En un principio, al regresar al castillo había sentido rechazo por los hijos de la extraña, y los mantuvo alejados de si, dejándolos bajo la protección de las criadas que Tifa les había asignado. Ahora, en cambio, decidió empezar a mostrarse cuidadosa con ellos, a permitirles estar en su presencia y a pasar muchas horas del día a su lado. Las ancianas nodrizas miraban aterrorizadas los cuidados que les prodigaba, pues presentían la triste suerte que les esperaba. ¿Pero como iban a contrariar la voluntad de su terrible pero tiránica señora? Aerith pronto se gano también el amor de los niños, que a diferencia de los demás moradores del edificio no se estremecían de miedo y espanto por ella. Jugaba con ellos frecuentemente y siempre cariñosa, en vez de dejarlos hacer cualquier cosa, les enseñaba nuevo, originales y recreativos esparcimientos; otras veces les narraba cuentos de hadas, ya agradables o llenos de terror, pero siempre tan mágicos y maravillosos como nunca los habían oído de los labios de las nodrizas.
Cuando se cansaban de jugar o de oír sus historias, sentaba a los dos en sus rodillas y los dejaba dormirse sobre su pecho. Las mas extraordinarias visiones los conducían en sus inocentes sueños hacia jardines admirables, jamás vistos, donde había toda clase de flores, desde las diminutas violetas hasta las que casi tocaban el sol, una puesta detrás de la otra, según su tamaño, de manera tal que cada una se destacaba con su cabeza sobre los precedentes, y todas entre si formaban una escalera hasta el cielo; y por esa escalera de flores descendían los ángeles del cielo, varones y niñas de hermosos rostros, vestidos de azul y púrpura, con alas doradas, que traían para ellos maná e imágenes de piedras preciosas, y les cantaban suavemente o los acompañaban a subir la ondulante escalera de flores hasta el cielo; y el sol era una reluciente mariposa mágica a la que perseguían y las estrellas, gusanillos de fuego con los que podían jugar.
Tan deliciosas y alegres resultaban para Namine y Zack estas visiones que nada anhelaban más que arrullarse en el regazo de Aerith, ya que jamás habían sido visitados por sueños tan adorables cuando se dormían en sus lugares habituales. Se diría que anhelaban ir al encuentro de su propia muerte, ¿Pero no anhelamos todos, en definitiva, lo que nos llevara a la tumba al cabo de los placeres de la vida? Ellos mismos se echaban en brazos de su eminente perdición, que lucían la mascara de la felicidad, y mientras tenían estas mágicas ensoñaciones, Aerith succionaba de su pecho el flujo vital. Al despertar, se sentían exhaustos, pero ningún dolor, ninguna marca, delataba lo que les había sucedido. Poco a poco sus fuerzas se desvanecieron, como un arroyuelo que se seca con el calor de verano; sus juegos fueron cada vez mas silenciosos; sus risas alegres y divertidas se convirtieron en débiles sonrisas; la melodía se sus voces, en un mero susurro. Las nodrizas estaban desesperadas; ninguna curación tenia eficiencia; presentían la verdad, pero no comunicaban al padre sus sospechas, pues no se atrevían a acusar ante Cloud a la terrible mujer por la que sentía la pasión mas ardiente. Pronto los niños fueron la sombra de lo que habían sido y el humo de la muerte se encargo de disipar también esa tenue sombra. Zack murió primero y siete días después su hermana Namine lo siguió a la tumba.
Profundamente afecto a Cloud la pérdida de sus hijos, pues a pesar del poco cuidado que les prodigaba era mucho lo que los amaba: ¡Ay, a él como a todos nosotros, la muerte por primera vez le dio una medida de su amor! Sin embargo, dolor disgusto fuertemente a Aerith:
-¿Por qué te lamentas tanto por esos niños?-dijo-. ¿Qué otra cosa podrían brindarle a tu maduro espíritu esos seres no desarrollados mas que el recuerdo de su madre? ¿Acaso tu corazón aun esta prendado de ella? ¿O has vuelto a prestarle atención porque, saciado de pacer, has llegado a cansarte de mi? ¿Qué te debían esos niños que te ataban a la tierra y sus vulgares cuidados, los cuales, l crecer, nuevamente te habrían arrojado de una buena vez en el polvo, del que yo, viniendo desde el mas allá, te he levantado? ¿O es tu espíritu tan pesado, tu amor por mi tan pálido, tu confianza en mi tan débil, que la esperanza de poseerme eternamente no es capaz de conmoverte?
Así se expreso Aerith, que se enfado por primera vez con Cloud y se mantudo lejos de su presencia. Pero la ansiedad por cerrar la herida que le había infligido en su corazón seco las lagrimas de Cloud; perdono la ofensa de Aerith y pronto recupero sus locas esperanzas y se abandono nuevamente al torbellino de aquel amor insensato, hasta que, al borde de la perdición, DESPERTO POR FIN DE SU TRASTORNO MENTAL.
Falta poquito para el fin de la historia…^^…no veo la hora de terminarla ya...Ejejej…
Muchas gracias a todos por dejar sus comentarios…
Haaaaaa cierto para los que no saben que es MANÁ, no, no es la banda…^^...No c me confundan…jejeje. Es un alimento llovido del cielo que permitió a los Israelitas sobrevivir durante su éxodo por el desierto. ^^
Bueno les dejo un beso
Chau…=)
