Disclaimer: A las personas horribles como yo no les pertenecen personajes tan maravillosos, por supuesto… Ay, pobre yo (se lamenta en su propia desdicha).

No voy a pedir perdón, porque me empieza a parecer ridículo. Siempre pido perdón pero parece que soy incapaz de no volver a repetir el error por el que pido perdón. Esta vez no tengo gran excusa. No ha sido el colegio, sino… Más bien yo. No es que me haya dejado de gustar escribir. Yo adoro escribir. No es que le haya dejado de ver la gracia a la historia. Me gusta mi historia, su argumento y sus personajes, y creo que voy a ser capaz de desarrollarla. Es solo que últimamente era casi lo único que me divertía. Así que me obligué a buscar otros hobbies (que los tengo, solo que no tan explotados). Y en eso he estado todo este mes desaparecida. Traduciendo mangas y babeando sobre J.G. Es bastante entretenido. Por eso cuando decidí volver a escribir, porque me parecía que estaba siendo una mala persona, estaba totalmente desconectada y me costó arrancar de nuevo. Pero he vuelto. Hee. Solo quiero que os quede claro que no voy a abandonar el ff, pase lo que pase. Aunque tarde, lo voy a continuar.

Además de toda la parrafada que os he soltado, cuando ya agarré el hilo y no quise soltarlo ni aunque me quemase las manos, surgió otro inconveniente. ¿Es un buen momento para introducir esto? Ha habido dos partes en especial en las cuales he dudado bastante. Pero bueno, me parece que con todo ha quedado un capítulo muy mono. Así que nada a disfrutarlo.

Por cierto se que ha habido problemas con los rr, no se leían o algo así. No aparecían, ¿verdad? Voy a seguir poniendo las respuesta donde siempre, en caso de que no se vean me lo decís por rr, entonces no me quedará otra que poner las contestaciones en un rr a mí misma.

Ah, sí, por cierto. Un pequeño comentario antes de que empecéis. Jake Gylleenhaal es totalmente James Potter. Aja. Y definitivamente aja. Os lo dice quien siempre tiene la razón en este tipo de cosas. ¿No lo veis completamente Potter? ¡Es jodidamente Potter! Haceros a la idea. Porque he visto la reencarnación del amor de mi vida y soy feliz.

Y, hee, una última cosilla, ¿vale? Me han hecho una petición y como yo en cuanto la leí la acepté encantada aquí está. Dedicó este capítulo completa y exclusivamente a Vicky Potter. Espero que sea de tu gusto.

7

Cerramos En Luna Llena

Cuando Jane era más joven había admirado fervientemente a Lily. Y de aquello no tenía ni idea nadie. Absolutamente nadie. Su madre se escandalizaría si supiese que su perfecta y estilosa hija mayor había adorado a una hija de muggles pelirroja.

Para su madre, y muchas otras personas, ser pelirroja era algo… como… malo. Jane nunca lo había entendido demasiado bien, porque, es más, a ella le parecía fascinante. Porque los pelirrojos eran como más únicos y especiales, no como ella, que tenía un corriente color castaño, al igual que el resto del 60 de la población.

A Jane le había gustado Lily desde la primera vez que la vio. Cuando cayó sobre ella y se encontró con los asombrosos ojos almendrados de Lily, su cara pálida, suave y delicada repleta de pecas y la larga melena llena de tirabuzones pelirrojos, supo que había encontrado a su mejor amiga. Hasta hacía unos años no había logrado entender por qué. Por qué tuvo aquel escalofrío cuando la cogió de la mano y la arrastró hasta un vagón libre. Por qué su carácter cambió con ella, y solo con ella. Por qué cuando estaba con ella dejaba de ser una arrogante egocéntrica niña de papá.

Pero con los años, y las dificultades de la vida, lo comprendió. Y la admiración pasó a ser amor. Un amor tan íntimo, tan de hermanas de sangre, que Jane le tuvo que confesar a Lily que si alguna vez la apartaban de su lado a ella le quitarían gran parte de su alma y su cuerpo. Lily tan solo la abrazó aún más fuerte.

Aquel día, en su cuarto año en Hogwarts, con el viento sur jugando con su pelo castaño y las sábanas de la enfermería, Jane se prometió a sí misma que Lily sería siempre su Lily y la mantendría a su lado. Y para eso haría lo que hiciese falta. Incluso cosas que había jurado que nunca haría, como ayudarle. A él.

Mary Jane Potter entreabrió los ojos insegura de lo que se iba a encontrar su alrededor. Estaba en una habitación rectangular en tonos pastel llena de armarios empotrados en las paredes, baldas a por doquier, espejos, largos percheros y multitud de ropa. Había dos sofás beiges victorianos en la parte derecha de la habitación y entre ellos una escalerita de caracol.

La castaña volvió a cerrar los ojos dando un suspiro de alivio al reconocer la habitación como el interior de su baúl. Pero en cuestión de segundos ya estaba de pie y arreglándose el recogido que llevaba. No podía creer que fuese tan cutre como para quedarse dormida en uno de los sofás de su baúl.

-¿Jany? ¿Estás ahí adentro? –La cantarina voz de Kaith le llegó desde la parte superior de las escaleras.

-Mpf. Sí. Me he quedado dormida –Contestó Jane pasando las perchas de uno de los percheros rápidamente en busca de algo que ponerse.

Se escuchó una risa ahogada, después unas pisadas algo torpes bajando las escaleras y en menos de un par segundos tenía a Kaith en pijama frente a ella.

-¿Qué haces todavía en pijama? –Jane se llevó una mano a la frente con preocupación, no encontraba nada que le gustase.

-Tú también estás en pijama, Jane –Apuntó Kaith con tranquilidad subiéndose a uno de los sofás y sentándose de piernas cruzadas sobre él.

Jane se miró a sí misma, y suspiró pesadamente al ver el corto camisón turquesa todavía sobre su cuerpo. Pasó de nuevo la mirada hacia Kaith, pero en seguida se arrepintió cerrando los ojos en milésimas de segundo.

-Kaith. Estoy viendo más de tus bragas de lo que desearía –Masculló la castaña dando media vuelta sobre sí misma y metiéndose de nuevo en la búsqueda de ropa decente.

Kaith agachó la cabeza para cerciorarse, echándose a reír cuando vio que la enorme camiseta de un tal "Coca Cola" apenas le tapaba hasta la mitad de los muslos y que el resto sentándose como estaba sentada se mostraba por completo.

-¿Qué te parece? –Quiso saber Jane descolgando una falda, una camisa y un jersey-. ¿Muy elegante para un sábado normal?

-A mí me parece que siempre estás guapísima, te pongas lo que te pongas. Ya lo sabes.

-A veces pienso que tú estás enamorada de mí, Kaith –Suspiró Jane volviendo a colgar la ropa y abriendo uno de los armarios.

-Quizá lo esté –Rió Kaith levantándose y andando hacia ella-. ¿Quién sabe?

Jane asomó la cabeza desde el interior del armario sonriente.

-¿Tú pasión descontrolada por el sexo opuesto, quizá?

Kaith chasqueó la lengua y torció la muñeca en el aire, imitando a la perfección a Jane.

-Puede que tengas razón, cariño –Aceptó la italiana.

-Oh, Merlín. Me imitas peor de lo que cantas, y mira que cantas penosamente mal –Jane entró de nuevo en su armario y dio un par de vueltas en su interior, sin encontrar nada que le gustase lo suficiente.

-¡Pero si tengo una voz melodiosamente perfecta para cantar! –Kaith iba demostrárselo cuando las manos de Jane le taparon la boca con elegancia, clavándole la perfecta manicura en la mejilla.

-No lo hagas, por mi propio bien, cielo.

Jane la soltó y se alejó de ella entrando en el siguiente armario, contoneando las caderas y colocando un pie delante de otro. Igual que las modelos.

-Tu etapa modelo-musa se quedó para siempre en ti, ¿eh? –Rió Kaith ojeando los abrigos de Jane colgados en los largos percheros.

La bonita risa de Jane inundó la habitación. Y Kaith se felicitó internamente por haber hecho reír sinceramente a doña perfecta Potter.

-George me pidió que no la olvidara. Por si en un futuro tenía que volver a desfilar para él, pero esta vez con él hecho todo un diseñador famoso y deseado.

-George –Kaith puso los ojos en blanco al oír hablar del "diseñador en potencia".

-Nunca entendí porque no te caía bien.

Kaith tiró de una de las gabardinas de cuadros de Burberry y se la probó frente al espejo sin dejar de fruncir el entrecejo.

-Solo le agradezco su contribución en sacarte del agujero que te habías cavado tú solita. De resto por mí se puede pudrir en el infierno –Kaith le sonrió al espejo y se ató la gabardina-. Y antes de que lo digas, sí, él es la primera y la última persona que a mí me caerá mal.

Se volvió a escuchar la risa de Jane y a la vez el camisón turquesa que llevaba puesto se deslizó por la puerta del armario. Medio segundo después Jane salía envuelta en un albornoz blanco con sus iniciales grabadas en el bolsillo derecho y en la espalda.

-Me voy a dar un baño –Jane evaluó a Kaith con la mirada y después le dirigió una sonrisa-. Te queda bien. Que sorpresa.

-¿Eh?

Jane se encogió de hombros mientras subía las escaleras de caracol con Kaith tras ella.

-Como eres más pequeñita que yo pues te debería de quedar más largo. Y como yo tengo algo más de curvas que tú te debería de quedar algo ancho en el pecho y en la cintura… -Apuntó Jane revolviéndole el pelo con cariño.

-Tengo antojo de algo dulce –Comentó Kaith mordiéndose el labio inferior con ansiedad y cambiando de tema tan bruscamente como siempre-. Yo lo gasté todo el miércoles, pero quizá Lily todavía tenga chocolate y lombrices en su baúl.

-Lo más seguro es que todavía tenga toneladas.

-¡Yay! –Chilló la italiana con emoción adelantando a la castaña: subiéndose a la barandilla y andando por ella en puntillas hasta adelantar a Jane un par de metros.

-¡Kaith! –Cuando Jane gritó, la castaña ya estaba viendo a Kaith en el suelo y con la cabeza abierta-. Merlín Santo. Deja de hacer monerías, un día de estos me vas a matar del susto.

Pero Kaith ya no le hacía caso porque había salido del baúl y se había precipitado sobre el de Lily. Tampoco es que le hubiera hecho mucho caso si se lo llega a decir teniéndola en frente y atada con una camisa de fuerza.

-¿Huh? –Fue lo que escuchó Jane cuando salía de su baúl y lo cerraba con cuidado.

-¿Qué pasa? –Curioseó Jane volviendo la cabeza hasta ella.

Kaith estaba arrodillada frente al baúl de Lily con una caja de ranas de chocolate en una mano y en la otra un cuaderno que parecía hecho de humo con unas tapas iguales a frágiles telarañas que se romperían tan solo si uno pensase mucho en ellas, o las mirase de mal humor.

-¿Qué es esto, Jany? –Inquirió Kaith volviéndose hacia la prefecta y señalando el cuaderno con la cabeza.

Jane sonrió maravillada y se lo arrebató a Kaith de las manos, mirándolo por todas las esquinas para cerciorarse de que era lo que ella creía que era.

-Oh, Circe santísima. Es un cuaderno de sueños –Lo susurró extasiada, emocionada, maravillada. Con los ojos brillando como cuando estaba algo borracha. Y es que en ese momento Jane Potter se sintió algo borracha al tener ese cuaderno en sus manos.

-¿De verdad? –Kaith se puso en pie sin soltar las ranas y buscó los ojos de Jane para que le siguiera explicando-. Era lo que mi hermana siempre pedía para Navidad.

-Y yo –Suspiró Jane. No sabía si abrirlo o no. Si lo abría era para decir el sueño. Y… No, no era el momento.

-Pero, ¿por qué Lily tiene uno de esos?

Jane aterrizó con la pregunta y sin tener que pensar mucho en la respuesta puso los ojos en blanco. Le echó otra mirada furtiva al cuaderno antes de quitarle de las manos a Kaith el pañuelo de hilos de oro que desprendía un inconfundible olor a tabaco con cereza y envolver con delicadeza el cuaderno en él.

-Se lo preguntaremos cuando vuelva esta noche –Jane tenía en la cara esa sonrisa 100 por 100 Potter, que tanto atemorizaba a algunos y derretía a otras.

(…)

Lily tenía la uña del dedo pulgar entre los dientes, mordiéndola, no tan fuerte como para romperla, pero si con algo de fuerza. Llevaba la ropa sudada de quidditch y un suave olor a colonia para bebés se respiraba en el ambiente.

La camiseta roja con el escudo de Gryffindor en el lado derecho se le pegaba a la piel, empapada en sudor y lluvia. Los pantalones a conjunto con la camiseta estaban llenos de barro y restos de hierba mojada. Y las botas parecían marrones en vez negras y tenían algunas hebillas sueltas. Algo goteaba sin cesar. Uno, dos, pum. Uno, dos, pum. Era constante. Y los pies de Lily seguían el ritmo inconscientemente.

La Premio Anual respiraba acompasadamente contra su camiseta húmeda. Suspiró. Sacó la uña de entre sus dientes y apoyó las palmas de las manos en sus muslos. Volvió a suspirar. Y Dana la observaba, duchada y vestida, encontrándole gracia al constante tira y afloja de la joven.

-Sé en lo que estás pensando –Dana interrumpió el profundo pensamiento en el que estaba metida su amiga-. Si lo que quieres es esperar hasta que te cabree de verdad, no vas a hacerlo nunca. Porque nunca te va a parecer el momento adecuado.

Lily alzó la cabeza, mostrándole a su amiga sus impresionantes ojos verdes, que por primera vez en toda la tarde no se mostraban algo ausentes. Dana sintió que durante un par de segundos se olvidaba de cómo se hacía eso de respirar.

-No es eso, Dana –Lily se levantó. Dio un par de pasos hacia su amiga. Giró sobre sí misma y en vez de volver a su sitio comenzó a andar de izquierda a derecha-. Ya me ha provocado –Una sonrisa ladeada. Silencio durante un par de minutos-. La cuestión es el sueño.

-Ah –Los labios de Dana quisieron sonreír, pero los músculos no se movieron ni una milésima de centímetro-. ¿No querrás meterle una pesadilla, no?

Lily se detuvo volviendo la cabeza hacia la rubia que la miraba impasible. Ella era mala con él, pero tampoco era cuestión de atormentarle, incluso en sueños. Además la razón de la apuesta era enamorarle, no hacerlo desdichado. Suspiró.

-No. Definitivamente no. Pero hacerle soñar con algo para que me desee, es algo que tampoco necesito, ¿sabes? –Lily se mordió el labio inferior ausente de nuevo, sus ojos verdes recorrieron el suelo del vestuario de chicas-. Quiero confundirlo. Quiero que se dé cuenta de lo mucho que le gusto, aunque él lo niegue por activa y por pasiva.

-Te ha afectado demasiado el comentario ese que soltó el otro día, Lily. Ya no piensas con el cerebro –Opinó Dana cruzándose de brazos.

Lily volvió la cabeza de nuevo hacia la rubia con una ceja alzada. Tenía una expresión algo desafiante. Una expresión que decía algo así como "¿Y a ti no te habría afectado? Ah, no. Tú le partirías la cara, directamente".

-"Solo tengo un estúpido encaprichamiento con ella, Giselle. Ya sabes, por la cosa esa de que es la única que me ha dicho que no. Cuando diga que sí, se irá a tomar viento fresco y tendré todo el tiempo del mundo para ti". Será hipócrita y…

-Cabrón -La pequeña Yuri Angel envuelta en una toalla blanca y con su largo pelo morado goteando pasó delante de ellas, sonriéndoles en señal de disculpa por haberse entrometido en la conversación.

-Antes de que él me mande a tomar viento fresco, él estará con ese orgullo y esa prepotencia que le sobra enterrado a dos metros bajo tierra. Vivo si hace falta –Aseguró Lily haciéndose una cruz sobre el corazón en señal de juramento-. Si eso no ocurre me dejó de llamar Lily Evans.

-Que pasional eres cuando hablas, Lily –Comentó Dana con un tonillo ligeramente burlón-. Y te tengo dicho que dejes de jurar de esa manera. En el mundo mágico esa es una de las peores formas de jurar algo.

Lily le dirigió una mirada incrédula.

-E…

-Lo sé. Lo sé. Hay formas peores. Pactos de sangre, juramentos entre dos personas, utilizando la varita… Pero eso ya es magia negra –Farfulló Dana antes de que Lily comenzase a hablar.

-Tengo oído que tú especialidad son los pactos de sangre, Dana –Declaró Yuri subiéndose los calcetines con una sonrisa-. Te debieron de enseñar bien en casa.

Si Yuri hubiera estado atenta a la mirada de Dana en vez de fijarse en todos los hilos que podía tener su calcetín, habría podido disfrutar de la peor de las miradas que alguien podría dirigir a otra persona. Lily estaba segura de que si en ese momento un ser vivo hubiese pasado entre la mirada de Dana y la cabeza de Yuri, se habría desintegrado.

-Dana sabe hacer muchas cosas –Rió Lily para rebajar lo tenso que estaba el ambiente-. Es una chica muy inteligente y extraordinaria –Lily la miró con cariño y la rubia se relajó sacudiendo la cabeza y cogiendo sus cosas dispuesta a salir del vestuario.

-Me voy. Tienes reunión con Pott, ¿verdad?

Lily asintió y la bateadora despareció tras la puerta de los vestuarios. En cuanto la puerta se cerró por completo, la pelirroja saltó sobre Yuri dispuesta a estrangularla.

-¿¡Cómo se te ocurre decir eso, Yuri?

-Es lo que me habían comentado –La buscadora se encogió de hombros con simpleza.

-¿Y quién te lo había comentado? –Lily intentó recordar las amistades de Yuri y terminó dando frente a dos sádicas gemelas-. Las Lefèvre. Nada de lo que digan esas dos es muy fiable. Además llevan años rogándole a Dana un dichoso pacto de esos.

-Lo sé –Admitió Yuri poniéndose en pie y echándose la bolsa de deporte al hombro-. Y si se lo lleva rogando durante años será por algo, ¿no?

Lily se quedó en silencio, sin estar muy segura de que contestar. Por supuesto que Dana era una experta en magia negra, pero pactos de sangre…

-El silencio otorga, Lily –Yuri le sonrió desde la puerta y después la cerró sin demasiado interés en si la pelirroja le quisiera contestar o no.

-Dichosa niña… -Masculló Lily quitándose la ropa del entrenamiento para meterse en una de las duchas.

(…)

Dana tenía unos andares desgarbados casi masculinos. Algo que sacaba de quicio a sus amigas que intentaban cada día inculcarle algo de elegancia y feminidad, sin mucho éxito. A Dana le gustaba andar así, más que nada porque esos andares iban con su personalidad y eran todo lo contrario a lo que le habían enseñado cuando era más pequeña.

-Ey, Dana –Una voz masculina y con un toque muy Potter.

Dana dio un largo suspiro.

-¿No tienes a ninguna chica con un 2 por ciento de masa cerebral a la que molestar?

John se rió. Se rió de esa forma tan masculina con la que decía "soy todo un macho-man" y que era una de las pocas cosas que a Dana le sacaba una carcajada desde el fondo del estomago.

-¡Deja de reírte así, maldito niño psicópata! –Gruñó Dana entre risas sacando su bate de su bolsa y amenazándole con él.

John dejó de reírse pero no borró su sonrisa Potter. Estaba orgulloso de ser el culpable de hacer reír a Dana "nunca sonrío, nunca me río, son cosas que no vienen en mi manual de instrucciones" Rookwood.

-Me gusta verte reír, Dana –Admitió el moreno mirándola por el rabillo del ojo-. Te brillan los ojos y tu cara se ilumina.

-Si hablas así te pareces a Wood –Comento la rubia molesta haciendo una mueca-. No quiero más acosadores, gracias.

-Pobre, Allan. Se merece algo más que el título de acosador, ¿sabes? –John se ordenó el pelo con el dichoso tic de mover la cabeza hacia un lado-. Después de todo te ha aguantado más de lo que te aguantará nadie.

Dana alzó las cejas al ver al más joven de los Potter mirándola completamente serio y se llevó una mano a la nuca acariciándosela con suavidad.

-Ha aguantado todo eso porque tiene una meta que yo no pienso permitir que cumpla –Dana había fruncido el ceño profundamente y jugaba con el bate que llevaba en la mano derecho.

-Eso no es así. Allan no es como yo, o como Sirius o como James –Le aseguró John con energía-. Va en serio.

-Oh, por Merlín, John. ¡Todos sois iguales! No me vengas con tonterías, que me he criado entre hombres.

-¡Agh! Ya volvemos a empezar con lo mismo de siempre –John se masajeó las sienes con impaciencia-. No sé porque siempre que hablamos de Allan Wood terminamos con el mismo tema: "Dana Rookwood la que tiene el master en hombres".

-Lo tengo, joder –Masculló Dana haciendo que el bate girara sobre su mano y terminará en su palma-. ¡Agradezco haber tenido la educación que tuve! Porque os conozco mejor que ninguna de esas estúpidas que os tiene medio idolatrados.

-No todos somos iguales, Dana –El guardián la miró dolido y sacudió la cabeza-. Tu infancia fue dura, tu relación con el sexo opuesto no es la mejor, pero por eso no todo tiene que ser negro o blanco. ¡También puede ser gris!

Dana lo miró divertida y dio una vuelta más a su bate mientras sacudía la cabeza.

-Cuando crezcas volveremos a tener esta conversación, Johnny –Finalizó Dana después de dar un largo suspiro.

-Ya no soy ningún crío. Y quiero que dejes de tratarme así. Te he demostrado varias veces que no lo soy.

Dana miró afablemente al joven y le revolvió el pelo ganándose una mirada que le cortó en dos.

-No te enfades. Por lo menos no te trato como tu hermana, o como tu madre.

-Pero eres la persona en la que más confío, y la que siempre esta ahí para mí. Quiero que por lo menos no me trates como un crío, Dana.

La rubia bostezó tapándose la boca con una mano y la otra, en la que llevaba el bate, estirándola.

-Es que no puedo evitar tratarte así. Te conozco desde que tienes 10 años, cuando no eras más que un crío y te pegabas a mí culo como si fueras una lapa y te fascinaba mi forma de ser.

John rió más animado mientras asentía.

-Es que eras toda antipática con todo el mundo y además te pasabas el día sentada en el sofá de piel de Jane cortando velas en láminas chasqueando los dedos, y cuando hablabas siempre empezabas a corregirte a ti misma, recriminándote el utilizar el tono pijo que te habían inculcado en casa.

-No me lo recuerdes. Todavía cuando utilizo las palabras orgullo y sangre sucia, la g me sale muy profunda y las s me salen muy largas –Suspiró Dana chasqueando la lengua.

-Pero lo has corregido bastante bien.

-Porque sino lo corregía me hacía esto –Dana le enseñó el hombro desnudo y la tira del sujetador al bajarse la camiseta para mostrarle los cortes que se hacía cada vez que utilizaba el tono pijo.

-Me gusta tu sujetador. Es negro. ¿Me lo enseñas entero?

La mano de Dana voló a la nuca del moreno, propinándole un buen golpe que resonó por las paredes del colegio.

-Mi teoría cada vez es más acertada –Dana dio un suspiro lleno de dramatismo, igual a los que daba Jane o Lily-. Te estoy enseñando los cortes que me hacía y tú te fijas en la tira del sujetador. John, santo Merlín, eres un banco de hormonas andante.

-Dana, ¿qué chica de Gryffindor se ha resistido a mis encantos? –Inquirió el guardián ignorando a la rubia y sus miradas asesinas.

-¿Y por qué diablos tengo yo que llevar la cuenta de tus ligues?

-¡Por qué es a ti a la que le cuento todo! –Gimió John agarrándose a la manga de la camiseta de Dana.

-Deja de comportarte como un crío mimado. Y luego me pides que no te trate así.

John omitió el comentario de la chica y continuó agarrado a ella.

-¡Cirene! Yo no he salido con Cirene –Saltó sorprendido el banco de hormonas andante-. Y no es nada fea. Es muy mona. Ahora que lo pienso es una de las chicas más monas… Sí…

-Por favor… -Suspiró Dana sacudiendo la cabeza y cerrando los ojos.

-¿Te parece que mi hermana es fea? –Inquirió sorprendido Allan Wood frente a ellos.

Dana abrió los ojos con dificultad y volvió a bostezar.

-¿Por qué estás aquí, Wood? –Dana estudió la cara del castaño y alzó una ceja peligrosamente-. No hay muchos sitios a donde ir por el pasillo que solo lleva a la sala común de Gryffindor, ¿lo sabías?

John soltó a Dana a la vez que se le escapaba una risita burlona.

-¿Y quién ha dicho que no esté aquí porque quiera ir para allí? Quizá esté esperándote, ¿o quién sabe? Quizá a otra persona.

Pero Dana había decidido no hacerle caso y escurriéndose por el hueco que había entre el capitán del equipo de Ravenclaw y la pared, andaba camino a su sala común tarareando una canción sobre el suicidio de una joven bruja celta.

-Has quedado en ridículo –Apuntó el joven Potter burlonamente.

Allan lo fulminó con la mirada e hizo notar su altura y anchura frente al delgaducho, aunque atlético joven.

-Vamos cálmate, cachas –John le dio unas palmaditas en el pecho inflado sin dejar de sonreír-. Con Dana esas técnicas son como si no hicieses nada.

-No son técnicas. He quedado con alguien, de verdad.

-Ya bueno, ¿y qué? No tienes porque restregárselo a Dana por la cara, así empeoras las cosas. Porque demuestras que quieres que ella lo sepa, que tienes un especial interés en que ella se entere. Así ella hará caso omiso. Si en vez de guardarte ese poco orgullo que Dana no te ha aplastado, me pidieses consejo, adelantarías algo –John alzó las manos en señal de "es cosa tuya" y echó a andar.

-¡Al! –Una voz algo entrecortada por la emoción rebotó en el pasillo. La voz provenía de una chica largo pelo negro y ojos marrones que pasaba en ese momento junto a Dana.

La rubia la siguió con la mirada y enarcó las cejas, sorprendida. John hizo lo mismo y miró interrogante a Allan que sonreía encantadoramente a Ann Hooper.

-¿Vamos? –Preguntó la joven inclinando ligeramente la cabeza.

-A donde tú quieras –Le ofreció el brazo a lo que la joven soltó una risita totalmente estúpida, en opinión de Dana que todavía miraba sorprendida a la pareja.

Cuando desaparecieron tras la esquina, Dana pasó su mirada al guardián que se encogió de hombros igual de incrédulo que la rubia.

-¿Has salido con ella?

-Sí –Admitió John pensativo-. Aunque parece algo tonta es una de las chicas más inteligentes de mi curso. Y una engatusadora profesional. Uf. Wood corre peligro con Hooper a su lado.

Dana puso los ojos en blanco después de escuchar la "descripción" de la joven y continuó su camino.

-Me temo que con esto Wood se te escape de las manos y no puedas formar una "happy family" con él.

-¿Quién ha dicho que yo quiera eso? –Inquirió Dana ligeramente divertida.

-Es obvio.

-Ya. Seguramente por eso Wood ha desistido finalmente y me ha dejado en paz –Dana alzó un brazo al cielo y reprimió un grito de alegría-. ¿Debería gritar?

(…)

Cuando Lily salió del vestuario aquella tarde llovía con fuerza. El césped estaba ligeramente inundado y de los techos de los vestuarios bajaba una gran cantidad de agua. A Lily la lluvia le gustaba. Le gustaba ver llover, siempre y cuando ella estuviese resguardada cerca de una chimenea y envuelta en una manta.

Llegaba tarde a la reunión con Potter, y lo sabía. A esas horas no debía de haber nadie en el campo de quidditch, sin embargo se equivocó. La pelirroja se sorprendió al ver una figura masculina de pie justo en el centro. Tenía los brazos extendidos y la cabeza alzada hacia el cielo.

Lily no pudo evitar sonreír al verle ahí. Tenía una vaga idea de quién era y de qué hacía ahí. Apretó el mango del paraguas y se encaminó hacia él. Las suelas de los zapatos contra el césped inundado hacían un curioso ruido, y la cazadora sentía que poco a poco se le estaban inundando a ella sus propios zapatos.

No se giró cuando Lily llegó a su altura y se colocó tras él, felicitándose a sí misma por haber adivinado quien era a tanta distancia. Y es que solo alguien como James Potter tendría aficiones tan raras.

Un rayo estrió el oscuro cielo escocés, formando una cicatriz, que parecía un sueño que aparece y desaparece en cuestión de segundos. Y después, el ruido. Un bramido que retumbó en todas las torres de Hogwarts y que los dos adolescentes sintieron dentro de su cuerpo.

Era la última tormenta de verano y James la recibió en silencio. Eléctrico. Tenía la piel erizada y los ojos cerrados. Estaba completamente mojado y tenía las gafas empañadas y llenas de gotas de agua. Respiró hondamente, llenándose de todos esos olores que solo se huelen así cuando llueve: la tierra húmeda, la hierba y los árboles, y, esa vez, única y especial, James también olía el delicioso olor de Lily Evans.

Lily no se atrevió a interrumpir. Se quedó en silencio observándolo y disfrutando del espectáculo que la naturaleza les estaba dando. Un espectáculo tan lleno de magia que Lily sentía que en cualquier momento toda esa magia se le iba a desbordar.

-¿Puedes sentirla, Evans? –Al principio la voz de James sorprendió a la pelirroja, después fue la pregunta.

-¿El qué? –Lily no entendía muy lo que quería decir con aquello-. ¿La lluvia? Seguro. Me está inundando los zapatos.

James tosió y soltó una carcajada a la vez. Se giró quitándose las gafas a la vez e inclinó la cabeza para mirar mejor a la Premio Anual que se resguardaba en su paraguas.

-No –Sacudió la cabeza con ímpetu y buscó de nuevo la mirada de la pelirroja-. Tienes que sentirla, Evans. Toda esta…

-Magia –Terminó Lily dando un largo suspiro-. Claro que la siento.

-Y eso que estás toda señorita tapada por tu paraguas.

-Si lo que crees es que voy a empaparme como tú, estás equivocado –Le avisó Lily antes incluso de que la idea pasase por la cabeza de James.

James sonrió, se acercó a ella con cuidado y Lily sintió ese aroma a menta y a chico que siempre desprendía el joven. Cogió el mango del paraguas para tirarlo a un lado, rozando su mano con la de ella, y formuló por primera vez la pregunta que incluso meses después retumbaba en la cabeza de Lily Evans.

-¿Puedo besarte? –James Potter tenía la cabeza inclinada hacia ella y esa mirada, un torbellino de colores avellana y dorados. Y Lily sintió calor en el cuello.

Lily tenía muy clara la respuesta. Y el no entraba ni con pase VIP. Pero aquella había sido una tarde extraña. La tormenta. James Potter viviendo tan intensamente la tormenta. Toda aquella magia. Y finalmente, las gotas de agua cayendo sobre ella mezcladas con el hipnotizante olor del joven y sus maravillosos ojos.

Por eso cuando sintió sus manos calientes rodeando su cuello y sus pulgares subiendo por sus mejillas, no se escandalizó, ni le gritó, ni le detuvo. Estaban cerca, muy cerca, se rozaban las rodillas y James se mojaba los labios con la lengua sin dejar de acercarse a ella. Sintió un roce cálido y húmedo, no en los labios, no en la mejilla, sino un poco más abajo donde los tirabuzones pelirrojos le hacían cosquillas a James en la mano.

BROOM. El cuerpo de Lily vibró de arriba abajo, empezando por sus pies y terminando en su cabeza, gritándole un claro: ¡Qué diablos te crees que haces! Con una voz muy parecida a la de Dana.

Lily se separó inmediatamente de James con los dedos del joven todavía enredados en sus tirabuzones. James los soltó pacientemente sin dejar de sonreír, como si acabara de ganar una guerra bastante complicada.

La Premio Anual hizo caso omiso a la sonrisa desquiciante del moreno y echó a andar hacia el castillo moviendo la muñeca con su varita en la mano para que el paraguas volara hasta ella. James se llevó la mano que segundos antes había estado enredada en el pelo de Lily y aspiró el olor que todavía se conservaba. Un suave olor a leche con canela. Tan dulce como solo podía ser Lily en ocasiones.

-Eh. Espera –James echó a correr tras ella alcanzándola a la mitad de trayecto con su sonrisa imborrable. Lily hizo como que no le había visto y mantuvo la vista clavada en las puertas del castillo-. Sobre lo de antes…

Lily giró la cabeza con repentino interés, con una ceja alzada y los labios entreabiertos.

-¿De qué estás hablando, Potter? –Olvidadiza. Sí. Cuando a ella le interesaba.

James sonrió más ampliamente y se revolvió el pelo seguidamente para sacudir las gotas de lluvia que se habían quedado ahí. Un último rayo cruzó el cielo. Y después nada. Tan rápido como había empezado a llover con fiereza, se había acabado.

Lily cerró el paraguas a la vez que comenzaba a subir las escalinatas de piedra de la entrada, ignorando de nuevo al atractivo cazador tras ella. Cuando cruzó el umbral de la entrada sintió una punzada en la mano e instantáneamente apareció delante de sus ojos una clara W escrita con su propia sangre sobre su piel. La pelirroja hizo una mueca y giró sobre sus talones para quedar frente a James, de nuevo.

-Tengo algo que preguntarte –Confesó la pelirroja que una vez que había conseguido la atención del cazador continuó andando.

-¿Por qué no te he besado en los labios?

Lily lo miró confusa, como con algo de miedo, la pareja de alumnos que pasaba por ahí justo en ese momento se quedó quieta y en silencio esperando la contestación de la pelirroja.

-¿Me estás volviendo a contar alguna de tus fantasías, Potter? Santo Merlín, sabes que me dan igual, mientras sean solo eso. Fantasías.

La pareja de alumnos se sonrieron aliviados y continuaron su camino sin darle más importancia a la conversación que habían escuchado por error.

-Lo que tenía que preguntarte era "¿a qué estás encantado de tener una cita con Charlotte Wolf el viernes por la noche de la semana que viene?" –Lily lo soltó todo de una. No se sentía demasiado segura de sí misma aún para echarle morro a esa pregunta.

James parpadeó para después quedarse pensativo. ¿Charlotte Wolf era…? Ah. La mafiosa.

-No le veo mucho sentido a eso. ¿Es algún truco para ganar la apuesta? –Lily se echó a reír y James sabía que eso era un claro no-. Entonces, ¿no pretenderás que me haga algo raro para ganar la apuesta?

-No, y no, Potter. Charlie solo quiere una cita contigo.

-¿Desde cuando te has vuelto toda una celestina? –James sonrió ladeadamente. Si no recordaba mal Charlotte Wolf era según Sirius, "la típica con la que quieres volver a repetir y ella te dice que ni en sueños, y entonces todavía quieres repetir más, y eso propensa a la violación". La verdad es que las descripciones de Sirius eran algo extrañas-. Me da igual –James le cortó en seco la contestación a Lily-. ¿Dónde puedo encontrarla?

-Ahora no vas a ir a buscarla –Le advirtió Lily subiendo las escaleras hacia la sala de Premios Anuales-. Y para asegurarme de que no lo haces, te lo diré cuando terminemos la reunión.

(…)

La parejita de oro ese año se temía que iban a ser Sirius y Kaith. En un par de semanas se habían vuelto inseparables. No se sabía donde empezaba uno y donde acababa el otro.

El 50 por ciento de las chicas de Hogwarts se pasaban el día quejándose por esto y mirando de malas maneras a Kaith. Las otras 50 odiaban a Sirius por haber sido despiadado con ellas y se compadecían e intentaban disuadir a la chica. A la morena no le importaba demasiado, al revés, ella les sonreía ampliamente y las saludaba como si no ocurriera nada fuera de lo normal. Demasiado feliz de que todo fuese sobre ruedas llevando solo un mes con Sirius como objetivo. Normalmente le costaba más. Hasta navidades o así no conseguía nada.

Por otro lado, Sirius continuaba igual que siempre. Aunque Kaith le rogase por activa y por pasiva que intentara calmarse un poco. Y tener una cita cada cierto periodo amplio de tiempo. Según Sirius "la renacuaja exigía mucho y él no estaba para hacer cambios bruscos".

Y con todo eso la pregunta que más se hacían todas las chicas de Hogwarts era la que en ese preciso instante le hacía Giselle Golden a Sirius.

-Pero, ¿por qué tienes que estar tanto tiempo con ella? ¡No tiene nada de especial! –Se quejó Giselle echándose el pelo rubio hacia atrás con impaciencia.

Sirius hizo caso omiso a la Hufflepuff y dio media vuelta cansado de la dichosa pregunta.

-¡Sirius! –Chilló la rubia después de parpadear durante un par de segundos atónita porque el joven no había contestado a su pregunta.

Sirius la miró por el encima del hombro con desdén.

-Lo que haga o deje de hacer, y el porqué, no son cosas en las que debas entrometerte. ¿Entendido? –Sirius hizo una mueca, molesto y giró la cabeza-. Y ahora, ve y comunícaselo a las demás.

-¡Te está convirtiendo en un monstruo! –Sollozó la Hufflepuff mordiéndose el labio inferior.

Sirius soltó una carcajada-ladrido y sacudió la cabeza.

-Yo ya era un monstruo hace mucho tiempo, Giselle. Que no te hayas querido dar cuenta hasta ahora no es mi problema. Así que vete a llorarle a otro –Y desapareció tras una esquina con esos andares tan llenos de chulería que daban arcadas.

Giselle se quedó de piedra en la posición en la que el moreno la había dejado. El labio inferior aprisionado por dos perfectas paletas blancas, una mano recogida junto al pecho con el puño apretado y la otra estirada hacia abajo. Acababa de destruirle en cuestión de segundos la imagen que había estado construyendo de él durante siete años.

Escuchó unos pasos apresurados tras ella, algo rodar y después la goma de la suela de unas deportivas frenar junto a ella. En seguida vio las pálidas manos de Kaith rodear sus brazos y pegarle una fuerte sacudida.

-¿Estás bien? –La voz le salía entrecortada por la carrera. Y su pecho subía y bajaba velozmente-. ¿Ha sido desagradable contigo? No se lo tomes en serio, por favor.

Giselle entornó sus claros ojos y observó atentamente a la italiana. Le echaban toda la culpa a ella, pero esta no era la primera vez que veía como Kaith intentaba arreglar lo que Sirius había destrozado con anterioridad.

-Últimamente anda algo descontrolado. Le molesta que le acoséis tanto y le hagáis ese tipo de preguntas. Porque… ¿No te parece que ya esta un poco mayorcito para saber porque se junta con alguien? –Kaith suspiró y se echó los mechones de pelo negro sueltos hacia atrás.

-Pero… -Giselle tosió y le salió un sollozo de lo más profundo de su estómago-. Él no era…

Kaith la miró sonriente y agachó la cabeza sabiéndose lo que venía después.

-Siempre ha sido así, Giselle. No entiendo porque lo tenéis tan idealizado.

Giselle se puso a la defensiva en cuestión de segundos y se deshizo de las manos de Kaith.

-Yo no he idealizado a nadie. Y nunca lo haré.

La italiana puso los ojos en blanco.

-Por supuesto que sí. Lo has idealizado tanto que aunque él te diese plantones exagerados tú lo veías como simples olvidos. Ahora mismo te acabas de dar cuenta de cómo es en realidad porque está mucho tiempo conmigo, y al parecer yo lo estoy cambiando, ¿verdad?

-Sirius no es así.

Kaith alzó ambas cejas a la vez y asintió mientras se cruzaba de brazos.

-Vale. Muy bien. Será como tú digas. La próxima vez el corte que te dé Sirius será peor, y no voy a estar yo aquí para intentar arreglarlo, ni para intentar hacerte entrar en razón. Ya no es mi problema –Kaith suspiró y dio media vuelta-. Menuda panda de negadas.

Giselle la fulminó con la mirada a la vez que se colgaba su pequeño bolso del hombro y daba media vuelta sacudiendo exageradamente su larga melena rubia.

-¡Una última cosa, Giselle! –Gritó Kaith desde la otra punta del pasillo-. Dejadle en paz. O, de verdad, la próxima vez no terminaréis bien.

Giselle hizo una mueca y siguió andando como si nada. Kaith, por su parte, estaba bajando las escaleras hacia el 3º piso cuando vio a Sirius subirlas con un pergamino arrugado en la mano.

-¡Te tengo dicho que dejes de hacerlo, Kaith! –Gruñó el moreno malhumorado.

Kaith adoptó una fachada completamente inocente.

-No sé de que me hablas –Y para evitar ver la cara de enfado de Sirius a 5 centímetros, giró sobre las puntas de sus pies y comenzó a subir lo que hacía nada había bajado.

-¡Ey! –Sirius la agarró con fuerza de la muñeca y la obligó a girar-. Mírame cuando te hablo. Es lo menos que puedes hacer. Ser educada.

Kaith alzó los ojos hasta encontrarse con los grises de Sirius y con la mano libre enredó un mechón en el dedo índice.

-No he hecho nada malo.

Sirius dio un largo suspiro y la soltó.

-Me estás destrozando todo en lo que estoy trabajando, enana. Además, ¿qué importa si Giselle suelta una o dos lagrimitas? Ya se buscará otro al que idealizar. Probablemente James.

Kaith lo fulminó con la mirada.

-¡Y tú también me estás destrozando lo que yo estoy haciendo con tanto esfuerzo! –Se quejó la morena sentándose en el último peldaño de la escalera de piedra.

Sirius se puso en cuclillas frente a la chica apoyando sus manos en las rodillas de ella.

-¿Perdona?

-¿Te crees que es genial ser odiada por todas las chicas del colegio? ¡Haciendo esto es lo único que consigues! Ellas creen que te estoy lavando el cerebro para que actúes así.

El animago soltó una carcajada nada más escuchar eso y se agarró con más fuerza a las rodillas de la morena para no caerse. La bailarina lo miró llena de preocupación y cogió su cara entre sus manos.

-Yo no le veo la gracia, Sirius. Siempre he tenido a un par de chicas en contra mío por lo que hago, pero esto es demasiado hasta para mí.

-Está bien. Está bien. Lo solucionaré –Sirius le acarició el pelo tiernamente y apoyó su frente con la de ella sin dejar de mirarla a los ojos.

Se quedaron en silencio mirándose el uno al otro hasta que Sirius dijo en un susurro:

-Pero prométeme que no te alejarás de mí.

-¿Por qué habría de alejarme de ti? –Kaith sonrió ante la idea y le besó suavemente en la nariz-. Te lo prometo.

Sirius no dijo nada, simplemente la rodeó con sus brazos y la pegó contra él con fuerza. Tanta fuerza que hubo un instante en el que Kaith creía que se ahogaba, sin embargo, no se quejó. La italiana sintió que las lágrimas caían por sus mejillas al sentir toda esa desesperación con la que le abrazaba el moreno. Quizá su reto estuviese resultando ser algo más complicado de lo que ella esperaba.

(…)

Pálido, con las cicatrices más visibles que nunca, aspecto de que se fuese a desmayar en ese preciso instante y con las ojeras más profundas del colegio. Así es como estaba Remus el mismo día de luna llena.

-Estás horrible –Opinó Lily sentándose junto a él en la comida-. Por eso he decidido hacerte algo de compañía.

Remus rió débilmente a la vez que tosía.

-Debo de darte mucha pena para que te atrevas a venir hasta aquí, teniendo a Sirius y a James apunto de aparecer.

Lily frunció ligeramente el ceño e inclinó la cabeza.

-La verdad es que… Todo este tiempo siempre te he visto así. Solo y con una pinta horrible, esperando a esos dos. Siempre he querido acercarme. Pero hasta hoy no he reunido el valor suficiente.

-Ya. Siempre igual. Tú y tu inseguridad de "¿y si…?" –Remus alzó las cejas sorprendido-. Con todo el tiempo que ha pasado y sigues igual.

-Sigo igual de fácil de analizar, Lupin –Admitió Lily poniendo los ojos en blanco-. Pero solo por ti.

-Eso es todo un halago, señorita Evans.

-Es usted mi psicólogo preferido, doctor Lupin –Le siguió el juego la pelirroja.

-Oh, sí. Estoy pensando en poner mi propia consulta. Abriré los sábados y domingos. Cerraré en luna llena.

Lily sonrió por primera vez desde que se había sentado junto a él, parecía más relajada. Dio un largo suspiro y después apoyó su cabeza en el hombro del licántropo.

-El sábado pasado ocurrió algo horrible –Susurró la Premio Anual casi al oído del castaño. Lo susurró tan peligrosamente sensual que Remus no pudo evitar sentir un escalofrío.

El prefecto se llevó una mano a la oreja y apartó a la pelirroja con suavidad.

-Te tengo dicho que eso conmigo no. Déjalo para tu engatusamiento a James.

Lily rió divertida y apoyó de nuevo su cabeza en su hombre agarrándole del brazo.

-Solo quería asegurarme de que nada había cambiado, Remus. Y la verdad es que todo sigue siendo igual. Cuando hay luna llena te pones muy sensible a mis caricias. Demasiado.

-Instinto animal –Murmuró una voz entre ellos dos, haciendo que la cabeza pelirroja de Lily se separase del hombro de Remus y buscase el origen de la voz. Lo encontró a un par de centímetros. Un par de ojos color avellana y una sonrisa peligrosa-. Su instinto animal crece. Y eso es como una invitación. Es como si tú estuvieses en celo y quisieras…, ya sabes.

Lily frunció el ceño lo bastante como para que se hiciese un fea arruga entre las dos cejas pelirrojas. Remus sonrió ladeadamente, había tenido un presentimiento.

-¿Alguien ha pedido tu opinión, Potter?

-Uf. Últimamente estás de lo más desagradable. No sé si es porque estarás pasando por esos días del mes, o por lo que pasó el sábado.

Remus suspiró y se felicitó internamente. Definitivamente James era "la cosa horrible que ocurrió el sábado". Remus alzó la mirada hacia James y luego la movió hacia Lily que se terminaba su comida tranquilamente.

-Lo primero no es. Y lo segundo, ¿de qué me estás hablando? Que yo sepa te aplaste en el entrenamiento, ¿no? –Inquirió Lily a la vez que deslizaba el tenedor fuera de su boca de una forma algo erótica.

Tanto James como el resto de los chicos que en ese momento miraban a Lily abrieron exageradamente los ojos y la boca echándose hacia atrás en su sitio. Lily dejó el tenedor junto a su plato y se levantó elegantemente.

-Deberías pensar un poquito más. Puede que sea porque siempre soy así contigo, Potter –Lily le dedicó una sonrisa ladeada a la vez que paseaba su mano por los hombros de Remus-. ¿Vienes? Quería hablar contigo –Miró a Remus que limpiándose la boca con la servilleta asintió-. Genial. Entonces, nos vemos, Pott.

Lily se despidió del moreno a la vez que Remus, y ambos se fueron del Gran Comedor. Nada más desaparecer la pelirroja tras la puerta del Comedor todos los que habían visto lo del tenedor. Saltaron a la mesa de Gryffindor dispuestos a hacerse con el tenedor. Pero antes de que ninguna mano tocase si quiera el simple tenedor metálico, una mano grande, masculina y algo áspera debido al quidditch se hizo con él.

-Venga, desapareced. El tenedor es mío.

(…)

Se quedaron en silencio mientras salían del comedor. Giraron un par de esquinas y subieron unas escaleras sin decir ni una sola palabra. Lily parecía tremendamente divertida y Remus tremendamente resignado.

-¿Por qué has hecho lo del tenedor?

Lily miró divertida a Remus mientras se mordía el labio inferior.

-Quería joderle un poco. Se lo tenía merecido, ¿sabes? Por lo del sábado. Menudo idiota.

Remus puso los ojos en blanco y suspiró con resignación.

-¿Qué pasó el sábado?

Lily miró hacia izquierda y derecha y arrastró al castaño hasta un hueco algo estrecho entre dos armaduras.

-El muy caradura se atrevió a besarme. ¡A mí! ¡A Lily Evans! –Exclamó en un susurro lleno de indignación la pelirroja.

Remus alzó primero la ceja izquierda y después la derecha, para después terminar de alzarlas juntas.

-¿Te besó? –Remus sacudió la cabeza, confundido-. Imposible. Nos lo habría dicho. O al menos a Sirius, y con lo bocas que es ése, nos habríamos enterado.

-¿No os lo ha dicho? –Lily miró hacia todas partes llena de confusión. Aquello no era posible. ¿James "si me acuesto contigo me chuleo de ello" Potter, no lo había contado?-. No lo entiendo.

-Pero, ¿te besó en los labios?

-No, claro que no. Sino ya estaría a dos metros bajo tierra. Me besó aquí –Y se llevó la mano al punto exacto donde los labios de James estuvieron durante unos segundos.

Remus rió y echó la cabeza hacia atrás lleno de incredulidad.

-Esta siendo dulce, tierno, caballero. Esa es su técnica para conquistarte. Él ya se está moviendo. No sé porque tú no haces lo mismo.

-¿Quién ha dicho que no? –Inquirió Lily mucho más sonriente al haber descubierto la jugada del moreno-. Mi movimiento va a ser mucho mejor.

-¿Qué vas a hacer? –Por el brillo de los ojos de la pelirroja Remus se temió muchas cosas.

Lily volvió a asomar la cabeza para asegurarse de que no venía nadie y se apartó un par de mechones pelirrojos de la cara.

-Si te lo digo, tendrás que guardar el secreto, Remus –El licántropo alzó una ceja y Lily asintió-. Tengo un cuaderno de sueños.

En la cara de Remus se deslizó una sonrisa a la vez que asentía satisfecho.

-Estás jugando mejor que él. Mucho mejor –Admitió el prefecto apoyándose en la pared-. ¿Cuándo piensas utilizarlo?

Lily le enseñó una de sus sonrisas más maliciosas y se echó el pelo rojo hacia atrás.

-Hoy. Hoy estará más débil que el resto de los días. Hoy es el día indicado.

(…)

Cuando Lily llegó aquel día después de la cena a su habitación Jane la esperaba sentada sobre su baúl. Jane que en ese momento se miraba las uñas con aparente interés, alzó sus gatunos ojos hasta Lily y sonrió pícaramente.

-Que bien que has llegado pronto –Susurró Jane cruzándose de piernas.

Lily oía a Kaith secarse el pelo en el baño y a Dana subir las escaleras hacia la habitación. Aquello era una encerrona. Estaba segura.

-¿Cuándo? Lo voy a hacer hoy. ¿Qué sueño? Pues lo último que se me ha ocurrido. Ninguno me convencía lo suficiente. ¿Por qué el cuaderno? Porque es la mejor forma de confundirlo. ¿Por qué no os he dicho nada? Porque esto no es un juguete con el podáis jugar, y nos conocemos bien, Jany.

-Está bien. Está bien. Respira hondo. Que hoy vas muy acelerada –La detuvo Jane con una sonrisa orgullosa-. Todo eso me lo suponía. Así que relájate. Yo solo quería verte usarlo.

-Muy bien –Aceptó Lily sonriente-. Pero a cambio vosotras me vais a ayudar. Necesito saber el momento justo en el que se vaya dormir. Tengo que hacerlo cuando él esté dormido. Así que si sois tan amables de ofreceros como voluntarias…

-¿Qué tenemos que hacer? –Preguntó Kaith asomando la cabeza desde las escaleras del baño.

-Tú eres la que más me va a servir o Jane. Cualquiera de las dos, pero que sea una.

Jane se echó el pelo hacia atrás con un movimiento de muñeca y negó suavemente con la cabeza.

-Que sea, Kaith. Que últimamente esta como uña y carne con Black –Jane la apuntó con el extremo de su varita y una sonrisa ligeramente falsa.

Lily, Kaith y Dana, que hasta el momento se había mantenido junto a la puerta, clavaron sus ojos en Jane que hacia movimientos de majorette con su varita.

-¡No me digas… -Comenzó Lily abriendo mucho los ojos incrédula.

-… Que te vas… -Continuó Dana sin apenas dar crédito.

-… A enfadar conmigo por eso! –Chilló Kaith casi corriendo hasta Jane-. Es lo último que necesito, Jany. ¡Tengo a todo Hogwarts femenino en mi contra! No te necesito a ti en el bando contrario.

-No me he enfadado. Solo he constatado lo que está ocurriendo –Rió Jane acariciándole la mejilla izquierda a Kaith-. No seas tonta, ¿por qué me enfadaría yo por eso?

-¿Por qué no así no serías la única que tiene una relación exclusiva con los Merodeadores? –Inquirió Cirene desde la puerta de la habitación junto a Dana-. O… ¿Será por…?

Las Pijas la ignoraron y siguieron con lo suyo, menos Dana que la había fulminado con la mirada lo que conllevo al repentino silencio de la morena.

-Entonces, ¿quién ira? –Inquirió Lily con repentino interés-. Que alguien le cierre la boca a Cirene. Es un personaje extra que habla demasiado –Farfulló la pelirroja por lo bajo.

Kaith miró a Jane y la castaña le sonrió afablemente.

-Iré yo, entonces –Decidió Kaith levantándose y saludando a Cirene con la mano-. Buenas noches, Cirene.

-Buenas noches, Kaith –Saludó la aludida no de mi buen humor. Como era usual nadie le hacia caso.

-En ese caso, necesito que te quedes en la sala común –Insistió Lily yendo tras Kaith que saltaba alegremente sobre su cama.

-Genial. ¡Ahora mismo voy! –Kaith dio una voltereta sobre sí misma y saltó a los pies de la cama frente a su baúl.

-No sé como terminará eso –Dana miró dubitativa a la morena y Lily no pudo más que suspirar.

-Yo tampoco, Dana.

(…)

Las cuatro de la madrugada y en la sala común tan solo se escuchaban la suave respiración de una joven y el murmullo de los elfos domésticos recogiendo cuadernos olvidados o colocando en su sitio las alfombras arrugadas contra los sillones.

La respiración pertenecía a la joven que dormía plácidamente en uno de los sofás. Y fue lo primero que vio Sirius al entrar aquella madrugada en la Sala Común. Bueno, quizá más bien las estilizadas piernas pálidas como la nieve que estaban completamente destapadas. Después fue la manta de cuadros medio caída en el suelo y finalmente el resto del cuerpo de la bailarina apenas cubierto por una camiseta.

Y ya que Sirius se había parado en medio del cuadro y el sofá para contemplar sonriente la escena, cuando sus dos amigos entraron, se chocaron irremediablemente contra él.

-Ugh. Pad, ¿qué haces en medio? –Masculló James quitándose la capa invisible de encima con un gesto rápido.

Sirius le señaló con la cabeza a la italiana y James alzó bastante sorprendido las cejas. Tras él Peter asomó la cabeza entre los dos morenos, con bastante dificultad, y no pudo evitar dejar escapar un:

-¿Qué está haciendo aquí? –Lo bastante alto como para interrumpir el sueño de Kaith.

Kaith abrió los ojos y alzó la cabeza al mismo tiempo sin parecer en absoluto que hubiera estado toda la noche durmiendo sino más bien despierta esperándoles pacientemente.

-Oh. Por fin llegáis. Me empezaba a preguntar cuando lo haríais.

-Estabas dormida –Apuntó Sirius con la mirada todavía fija en las piernas de Kaith-. ¿Cómo te lo ibas a preguntar?

-Mientras duermo mi cabeza no deja de funcionar, Sirius. Sorprendente, pero real –Y se tapó de nuevo las piernas que en ese momento los tres chicos miraban con una sonrisa, con la manta de cuadros-. Lamento taparos el paisaje.

Sirius sonrió y sacudió la cabeza, visiblemente divertido y se sentó pesadamente junto a la morena.

-Dame un masaje. Estoy molido.

Kaith lo miró con la cabeza ladeada y jugando con uno de sus mechones de pelo.

-Yo también estoy cansada, y nadie me da un masaje –Hizo pucheros-. ¡No me parece justo! Además, ¿qué es eso de dar órdenes? ¡Ni que fuese tu novia! ¡Y ni aún así! –Gimoteó la morena soltando su mechón de pelo y llevando sus manos a la manta, a la altura de los muslos.

-Ugh. Eres muy ruidosa –Se quejó Sirius dejándose caer sobre la italiana dispuesto a dormir.

Y antes de que Kaith pudiera quejarse se escuchó el primer ronquido (real), dejando a la morena con la palabra en la boca, a James totalmente incrédulo y a Peter impresionado, preguntándose como conseguiría hacer eso.

-¡Yo tengo que volver a mi habitación! –Kaith se intentó soltar del fuerte abrazo de Sirius, pero era prácticamente imposible. Los brazos de Sirius le rodeaban por completo las piernas, dejándola inmovilizada-. Potter… -Kaith miró con ojitos suplicantes al moreno que se compadeció de ella y se sentó en la mesa frente al sofá estudiando la mejor manera de separarlos.

Y estando frente a ella sentado fue cuando Kaith se dio cuenta en el largo corte que cruzaba todo el cuello del cazador.

-¡Oh, por Merlín, Potter! –Chilló la bailarina haciendo que Sirius diese un respingo, aflojase la presión sobre sus piernas lo suficiente como para que ella se liberase y pusiese un cojín en su lugar-. ¡Voy a buscar a Lily!

-¡No! Escucha, estoy bien –Le aseguró el Premio Anual con una sonrisa.

Kaith frunció ligeramente las cejas y sacudió la cabeza.

-De eso nada. Voy a buscarla. Y por tu bien sigue aquí cuando vuelva.

Cinco minutos después Kaith bajaba seguida de una Lily somnolienta vestida con una camiseta interior blanca y unos boxers negros.

-Creí que todavía me quedaba una hora de descanso. ¿Qué ocurre, Kaith? –Masculló Lily frotándose con suavidad la mano contra el ojo.

Cuando Lily consiguió abrir del todo los ojos tenía en frente suyo a James Potter con un corte bastante feo en el cuello y la camiseta llena de sangre.

-¿Qué…? –Sacudió la cabeza y palpó sus muslos en busca de su varita hasta que Kaith le cogió la mano derecha y le puso la varita sobre ella-. Gracias –Miró a James-. Si me das un segundo me despierto y hago las cosas correctamente, ¿vale?

-¡Potter! ¿Cómo está Remus? ¿Lo habéis dejado en la enfermería? –Lo asaltó Kaith sin darle tiempo a responder a la pregunta de la pelirroja, la cual se alejaba mientras hacía algo con su varita-. ¿Está bien? Antes te lo quería preguntar, pero entonces Sirius ha empezado a decir tonterías y…

-Está bien. Débil y con algunos… -James torció la boca, dudando entre la respuesta correcta-, rasguños, pero bien.

Kaith con los ojos entrecerrados acercó su cara mucho a la de James.

-¿Y quién ha sido el animal que le ha hecho esos "rasguños"? –Por supuesto, se ha de decir que algo que no le faltaba a Kaith era imaginación, y una imaginación que volaba mucho, y muy alto. Por lo que unos "rasguños" podían convertirse en "cortes de profundidad de 15 centímetros" y una muerte irremediable.

Pero James se salvó de la gran imaginación de Kaith gracias a la preocupación de Lily.

-Kaith, apártate –Lily quitó a Kaith de su sitio y se sentó ella examinando con meticulosidad la herida y la cara del moreno-. Está muy pálido. O has perdido mucha sangre o Kaith te da miedo. Si es lo segundo te perderé todo el respeto que pudiera llegar a tenerte, Potter.

Y aunque en un principio Lily esperó una respuesta, al ver la herida infectada, le tapó la boca con la mano izquierda obligándole a echar la cabeza hacia atrás y entrecerró los ojos.

-¿Con qué te la has hecho? –Apartó unos dedos de su boca, pero no los ojos de la herida-. Y quiero una respuesta decente, pero, sobretodo, real.

-Ha sido Sirius. Él intentaba calmar a Remus, pero al final han terminado mal, y entonces he intentado calmarle yo a Sirius y…

Lily asintió, en señal de que con aquello tenía suficiente. Solo quería cerciorarse de que no había sido Remus. Desinfectó la herida, la cerró y le limpió la ropa en mucho menos de lo que James esperaba, y solo con un par de encantamientos de medimagia y una poción que le había traído Kaith de la habitación.

-La poción que te he dado te hará efecto somnífero, así que yo que tú me iría ya a la cama, es bastante fuerte.

Después de que James despareciera y mientras Lily y Kaith subían las escaleras fue cuando la italiana se decidió a preguntar.

-La poción que le has dado era un somnífero. De los más fuertes. Slughorn dice que…

-Me da igual –Le cortó Lily en seco acompañado de una mirada dura-. He perdido mucho tiempo. Apenas va a tener un par de horas para dormir, ¿sabes?

-Sí…

-Pues ya está.

-¿Vas a utilizarlo o qué? –La voz de Jane se escuchó desde la puerta de la habitación-. ¿Qué habéis estado haciendo?

-Jugando a los médicos con tu primo –Contestó Lily con simpleza.

-Ew –Jane hizo una mueca de asco.

-Tenía una herida algo fea –Entró en la habitación y en par de zancadas llegó hasta su baúl. Sobre él, envuelto en un pañuelo de hilos de oro, estaba el cuaderno.

-¿Preparada?

Lily se volvió para mirar Jane sonriente y giró de nuevo la cabeza antes de sonreír.

-Cielo, yo nací preparada para todo.

-Lo olvidaba.

La Premio Anual quitó con suavidad el fino pañuelo, dejándolo a un lado, y sopló entre las hojas. Se agachó, acercó su cara al libro y recibió una sensación húmeda, vaporosa. Murmuró su nombre entre las hojas que se agitaron suavemente, como un si tuvieran un escalofrío. Lily alargó la mano hasta la esponjosa pluma blanca y escribió, con el labio inferior ligeramente aprisionado, como cuando se concentraba mucho. Cuando terminó, sopló y el libro se estremeció y se volvió borroso durante un segundo. Sus hojas de agua e hilos de oro parecían apunto de volverse invisibles y cuando iba a desparecer, se quedó muy quieto y poco a poco fue recuperando la forma y el color. Pero justo antes de que quedase como antes suelta un largo suspiro lleno de melodía.

-Creo que ya está.

La habitación estaba en silencio y en completa penumbra excepto por el curioso brillo blanquecino que desprende el cuaderno, igual que el del piano de Jane.

-Impresionante –Dana parecía la única capaz de decir algo después de aquello.

-Sí… -Admitió Jane asintiendo sin parar con la cabeza.

La única que no dijo nada fue Kaith, demasiado cohibida para opinar.

-¿Funcionará? –Quiso saber Lily soltándose la coleta en la que se había recogido el pelo mientras curaba a James.

-Seguro que sí –La tranquilizó Dana dándole unas palmaditas en la espalda y echando a andar hacia a su cama-. Buenas noches.

-Sí, buenas noches.

Y lo que prometía ser todo un espectáculo se terminó ahí.

(…)

Cuando James Potter se despertó aquella mañana una hora antes que de costumbre, todavía le latía el corazón con mucha fuerza y estaba empapado en sudor. Parpadeó seguidamente durante un par de minutos y después se encerró en el baño.

Para Remus era algo de rutina ser el primero en ducharse y no encontrarse a nadie en el baño, por eso cuando aquella misma mañana se encontró a James metido por completo en la bañera, y no precisamente con agua caliente, se asustó.

-¿¡Qué narices haces tú aquí?

James giró la cabeza hacia el castaño y después se sumergió de nuevo en la bañera.

-¿James? –Remus se acercó a la bañera y se sentó en el borde dubitativo-. ¿Qué ha pasado?

El moreno sacó de nuevo la cabeza y escupió el agua como si fuera una fuente.

-Media hora después de despertarme, me sigue latiendo el corazón con demasiada fuerza. Como en el sueño.

-¿Qué sueño? –Le costó un poco pero al final Remus pudo relacionar el sueño con Lily y su cuaderno de sueños. Al fin y al cabo era normal, no había dormido más de dos horas.

-El que he tenido hoy. Ha sido muy extraño. Yo… Ella… Y luego… No me lo podía creer… Pero lo más impresionante era que a mí me latía el corazón tan rápido como cuando estás enamorado de alguien, ¿sabes?

-El sueño en sí, no lo he entendido muy bien. Pero lo del final, parece que es lo único que tiene sentido. ¿Quién era ella?

James pareció dudar. Abrió la boca, la cerró. Hizo eso un par de veces. A la tercera se decidió.

-Lily Evans.

Remus no pudo evitar sonreír, estaba dormido, pero todavía era capaz de coordinar.

-¡Pero es imposible que yo sienta eso por doña perfecta Evans! ¿Y sabes por qué, Remus? –James se levantó, con una sonrisa cien por cien Potter, finalmente había reaccionado y volvía a ser el mismo de antes-. Porque Evans está bien, sí. Pero como un juego. ¿Quién querría algo más con ella? Por Merlín.

James cogió una toalla al vuelo y salió del baño secándose y murmurando cosas como "Era un sueño en condiciones, por eso el desliz, nada más" o "Porque era para tener un desliz. Santo Merlín con Evans" o "Ganaré a esa calientapollas antes de que se dé cuenta si quiera de ello".

Remus lo siguió con la mirada hasta que salió, y torció la boca. Lily lo iba a tener muy difícil, pero lo que más miedo le daba es que si James conseguía penetrar un poquito en el caparazón de la pelirroja, aquel sería el fin de la Pija más codiciada. James sería cruel y no tendría contemplaciones en ridiculizarla. Rezaba porque fuese James el que perdiese la apuesta, porque conocía a Lily lo suficiente como para saber que no haría nada tan cruel.

El licántropo suspiró. Desde el momento en que James le insinuó lo de la apuesta, Remus supo que aquello no iba a ser una buena idea y que no iba a terminar bien.

-Eh. Moony –James asomó la cabeza interrumpiendo sus pensamientos-. Lo del sueño es cosa de Evans, ¿verdad?

-Creía que ya tenías antes sueños con ella, James –Se levantó. No estaba de humor para aguantar las altanerías de James.

-Blah –Hizo un gesto para restarle importancia-. ¿Lo es o no?

-Escucha, James. Y que te quede muy claro. No te acerques más de la cuenta a Lily, por dos razones. Una, si lo haces, te lo digo por tu propio bien y el de la apuesta, te quedarás jodidamente enamorado de ella. Y dos, atrévete a hacerle daño, más de lo que ya has hecho, y no sabrás como es el día después de la próxima luna llena.

Y lo siguiente que vio James fue la madera marrón oscura de la puerta frente a sus ojos acompañada de un bonito portazo. El moreno no pudo evitar sonreír, haría falta mucho más que un licántropo cabreado para pararle los pies.

(…)

Ahhh! Gyah! . Jamsie es un niño muy malo (llora). No sé quien le enseñó a ser tan cruel. Probablemente fui yo. No me siento orgullosa de ello. Aunque él sí, está incluso agradecido (suspira).

Por cierto si sentís curiosidad por esas dos partes que dudaba en incluir eran lo de la tormenta con el "beso" y el dark side de James. Hehe. Es que mis nenes como ya os dije desde el principio no son niños buenos (niega con la cabeza), los únicos que se pueden salvar como mucho son Remus y Allan, pero de resto son unos cabrones con todas las letras. Sirius por ahora parece hasta dulce, ya veremos que pensáis de él dentro de un par de capítulos.

No diré nunca más fechas, porque soy incapaz de cumplirlas, tampoco diré que entre una fecha u otra, porque no sé… Parece que solo me estresa más y me impide escribir, que se lo pregunten a Mara, mi musa a jornada partida (le saca la lengua). Me decía que no me agobiara y que dejará que saliera por si solo. Pero la verdad es que si llego a hacer eso, no tenéis este capítulo ni para vuestra jubilación. Lo que sí es deciros un tope de tiempo 4 semanas (hay meses que tienen casi 5, así que no es un mes), y un mínimo 2 de semanas, entre publicación y publicación.

Y un poco por encima que veremos:

.. A Dana y sus lazos de sangre, lo que incluye al tatuaje, que lo empezaba a echar un poquito de menos.

.. A Kaith que se empieza a dar un poco de cuenta de que su reto se le está yendo de las manos. Va a tener que doblegar a Sirius desde otra posición. Y por mi querido Jake, no es penséis cosas raras. ¡Panda de pervertidas! --(La cual por cierto yo dirijo. Ha! XD)

.. Quiero censura (se parte el culo) en este ff, al fin y al cabo tiene 17 años (¿Sabéis los bancos de hormonas que somos desde los 15 hasta los 22? OMG!). ¿Tenemos a alguna menor con una sensibilidad que pudiese dañar? Por favor, decídmelo. (Por cierto, esto sería más adelante)

.. Y no digo más, porque al final solo cumplo la mitad y lo otro me lo sacó del bolsillo mientras escribo.

Así que sin mucho más que comentar excepto el que nunca sabréis lo mucho que es capaz de patinarme la cabeza, me despido que tengo que irme en un yate con mi Jake Gyllenhaal que oh, sí, lo leéis bien es JAMES POTTER, a una isla privada que se ha comprado en el Pacífico. Así que, sayonara! ..