DISCLAIMER: Saint Seiya no me pertenece. Todos los derechos están reservados por Masami Kurumada y TOEI.
EL PRECIO DE UNA FAMILIA
Capítulo 7: Una decisión tomada.
Koga había corrido todo lo que sus piernas le daban de regreso al santuario. En cuanto vio a Seiya marcharse, un sentimiento de desesperación se apoderó de él y lo hizo salir corriendo sin detenerse hasta que llegó a su dormitorio. Para su suerte, Soma no se encontraba ahí lo que le dio la oportunidad al muchacho de cabello color vino, de dar rienda suelta a lo que sentía derramando unas cuantas silenciosas lágrimas más.
Sorpresivamente las palabras de Seiya le habían dolido, más de lo que esperó. Tenía los ojos castaños de su maestro clavados en la mente; esa mirada fría, tan impropia de él… le había calado.
Repentinamente la puerta del dormitorio se abrió, rechinando al moverse y develando la figura de Soma que iba acompañado por Ryuho.
— ¿Te pasó algo? —preguntó el león menor al ver que su amigo yacía en posición fetal en su cama.
— ¿Te importaría ir por Yuna, Soma? Tengo algo que contarles —dijo el pegaso con la mirada perdida. Sus amigos se miraron entre sí muy confundidos pero el moreno no puso objeción ni pidió más explicaciones así que fue por su amiga.
Cuando Yuna vio a Soma parado fuera de su cuarto supo que algo no debía estar bien. Rápidamente él le explicó lo que Koga le había pedido y fue por ello que la chica accedió a seguirlo.
— Ryuho, ¿cómo es tu relación con tu padre? —preguntó sin previo aviso Koga, sin mirar a su amigo.
El de ojos aguamarina se inquietó un poco ante la pregunta de su amigo, pero decidió contestarle ya que Koga en verdad lucía contrariado. — Como ya sabes, mi padre no podía hacer uso de sus sentidos cuando yo era pequeño, por lo cual solamente me comunicaba con él por medio del cosmo, y de esa forma también me entrenaba. Siempre fue un poco estricto conmigo y creo que eso se debe a que quería que fuera mejor que él y que también fuera capaz de cuidar a mi mamá, porque él no podía del todo. Nuestra relación no fue tan cercana al principio de mi niñez, pero yo siempre lo quise y sé que el también. Al recuperar sus sentidos ciertamente, todo fue diferente; cuando estuvimos a solas, me abrazó muy fuerte y me dijo abiertamente que me quería y que estaba muy orgulloso de mi y de todos nosotros —le contó Ryuho, un poco sonrojado—. Al principio por su condición, no era fácil y no nos llevábamos tanto, pero ahora todo es diferente y me alegra mucho tenerlo conmigo.
Koga repasó cada una de las palabras de su amigo, el caballero Dragón. La alegría con que él hablaba de su padre era tan diferente de lo que él había dicho y pensado de Seiya todo ese tiempo.
— Koga, ¿no has pensado que sería si Seiya siempre hubiera estado contigo, como tú papá? —le preguntó su amigo.
— Ese es el problema Ryuho —miró a su amigo—, que no se puede adivinar el "hubiera" porque en realidad no existe, nunca paso —en eso mentía un poco, ya que si, lo había imaginado cientos de veces. Al chico le hubiera gustado tener entre los recuerdos de su niñéz a Seiya.
— Pero puedes imaginarlo. Mira, si Marte no hubiera aprisionado a Seiya y se hubiera quedado contigo, entonces todo sería diferente, lo sabes. Y sé que el hubiera no puede ser adivinado pero ¿acaso no tienes a Seiya ahora? El hecho de que no pudiera estar contigo durante tu crecimiento no quiere decir que no pueda hacerlo ahora —terminó su compañero bronceado mientras Koga se mordía el labio.
De pronto, Soma y Yuna entraron a la habitación. Soma cerró rápidamente la puerta para evitar que alguien viera a su amiga en ese lugar.
Yuna había estado sintiéndose un poco ansiosa, tratando de adivinar lo que estaba pesando pero cuando la chica vio el semblante triste de Koga supo que tenía que estar ahí y que no le importaba nada más. Porque fuera lo que fuera que le hubiera pasado a Koga, él la necesitaba.
Koga ya había meditado lo que estaba apunto de contarles a sus amigos; quizás hubiera algo de conmoción cuando Soma y Ryuho se enteraran de que Seiya y Saori estaban casados, pero en verdad quería contarles lo que había sucedido.
Y así lo hizo, Koga comenzó su relato, contándoles la vez en que había descubierto el acta de matrimonio en la oficina de Saori y después les contó la discusión que había tenido con Seiya. Ninguno de sus amigos interrumpió el relato, sino que se limitaron a asentir, otras veces abrieron los ojos debido a la sorpresa y otras tantas, uno que otro se llevaba las manos a la boca.
—Entonces, ¿estás diciendo que Seiya y Saori se casaron para poder adoptarte? —preguntó Soma haciendo memoria del relato de su amigo. Koga asintió—. Ya te había dicho que pensaba que su relación era cercana y ahora entiendo el porqué. Pero sigo pensando lo mismo amigo, no creo que tenga algo de malo.
— Yo de igual forma me lo sospechaba un poco —admitió Ryuho—. La verdad, lo que nos cuentas que Seiya te dijo suena bastante lógico después de saber que habías mal interpretado las cosas —comentó Ryuho.
— Soy un tonto… de haberte escuchado Yuna esto no hubiera llegado a este punto —declaró el chico, mirando a su novia.
— No eres un tonto —Soma le lanzó una mirada de reproche a Yuna—. Vamos Soma, Koga no es tal cosa, simplemente todos sabemos que a veces puede llegar a ser un tanto…
— Necio —completaron al unísono sus otros dos amigos.
— El problema es que, no sé que hacer —retomó el futuro dorado ignorando las palabras de sus amigos—. Todo este tiempo estuve juzgando mal, por no querer escuchar, pero era más fuerte que yo ese sentimiento de traición, de decepción por la verdad que yo creía era la absoluta… y ahora he logrado que Seiya me haya apartado al dejarme entrenar por mi cuenta, aquí… no sé que decirle o qué hacer.
— El problema de esto Koga —intervino el de cabello negro—, es que todo este tiempo tú no viste a Seiya como tu padre — Koga alzó una ceja en señal de que no estaba entendiendo—. Es sencillo; formaste un juicio erróneo en tu cabeza sobre la relación entre Seiya y Saori, en parte, porque ellos viven juntos y bueno es muy fácil juzgar lo que no se conoce. Creaste una barrera con Seiya al creer que ambos estaban haciendo algo indebido y por eso, aunque le tienes aprecio nunca dejaste que ese lado te dominara. En realidad siempre viste a Seiya como una amenaza, como alguien que estaba haciendo lo prohibido y no te diste la oportunidad de escuchar lo que él y Saori tenían que decirte y por ello nunca pudiste verlo como tu verdadero padre a pesar de que él se esforzaba. Con Saori es diferente, ella te crió y a pesar de que según tu hipótesis ella también tenía algo de culpa en el asunto, todo recayó en Seiya —concluyó Ryuho. Koga estaba completamente sorprendido de que su amigo hubiera llegado a una conclusión tan certera en menos de 5 minutos cuando él aún luchaba por ordenar sus ideas.
— ¿Cómo es que…? —trató de preguntar el aludido.
— A veces sólo se necesita ver las cosas desde otra perspectiva. Esa sólo es mi opinión.
— Pero creo que se acerca bastante a la verdad —concedió Soma.
— Koga —lo llamó dulcemente la santa de águila, él la miró—. Sé que Seiya te ha dicho que entrenes aquí por tu cuenta pero estoy segura de que sólo lo dijo por el momento, él no querría alejarte sólo se sentía herido así que búscalo y habla con él.
— ¿Pero que rayos voy a decirle? Yo nunca quise escucharlo y él ahora no querrá oírme a mi…
Ryuho observó la situación y supo que no tenía más remedio, su amigo necesitaba un pequeño empujón y el tenía una última carta que iba a jugar.
— Una vez, mi padre me platicó que tu y yo nos conocimos de pequeños —dijo Ryuho, lo que llamó la atención de sus tres amigos que se volvieron hacia él—. Seiya nos hizo una visita a casa contigo en brazos y esa fue la vez nos presentaron oficialmente. Mi padre y mi madre no te conocían, Seiya tampoco a mi, por eso fue la ocasión perfecta. Sé que no soy yo quien debería contarte esto pero, mi padre dice que nunca vio a Seiya tan feliz. Yo no lo recuerdo por supuesto, era tan pequeño como tú, pero según lo que él me contó, Seiya se acercó a mi padre que me cargaba y dijo: Ryuho, es un gusto conocerte ¿sabes que quiero mucho a tu papá y a tu mamá? según papá yo sonreí y te señalé —dijo refiriéndose a Koga—, entonces, Seiya volvió a hablar, esta vez con un tono más alegre que el anterior que utilizó para saludarme: Ryuho, él es Koga, es mi hijo y espero que en un futuro ustedes sean tan buenos amigos como tú padre y yo lo somos —Koga guardó silencio, tratando de controlar el nudo que se le había formado en la garganta, por segunda vez en el día. Aunque no lo recordaba, podía imaginarse por completo la escena… podía ver a Seiya sonriendo como lo hacía cuando estaba complacido y hasta podía escuchar su voz en su mente—. Espero que algún día mi padre pueda contártelo de viva voz —le sonrió el caballero dragón.
— Amigo —el león menor colocó una mano en el hombro de su mejor amigo—, creo que sabes perfectamente lo que tienes que hacer.
Yuna asintió, apoyando al pelirrojo — Estoy segura que él te escuchará si hablas sólo dile lo que sientes y será suficiente, te lo aseguro Koga —lo alentó Yuna y el chico asintió.
La decisión estaba tomada, iría a la mañana siguiente como si de un nuevo entrenamiento se tratase y hablaría con Seiya, se disculparía con él y después con Saori y quizás en la tarde los tres podrían volver a comer juntos como la familia que eran.
Poco le importó al caballero de pegaso no haber podido pegar el ojo en toda la noche pensando en lo que le diría a Seiya cuando lo tuviera enfrente; cuando su despertador sonó, Koga se puso de pie con un salto (ante los gruñidos de su compañero de cuarto, Soma), se vistió y emprendió la marcha hacia la casa de Saori. Estaba muy nervioso y tenia cierto temor de que Seiya lo volviera a mirar como el día anterior, su expresión triste y de decepción fue lo que mas lo había perturbado, pero también estaba decidido. Él reconocía que se había equivocado y que necesitaba aclarar todo.
Sin embargo cuando Koga llegó a la casa y corrió hacia el patio no encontró a Seiya. El chico recordó que a su padre adoptivo le gustaba entrenar en el gimnasio así que acudió ahí pero tampoco tuvo éxito: la habitación estaba vacía. Estuvo alrededor de media hora buscándolo por toda esa gran casa; fue a la cocina, el invernadero, el cuarto de Seiya y la sala, lugares habituales de su maestro pero no lo encontró.
Abatido, el muchacho se dejó caer con pesadez en uno de los sillones de la sala.
— Seiya salió muy temprano por la mañana —la voz de Saori sobresaltó de inmediato a Koga haciéndolo que se pusiera de pie de sopetón.
La diosa acababa de entrar a la habitación y lo hizo con tanto sigilo que el de ojos castaños no se dio cuenta.
— ¿Dijo a donde iba? —preguntó esperanzado en que no hubiera ido lejos y pudiera alcanzarlo.
— No, él suele hacer estas cosas cuando necesita espacio.
— Comprendo —lamentó derrotado.
Saori clavó la mirada en el rostro contrariado de su hijo, el semblante de Koga eran tan triste y tan parecido al que le vio la noche anterior a Seiya cuando le contó acerca del incidente que habían tenido. A la reencarnación de la diosa le dolió mucho todo lo que Seiya le contó, las palabras que Koga le dijo y sobretodo verlo destrozado… eso era el motivo que la iba llevar a hacer lo que tanto había meditado durante toda la noche. Sin lugar a dudas ella también se encontraba mal y sentía que de un momento a otro se echaría a llorar frente a Koga, sin embargo debía contenerse como muchas otras veces lo había hecho.
— Me gustaría hablar contigo, Koga —habló con calma Saori sentándose en el sillón opuesto de donde yacía Koga, para quedar frente a frente con su hijo. Koga tomó asiento de nuevo.
— ¿Seiya ya te ha contado…?
— Si —asintió Saori con pesar—. Antes que nada, me gustaría pedirte una disculpa —Koga podía notar un dejo de melancolía en los ojos de su madre y se le estrujó el corazón.
— Pero… ¿Por qué? —no comprendía.
— Porque fui muy egoísta —el tono de Saori no era el dulce y maternal de siempre, esta vez se mantenía seria—. Nunca te pedí tu opinión acerca de la adopción, simplemente supuse que estaría bien para ti estar conmigo por que te crié desde pequeño, pensé que me veías como tu madre y también pensé lo mismo acerca de Seiya. Koga, uno de los deseos mas grandes que siempre he tenido es el de formar una familia, cosa que es un tanto difícil por la posición en la que estoy. Desde siempre supe que sería imposible sin embargo cuando te encontré, tan pequeño e indefenso mis esperanzas surgieron de nuevo y tomé la decisión de cuidarte —sin poder evitarlo, las imágenes de cuando vio a Koga por primera vez llegaron a su mente. Ese había sido uno de los momentos más felices de su vida—. Tus primeros meses con nosotros fueron los mejor que pude haber imaginado, tanto que siempre me pensaba en un sueño. Pero no faltó mucho para la aparición de Marte y la desaparición de Seiya; al verme sola contigo comencé a pensar que necesitaría asegurar tú futuro, intente entonces adoptarte, pero no fue suficiente ninguna cantidad de dinero que yo pudiera dar a cambio de ello… porque aunque yo fuera una madre soltera con una gran fortuna, el requisito para poderte adoptar era asegurarte una buena familia, no sólo lujos, asegurarte un padre y una madre. Lo intenté por años pero todo se me fue negado. Cuando Seiya regresó a nuestras vidas fue él quien me propuso que firmáramos un acta de matrimonio que nos haría formalmente una familia a él y a mi. Acepté a pesar de que ya no eras un niño pequeño porque aunque ya estabas un poco grande, siempre te vi como mi hijo y pensé que sería lo mejor para ti, aunque evidentemente sólo estaba pensando en mi y en mi felicidad y por eso he fallado como madre —aseguro Saori más para ella que para Koga.
— No… no digas eso… —negó Koga con la cabeza.
— Es la verdad. Cuando Seiya faltó pensé que llenándote de amor no te haría falta una figura paterna, que conmigo sería suficiente. Pero ahora me doy cuenta de que estaba equivocada y de que yo tengo la culpa de que seas de la forma en como eres porque te sobreprotegí… ahora que Seiya está con nosotros, nada funciona. Él trata de ser estricto contigo no por molestarte, sólo quiere lo mejor para ti pero te acostumbraste a que nadie te exigiera, a que yo te hablara dulcemente… te he hecho un mal pensando que te haría un bien —Koga contuvo las lágrimas que se estaban formando en sus ojos, pero aun así miraba firmemente a Saori. Quería decirle a su madre que no era cierto todo lo que ella decía, que dejara de culparse por que su necedad sólo era obra de él y de nadie más—. No te culpo por haber malinterpretado las cosas, nosotros siempre actuamos con libertad frente de ti sin ocultar nada y como no querías escuchar pasé por alto el explicarte las cosas, nunca se me ocurrió la posibilidad de sentarme contigo como una verdadera madre y hacerte ver lo que estaba pasando, simplemente lo dejé pasar. Pero ayer, al escuchar de Seiya lo que había pasado supe que mis decisiones fueron las que nos llevaron a este punto. Koga, el ser la reencarnación de la Diosa Athena es para mi un gran honor y privilegio, nunca he renegado de ello porque amo a esta tierra y a los humanos profundamente y quisiera que entendieras que una parte de mi, la mayor parte del tiempo también es humana, simplemente Saori y como tal, soy capaz de sentir como cualquier otra persona en este mundo —miró a Koga con el semblante serio. Necesitaba que su muchacho lo comprendiera, pues en eso radicaba el meollo de ese asunto—. Sé que quizás ya es muy tarde para explicártelo pero quiero que sepas que Seiya y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, llevamos prácticamente toda una vida juntos; peleamos las mismas batallas, crecimos en medio de la paz y la guerra, maduramos hombro con hombro… —Saori sonrió esta vez con la mirada un poco iluminada—. Aunque no lo creas nunca fuimos tan cercanos como ahora.
— ¿D-De verdad? —se asombró él, ya que no podía imaginarse a Seiya y a Saori con malas caras entre ellos.
— De pequeños, digamos que yo era una niña rica y caprichosa a la cual su abuelo cumplía toda clase de deseos y Seiya, bueno él siempre fue indomable y nunca quiso hacer lo que yo le ordenada —recordó Saori aun sonriendo—. Luego lo mandaron lejos a entrenar y no volví a saber de él sino años más tarde cuando apareció buscando a mi abuelo. Cuando volvimos a vernos recordamos viejas rencillas y la verdad es que nuestra relación no mejoró pero nos tratábamos con cierta… "cordialidad" —enfatizó esa última palabra al recordar brevemente que esos tiempos fueron terribles para todos por culpa de ellos dos que no paraban de pelear—. Al cabo de un tiempo de convivir todo cambió entre nosotros, no sé explicarte muy bien cómo fue que nos volvimos más cercanos y unidos… pero desde entonces hasta ahora todo sigue de esa forma.
— Es por eso que lo elegiste a él para ser mi padre… —habló Koga hilando las palabras de Seiya y las de Saori, recordando cada vez que los veía tomados de la mano, sonriéndose, mirándose de la forma en que lo hacían. Saori era una mujer muy bella a la que fácilmente jamás podrían faltarle pretendientes. De haber querido hubiera podido encontrarse un novio y adoptarlo junto con él. Pero no lo había hecho, y a decir verdad Koga la recordaba en gran parte de su niñez como una madre entregada, siempre junto a él… nunca le conoció a nadie en el plano sentimental y eso sólo tenía una explicación—. Porque tú lo…
— Si —aseguro con firmeza la de cabellos lilas.
— ¿Y él lo sabe? —no supo porqué había formulado esa pregunta pero la curiosidad lo impulsó.
— Hemos pasado el suficiente tiempo juntos como para estar enterados de nuestros sentimientos. Sin embargo lo nuestro es, todo lo que viste estando aquí, hacernos compañía, nada más —Koga se sintió tonto por haber formulado la pregunta anterior. Él lo sabia, se había dado cuenta del amor que rebosaba entre ellos esos días que estuvo entrenando en esa casa pero su necedad y su orgullo lo habían cegado por completo. Hasta en ese momento era capaz de ver que los sentimientos que rodeaban a Seiya y Saori eran completamente puros y él no podía más que sentirse miserable por todo lo que le había dicho a Seiya—. ¿Sabes porqué Seiya te pidió que vinieras aquí a entrenar en vez de que lo hicieran en el santuario? —Koga negó meneando la cabeza—, él quería que los tres pasáramos tiempo como familia, más que como Diosa y caballeros, el santuario no hubiera sido un buen lugar para ello así que por eso él decidió entrenarte aquí. Seiya quería convivir contigo por todo el tiempo en que no lo pudo hacer.
— Yo no… no tenía idea.
La diosa bajó la mirada al suelo — Pensé que no habría problema cuando Seiya regresó, que tú lo llegarías a querer igual que como me quieres a mi pero sólo logré que todos fuéramos infelices con esto. El precio que estamos pagando está siendo demasiado alto y ninguno la está pasando bien. Tuviste toda la razón al decir que no podemos seguir jugando a esto, no es correcto, no está bien.
Guardaron silencio. Koga escudriñó los ojos de su madre, ella esta verdaderamente triste.
Saori podía notar la pena y el dolor en el rostro de Koga y apretaba fuerte sus manos, tratando de infundirse fuerza, ya había tomado una decisión que tendría que ser tomada.
De pronto, ella volvió a hablar, esta vez sobre un recuerdo que tenía totalmente grabado en su memoria, como si hubiese sido apenas un par de meses atrás:
— ¿Sabes cual fue tu primera palabra, Koga? —el chico se sorprendió por el cambio de conversación inesperado y negó con la cabeza incapaz de hablar. Saori concedió una triste sonrisa recordando aquel mágico momento—: Era de noche, las estrellas brillaban en lo alto del santuario.. los tres habíamos salido a dar un paseo a insistencia de Seiya que te llevaba en brazos. Nos detuvimos fuera del templo de Sagitario y tú señalaste el cielo como queriendo decir algo… nos dimos cuenta de que aquello que te llamaba la atención era la constelación de pegaso y entonces, con una claridad con la que no habías hablado nunca dijiste, Papá —el corazón del futuro dorado latió con violencia al escuchar y esta vez las lágrimas ya no pudieron seguir reprimidas en los castaños ojos de Koga. El silenció volvió a apoderarse de la habitación, hasta que después de unos minutos Saori prosiguió—: Perdóname por no haberte pedido tu opinión sobre la adopción y sobre si querías ser parte de una familia, no debí haber pensado por ti.
— No te disculpes por favor, yo soy el único culpable —reconoció Koga con la cabeza gacha.
Saori se puso de pie y lanzó un débil suspiro, la plática había terminado.
— Trataré de enmendar mi error —anunció ella haciendo que Koga levantara la cabeza para mirarla—. Voy a pedirles a mis abogados que anulen la adopción, después de todo ya eres mayor de edad. De esa forma ya no te causaremos más problemas y podrás concentrarte completamente en lo que a tu entrenamiento respecta.
Koga se quedó helado en su lugar, ¿acababa de escuchar esas frías palabras de Saori? ¿De su madre?
Haciendo un gran esfuerzo esta vez por no dejar correr las lágrimas, la Diosa avanzó hacia la puerta tratando de convencerse de que lo que iba a hacer era lo mejor para los tres, sobretodo para Koga.
De pronto, sintió los brazos de su hijo adoptivo rodearle la cintura y se quedó paralizada.
— Mamá —la llamó la voz llorosa de Koga mientras apoyaba su frente en la espalda de Saori—. Por favor… no lo hagas, por favor…
Ya le tocaba a Saori hablar con su hijo. No sé creo que el próximo será el final de esta dramática historia.
En verdad quería llegar a este punto. Gracias a todos por leer, espero que les esté gustando.
Mi Suki90, aquí está tu pago por tan hermoso dibujo que me hiciste, amo nuestras finanzas.
Princesa Saiyajin.
