¡Hola! Les traigo una nueva actualización :D La verdad, este capítulo fue un nuevo desafío para mí :o Es la primera vez que armo una historia con una escena contada dos veces, pero narradas de la perspectiva de diferentes personajes. Así que perdónenme si no salió muy bien XD Espero que lo disfruten mucho.

Capítulo 7: "El mejor día"

Ya habían transcurrido siete meses desde la muerte de su madre. Siete meses recordaba Haruka con tristeza.

- ¿Cómo puede cambiar tanto la vida de alguien en tan poco tiempo? -Se preguntaba Haruka, con justa razón.

Desde que su madre había partido, la vida de la rubia había dado un vuelco que jamás se hubiese imaginado.

Su nombre comenzaba lentamente a ser reconocido en las carreras de Tokio. Aunque ella sabía que le quedaba mucho para alcanzar el verdadero éxito.

Seis meses para ser exactos. Fecha en donde daría comienzo "la gran carrera de la federación mundial de corredores". Donde los mejores exponentes de fórmula 1 de los cinco continentes lucharían codo a codo por la gloria.

Pero los acontecimientos más increíbles de esos meses no pasaron en las carreras.

La joven de cabellos dorados se acomodó, lo mejor que pudo, en los ásperos pastos del antiguo y pequeño parque donde conoció a la joven violinista.

Esa chica de cabello verde mar que tocaba como una diosa había maravillado a Haruka desde que la vio por primera vez.

La rubia no sabía su nombre, ni quien era. Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía cómo era su tono de voz.

Pero, aun así, Haruka sentía una conexión especial con aquella chica y tenía la necesidad cada vez mayor a acercarse, hablar con ella.

El rostro de Haruka se ruborizó. Desde que tuvo el sueño con aquella mujer de cabello plateado, la rubia se planteó conversar seriamente con la peliverde.

Sin embargo, su valor flaqueaba cada vez que la veía y cuando lograba darse ánimos, la chica se había ido.

De pronto, algo interrumpió los pensamientos de Haruka. El viento cambió de dirección. Se volvió fresco y suave.

Era ella. La violinista de cabello verde mar. Haruka lo sabía muy bien.

La rubia se levantó y miró, por encima de la maleza, hacia el bloque de cemento en donde la peliverde tocaba su maravilloso violín.

Haruka estuvo esperando por varios segundos. Estaba expectante y sonrojada, como siempre se ponía cuando el viento le informaba sobre la llegada de la peliverde.

Y allí llegó ella. Su hermosa sirena de cabello verde mar se subió al bloque de cemento, dejó unos papeles mojados en el suelo y se acomodó su violín en los hombros.

El corazón de Haruka se quebró a penas la violinista comenzó a tocar. El sonido que se producía estaba cargado de sufrimiento y dolor. De soledad y miedo. De tristeza y desesperanza.

¿Cómo alguien podía vivir con todos esos sentimientos en su alma si enloquecer? Se preguntó Haruka.

La chica siempre tocaba notas tristes. Sin embargo, esta fue la primera vez que Haruka sintió tanta miseria en sus notas.

De repente, el sonido cesó. Y la bella joven cayó de rodillas con su violín en las manos. Las lágrimas comenzaron a mojar sus mejillas de manera descontrolada.

Pero qué o quién la pudo dañar tanto para dejarla en ese estado. Haruka caminó hacia su dirección. Sin embargo, se detuvo a los pocos pasos.

Se odiaba. Como rayos podían ser sus nervios más poderosos que su deseo de estar a su lado, consolarla y decirle que ya no estaba sola.

Entonces, la peliverde arrojó su violín con ira. El sonido hueco del instrumento chocando con el cemento hizo, por fin, reaccionar a Haruka.

La rubia retomó el paso a su dirección. Iba lento, pero por primera vez en mucho tiempo, su paso era decidido y seguro.

- Esas lágrimas no van contigo, linda. -Dijo con la voz más confiada y suave que pudo.

Tomó el violín entre sus manos y se lo regresó a la chica. Pero la joven no parecía querer recibirlo.

La chica de cabello verde mar levantó su vista. Sus ojos eran tan cristalinos como el agua dulce.

Ese rostro de marfil, ese cabello verdoso y brillante como el mar. Esa mirada… Esa forma tan dulce e intensa de mirar… La rubia ahora estaba completamente segura que alguna vez, en una época lejana, sus vidas se habían cruzados.

Haruka podía sentir como era analizada detenidamente por la chica. La rubia apenas se permitía respirar. Le parecía que el tiempo jugaba con ella, transcurriendo más lento que nunca.

- ¿Quién eres? -Le preguntó mientras se secaba sus lágrimas.

Su voz era clara, dulce y casi tan melodiosa como su violín.

- Pues… -Haruka trató de pensar en las palabras menos alarmantes. ¿Cómo le diría que la ha estado espiando por siete meses sin que la violinista corriera a denunciarla por acoso? -Alguien que lleva un buen tiempo escuchándote tocar ese instrumento en el parque. -Dijo de la forma más tranquila y confiada que pudo. -Me llamo Haruka.

Haruka tomó el violín con una sola mano. Y tendió su mano libre a la chica de cabello verde mar.

La joven violinista le sonrió leve, rechazó la mano de la rubia y se levantó por su cuenta. Lo cual hizo sentir feliz a Haruka. Su sirena era una chica fuerte. No una damisela quien necesite que la levanten.

- ¿Me has estado espiando, Haruka? -Dijo de forma pícara.

La rubia se tensó. Pero, para su suerte, al parecer la peliverde se tomó ese asunto con humor.

- ¿Ah? No. Eh… Bueno. -Haruka se rascó la cabeza nerviosamente. -Pues un día pasé por acá… No porque quisiera. -La rubia trató de pensar en la forma menos extraña de explicar lo que sucedió desde la primera vez que la vio. Pero todas sonaba igual. -Sé que sonará raro, pero sentí como el viento me atraía aquí. Y entonces te escuché y quedé maravillada.

- ¿El viento te habla? -Preguntó sorprendida.

Haruka la vio y se disgustó un poco. Lo más probable es que ahora se pusiera a reír como todos lo hacían cuando ella hablaba sobre su comunicación con el viento.

- No estoy loca. -Dijo la rubia de forma dura.

-No, no es eso. -Dijo la peliverde rápidamente. No estaba burlándose. No parecía creerla loca. Estaba, genuinamente, asombrada. Igual que lo estaba Haruka en este momento. -Cuando voy a la playa, siento como el mar me susurra. -Su tono era casi hipnótico. -Susurra mi nombre y… -Movió su cabeza en negación. -No sé por qué te estoy diciendo esto.

Haruka la miró tiernamente. Era grandiosa. La chica más grandiosa que había conocido.

- ¿Qué estabas tocando hoy? -Le preguntó Haruka mientras posaba su mirada en el violín.

- Era algo que compuse hoy mientras… -La joven guardó silencio por varios segundos. Haruka realmente quería saber que pasaba dentro de ella. Que cosas tan horribles ha vivido para componer cosas así. -Se llama dolor y soledad.

Que título más apropiado. Pensó la rubia.

- Tu música siempre está llena de dolor. -Afirmó la rubia.

- Dicen que el dolor es una buena fuente de inspiración.

El rostro de la chica era melancólico. Haruka no podía resistir ni un minuto más. No podía seguir viendo a esa bella, talentosa y carismática chica sufrir más.

Le tendió una vez más el violín.

- Sácalo. -Le ordenó Haruka.

- ¿Qué? -Preguntó torpemente la joven de ojos claros.

- Tu dolor. Limpia tu corazón como lo has hecho desde, al menos, siete meses que te he estado escuchando.

Los ojos de la peliverde comenzaron a brillar por las lágrimas que se resistían a salir. El corazón de Haruka estaba hecho añicos. Una gran parte de ella estaba al borde de arrojar el violín y abrazarla con todas sus fuerzas.

- No puedo. -Dijo en un hilo de voz. -Ya no funciona.

Haruka ya no resistió. Esas palabras fueron la gota que rebalsó el vaso. Se colocó detrás de ella. Tomó sus suaves y delicadas manos, las entrelazó con las suyas hasta que ambas estaban sobre el instrumento.

- Claro que puedes. Siempre podrás. Sus miradas se cruzaron tiernamente. -Sólo que, a veces, necesitas un pequeño empujón.

No estaba segura de lo que hacía. Trató de guiar a la peliverde con su instrumento. Aunque ni siquiera sabía si estaba tocando una nota o haciendo chillar el instrumento.

Luego de un rato, la peliverde comenzó a tocar por su cuenta y Haruka dejó las manos de la joven.

El sonido desgarrador que solía emitir el violín se fue volviendo dulce y pacífico como jamás lo había oído Haruka.

- ¿Quién eres? -Preguntó nuevamente la violinista después de terminar. Esta vez con una radiante sonrisa que parecía, incluso, secar sus lágrimas.

- ¡Hey! -Dijo Haruka con una sonrisa. -Creo que me toca a mí hacerte preguntas, ¿no crees?

La peliverde estalló en carcajadas.

- Está bien, Haruka. Pregunta lo que quieras.

- Eh… -Haruka rascó su cabeza. Realmente nunca pensó que llegaría tan lejos. Además, tenía tantas preguntas que no sabía por cual comenzar.

La peliverde rodó sus ojos y se cruzó de brazos.

- Me llamo Michiru Kaioh. Tengo doce años. Toco el violín desde los cinco años y aprendí a componer música a los ocho. Siento que tengo una extraña conexión con el mar. Y mi sueño es volverme una gran violinista. Tal como lo fue mi abuela. -Michiru le giñó el ojo a Haruka.

La rubia parpadeó sorprendida.

- Eh… -Era todo lo que lograba decir.

- Bien… Ahora cuéntame algo de ti.

- Tienes un nombre muy lindo. -Dijo luego de un rato. La rubia se obligó a concentrarse. -Me llamo Haruka Tenoh. Tengo doce años. Mi mamá y yo componemos autos desde que tengo memoria y nuestro sueño era volvernos unas grandes corredoras. Pero ella murió hace siete meses. Ella jamás pudo cumplir su sueño por el estúpido machismo que se tiene sobre las carreras de autos. Entonces decidí vestirme de hombre y correr como un chico. Para cumplir la promesa que le hice a mamá de alcanzar mis sueños. -Haruka tomó aire. -Tengo una extraña conexión con el viento. A veces siento que somos uno solo y mi sueño, como dije, es ser la mejor corredora de fórmula 1 de todo el mundo.

- Wou… Eso sí que es una biografía completa. -Dijo Michiru con una sonrisa. La joven de cabello verde mar se acostó sobre el frío piso de cemento.

Haruka vio que la chica de ojos azul claro miraba hacia el firmamento con una sonrisa nostálgica.

- ¿Qué vez, Michiru? -Preguntó Haruka. Imitando su posición.

- Las estrellas están hermosas. Parece como si el cielo estuviera mostrando sus más radiantes perlas esta noche. -Michiru quedó un largo rato en silencio. -Debe ser tardísimo. Mis padres me van a… -La peliverde se colocó de pie rápidamente. -Fue un gusto conocerte, Haruka. ¡Nos vemos! -Gritó mientras se iba. – Ah, -se devolvió- no es necesario que me escuches a escondida o que me estés espiando. Me agradas mucho. -Dijo levemente sonrojada. -Será un placer tocar sólo para ti un día.

Haruka vio cómo se alejaba a paso apresurado.

- Despídete de tu lugar primera carrera ganada. Este es mi nuevo e inamovible mejor día de mi vida.