FT y sus personajes son propiedad de Hiro Mashima.

Holooo :3, bueno ya con esté capítulo se finaliza la gruvia week, y como es el último decidí hacerlo algo larguito y con final albierto :3, en fin espero que vomiten arcoiris con esta cosa :3, sho me retiro. La verdad me gusto mucho participar en este proyecto...pero los veré de nuevo en la Lyredy week :3, en fin los dejo con la lectura :3


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7.- Sweet.

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Cuando Juvia Lockser era niña en el kínder los niños todos los días y siempre se burlaban de ella, ¿El motivo? No tenía padres. Tenía poco la reciente muerte de sus padres, su tío Metallicana peleo mucho para poder tener a Juvia bajo su tutela, de no ser así la niña sería enviada muy lejos a un orfanato. Cuando Juvia estaba en sus clases de kínder siempre era lo mismo, le lanzaban bolas de papel, una de las niñas siempre la pellizcaba de las manos dejándoselas rojas, los niños le quitaban su sillita cuando ella se iba a sentar, le robaban los colores y los insultos nunca hacían falta. A Juvia le gustaba la hora de la salida, aunque fuese una odisea salir del salón y del kínder ella amaba la hora de la salida porque para esa hora su primo Gajeel, que estaba en un grupo diferente al de ella entraba personalmente al salón por ella y se iban al parque de enfrente a comprar dulces, helados o raspas mientras se quedaban sentados en una banca a esperar a Metallicana, aunque claro nunca faltaba que ciertos mocosos fueran de metiches para seguir molestando a Juvia robándole sus dulces o raspados, eso era mal opción cuando se daban cuenta de que Gajeel les partiría toda la cara.

¿Y Juvia? Bueno ella se quedaba en la banca sentada llorando en silencio, no le gustaba que Gajeel se metiera en problemas por su culpa, y para variar siempre que ella se ponía llorar empezaba a llover. Juvia escucho el ruido de los arbustos detrás moverse, asustada pensando que sería otro niño que fuera a molestarla se puso de pie y voltio por inercia pero no había nadie.

—¿Qué…que es esto? —Dijo al ver que al lado de donde se encontraba sentada hace rato había un pequeño dulce. Confundida seguía mirando en todas direcciones en busca de quien podría haber dejado el dulce, miró por entre los arbustos pero ya no había nadie. Poso sus ojos azules en su pequeña mano contemplando el dulce.


Los años pasaron y tanto como Juvia y Gajeel ahora estaban en escuela primaria. La vida era rutinaria y lo mismo que en el kínder, con la diferencia de que aquí los niños eran más grandes y más abusivos tanto que llegaron al grado de robarle a Juvia el dinero y almuerzo todos los días, y como todos los días Gajeel siempre se miraba envuelto de peleas por defender a su prima. Quien lo viera pensaría que era un dragón defendiendo a algún conejito o algo por el estilo. Y como ya era costumbre la hora de la salida era la gloria para Juvia, aunque ciertos días siempre salían tarde porque la directora los citaba para hablar con ellos y saber qué problema había, porque las peleas que Gajeel con los otros niños eran muy constantes, los profesores nunca eran conscientes del porque era la razón de las peleas en las que Gajeel siempre estaba envuelto y por otro lado nunca sabían nada porque Juvia quería evitar más problemas de los que habían. Un día ambos salieron al terminar la clase, pero Gajeel fue llamado por la directora por cuarta vez en la semana, por lo tanto Juvia se había ido a la pequeña plaza a esperar sola a Gajeel, había llegado y se sentó en la banca habitual, sus pies no llegaban al suelo y jugueteaba con los pliegues de la falda del uniforme. Voltio curiosa hacia un lado buscando con la mirada a ver si Gajeel estaba cerca y como su primo no venía se levantó y miró de nueva cuenta la banca y suspiro, su mirada estaba un poco decepcionada, sintió como alguien le tocaba el hombro y se giró de manera temerosa y rápida, pero solo se topó con un niño peliblanco como de su edad.

—¿Qué quiere de Juvia? —Pregunto con la voz temblorosa y colocando sus manos en la cabeza. —Ella no tiene dinero ni nada que darle, por favor no la moleste.

—Tranquila no te haré nada. —Dijo en niño peliblanco con una amplia sonrisa. —Solo quería darte tu mochila que se había caído de la banca donde estabas sentada.

Juvia lo miro confundida al momento en que el niño le entregaba la mochila y ella la tomaba.

—¡Hey! ¿¡Que crees que haces idiota!? —Se escuchó el rugido de Gajeel, el cual ya se encontraba sosteniendo al niño peliblanco del cuello de su uniforme y fulminándolo con sus ojos rojos. —¿Este idiota te está molestando Juvia?

—¡N-no!...él solo ayudo a Juvia a entregarle su mochila. —Gajeel miró con desconfianza al peliblanco y lo soltó.

—¡Está vez te salvaste!

El chico peliblanco sin mucho ánimo se levantó y se sacudió el uniforme. No le sorprendía que el niño de ojos rojos lo tratará así, después de todo el siempre peleaba así con otro niño. Por otro lado Juvia se había vuelto a sentar en la banca mientras Gajeel había ido a comprar un par de helado para los dos. La pequeña peliazul suspiro y recargo ambas manos sobre la banca, pero en una de estas sintió algo que no estaba antes. Tomo entre sus manos lo que había sentido antes y lo miró con emoción. Era uno de esos dulces que tanto le habían gustado. Desde la primera vez que lo probo cuando estaba en el kínder ese dulce se había vuelto en su favorito, y desde aquel entonces siempre se encontraba con un dulce de esos cerca de ella.


Los años volvieron a pasar y ahora Juvia y Gajeel no eran los niños de aquel entonces, ahora eran adolescentes de segundo año de secundaria. Desde que estaban en Phantom Lord Juvia había conseguido hacer amigos, todos eran hombres y amigos de Gajeel, pero al final eran amigos de ella también, lo cual provocaba cierta envidia en todas las mujeres de la secundaria. Juvia había crecido y sus facciones y su cuerpo eran más femeninos, Gajeel al igual sus facciones se habían vuelto más gruesas, su cabello era un tanto largo y tenía alguna que otra perforación en la cara, sin mencionar que creció a lo bruto. Era uno de esos días en que a Gajeel le había tocado ir a la cafetería a comprar los almuerzos de su grupo de amigos, por lo tanto Totomaru, Aria, Sol y Juvia se quedaban en el salón de clases esperándolo.

—Por cierto Juvia. —Le llamo Totomaru captando la atención de la peliazul. —¿Sigues teniendo de esos dulces que nos diste a probar el otro día?

—Sí, Juvia los tiene, ¿Por qué?

—Había olvidado que Juvia tenía de esos dulces tan ricos. —Argumento Aria en un intento fallido de disimular que iba a llorar.

—Non non non, ¿alguna vez has sabido de dónde salen? —Cuestiono Sol dejando algo confundida a Juvia.

Era cierto y ahora que recordaba. Esos dulces aparecían siempre, y aparecían con más frecuencia cuando ella lo estaba pasando mal.

—¿Has pensado en que puede ser algún admirador secreto?

—¡Totomaru! —Chillo algo sonrojada la peliazul. —¿Cómo le dices esas cosas a Juvia?, por favor no lo vuelvas a decir, Gajeel no sabe nada de los dulces y ahora que mencionas eso de un supuesto admirador secreto a Juvia le podría ir mal.

—¡Pff! Gajeel no sabría de todos modos, además no creas que no sabe lo de los dulces. —Juvia miró a Totomaru con desaprobación. —Nosotros no le hemos dicho nada, no sabemos cómo, pero él se enteró por si solo, además de que no sabe que nosotros sabemos lo de tus dulces misteriosos Juvia.

—Non non non, Totomaru tiene razón en algo. —Juvia y el resto lo miraron con atención. —Esa clase de dulces no pueden aparecer por si solos, la magia no existe, por lo tanto alguien que es demasiado audaz y cuidadoso de que no lo veas es quien te deja esos dulces.

La plática sobre el misterio de los dulces se vio zanjada en cuanto Gajeel había llegado con el almuerzo, habían fingido hablar de cualquier otra cosa que no fuesen los benditos dulces y la hora del descanso termino dando por inicio a las clases nuevamente. A la sexta hora de clases Juvia había pedido permiso de ir al baño, hiso sus necesidades y cuando termino de lavar sus manos se topó con algunas caras femeninas conocidas de sus mismo grupo y otros rostros conocidos de tercer año, la peliazul no tenía buena espina sobre ello al ver la malicia y odio en sus rostros, aunque intento pasar desapercibida cuando iba a tomar la perilla de la puerta y salir fue jalada brutalmente de su brazo y estampada contra los lavabos. Juvia no sabía lo que venía, solo podía escuchar sus insultos y malos tratos, le pegaban, le estiraban el cabello y la abofeteaban. Media hora después tanto Gajeel, Totomaru y los demás estaban preocupados y se vieron en la necesidad de pedir permiso para salir de la clase e ir a buscar a Juvia, sabían que ver a algunas de sus compañeras ir al baño minutos después de que Juvia fuera no era algo bueno. Los demás fueron a buscar en los pasillos y lugares que Juvia frecuentaba para estar sola y por último Gajeel había decidido entrar al baño de mujeres aunque estuviera prohibido. De una patada entro y no vio a nadie, examino el lugar y sus ojos se ensancharon al ver rastros de cabello azul esparcido por todo el suelo, fue abriendo de una patada cada puerta de los cubículos del baño hasta que llego al último y estaba cerrado, escucho unos débiles sollozos que conocía bien.

—¡Juvia abre la puerta carajo! —Dio un golpe en la puerta. —¿¡Que carajos paso mujer abre! —Seguía protestando. —¡Con una mierda Juvia, si no abres la puerta la voy a tirar y sabes que lo haré!

Un último sollozo se escuchó y segundos después la puerta fue abierta. Dejando ver a una Juvia con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar y aun Gajeel demasiado sorprendido. Ninguno de los dos dijo nada y solo se escuchó el sonoro golpe del puño de Gajeel chocar contra los azulejos del baño. Cuando salieron del baño se encontraron en la entrada principal con Totomaru y el resto.

—¿Pero que paso…? —Cuestionaron Aria y Sol al mismo tiempo.

—Ahora sí que ese grupo de hienas locas se han pasado. —Bufo Totomaru con enojo entregándole su mochila a Juvia y dándole un abrazo. Era bien sabido que tanto Totomaru y los demás miraban a Juvia como su hermana pequeña y lógicamente se iban a enojar con cualquier cosa que le hicieran. —¿Qué piensas hacer Gajeel?

—Hablare con Porla al respecto y le diré lo sucedido. —Respondió formando una línea tensa en sus labios y su ceño muy fruncido. —Juvia, espérame donde siempre ¿Sí? —La peliazul asintió. —Si alguien te jode solo haz lo que te enseñamos.

Juvia se fue al parque que se les había hecho costumbre frecuentar desde pequeños a esperar a Gajeel. Cuando la peliazul llego al pequeño parque miró a los niños jugar y correr de un lado a otro, visualizo la banca en la que siempre se sentaba y fue directo a ella, se sentó y coloco su mochila en sus piernas abrazándola.

—¿Por qué todos siempre molestan Juvia? —Se cuestionó a sí misma en bajito ocultando su cara en la mochila. —¿Qué hizo ella para ser tratada así?

Su voz comenzaba a sonar temblorosa y quedada, sus sollozos se hacían presentes de poco y se le miraba temblar levemente. Sintió como alguien le jalaba la falda del uniforme, se enderezo un poco para ver quien la estaba llamando y se sorprendió un poco al ver que se trataba de un niño pequeño de cabellos azules que la miraba de manera curiosa.

—¿Tú eres la niña que siempre llora sola? —Juvia se sorprendió de escuchar las palabras del pequeñín y solo asintió sin darse cuenta. —Creo que no deberías de llorar, todo va estar bien ¿Sí?

El niño le hablaba con tanta confianza y naturalidad que Juvia no pudo evitar sonreír levemente.

—¿Vienes solo? —Le pregunto ella.

—¡Aye! —Asintió el niño efusivamente a la par de que decía esa palabra. —Me llamo Happy y estoy en cuarto año de primaria. —Sonrió ampliamente al presentarse.

—Juvia está encantada de conocerte Happy. —Le sonrió. Era increíble que un niño llamado Happy le transmitiera tanta felicidad y confianza.

—¿Te llamas Juvia? —La pelielazul asintió y el niño llamado Happy sonrió. —¡Qué lindo nombre!...espera un segundo. —El niño dejo de mirarla por unos instantes mientras se quitaba la mochila y sacaba algo de las bolsas de enfrente. —Alguien me dijo que te diera esto, me dijeron que con estos siempre sonríes. —Termino de decir Happy al momento de entregarle una pequeña bolsita llena con los dulces favoritos de Juvia que venían acompañados por una pequeña notita. —Debo irme, mi hermano mayor me debe estar buscando, me dio gusto conocerte Juvia.

Y sin más Happy se fue corriendo lo más rápido que le permitían sus piernitas dejando a Juvia desconcertada. Cuando quiso levantarse para ir con el niño esté simplemente ya no estaba, miró lo que había en su mano y efectivamente eran sus dulces favoritos, pero lo que le llamo más su atención fue la notita de papel color azul que envolvía a los dulces, con sumo cuidado quito la cinta que estaba pegada a la cajita y tomo la notita para leerla.

No debes de estar triste por algo que vuelve a crecer, además
el cabello corto no se te ve tan mal.

Se sorprendió y se ruborizo al ver terminar de leer la notita, llevo una de sus manos a su cabello que estaba sumamente corto mientras releía una y otra vez aquella notita. Sonrió nuevamente y supo que Totomaru y los demás tenían razón. Los dulces no aparecían solos y aunque no se tratara de algún admirador secreto, esa persona que le llevaba dando dulces desde kínder estaba al pendiente de ella.


El tiempo pasó rápidamente y ya habían terminado de graduar de Phantom Lord, habían decidido terminar la secundaria allí misma. Y el tiempo paso nuevamente, ahora eran estudiantes de preparatoria, con la diferencia de que ahora habían decidido entrar en Fairy Tail, así como ellos también habían cambiado Gajeel era mucho más alto, tenía aspecto de chico más rudo y metalero y su carácter era más amargado, Juvia también había cambiado, su cuerpo se había desarrollado mucho más de lo que ya estaba en secundaria, cambio de peinado y ahora su cabello era más largo y siempre lo llevaba suelto dejándolo caer en unas lindas ondas. Cuando habían empezado clases en Fairy Tail, Gajeel había protestado en un principio por estar en una escuela llena de haditas, pero con el pasar de los días se dio cuenta que todo era muy diferente, raro, lleno de locos pero divertido a la vez, Juvia pensaba que era un lugar cálido, pues desde que había entrado nadie la molestaba o algo por el estilo, solo un chico de grado superior llamado Freed, la llamada "Chica Phantom", pero de ahí nada más. Juvia sabía que en ese instituto todo sería diferente, se llevaba bien con sus compañeros, participaba en eventos escolares, salía los fines de semana con un grupo de chicas que siempre fueron amables con ella, supo que Natsu era el hermano mayor de Happy porque en más de una ocasión vio al niño de cabellos azules en la prepa que había ido a buscar a Natsu. Todo era perfecto y cálido para Juvia, lo único malo era que desde que entro en Fairy Tail había dejado de recibir los dulces que le encantaban, sí los recibía de vez en cuando pero ya eran pocas las veces que pasaban. Pero también se dio cuenta de que todos en esa escuela conocían aquellos dulces que eran su perdición, pero decidió no preguntar nada hasta ver que podía saber.

—Mujer, ahorita en la salida tengo práctica de boxeo, ¿Podrás irte sola a casa?

—Claro que Juvia sí puede irse sola a casa Gajeel-kun.

—Bueno…de todos modos no dudes en llamarme si pasa algo o cualquier cosa.

—Sí Gajeel-kun, Juvia lo hará.

Cuando Juvia había salido del instituto decidió dar un pequeño paseo por el parque. Ahora que lo notaba bien, se miraba más pequeño o ella había crecido muy rápido. Pero de igual modo ese parque era un lindo lugar especial para ella, allí recibió su primer dulce. Siguió caminando hasta que se adentró a las traficadas calles del centro, tenía que ir a tomar un tren para llegar a su casa, pero el centro estaba lleno de bastantes personas. Cuando dio vuelta en una esquina choco con alguien provocando que ella callera al suelo, su mochila salió volando junto a las cosas de la otra persona.

—¡Discúlpame! —Dijo una voz varonil de un chico peliblanco ayudando a Juvia a ponerse de pie. —¿Estas bien?

—Juvia lo está, gracias.

—De verdad discúlpame no era mi intención hacerte caer.

—Está bien Juvia lo entiende, los accidentes pasan. —Dijo ella entre risas nerviosas. Miró al suelo y observo que entre las bolsas que llevaba el joven había montones de los dulces que a ella le encantaban. —Esos dulces…—El chico peliblanco la miró confundido y después se sorprendió un poco. —Dónde…¿Dónde venden esos dulce?

El peliblanco sonrió levemente, pero pareció meditar la pregunta de la peliazul. Suspiro y resignadamente la miró, esa mirada azul expectante esperando una respuesta era lo más tierno que había visto en toda su vida. Negó levemente con la cabeza y se inclinó junto a Juvia para ayudarla a recoger las bolsas que él venía cargando.

—A dos cuadras de aquí hay una dulcería, es la única en el sector centro, allí es donde encontrarás estos dulces. —Respondió amablemente.

—¡Juvia le agradece mucho! —Y sin más la peliazul se iba a echar a correr a esa dulcería pero sintió que era jalada del brazo, se asustó, hacía bastante tiempo que nadie la sorprendía de esa manera. Así que se giró de nuevo y se cubrió la cabeza con sus bracos. —¡Por favor no le haga nada a Juvia!

—Tranquila, no te haré nada. —Respondió pacíficamente el peliblanco viéndola con una sonrisa. —Solo iba a entregarte tu mochila, la habías olvidado en el suelo. —Termino de decir mientras le entregaba la mochila y Juvia la tomaba entre sus brazos.

Juvia sintió una especie de déjà vu al escuchar las palabras del peliblanco y sus ojos azules estaban abiertos de manera tan grande que el peliblanco pensó en que se saldrían de su lugar.

—Tú…tú hiciste lo miso de ahora hace mucho. —Al peliblanco le dio un escalofrío por todo el cuerpo, no tenía pensado en que ella lo recordaría y sin más comenzó a reír nerviosamente. —Tú le diste de igual forma su mochila a Juvia.

—Bueno creo que me descubriste. —Dijo entre risas nerviosas y rascando su nuca. —No pensé en que me recordarías.

—Pocas personas han sido buenas con Juvia en el transcurso de su vida, fue fácil recordarte, aunque si no le hubieses dado su mochila a Juvia ella seguro no te recuerda. —Le sonrió mientras abrazaba su mochila. —Gracias, ahora Juvia se va…¿ahmm?

—Lyon, Lyon Bastia. —Se presentó.

—Gracias Lyon-sama, ahora Juvia se retira. —Le sonrió por última vez y se giró para ir a la dulcería pero la voz de Lyon la detuvo de nuevo.

—¡Juvia! —La nombrada se giró viendo al peliblanco de manera confundida. —Hay algo que debo decirte…sé que no debería, pero…yo sé que…—Juvia lo miraba de manera intrigante. ¿Qué podría saber Lyon? —Yo conozco a la persona que buscas…esa misma persona que buscas es quien te ha dado estos dulces. —Le dijo mostrando uno de los paquetitos. —¿Buscas a esa persona cierto?

—¿Cómo lo sabe? —Juvia estaba sorprendida, no tenía idea de que ese chico llamado Lyon conociera a la persona que ella buscaba. —Porque en un par de veces yo le ayude a que te diera de esos dulces sin que tú te dieras cuenta…

—¿La vez de la mochila? —Esa fue la primera vez que le ayude. —¿La de la fuente?, ¿En el festival del tanabata?, ¿El día del niño?

—Sí, sí y sí…todas esas veces que te topabas conmigo era para eso…Yo solo quise ayudar. —Hizo una pequeña pausa y después se aclaró la garganta. —En esa dulcería que te digo podrás encontrar al chico que…—Hizo una pequeña pausa rezando internamente, sabía que esa tarde iba a recibir golpes. —Al chico que…bueno…él cajero que está ahora…es mi hermano…es él quién te dejaba los dulces.

Juvia lo miró muy sorprendida de nuevo. Cuando ella pudo hablar le agradeció infinitamente y volvió a retomar el camino que anteriormente se le había indicado hasta que llego a la dulcería que Lyon le había dicho. Estuvo afuera por un rato. Ahora que sabría quién era la persona que le mandaba los dulces estaba dudosa de entrar o no entrar. Estuvo varias veces a punto de irse, pero a la última vez entro armándose de valor. Sus ojos brillaron como los de una niña pequeña al ver toda la clase de dulces que había en el lugar. Se dio un recorrido por los pasillos del lugar, tomo algunos dulces y cuando llego a la caja para pagar se sentía nerviosa. Sabía que él único cajero del lugar y según por indicaciones de Lyon, era la persona que le daba los dulces a Juvia. Cuando ya se había armado de valor para encarar al cajero unos cuantos paquetes de dulce se le cayeron a la misma repisa de la caja.

—¿Gray-sama?

—¿¡Juvia!? —Él pelinegro parecía sorprendido de verla.

—¿Qué haces por acá? —Se cuestionaron al mismo tiempo, pero el pelinegro le dejo continuar.

—Juvia solo pasaba por aquí antes de llegar a casa…para comprar unos dulces…Juvia no sabía que Gray-sama trabajará aquí.

—Bueno, la dulcería pertenece a mi tía y hay veces que le ayudo. —Respondió hundiéndose de hombros mientras comenzaba a cobrar los dulces que Juvia llevaría. —¿Es todo lo que llevaras? —Ella asintió sonriendo y saco su monedero para pagar al momento en que Gray le había entregado los dulces en bolsas. —Gracias por tu compra.

Pero Juvia negó con la cabeza y Gray se confundió al verla negar.

—Gracias a ti. —Le dijo en voz baja. Gray alzo una ceja y Juvia estaba levemente sonrojada y agacho la mirada un poco jugando con los pliegues de la bolsa. —Gracias por siempre ser tan bueno con Juvia al darle por tanto tiempo dulces para animarla en los peores momentos. —Le sonrió ampliamente con sus pálidas mejillas sonrosadas.

Todas las tonalidades de color rojo subieron al rostro de Gray, y sus ojos grises estaban por salirse del lugar. ¿¡Cómo supo que era él quien le daba los dulces!?

—Lo veré después Gray-sama. —Le volvió a sonreír la peliazul mientras se giraba para salir de la dulcería lo más rápido que le permitieran sus piernas.

Gray seguía sorprendido y con su rostro enrojecido, jamás pensó en que ella supiera su secreto después de tanto tiempo. Y es que desde la primera vez que Gray vio a Juvia llorar fue estaban en el kínder, puede que estuvieran en uno diferente, pero ese día sin querer la vio y desde entonces sintió la necesidad de darle ánimos aunque fuera por medio de dulces, y es que odiaba ver a las mujeres llorar, pero desde que él vio a Juvia llorar por primera vez algo dentro de él cambio. Su plan de dejarle siempre dulces de manera anónima y a veces con ayuda de Lyon siempre funciono. Pero ahora tenía que golpear al imbécil de Lyon por revelar su secreto, pues solo él y Happy lo sabían, pero el hermano menor de su mejor amigo no tenía la culpa, además lo había sobornado bien con darle más dulces.

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~Chachos~