Lamento mucho el retraso. Este capitulo lo tenía ya terminado y creí que lo había subido. Espero que les guste.
Kishi to Kamo
Hace mucho tiempo, existió una doncella hermosa y de buen corazón que amaba bailar. Su esfuerzos para expresar más belleza y sentimiento en su danza, la llevaron a decidir bailar con la punta de sus pies. Luego de meses de dolorosa práctica, ella logró su cometido presentándose en un magnífico espectáculo. Sin embargo, nadie sabía que recelosamente, tras de sus zapatillas de punta, guardaba un secreto lleno de deformidad y sangre.
El fuerte estruendo del sonido de un tambor les despertó por la mañana tan bruscamente, que ambos cayeron al suelo por el susto. Una vez despiertos y recuperados del golpe, miraron hacia el frente y se sorprendieron.
– ¡Uzura Chan! –Exclamó Ahiru con una gran sonrisa, para luego abrazar a la pequeña marionetita–.
– ¿A dónde te habías ido? –Preguntó curioso–.
–Drosselmeyer-zura –Respondió– Pero con ella después de que se lo tragó.
– ¿Ella? ¡¿Tragar? –Preguntó sintiendo un gran escalofrío recorrer su espalda la ojiceleste–.
– ¡Nindël-zura! –Exclamó tocando el tambor fuertemente–.
– ¿Nindël? –Sí que no entendía nada–.
–Ahiru ¿podrías preparar el desayuno? –Le dijo secamente. Quería evitar que supiera lo que estaba ocurriendo–.
–P-Pero –Al recibir la dura mirada del pelinegro, no pudo hacer mas que refunfuñar y salir por la puerta rumbo a la cocina–. ¿Quién será Nindël…? Aunque quizás sea mejor no saberlo –Se estremeció al imaginarse a una mujer tragándose a Drosselmeyer–. Iuug…
–No hables de Nindël frente a Ahiru –Le ordenó a la marioneta mientras cerraba la puerta de su habitación–. Ella no puede enterarse de lo que está ocurriendo.
– ¿Por qué-zura? –Le miró curiosa–.
–No quiero que se preocupe, quiero que viva tranquila y normalmente –Empuñó las manos–. No importa que lo que pase, yo la protegeré.
–Fakir-zura –Le llamó–. Nindël selló la historia-zura.
– ¿Selló? –Preguntó curioso. Luego se dirigió a su escritorio y se preocupó al no encontrar su carpeta–.
–La encerró en una caja, dijo que era para contener los poderes de "esos dos"-zura –Tocó su tambor de nuevo–. Y me envió para ayudarte a proteger a Ahiru-zura –Fakir abrió los ojos ampliamente–. Si algo pasa, yo te avisaré-zura.
–Uzura –Luego de reponerse del asombro sonrió con dulzura y le acarició la cabeza–. Gracias.
Luego de desayunar animadamente y de dejar a Uzura a cargo de la casa, Fakir y Ahiru se dirigieron hacia la escuela de ballet de la Kinkan Gakuen en donde iniciaron su nuevo día de práctica.
La clase teórica pasó de forma lenta más no tan aburrida, ya que se habló de varias obras básicas de ballet.
–Ah~ –Suspiró Ahiru mientras estiraba sus brazos–. ¡Al fin terminó!
–Eh –Asintió caminando junto a ella en dirección a los camerinos–.
– ¡Ahiru! –Escucharon tras sus espaldas–.
–Toshiro –Se giró sobre sus talones para observar al muchacho y le sonrió–.
– ¿Llegaste bien ayer? –Preguntó caminando junto a ellos–.
–Sí, gracias –Asintió–.
– ¿Ayer? –Fakir levantó una ceja, sintiendo un raro malestar en la boca del estómago–.
–Cierto, no te conté –Miró a Fakir con una sonrisa–.Toshiro ayer me invitó a comer, uh, y el dinero del almuerzo de hoy no me lo des, tengo el de ayer y…
–Hoy planeaba ir a casa a comer antes de irme a hacer mis deberes –Soltó con normalidad, sorprendiéndose de los cambios que él mismo había echo en sus planes–.
– ¿De verdad? –Juntó sus manos con felicidad–. Que alegría.
–… –No dijo nada, sólo sonrió al verla contenta–. Tengo que ser precavido, los personajes de Drosselmeyer pueden estar en cualquier parte y éste chico… –Le miró de reojo desconfiado, y se sorprendió al recibir una sonrisa por parte del rubio–.
–Bueno, yo me adelantaré –dijo Ahiru–. Me demoro bastante poniéndome las mallas. Nos vemos en el salón –Se despidió con la mano, y emprendió una carrera hacia el camarín–.
–Ju… –Suspiró el rubio–. Ahiru es muy linda ¿no Fakir San?
– ¿Qué te propones, Toshiro? –Dijo inexpresivo y sin siquiera voltearse a verle–.
– ¿Debería de decírtelo? –Rió de forma leve y sonrió torcidamente–.
– ¿Qué? –Se volteó enfadado, y le miró a los ojos de forma intimidante–. No te atrevas a acercarte a Ahiru…
– ¿O qué? –Su mirada dulce se volvió dura, y su sonrisa desapareció de forma instantánea al interrumpirle–. Ella no es un objeto, y puedo estar cerca de ella si se me place, siempre y cuando a ella no le moleste –Cerró los ojos y luego los abrió bañados en diversión–. ¿No será que sientes celos?
– ¿Qué dijiste? –Se tensó irritado y empuñó las manos–.
–Eso, ¿o no escuchaste? –Llevó sus manos a los bolsillos y caminó hasta estar a la altura de las orejas del pelinegro–. Y te diré una cosa "Fakir" –Recalcó su nombre sin agregar el san–.
–… –El pelinegro frunció el entrecejo y le miró de reojo sin moverse de su sitio–.
–El que sientas celos no va a evitar que me acerque y luche por ella. Prepárate.
Fakir se quedó de piedra sin decir nada mirando sobre su hombro como aquel chico se alejaba y encaminaba a los camerinos. Toshiro se había atrevido a retarlo, y no a un duelo cualquiera…
–Ahiru es mía –Pensó irritado, mas luego se sorprendió de sus propias palabras–. Demonios, debo hacer algo pronto… De lo contrario…
La clase dio inicio con los ejercicios de barra, en donde Neko Sensei comenzó a percatarse del tenso ambiente que había entre ambos chicos prodigios. Se sorprendió cuando entendió el origen de esa tención y sonrió para sus adentros. Hace mucho que no daba una clase especial de amor.
– Ahiru ven aquí –Le dijo Fakir una vez el martirio de la barra finalizó–.
– ¿Sucede algo malo Fakir? –Le miró curiosa al sentirlo tenso–.
–N-No –Desvió la mirada sentándose delante de la ventana junto a ella–. Solo quiero que estés conmigo –Dijo en su mente, incapaz de dejar que aquellas palabras salieran por su boca–.
– ¿Entonces? –Prosiguió–. Estás tenso Fakir ¿seguro no pasa nada? ¿Te duele algo?
Fakir se sorprendió al ver el rostro de ella tan cerca del suyo. Ahiru había llevado una de sus manos a la frente del pelinegro preocupada por su salud, pero desistió luego de segundos al no encontrar una temperatura anormal en él.
– ¡Ahiru! –Le llamó el rubio con una sonrisa, logrando que se pusiera de pie para ir a su encuentro. Sin embargo, la mano de Fakir sobre la suya, le prohibió caminar–.
– ¿Eh? –Los ojos de Fakir parecían ordenarle que se quedara donde estaba, y ella le miró con aún más curiosidad y confusión–. ¿Fakir qué pasa?
–Fakir déjala en paz, si quiere venir a hablar conmigo no veo que haya problema –Se cruzó de brazos y le miró desafiante–.
–Tú cállate, te dije que la dejaras en paz –Dijo poniéndose de pie y enfrentándose a su rival, cara a cara–.
–Tú no eres su propietario, el que debería dejarla en paz eres tú. Ahiru puede estar y hablar con quien se le de la gana.
– ¡Alto! –Exclamó enfadada, poniéndose al medio de ambos y alertando a todo el salón de lo que estaba ocurriendo–. ¡No entiendo que esta pasando! ¿A que se refieren con dejarme en paz? ¿Somos todos amigos no es verdad? –Preguntó con inocencia mirando primero a Toshiro y luego a Fakir. Se sorprendió a ver una mueca de fastidio por parte de él, quien luego empuño las manos y le miró furioso–. ¿Ver…dad?
–Aish –Se quejó–. ¡Has lo que quieras!
– ¡Fakir! –Exclamó aturdida por su comportamiento, viendo como él se dirigía hacia la salida–.
Sin más, Fakir desapareció del salón dando un portazo, generando un inquietante silencio. Ahiru miró a su alrededor y no comprendía lo que había ocurrido, y ahora entendía menos al ver las acusadoras miradas de sus compañeras.
– ¡Kya! ¡Ahiru está en problemas! ¡En muchos problemas! –Exclamó alegremente mientras abrazaba por la espalda a la chica y casi le quebraba el cuello al rozar con fuerza su mejilla con la de ella–.
– Lilie déjala, la vas a matar –Intervino Pique logrando que Ahiru fuera salvada de la muerte–. Ahiru, no puedo creer que hayas generado en tu segundo día de clases, una enemistad entre esos dos. Ah… –Suspiró–.
– ¡Se va a generar una sangrienta y gran batalla entre los dos chicos prodigios del salón! –Exclamó excitada por la situación–. Eres toda una Giselle entre Albrecht y Hilarion. ¡Que desastroso romance!
– ¿Eh? ¿Romance? –Seguía sin entender lo que había ocurrido. Miró a Toshiro buscando una explicación. Más este solo se encogió de hombros–.
Cuando las clases terminaron, Ahiru se dirigió rápidamente hasta la tienda de antigüedades Schmíed que era la casa de Fakir y Charon, y entristeció al no encontrar al pelinegro. Jugó un poco con Uzura quien con felicidad, tocaba su tambor de vez en cuando y al cabo de dos horas, decidió ir a la academia.
– Te encargo la casa Uzura Chan –Sonrió abriendo la puerta–. ¡Fakir idiota! –Le gritó al silencio al salir de la casa sin siquiera haber comido–. No tendría que ser así, no le entiendo. ¿Por qué rayos se enojó? –Revolvió su cabello quejándose–. Será mejor que aproveche el tiempo para ir a practicar.
Por otro lado, sentado junto a la ventana en el mismo asiento de la biblioteca, yacía Fakir con un libro abierto sobre la mesa. Habían pasado ya dos largas horas y apenas se daba cuenta de que había plantado a Ahiru. Nana tampoco había llegado. El pelinegro suspiró con pesadumbre, no entendía que rayos le pasaba. Se sentía irritado y tenía miedo… Recordó la extraña pregunta que ella le había echo durante la noche y se sobresaltó.
– ¿No será que se enamoró de ese cretino…? –Susurró consternado–.
– ¿Qué cretino Fakir? –Dijo una voz a su espalda, alertándole. Mas Fakir solo desvió la mirada al verle–.
–No es nada Nana, olvídalo.
– ¿Te parece si vamos a comer algo antes de practicar?
– No –Dijo secamente–. Simplemente practiquemos. Quiero irme temprano hoy a casa –Fakir cerró con brusquedad el libro que había sacado para leer, al cual si quiera le prestó atención. Suspiró y comenzó a caminar en silencio–.
– ¿Pero qué le pasa?
Desde hace ya un buen tiempo que estaba practicando en solitario en una de las cuantas salas de Ballet. Rió levemente al recordar cuando Neko Sensei la había transferido a la clase de aprendizaje por su torpeza.
–En ese tiempo, recién había empezado mi historia como Princess Tutu –Le susurró a la nada–.
Se asustó al oír unos aplausos desde el umbral de la puerta, y palideció a ver al señor cara de Gato acercándose a ella.
–Me impresiona Ahiru San –Le sonrió–. Jamás pensé que su pasión por el ballet fuera de tanta intensidad.
–Ah, no jeje… –Se rascó la cabeza nerviosamente–.
–Pareciera como si tuvieras práctica en el baile de pointe.
– ¿Eh? –Le miró aturdida. Que ella recordara, solo como Tutu había bailado en pointe–. N-No es así –Bajó la mirada tristemente–. Soy una persona muy torpe –Rió aún nerviosa–. Así que nunca he bailado en pointe, por eso también creo que estoy atrasada en su clase.
– Tienes razón –Se silenció para pensar, luego le miró serenamente–. ¿Le gustaría aprender? –Ofreció el señor gato amablemente–.
– ¿Eh? ¿Lo dice enserio? –Sus mejillas se sonrojaron por la felicidad–.
–Por supuesto que sí. Premiaré su dedicación con clases especiales de pointe. Creo que tiene talento Ahiru San, me gustaría explotar tus capacidades al máximo para sacar a relucir lo mejor de ti.
– ¡G-Gracias Neko Sensei!
Cuando el atardecer cayó, Ahiru finalmente pudo descansar sus adoloridos pies. Siendo Tutu jamás le habían dolido los dedos, pero ahora como Ahiru y principiante del uso de las puntas que generosamente Neko Sensei le había obsequiado, el dolor le estaba matando.
–Y pensar que este martirio tendré que soportarlo hasta que me acostumbre –Suspiró caminando por los pasillos de la escuela de ballet. Fue entonces que escuchó una música proveniente de uno de los cuantos salones. La puerta estaba entreabierta y curiosa se asomó para ver de quien se trataba–. Uah… –exclamó sin querer al ver como Toshiro caía con elegancia tras dar una piruette–.
– ¿Ahiru? –Le llamó al ver el gracioso mechón de su cabello que siempre terminaba delatándola vez que se escondía–.
–L-Lo siento Toshiro –Se disculpó dejándose ver abriendo más la puerta–. No quería interrumpirte, es solo que me sorprendí. No sabía que bailabas tan bien.
–No es para tanto –rió con amabilidad–. ¿Ya te vas? Podríamos irnos juntos.
– ¿Uh? ¡Claro!
–Espérame mientras me cambio, intentare no demorarme ¿Vale?
–Sí.
Mientras Ahiru esperaba con la espalda pegada a la pared fuera de los camerinos masculinos, el pequeño sonido de un tambor se hizo presente…
–Love, love, zura, zura –Tarareaba incansable la marionetita–. ¡Uoh! ¡Ahiru-zura!
–Uzura Chan –Sonrió con dulzura y se arrodilló para estar a la altura de la pequeña–. ¿Qué estas haciendo por aquí? ¿No deberías estar cuidando la casa de Fakir?
–Ahiru estaba sola sin Fakir-zura –Tocó su tambor de nueva cuenta–. Uzura quiere estar con Ahiru-zura.
– Ya estoy listo –Dijo una voz masculina a sus espaldas–.
–Toshiro –Le sonrió–. Nee Uzura Chan, él es un amigo. Salúdale –Le animó acariciándole la cabeza–.
– ¡Uoh! –Exclamó asombrada–. Toshiro-zura.
–Sí, me llamo Toshiro –Le sonrió–.
– ¡Uoh! –Tocó su tambor con ímpetu–. ¡Toshiro esta en términos love, love con Ahiru-zura!
El rubio se estremeció ante aquello, pero se tranquilizó al ver a Ahiru acariciando la cabeza de la pequeña diciendo que estaba equivocada y que solo había amistad entre ellos. Sintió un gran vacío en el pecho al escuchar aquellas palabras… Después de todo, se había enamorado de esa niña ojos color cielo.
Oscureció prontamente, y esta vez fue Fakir quien llegó a casa primero. Frunció el entrecejo al no encontrar a nadie en casa. Su rostro palideció.
– ¿Le habrá pasado algo a Ahiru? –Se sobresaltó– Maldita sea, ¿por qué estoy practicando una declaración de amor en vez de estar con ella? –Se recriminó–. ¿Y si los personajes de Drosselmeyer…?
Ante aquel pensamiento, Fakir tomó la chaqueta que anteriormente había arrojado sobre la silla y se dispuso a salir. Abrió la puerta con brusquedad y se sorprendió al encontrar a Ahiru frente a su cara.
– ¿A dónde estabas Ahiru? –Le preguntó enfadado–.
– ¿Y a ti que te importa? ¡Tooonto! –Le sacó la lengua y paso por su lado con la frente bien en alto–.
– ¡Fakir-zura, Toshiro está love, love de Ahiru-zura! –Tocó su tambor con ánimo y entusiasmo–.
– ¿Qué? –Se paró en seco al oír eso y se giró para ver a Ahiru–.
–Uzura Chan –Le llamó hincándose para acariciarle la cabeza–. Ya te dije que ambos sólo somos buenos amigos.
– Oh… –Le miró desconcertada–.
–Ah… –Suspiró Ahiru–. Que dolor de pies.
– ¿Qué estuviste haciendo toda la tarde?
– ¿Debería preguntarte lo mismo? –Le miró sobre su hombro sin piedad. Sus ojos echaban chispas del enojo–.
Fakir palideció. Ciertamente le había dejado plantada así que ¿qué derecho tenía de preguntarle lo que hizo durante la tarde?
–Lo siento Ahiru, tuve que hacer y…
–Sí, sí, como tú digas –Se tensó por completo. Realmente estaba enojada, pero también preocupada. Aún no entendía que era lo que estaba pasando con él–. Iré a bañarme…
Un par de crujidos se oyeron por todo el lugar, Ahiru y Fakir palidecieron y se miraron atónitos, segundos más tarde, estaban riendo hasta las lágrimas. Ninguno de los dos había probado bocado desde la mañana.
–Ve a bañarte, yo prepararé la cena –Dijo Fakir aún con una sonrisa–.
–Iba a ir de todas formas –Soltó risueña–.
Un par de horas pasaron entre la ducha de Ahiru, la cena y la ducha de Fakir. Ambos habían tenido un día largo y agotador. La pelinaranja yacía sentada al borde de la cama revisando sus pies, ¡pero cómo le dolían!
– ¿Estás bien? –Le preguntó entrando a la habitación con la toalla colgada al cuello–.
–S-Sí… Sólo me duelen un poco los pies.
– ¿Los pies? –Se acercó curioso y se arrodilló frente a ella, luego sonrió con dulzura y tomó el pie derecho de la jovencita, para masajearlo con delicadeza–.
–Así que esto estuviste haciendo durante la tarde. Te lo estas tomando muy enserio ¿eh? –Se puso de pie ante el sonrojo de la chica–. Espérame aquí, creo que en el botiquín ha de haber un ungüento para las ampollas.
–Fakir… –Susurró mirando como el joven desaparecía por la puerta–. Me alegra, ha vuelto a ser el de siempre –Miró sus pies y se enrojeció nuevamente–. Es tan dulce…
Luego de unos minutos, Fakir irrumpió en la habitación nuevamente y se arrodilló de nueva cuenta para masajear los pies de Ahiru con el ungüento. Se sentía orgulloso de ella, quién iba a pensar que se tomaría el ballet tan enserio.
– ¿Se sienten mejor? –Se animó a preguntar acariciando con dulzura los pequeños pies de ella–.
–S-Sí… –Susurró sonrojada–.
– ¿Cómo fue que empezaste a practicar con las pointe? Sé que en nuestra clase, las de pointe van rotando y son una o dos veces a la semana, ¿cómo es que tú…?
–Estaba practicando en la barra cuando entró Neko Sensei… –Interrumpió con suavidad–. ¡Ay! –Exclamó al sentir un leve ardor en el pulgar de su pie izquierdo–.
–L-Lo siento, ¿estás bien? –Le miró a los ojos. El tiempo pareció detenerse en un instante y ambos, quedaron absortos en el mirar del otro–.
–S-Sí… –Desvió la mirada luego de eternos segundos–.
–Vale… –Susurró apenado. Con lentitud, se puso de pie y se sentó junto a ella en la cama. Quería verle el rostro–. Cada día está más hermosa…
– ¿Pasa algo Fakir? ¿Tengo algo en la cara? –Llevó las manos a sus mejillas, luego a su boca y frente–.
–No tonta… –Negó–. Sólo… quería mirarte –Susurró de forma inaudible–.
– ¿Qué dijiste? No entendí –Pestañó varias veces, confusa–.
–N-No es nada. ¿Qué me ibas diciendo de Neko Sensei?
–Ah –Recordó–. Bueno, cuando estaba practicando en las barras, Neko Sensei entró al salón y se ofreció a hacerme clases especiales de pointe. Dijo que tengo talento o algo así –Sonrió feliz–. Desde que he vuelto a ser humana y he descubierto que esta era mi forma original, creo que bailo un poco mejor.
– ¿Sí? Yo te encuentro igual de desastrosa que siempre –Se mofó–.
– ¿Eh? ¿Enserio? –Preguntó desanimándose–.
–Es mentira tonta –Le golpeó con suavidad en la frente, con un dedo–.
– ¡Oye! –Se quejó llevando una de sus manos a la frente–.
–También creo que has mejorado –Continuó–. Ahiru, creo que mañana nuestras habitaciones estarán listas –Cambió el tema–. Tendremos que llevar nuestras cosas pronto.
– Supongo que sí… –Suspiró–. Extrañaré dormir contigo Fakir…
– ¿Qué? –Su notorio sonrojo salió con brusquedad ante tales palabras–.
–Solo mentía –Y se echó a reír–. Vaya Fakir ¿por qué estas todo rojo? –Se mofó–. No sabía que eras un pervertido.
– ¡Tonta! –Le gritó aún apenado–.
–Te quiero –Soltó de repente, haciendo que el pelinegro se erizara y le mirara con los ojos bañados en sorpresa–.
–Ahiru tú… –Intentó decir–.
–Eres mi mejor amigo Fakir, gracias por estar conmigo la mayor parte del tiempo –Le interrumpió quitándole las escasas esperanzas que se habían generado en su corazón–.
–No es nada, prometí que siempre estaría a tu lado –Desvió la mirada con decepción–.
–Gracias –Susurró con una sonrisa amable–. Bueno, es hora de ponerse a dormir.
–Sí… –Asintió viendo como ella abría las cobijas y se metía en la cama–. Buenas noches Ahiru.
–Buenas noches Fakir –Respondió ella, dándole la espalda–. Uff, eso estuvo cerca –Se tapó el rostro con las mantas y se dispuso a dormir–.
