Hola de nuevo a todos!!
Como veis, estoy totalmente centrada en este fic, intentando actualizar cada semana, lo que supone bastante esfuerzo, pero que es compensado por el placer de escribirlo y por saber que está gustando. Y eso es lo más importante.
Un abrazo a los que me dejan un comentario cada semana, bien diciendome que les ha gustado el capítulo, bien criticando ciertos aspectos (que también me hace falta que me den caña a veces ). Gracias a todos ellos.
Agradecimientos esta semana a: Shadir, Isabel, DSDolphin, Salube, Jessiai, LinaInverse40 y Mariysol.
Pero que pesada me pongo a veces! Disfrutad.
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Llegaron al pie de la cueva donde se suponía que estaba la espada guardada por la todopoderosa Gran Bestia. Desde afuera se veía muy profunda y oscura.
Rina habló:
– Escuchad, he estado planeando un gran plan para acabar con el bicho...digo con la Gran Bestia.- dijo en el mismo tono en el que un general se dirige a sus soldados.
Los demás que hasta ahora habían estado charlando entre ellos animadamente se pararon a escucharla.
– Bueno... Como he supuesto que se trata de un animal o algo parecido..., haremos lo siguiente.- aquí carraspeó- Primero Gaudy y yo nos adentraremos hasta el final de la cueva, mientras yo la ahuyento con bolas de fuego, porque se supone que las bestias tienen miedo al fuego, el aprovechará para coger la espada. En el caso de que no podamos acabar con ella y escapase, Zelgadis y Ameria la esperarán en el medio de la cueva e intentarán darle. Y si existiera la remota posibilidad de que la bestia volviera a salir invicta, Filia la atacará con su maza y con hechizos a la entrada de la cueva.¿Estáis todos de acuerdo?
Al grupo se le cayó una gran gota por la frente. ¿Eso era el"gran plan"?- pensaron.
Pero ninguno abrió la boca para decir pio. Su general les imponía respeto.
Los cuatro se adentraron en la cueva. Ameria hizo un hechizo de luz y la cueva se iluminó. Era realmente tenebrosa y fria. De las estalactitas caian gotorrones que impactaban sobre sus cabezas. Era como estar en la misma boca de la muerte.
Continuaron caminando...Observaron con horror que en los rincones había huesos y calaveras amontonados.
Rina y Ameria chillaron. La primera porque se acordaba de la historia que le había contado Zeros y la segunda porque esa reacción entraba dentro de su carácter.
– Este sitio es totalmente terrorifico. Me está entrando el canguelo.-confesó Gaudy.- Mejor volvemos y nos olvidamos de la espada.
– Que no!!- chilló Rina- Hemos entrado aquí por tu espada y no saldremos de aquí sin ella.-añadió asombrada por lo que acababa de decir. Toda ella temblaba de miedo.
– Si...porque acabaremos en el estómago de...- iba a decir el espadachín pero todos habían dirigido la mirada hacia el suelo. Estaban pisando una sustancia pegajosa crujiente.
– Gusanos y babosas!!!- chilló Ameria aterrorizada subiendose de un salto en los brazos de Zelgadis.
– PerooooooqueassssssssscoporCeiiphiiiiied!- exclamó Rina. Sus botas blancas eran ahora negras, llenas de restos de bicharrajos. Y de otro salto se subió a los hombros de Gaudy.
Los chicos protestaron. Ellos no se podian subir a nadie. Continuaron la marcha.
– Aquí nos separamos.- anunció Rina ojeando el mapa dirigiendose a Ameria y Zelgadis.- Estar atentos.
Gaudy y Rina continuaron. Este protestó:
– Rina! Hace más de media hora que ya no hay gusanos y además me estás metiendo todo el rato las botas en la cara!
Mientras Filia, aburrida de esperar al pie de la cueva decidió acercarse para hablar con el mensajero que Rina había dejado atado de una pierna al tronco de un árbol. No podía liberarle. Estaba advertida de lo que le esperaba si lo hacía. Solo de imaginarselo le daban escalofrios.
Le preguntó si le apetecía un té. Este aceptó agradecido. Entonces la dragona comenzó a sacar sus bartulos: mantel, tetera, tacitas, pastas...lo preparó todo. Comenzaron a charlar amigablemente. Filia comenzó a olvidarse de su cometido. Cualquiera diria que estaba en una misión especial.
En esos momentos en el extremo de la cueva, la realidad era muy diferente. Gaudy y Rina habían llegado a lo que se suponía que era el final, una gran gruta que además de estalactitas estaba llena de estalagmitas, lo que hacia muy dificultosa la marcha. Avistaron la espada incrustada en una roca.
– Mira! La espada!- señaló la pelirroja.
Pero al lado de ésta tambien se podian percibir dos ojos rojos, brillantes y penetrantes. La Gran Bestia estaba escondida detrás de la roca, y por la expresión de sus ojos, parecía que había advertido la presencia de los dos.
– Y dos ojos rojos!- señaló Gaudy.
Ambos se miraron temerosos. No hacían más que acordarse de la historia que les había contado Zeros.
– Ese demonio!- exclamó la pelirroja- En cuanto lo encuentre le voy a retorcer el pescuezo...A ver si así le quedan ganas de contar más historias...
Dieron unos cuantos pasos más acercandose a la espada. Entonces Rina indicó:
– Lo que acordamos Gaudy, ve tu a por la espada mientras yo la espanto.
Respirando tres veces antes empezó a acercarse a los ojos. Cuando se acercó lo suficiente para ver su aspecto se quedó petrificada. La Gran Bestia que permanecía escondida detrás de la roca no lo era tanto.
– Pero si es un simple conejo!!- chilló la pelirroja aliviada.
Era verdad. Un conejo blanco y con orejas negras de un palmo de altura protegía la espada.
Rina se escacharraba de la risa:
– ¿Y esto es lo que nos daba tanto miedo? Un inocente conejo!Ja, ja!!!Mira Gaudy!Ja, ja!!
Pero el simple conejo abrió la boca y pudo observar que ésta no era tan simple, era al menos cinco veces su tamaño. Tampoco sus dientes lo eran. Sería mejor llamarlos fauces. El conejo cerró la boca de golpe rozando la nariz de Rina. No la había enganchado por muy poco.
Rina gritó:
– Corre Gaudy, la espada!!!!!- y empezó a correr mientras que el conejo impulsandose sobre sus patas traseras hacía esfuerzos para morderle el trasero.
El espadachín corrió con la espada en la mano poniendose a la altura de ella.
– ¿Qué es?- gritó con la lengua fuera.
– No lo sé!!!! Solo sé que muerde!!!- le contestó la otra mientras un diente le rozaba esta vez.- Madreeeee miaaaaaaa!!! Corre y calla!
– ÑACA, ÑACA!!!!- el conejo estaba a lo suyo, morder.
Pronto se encontraron con Zelgadis y Ameria. Pasaron como chispas al lado de estos. La pelirroja les gritó:
– Corred si quereis contarlo!
Zelgadis y Ameria se miraron sin entender, despues divisaron unos ojos rojos que se dirigian hacia ellos. Empezaron a correr por si acaso. La cueva estaba a oscuras. No habia tiempo para hacer otro hechizo.
– ÑACA!
Zelgadis chilló de dolor.
– Eso muerde!!!
– ÑACA, ÑACA!!
– Socooorroooo!- chilló de nuevo la quimera.
Ameria tropezó con una piedra y cayó redonda al suelo. Llamó a Zelgadis para que la ayudase. Temerosa, se levantó poco a poco y se puso a la escucha. Silencio. Todo parecía indicar que Zelgadis había escapado sin darse cuenta de que se había caido. Conjuró un hechizo para iluminar la cueva. El pulso le temblaba.
Observó a su alrededor. Alguien respiraba a su lado...
Ameria divisó al conejo. El conejo divisó a Ameria.
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Gaudy y Rina salieron de la cueva. Con alivio apoyaron las manos en las rodillas. Se habían salvado. A los pocos segundos llegó Zelgadis con cara de espanto.
– ¿Pero que era eso?- preguntó jadeando con los ojos fuera de las orbitas.
– Si quieres que te diga la verdad no lo sé.- le contestó la pelirroja- Filia! No te había dicho que vigilases la entrada de la cueva!- añadió cuando posó su mirada en ésta.
– Y lo hacía! Pero es que era la hora del té y...- argumentó la dragona.
– Bueno!-le cortó la otra mosqueada- Aunque no me pueda sentar en un mes hemos conseguido la espada!!
– Me temo que yo tampoco podré sentarme en mucho tiempo.- dijo Zelgadis con una expresión que era una mezcla entre dolor y vergüenza.
– Enseñanos la espada Gaudy!- pidió Filia.
Gaudy desenvainó la espada. Era realmente fabulosa. Su filo al minimo movimiento parecía rasgar el aire. Desprendia al contacto con su mano un reflejo azul violáceo que hechizaba a cualquiera que la mirase. Su mango estaba adornado con cristales azules.
– Guaaaaaaaauuuuu!!- exclamaron todos con la boca abierta.
– Ahora sólo falta encontrar a algún enemigo para poder probarla. Pero me encanta!- dijo Gaudy contentisimo. Por fin tenía una espada. Su nueva espada.
– ¿Cómo la llamarás?- preguntó la dragona.
– No lo se aún seguro...Quizás había pensado llamarla Morfana.
A Rina se le encresparon los pelos. Miró a Gaudy con mirada asesina.
– Je, je!!...Era una broma Rina!- contestó apurado éste moviendo las manos.
– Más te vale!
– Escuchad!- gritó Zelgadis- ¿Dónde está Ameria?
Miraron a su alrededor, Ameria no estaba con ellos.
– Se ha quedado dentro de la cueva!!!- gritaron todos.
– Se la ha comido! Se la ha comido!- chilló Rina desesperada.
– Cálmate!!!- le indicó Zelgadis que parecía realmente sobrecogido pero que mantenia la esperanza- Vamos a buscarla!
Todos se dispusieron a entrar de nuevo en la cueva. Pero no hizo falta. Una figura vestida de blanco sobresalió de la oscuridad con pasos lentos.
– Ameria!!! Te creiamos muerta!- gritó Rina.
El grupo corrió a abrazarla, hasta Zelgadis superó su timidez y se acercó. Pero la princesa traia algo entre sus brazos. Se quedaron petrificados al verlo. Era la Gran Bestia.
– Suelta esa cosa!!- chilló Gaudy que era el único que pudo reaccionar- Muerde!!
– ¿De que estás hablando?-dijo la princesa sonriente- Mirad.- les enseñó al conejo- Os presento a Justicito.
El conejo ahora tenía un aspecto encantador. Movía la naricita y los bigotes mientras pestañeaba. Curiosamente ahora sus ojos no eran rojos, sino azules.
– ¿Queeee¿Justicitoooo?- chilló Rina tirandose de los pelos. Creía que su amiga había sido presa de un hechizo.
– Si. Pobrecito, estaba ahí solito en esa cueva fría y oscura. He decidido adoptarle.- dicho esto le dió una caricia al conejo que éste correspondió moviendo las orejitas.
– ¿Estás chiflada o qué? Ese bicho es la Gran Bestia.-acertó a decir la pelirroja.
– De Gran Bestia nada. Justicito.- rectificó Ameria.
Rina clamó al cielo. Realmente alguien había hechizado a su amiga dentro de la cueva. Intentó hacerle entrar en razón "a su manera":
– Pues que sepas que voy a hacer Justicito frito esta noche!! O Justicito al horno!!
– Ni se te ocurra tocarlo Rina!- le señaló con el dedo haciendo una de sus famosas poses.
– O si no mejor... Justicito a las finas hierbas!- dijo ésta relamiendose.
– Te lo advierto!- le amenazó la princesa- Como le hagas algo a Justicito todo el peso de la Justicia caerá sobre ti...
El resto suspiró. No tenía remedio. No había manera de convencerla de lo contrario. Tampoco es que los argumentos de Rina fuesen muy convincentes...
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Después de todos los acontecimientos ocurridos durante el día, que no fueron pocos, decidieron buscar una posada para pasar la noche. Celebrarian una cena especial de despedida para Filia y para festejar que Gaudy ya tenía una espada.
Todos se dirigían alegres al próximo pueblo. El sol se despedía en el horizonte tiñendo el cielo de un color rojizo.
Zelgadis observó a Ameria. La luz del atardecer acentuaba sus dulces rasgos. Era verdad que ya no era una niña, pero eso ya lo había advertido hace tiempo. Recordó como se había asustado cuando ella no parecía salir de la cueva. Pensó que nunca permitiría que nada malo le pasase. Él estaría ahí siempre.
– Ameria...- susurró Zelgadis quizás por temor a que el resto lo oyesen.
La princesa levantó la mirada hacia a él y le regaló una sonrisa. Él se quedó mirandola, después de todas las calamidades, oscuridad y maldad que había visto en su vida era increible tenerla ahí, tan llena de vida, tan alegre, tan pura.
– Si Zelgadis?
El le pasó un brazo por encima de los hombros y la apretó contra si.
– He decidido ir contigo a Seyroon.¿Sabes lo que significa?
Ameria lo miró satisfecha y se agarró a su pecho abrazandolo. Entre sollozos susurró:
– Me alegro de que al fin te hayas decidido... y por supuesto que sé lo que significa.-añadió cogiendo una mano de él entre las suyas.
– Ameria...- susurró de nuevo Zelgadis sobrecogido.
Dejandose llevar por la ternura de la princesa le acarició el rostro con el dorso de la mano.
Pero algo le detuvo...Justicito lo miraba con los ojos rojos de forma amenazadora posicionandose encima del hombro de ella. Cada vez que la quimera intentaba tocar a su dueña, el conejo reaccionaba enseñandole los dientes.
A Zelgadis se le cayó una gran gota por la frente.
– Lo que me faltaba!- lamentó éste- Y ahora tengo que competir con un conejo!
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El grupo continuaba caminando. Ya era noche cerraba. Calculaban que en una media hora estarían cenando sentados en la posada. Pero el tiempo se les pasaba volando. Ahora estaban hablando de todas las fechorias que la hechicera había hecho en esta última correría. Era curioso ver a Ameria y a Rina caminar una al lado de la otra, cada una con su mascota, una con el conejo entre sus brazos y la otra tirando del mensajero atado por una pierna.
– No exagereis!- dijo la pelirroja- Sobretodo cuando esta vez no he usado ni una sola vez mi magia! Tengo unas ganas de usarla que no lo sabéis bien! A la mínima oportunidad lanzaría diez bolas de fuego, ja,ja!
Parecía que la suerte estaba de su parte, porque en un lateral del camino aparecieron dos personajes con ropajes zarrapastrosos y que tenían pinta de no haber comido en días. Parecían amenazarlos con una especie de navajas. Se presentaron:
– Somos ladrones! Arriba las manos y soltad todo lo que tengais de valor!
Gaudy, Filia y Ameria los miraron. Observaron aliviados que Rina no se había percatado de la presencia de los rateros. Intentaron taparlos.
Éstos estaban cada vez más contrariados. Nunca se habían encontrado con víctimas que reaccionaran de esa forma.
– ¿Qué hacéis?¡La vida o el botín!
– Corred antes de que sea tarde.- les avisó Ameria.
– Eso! Si no lo lamentareis- añadió Gaudy.
– ¿Veis a esa pelirroja de allí? Pues que no os vea o si no...- les advirtió asimismo la dragona.
– Pero...-los ladrones protestaron desconcertados.
Pero era tarde. Rina los avistó. Una sonrisa de malicia se iluminó en su cara.
– Ladrones!!Ja,ja!! Parece que los dioses atienden mis peticiones...
– Os lo advertimos.- le reprochó el grupo a los pobres desamparados.
– Bola de fuego! Bola de fuego! Bola de fuego! Bola de fuego!..- Rina conjuraba una y otra vez incansable riendo y dando saltitos en el aire.
– Rina!!- gritó Zelgadis intentando reclamar su atención.
– DRAGON SLAVE!!!- la pelirroja lanzó su siguiente conjuro a dos siluetas recauchutadas.
– Eso duele Rina!- advirtió Filia.
– ESPADA RAGNAAAAAAA!!- conjuró la otra agarrando con su mano un haz de luz oscura.
El grupo gritó aterrado. Su amiga había perdido el control de su misma o lo que era peor, se había emocionado. Ameria le gritó:
– Eso es excesivo!!!
Pero nada, la pelirroja maquinaba que conjuro lanzar a continuación. Los demás temiendo que pudiera invocar a la mismísima Diosa de la Pesadilla Eterna se echaron sobre ella para intentar detenerla. De los ladrones no había ni rastro. Posiblemente se habían desintegrado.
Cuando la redujeron suspiraron aliviados.
– No sabéis lo a gusto que me he quedado.- confesó la hechicera finalmente.
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Filia se removió entre las sábanas, un rayo de sol le acariciaba el rostro como dandole los buenos dias. Entreabrió los ojos. Recordó cuán de importante era ese día para ella. Era el día en que se despediría de sus amigos y se pondría rumbo a Katar para empezar una nueva vida rodeada de los suyos. Estaba muy triste. Despedirse de sus amigos no iba a ser fácil, no después de todo lo que habían pasado juntos. Pero la llamada de la naturaleza era muy fuerte, necesitaba vivir con los dragones, sino se sentiría perdida como antaño.
La época en la que atendía una tienda de cerámica había quedado atrás. Durante aquel periodo había intentado con ahínco adaptarse a la forma de vida humana, intentado relacionarse con ellos, y aunque al principio le había costado, había conseguido finalmente hacer algunas amistades.
Pero el sentimiento de solitud permanecía. Sobretodo después de que Gravos, sin avisar, desapareciera de un día para otro y de que Jiras decidiera marcharse para vivir con su familia. Cuando el pequeño zorro se lo comunicó intentó sonreir y alegrarse por él pero al mismo tiempo su alma caía en un oscuro pozo negro sin nada a lo que aferrarse. Por lo menos, despues la visitó cada cierto tiempo preocupandose por ella y por el estado del pequeño Val.
Ahora Val estaba con Jiras y su familia. Estaba avisado de que a cualquier indicio de que el huevo fuera a eclosionar la avisara con urgencia. Desconocia el tiempo de gestación de los dragones antiguos, podía estar incubandose durante varios años...Demasiado tiempo sola para ella.
La dragona comenzó a recordar el día en que sus amigos humanos llegaron a su casa para proponerle unirse a ellos en la busqueda de una espada para Gaudy. Su estado anímico era lamentable. Se dejó llevar, con muchos remordimientos dejó a Val con Jiras. Y así hasta ahora.
Gracias a ellos había recuperado la alegría de vivir y la suerte le había brindado la oportunidad de unirse a los dragones de Katar.
Se levantó de la cama y comenzó a asearse y vestirse mientras profundizaba en estos y otros pensamientos. Cayó en la cuenta de que a pesar de su renuncia al Templo del Dragón de Fuego y a tener el conocimiento del exterminio de los dragones antiguos por parte de los miembros de su clan, las enseñanzas que había recibido para lograr convertirse en sacerdotisa permanecían muy dentro de ella. El deber, el sacrificio y la lealtad a los miembros de su raza le habían sido impuestos mediante el estudio y una disciplina muy rígida durante 500 años, mucho tiempo para olvidarlo todo a la ligera. Tampoco es que quisiera renunciar a esos valores.
Si una cosa tenía clara es que no quería ser más sacerdotisa. Necesitaba un compañero que la cuidase y poder también ella cuidarle, que la escuchase, entendiese y sobretodo que la amase. Necesitaba además la figura de un padre para Val, para ella sola era demasiada responsabilidad criar y guiar al pequeño en el camino del bien, nunca se perdonaría si le ocurriese algo o no conseguir hacerle olvidar su oscuro pasado. Milgazia se había ofrecido. Ella haría todo lo que estuviese en su mano para conseguir ser una buena compañera para él.
– Ameeeeeeeriaaaa!!!- un grito resonó en todos los rincones de la posada.
Rina pataleaba. La noche anterior antes de irse a dormir había atado al mensajero a la pata de la cama por una pierna. Luego se había metido en la cama con Ameria. Intentó dormir pero Justicito no le dejaba, encaramado en lo alto de la almohada, la observaba con los ojos rojos sin parpadear un instante. Si Rina se daba media vuelta, el conejo se movía hasta ponerse otra vez a la altura de su cara. Y la miraba. Era como una pesadilla.
La pelirroja maldiciendo había optado por coger una manta e irse a dormir a cualquier sofá de la posada, dejando despistada, al mensajero en la habitación.
Ameria dormía profundamente con Justicito que parecía descansar docilmente entre sus brazos. El grito de Rina la despertó. Saltó de la cama para ver lo que pasaba. La cuerda permanecía atada a la pata de la cama pero el mensajero no estaba.
– Ha sido ese bicho orejudo! - acusó Rina.
Ameria miró al conejo. Había bajado las orejitas a los lados y ladeado la cabeza. Es tan adorable!Es imposible que haga cosa mala!.- pensó la princesa.
– Es tu culpa por no atarlo bien! No le eches la culpa de tus errores a Justicito!- le respondió y corrió a abrazarlo para darle besitos.- Cuchi, cuchi, cuchi...!
Rina calló. Tenía ganas de vomitar ante semejante escena. Dió media vuelta bufando y prometiendose a si misma urdir un plan para acabar con el conejo. Luego lo cocinaria y se lo comería. Solo de pensarlo se reía sola.
– Je, je, je! Soy malignaaaaaaa!!- decía atravesando la posada. Todos los que se cruzaban con ella se apartaban de su camino tomandola por loca.
Después de un buen desayuno al fin llegó la hora de la despedida. A Rina y los demás les esperaban cuatro de dias de camino de vuelta a Seyroon. Todos menos la dragona habían lamentado la huida del mensajero. Por su parte Filia, tenía dos dias por delante para llegar a Katar, pensó que podía transformarse en dragón y llegar en unas horas, pero la esperaban con la próxima luna así que decidió ir a pie. Aprovecharia el viaje para meditar sobre su futuro.
-Buaaaaaaah...!!Mucha suerte Filia!- lloraba Ameria a moco tendido- Espero que seas muy feliz!Buaaaah!-le dió un abrazo enorme.
Filia le devolvió el abrazo tiernamente. Estaba tan triste...Hacía esfuerzos estoicos por no echarse a llorar. Intentó animar un poco la situación:
– Venga! Que no es la última vez que nos veremos! Podreis venir a visitarme cuando querais!!
Que ellos la visitasen sería la única forma de verlos de nuevo ya que probablemente nunca más saldría de las inmediaciones del dominio de Katar. Conocía por oídas el carácter rígido y sobreprotector de sus miembros en cuanto a sus costumbres.
– Cuidate mucho!- le abrazó Gaudy.
– Ten cuidado por el camino.- le aconsejó Zelgadis. Aunque se lo había dicho en su habitual tono, Filia sabía de sobras que la quimera le procesaba afecto. No necesitaba escuchar lo que ya sabia.
Rina corrió a abrazarla:
– Te echaremos mucho de menos.- decía mientras se limpiaba una lagrimita que rebelde había logrado escapar de su ojo.- Y por supuesto que te visitaremos!
– Rina...- Filia tenía un nudo en la garganta de la emoción. Mis amigos...-pensaba.
– Y dale muchos recuerdos al mensajero! Dile que pronto haremos un viajecito juntos!!- continuó riendo. Los demás suspiraron. No estaba bromeando, la pelirroja era capaz de todo.
Ya. Era el momento. Ahora debía darse media vuelta y caminar en la dirección opuesta a ellos. Era duro. Algo en ella se resistia. Eran sus amigos.
Pero alguien faltaba... Un pinchazo le atravesó el corazón.
– ¿Y Zeros?- preguntó muy bajito.
El grupo se encogió de hombros. Solo Ameria tuvo la entereza de hablar:
– No ha aparecido desde antes de conseguir la espada.
Filia oyó lo que ya sabía. Sólo necesitaba confirmarlo, oirlo de otra boca que no fuera la suya. Zeros no estaba. No había venido a despedirla.
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Se había puesto en camino. Durante las dos primeras horas sola más de la mitad del tiempo se había tenido que sentar a un lado del sendero presa de la angustia. Las piernas le temblaban y no le dejaban caminar. Tenía la respiración entrecortada.
Al final le fallaron los nervios y gritó hasta cansarse, no le importaba que alguien la oyese. Tenía que desahogarse, llorar. Notaba que si no lo hacía le daria un ataque por la tensión acumulada.
Cuando al cabo de unos minutos se recuperó un poco, se puso a caminar de nuevo. Hablaba sola:
– Después de tanto tiempo... de tantos momentos que hemos pasado juntos...no aparece.- dió un respingo- Me hace daño...-añadió mientras se secaba los ojos con el reverso del vestido y negaba con la cabeza – Yo ya lo sabía. Me he estado preparando mentalmente desde aquel dia para esto, no merece la pena ponerse así. Me habia hecho daño antes...Es un maldito demonio. No tiene sentido que me afecte... Contrólate.- calló durante unos segundos mientras contraia el rostro con un gesto de aflicción, las lagrimas caían sobre sus mejillas - Pero me duele tanto...
Continuó caminando, sus piernas se movian solas. Parecía una autómata. El tiempo transcurría sin pausa. Los parajes que atravesaba también quedaban atrás.
Oyó un ruido en las hojas de la maleza que bordeaba el camino. No se inmutó, pensó que debía ser el viento que se colaba entre el follaje.
- Todo pasa.
Volvió a escuchar el mismo ruido pero esta vez acompañado por un crujido de ramas rotas en el suelo. Eran pasos.
Pensó que debían ser ladrones. Respiró hondo. Zelgadis y Rina le habían avisado sobre esa posibilidad. En un movimiento sacó la maza y siguió caminando como si no hubiera advertido nada. Quizás si veian que iba armada la dejarian tranquila. Se sorprendió de su temple ante la situación. En otro momento su reacción hubiera sido muy distinta. Pero ahora no.
Sus sentidos se activaron. No eran ladrones los que la seguian. Eran demonios.
Se dió media vuelta lentamente. Avistó una sombra que comenzaba a salir de entre la vegetación.
– ¿Zeros?
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Un beso y hasta la próxima!
