PARTE VII: El pedazo roto, déjalo ir.
Steve supo desde que era enclenque enfermizo buscador de problemas, que nunca en su vida pisaría la acera de una universidad. Dejando aparte que apenas tenían para comer, creciendo en una sociedad rota por guerras constantes y que nadie sabía si un soplo de viento se lo llevaría al día del mañana, es que eso no era para él.
Tuvo buenas calificaciones en su época de escuela, idiota nunca fue. Desinteresado tal vez sí, porque, aunque comprendía que su deber era estudiar, el hambre y su madre exhausta le eran más importantes que una calificación. Por lo tanto, la idea de completar una carrera jamás se le cruzo por la mente, luego vino la guerra y las cosas cambiaron drásticamente en sus prioridades.
Ahora estaba aquí, después de casi cincuenta años de aquellos tiempos, frente a un edificio enorme y más anticuado que él con gente entrando y saliendo de sus bastos jardines otoñales. Las cosas básicas no han cambiado, como por ejemplo que él definitivamente no va a pisarla por dentro para realizarse como alumno; tampoco llevaba pantalones sobre el ombligo ni un morral como mochila, ni era la semejanza a un fideo viejo a punto de expirar por un suspiro ni llegó en su vieja bicicleta. Con su chaqueta de cuero sobre sus hombros cuadrados, sin ningún estornudo a causa del verde campo, en un auto malibú, y sin ningún libro bajo su brazo, es cómo ha llegado a ese lugar cambiando el curso de su distanciado destino con la universidad.
Pero el sentimiento de estar frente a un sueño lejano e inalcanzable le pareció melancólicamente familiar. Y el aroma a libro viejo que desprendía del enorme e imponente edificio.
El MIT, ni más ni menos.
Lleno de alfas.
Alfas por todos lados.
Si su instinto animal estuviese más libre en él, ya tendría el ceño fruncido por toda la feromona alfa libre en el ambiente. Bien, tal vez sí arrugó un poquito la nariz.
¡Por favor! Aun con las ventanillas del auto arriba y el sistema de aire sellado, su vía respiratoria amenazaba con cerrarse si tantos aromas descuidados e impregnados en el aire seguían rodeándolo. Testosterona, feromonas alfas, sudor nauseabundo, y seguramente marihuana era lo que podía percibirse, en pocas palabras: aire universitario.
Cabe añadir que eso mató su deseo melancólico de estudiar.
Miró al frente, tensó sus dedos sobre el volante y soltó su respiración despacio, sin llamar la atención ni querer demostrar su propio nerviosismo.
Sus intentos no sirvieron para nada.
— Respira hondo y profundo, viejo, te vas a lastimar un pulmón.
— ¿Estás listo? — giró su rostro para observar a acompañante, contrario a él, en su rostro joven llevaba su tan confiada sonrisa desde que salieron de casa.
— Cuando empecé a gatear debieron traerme aquí, ¡claro que estoy listo!
— Sí, claro. — bufó ante el comentario, porque definitivamente no se imaginaba a un cachorro Anthony en este sitio. Quiso contestar algo sumamente odioso, tedioso, que demostrara la contrariedad de sus pensamientos, inconformidad y molestia de la situación, pero Tony despegó su vista de la ventana para voltear a mirarle. Fue el fin para su plan de "huye, escóndelo y no dejes aquí al omega".
Tony, con sus ojos enormes y brillantes de emoción y alegría, excitación y energía, no dejaba de mover su pie con hiperactividad y su sonrisa no cabía en sus pequeños labios. Podía oler en él todo el nerviosismo y posible ansiedad, pero también su gran felicidad y ganas de salir corriendo del auto a descubrir todo lo que le tenía preparado la tierra prometida.
Sus mechones recientemente recortados en un curioso copete de moda que dejaba pocos rizos sobre su frente, la tonelada de ropa oscura y holgada que llevaba encima para cubrir su figura, la loción especial creada por los científicos de SHIELD que impedía detectar su aroma omega natural, y una mochila, era lo que Tony llevaba como armadura para enfrentarse al mundo.
Ahora que lo pensaba, ¿no debería haber una entrada especial para los estudiantes Omega? ¿O alguna regla de las facultades que les exija a todo el alumnado en controlas sus aromas bestiales? Recibir con un ambiente tan territorial y jactancioso de la estripe más "alta", ¿era algún tipo de intimidación?
¿Intimidaban a los omegas ingresados?
De inmediato sintió su sangre hervir, porque una gran parte de él, aquella que no le decía que exageraba y era injusto juzgar, estaba totalmente de acuerdo conque aquel recibimiento inapropiado y espantoso era para mostrar territorialidad, superioridad e intimidación al más débil. Oh, pero cómo quería golpear a alguien justo ahora.
Mañana es primero de septiembre, fecha que daba inició para el nuevo ciclo escolar de la universidad. Se supone que a los nuevos ingresados se les daba un curso de introducción de una semana a finales de agosto, pero Tony se la quiso saltar porque según el omega y a sus palabras, "es absurdo introducirle en algo tan simple como restar o sumar". ¿Ciertamente? Steve creía firmemente que todos los garabatos que Tony caligrafeaba en cada superficie plana cuando se aburría, nada tenían que ver con "dos más dos, igual a cuatro". Pero él no se opuso a saltarse la introducción, más que contento de tener a Tony con él un poco más antes de dejar que el chico se enfrente al mundo solo.
Bien, no tan solo, estaría bien resguardado y tendría a alguien capaz de protegerlo y vigilarlo siempre. Pero no estaría con él, ni con ningún adulto con los creció anteriormente, y estarían separados por treinta minutos de la casa al instituto por sí acaso Anthony necesitase algo y la sola idea de no que el omega no tenga a alguien de confianza para cubrir sus necesidades o caprichos le estrujaba el corazón.
Peggy le acuso de melodramático, Jarvis no dijo nada y estaba seguro que George, de estar aquí, le dedicaría una mirada amable e invitaría un té para relajar su estrés. Extraña tanto el té de George.
¡Ah! Pero cómo es posible que haya estado de acuerdo con esto. De todas formas ya ni sabe porque sigue pensando en ello, ni siquiera era capaz en dejar de observar y maravillarse por la luz propia que desprendía su compañero a su lado.
Dios, rezó, que valga la pena tener mi corazón estrujado ahora mismo. Que no sean malos con él. .Porfavor.
Tony interrumpió su corrido gritó al Señor-Todo-Poderoso con golpes insistentes en su brazo y un dedo señalando frente a la acera. Uno tras otro sin darle tregua, apenas sintiéndolo como golpeteos de una pluma.
— ¡Oh, Steve! ¡Steve! ¡Mira! Es el tipo que mando tía Peggy… Eh, ¡Coloso!
— No, creo que su nombre es Coulson. — sí, estaba muy seguro de ello. Miró en dirección que marcaba Tony, de donde efectivamente un joven recluta de SHIELD venía caminando hacía ellos.
De amplía frente y un andar relajado, enfundado en un traje "discreto", el soldado beta que sería el nuevo guardaespaldas de Tony -su sombra, a palabras de Peggy- se puso a un lado de la puerta de copiloto esperando a que el nuevo universitario se bajara. Steve leyó su expediente y realmente era fascinante lo que demostraba en campo, en su fotografía adjunta lucía mucho más grande que en persona.
Intentó ignorar el hecho de que Coulson no se veía mucho mayor a Tony y no obedecer a sus impulsos de llamar a Peggy para asegurarse por decima vez que el soldado tenía suficiente experiencia para cuidar a alguien como Tony. Alguien tan preciado para él mismo.
No. Debía mantener el control.
Ya era la hora y sus tripas tan revueltas como podían estar, se pegaron a la pared digestiva y tomó valor.
— Ya puedes salir del auto. — dijo con voz aparentemente tranquila, intentando creer sus propias intenciones.
El castaño miró sobre su hombro, elevó una comisura de su labio como todo un travieso y habló:
— ¿Sin un besito de despedida?
— Te puedo dar un empujón.
— Por eso decía que yo puedo bajar solo.
Mientras Tony se acomodaba la mochila y ponía una mano en la manija del auto, palabras impulsivas y deseos incongruentes de mantenerlo a salvo, lo tomó por la manga de su playera para detenerlo. El joven lo miró confundido e impaciente, Steve no sabía exactamente porque lo detuvo, por lo que quedaron varios segundos en silencio hasta que su cerebro volvió a reconectarse con la prudencia.
— ¿Llevas todo?
— Aquí — el chico señaló su cabeza con arrogancia —, es lo único que necesito.
— Tal vez quieras una hoja y un lápiz también.
— Objetos mundanos, sin importancia.
— Trata de no llamar tanto la atención. Y compórtate, por favor.
— Promesa de niño cristiano.
— ¿Tony?
— ¿Queeé?
Y ahí estaba, el bebé que se aferraba a sus piernas a los cuatro años, el cachorro que reconstruyó su vieja motocicleta a los siete, el niño que ponía en duda la palabra de profesores del más alto prestigio a los doce, quién aún guardaba sus ositos de peluche dentro del closet para que no salieran monstruos de el a los trece; pero a la vez, ya no estaba ese cachorro frágil, sino un joven omega con una fortaleza potencial que lo convenció de que viajar al otro lado del mundo donde corría muchos peligros, sólo para dar la cara a quienes creyeron que lo mantendrían oculto y con miedo por toda su vida. No, Tony era muchas cosas y sería muchas otras, para nada una perita en dulce, y ya era hora de aceptar que no era un niño en lo absoluto.
Y dejar que avanzará solo, aunque eso le costara su cordura para no sobreprotegerlo.
Así que sonrió auténticamente relajado y poco a poco de forma constante, soltó de su manga y lo dejo ir.
— Cuídate mucho.
— A la orden, Cap.
Tony no lo pensó dos veces, salió disparado del auto y Steve escuchó su manera tan pacifica de saludar a su nuevo guardián.
— Señor Stark, Phil Coulson, su nuevo guardaespaldas.
— ¡Hey agente Bound! Dime Tony y yo te diré cero-cero-Phil, ¿Qué dices?
— Que no. Lo escoltare a su dormitorio, señor Stark.
— Joder, que serio. ¡Me agradas!
Sí, no. Definitivamente aún faltaba mucha madurez en ese escuincle.
Pero Steve estaba riendo mientras veía al par de siluetas alejarse. Tony señalando y admirando todo como su primer día en la feria del condado mientras se maravillaba por la mecánica de los juegos, el joven recluta ignorándolo mientras iba dando miradas severas a todo aquel que apenas volteaba a mirar a Anthony.
El recluta se estaba ganando puntos desde el principio, eso era lo bueno.
Giró las llaves dentro del coche, el motor se escuchó encender y él ya no tenía nada más que hacer aquí. Ahora todo lo demás dependía de Tony, ya lo vería el fin de semana que volviera a la casa -no se quedaría nunca en un lugar como ese ni aunque todo el pelotón de SHIELD se mudaran a cinco metros de su ubicación- y estaría muy a gusto en el saloncito principal escuchando todo lo que al omega le parece y lo que no y hasta en los nuevos inventos que seguramente ya tendría hechos en su cabeza.
Las cosas empezaban a cambiar ahora.
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Mayo 29 de 1987, afuera de Norfolk, Massachusets.
El chirrido de la tetera le hizo moverse hasta la estufa y retirarla del fuego, mientras apaga las flamas y se giraba con su liquido caliente directo a la mesita del centro en la cocina. Steve tomó la taza vacía que había elegido para servirse su café, derramó el agua dentro del recipiente y dejó la tetera sobre un trapo sobre la superficie para no quemar la mesita de madera, mientras dejaba que el aroma amargo de su liquido oscuro le llenara de vida.
Se consideraba una persona que intentaba mantenerse sano y en forma mientras ignoraba que tenía un suero súper-milagroso-quita-alergias, pero había ocasiones donde una buena taza de tan controvertible sustancia le era necesaria hasta a él.
Jarvis a su lado, concentrado en el desayuno que cocinaba, era su único acompañante en esa temprana mañana.
Caminó alrededor de la mesita para tomar asiento en uno de los altos bancos que combinaban con todo el amueblado de tan gigante cocina, mientras con una mano llevaba la taza de nuevo a sus labios, con la otra tomaba una libreta grande con cubierta de pergamino, sus dedos deshicieron el nudo que la mantenía cerrada y con la misma técnica la dejo abierta bajo sus ojos en paginas más cuidadas que la cubierta misma.
Apenas mirando sobre sus hojas, se dio cuenta que la abrió justo en una de sus paginas favoritas. Bueno, todas contenían conceptos que lo hacían sus favoritas, por algo sólo escribía o ponía recortes que le fueran importantes en su singular álbum, pero contenía ciertas hojas que le sacaban sin problema alguno una sonrisa orgullosa, satisfecha.
El recorte le fue difícil conseguirlo, pero pidiendo uno que otro favor –Tony decía que eran sus ojos de cachorro– a los archivistas de SHIELD, es como pudo conseguirlo.
La libreta se abría en dos, mostrando dos paginas y con ellas una foto en cada una, del lado izquierdo se encontraba el retrato de una omega blanca con ropa fina, en el derecho y con tinta menos oscura, la imagen más nítida de una omega afroamericana con atuendo más moderno pero sencillo.
Steve seguía congelado en la época que la primera omega hizo historia, y ahora estaba muy ocupado al igual que la omega de la derecha. Pero a ambas les tenía un profundo respeto y una gran deuda.
Fueron esas damas quienes lograron que los miembros considerados más débiles en la cadena de genero tuvieran una oportunidad única en demostrar lo contrario, al menos en nivel educativo.
No es que los omegas no hayan tenido la oportunidad de estudiar a lo largo de la historia, pero lamentablemente, no era una acción vista propiamente desde un punto aceptable, después de todo sólo aprendían a sumar y restar para llevar el orden en los gastos del hogar y a leer sí era necesario para entretener a su alfa o cachorros. Sí, no eran exactamente propósitos de libertad o gusto si quiera.
Poco a poco, y debido a la necesidad de la mano de obra en muchos lados, escuelas y secundarias fueron abriéndose a la idea de que omegas, betas y alfas podían estudiar bajo la misma institución. Algunas revueltas por aquí y por allá, tragedias innecesarias con victimas que alzaron la voz para futuras generaciones, es como se logró que en países en pleno desarrollo permitieran en algunos de sus estados a la educación igualitaria y libre pensamiento. Al menos hasta la secundaria. Estados Unidos tenía doce estados con esa ideología en los años veinte, a los ochenta había veintiuno y casi todos al Norte, muy pocos en el Sur. Uno, Massachusetts.
Fue gracias a Ellen Swollow¹, omega clase baja que logró graduarse de un colegió con el nivel más alto educativo en 1870, que se impuso para entrar al MIT, siendo el primer omega en lograr entrar a una universidad de ciencias a nivel nacional. Claro, su alfa tuvo que mudarse con ella a una vivienda cercana del edificio mientras lograba graduarse, pero logró hacerlo y al mismo tiempo inspiró a muchos otros en intentarlo. Sin embargo, muchos de los incovenientes principales era que quienes deseaban ingresar al Instituto no tenían donde quedarse, y estar solos rodeados de alfas descontrolados no era una opción, ni porque tuviera un beta acompañante.
Eso cambió hasta la llegada de Mary Jackson² en 1955, omega clase alta quien fue oficialmente la primer omega en titularse como ingeniero del MIT tras llevar su solicitud ante un juez para que aceptara su ingreso y posteriormente su nuevo grado como ingeniero aeroespacial. Ya estaba vinculada y con tres cachorros de edad, pero tenía el mismo problema de vivienda que todos sus hermanos omegas anteriores y es que su alfa no podía dejar su trabajo en una época tan difícil; entonces decidió que, como los rectores y directores no hacían nada para mejorar la condición de sus pocos estudiantes hermanos de género, ella arreglaría las cosas.
Mary Jackson luchó y fundó un edificio en el MIT únicamente para omegas y betas al mismo tiempo que trabajaba para el Comité Consejero Nacional para la Aeronáutica, resguardado y cuidado por una alta seguridad para resguardar a sus estudiantes. La tasa de ingresados omega del MIT subió un cuarenta por ciento, y aunque aún era un cuarto de la población estudiantil del lugar, sin duda los números ya superaban a los tres o cinco alumnos omega valientes que les rehabitaron.
Así que Steve debe agradecerles a esas dos mujeres, y a todos los omegas posteriores que lucharon por su derecho a la educación, dos cosas; la primera es que, gracias a ellos, Tony está cumpliendo su más grande fantasía de ser un genio proclamado y envidiado, odiado por la mitad de su grupo y aborrecido por la otra, el chico se paseaba y entretenía a lo grande por el camino de lagrimas y burlas que jamás le detuvieron.
Steve no lo va a negar, un profundo miedo le seguía calando hasta los huesos por cada noche de domingo que Tony debía volver a la facultad tan lejos de su casa –a treinta lejanos minutos–, con la única compañía de su guardaespaldas Coulson –quien ha demostrado ser una invaluable compañía e ignorar la actitud tan mimada de Anthony– y dejándole cinco días restantes de pura agonía donde debía mantenerse bajo control para no ir hasta el enorme edificio donde quería asegurarse que Tony estaba seguro y bajo máxima protección.
Pero luego recordaba la cara llena de felicidad por parte de Tony, siempre que llegaba con una nueva historia para contarle, ya sea sobre una escena muestra de sus sobresalientes dones o simplemente cuando le jugaba una broma a algún maestro o alfa molesto que aun no entendían que la palabra "intimidación" no existía en el vocabulario de reconocimiento de un Stark, menos en el ultimo de sus vástagos.
Aquella sonrisa tan egocéntrica y deslumbrante, guardaba un poco de genuina felicidad y alegría, valía todo el estrés doble que le proporcionaba su joven compañero.
Compañero. Sí, esa ha sido otra realidad que ha tenido que asumir, aceptar y hasta acostumbrarse.
Tony era su compañero omega, bajo toda legalidad e instinto, mientras que él era el alfa del chico más ruidoso del mundo.
Y eso le hizo avanzar hasta la ultima pagina que ha usado recientemente, aun fresca por el pegamento bajo los tickets decentemente recortados y pegados por toda la superficie del papel. Eran cuatro boletos, anchos y en blanco con letras en negrita con un estilo apantallante; eran las entradas al concierto al que fueron anoche.
Sí, él, Steve Rogers, Capitán América, orgullo del continente, héroe de guerra y sabrá el Señor cuantos apelativos más se le adjudicaban, fue a un concierto de rock.
No es que le gustara mucho ese género, el rock and roll sí, pese a algunas de sus letras subversivas –aún no superaba la etapa agresiva de Elvis contra las mujeres³–, pero la mayoría de las bandas de rock actual tenían un estilo bastante ruidoso y llamativo; aceptaba que algunas de las canciones tenían un buen mensaje y letra reflexiva, pero parecían más un himno de rebeldía que música en verdad.
Pero podía hacer una excepción por Aerosmith, definitivamente. La primera vez que la escuchó, fue porque a Tony le encantaba pensar con su tan ruidosa música por toda la casa en su radio-casetera autofabricada, y de pronto el álbum tocó "Drem on" y no pudo evitar repetir todo el casete únicamente por aquella canción. Había algo en su letra, algo en su rítmica que le atrapó desde los primeros acordes; oh, bueno, claramente la letra era demasiado semejante a una persona que despierta después de dos décadas congelado y su curricular gritaba a los cuatro vientos su poca probabilidad de tener una larga vida. Contraproducente, pero acertado, entonces síp, disfruta de Aerosmith.
Claro, tuvo que usar tapones de campo debido a su subdesarrollado oído para no obtener una hemorragia o algo así que destruyera su noche pre-cumpleaños junto con Anthony. Y también Pepper y Rodhey.
Lo segundo que debe agradecerle a Ellen Swollow y Mary Jackson, es que también Virginia "Pepper" Potts pudo entrar a la universidad y ser la segunda vigilante sobre el ególatra omega con quien compartía habitación.
El MIT una vez aceptando omegas en su admisión, también abrió el campo de sus carreras como ciencias sociales, economía y administración o artes. Treinta años después, resulta que son carreras populares entre los omegas de bajo rango y betas; aún así formaban parte del mismo porcentaje estudiantil especial, por lo que ocupaban un solo edificio para ellos.
Pepper, una omega clase alta, únicamente estaba cruzando una licenciatura, lo que sus ahorros y gustos le permitían, pero también era quien ayudaba a Coulson en llevar y traer a Tony de un lado a otro para sus respectivas clases, porque si no, el joven inteligente nunca llegaría a los salones por estar tan metido en su cabeza, inventando y fanfarroneando.
Junto con Pepper vino su alfa enlazado, James "Rodhey" Rodhes. El joven alfa estaba cursando la carrera de aeronáutica en un intercambio permanente de la Academia de la Fuerza Aérea y estaba en la mayoría de las clases con Tony.
Cuando Tony volvió de su primera semana del MIT, Steve esperaba que el chico hablara mal de sus profesores pero del o maravilloso que eran los laboratorios y talleres. Y sí, pero la charla sobre "cuando recupere mi empresa compare esos laboratorios, o no, ¡mejor haré mejores!", acabo en menos de dos horas, para la cena solamente era "Rodhey aquello, Rodhey eso, Coulson tacleó a Rodhey la primera vez que Rodhey intentó jugarme una broma"; todo era Rodhey por un fin de semana medio completo, hasta que la mañana del domingo se hartó:
Tony y él se encontraban en la cocina desayunando, Steve con una taza de té en sus manos y Tony picoteando la comida y aventándola por todos lados ante sus exclamaciones tan bruscas con sus manos.
— Entonces le dije a Rodhey que un avión sin piloto era el futuro, él dijo que no porque perdería el instinto y la experiencia, yo le dije que era absurdo porque un piloto no tenía experiencia volando más de lo que tendría el sistema de vuelo, ¡los pilotos no vuelan antes de subirse a un avión! Entonces dijo que un avión y un piloto pensaban como uno, que había hermandad, y yo le dije, Rodhey, ¿qué carajos te metiste? Rodhey casi me…
— Tony, ¿quién es Rodhey?
— ¡El tipo que Coulson tacleó, ya te dije! Por cierto, necesito provocar a alguien que mida metro noventa para que me aviente una manzana, quiero hacer mi tesis de física sobre la probabilidad de que alguien como Phil y su metro setenta pueda tirar a alguien como Rodhey. Fue magnifico, como un panda tratando de derribar a un oso pardo o algo así.
— ¡Tony!
— ¿Qué?
— En primera, no vas a provocar a nadie.
— ¡Necesito investigar este fenómeno!
— En lo absoluto. No.
— Le quitas la diversión a la ciencia.
— Sin pucheros en la mesa. Segundo, no para de hablar de "Rodhey" pero no me has dicho cuando lo conociste o si quiera, por qué lo conociste ¿Es un alfa? ¿Te ha molestado? ¿Sa-salen junto o algo así?
Jamas se preguntó a si mismo porque le interesaba saber su Rodhey alguna vez le interesó a Tony, pero en ese momento, el control sobre su sonrojo y la cara asqueada del genio era lo que más le importaba.
— ¡Guiu! ¡No! Sería como salir con el tío George en moreno, y Pepper me mataría.
— ¿Y quién es Pepper?
— Virginia es la domadora de la infernal facultad que estudia el control mental, James insiste en que la aeronáutica es lo mejor del mundo y los dos derraman suficiente miel para una población escoces de Winnie Pooh
— ¿Eso y la miel que tienen que ver con Pepper y Rodhey?
— ¡Pues que se dan amor a todas horas! Olvida lo de Winnie Pooh, ¡parecen conejos de Bambie!
— ¡Tony!
Al final, después de una segunda ronda de panqueques y que Tony frenará lo suficiente para darse el tiempo de explicar toda su divagación, se enteró de los nombres completos de quienes eran vecinos y compañeros de Tony, quien les puso sobrenombres porque sus identificaciones eran demasiado largas para que las recordara.
Y el motivo de que Coulson tacleara a Rodhey era porque el chico, en son de vengarse y bromear a la vez con Anthony le aventó una manzana a la cabeza. O quiso intentarlo, mejor dicho, porque la manzana nunca llego y Phill casi asfixia a Rodhey.
Dos años después de ello y son amigos. Algo así. Solamente ahora, Pepper trata de que jamás haya frutas con el tamaño perfecto para ser proyectiles cuando todos están en la misma habitación.
Resulta que los jóvenes universitarios, junto a Coulson, encontraron la manera de llevarse bien e incluso formar una amistad prometedora. Tres de ellos eran la razón por la cual aun no le llama a él o a Peggy por la suspensión esperada de Tony por alguna de sus travesuras o "actitud alarmante" en sus dos años que lleva en la universidad.
Tony se ha hecho de su propia fama, una un tanto escandalosa. Nada malo. Al principio, cuando la nación entera estuvo enterada del regreso del heredero omega de una de las compañías pomposas del país, Steve mismo tuvo que ir a recoger a Tony para traerlo a la casa y dar al menos tres vueltas antes de que alguien los siguieran al domicilio.
Stane también dio señales de vida, enviando una botella de whisky cara más una nota agregada: "Bienvenido" decía con su horrible letra que reconocería a donde sea que fuera, más aparte el número de su teléfono personal por "sí tienes alguna emergencia".
Cuando él y Peggy le dieron tal ofrenda a Tony una noche a mitad de su primer semestre, el joven sólo se encogió de hombros indiferente:
— Tengo quince años, ¿qué se supone que haré con esa mierda si no bebo?
— ¡Tony! Estas frente a una dama, tu madrina, así que-
— Ese imbécil bastardo. — bufó Carter, ignorando el sonrojo avergonzado de Steve y la burla ahogada de su ahijado — Que se vaya con sus estupideces a otro lado.
— ¡Peggy!
Eso fue todo lo que supieron de Obadiha Stane hasta ahora, y era una bendición, porque Steve no estaba tan seguro de controlarse y no ir el mismo hasta Manhattan para demostrar lo que opinaba sobre la botellita y la tonta tarjeta.
Pero él era bueno, tenía un autocontrol de excelencia, todo estaría bien.
Luego vino el día en que Tony comenzó a hacer su propia fama y la que hoy en día, dos años después, le persigue.
No se sabe toda la historia, solamente que un tal Bill Gates fue a visitar a un viejo amigo en el Instituto, y el ingenuo hombre, aburrido, se encontró con Tony en un aula vacía donde el joven estaba terminando una formula en el pizarrón. El señor Gates quiso conversar con Tony, minutos después el hombre salió a toda velocidad y Tony terminó lo que sea que tenía trabajado; días después Gates manda una canasta de fruta en agradecimiento a Tony, pero el obsequio le llega a otro alumno con las mismas siglas, el alumno se lo llevo a su asesor, el asesor a su destinatario correspondiente y después todo el Instituto rumoreaba que fue Tony quien ayudo a Gates a terminar su nuevo programa de computadora que llevo al hombre a la fama.
Steve le preguntó a Tony, el chico se encogió de hombros y dijo que no se acuerda de haber hablado con nadie. En realidad, el omega siempre se sumía en sus inventos y formulas sin prestarle atención al mundo, puede que tal vez haya ayudado al otro hombre a volverse rico sin si quiera darse cuenta. Era como un lado benevolente y solidario de Anthony.
Es así como el omega se ha ido haciendo nombre entre sus compañeros y habitantes del MIT, incluido el pequeño pueblito de Norfolk. Es así como Steve ha estado viviendo los últimos dos años, los más relajados de toda su vida hasta ahora.
Pasó sus dedos una vez más por su álbum de recortes, cerrando la tapa suavemente para no maltratar los boletos de aquel ruidoso y agradable concierto de rock. Tomó el álbum y lo metió dentro de un cajón de la cocina, al mismo tiempo que nota que se ha acabado su café hace mucho y la taza se la retiró el mayordomo para lavarla y dejarla escurrirse. Steve y Jarvis siempre tenían la misma discusión: Steve diría que el podía hacerse cargo de su aseo y sus cosas o lo que manche, Jarvis le diría sin pena alguna que como alfa de su joven señor, también debía atenderlo a él, diría que no, y la discusión amable se interrumpiría con Jarvis cambiándole el tema y manipulándolo para que no insistiera.
Pero él debía insistir, Jarvis ya hacía demasiadas cosas en una enorme casa, que aunque contrataban ayuda extra algunas noches, él podía aportar manos extras.
Por esa ocasión, no hubo tiempo de discutir, ya que unos pasos atontados se escucharon acercarse por la escalera.
Steve puso atención, lo suficiente para saber de quien se trataba. Jarvis debió suponerlo también, debido a que el mayordomo le dedico una sonrisa indescriptible y volvió su atención a lo que sea que cocinó para el omega consentido del beta.
Desde su sitio, el pudo observar como Tony entraba a tropezones y sin estar consciente de su entorno o existencia misma; los mechones parados de lado a lado en contra de la gravedad, un calcetín en un pie y el otro descalzo, el pijama que consistía en sus pantaloncillos cortos y una camiseta holgada con agujeros y manchas de aceite. La viva imagen de la desalineación matutina, solo que, en un tamaño más compacto, resultado de una noche en vela acorralado de gente y sin parar de gritar sobre canciones que rompían la barrera del sonido, de eso estaba seguro.
Steve tenía una sonrisa bailando por sus labios ante la imagen, disfrutando en percibir los aromas que provenían del joven huraño; el humo y el sudor aun estaba expulsando de sus poros, pero también cargaba con su típico olor a mantequilla, manzana y aceite de máquinas. Disfrutó en recibir las diferentes esencias del omega, al menos por el breve tiempo que lo tenía en ese fin de semana.
Aunque él aun no lo sabía.
— Buenos días. — canturreó en su sitio, atento ante el gruñido que provino del omega malhumorado.
Tony llegó a su asiento y tomó lugar frente a Steve, aún con las lagañas colgando en las esquina de sus ojos y debajo de cada pestaña. Era todo un desastre en tan temprana hora, pero sí hay algo en lo que Tony era aparentemente bueno, que tanto Peggy como él han intentado cambiar, es que el chico tiene un corto lapso de sueño.
Puede dormirse a las mismas seis de la mañana, o no dormir nada en lo absoluto, pero dale un café temprano y a las nueve ya puede estar totalmente consiente de su entorno y haciendo explotar el nuevo invento que se le ocurrió recientemente.
— Joven señor, su desayuno. — Jarvis le tendió un plato con el desayuno, mientras el omega despabilaba lo suficiente para dedicarle una suave sonrisa a Jarvis. Sí hay alguien que no es receptor del mar humor matutino de Tony, ese es Jarvis.
Tony contestó algo parecido a un agradecimiento, pero ignoró por completo su plato de comida y paso directo a la taza cuyo contenido era de pura cafeína. Para ser un omega con un aroma tan dulce, definitivamente Tony tenía un paladar demasiado quisquilloso y nada empalagoso, a no ser que hablaran de donas o helado de mango.
Jarvis, cuyo día de descanso era hoy y por eso no llevaba su uniforme de traje usual, se deshizo del delantal blanco con maestría. Mientras lo doblaba y guardaba en su cajoncito, se volvió hacía ambos
— ¿Se le ofrece algo más, joven señor? ¿A usted, señor Rogers?
— Nada, puedes disfrutar de tu día de descanso. — Tony simplemente siguió gruñendo detrás del café.
— Tendré todo listo para en la tarde. — el mayordomo dejó la tarra de café caliente justo al centro, dando una suave reverencia y retirándose del sitio.
Para en la tarde. Sí, ese día era una ocasión especial y en la tarde, cuando todos esten presentes y luzcan más presentables, será la hora de celebrar.
Es el natalicio de Anthony, había que festejarse como cada año.
Steve aún no se perdona lo suficiente por haber faltado a dos años de cumpleaños en la vida de Anthony. Tal vez no tanto por la fecha, sino porque se supone que haría la vida del chico lo más especial posible y segura, pero estaba tan enfocado en su misión personal, que no notó que su falta de atención hizo una mella en la vida del joven.
Tony no era un omega exactamente sumiso y comprensivo, mucho menos alguien quien se dejara doblegar fácilmente –o si quiera que eso fuese posible–, pero por mucho que haya sacado la fortaleza de María y el carácter agrio de Howard, pese a todas las enseñanzas altivas de Peggy, el joven tenía una grieta de inseguridad en su personalidad bastante oculta. Pero ahí estaba, y creía que era mayoritariamente por su culpa.
Unos padres muertos, una madrina con un trabajo poco conciliador y él como un alfa prometido siempre distante, bueno, no era exactamente una gran estrategia para llenar a Tony con confianza. Dependiente y liberal tal vez, pero rara vez pedía ayuda para algo y eso, debido a que no tenía a muchas personas en quien apoyarse.
Jarvis únicamente, George en el mejor de los casos. Pero sin amigos, sin niños de su edad o parientes con un lazo de sangre verdadero, bueno, no culpen al chico por protegerse detrás de una sonrisa falsa y asilarse del mundo cuando estaba herido.
Sí, las cosas mejoraron un poco con Rodhey y Pepper, pero ellos eran pareja y tenía su propia vida que manejar. Entonces, esto se volvió un deber suyo, tratando de llenar el vacío de desconfianza del omega.
Que mejor que la fecha de su cumpleaños para recordarle, con justificación y sin verguanza, la importancia que tenía la vida de Tony en la suya propia.
El año pasado todos fueron un rato a la playa. Por esta ocasión, Peggy y su esposo no estaban en el país desde hace semanas por incovenientes con la familia de George, pero jamás faltarían a la fiesta de Tony; para darles tiempo de llegar, la celebración se llevaría acabo durante la tarde, mientras tanto él tenía planes especiales con el festejado.
Claro, cuando despierte completamente.
Cinco minutos después y una taza vacía, Tony toma la jarra del café para servirse más y mira a su alrededor, los parpados completamente abiertos mientras logra intenta en tiempo y espacio. Dejó la jarra, tomó sorbos nuevamente y miró a Steve por primera vez en la mañana
— No estoy en mi piso.
— No — respondió mientras una sonrisa pequeña cursaba por su rostro —, estamos en Norfolk.
— Ah, sí.
Seh, el universitario no era muy elocuente todavía. Diez sorbos más y parecía que ya estaba más lucido. Steve tenía muy buena paciencia.
— ¿Peppero y Rod-Jey?
— Dormidos, no creo que sea conveniente despertarlos. — quiso dejar el tema ahí, pero Tony siendo Tony, dio su primera sonrisa picara en el día mientras sus ojos chocolate brillaban con travesura.
Ese brillo siempre tan intenso, siempre cautivándolo.
— Anoche también se dieron amor, ¿cierto?
Y esa boca, siempre incomodándolo.
Carraspeó un poco, enderezándose en su asiento intentando controlar el sonrojo que cruzaba por sus mejillas y ponía una cara indiferente.
— Anthony, esta mal dar esas insinuaciones, por muy amigos que sean.
— Tu eres el que no cree conveniente ir a despertarlos.
— Malinterpretas mis palabras
— Preguntale a Coulson, él les echa agua fría algunas veces cuando no lo dejan dormir.
— Tú eres el que debería tomar una ducha.
— ¿Debería sentirme ofendido? — la pregunta estaba de más, el chico claramente lucía ofendido por lo dicho y sin pena alguna, levanto un brazo para olisquear bajo su axila. Y no, no había mal olor según su encogimiento de hombros.
Steve estuvo tentado a rodar los ojos, porque por supuesto, el omega jamás en su vida a olido mal.
— Vamos a salir, me gustaría que estés completamente despierto para ello. — y con el comentario se puso de pie, mientras veía claramente como el chico casi se atragante con el trago enorme que le dio a su taza.
Dejó su traste a un lado, sus labios húmedos por su reciente bebida y una sonrisa de oreja a oreja que le calentó el corazón.
— ¿Harley Davison⁴? — el chico se refirió a su motocicleta.
— La misma.
— ¡Hubieras empezado desde ahí! — Tony, quien hace pocos minutos se estaba quedando dormido sobre la mesa de la cocina, había bajado tan rápido del banquito y volado rumbo a la salida como si no estuviese a punto de resbalarse por enredarse en sus propios pies al correr.
— ¡No terminaste tu desayuno!
— ¡Desayunaré polvo Harley Davison!
Sí, bueno, Steve de todas maneras se llevaría una mochila entera llena de comida. Por si las moscas.
La platica sobre a donde ir, bueno fue un poco más veloz que el desayuno.
— ¿A dónde iremos ahora? — cuestionó Tony apenas se puso a su lado, donde ya estaba montado sobre su motocicleta y tendiéndole su casco de seguridad. Steve ya llevaba uno puesto, solo por el mero hecho de que el omega hizo tremendo berriche por ser el único en usar, citándolo, "tremenda cascara de huevo de cemento sobre su perfecto cabello".
Numero uno; el casco no parecía una cascara de huevo, era un casco normal, pero la cabeza de Tony era muy pequeña.
Numero dos; Tony sí tenía un perfecto cabello, pero nunca se peinaba. No por flojera, sino que todos se rindieron en hacer que esa mata de rizos tal cuales, a su dueño, se quedara quieta. Ende, el casco no tenía nada que ver con su desarreglado estilo.
— Estaba pensando, que podíamos ir a ver una película o tomar una malteada en Boston.
— Nooo. Esta muy cerca.
— Peggy y George llegaran a medio día, debemos pasar por ellos al aeropuerto.
— Que vaya Jarvis.
Al chico sólo le falto dar un pisotón, pues sus brazos estaban cruzados y sus labios en un adorable puchero de pato.
— Es su día de descanso y ya está preparando todo para la fiesta. — lo cual ya era bastante injusto de que el hombre hiciera todo por si solo. Pero, aunque Steve se ponga delante del mayordomo de setenta años listo para apoyar, Jarvis amablemente lo despacharía del sitio alegando que "como mayordomo de la familia Stark, es un honor realizar esta tarea con mis propias manos para una fiesta digna del tan distinguido unigénito, el joven señor". En resumen, que Steve y todos los demás le estorbaban. Fin.
Steve aprendió eso hace mucho tiempo.
Salió de sus recuerdos escalofriantes de la mirada amablemente terrorífica del mayordomo británico, cuando sintió los dedos largos de Tony, colgándose en el cuello de su chaqueta marrón. Sus ojos azules conectaron instantáneamente con los chocolate, quedando prendado de ellos por su brillo tenue lleno de desolación.
— Tía Peggy sólo me deja subir a esta belleza en mi cumpleaños, que es hoy, así que quiero que valga la pena. Por favor.
Así no deberían ser las cosas, Tony definitivamente no debería salirse con la suya cada que quiera con solo darle esa mirada de venadito perdido en el bosque. ¡La analogía ni si quiera tenía sentido!
Dio un largo suspiro, pero luego una sonrisa que seguro combinaba con la que empezaba a crecer en el rostro más joven.
— Bien, monte Everett por la estatal 90 debería ser lo suficientemente lejos, ¿no?
— ¡Ese es el espíritu, Cap!
Hace unos años, Tony le empezó a llamar "Cap" o sus derivados cuando estaban solos ellos dos. Únicamente cuando estaba o muy entusiasmado o muy decepcionado y depresivo. Steve trataba que eso ya ultimo ya no ocurriera.
El viaje fue largo, tres horas y un poco más, pero apenas se sintió.
A Tony le encantaba la celeridad, el como el viento se pegaba a su rostro y los colores se difuminaban en cada distancia por el vuelo de la carretera. Steve lo sabía, sabía que el joven adoraba cada curva abierta que daba por la sensación de vértigo que cosquilleaba en su estómago, o con cada movimiento sorpresivo de ultimo minuto le arrancaba un gritito de asombro y maravilla.
Lo sabía por los movimientos de las manos con dedos largos y maltratados, que aun sobre su chaqueta, estos se aferraban a él cada que subía por el límite de velocidad, como se escondían en las bolsas de la chaqueta cuando el viento era helado, o como se aflojaban cada que bajaba el velocímetro para admirar un bello paisaje.
Y luego estaba cuando desaceleraba, ya sea porque llegaban a su destino o simplemente era para hacer del momento más lento, Tony se quitaba el casco y descansaba su mejilla ruborizada contra su espalda, ahí en el centro descansaba su rostro y pegaba su pecho para acurrucarse, dejando saberle a Steve que se sentía tan seguro y protegido con él que un casco no haría la diferencia en su vida.
A veces le molestaba que fuese tan descuidado y confianzudo, otras dejaba que se le llenara el corazón de un electrizante escalofrió por saberse dueño de una devoción tan inocente por parte del chico.
Y lo que Steve disfrutaba era ser el receptor de todos aquellos detalles, sentirlos en su cuerpo y de alguna extraordinaria manera, también bajo su piel.
Si no usaba su motocicleta absolutamente para nada entre semana, era por la falta de Tony a su espalda. Aunque ese motivo no lo sabía nadie.
Entonces, tres horas después y poco más, ya estaban desacelerando a las orillas del lago en el condado de Berkshire, a faldas de lo que era el monte Everett. Se quedaron casi a la entrada, tanto como hacía más sombra por estar al comienzo del bosque y porque después posiblemente mas autos o camionetas fueran llegando con familias grandes, y no los dejarían salir tan fácilmente del terreno.
Ya había unas cuantas personas ahí, niños y algunas mascotas. Unos nadando, otros preparando el asador para poner la carne del domingo. Steve subió un poco la colina, escuchando a ras la risita que dio el omega por las piedritas y hojas caídas que pegaban en sus tobillos.
Por fin, aparcó la motocicleta en un buen sitio sobre la colinita, cubiertos de árboles y un césped mohoso bajo ellos. Uh, eso sería un problema.
— No podremos sentarnos en el pasto, esta húmedo y no traje mantas. — informó a su acompañante apenas apago el motor y se retiró el caso. Tony le pasó el propio sobre su hombro y colgó ambos objetos en una palanca de aceleración.
En su defensa, que no estaba preparado para un inesperado picnic matutino-vespertino.
— Uh-Uh — sin anuncio ni nada, Tony comenzó unos raros movimientos sobre el asiento al mismo tiempo que lo escuchaba murmurar para si mismo. — ¡No hay problema! Como el más inteligente aquí, resolveré este problema.
— ¿Disculpa?
Pero no recibió respuesta ante tan quisquilloso comentario. Únicamente fue sintiendo todo paso por paso.
Paso número uno, sintió claramente como Tony se ponía de rodillas sobre el asiento, sobre todo porque uso sus hombros anchos como punto de recarga.
Paso numero dos, Tony comenzó a pasar su cuerpo bajo su brazo derecho, al mismo que su pierna del mismo lado cruzaba por el frente de su estómago.
No hay paso número tres, ni ningún otro, porque Steve se quedó pálido al entender lo que el universitario estaba haciendo.
Entre mas movimientos extraños y un rodillazo inocente e indoloro en sus costillas, fue como Anthony quedo con frente a él, sus piernas cubiertas de mezclilla sobre sus propios muslos, enrollándose por detrás de su cintura, el trasero a centímetros de tocar su entrepierna.
¿Centímetros? ¡milímetros! ¡Casi nada! ¡Ninguna barrera en tan inapropiada posición!
¡Y…!
Minuto, ¿por qué le estaba mortificando tanto? No es la primera vez que tenía al chico sobre él, y tan siquiera ahora tenían mucha más ropa encima que en cualquier otra situación de las que ya pasaron –Tony tiende a dormirse en lugares extraños, como encima de él, por ejemplo–, así que definitivamente no debería escandalizarse ni temer que, en un mal movimiento, el trasero del omega toque su bragueta.
No, no debería haber motivo.
En lo absoluto.
Para nada.
¡Rayos! ¿Por qué sigue tan nervioso?
— Hola, Apolo 11 llamando a Rogers, ¿todo bien por ahí? ¡Yuju!
— ¿Qué?
— Te decía que sí trajiste comida. Necesito alimentarme, prácticamente me manipulaste con la motocicleta que no me diste tiempo de desayunar. Es tu culpa, ahora aliméntame.
Sí, el llevó comida porque conocía al berrinchudo que tenía por protegido y el estomago sin fondo de un universitario tan inteligente. Pero no podía concentrarse, algo estaba verdaderamente incomodándolo pese a lo que trataba de convencerse de lo contrario.
— Tony
— ¿Qué?
Pero Tony no lucía confundido, ni nervioso. No estaba ni incomodo ni parecía tener una crisis existencial como él que la estaba pasando tan mal que su cerebro sentía a punto de explotar. No, Tony lucía tal y como cuando tenía doce años y todo su cuerpecito cabía recostado y extendido por sobre el tanque de gasolina de la motocicleta, ahí sobre la costa de mar en Cambridge.
Al mismo tiempo, el recuerdo de un Tony recostado y extendido en todo su esplendor, desnudo y sudando bajo de él, le pegó tan fuerte que tuvo que voltear la mirada porque el rostro de Tony de repente estaba bastante cercano a él.
¡Diablos! ¿Pero que le estaba pasando? ¿Por qué recordó aquello? No era el momento, no era el lugar, y definitivamente, no debería estar recordando el primer y único celo de Anthony.
Después del primer celo, un omega superior no estaba obligado a su instinto bestial de apareamiento. Había días cada cierto tiempo que tenían pequeños bochornos, pero si aprendían a controlarse, podían enfrentarse al calor bajo control y sin necesidad de consumación intima; varios litros de té de azaleas en frio y ambiente fresco era suficiente.
Por lo mismo, no ha vuelto a estar con Tony en lo absoluto. No lo cree necesario en un futuro, y claramente, no tendría porque estar comparando la situación actual con aquel recuerdo.
— ¿Steve?
La voz del joven le hizo volver de su pelea moralista interna, viendo como esos enormes ojos lucían preocupados y sus pestañas caídas por el ceño fruncido. Una mano del omega comenzaba a alzarse para tocar su rostro, pero Steve, racio a ser tocado ahora por el motivo de su desconcierto, rápido puso una sonrisa lo más sincera posible y se echó para atrás, con cuidado de no perder el equilibrio.
— Perdón, sólo pensaba.
— No lo hagas seguido, me aterras.
— Oh, cállate o no te daré de mis empanadas.
— ¡Empanadas! Dame, dame, dame.
Mientras Steve se estiraba para tomar la canasta que había empacado, una parte de su mente seguían pensando en porque, segundo atrás, la idea de que Tony le tocara el rostro con su mano fría, no fue solamente cálida.
Sino excitante.
¹)Ellen Swollow se graduó 1870 en el Vassar College y posteriormente se trasladó al Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). Fue la primera mujer que estudio en el MIT y también la primera mujer que aceptada en una universidad de ciencias en Estados Unidos. Después de graduarse continuó en el MIT con la esperanza de doctorarse pero no le fue permitido. La primera mujer que logró un doctorado en el MIT tuvo que esperar hasta 1886
²) Mary Winston Jackson fue una matemática e ingeniera aeroespacial estadounidense, que trabajó en el Centro de Investigación de Langley la mayor parte de su vida, empezando como calculista en la división de Cálculo del Área Oeste, y más tarde llegaría a ser la primera ingeniera negra de la NASA, alcanzando el puesto más alto para ingenieros. En cargos directivos, trabajó para influir tanto en la contratación como en la promoción de mujeres en la NASA, en el ámbito de la ciencia, la ingeniería y las matemáticas.
³) Hound Dog, Elvis Presley, tiene una letra bastan te, eh, peculiar. Dicen que cuando arregló la letra de la canción, había roto con una novia por conflictos de "infidelidad". Qué novía fue o la infidelidad por parte de quien fue, no se sabe, pero la letra da una leve idea de quien fue el cornudo. Búsquenla, esta divertida :v
⁴) La moto del cap en los comics es una clásica de 1920, pero en el 616 es una Harley Davison terreno 1940 y en el MCU usa una Cross Bones modificada para hacerse pasar por una 1942 Harley FLA.
Usar el nombre de tan distinguidas mujeres no es con fines de lucro ni mucho menos con intención de ofender, lo único que hice fue usar sus personalidades académicas como referencias a la desigualdad y falta de equidad que se vivía a plena luz del sol en el siglo pasado. Que sí, aún hay muchos casos así, pero sinceramente al menos el 70% de mujeres en el mundo tiene derecho y libertad de seguir estudiando, que no lo hagan po motivo es distinto (las estadísticas de mujeres universitarias es más baja).
Esto no esta, absolutamente no, editado ni revisado. Lo subi a la de "ahí se va!" y con la bendición del Padre de Todo (osease, ALV!) así que perdonen los horrores ortográficos, que se, son muchos.
