Capítulo 7: Vuelve , por favor.

Al día siguiente, Shinichi se levantó muy temprano y se vistió.

Salió de casa y anduvo por las calles de Tokio, recordando momentos que vivió con Ran. Momentos en los que había sido realmente feliz.

Sin darse cuenta, llegó a un templo; Shinichi no era especialmente religioso pero en esa ocasión decidió rezar para que la mujer a la que amaba regresara a su lado.

Sabía perfectamente que no serviría absolutamente de nada, pero era lo único que le faltaba por intentar.

Había salido de su casa a las 5 de la mañana y habían pasado las 9:30 cuando volvió.

Encontró a sus padres tomando el desayuno, por supuesto con la parte del chico ya servida.

—Buenos días.— Le dijo su madre con una sonrisa.

—No tengo hambre.— Contestó Shinichi mientras subía las escaleras. Tenía sueño y quería dormir para olvidar todo lo que había pasado.

Llegó a su cuarto y se tumbó en la cama, en la que al poco tiempo cayó profundamente dormido.


Después de que ella pronunciara una mísera palabra para despedirse de su familia , Gin apagó la cámara.

Ella no había sabido que la estaba grabando hasta el mismo instante en el que él se había encargado de quitarle la venda de los ojos.

Acto seguido, Gin se había ido.

Ran se preguntaba cuándo llegaría su sufrimiento al final; aquella horrible condena que cumplía por algo que no había hecho.

—Mamá, papá...— Dijo cerrando fuertemente los ojos para contener las lágrimas.

Probablemente sólo viviera un par de minutos más mientras el despiadado hombre cargaba su arma.

Ran recordó la carta que había escrito tiempo atrás y que guardaba celosamente dentro de su sujetador, para que su secuestrador no lo descubriera; cuando se deshicieran de su cadáver, la nota seguiría con ella y sería cuestión de tiempo que alguien la encontrara y se la diera a sus seres queridos.

Sus últimas palabras... sería duro, pero algo mejor que la única y estúpida palabra que había podido decir en el momento del vídeo.

Volvió a ver a Gin, esta vez venía acompañado del hombre gordo que había estado cuando la secuestraron en su propia casa.

— Cógela, Vodka.— Ordenó el rubio.

El moreno acató la orden de inmediato. Volvieron a ponerle la venda en los ojos y emprendieron el camino.

Los huesos rotos y las heridas de la chica le dolían más que nunca y a penas podía mantenerse consciente.

Salieron al exterior, por lo que la chica pudo sentir el frío de la noche.

Vodka le quitó las cuerdas que mantenían sus articulaciones unidas desde hacía más de 3 meses.

—¿Qué haces?— Preguntó Gin.

—La estoy desatando; no será ningún problema, no puede moverse.

El mismo hombre que la desató la introdujo en el Porsche de chica a penas podía respirar, era su fin.

Tras 40 minutos conduciendo, el coche de se detuvo.

Gin y Vodka se bajaron y arrastraron a la chica con ellos. Ran ni siquiera podía mantenerse en pie, por lo que miraba a sus secuestradores de rodillas.

Los dos hombres mantenían una conversación mientras ella se preparaba para morir.

El primero en acercarse fue Gin.

Para su sorpresa, la tiró mientras Vodka la sujetaba fuertemente contra el suelo.

Ran oyó un sonido metálico y acto seguido, el rubio le desgarró la camisa.

Ella intentó moverse para lo que ella pensaba que iba a ser una violación. Había sufrido incontables torturas desde que estaba secuestrada, pero nunca la había violado.

—Estate quieta.— Le ordenó.

La voz de enfado de Gin, el cansancio, el dolor y el hecho de que caería inconsciente hizo que Ran parara de moverse.

Sintió cómo su sujetador se aflojaba.

"Papá... Mamá...¡Shinichi!" -Pensaba ella con los ojos cerrados fuertemente.

La chica lanzó un grito desgarrador cuando sintió la hoja del cuchillo cortando su piel.

—Cállate.— Le ordenó Vodka tapándole la boca.

Era prácticamente imposible que Ran se callara: Gin estaba cortando la piel de su espalda.

No pudo resistir por más tiempo el dolor y cayó inconsciente.

Gin continuó cortando la piel de Ran por 2 minutos. Cuando terminó, tenía las manos completamente llenas de sangre.

— Vámonos.— Dijo Gin mientras se levantaba y tiraba el cuchillo lejos.

—¿No vas a matarla? —Preguntó Vodka con sus manos fuertemente aferradas a las muñecas de la víctima.

— Tal y cómo está no tardará mas de 10 minutos en morir.— Respondió mientras se quitaba los guantes negros empapados en sangre.


—¡Shinichi!—Gritaba Yukiko mientras zarandeaba al detective.

—¿Qué pasa?— Preguntó Shinichi aún dormido.

— ¡Han encontrado a Ran!— Le anunció su madre mientras abría el armario y le lanzaba ropa a la cama.

—¿QUÉ?— Shinichi dio un salto de la cama y comenzó a desvestirse , incluso con su madre delante.

—Shin-chan, te esperamos en el coche.— Dijo ella dirigiéndose a la puerta apresuradamente.

—¿Desde cuando tenéis el coche en Japón?— Preguntó Shinichi mientras se ponía los pantalones y el cinturón.

—Nos va a llevar el profesor Agasa.— Le dijo desde el marco de la puerta , girándose para mirar a su hijo, pero este salió corriendo en cuanto ella se retiró un poco.

—Vámonos.— Dijo corriendo escaleras abajo.

— Pero, Shinichi...— Iba a decirle que Agasa y Shiho estaban terminando de vestirse pero su hijo no le dio opción a decir una palabra.

— Buenos días.— Dijo sin parar de correr cuando se cruzó con su padre en la puerta.

—¿A dónde vas?— Preguntó el hombre con curiosidad.

En poco más de 10 minutos desde que Eri llamó a Yukiko para comunicarle la espléndida noticia, la familia Kudo al completo, Shiho Miyano y el profesor Agasa estaban de camino al hospital central de Tokio.

Por su parte, Heiji y Kazuha habían ido inmediatamente a la estación de trenes para coger el primero hacia Tokio.

Eran las 10:07 cuando llegaron al hospital.

Encontraron a Sonoko en una de las máquinas de café con las que el hospital contaba.

—¡Sonoko-chan!—La llamó Agasa.

La chica se dio la vuelta y en cuanto vio a Shinichi, fue directamente a él y le abrazó, un acto muy extraño en la chica del pelo corto.

— ¡Kudo-kun!— Exclamó ella echándose a llorar desconsoladamente.

El chico se asustó y separó a Sonoko.

—¿Dónde está Ran?— Le preguntó cogiéndola por los hombros y mirándola directamente a los ojos.— ¿Cómo está?

— No sé...— Contestó entre sollozos. Shinichi la apartó y echó a correr por todo el hospital.

Sonoko fue rodeada por los maternales brazos de Yukiko Kudo.

— Sonoko, tranquila.- Dijo mientras le acariciaba el pelo.- Dinos lo que sepas.

— Está muy mal...— Contestó sin dejar de llorar. Yusaku le tendió un pañuelo.

— ¿Dónde está Mouri-san? — Le preguntó Agasa.

— En la sala de espera del quirófano.


Kudo corría y corría por todo el hospital esperando ver a los padres de Ran por algún sitio pero no encontró nada.

Preguntó a las enfermeras de cada planta pero tampoco descubrió nada.

— Shinichi-kun.— Una voz de mujer llamó al chico, quien se había parado un segundo para coger aire.

El aludido giró la cabeza encontrando a Eri Kisaki cruzada de brazos, muy seria.

— ¿Dón...de... es..está...Ran?— Preguntó dificultosamente mientras trataba de calmarse.

— En quirófano.— Le respondió ella. Se dirigió a una máquina de café e introdujo algunas monedas en la ranura.

— ¿Cuándo va a acabar la operación?— Preguntó Shinichi acercándose rápidamente a la señora.

— No lo sabemos.— Continuó hablando mientras retiraba un vaso y metía más monedas.— Llevamos aquí desde las 6 de la mañana y no sabemos nada aún.

— ¿¡Desde las 6!?— Preguntó escandalizado él.— ¿¡Por qué no me habéis avisado antes!?

La abogada puso su cartera en el bolsillo de su pantalón y cogió el otro vaso.— ¿Para qué? — Le "contestó" ella.— ¿Hubieras hecho algo más que preocuparte?

Shinichi se quedó callado ante ese comentario.

— Sabemos que la encontraron a las 3 de la madrugada, pero no pudieron contactarnos hasta 1 hora más tarde.— Continuó Eri, pausó su discurso únicamente para tomar un largo trago del vaso de café.

— ¿Cómo que llegaron a las 6 si lo supieron desde las 4 A.M.?— Preguntó Shinichi.

— ¿Sabes quién la encontró?— Shinichi negó con la cabeza.— Araide-sensei.

La respuesta sorprendió un poco al chico.

— Dejó a Ran a cargo de los mejores médicos del hospital y vino a buscarnos a la agencia, para explicarnos los detalles.

— ¿Qué detalles?— Preguntó Shinichi desconcertado y asustado.

— Creo que deberías irte antes de que Kogoro te vea.— Le indicó la abogada.

— ¿Qué?— Se escandalizó el chico.— ¿Por qué?

— Dice que con la búsqueda de nuestra hija no nos dimos cuenta de que el verdadero culpable de todo lo que ella ha pasado, eres tú.— Le dijo la madre de Ran.

Ante ese comentario, Shinichi no pudo hacer nada: al fin y al cabo, tenía razón.

— Pero no puedo quedarme sin saber cómo está Ran.— Dijo con hilo de voz el detective.

— Y no lo harás. Yo misma me encargaré de informarte.— Le afirmó Eri.— Sólo que es mejor cuándo no esté Kogoro.

Kisaki se fue por la puerta por la que había aparecido.

A Shinichi le daba igual el planteamiento de la mujer, estaría allí con o sin la aprobación del padre.

Sus padres y sus amigos le encontraron justo donde Eri le había dejado.

Obviando la conversación que había tenido con ella , Shinichi buscó con los ojos a los padres de Ran.

— ¡Eri-chan, Kogoro-kun!— Les llamó Yukiko.

Kogoro se levantó y se fue directamente hacia Shinichi.

— ¿Qué coño haces tú aquí?— Le dijo mostrando el odio y la repulsión que sentía en ese momento por el chico.

— Mouri-san...— Dijo Agasa, viendo que la situación podía empeorar de un momento a otro.

De pronto, el puño de Kogoro impactó de lleno en el labio inferior del detective.

— ¡Oji-san!— Gritó Sonoko.

— ¡Kogoro!— Exclamó Eri levantándose a toda prisa.

— ¡Shinichi!— Exclamaró Yukiko, quien era frenada por su marido. Él sabía que Kogoro no iba a hacerle nada más a un crío.

— Te mereces muchísimo más que un puñetazo.— Continuó hablando con asco.— Más te vale que no te acerques a Ran, si es que sale de quirófano.

Eri se había acercado y tiraba de su marido hacia la salida.

— Porque si Ran muere, va a ser por tu culpa.

— ¡Kogoro, basta ya!— Gritó con autoridad su mujer mientras le empujaba.

El matrimonio desapareció por la puerta.

Shinichi se levantó con el labio chorreando sangre. De su bolsillo sacó un pañuelo, que usó para intentar taponar la herida.

— ¿Estás bien, Kudo?— Shiho le miró la herida.— Necesitas algunos puntos, la herida es bastante grande.

— Está bien , no es nada.— Dijo Shinichi sentándose en una de las sillas de la sala.

Nadie quiso decir ni una palabra.

Al rato , Eri y Kogoro volvieron a la estancia sin perturbar el silencio de la habitación.

La operación de Ran duró casi 14 horas, saliendo Ran de quirófano a las 5 de la tarde.

Para ese entonces, Kazuha y Heiji también estaban en la sala.

La de Osaka tenía la cabeza apoyada en el hombro de su amigo, llevaba horas llorando en silencio.

Sonoko también lloraba siendo arropada por Yukiko.

— ¿Familiares de Ran Mouri?— Dijo un cirujano quitándose la mascarilla blanca que cubría su boca.

Al instante, todos los que estaban allí giraron la cabeza.


¡MUY BUENAS, MIS PEQUEÑOS DETECTIVES!

¿Qué tal estáis después de tanto tiempo? Estoy de exámenes y por eso estoy dejando de lado todos los fanfics.

Sobre el capítulo... No sé cómo me las apaño, pero en todos mis fics, Kogoro pega a Shinichi xD Gajes del oficio, supongo...

Como siempre, muchas gracias por leer, espero que os haya gustado mucho y cualquier cosita que queráis, me dejáis un review.

¡Un besazo enorme!