Sí, ya sé que son dos, pero es que el primero... es el amor... y no tengo novio aún.

-Kim, ¡Kim! –parpadeé, el Sr. Fung me estaba haciendo señas- ¡Kim! –aplaudió, bajé de la nube- ¿qué te pasó? Te estaba hablando y de repente te desconectaste... ¿en qué pensabas? Parecía que era un recuerdo muy feliz.

-¡Oh señor Fung! Dispénsame, estaba pensando acerca de lo que me acaba de decir y decidí que voy a participar. ¡Sí, así es! Me apuntaré al concurso.

-¡Es una maravilla! Y dime, ¿qué novelas vas a inscribir? –me preguntó cuando me estaba yendo.

-¡Todavía no sé! ¡Pero será grandiosa! ¡una obra maestra! –le dije en voz alta- ¡muchísimas gracias por el dato! –cerré la puerta detrás de mí.

Mi estado de ánimo era completamente diferente a como entré. Salí cantando I will survive. Porque ¡maldita sea! ¡Soy una superviviente! La letra de la canción se infiltró en mi cerebro y de repente, no pude pararlo. Gloria era fuerte, pero yo también. Las multitudes se alinean en la manzana y me abrirían paso. ¡Oigan, una chica puede soñar! Solamente cuando llegué a mi apartamento fue que empecé a pensar con detenimiento. De acuerdo, si quería obtener esos quinientos mil grandes todo lo que debo hacer es escribir una novela tan adictiva que enloquezca a "mi jurado calificador" para que se decidan por mí. Uhm, ¿y de qué escribiré?

Pronto me di cuenta que ese no era mi único problema. En el folleto, que por cierto me traje conmigo, dice que el concurso otorgará un plazo de cinco meses. Es tiempo suficiente para que me llegue la inspiración y escriba mi obra maestra y al mismo tiempo, otros aspirantes a escritores se animen a concursar. Me sentí mal porque le estaría quitando la oportunidad a una persona que sí quiere hacerse famoso como escritor y yo, en cambio, quiero mejorar mi situación financiera. Por otra parte, otros aspirantes, mejores preparados, tiene más ventaja sobre mí para ganar. No recuerdo que en el folleto decía si había un premio de consolación para los perdedores... ¡aj, ¿de qué narices estás hablando Kim?! Ni siquiera te has inscrito y ya tienes pensamientos negativos. ¡Tú tienes tantas opciones como cualquier otro! A fin de cuentas es un concurso, toman en cuenta la calidad de tu trabajo y no cuánto tiempo llevas en esto.

Escucho el timbre. ¿Quién podrá ser? No espero visitas. Lástima que no tenga un mirador ni dispongo de candados de seguridad. Abrí la puerta y deploré. ¡Jack! ¡¿cómo llegó aquí?! ¡le dije a Keiko que no le diera mi dirección!

-¡¿Jack?! ¡¿qué haces aquí?!

-¿Sorprendida? Vine a saludarte y saber cómo estabas.

-Me refiero a cómo llegaste aquí, ¿Keiko te dijo? ¿es eso?

-Keiko no me dijo nada. Yo te seguí desde mi coche... –puse los ojos en blanco. Iba a cerrar la puerta y Jack extendió el brazo, deteniéndola- ¡espera, por favor! No me has escuchado. Te seguí pues que no me quedaba otra alternativa, te conozco bien y sé que si yo te hubiera pedido tu dirección, no me la habrías dado o me habrías dado una incorrecta. ¿Querías dejar la puerta tranquila y escucharme? Te lo suplico.

-Cinco minutos –advertí.

-Está bien, me satisface. Desde nuestro encuentro accidental en el parque he tenido tiempo para pensar y me parece que en el pasado no me comporté justo contigo. Yo acepto que fui egoísta, estúpido, presumido y... ¿cuál es el término que busco? –miró hacia arriba.

-Charlatán –ayudé.

-No diría que es la palabra correcta...

-Maniático.

-Prefiero charlatán –dijo serio- no tienes que ayudarme, linda. Bien pues, cuando recapacité era tarde porque mi padre... –hizo una breve pausa para que su mensaje quedara claro, en adicción a esto él quería encontrar las palabras adecuadas- me apartó. Ahora volví y vengo a ofrecer mis disculpas. He cambiado y quiero que sepas que cualquier cosa puedes acudir a mi casa o a mi despacho. Como ofrenda de paz –rebuscó en su bolsa de compras y sacó una caja de zapatos envueltos espléndidamente rematado con un gran lazo rosa-: es un obsequio de bienvenida al barrio. Vi estos y pensé en ti –me pasó la caja y la tomé como mi corazón se aceleró- ¿qué esperas? Ábrelo.

No lo hice... ¡tendría que estar mal de la cabeza! Abrirlo sería como tentar al destino. Como sellar un pacto de sangre. ¿Cómo decirlo? Le estaría diciendo que todo entre nosotros está bien cuando en realidad no había oportunidad para que volviera a estar bien.

-Vamos, Kim. Es un regalo, no una bomba de tiempo.

No me resistí cuando se acordó en llamarme Kim. En cuanto a eso, nunca me pude resistir a un par de zapatos. Usé la punta de mi dedo índice para facilitar la tapa de la caja hasta que pude mirar adentro. Vi un tacón rojo y luego... ¡No es cierto! ¡Es GIVENCHY!

-¡¿Me compraste un par de zapatillas Givenchy?!

Jack esbozó una sonrisita radiante. En mi colección nunca tuve nada de la marca Givenchy, mi papá se negaba a comprarme uno porque decía que era demasiado caro hasta para él, ¿lo ven? Aún siendo adinerada tenía mis límites. Tuve que conformarme con la adquisición de mis premios a través eBay y varias tiendas de diseño en línea. Y, al parecer, los regalos de mi ex.

-Anda, póntelos –levanté la mirada, me había sacado de mi concentración, y se apresuró en añadir-: por lo menos échales un vistazo más de cerca. A ver si te gustan.

Él no me lo tiene que pedir dos veces. Había deslizado mi mano dentro de la caja y acaricié la piel lisa de color rojo que pondría, en breve, en la taza de mi pie. Oh cielos, ¿cuándo fui que ascendí al paraíso? Probablemente a ustedes les parecería patético y quizás repugnante lo que acabo de decir, pero todos tenemos nuestras debilidades, la mía son los zapatos. Y si quieren les cuento más, como por ejemplo: La de Keiko son los perfumes y la de Clay son las costillas de cerdo ahumadas.

-¿Y cómo están? –me preguntó.

Por la forma cómo se torció la comisura de mi boca, creo que él sabía la respuesta. Mi boca se moría por decir orgásmica pero reprimió el impulso. Zapatos fabulosos o no, Jack seguía siendo mi ex y estoy bastante segura de que eso era todo lo que quería que él fuera.

-Fabulosos –le contesté en su lugar- realmente me gustan. Muchísimas gracias. Es un gesto muy dulce de tu parte –dije con sinceridad.

-¿Entonces las aceptas? –preguntó con timidez.

-¿Estás loco? ¿vas a perseguirme por toda la ciudad y yo te digo que no puedo aceptarlas? –agarré la caja fuertemente contra mi pecho- ¡por supuesto que las acepto! –él se echó a reír.

-Extrañaba tu sentido del humor. Aún después de tanto tiempo no has cambiado –me dijo.

Me fui a guardar la caja. ¿Es un delito? Cuando algo me parece bonito me lo quedo, si no lo boto. Además quién sabe si lo necesitaré. Cuando regresé Jack había pasado adentro, barrió de arriba hacia abajo y luego trazó una línea diagonal de izquierda a derecha con la mirada cada rincón del apartamento (¿no lo han notado? Las inspecciones masculinas son en forma de Z, fíjense la próxima vez que algún conocido esté hurgando en el refrigerador...); estudió cuidadosamente los muebles, los objetos decorativos, los electrodomésticos, todo...

-Qué agradable es tu casa –observó después de su minucioso análisis.

-Gracias –sonreí. No sé si está siendo franco, este hogar es sencillo en comparación con los gustos ostentosos de Jack.

-Aunque es un poco pequeña, esta habitación –dijo refiriéndose a la sala de estar- no es más grande que mi recámara. Esta lámpara de centro es adorablemente tierna, pero siendo tú me hubiera decidido por un chandelier, en una vivienda siempre agregan un toque exquisito... y este televisor de veintidós pulgadas, ¿era el más grande que tenían, Kim?

Okey, Jack acaba de expresar sus inconformidades. ¿No les dije? A Jack le gustan los lujos. Estoy segura que el televisor en su alcoba es del tamaño de la pared, que es más grande que mi sala. ¿Cuál es el problema?... No, no he ido a su cuarto, ¿por qué debería haberlo hecho? ¡¿por eso?! Son unos malpensados. Jack podría ser muchas cosas, pero no era tan osado ni indecoroso para llevarme a su cama con sus padres husmeando por ahí. Yo no le insistí. Me gustaba todo a su tiempo y... ¡por amor al santísimo! ¡éramos unos adolescentes! Ahora no sé si Jack ha cambiado ese aspecto de su personalidad, porque de vanidoso tiene de sobra.

-¿Qué le ha pasado a tu buen gusto?

-Sí pues, está en intacto, pero me vi limitada de presupuesto. Mi padre no estaba de acuerdo con mi idea de mudarme y digamos que me concedió una limosna porque considera que no duraré mucho. ¿Y tú? ¿aún tiene problemas con los conejos? -¡debieron haberlo visto! En la época en que éramos novios y frecuentaba su casa, los jardines Spicer estaban infestados de manadas de conejos. Eran los conejos más lindos y esponjosos que alguien hubiera visto, su pelaje grueso color blanco, sus ojos rojos, sus largas y delgadas orejas y tan pequeños, pero eran salvajes. Una vez después de dar un paseo y fuimos, los conejos destrozaron la sala de estar por completo. Rasgaron las páginas de los libros, arruinaron las cortinas y mancharon de lodo con sus patitas el piso de mármol. Comenté que quería uno de mascota, él prometió cazar uno por mí. Claro, esa promesa no llegó a cumplirse.

-No, bueno, en honor a la verdad no tengo ni la menor idea –dijo admirando un jarrón-. Un mes a mi regreso, al igual que tú, decidí independizarme y en mi nueva casa no hay conejos –devolvió el jarrón y se sacudió las manos en su… fabricado por doce sastres italianos que cosieron con el más fino hilo de Europa puntada por puntada el más novedoso suéter, lo sé porque el otro día me dio la clase. Creo que murmuró polvo- cincuenta hectáreas de terreno, incluye un estacionamiento para mis diez coches, mi helicóptero, una pista de carrera y un campo de golf, del que no me sirve en absoluto porque odio ese deporte. Bueno, tú manejas esa información. Deberías ir a visitarme, te encantarán los jardines.

Golf, sé que es un deporte que exige mucha concentración y es el favorito de los poderosos, el padre de Jack y el mío lo juegan. Pero yo lo detesto, ¡es tan aburrido! Y Jack comparte su opinión conmigo al respecto. Él es bueno en basquetbol y patinaje artístico (sí, así es, esas personas que patinan en una pista de hielo hacen saltos mortales increíbles sin despeinarse, dan cientos de vueltas y no se marean), está bien, adelante, búrlense si quieren. No es algo de lo que Jack está muy orgulloso de decir porque su madre lo obligó a tomar esas clases. Se sentó en el sofá cómodamente.

-¿Pista? No sabía que te gustaban las carreras.

-Soy amante de la velocidad, Kimita, te dije que cuanto alcanzara la mayoría de edad iba a comprar un automóvil de carrera. ¿Oye, linda, te comenté que mi padre me dejó a cargo del centro comercial de la familia?

-No, te faltó esa parte –el día en que a todos nos repartieron nuestros dones y le tocó a Jack recibir, se agotó la dispensa de la modestia.

-Pues fíjate que lo hizo, ya era tiempo, por años he estado ocupándome de ella, degastando mi aliento y valiéndome de mi ingenio utilizando mis habilidades en el negoio mientras que mi padre se llevaba el crédito que me corresponde. Finalmente se dio cuenta que yo era la persona más apta para el puesto y ahora soy presidente, sé que debes estar emocionada por mí y agradezco tus felicitaciones –no estoy molesta, estoy acostumbrada. Es más ni siquiera iba a felicitarlo (él lo habrá hecho por los dos) o ni siquiera abrí la boca-, pero hablemos de ti ahora ¿todavía sigues paseando perros o lo dejaste?

-Parcialmente –respondí-; conseguí otro empleo: de niñera.

-¡¿De niñera?! –simuló su mueca de desaprobación con una tos- ¡oh, pero Kim! Haces que me compadezca de ti, pobrecita, ¿niñera? ¿tú cuidando a una bola de niños revoltosos? No, no, no, nunca te hubiera imaginado trabajando como... si tú eres una dama muy fina...

-Tampoco es tan malo –me defendí- es un oficio muy noble, la clave es tener paciencia y no estoy cuidando a varios niños, por el momento sólo cuido a uno y no me ha ido tan mal así como crees. Aparte de que no dejo que absorba mí tiempo. Trabajo como niñera de lunes a viernes y me dedico a cuidar mascotas los fines de semanas sólo en las tardes, cobro barato, pero la demanda es mucha y entre ambos me da estabilidad económica –me asomé a mirar la hora- creo que ya están por llegar.

Jack pegó el brinco de su vida, parándose. A él no le gustan los animales domésticos, dice que son demasiada responsabilidad, si bien él se asusta con el ladrido de un cachorro. ¿Y lo digo ahora? Pude excusarme que estaba en plena peluquería canina y se hubiera marchado voluntariamente.

-Me acabo de acordar que tengo que resolver un asunto pendiente y no podré quedarme en la tarde. Lo lamento en el alma –se aclaró la garganta- yo... también te iba a decir que este lunes voy a inaugurar un nuevo Country Club y para mí sería muy ameno si pudieras asistir –dijo- no te molestes por el transporte, puedo recogerte a la hora que tú elijas, pensé que tal vez después de eso podría enseñarte el club. Sabes, allá sirven comida de primera calidad y nos tomaríamos un martini o algo...

¡Ajá! El otro zapato se cae. Ya decía yo que esto me estaba pareciendo sospechoso: zapatos (mi talón de Aquiles), Givenchy (mi ídolo de la moda) y rojo (mi color favorito). Alabando mi decisión de independizarme, mostrando interés por mi situación laboral y lisonjeándome sin parar. ¡Qué patético! ¿Creía que querría volver a salir con él sólo porque me trajo un par de zapatos? Tengo que cortar esto de raíz de una vez por todas.

-Lo siento, Jack, creo que eso no será posible. Esa mañana Kei y yo nos iremos de compras, después tengo que ir a la escuela a recoger a Omi y me quedaré cuidándolo toda la tarde. A más de que es muy temprano para bebidas. No sé si podré.

-¡Café, pues! Si no puedes el lunes, entonces el día siguiente. Tú escoges la fecha, pero, por favor, no niegues mi invitación –bendíganme al hombre. Como sea, tengo que sacudírmelo de encima.

-Está bien, yo te aviso cuándo ¿sí? –le dije. Fue la única manera de sacarlo del apartamento.

Me vi obligada a empujarlo fuera, por suerte no tuve que hacer uso de la violencia. Apenas cerré la puerta suspiré de alivio. Revisé en el puño de mi mano. Me había dejado una tarjeta con sus números de teléfono. ¡Sí como no! Como si eso llegara a pasar; lo siento, Jack, pero te quedarás colgado en espera, porque de ninguna forma pienso caer en ese mismo agujero. ¿Cuándo se ha visto que vuelva a triunfar una relación que ya fracasó? Por favor, si ustedes van exponer sus casos, que sean reales y no sacados de una película. Me duele confesarlo, esas cosas sólo suceden en la ficción.

Hasta mitad de la tarde todavía, por una razón lejos de mi entendimiento, mi mente seguía clavada en su proposición. Había puesto a los perros a ver esa caricatura protagonizada por ese canino súper héroe y todos se alinearon en frente de mi televisión (que cabe acotar, no es de veintidós pulgadas), meneando sus colitas y ladrando cada vez que oían el nombre del perro. Pronto sería hora de que sus dueños vinieran a recogerlos. Su voz me pareció sincera, su expresión penitente, el regalo, sus palabras suaves. A lo mejor nadie más en toda mi vida salía de su camino para comprarme zapatos. El hombre realmente, realmente, me quería de vuelta. Necesitaba afirmarlo dos veces. Y yo me sentí enormemente halagada, sin un rastro de humildad. Es una lástima y una verdadera pérdida de tiempo, porque no estoy interesada en aceptar su oferta. ¡Puaj! En estos momentos no puedo hablar, Pinto me acaba de dejar un presente. Discúlpenme. Arrugué la nariz y fui por pala y recogedor a limpiarlo.

Posteriormente que terminaran los créditos de la caricatura, apagué la tele y jugué con ellos un rato. A menudo parece divertido lo que hacen y me animo. Los perros no tienen muchas preocupaciones, viven sencillo y son cariñosos; siempre se despiden de mí tumbándome al suelo y lamiéndome el rostro repetidas veces. Son las siete y treinta minutos, hora de cenar. Hoy decidí que quería comer macarrones. ¡Ñam! No piensen que Jack me contagió con sus gérmenes de presuntuosidad, últimamente estoy mejorando. Aunque me falta por aprender. Soy una amateur. Mmm... no sabe mal, creo que necesita un poco de sal. Sonó el teléfono. Me sequé las manos y descolgué el teléfono.

-¡Hola nena!

-Hola Kei, ¿qué cuentas? –volví a la cocina.

-Ninguna novedad tan interesante como la que seguro tienes para mí. Te llamaba porque quería enterarme sobre los detalles escandalosos de la cita que tuviste con ese papacito… ¡ay! En mi edificio no conviven muchachos sexys, todos los hombres buenos están casados y los solteros son raros. ¡Pero anda cuenta, cuenta, cuenta! –exclamó emocionada, cuando se trata de hombres es una niña en una dulcería- ¿intentó agarrarte de la mano? ¿te calentó la oreja? ¿quiso tocarte? O ya sé... ¡dime que al menos trató de besarte! ¿qué tal lo hace?

-Kei... ¡ya! ¡ya! Nada de eso ocurrió, la cita concluyó antes de lo esperado –dije con la voz quebrada.

-¿Qué? ¿pero por qué?

-Él no es como creía que era, resulta que su apariencia de príncipe azul de ensueños sólo se ajusta a su imagen porque en el fondo es diferente. Él me abandonó en medio de la cita…

Le conté de cabo a rabo lo que aconteció en la cita. De lo que hablamos, de lo que descubrí, de cómo me trató y de sus frías palabras de despedidas. Se me hizo un nudo en la garganta. "Quiero decir que deberíamos salir con otras personas. Ahora eres muy "pequeña" para mí, tal vez en dos años o después de graduarte podríamos volver a intentarlo, pero por lo pronto guardemos nuestra distancia. Lo siento". Su altanería, su prepotencia, su apatía, su frialdad, su codicia, su frescura, su seriedad. Mis ojos se humedecen con sólo recordarlo. A pesar de todo, me sentí mejor al drenar mis emociones y mis frustraciones con Kei. No fui capaz de contárselo a Omi. Él es un niño. No entendería estas cosas y sé que tuvo buenas intenciones e intentó "recuperar mi honor". Una costumbre de los caballeros de la edad media. Pero con Kei era diferente; aún con todo lo que es, es mi mejor amiga. Durante la conversación hizo ruiditos y cuando acabé estaba indignadísima. Sé que lo estaba, si nos atacaban a una de las dos, la otra igualmente sufría el golpe.

-¡¿Pero cómo se atreve?! ¡¿será tan maldito el infeliz?! ¡es un... un... COPRÓFAGO*! ¡Sí! ¡Eso es lo que es!

-¿Coprófago? –primera vez que he escuchado esa palabra- ¿qué significa?

-No sé, mi último novio era un periodista y decía palabras raras las veinticuatro horas del día. Le seguía el juego a cada nuevo término y cuando le estaba hablando de un chico que me había engañado, me dijo: ¡¿Será tan coprófago?! Así que creo que es un insulto feo... hablando en serio, lo que te hizo no se le hace a ninguna persona. No le desearía eso ni a mi peor enemigo. Si nunca estaba interesado en ti en un principio ¿por qué invitarte en una cita y dejarte plantada? Por lo menos debió haber tenido la gentileza de dejarte en tu casa y con un poco más de tacto decirte que no buscaba un compromiso, ¿tan difícil es eso?... ¡ESTOY FURIOSA! Permíteme que lo vea o vaya a su apartamento...

-¡Kei no! Por favor no te involucres por mí, no quiero nada que tenga que ver con ese idiota –le dejé en claro- es capaz que te cobre la visita. A ese hombre sólo le importa el dinero.

-¡Ay Kim! Me siento tan triste por ti. Sabes, podría arreglar un encuentro entre un amigo y tú y ver si...

-Kei, ya hablamos de eso antes, nada de citas rápidas. Mira, por lo pronto deseo olvidar este asunto y hacer de cuenta que jamás existió. Conversemos de otra cosa, ¿vale? –esto está por terminar. Cogí un plato y me serví una ración gran de macarrones con queso.

-Bueno, habla tú. Es embarazoso recordar y hablar por teléfono en tanto te pintas las uñas, ¿qué pasó con Omi? No me has dicho, ¿nuestro plan dio resultado? -¿lo leyeron? "Nuestro plan", que en un comienzo le parecía una idea descabellada ahora le gustó.

-¡De maravilla! La fierecilla ha sido domada, por fin, lo malo es que el cuento se terminó y necesito uno para este lunes si no quiero despertar al día siguiente bocabajo. ¿Ves? ¡yo te lo dije! Los niños no se resisten a escuchar un cuento... ¡ah! ¡oh-Dios-mío! ¡lo olvidé! Nuestro trato, si me ayudabas en mi pequeño plan yo te ayudaría a acercarte a Clay...

-No importa, te sientes mal. Lo comprendo, puede esperar.

-¡No, está bien, no te preocupes! Puedo encargarme de ello.

-¿Segura? No quiero causarte molestias.

-No es ninguna molestia. Iré a visitarlo un día de esta semana en su trabajo... –hice una pausa para llevar mi plato al comedor. No me molesta hacer las dos cosas al unísono ni me incomoda que me oiga comer, si Kei se está haciendo la manicura ¿cuál es la diferencia?- oye, ¡¿quién crees que se apareció hoy en la tarde?!

En serio no me molesta servir de Cupido entre mis dos amigos. Sé que dije que no estoy de acuerdo, pero se lo prometí y yo cumplo mis promesas. Lo único que quiero es distraerme. Además di mi palabra de que iba a ser de casamentera, si él se enamora o no es su problema y yo ahí no puedo hacer más nada. Y tenía ganas de verlo: no hablamos desde hace tiempo. Quizá me eche una manito y pueda brindarme un consejo con respecto a mi historia. Keiko y yo conversamos casi sobre todo, le conté lo de Jack (y rectificó lo que yo decía, volver al lado de tu ex es pésima idea) y el infortunio con Omi. No me dio chance de mencionar mis pequeños inconvenientes financieros ni mi novela. Lo más seguro es que me apoyaría, pero no me podría ser útil. No es personal, cuando necesito hablar de moda, chicos o fiestas, ella es la indicada. Sin embargo, si son cosas de familia o preciso de algún consejo de otro tema como, tal vez, rollos de la universidad, Clay es a quien debo llamar. Bueno, no es novedad, cuando me independicé y buscaba techo propio acudí a él. Señoritas, no me vayan a moler a golpes por el comentario de una de ustedes, pero es genial (y a veces útil) tener a un chico entre tus amistades. Podría servirte como traductor masculino y aparte, brindan soluciones prácticas. No sé como lo hacen, he llegado a sospechar que es una condición genética. Los chicos no se enrollan mucho. Por el contrario, nosotras... ejem, mejor ni digo, ¿verdad?


*Ladies and gentlemans, los interesados, pueden incluir esta nueva palabra en su lista de groserías. Un promedio puede entender perfectamente cuando les gritan: ¡eres un cabrón, hijo de tu puta madre, no joda! En cambio, si les gritan: ¡eres un coprófago! ¿cuántos pueden entender que le estás diciendo que su dieta es a base de excrementos? (sí, mierda) Nadie más ni nadie menos que nosotros, los intelectuales, naturalmente :D Además que suena más elegante gritar "coprófago" que vociferar "come mierda" XD

A/N: Bien, luego de esa breve aclaratoria. Pasamos a otros asuntos. Volvemos a tener a Kimiko como narradora. En estos días he estado leyendo los primeros capítulos del fic y reconozco que me distraje en la creación de este capítulo a causa de que encontré una historia genial y estoy encaprichada. Y eso que no he terminado pues que es larga. Llegué a concluir en los romances solemos encontrar muchas veces como protagonista una chica joven, humilde, hermosa (media comunidad masculina se enamora de ella), altos valores morales, con un gran amor hacia un miembro de su familia, bondadosa, solidaria, abnegada, gentil, que se hace respetar, no conduce auto (o tiene uno viejo) y casi siempre es virgen. Aunque se le han incluido modalidades, como por ejemplo, está la revolucionaria, Elizabeth Bennet (una mujer adelantada a su época), la muchacha tímida que tiene problemas de autoestima y se tilda a sí misma de rara como Isabella Swan o Anastasia Steelt y estoy viendo que aparece muy frecuente la chica marimacha que esconde en su interior una belleza femenina delicada. Hasta ahora no he visto que un romance sea protagonizado por una chica extrovertida, segura de sí, apasionada por la moda, alegre, despistada, optimista y con un asombroso espíritu de superación. Sí, esas son las cualidades que definen a Kimi (y más) y por las cuales estoy orgullosa de ella. Casi siempre esas chicas son las villanas del cuento, cuando son protagonistas es porque se trata de una película aburrida que promueve la amistad tipo Brazt.

Este episodio está inspirado en la canción de Masterpiece interpretada por Madonna y lleva ese nombre porque es el momento en que ella decide escribir un libro aunque sea para ganarse una bienhechuría, quizás con el tiempo eso pueda cambiar. Me pregunto lo siguiente: ¿ustedes se imaginan cuál será ese libro que escribirá? ¿sí? ¿no? Al inicio tenía previsto que Kimi gastara todo su dinero (sí, de la misma forma que vieron), Kei se enterara y después de un tiempo viniera a decirle lo del concurso, pero resultó más sencillo que se enterara por boca de Fung, y para suprimir de una vez los preámbulos. En el borrador inicial Kimiko no necesitaba un concurso para escribir su libro, lo hizo por voluntad propia, pero eso era porque ella tenía estabilidad económica. Así es más divertido. De igual modo ponerla como una compradora convulsiva. ¿Extrañaba otra caída de Kim?

Esa canción, I will survive, ¡oh! Hace algún tiempo para acá yo hice un test para saber cuál era la canción que se identificaba con mi vida y ese fue mi resultado. Es pura neta porque ¡soy una sobreviviente! ¿Cuántas marcas que mencionó Kim ustedes conocen? ¿Y qué tal? El viejo Fung nos confesó la desgarradora historia de Omi. Pobre. Pero no se compara con la visita de Jack... ¿ustedes qué opinan? ¿le creen o no? Sabemos que él quiere volver a Kimi, a leguas se le nota que está insinuándose, la duda si es buena o mala idea. Es típico el prototipo que está encarnando Jack, el rico que se cree superior a todos por el número de automóviles que posee y lo dice con tanta frescura como si cualquier persona normal debería tener. Que no entre a mi casa, por favor, porque dirá que vivo en una choza.

-O bajo una mata de mango.

¡Capaz y dice eso también! ¿Y qué tienen que decir de lo que dijo Kim? El comentario final, ¿quién dice que las mujeres y los hombres no pueden hacerse amigos? ¡Pues esa persona debe revisarse los ojos! ¡tener a un amigo chico es genial! ¡porque es bastante divertido! Saben, en una ocasión, yo estaba peleada con una amiga y entonces mi otras amigas se fueron a consolarla a ella, ¿y quiénes me consolaron a mí? ¡los amigos! O tal vez esa vez que estábamos haciendo test de personalidad y nos jodíamos, respondimos uno llamado ¿Qué criatura mágica eres tú? A un amigo le salió "hada" y ¡jolín! Como nos reímos. Molestando al pobre. Y luego diciendo que tenía que pagarnos un viaje a las Bahamas jajajaja O tal vez en esa ocasión que no había estudiado nada y me puse a repasar con un amigo. ¡¿Lo ven?! ¡fue divertido! Ahora otra cosa...

Estos días he cogido un disgusto, lo que pudo haber sido una subida nota es arruinada por una mediocre y yo soy culpable, como si eso no fuese suficiente, mi padre me lo recrimina una y otra vez. Lo siento, tenía que decirlo. Por otra parte, he decidido intentar probar mi suerte en otro sitio web para escritores y sus novelas hasta ahora me siento un tanto "eclipsada" y estoy volviendo a pasar por lo mismo que pasé hace tres años: La novata, la que se queda atrás, la que nadie sabe cuál es su nombre. Ay, me gustaría hacerles una pregunta, malvaviscos asados, y sólo puedo confiar en ustedes: ¿le gustan los capítulos cortos o largos? ¿qué eligen tener 52 capítulos cortos o 30 capítulos largos? Yo, elijo los 30 capítulos largos. No, no, les hago en serio esta pregunta. Buscando entre las opiniones de mi historia, una me dijo que el capítulo era muy largo (y eso que no han visto los mejores, los de diez mil palabras tal como el último) y que era mejor partirlo en dos. ¿Qué tal?

Cumplí tres años de estadía en Fanfiction este treinta de junio, ¿estáis felices por mí? ¿sí? ¡Qué bueno! Sin nada que escribir, malvaviscos asados, si me quieren comunicar algo saben que lo único que tienen que hacer es escribir en el cuadrito de abajo y postear sus reviews. ¡Hasta entonces nos vemos en el próximo cap: Déjame conocerte! Que es la versión de Duro como una roca 2.0 ¿por qué le dicen 2.0? Francamente no lo sé. ¿Keiko y Clay? ¿estáis a favor o en contra? ¡Cuídense Latinoamérica querida!


Mensaje para anónima mex: ¡Hola, ¿qué tal?! Me contentó ver que en mi portal había un mensaje para decirme que tenía un nuevo review y aún más al saber que era tuyo. Dos veces en una semana, ¡qué detalle! Pues sí, echamos un vistazo a lo que es la vida de Omi. Pobre tipo. Dashi es el único que podría zanjar los problemas entre su esposa y su hijo y no tiene tiempo, encima que ninguno quiere cooperar. ¿Te parece? Eso me contenta. ¡Esa es la idea! ¡Uy! ¡qué mal rollo! Si ese tipo te dejó, es porque no es digno de ti. No te merece. Es un sapo saltando en un estanque de príncipes. Yo no he sufrido nada parecido. Todavía no me ha llegado la hora, siempre he sido muy prudente y con este asunto también. De todas formas, por muy enamoradas que estemos de Rai, actuó como un grandísimo patán. ¿El final de esa historia? Ah bueno una vez que el hombre untó mantequilla a su pan, le echó jamón, queso, lechuga y tomate y se lo comió. Fin. Es una historia de terror que sucede en la realidad, no para el hombre, si no los panes obviamente. Se la cuentan a los pancitos cada vez que se van a dormir. ¡Ah sí! Ya me di cuenta que me agregaste entre tus seguidores y favoritas, ¡muchas gracias! Pues me sentiré honrada de que me invites a echarle una mirada a tu proyecto, estoy segura que será genial... ¡Nos leemos! ¡hasta entonces ten sólo pensamientos felices, Ana!