Disclaimer: Alicia en el País de las Maravillas/A través del espejo no me pertenecen, todos los derechos reservados a Lewis Carrol y a quienes crearon guiones y dirigieron las películas en las que se basan mis fics. El fic sí es de mi completa autoría.
Querencia
VII
—¿Qué tal todo, querida?
Mirana había despertado soberanamente temprano y como de costumbre, lo extraño en realidad era que ella despertara a tales horas. Desde su llegada había permanecido viviendo en el palacio, con la ahora Princesa Roja y la Reina Blanca, ya que resultaba bienvenida ahí desde su mismo triunfo con el Jabberwocky, que su habitación quedó preparada para ella y nadie más.
Esa mañana la reina se veía sola, al parecer su hermana se dedicó más a otro tipo de actividad y no a desayunar en familia (desayuno al que Alicia nunca asistía por ser extremadamente temprano), pero ahí estaba ahora, apareciéndose en el comedor con una extensa mesa, donde Mirana comía sola.
—Buenos días, Majestad —saludó, tomando asiento a uno de sus lados para comenzar a servirse. La mayor le dio una mirada de soslayo.
—¿Te has caído de la cama esta mañana?
Alicia sonrió divertida por la observación.
—Esta mañana tuve un sueño cuando ha salido el sol, solamente —respondió.
—¿Muy malo como para permitirte retomarlo?
La joven no supo qué contestar.
No era un sueño malo, era algo que bien nerviosa la dejaba. Ya desde antes de regresar, en Inglaterra, iba teniendo este tipo de acontecimientos en su subconsciente alguna que otra noche al dormir. Era en parte desesperante y en parte bochornoso sin medidas.
—Creo que prefiero guardármelo.
—¡Oh! Es todo tuyo, querida —concedió la soberana, bebiendo su infusión de a pequeños sorbos.
.
La hora del té oficial era a las cuatro de la tarde, donde se juntaban todos bajo el cerezo que la vio aterrizar aquella vez de atravesar el espejo. Tarrant estaba a horario, como siempre bien puntual, preparando la mesa con lo requerido, en compañía de sus amigos y peleando con Cheshire, que le robaba los platos o las tazas.
—Te ves algo alterado, querido amigo.
—Es que ya es la hora del té, por favor, gato malévolo, regrésame las tazas —Suficiente tenía con la Liebre dando de saltos y azotándolas por todos lados, por favor.
El mismísimo gato reacomodó lo que sujetaba entre sus patas donde debía ir, viéndose el Sombrerero satisfecho. Ciertamente estaba algo un poco más alterado que de costumbre, pero nada que una hora con su querida Alicia no arreglara, más en compañía de sus más allegados.
Bayard y Lirón también parecían enfrascados en algún estilo de conversación, discutiendo que si la pobre ratoncita era o no algo bueno para que los cachorros jueguen. Y obvio quién decía que sí y quién que no. Alicia, Mirana e Iracebeth aparecieron justo entonces.
—¡Quítate de mi lugar, animal! —recalcó la soberana mayor a Bayard, que se bajó de la silla con la cola entre las piernas para sentarse en la contigua.
—Buenas tardes, mis queridos amigos —saludó por su lado la reina, Alicia solo se remitió a un "Buenas tardes" cordial, antes de tomar lugar entre el Sombrerero y uno de los gemelos, que estaba junto al otro enfrascado en una discusión sin sentido (o que tuviese que ver con qué dirección tomar al regreso).
Hubo pasado un buen tiempo hasta que solo quedaran Bayard, Cheshire, Lirón, Mirana, Alicia y Tarrant, debiendo los demás irse cada quien a alguna cosa. La joven estaba ahora junto a Bayard, que recibía gustoso sus caricias y algún que otro bocadillo, desde hacía un buen rato. Era llamativa la mirada que el Sombrerero enviaba en su dirección.
Cheshire se mordía la lengua, pero no se guardaba las inmensas sonrisas a su estilo, ni se reprimía de alentar a la jovencita a que siguieras con sus caricias al perro. Tarrant se sintió entonces como un niño olvidado y, así mismo, parecía un niño ofendido.
Cuando finalmente dieron por terminada la hora del té, Mirana, Lirón y Cheshire se fueron antes. Alicia comenzó a ordenar las cosas sobre el mantel de modo que después el Sombrero pudiese cargarlo todo.
—Mis hijos me llaman, lo siento —Bayard aulló, en respuesta a unos otros que solo él parecía escuchar, al finalizar, se acercó hasta la joven y pegó su hocico unos segundos en una de sus mejillas, a lo que ella sonrió encantada—. Gracias por las recompensas, Alicia.
Ella tardó unos segundos en percatarse de que se refería a los bocados y las caricias. —¡Oh! Fue todo un placer, Bayard. Eres un buen chico.
El sabueso finalmente se fue. La joven se volteó a seguir, dando un respingo al toparse tan de cerca con los ojos de Tarrant. Él la miraba hasta con cierta picardía.
—Yo también —Le dijo. Y la besó en los labios, dejándola pasmada de la impresión, por lo menos un segundo, hasta que pareció reaccionar—. Lo siento.
Ella lo detuvo, sujetándole por los hombros y mirándolo curiosa.
—Responde algo, Sombrerero —Él se vio intrigado y sorprendido—. ¿Soñaste conmigo mientras me extrañabas?
Tarrant sonrió automáticamente, mirándola con el mismo anhelo con el que la miró la primera vez después de la primera vez que la vio, cuando ya era más señorita y no una niña.
—Todas las noches te veía, mi querida Alicia…
Ella no supo si le respondía o no, si en realidad sabía o no lo que le preguntó. Daba igual. Lo miró con ternura, sonriendo igual, para después acortar la distancia y volver a besarlo por su parte, dándole el permiso que quizá él necesitase para no sentirse un maleducado.
..
Corto, lo sé. Pero no me digan que no es una linda viñeta.
He visto últimamente muchos casos en los que los muchachos se ponen celosos de las mascotas de sus novias. XD Algunas terminan en discusiones no tan buenas, pero se entiende. Pensar que Bayard es más un amigo como lo normal a un perro… diría que influenciaría más todavía en posibles celos.
Sin más, mil gracias por leer. Sigo esperando sus reviews. (Estamos a tres del final).
¡Cuídense!
