¡Hola, hola! Nuevo capítulo. Estaba escribiendo cuando me di cuenta de que era tan largo, que decidí partirlo en dos. El que viene (y aún no he escrito) se llamará "Cole".

Quiero dedicar el cap a Orquidea-Ophelia, quien apareció hace poco pero dejó un review por cada cap y me dio muchos ánimos, consejos y buenos comentarios. Muchas gracias, con cariño, HalliwellMB.


Capítulo cinco: Phoebe.

La puerta se cerró de golpe y aunque Phoebe trató de evitarlo, no pudo. Se asustó, ahora su corazón estaba tan acelerado como nunca antes y comenzó a golpear la puerta con fuerza, tan fuerte como pudo.

― ¡Sé que estás ahí, te vi!, ¡Abre la puerta Cole!, ¡Ahora! ―demandó golpeando una, dos, tres veces. Pero no pasaba nada. Sus manos se pusieron rojas, su cara se cubrió de lágrimas y su voz se hizo débil, pero no se detuvo: necesitaba hablar con él, necesitaba a su bebé de vuelta.

En el otro lado, Cole estaba tan pálido como el blanco nieve de la puerta. Estaba temblando, y si antes estaba asustado, ahora estaba en pánico, ¿Qué demonios hacía ella ahí?, ¿Qué estaba gritando?, No podía entender una sola palabra porque...¿Estaba...llorando?, ¿Por qué?, ¿Por qué si ella los había abandonado?, ¿Por qué si no se interesaba por ellos?

Los chicos de la mudanza estaban confundidos e incómodos, mirándolo.

― ¿Qué ven? ―gruñó, haciéndolos volver a su trabajo.

Los gritos de Phoebe se estaban haciendo cada vez más fuertes y desesperados. Él no sabía qué hacer; eso le traía recuerdos, tristes, dolorosos recuerdos...le entristecía escucharla llorar así, reconocer que su voz estaba temblando. No importaba cuántos años hubiesen pasado, en ese momento, ella era una adolescente otra vez...

Eran casi las cuatro de la mañana. La noche estaba helada, estaba lloviendo y había una tormenta afuera. Cole despertó al sonido de un trueno, lo que lo ayudó a darse cuenta de que Phoebe estaba despierta, acurrucada y llorando en silencio; no tan en silencio, estaba ahogándose en sus propias lágrimas.

― Hey, ¿Qué pasa? ―le preguntó acercándola con suavidad― ¿Te sientes bien?, ¿El bebé está bien? ―preguntó de nuevo, acariciando su pancita y besándole el cabello.

― Está bien. ―respondió cerrando los ojos y fingiendo estar dormida, pero no podía parar de llorar.

― Amor, ¿Qué pasa? ―le susurró en el oído sentándose en la cama y haciéndola sentarse también― Necesito que respires, cariño, ¿El bebé está aplastando tus pulmones? ―preguntó otra vez.

― No, el bebé está bien. ―le repitió desesperada― es pequeño todavía, no molesta...

― ¿Entonces qué? ―preguntó abrazándola con ternura, acariciando su mejilla y abrazando su vientre con sus brazos― Sabes que puedes decirme lo que sea.

― ¿Lo que sea? ―sollozó mordiéndose el labio.

― Lo que sea. Soy tu novio, tu futuro esposo. Te amo más que nada mi amor, siempre voy a amarte.

― Extraño a mamá...―confesó, sintiéndose estúpida― Sé que...

― No...shh...está bien, es tu madre. Puedes extrañarla todo lo que quieras y si quieres llorar, puedes hacerlo preciosa, daría lo que fuera porque estuvieras con ella ahora...pero sabes por qué estamos haciendo esto.

― Lo sé. Pero no puedo evitarlo ella...dormía conmigo y me leía un cuento en las noches de tormenta. No podía dormirme si no lo hacía y ahora, Cole, tengo miedo. Me asusta la tormenta, me asusta lo que va a pasar mañana y el día siguiente y...

― Phoebe, por favor, mírame a los ojos. ―le pidió tomando su barbilla con suavidad― mientras estés conmigo, nada va a pasarte, lo prometo.

― ¿Qué va a pasar cuando ya no esté contigo?

― No te preocupes de eso, no va a pasar: siempre voy a estar contigo. Para siempre. ―le dijo besándole la frente.

―"Nada dura para siempre". ―pensó, pero no se lo dijo, simplemente lo dejó mecerla, besarla y amarla, hasta que se durmió entre sus brazos, llorando, pensando en cuánto extrañaba su casa.

Cole abrió sus ojos, que ya estaba aguados, ¡Cuánto la había amado!, Cuanto...cuantas promesas había hecho, cuántas había roto...

La voz de Phoebe se escuchaba cada vez menos y sus golpes casi inaudibles. Se dejó caer despacio y se sentó en el suelo, abrazada de sí misma. Estaba cansada, cansada de todos y de todos, solamente quería descansar un poco, cerrar sus ojos y despertar en los brazos de Cole, con su hija al rededor y su familia en la mansión...vaya sueño...

― Cole, por favor, ―dijo temblando― sé que me odias. Yo también me odio, te lo juro, pero déjame...dame una oportunidad, solamente una, por favor. Por favor...―rogó escondiendo su cabeza entre sus rodillas― Cole...por ella...hazlo por ella. Hazlo por lo que tuvimos, hazlo por lo que hicimos...hazlo, por el nosotros que fuimos, por favor. Una sola oportunidad, te prometo que puedo explicarte...

Él no dijo nada, solamente se quedó ahí, ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? Quería abrir la puerta. Realmente quería abrir la puerta y abrazarla, besarla, convertirse en una familia de nuevo pero...no podía. Ella lo había dejado, lo había separado de su hija, se había ido y había dejado a su propia hija atrpas. Eso era algo que nunca, jamás en la vida, podría perdonar. Ella estaba muerta, y si nunca le había dicho a Elizabeth que lo estaba era porque pensó que no era justo después de todos los sacrificios que ella había hecho en el pasado, pero en el presente...no eran suficientes.

― Me decías que podía decirte lo que fuera. ―le recordó, sintiéndose perdida, completamente perdida― me decías que estarías ahí para mí, por siempre, ¿Te acuerdas?, ¿Te acuerdas cuando no podía dormir en las noches y me tomabas la mano, y me decías que todo iba a salir bien?, ¿Te acuerdas de eso Cole? Tengo miedo Cole, estoy asustada...―le dijo con un poquito de esperanza en su corazón; se habían amado tanto en el pasado. Tenía que darle una oportunidad.

Se mordió los labios, no mucho, y presionó su espalda contra la pared, rezando en silencio. Ella conocía a Cole, y sabía que no podía ser tan cruel como para hacer que ella o su hija sufrieran un sólo segundo más, pero algo dentro de ella seguía temiendo. No tenía idea por qué Patty estaba con él, o en qué pensaba él acerca de ella y su actuar en el pasado.

Al otro lado de la puerta, Cole estaba de pie con su espalda apoyada contra ella, ojos cerrados y manos empuñadas. Resentía sus palabras, todas, y las reconocía: eran ciertas, él le había prometido que estaría con ella para siempre. Pero las cosas habían cambiado, y ella había roto tantas promesas como él.

― ¿Recuerdas cuando dijiste que no importaba cuánto te presionaran en tu casa, que nunca ibas a dejarme? ―empezó a decir en voz alta, haciendo a Phoebe saltar sorprendida― ¿Te acuerdas cuando decías que preferías morir antes de abortar a tu hija o darla en adopción?

Phoebe asintió y presionó sus labios: lo hacía. Se acordaba de eso, y no se arrepentía de su decisión de haber tenido a su pequeña o de haberla dejado vivir y hacer de su vida algo que valiese la pena.
Cole se estaba enojando cada vez más a medida que los segundos avanzaban y siguió hablando, discutiendo, tratando de hacerla sentir tan herida y mal como él se sentía. Los chicos de la mudanza estaban escondidos en su cuarto tratando de escuchar y de darles privacidad al mismo tiempo.

― ¿Te acuerdas de eso? ―gritó Cole esta vez, golpeando la pared con sus dos manos y haciendo a Phoebe emitir un sollozo― ¿Qué mierda hiciste con eso?, ¿Ah?, ¿Qué pasó cuando nos dejaste? Rompiste tu promesa, todas ellas. Las mías ya no están disponibles. ―explicó, sintiendo cómo su corazón sangraba y gritaba por perder a su único verdadero amor, por segunda vez.

Phoebe se limpió las lágrimas tratando de encontrar algo que decir, pero sus sentimientos estaban demasiado mezclados y su garganta seca. No tenía ni la mínima idea de qué decir...él había roto su promesa principal también, ¿Por qué culparla a ella?, Ella sabía que tenía mucha responsabilidad en el asunto, pero él estaba haciendo ver las cosas como si fuese toda de ella y él no hubiese hecho su parte.

― Váyase ahora si no quiere que llame a la policía, señorita Halliwell. ―decidió Cole finalmente; no podía soportar tenerla tan cerca y tan lejos al mismo tiempo, y amarla tanto como la odiaba. Ella no estaba haciendo nada más que picar en su herida― porque le prometo que si no lo hace, llamaré y la acusaré por abandonar a su hija, por secuestrarla y por no dejar mi propiedad cuando le pedí hacerlo. La haré morir en la cárcel. Váyase ahora y le prometo que olvidaré esto. Váyase ahora y vuelva a su glamorosa vida en donde no hago falta y nunca hice. Donde su hija no tiene espacio.

Si el corazón de Cole estaba partido en dos desde el día en que se había separado de Phoebe, ahora, estaba partido en cuatro. Se sentía mal por lo que estaba diciendo, pero no podía aguantar tenerla un minuto más ahí, ¿Por qué creía que era cosa de volver y pretender que nada había pasado?

Phoebe se puso de pie. Estaba furiosa, pero no con él, sino consigo misma. Con la vida, con Samuel, con la mamá de Cole, con el mundo. Se limpió las lágrimas y golpeó la puerta tres veces con completa decisión: no iba a perder su vida de nuevo sin luchar.

― Abre ahora Turner. ―demandó golpeando más fuerte que nunca― No puedo creer que un abogado como tú no sepa que soy yo la que puede demandarte por secuestro: si no abres esa puerta y hablas conmigo, si no me ayudas a acercarme a nuestra hija, te prometo, te juro, que vas a ser tú el que va a terminar en la cárcel para siempre. Abre ahora, tengo más poder que tú en este momento y, te prometo Cole Turner, que si no haces lo que te digo, vas a ir directo a Alcatraz que va a ser reabierta únicamente por ti.

Ambos cerraron sus ojos. No podían creer lo que estaban diciendo. Ellos nunca se habían imaginado que una relación tan perfecta como la que habían tenido en el pasado, podía terminar de esa manera, ¿Ambos amenazándose con cárcel?, ¿Qué estaba pasando? Era estúpido, era triste, porque...ellos habían hecho lo imposible para evitar que él terminara acusado de estupro o algo por el estilo. Y ahora, nada de eso importaba. Cole sabía que si ella lo demandaba, podría quitarle a Elizabeth. Ella era la madre, la mujer siempre tenía la ventaja...y él era el hombre, el violador a la vista de la ley y la persona que había tomado a una niña desde un orfanato sin permiso de nadie...podía meterse en grandes, realmente enormes problemas. No quería abrir, pero tenía que hacerlo: por Elizabeth.

― Solamente una oportunidad. ―le dijo con los ojos cerrados.

Phoebe sintió que su corazón dejaba de latir, mientras que el de Cole estaba al máximo de acelerado. Él respiró profundamente, ella también, y dentro de unos segundos, ambos estaban cara a cara.

Cole abrió sus ojos y la miró, tratando de pretender que no le interesaba nada de ella, pero lo hacía. Estaba curioso de su "nueva yo", de cuán vieja, gorda, flaca, alta, rubia o morena podía estar, y evitó sonreír al notar que era la misma; luego recordó haberla visto en la revista, televisión y en Central Park, pero no había sido lo mismo. Esta vez era real. Estaba flaca, no, mucho más que flaca, delgadísima. Y pálida, muy pálida y podía notar que solía ejercitar, no mucho, pero regularmente. Su cabello estaba enrulado bajo sus hombros...como le gustaba...y ahora, se preguntaba si ella usaba ese corte por él o simplemente porque sí. Quería que lo usara por él. Cole negó mentalmente: no podía estar hablando en serio, él la odiaba. Ella lo odiaba.

Ella también lo miró, y a diferencia de Cole, no mostró ningún signo de ignorarlo. Y aunque él la había visto a ella antes, ella no lo había visto a él; bueno, sí, pero en un momento tan confuso y atemorizante que no se acordaba demasiado bien. Ahora, su mirada viajaba desde su hermoso cabello hasta su encantadores ojos azules y mentón perfectamente fuerte. Recordó cuánto amaba inclinarse sobre sus tobillos para alcanzar sus labios...cuánto le gustaba cuando él la ayudaba tomándola de la cintura y arrodillándose un poco, solamente para intensificar el beso. Moría por besar esos labios, pero sabía que estaban prohibidos: envenenados y prohibidos.

― Pasa. ―dijo Cole, sintiéndose incómodo y despertando de su pequeño mundo― Y ustedes, fuera de aquí. ―agregó a los chicos pendientes de la discusión; él sabía que estaban escuchando la conversación desde su cuarto.

Ambos sintieron algunos pasos abandonar el lugar, y en poco, la puerta estaba cerrada. Phoebe avanzó y se detuvo cerca de un sofá, mientras que Cole se posicionó en el otro extremo del salón. Se quedaron en silencio, ninguno sabía cómo empezar o qué decir.

― Una oportunidad, un minuto, habla o vete. ―dijo amargamente y de manera brusca; estaba muy ansioso y confundido.

Phoebe asintió y tosió antes de subirse el cierre de la chaqueta y hablar.

― ¿Me puedo...sentar? ―preguntó temblando, él asintió― gracias...

― Apúrate, no tengo todo el día. ―le dijo sentándose lejos, pero frente a ella.

― ¿Cómo la encontraste? ―le preguntó nerviosa, sintiéndose a punto de desmayar y jugando con sus manos. No podía creer que realmente estaba ahí, hablando con él.

― ¿Cómo la encontre? ―le preguntó enojado, rodando sus ojos con incredulidad― ¿Vienes aquí a preguntarme cómo la encontré?, ¿Estás loca?, ¡La verdadera pregunta es COMO pudiste darla en adopción!

― ¡No hice eso! ―chilló de inmediato, ofendida por el comentario.

― ¿Entonces por qué estaba en la vieja iglesia de Texas? ―le increpó agitando sus brazos.

― ¿La encontraste ahí? ―preguntó asustada, afirmándose el pecho con sus manos.

― ¿Dónde más?

― Ellos...me dijeron que había desaparecido, Cole...―respondió con un nudo en la garganta― Nunca la di en adopción, lo prometo, créeme.

― ¿Por qué?, ¿Por qué debería hacerlo? ―preguntó dolorido, podía reconocer en su voz una gran culpa y pena, pero su historial no hablaba demasiado bien de ella.

― Porque nunca te he mentido, y lo sabes. ―dijo mirándolo directamente a los ojos.

Él también se sentó y se restregó la cara. Ella tenía razón, Phoebe jamás le había mentido. Él...no podía decir lo mismo, y cuando sus ojos hicieron conexión, un temblor recorrió su cuerpo desde ellos hasta cada uno de sus extremos: hacia años que no hacía eso, y a pesar de estar discutiendo, se sentía bien porque...porque habíra extañado esas dos avellanas lagrimeantes, esas dos ventanas de aquella alma que jamás había logrado olvidar.

― ¿Qué pasó entonces? ―preguntó más calmado, pero enojado aún.

― Te lo diré, pero prométeme que no vas a interrumpirme. ―susurró jugando con sus dedos; revivir eso era demasiado fuerte y quería hacerlo lo más pronto y rápido posible.

― No eres nadie para darme órdenes. ―dijo, dándose cuenta de que no decía eso desde hacía diez años.

― Necesito que entiendas, y yo también necesito entender. Después...puedes decirme cuál es la historia que manejas, porque estoy realmente perdida, confundida y ahora. ―dijo mordiéndose los labios, mirándolo fijamente. No podía creer todo el tiempo que había pasado, ya no eran los mismos.

Cole asintió, también estaba asustado, pero no iba a decírselo a Phoebe. Se suponía que él tenía que odiarla, no compartir sus emociones con ella, pero también sentía que algo no calzaba; ella estaba triste, tenía una herida, ella...no era fría, manipuladora y horrible como llegó a creer. Ella...era la misma Phoebe que había conocido un día, trece años atrás...

Cole estaba en la secundaria Backer, tenía que ayudar a algunos estudiantes a mejorar su notas, y así ganar algunos créditos extra para la universidad en su segundo año de derecho, además de un mejor currículum vitae. Él y algunos de sus compañeros estaban en una fila, esperando a los niños que tenían que hacer tutoría. Habían también alumnos de otras carreras, y cuando su turno llegó, obtuvo su documento.

― Siguiente. ―dijo el hombre que se lo entregó, y él salió de la fila para leer su hoja.

Colegio: Secundaria Backer.

Cruso: segundo año.

Materias: Español, matemática, física, química.

Cantidad de horas: Una hora cada lunes, miércoles, jueves y viernes.

Horario: Desde las cuatro y medio hasta las cinco y media de la tarde.

Cantidad de estudiantes: uno.

Nombre de la estudiante: Phoebe M. Halliwell.

Cole sonrió, solamente tenía que encargarse de una niña, mejor que un gran grupo. Una chica era más fácil de llevar que un chico, pero por otro lado, un poco más incómoda. Esperó cinco minutos, era lunes y conocería a Phoebe pronto.

Quince minutos más tarde, una joven, delgada y hermosa chica apareció en el mostrador.

― Hola Bob, yo otra vez, ¿Podrías decirme quién va a ser mi profesor este año? ―preguntó, inclinándose sobre las puntas de sus pies para alcanzar el mostrador.

― Claro Phoebe, toma, buena suerte. ―dijo entregándole un papel.

― Ok, Cole Turner. Abogado, Universidad de San Francisco...otro compañero de Prue. ―dijo en voz alta― aburrido, y va a estar en...el salón número tres.

― O aquí, de hecho. ―dijo parándose a su lado― Cole Turner, un aburrido compañero de Prue y tu nuevo profesor, un gusto.

La cara de Phoebe se puso roja, ¡La había oído! Eara lindo, y sexy y...

― Hola, soy Phoebe. ―dijo agitando su mano― Y yo...soy tu alumna. No soy estúpida, solamente tengo dislexia, sé paciente.

― No te preocupes, lo seré. Vamos, aquí está nuestro escritorio. Dime qué es lo primero que quieres repasar y lo haremos. Si voy muy rápido, dime. Si voy muy lento, también, ¿De acuerdo?

― De acuerdo. Lo haré, y si estoy siendo demasiado estúpida, regáñame. ―rió.

― No creo que una sonrisa tan linda pueda ser estúpida. ―sonrió antes de sentarse y abrir el libro que ella puso sobre la mesa.

― Gracias. ―respondió avergonzada, y lo miró durante toda la clase mientras le hablaba y le explicaba cosas. Era hermoso, simplemente perfecto...tan inteligente, y con un trasero sexy. Sus ojos eran azules, y sus labios...

Y mientras le enseñaba, no podía dejar de mirarla. Era hermosa y dulce...y se sentía realmente atraído a ella. Sabía que estaba mal, pero ella era tan amable e inteligente, y divertida y esos labios...

― Entonces déjame ver qué escribiste. ―le pidió, listo para corregir la tarea que su profesora de verdad le había dejado.

― Ok, pero debe estar lleno de errores.

― Apuesto que no, déjame ver.

Tomó su cuaderno y ella se sintió derretir cuando sus dedos tocaron los suyos. Cole sintió una carga eléctrica a través de su espalda, pero trató de ingorarla, distrayéndose con la tarea.

"Mi marido:

Tiene que ser amable, dulce y tierno. Tiene que ser un buen oyente también, valiente, fuerte, pero sensible. Quiero que topue algún instrumento o hable otro idioma, eso siempre es atractivo e interesante. Quiero que sea un buen padre, que esté aquí para neustros hijos. Quiero que sea comprensivo e inteligente. Quiero salir con él y disfrutar cada salida como si feura la primera vez, también quedarnos en casa y ser felices de cualquier manera. Va a regalarme flores y choclates, porque me gustan. No me importa si es tonto, pero es mi único deseo...si me da flores, digo que sí".

Cole sonrió y se rió un poco, era encantadora e inocente, y no podía evitar sentirse feliz: él sabía tocar guitarra. Luego sacudió la cabeza, ¿Por qué estaba pensando en eso?

― Sé que es cursi, pero mi profesora ama ese tipo de cosas. No soy tan niñita. ―dijo tratando de defenderse, pero en realidad, le gustaría tener todo eso a pesar de que sabía que era imposible de que pasara.

El timbre sonó y ambas sonrisas se desmoronaron. Ninguno quería irse, pero tenían que hacerlo.

― Creo que es hora de que sea libre y regrese a casa, ―le dijo calmado― un gusto conocerla, señorita Halliwell. ―dijo con tono de profesor despidiéndose.

― Gracias por su ayuda, fue un gusto conocerlo también. Nos vemos pasado mañana, tenga un buen día. ―dijo tomando sus cosas y cuando cruzó la puerta, se devolvió― Adiós. ―añadió estrechando su mano nerviosamente antes de correr fuera de su vista.

Se sentía feliz, pero muy nerviosa: realmente le gustaba ese chico, y aunque no era más que un amor platónico y no había pasado nada ni nada iría a pasar entre ellos, se sentía como una niñita que había robado una galleta sin que nadie la viera. Se tocó los labios imaginando y saltó cuando vio a su mejor amiga caminar por el pasillo, y la abrazó con fuerza.

― ¿Qué te pasa?, ¿Decidiste drogarte?

― Sí...―susurró feliz, pensando en Cole y solamente en Cole.

El hombre, mientras tanto, estaba oliendo el perfume de Phoebe. Había dejado su aroma en el aire, y él aún tenía una parte de su tarea, los borradores que había escrito antes de terminarla. Los tomó y sonrió, esa chica tenía algo...algo que le gustaba, pero sabía, nunca podría tener.

― No sé por dónde empezar...―dijo restregándose el rostro, distrayéndolo de sus recuerdos.

― Decide rápido, tengo cosas que hacer. ―le respondió enojado, herido, odiaba los recuerdos que tenía sobre ella y desde que había aparecido como la famosa "Pregúntale a Phoebe", su mente no podía dejar de pensar en ella.

― Si te vas, iré por ti. No pierdas tiempo ni esfuerzo. ―le advirtió, y ni siquiera necesitó elevar el tono de su voz.

― Por qué te fuiste. ―preguntó, yendo directo al punto.

― Ok...―suspiró― Te acuerdas de, bueno, ¿Nuestra última pelea?

Cole asintió y los ojos de ella se humedecieron mientras ambos dejaban que los recuerdos invadieran el salón...

Era de noche. Phoebe había estado esperando a Cole todo el día pero él no había aparecido. Estaba convencida de que había salido con sus amigos, pero lo que le molestaba, era que no le hubiese avisado.

― Mami. ―dijo Patty desperándose un poco a asustada.

― ¿Qué pasó bebé? ―preguntó cambiando su cara de enojo a una expresión cálida.

― Mal sueño. ―le explicó, extendiendo sus bracitos hasta ella.

― No...―se quejó escondiendo su cara en el pecho de su madre.

― Oh no...eso no está bien. ―dijo sonriéndole, cuando estaba triste y deprimida, o sentía que nada iba bien, era cosa de ver a su niñita y darse cuenta de que todo lo hacía por ella. Lo valía.

― No fue más que un sueño amor, ahí nadie puede lastimarte. Te lo prometo, solamente diles que te dejen en paz...en los sueños dulzura, tú decides qué quieres ver, vivir o ser. ―le explicó, no muy segura de que una niña de dos años lograse entender eso.

― Monstruos. ―dijo, escondiendo aún más su carita.

― Puedes convertirlos en mariposas, o ponies, o hadas si tu quieres. ―le dijo sentándose en la cama.

― Dormir contigo. ―le rogó con ojos asustados.

― Claro que sí mi amor, pero necesitas aprender que nada puede herirte o destruirte, a menos que tú le des permiso.

Phoebe se recostó en la cama y su bebé hizo lo mismo, pero sobre ella. Tenía sus piernas alrededor de la cintura de su mamá y sus manos enrolladas en su ropa, mientras que la novia de Cole la tenía rodeada con sus brazos.

― Te amo. ―dijo Patty, sonriendo relajada ante la respiración de su madre.

― Yo también. Eres la personita más increíble y maravillosa que he conocido. Haría lo que fuera por ti...

― Cuento.

― ¿Quieres un cuento?, Son las dos de la mañana.

― Cuento...

― Ok, ayudemos a la pequeña Patty a dormir bien...―sonrió Phoebe, estaba terriblemente cansada y solamente quería dormir, pero como había dicho, haría lo que fuera por su pequeña y quizás un cuento podría ayudarla a matar el tiempo. Iba a matar a Cole apenas regresara.

― ¿Hada? ―preguntó Patty bostezando.

― Sí. Es sobre una hada, su nombre era Patty.

― ¿Como yo?

― Sí, como tú. ―dijo besándole la nariz― ella estaba volando y...

Unos minutos más tarde, la niña dormía profundamente. Phoebe le acariciaba la mejilla y el cabello. Era hermosa. La niña era casi otra Phoebe, pero tenía los ojos de Cole: azules. Su cabello era enrulado y castaño como el de ella, y verla dormir era el arte más perfecto del universo. Miraba al pasado y recordaba el día en que se había enterado de que estaba embarazada, cuán asustada estaba...cuán pequeña era la manchita en la ecografía, y ahora...su bebé estaba ahí, viva y durmiendo...cada día más grande, cada día más inteligente, al revés que su relación con el padre de la pequeña: cada día peor y más desesperante.

Cole estaba en la puerta tratando de abrirla, pero estaba demasiado borracho para hacerlo. Tocó, pero nadie respondió ya que madre e hija dormían. Se estaba enojando más y más y comenzó a patear la puerta, tratando de encontrar sus llaves al mismo tiempo.

― ¡Abre! ―gritó. Quería decir "por favor", pero estaba tan ebrio que apenas podía hablar.

Phoebe despertó confundida y escuchó el llanto de su bebé.

― El monstruo. ―dijo escondiéndose en su pecho.

― No amor, es papá. Está asustado porque es tarde y perdió sus llaves. ―trató de explicarle y evitar ponerse a llorar.

― Ayuda a papá. ―le rogó y Phoebe se puso de pie― ¡Brazos! ―pidió estirándolos, no quería que su madre la dejara sola ahí.

Phoebe tomó a su hija en brazos y arrastró sus pies hasta el hombre que estaba gritando. Contó hasta cinco antes de abrir la puerta: de verdad no quería discutir. Estaba cansada de eso; si no era él quien partía, era ella. Cada día una razón diferente, todos los días otro estúpido motivo. Esa noche, era su turno, ayer había sido el de ella y...se arrepentía de eso, de todas las peleas que habían partido gracias a ella, pero lo que no sabía, era si él se arrepentía de las que él había comenzado.

― Al fin. ―gruñó Cole quitándose su camisa, jeans y caminando desnudo hasta su cuarto― gracias. ―agregó, dejándose caer en la cama.

― ¿Trabajando? ―preguntó irónicamente, viendo cómo Patricia trataba de acercarse a su padre, feliz de verlo.

― Silencio por favor, estoy cansado. ―le pidió, y Phoebe dejó a su hija acercarse a él.

Patty sonrió y besó la mejilla de su padre, ahora ambos estaban en la cama mientras Phoebe estaba de pie junto a ellos, de brazos cruzados.

― Hola papi. ―dijo abrazándolo, tratando de meterse entre sus brazos, muy adormilada.

― Hola pequeñita, ¿No quieres jugar a un juego?, Se llama dormir.

― Ok. Tú y yo vamos a jugar. ―celebró cerrando sus ojos con mucha fuerza.

Cole dijo nada, estaba demasiado mareado y enfermo en ese momento. Y se sentía mal, horrible porque recién ahora se daba cuenta de cuánto extrañaba a su hija y de cuánto ella le extrañaba a él...pero no podía jugar, se sentía demasiado mal. Estaba cansado y nada iba yendo bien. Su trabajo era difícil y un desastre, la paga no era buena del todo y no tenía idea de cómo decirle a Phoebe que lo habían despedido unos meses atrás y ahora trabajaba en una tiendita. No quería romper su corazón, darle problemas o asustarla: tenía que encontrar la manera de resolver el problema, pero era demasiado difícil. Estaba cansado de fallar, enojado consigo mismo por no haber terminado la universidad...si lo hubiera hecho...las cosas serían diferentes muy diferentes. Y eso era: frustración. Estaba frustrado porque cada vez que intentaba hacer algo por su familia, las cosas se caían frente a sus ojos. Estaba perdiendo a Phoebe, estaba perdiendo a Patty. Todo lo que hacía, lo hacía por ellas. Lo único que quería era volver atrás y haberse esperado. Después, haberle pedido matrimonio a Phoebe y unos año después, haber tenido a Patty. Pero no...habían cometido un error y ahora estaban pagando su precio. Uno muy alto.

Phoebe se mordió los labios y soltó un par de lágrimas. No podía creer lo feliz que estaba Patty de verlo y cuán estúpido era él para pedirle que lo dejara en paz. Sentía que era su culpa, quizás si trabajara y lo ayudara a ganar dinero las cosas irían mejor. A él no le gustaba que ella trabajara porque quería darles todo a ella y su hija por sí misma...y ella sabía que estaba haciendo su máximo esfuerzo, pero estaba mal, y no lo veía. Si solamente la dejara...podría estar en casa más seguido, quizás menos estresado, quizás llegando temprano a casa...él nunca había llegado borracho antes, algo iba mal, terriblemente mal pero él no le decía qué. Se sentía inútil, no era una ayuda sino un problema y lo sabía, pero todo era demasiado complicado y difícil.

― Vamos hija, deja a papá dormir. ―dijo tratando de sostener a Patty, quien aún intentaba jugar al juego.

― ¡No!, ―se quejó al ser separada de su padre― ¡No!, ¡No!

― ¡Por favor cállate! ―le reprendió Cole, tomando una almohada para esconder su cabeza bajo ella.

― Hija, shh...está cansado. ―trató de decir Phoebe, pero Patty no se rendía: ella quería a su papá y lo quería ahora.

― ¡No! ―insistió tratando de soltarse de los brazos de su madre― ¡Papi!

― ¡Aleja a esa cosa, necesito dormir Phoebe! ―gritó él, su cabeza estaba a punto de explotar y los gritos de Patty no ayudaban en lo absoluto; y a pesar de querer jugar y compartir algo de tiempo con ella, sacarla al parque y salir con Phoebe también, en lo único que podía pensar era en vomitar. Prometía que nunca, jamás en su vida, volvería a beber.

― ¿Qué cosa?, ¿Tu hija? ―le gritó, estaba completamente furiosa ahora. No iba a dejarlo hablar así de su hija. Estaba realmente equivocado si creía eso― Te extraña, te ha esperado todo el día, ¡Y yo también! Lo único que quiere es compartir un poco contigo y...

― ¿No te vas a callar, verdad? ―le dijo levantándose, tratando de encontrar sus jeans.

― ¿Qué haces?

― ¡Irme!, ¡Ir a dormir a cualquier parte en donde haya silencio!

― ¿Papi? ―preguntó Patty frunciendo el ceño, casi cayéndose dormida en los brazos de su mamá, pero tan terca como sus dos padres juntos.

― Adiós. ―dijo él a la niña y Phoebe, no pudo aguantar un segundo más.

― ¡Vuelve en este mismo instante! ―le gritó, dejando a Patty en su cuna, ignorando sus quejas y gritos.

― ¡Déjate de gritar!, ¡Mi cabeza! ―le reclamó.

― ¡Voy a gritar y no voy a parar de gritar!, ¡Esta es la última vez que no vuelves a casa después del trabajo! Desde mañana, vas a estar aquí cada maldito día a las seis y no te estoy preguntando.

― No puedes darme órdenes.

― ¡Puedo, lo haré y lo estoy haciendo!

― Loca.

― ¡No, tú eres el loco! Aquí es donde está tu familia. Estoy cansada de esto, ¡Ya no lo aguanto! ―gritó, tirando algunas cosas al suelo: había colapsado. No era lo suficientemente madura como para manejar una situación así.

― No. ―le dijo tomándola de su muñeca― eso me costó mucho dinero que he ganado trabajando mientras tú haces nada.

― ¡No me interesa! ―se quejó empujándolo― ¡No importa lo que hiciste o lo que haces!, ¡No me interesa nada que tenga que ver con tu estúpido dinero!, ¡No lo necesito!, ¡Lo único que necesito es un padre, un novio, un amigo! Y lo eres cuando quieres, pero no ahora, ¡Necesito tu apoyo!, ¡Estoy todo el día trabajando en la casa y cuidando a tu hija mientras tú gastas nuestro dinero en tragos y stripers!

― ¡No gasto en stripers!, ¡La única mujer que existe para mí eres tú! Y si no estoy en casa es porque estoy haciendo todo lo posible para darte todo lo que quieres y necesitas, ¿No te das cuenta?

― ¡No!, ¡No lo hago!, ¡De lo único que me doy cuenta es de que haces cualquier cosa menos trabajar o hacerte cargo de mí, de nosotras!

― ¡Todo lo que tienes es por mí!, ¡Esta casa, la cama, tu ropa, tu hija! ―le indicó, apuntando a todo lo que nombraba.

― ¡Nuestra hija!, ¡Nuestra hija! ―insistió tirándose el cabello― ¡Odio este lugar! Odio esta casa, esa cama y esta ropa, ¡Éramos mucho más felices cuando vivíamos en ese viejo cuarto sin comida y sin nada!, Estábamos juntos, ¡Estábamos unidos! Nos costaba, la pasamos mal es cierto, pero éramos uno. Ahora...no eres más que un imbécil.

― ¡Si no te gusta vete!

― ¡No puedo!, ¿Acaso crees que no quiero volver donde mi madre? Ella solía cocinarme, hacer mi cama, llevarme a la escuela, prepararme el desayuno, ayudarme con mi tarea, ¡Lo hacía todo!, La necesito, necesito su ayuda para cuidar de Patty y para aconsejarme sobre nuestra relación y...necesito a mi mamá, no puedo controlar esto, no soy tan fuerte. Tengo miedo, ¡Tengo dieciocho Cole!, ¡Debería estar viendo televisión, comiendo papas fritas y llorando por un chico!, ¡No haciendo esto! No siendo una ama de casa, no estar limpiando, cocinando y cuidando a una niña, ¡Por ti!

― ¡Te dije que si no querías tenerla no tenías que hacerlo!, La amaba y la quería, pero no te iba a obligar a nada.

― ¡No iba a matar a mi hija Cole!

― ¡Ese no es el punto! Lo que te estoy diciendo es que tú aceptaste esto porque querías y nadie te obligó, ¡Ahora no te quejes! Eso es todo lo que haces: estar todo el día en la casa y cuando llego, quejarte, gritar y llorar, ¡Hacer un escándalo! Es como si tuviera dos hijas en lugar de una. Lloraste porque querías a tu mami cuando escapamos, luego durante tu embarazo y, ¡El parto!, ¡Que día más desesperante! ¡Estabas insoportable! Y desde ese momento hasta ahora no eres más que una malcriada de quince años quien no ayuda en nada y lo único que hace es darme más problemas de los que ya tengo.

― ¡Sí tienes razón porque soy una estúpida adolescente!, ¡Discúlpame por no ser suficiente para ti! Lo siento si soy malcriada, perdón si no soy la mujer que querías pero soy lo que soy y ya. Al menos no te vendí nada, tu eras tan encantador, ¡Un caballero!, interesante, un hombre de verdad, ¿Y ahora qué?, ¡Eres un idiota!, ¡Ni siquiera puedes hacer feliz a tu mujer! Nunca estas aquí, y cuando llegas, lo único que quieres se sexo pero no lo tenemos, ¿Por qué? ¡Porque sigues asustado de mí! Sigues viendo una niña cuando no lo soy, para ti...no soy más que una responsabilidad, un peso, no estoy a tu nivel.

Phoebe tiró algunas cosas al piso, furiosa. Quería golpearlo con ellas pero cada vez que lo intentaba, se daba cuenta de que no podía herirlo. Estaba fuera de control y Cole estaba asustado de que llegase a herirse a sí misma, a su hija o a él si no se detenía. Caminó hasta tomarla de las muñecas.

― ¡Para!, ¡Detente ahora!, ¡Ya no te soporto! ―gritó empujándola contra la pared con fuerza y haciéndola chocar contar ella antes de obligarla a sentarse en el suelo.

Phoebe abrió sus ojos asustada al verlo tan enojado mientras caía al suelo, por lo que trató de esconderse en sus brazos. Estaba asustada. Él solía ser agresivo pero con cosas, como tirar objetos al suelo o patear la puerta, pero él nunca la había tocado. Ella nunca lo había dejado, y él jamás se había atrevido a cruzar esa línea. Pero ahora, no tenía idea qué esperar. Estaba asustada, no quería pelear más.

Cole la vio escondida y tiritando, y se sintió culpable. Se odiaba a sí mismo, ¿Cómo pudo...? Él nunca la había tocado, golpeado, y ahora...¿Qué hubiera pasado si se hubiese golpeado la cabeza cuando la empujó?

― Pheebs, lo siento. ―dijo susurrando con los ojos llenos de lágrimas. Patty también lloraba, pero nadie la oía, demasiado ocupados discutiendo― Lo siento, intentaba detenerta yo no quise...

Se arrodilló y la abrazó con fuerza, ella se lo permitió enrollando sus brazos en él al mismo tiempo. Se mordió los labios y sollozó, notaba que él también estaba llorando.

― ¿Qué nos está pasando...? ―le preguntó sujetándose fuerte, como si soltarlo produjera su desaparición.

― No sé...―murmuró cerrando sus ojos y enredando sus dedos en su cabello.

― Estábamos tan enamorados, llenos de planes, con tantos sueños...tan jóvenes tan...―dijo tratando de ignorar a Patty; no se sentía lo suficientemente fuerte como para controlar eso, y se sentía la peor madre del mundo al hacerlo.

― Inocentes. ―le sonrió débilmente― jóvenes, inexpertos, idealistas...

Cole se puso de pie y ella tembló. Su cara estaba cubierta de lágrimas y se las limpió mientras su novio tomaba a su hija en brazos.

― No me arrepiento de lo que hemos hecho. ―le dijo tomando su mano y haciéndola sentar en la cama― amo a nuestra pequeña familia, te sigo amando...―le prometió tratando de calmar a Patricia, acostándola bajo las sábanas.

― No más gritos. ―le pidió a sus padres, restregándose la cara con sus pequeñas manitos.

― No más, lo juro. ―le prometió Phoebe con su corazón roto, besándole la cara.

― Lo juro, no más. ―repitió Cole, triste como nunca.

Patty asintió y sonrió, tomando sus manos y cerrando los ojos. Se estaba quedando dormida, mientras tanto, sus papás pensaban. Cole estaba concentrado en qué hacer para tener un mejor trabajo y en cómo decirle a Phoebe sobre el despido del anterior, y ella...estaba tomando una decisión. La más difícil.

― ¿Aún...me amas? ―preguntó Cole tímidamente, una vez que Patty se hubo dormido.

Phoebe sonrió y le acarició la mejilla antes de responder.

― Te amo. Te amé, y siempre voy a amarte. ―le prometió.

Ambos se miraron a los ojos y se besaron, después él le acarició el cabello hasta que se quedó dormida, o pretendió hacerlo; en realidad, Phoebe pasó toda la noche llorando y pensando en lo difícil que iba a ser poner en marcha la decisión que había tomado, pero también en cuán buena y saludable era.

La mujer suspiró y el hombre se restregó el rostro antes de que ambas miradas se convergieran y las dos cabezas asintieran. Se acordaban, y muy bien.

Te fuiste a la mañana siguiente. le dijo con amargura, intentando espantar el fantasma de aquél pasado.

Necesitaba hacerlo...trató de explicarle, arrepintiéndose de su estúpida decisión, de aquella que había destruido todo lo que tenía, todo lo que había amado, todo lo que era.

¿Por qué te la llevaste? se quejó, cortando su discurso¿Por qué me dejaste y nos separaste así? agregó actuando como si fuese una persona fuerte y con una actitud de "no me interesas" que no estaba funcionando.

Phoebe se puso a jugar con sus pies y luego se retiró un mechón de cabello. Ella tenía sus razones, estúpidas, o quizás no...pero...lo había hecho porque había tratado de salvar su relación, darse un resipro y comenzar otra vez pero...todo había salido terriblemente mal y también tenía algunas preguntas en su cabeza.

¿Por qué no fuiste por mí? le preguntó de vuelta, casi susurrando, mirándolo fijamente. Esperaba que le respondiera, o que llorara, o hiciera algo, pero no verlo empuñar sus manos y enojarse tanto: estaba fuera de sus casillas, de un segundo a otro, había perdido toda calma.

¿Estás bromeando? gritó levantándose de su asiento y caminando hasta ella antes de darse vuelta de nuevo para sentarse: no podía dejarla ganar, no podía dejarla ver cuán perplejo y perturbado estaba.

¡No! respondió herida ante eso¡Te pedí que lo hicieras!, ¡Te lo rogué! Solamente quería que fueras por mí y nuestra hija, pero nunca apareciste, ¡Esperé por ti diez malditos años y cuando me ves lo único que haces es escapar de mí! respondió, siendo ella la que gritaba esta vez, levantándose también y cubriéndose la cara con las manos emitiendo un sonido desesperado.

¿Me lo pediste?, ¿Me rogaste?, ¿Puedo saber cuándo? preguntó arqueando una ceja, ahora más tranquilo pero aún enojado con ella.

En una carta, Cole. dijo confundida.

¿Qué carta? preguntó de vuelta, tan confundido como ella y perdido en la historia.

La carta. repitióLa carta que dejé sobre la mesa de la cocina, la carta...

Nunca leí eso. respondió frunciendo el ceño, ¿Cómo se atrevía a inventar algo así?, ¿Cómo podía hacerle querer creer que todo había sido culpa de él?¡No había nada!, ¡No mientas!

¡No estoy mintiendo! insistió haciéndolo callar Escribí una carta, esto...esto es lo que hice esa mañana.

Phoebe decidió levantarse. Todo su cuerpo estaba acalambrado y le dolía la espalda. Tenía marcas en sus muñecas. Se sentó en la cama y observó el cuarto. Era hermoso, nada comparado al viejo cuarto que compartieron meses atrás, cuando eran pobres, pero felices. Cole dormía mientras la bebé era abrazada y protegida por él. Phoebe sonrió, era una buena persona, un buen padre, un buen novio, un buen amigo...solamente necesitaban tiempo. Ambos. Tiempo para crecer, para pensar, para ser mejores y luego, intentarlo otra vez. Unas pocas semanas, un par de meses...ella crecía y confiaba en su amor. Iban a volver, lo sabía, pero ahora, él era un monstruo y ella no era mucho mejor y la única que estaba al medio sufriendo injustamente, era su hija.

Se dirigió al salón, podía ver el desastre que había dejado la noche anterior. Había destruido un montón de cosas, importantes para Cole. Tomó su maleta, en donde puso ropa de su hija. Sabía que todo estaba mal y que necesitaba irse en ese momento. Guardó algunos juguetes y fotos para guardarlos en otra maleta. Buscó un papel y escribió algo en él. Cálidas lágrimas caían por su rostro y mojaban la hoja, pero no le importaba: necesitaba decir adiós.

Se inclinó y besó a Cole, un beso largo y sintió que la atraía desde la cintura, pero estaba demasiado dormido como para tener éxito en su acción. Él sonrió y murmuró algo que ella entendió como "te amo".

― Yo también te amo, por favor, perdóname. Nos vemos pronto, vamos a lograr. ―le susurró besándolo de nuevo y tomando a Patty en sus brazos envuelta en una manta.

No miró atrás. No, no podía o no se iría. Prefería hacerlo ahora cuando todavía había una familia por la cual luchar, más adelante sería un suicidio y podría ponerle un punto final a todo. A veces, no puedes hacer más que mantener la frente en alto, tratar de no llorar y decir adiós.

― ¿Papá? ―preguntó Patty.

― Se nos unirá luego, déjalo dormir. ―le dijo y la niña sonrió, luego siguió durmiendo en los brazos de su madre.

Phoebe cerró la puerta despacio y tomó rumbo hasta la vieja iglesia. No sabía si su madre la aceptaría de regreso en San Francisco, por lo que iba a pedirle a Sor Erin, una monja que habían conocido y la había ayudado durante su embarazo, que cuidara de Patty algunos días. Iría San Francisco, hablaría con su madre y luego volvería por su hija...y después, esperaría a Cole. Le había escrito que estaría en San Francisco y que iba a esperarlo ahí. Era cosa de tiempo, dentro de un mes o dos, si todo iba bien, las cosas mejorarían. Era su deseo. Su único deseo.

Phoebe dejó de hablar, no sabía si él le creía pero ella estaba diciendo la verdad. Esa era la razón por la cual ella estaba tan enojada y triste, porque él nunca trató de recuperarla. Él nunca había luchado por su familia, y además de eso, ella había perdido a su hija. Pero ahora, al verlo mantener aquella atónita expresión y haberlo oído decir que jamás había visto una carta, sabía que algo más había detrás.


Ok, esta es la versión de la señorita, ¿Qué pensará el caballero? Chicos, es normal si tienen un montón de preguntas porque esa es la idea, si quieren preguntar algo no se olviden de preguntarlas así no me olvido de explicar nada cuando el momento llegue. Gracias.

Respuesta(s) de review(s):

Daniie Armstrong: Eres demasiado, demasiado tierna! Gracias por TODO.

Orquidea-Ophelia: ¡Hey tú! casi me matas de un infarto el miocardio cuando vi el lote de reviews que dejaste, ¡mILLONES DE GRACIAS! Bueno, el review ya te lo respondí y espero que este cap te haya agradado =)