GALLETAS
Capítulo 7: Aun así…
Furioso. Sasuke estaba furioso. Y, todavía más que eso, Sasuke estaba dolido. Jamás había creído que Hinata fuera capaz de cometer semejante barbaridad y eso era lo que más le molestaba, que ella le hubiera traicionado de aquella forma. ¿No era suficiente con haberle roto el corazón? ¿Con haberlo hecho sufrir? ¿Con seguir haciéndolo sufrir? Al parecer no. Al parecer él se había equivocado respecto a Hinata y la chica no era nada de lo que pretendía ser. Era vil, rastrera y muchas cosas más.
O tal vez Hinata no era eso, tal vez Hinata seguía siendo esa chica tímida pero agradable con la que él solía pasar los recesos, la que le ofrecía galletas, la que no se le tiraba encima y con la que tenía un montón de cosas en común y él simplemente pensaba en ella de forma negativa ahora porque estaba dolido.
Bueno, eso no importaba. Ahora Sasuke tenía que preservar su dignidad y llegar hasta el fondo del enredo. ¿Quién mierda había esparcido el rumor? Por más que quisiera odiar a Hinata en ese momento, algo en su mente le decía que la situación no cuadraba. Que ella no podía haber sido, pero, desgraciadamente, las pruebas lo remitían a ella. No había absolutamente nadie en el momento de la declaración. Él se había cerciorado de ello; además, si hubiera habido alguien y hubiera querido perjudicarlo desde un principio, el rumor no hubiera tardado más de tres horas en llegar a toda la comunidad estudiantil.
Caminando en medio de la marea de estudiantes, de chillidos, de lloriqueos, de insultos y burlas a su persona, Sasuke avanzaba con el único propósito de encontrar a Hinata y aclarar todo el asunto. Porque, si había sido ella, eso se iba a poner feo, era lo único que podía decir…
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Ten Ten lo había dicho, que se debía apresurar antes de que todo se enredara más de lo que ya estaba; por eso Hinata corría en dirección a la cancha para ver si Sasuke seguía allí. Necesitaba hablar con él antes de que el rumor llegara a sus oídos, aunque su posibilidad ya era muy baja, pero aún así tenía que esforzarse en encontrarlo.
Llegó al campo de soccer y no encontró ya ni un alma pululando por ahí. ¿Habían timbrado ya? Ella ni siquiera se había dado cuenta; entonces sería mejor regresar al salón, donde seguramente Sasuke estaría, sentado con una expresión de pocos amigos y odiándola más que nunca. Hinata suspiró. Esta día se estaba volviendo más largo de lo que debería ¡y apenas eran las diez de la mañana!
Y como apoyando sus palabras, un grupo de chicas aparecieron ante Hinata, frenando su andar y cortándole el camino. ¿Otra vez? ¿No bastaba con dos ataques a su persona en dos días? Primero Karin, luego Sakura y ahora todas estas chicas. ¿Qué faltaba ahora? ¿Qué un chango volador se le subiera encima mientras un koala con clamidia la orinaba?
—¿Se les ofrece algo? —dijo Hinata, sin titubear, sin tartamudear y sin un rastro de dulzura en la voz. Estaba harta, estaba completamente cansada de esa situación. Si estar con Sasuke iba a ser así todos los días mejor valía que se fuera olvidando del asunto, porque no creía aguantar por mucho tiempo. Más aún cuando ni siquiera estaba segura de que el chico le gustara en serio.
—Ya sabes lo que queremos —habló una chica alta y de cabellos morados (¿acaso en esa escuela no había reglas para la estética? ¿Dejaban andar por ahí a chicas con el cabello morado chillón, rosa chicle y rojo brillante sin decirles nada?) notablemente furiosa y tronando los huesos de los dedos de sus manos. El chasquido resonó por todo el lugar como una advertencia de muerte.
—No. No sé lo que quieren.
—En primer lugar, no deberías hablarnos así —otra chica tomó la palabra, también molesta y con expresión de superioridad en la cara—. Puede irte peor.
—De cualquier manera van a hacerme lo que quieran. Debería por lo menos mostrar resistencia., ¿no creen?
—¡No seas insolente! —gritó otra de las siete que rodeaban a Hinata, lanzándole una bofetada en el proceso.
La segunda que recibo en el día, pensó Hinata con amargura, esto se está volviendo repetitivo.
—Pues no pienso quedarme callada —espetó Hinata a punto de llorar. Estaba cansada de ser tratada así. De que abusaran de ella, que le jalaran el cabello, que le dijeran de cosas, que le escondieran sus libros, que la menospreciaran y la subestimaran. De valer menos que los otros y, por sobre todas las cosas, estaba harta de ser maltratada por causa de Sasuke.
—¿Te crees muy valiente, verdad? —esta vez, la chica no supo quién había dicho ese comentario. Estaba muy ocupada besando el polvo del suelo al que la habían arrojada como para prestar a tención a esas nimiedades.
Todavía con la cabeza gacha y tirada en la superficie llena de tierra, Hinata sintió que alguien le jaló los largos cabellos por la espalda, en seguida un dolor punzante en el área de los riñones la acechó seguido de un montón de gritos que llenaron sus oídos. Una patada en el estómago cortó su respiración y la dejó sin aliento en cuestión de instantes.
La estaban golpeando, la estaban insultando y la estaban tratando como si fuera un costal de patatas. Y Hinata lloraba, más por el dolor causado, por la humillación a la que estaba siendo sometida, a lo impotente que se sentía y a lo indefensa que estaba. Nadie llegaría a ayudarla y sabía que, aunque Ino estuviera por ahí, no metería las manos al fuego por ella. La única que podría hacer eso sería Ten Ten, pero ni siquiera ella podría contra tantas, así que estaba bien que ella no estuviera allí, así no saldría lastimada también.
Pero Hinata no se quedaría allí como una chica tonta y sumisa. Les daría pelea. Así que, con esfuerzos, se levantó de su lugar y se lanzó contra una de las chicas. Le jaló el cabello, la araño, la golpeó, la pateó, lo que sea estaba bien, mientras estuviera dando pelea.
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No aparecía. Hiante no aparecía y una sensación de preocupación se instaló en la boca del estómago de Sasuke. ¿Dónde estaba? Había pasado ya un par de veces por el aula y encontró su lugar vacío (y el profesor le había mirado feo y le había amenazado con reportarlo y llamar a sus padres, pero Sasuke lo miró más feo y lo ignoró).
La buscó en todos los lugares donde un hombre puede buscar a una chica: los sanitarios, el aula, los comedores y los jardines. Obvió la tienda escolar porque ella nunca compraba golosinas, prefería hacerlas, al igual que su almuerzo. De igual manera no apareció, ¿dónde podría estar? Ahora, más que molesto, estaba cansado. Ya simplemente quería aclarar el malentendido y marcharse a casa. Pero creyó que una última búsqueda no lo mataría.
Repasó los lugares ya visitados y no la encontró, mas esta vez extendió la búsqueda a la dirección, la enfermería, la prefectura y al cubículo de la psicóloga.
—¡Sasuke! —una moquienta Sakura Haruno lo llamó. Estaba sentada con la psicóloga, contándole, seguramente, sus penas. Iba a ignorarla, pero Sakura corrió hacia él en un santiamén, por lo que lo próximo que supo era que la chica estaba colgada a su cuello. Ahora ya no podía ignorarla—. ¡Lo siento! Yo no quería… ¡perdón!
¿Ahora por qué se disculpaba? No tenía tiempo, que lo dejara en paz ya, por favor. Por supuesto que Sakura tenía otros planes. Siguió chillando en su espalda, mojándola y sonándose en ella de manera descontrolada. Sasuke se sacudió una y otra vez, pero la pelirrosa no se iba; era igual que una lapa.
—¿De qué estás hablando, Sakura? —preguntó, pensando que si la escuchaba, podría zafarse de la situación más rápidamente que tratando simplemente de alejarla.
—No… no quería que todos se enteraran, Sasuke. Yo… yo sólo… estaba enojada y no pensé en lo que hacía. ¡Lo siento! ¡No me odies! Lo siento tanto… ahora todos hablan de eso… y yo… y es mi culpa… y tú… y Hinata.
La mención de Hinata hizo clic en el cerebro de Sasuke, el cual ya no necesitó preguntar nada más y simplemente sumó dos más dos. Sakura le había reclamado a Hinata (como si tuviera derecho) en frente de todos. Por lo tanto, Sakura había estado presente en su declaración y él no había estado tan solo con Hinata como había creído.
Mierda. Mierda, mierda, mierda y más mierda. La madre de las mierdas. Su vida estaba arruinada. La de Hinata también. Y tal vez ella sufriría más que él. Él podría defenderse, era hombre y todavía era considerablemente popular entre las chicas. Sabía pelear y sabía que nadie en su sano juicio se metería directamente con él. ¿Pero Hinata? Ella era una chica, era débil y, con certeza, jamás se había metido en ninguna pelea.
Sasuke recordó exactamente por qué se le había declarado. Porque quería protegerla. Por eso. Que tal vez ella lo había rechazado, sí, pero eso no cambiaba en absoluto sus sentimientos. Él quería estar con Hinata por más masoquista que sonara (de igual manera, su psicólogo ya le había advertido hacía tiempo, antes de que su padre lo despidiera por charlatán, que él tenía una fijación por recibir dolor, por lo que eso no era una novedad), quería protegerla, estar con ella, hacerla sonreír, pues su sonrisa era una de las cosas más bonitas que Sasuke había visto en su vida.
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Hinata tenía el cuerpo entumecido. Le dolían los brazos y las piernas. Caminaba tambaleándose y, al parecer, a nadie la importaba su estado de salud. Ni siquiera al prefecto, el cual las llevaba directo a la dirección. ¿Y por qué ella tenía que ir allí? ¡Ella no había hecho nada! A menos de que los administrativos de la escuela creyeran que rechazar a Sasuke Uchiha era motivo de reporte y expulsión.
—¿Por qué tengo que ir yo? —habló Hinata en un hilillo de voz.
—El director necesita hablar con todas —fue toda la respuesta que obtuvo.
Siguieron caminando hasta llegar al edificio donde se encontraba la dirección. Hinata tragó saliva. ¿De verdad su día terminaría allí dentro? Se sentía como oveja en el matadero a pesar de que no había hecho nada malo. A menos que defenderse fuera contra la ley, por supuesto.
Jugando con sus dedos como solía hacer de niña, Hinata rebobinó hasta el momento en que su día se fue al garete: con la declaración de Sasuke… ¡si tan solo nunca hubiera aceptado su invitación a comer! Y tan sumida estaba en sus pensamientos que no notó la ola de chillidos que sus abusadoras lanzaron. Tampoco notó que era por causa de Sasuke y, por supuesto, no se percató que el chico se dirigía a ella hasta que lo tuvo en frente de sus narices.
—¿Qué ha pasado? —la voz de Sasuke se escuchaba grave, como si estuviera conteniendo un gran pedazo de bilis en la garganta.
—Yo… —avergonzada, Hinata bajó la mirada. ¿Cómo es que Sasuke podía preocuparse por ella después de lo que le hizo?
—No me lo ocultes, dímelo. Somos… —e inspirando una enorme cantidad de aire, Uchiha hizo un enorme esfuerzo para poder decir sus palabras siguientes—… somos amigos, ¿no?
Por segunda vez en el día, a Hinata le dieron ganas de llorar. El patrón de sus acciones se estaba repitiendo escalofriantemente a lo largo de las horas. Pero no podía evitarlo, Sasuke era tan bueno con una chica como ella, que ni siquiera pudo entender una simple declaración.
—Lo siento —balbuceó Hinata—. De verdad lo siento —y se echó a llorar.
Sin saber qué hacer, Sasuke miró para todos lados. ¿Debería abrazarla? ¿Cómo se reconfortaba a una persona que lloraba? ¡Dios, era tan inútil!
—Déjala, Sasuke —bramó una de las jovencitas que esperaban su sentencia—. Después de lo que te hizo, no merece ni siquiera que la mires.
Si la intención de la chica era buena o no, Sasuke no reparó en ello. Estaba francamente harto de todo ese asunto de las fanáticas que revoloteaban a su alrededor como si fuera alguna clase de celebridad. ¡Quería que lo dejaran en paz! ¡Que lo dejaran vivir su vida! Así que, furioso, levantó la mirada hacia todas ellas y les dirigió unas cuantas palabras que seguramente no olvidarían por el resto de sus vidas.
—Estoy cansado de todas ustedes. Son molestas. ¿Por qué mierda no pueden comportarse como la gente? Si estuvieran muertas, tengan por seguro que ni siquiera iría a su funeral.
Un montón de cracks se escucharon de fondo. Corazones rotas, seguramente. Y tal vez lo que había dicho era demasiado cruel, pero ya no importaba. Era la pura verdad y nunca nadie esperaría que Sasuke Uchiha expresara sus sentimientos correctamente, o que considerara adecuadamente lo que alguien más sintiera. Esa era la esencia de Sasuke, después de todo.
—Además —agregó—. NO VUELVAN a molestar a Hinata, ¿les quedó claro?
Y sin más, Sasuke las dejó llorando a sus espaldas y dirigió su completa atención a Hinata.
—Necesitas ir a la enfermería —dijo—. Te llevaré.
—Pero… estoy esperando al director —refutó.
—Eso no importa. Estás herida. Eso debería de ser prioridad hasta los profesores.
Pasando su mano por su cintura, Sasuke ayudó a Hinata a levantarse e hizo de muleta para que la chica pudiera avanzar. Caminaron en silencio hasta llegar a la enfermería. Hinata estaba demasiado agotada y avergonzada para decir lo que tenía que decir y Sasuke tenía una mezcla de emociones en su estómago que no sabía controlar, por eso no hacía nada. No quería dar otro paso en falso con Hinata como en la mañana.
Llegaron a la enfermería, pero Hinata se quedó parada en la puerta y no quiso avanzar. Debía ser valiente y decirle a Sasuke lo que tenía que decirle antes de que, por alguna causa u otra, todo se volviera a complicar. Tomó aire y miró a Sasuke fijamente. Era ahora o nunca.
—Sasuke. Necesito decirte algo —en su mente, Hyuga se aplaudió a sí misma por no tartamudear ni enredarse con las palabras. Era increíble lo fuerte que se había vuelto en un simple día.
Sí, había pensado en mejor tirar la toalla respecto a Uchiha, pero ya había llegado demasiado lejos. Hasta Sasuke había metido las manos al fuego por ella a pesar de que o había rechazado. Era ridículo retroceder ahora después de todo lo que había vivido, además, ahora estaba un poco más segura de sus sentimientos por Sasuke. Sí le gustaba, tal vez no tanto como a Sasuke le gustaba ella, pero ella estaba conforme con lo que había descubierto.
—Yo quiero… quiero internarlo. Que estemos juntos.
Los ojos de Sasuke se abrieron como platos.
Bitchuelitas, Galletas se acaba en el próximo capítulo, el cual es el epílogo. Este capítulo quedó todo raro y suicida (o algo así), pero espero que les haya gustado. De verdad. Y Hinata hará de comer en la próxima entrega, preparen sus estómagos.
¿Qué por qué no actualicé ayer? Por mensa xD Subí el capítulo al Document Manager y nunca lo agregué a la historia. De hecho, estoy modificando la nota de autor por ello.
Gracias por sus reviews a:
Inmylife
We are fighting dreamers
Kona kana lee
Annii Gabiiz
Kaila maya the whater
Vejibra Striker
Andrea
Pachi
Tokeijikakeno orenji
Rose129
Magiu
Wolfmika
Tsuki Tsuruga
Dark Amy-chan
Kage ni Hime
Stefany BM
LULYHIME
Pochyy
Me fijé que muchos creyeron que Sasuke no dejaría hablar a Hinata. Ya vieron que no sucedió así. Y no lo hice para llevarles la contraria, así lo tenía planeado de antes.
Que tengan un bonito día y perdónenme por mi despiste :p
M.P.
