7
El nombre que un hombre lleva es su carga,
si lo lleva con dignidad no pesa
pero si lo lleva con disgusto cansa
Jorge Cocom
...
¿No dicen que uno que juega con las palabras y hace anagramas
y trastorna el léxico, tiene cosas feas en el alma y odia al padre?
Umberto Eco
…
The name of a man is a numbing blow from which he never recovers.
Marshall McLuhan
Tom
Qué clase de nombre era ese.
'Débil'
Débil en su fonética.
Débil en su semántica.
Débil en sus signos.
Débil en su oscuridad.
Débil en su longitud.
Débil en su lobreguez.
Débil en su aritmancia.
Débil en su unicidad.
Débil en todo.
Débil.
'Yo no soy Tom, él lo es'
No, él no era Tom, Tom era el nombre de aquél imbécil que embarazó a Merope, esa zorra.
T – o – m. Tres letras, tres estúpidas letras, como si no fuera digno de un nombre más largo, como si cualquier apodo fuera suficiente para designarlo, ni siquiera Thomas, no, sólo Tom. Dos consonantes y una vocal, hay perros que tienen nombres más fuertes, largos.
Estúpida mujer, no hubo mucha creatividad en su pequeño cerebro, patética en realidad, ignorante de la antroponimia. ¿Qué clase de madre, en especial si es bruja, no toma en serio el nombre de su bebé? Teniendo conocimientos de aritmancia, astrología e incluso adivinación, Merope debía haber sabido cuan importante es el nombre de un mago, no es sólo una etiqueta, no es sólo una forma de nominación, el nombre es el aspecto más importante de un recién nacido, es el inicio, es todo lo que tiene, es algo a que aferrarse cuando no hay nada más, es algo esencial que nadie nos puede arrebatar.
Recordaba con disgusto las pocas veces que algunos muggles se habían atrevido a llamarlo Tommy, en especial esos dos parásitos del orfanato, Amy Benson y Dennis Bishop, aprovechó la ocasión para un pequeño experimento, llevó a los niños y a un cachorro a una cueva, dentro los obligó a matar al perro lentamente, había sido una buena experiencia, la sangre en las manos de Amy le causó una especie de satisfacción que nunca había sentido antes, no fue un gusto por la sangre ni por el dolor, eso le tenía sin cuidado, iba mucho más allá de simple crueldad, era el mando que tenía sobre la situación, el poder que se alimentaba de la debilidad de otros, aprendió algo importante aquella vez, la gente va a hacer lo que tú quieras que hagan si tienes suficiente poder, para conmemorar aquella ocasión adquirió el yo-yo de Amy y la armónica de Dennis.
Les prohibió a los dos niños hablar sobre el incidente pero ninguno de los dos supo ocultar sus pesadillas, desde entonces ni siquiera los chicos más grandes del orfanato lo molestaban, y nadie más le llamó Tommy.
Tal vez lo que más destetaba sobre el nombre era la vulgaridad, la falta de originalidad, debía haber miles de hombres llamados Tom, no quería compartir su nombre con los mediocres que circulaban en el resto del mundo, no debía tener un nombre tan ignominioso.
Sorvolo
Ese era mejor.
'Fuerte, digno, extraño'
Sin embargo él tampoco era Sorvolo, no, no podía ser Sorvolo porque ya existía un Sorvolo. Había un hombre allá afuera llamado Sorvolo, no podía llevar el nombre de otro.
La mayoría de sus "amigos" de Slytherin lo llamaban Sorvolo fuera de clase, pero eso debía ser sólo temporal, tenía que encontrar un nombre definitivo pronto, ya basta de jugar con sus reglas.
Ya había un Tom, además de los otros miles.
Ya había un Sorvolo.
Su nombre debía ser único, debía ser fuerte, debía denotar su poder, debía ser un reflejo, debía ser digno, debía ser temido, debía ser único.
'Único' único como él.
Ryddle.
Granger siempre lo llamaba Ryddle. Nunca Tom.
Jamás lo admitiría pero eso le gustaba. La castaña tenía una forma de pronunciar la fricativa que denotaba fuerza, prácticamente podía sentir la vibración múltiple de la "r" demorar en la punta de su lengua rosada mientras la chica se cercioraba de mirarlo con todo el desprecio que podía.
No como Dumbledore, que le decía Sr. Ryddle (y eso cuando no insistía en llamarle Tom) con toda la amable hipocresía de que era capaz, la "r" de Dumbledore prácticamente era inexistente.
Ryddle no estaba del todo mal, en inglés la palabra quiere decir enredo, extraño, misterio, oscuro tal vez.
Pero tampoco podía ser Ryddle.
No, Ryddle también era muggle, no podía llevar nada muggle, nunca. Además el otro Tom también era Ryddle.
Su nombre debía cumplir ciertos estándares, debía ser único, largo, debía comandar respeto por sí solo, debía sonar tenebroso, el puro nombre debía hacer pensar en poder y magia, en tinieblas y oscuridad. Un título que intimidara hasta la sumisión, un título que impresione desde la primera vez que se escuche. Un nombre que pudiera soportar toda la magia oscura que iba a verter sobre el. Un nombre cuyas cifras sumaran siete.
Pero no quería sacarlo de su imaginación, no quería crearlo de la nada, no se traba de cambiar sino de mejorar, no quería traicionarse a sí mismo, si inventaba sólo por inventar se negaría a si mismo, no quería cambiar quería evolucionar, quería que quedara un vestigio, una huella, la prueba de que Tom Sorvolo Ryddle, huérfano mestizo y pobre, llegó a ser el mago más temido y poderoso de todo los tiempos.
Así que eso sólo dejaba una opción, encerrar al huérfano mestizo dentro del mago poderoso, trasmutar todas las letras para que su antiguo nombre diera lugar al nuevo.
En la escuela primaria siempre había sido bueno para los anagramas y para cualquier otra cosa que quisiera aprender, las letras se fueron reacomodando rápidamente en su mente, prácticamente podía visualizarlas en un gran pizarrón.
Lord, quería ser un Lord, era un título noble, aristócrata, superior, en casi todas las culturas occidentales, Dark Lord, Señor Oscuro, es la personificación del mal, es decir, del poder, eso sería él: la encarnación del mal, poder dado forma humana.
Bien, necesitaba también una forma de presentación, una frase, una declaración, un YO, algo que sólo pudiera decir él, que sólo tuviera sentido cuando saliera de sus labios, 'YO SOY', demasiado frecuente la gente hace uso de esa pequeña oración como si en realidad lo merecieran, como si realmente tuvieran el derecho de hacer tal declaración cuando en realidad no eran más que decadentes bestias impersonales, desmerecedoras de poder decir "YO", ni siquiera merecían el atributo de "ser humano" mucho menos la consideración del valor manifestado. El pronombre de la primera persona 'YO' y el verbo 'ser' conjugado 'SOY', tienen que ser los más abusados, los más promiscuos, los peor mancillados, pero eso era culpa de los hablantes analfabetos, idiotas sin la menor idea de quién son¿cómo podían atreverse a hacer tal declaración 'YO SOY' cuando en realidad no se reconocían como los débiles mortales que siempre han sido? Sólo hasta que el hombre pudiera verse como la vulgar criatura que es, sólo entonces dejaría de enunciar "YO SOY" para admitir 'yo soy'.
Así que a él le correspondía tomar las palabras y darles el uso adecuado; en él, la oración renacería para presentar al mago más poderoso del mundo, y cada vez que él dijera "YO SOY", esa oración existiría por primera vez, sin embargo, no era necesario el Yo, el pronombre era el menos importante porque estaba implícito en el verbo, sería redundante, podía prescindir de él, al menos en la formula escrita.
Eso le dejaba libre nueve letras: T, M, V, O, O, R, D, L, E.
'romoveldt, telvomord, mortdevol, letvormod, devolmort, voldemort'
'Voldemort'
'Vol de mort'
Vol-de-mort, si su francés no le fallaba, y era seguro que no, "vol de mort" se traduciría "volar de la muerte" en el sentido de un escape, escapar de la muerte, burlarse, burlarla, ganarle, vencerla, ser más poderoso que la muerte, ser más poderoso que la vida, que la naturaleza, ser todo.
Voldemort.
Pero faltaba la prueba aritmántica:
S — 1
O — 6
Y — 7 =14 =1 + 4 = 5
L — 3
O — 6
R — 9
D — 4 = 22 = 2 + 2 = 4
V — 4
O — 6
L — 3
D — 4
E — 5
M — 4
O — 6
R — 9
T — 2 = 43 = 4 + 3 = 7
5 + 4 + 7 = 16 = 1 + 6 = 7
7
Tenía un nombre.
'SOY LORD VOLDEMORT'
'YO SOY LORD VOLDEMORT'
'Yo soy el gran señor que vence a la muerte'
'Yo soy poder, soy todo'
'Soy el gran señor la oscuridad, soy el Lord Oscuro'
'Soy poder'
'Soy todo'
'Soy 7'
'SOY LORD VOLDEMORT'
Pronto, cuando el horizonte se estuviera burlando de los soñadores, de los débiles, Lord Voldemort emergería como el gran señor, el Lord.
Sería temido, su nombre sería odiado y temido.
Reverenciado también.
Admirado.
No importa qué tipo de percepción, lo importante es la intensidad.
Era la primera vez que salía del orfanato él solo, no sabía qué hacer con su libertad, tenía sólo una hora antes de que lo comenzaran a buscar ¿qué se pude lograr en una hora de libertad?
—¡Hey tú! —llamó la voz de un joven desde un callejón.
El niño lo pensó unos segundos y finalmente decidió acercarse.
—Eres del orfanato ¿verdad? —eran dos jóvenes de al menos veinte años.
El niño asintió.
—Bien, necesito que hagas algo. Quiero que escondas este estuche en tu bolsa y se lo entregues a Bob Croner ¿lo conoces? —el niño asintió, claro que lo conocía, era el niño más grande del orfanato—. Hazlo cuando esté solo y que nadie te vea, si lo haces bien te ganas una libra ¿puedes hacer eso o eres igual de cobarde y debilucho que los otros huérfanos? —tentó el hombre, cobarde manipulación.
—No soy débil —aseguró el niño, no era débil, los débiles eran otros, todos los demás, no él. Él era fuerte, tenía que serlo.
—Bien, Bob te va a pagar por el servicio, ven a este mismo lugar la próxima semana —era una orden.
—¿Qué es? —inocente curiosidad.
—Sabías que la curiosidad mató al gato —no era amenaza pero podría serlo.
—No soy un gato —caro que no, si tuviera que ser un animal sería una serpiente.
—No, eso veo. Anda vete, no debes tener ni siete años, todavía no tienes permiso para salir solo —él mismo había crecido en el orfanato, sabía cómo funcionaba.
—¿Es malo? —no estaba seguro.
—¿Y qué si es malo? ¿Vas a ganar dinero no? ¿Alguna vez has tenido dinero? Deberías comenzar a ahorrar, cuando salgas, eres tú y tu hambre, nadie más, especialmente en estos tiempos de depresión. Alguna vez fui como tú pero debes escoger, el orfanato puede succionarte hasta dejar sólo huesos, tarde o temprano aprendes a dejar de esperar por papá y mamá. Ve a tu alrededor, ve tu pequeña cama, ve tus harapos… Eso es todo lo que hay… y ni siquiera es tuyo, cuando te echen a la calle sólo recibes un par de zapatos para el largo camino. Puedes hacer estos pequeños encargos para ganar dinero o puedes someterte a las reglas y morir de neumonía en una pensión con ratas, ser enterrado en la fosa común al lado de todos los otros deleznables mediocres —era duro pero era cierto, eso fue lo que le tocó a él ¿por qué sería diferente para el enano? Para los olvidados, para los abandonados todo era igual, al menos él había tomado una decisión que le ayudó a sobrevivir y tenía respeto en las calles, a veces el respeto es lo único que ofrece una certeza de pertenencia, es importante para alguien que no tiene nada más.
—No quiero morir —la muerte le daba miedo, nunca nadie le había explicado qué era, sólo habían dicho que su madre murió la noche en que él nació, no quería morir como ella, tampoco quería dormir en las noches, tenía miedo de que su mamá lo fuera a regañar por haberla matado.
—Nadie quiere pero pasa —otra verdad innegable, ineludible.
—No a mí —no podía, simplemente no podía, lo evitaría del alguna forma, la muerte era oscura, tenía miedo de la oscuridad.
—Eres un mocoso con carácter, sigue así y tal vez sobrevivas. Ahora vete —ya había perdido demasiado tiempo con el niño, tenía otras cosas que hacer, otros clientes que atender, la heroína no se distribuía sola.
El niño se alejó rápidamente. Aún tenía media hora de libertad.
¿Qué se pude lograr en media hora de libertad?
Tom salió de la biblioteca de buen humor, fue un buen día, había encontrado un libro sobre tortura mágica del siglo XVII y había convertido la plebeya etiqueta nominal que le dio Merope en un auténtico nombre digno del mago más poderoso, y ahora era turno de buscar a Granger, tenía ganas de jugar un poco.
La encontró cerca del lago, sentada bajo la sombra de un árbol y ¡oh sorpresa! con un libro en las manos, parecía ajena a todos los demás nimios estudiantes que se paseaban alrededor.
—Hola Granger —estaba de buen humor.
—¿Qué quieres Ryddle? —al parecer ella no.
—¿Qué lees? —le preguntó al tiempo que le arrebataba el libro de las manos.
—Regrésamelo —ordenó la castaña poniéndose de pie para enfrentarse a Tom.
—¿"El problema de los tres cuerpos"? Henri Poincaré —debía haberlo supuesto, un libro muggle.
Molesta, Hermione le arrebató el libro de las manos.
—Así es Ryddle, es un libro muggle, dudo mucho que te interese —comentó la castaña, por un segundo Tom se preguntó si la castaña había leído sus pensamientos, después descartó la idea como inverosímil.
—Ves cuán equivocada estás sobre mí. Para tu información soy bastante versado en temas muggles —desgraciadamente eso era verdad, por once años el mundo muggle fue todo lo que conocía, desde que aprendió a leer sus únicos compañeros habían sido los libros que estaban en el orfanato, muy pronto terminó con la pequeña biblioteca y se vio obligado a buscar otras formas de hacerse de libros; a excepción de algunas pocas obras, había aprendido a despreciar la literatura en general, no era más que una frivolidad insípida, su interés se encaminó hacia las ciencias exactas y había leído con cierto entusiasmo a los racionalistas y a los nihilistas, fue durante esos años que aprendió francés y alemán de forma autodidacta, cuando fue a comprar sus útiles de Hogwarts al Callejón Diagón comprendió que también necesitaría latín, durante dos semanas se encerró con decenas de libros en su pequeña recámara, salió hablando latín.
—No dudo que "seas versado" pero ¿te gustan? —por su forma de decirlo, parecía que la castaña ya sabía la respuesta, sintió la necesidad de contradecirla.
—Inter nos, he disfrutado con la lectura de algunos autores muggle, si a eso te refieres —admitió Tom con una media sonrisa.
—¿Cómo quiénes? —preguntó la castaña con incredulidad.
—Simon-Laplace, Schrödinger, Maquiavelo, Descartes, Schopenhauer, Nietzsche, Lévi, Weber, Tocqueville, Kraus, Butler, pero sólo he releído a uno, Thomas Malthus —admitió Tom con un tono de satisfacción, sí, ese había sido un buen libro.
—¿Por qué no me sorprende? Déjame adivinar "Ensayo sobre el principio de la población"—dedujo Hermione, su abuelo era economista y gracias a él conoció a los principales teóricos.
Tom sonrió ampliamente.
—¿También es tu favorito? —le preguntó con emoción sabiendo que no era así.
—Claro que no —negó la castaña profusamente.
—¿Bien, entonces cuál es tu idea de un buen autor muggle?—le preguntó Tom esperando escuchar alguno título popular y estúpido.
—William Shakesperare —respondió Hermione, su amor por Shakespeare le había sido inculcado desde una edad temprana, era el autor favorito de su mamá.
Tom bufó en disgusto.
—Leí las tragedias y las comedias sólo porque la maestra de segundo grado me dijo que no lo hiciera, me hizo desear ser iletrado, tiene algunos personajes rescatables como Yago, pero en general es bastante aburrido —leer The great comedies and tragedies of William Shakespeare habían sido las cinco horas más largas, aburridas y desperdiciadas de su vida, lo único bueno que le dejó fue la certeza de que podía provocar un incendio con sólo desearlo, así es, del libro sólo quedaron las cenizas.
—Tal vez estabas demasiado joven para apreciarlo —sugirió la castaña.
—O tal vez soy demasiado inteligente para conformarme con las estúpidas historias de un soñador, la única tragedia que logró fue la de su patética vida —increpó Tom, lo que Granger no entendía es que él nunca había sido joven, siempre ha sido y siempre será el mismo.
—Tú eres incapaz de reconocer la belleza de su estilo, no le pones atención a la sonoridad del lenguaje —contradijo una vez más la chica.
—Eso es banal, sólo quien no tiene sustancia necesita "belleza" —argumentó el Slytherin.
—¿Y Malthus tiene sustancia? —preguntó la incrédula Hermione Granger.
—Por supuesto, en todo el ensayo no hay más palabras de las necesarias, no necesita de recursos estilísticos para decir lo que desea, pero sobre todo, lo que importa es el contenido no la forma. Sus propuestas son realmente innovadoras, Malthus dijo que la población crece de forma geométrica, 2,4,8,16, etc, mientras que los medios de subsistencia lo hacen de forma aritmética, 2,4,6,8,10, etc, así que eventualmente, va a haber más muggles que comida… hasta aquí esto en realidad no me importa pero también sostiene, y esto me parece poético, que para batallar este desequilibrio hacen falta guerras, hambrunas, enfermedades, epidemias, cualquier circunstancia capaz de ocasionar una muerte prematura a las masas, hermoso ¿No? Lamentablemente no del todo efectivo, de hecho, hace 40 años había un millón y medio de muggles, hoy hay dos y medio¿te das cuenta? Han sido años de guerras y los malditos muggles se reproducen como conejos, los años en que hubo más nacimientos fueron los subsecuentes a la primera guerra mundial, mucho me temo que esta guerra va a desembocar en una duplicación de cifras demográficas, es como si los malditos muggles tuvieran la necesidad de reponer las vidas perdidas, no se dan cuenta de que en realidad las perdidas humanas son positivas, quieren batallar a la muerte con más nacimientos, cuando en realidad la única forma de combatirla es derrotándola —afirmó Tom, su discurso no fue apasionado ni perverso, fue racional y certero, no parecía una fanático tratando de ganar adeptos sino simplemente un experto exponiendo un tema, aun así, Hermione creyó ver un destello de entusiasmo en su mirada.
—¿Ves? Malthus tenía ideas viables, hermosas… es de los pocos muggles que realmente saben de lo que hablan, su idea era fomentar la muerte de los pobres, los débiles, los enfermos, los incapaces de sobrevivir por sí mismos, parásitos que estorban y entorpecen el avance y la evolución de los más aptos —continuó Tom.
—Creí que estabas molesto con los muggles por ser "bestias" hambrientas de guerra y sangre, o algo así, ¿ahora resulta que la guerra es algo positivo? —cuestionó Hermione con confusión, al parecer nunca lograría entender al Slytherin.
—Yo nunca dije que estuviera molesto, sólo te estaba hablando de su hipocresía, he venido a pensar que la guerra es el estado normal de los muggles, son como un fenómeno de entropía, quisieran paz pero no pueden vivir sin guerra, el caos es su constante y no es esto lo que encuentro molesto sino sus momentos de "paz", esos momentos en que encuentra el tiempo para reproducirse, para intentar domarse, para pretender que son una especie superior. Verás, no importa que tan correcta sea la teoría de Malthus ni que tan buenas sean sus propuestas, al final del día, estamos hablando de muggles, aunque milagrosamente lograran exterminar a los más débiles, a los menos aptos, dejando solamente a los esclavos necesarios para los trabajos más duros, aun así, los "pocos" que queden al frente, los más aptos, los aristócratas, siguen siendo muggles —explicó Tom, en su mente estaba claro, no importa que tan fuerte o poderoso sea un muggle, es sólo un muggle.
—Lo que dices se podría aplicar también a los magos, toda la historia del mundo mágico está plagada de guerras —argumentó la castaña.
—Tal vez pero nunca ha sido nuestra culpa, hemos estado en constante lucha por la conquista de lo que nos pertenece, ya sea contra alguna criatura mágica o contra los muggles, nuestras guerras han sido motivadas por nuestro deseo de libertad, por nuestro derecho a sobrevivir —dijo Tom, y realmente lo creía.
—¿Crees que eso es lo que hace Grindelwald? —preguntó la castaña sin poder creer tanta convicción.
—¿Acaso los magos no tenemos el derecho de vivir en un mundo donde no tengamos que escondernos? ¿Dónde nuestros dones mágicos sean nuestros y no tengamos que ponernos al servicio de muggles? ¿Por qué debemos vivir donde otra gente esté dispuesta a matarnos sólo porque somos diferentes? ¿Acaso no somos más fuertes que ellos, por qué hemos de vivir como si no fuera así? —todas eran preguntas válidas pero para Hermione los medios eran inconcebibles.
—¿Y qué derecho tenemos nosotros de acabar con los muggles? ¿Sólo porque "somos más fuertes"? —insistió Hermione. Tom solamente elevó imperceptiblemente los hombros en un gesto de indiferencia.
—¿Qué derecho tienen los muggles de hacer la guerra a otros países? ¿Qué derecho tenía Alejandro de conquistar el mundo? ¿Con qué derecho entraron los romanos a territorio galo para domarlos y usarlos, para quitarles todo lo que tenían, desde sus tierras hasta su dignidad? ¿Qué derecho tenía la Iglesia para quemar a mujeres inocentes, para mandar a cientos de hombres a una muerte segura en las cruzadas? ¿Con qué derecho el hombre mata a un animal y come su carne? ¿Qué derecho tiene un ser humano de esclavizar a otro? ¿Qué derecho tenía España y los otros reinados para despojar a pueblos nativos de sus tierras, matarlos, dominarlos, subyugarlos, violar a sus mujeres, quitarles su continente y llamarlo "colonia"? ¿Qué derecho tiene el león para matar a la cebra? —preguntó a su vez Tom.
Hermione no dijo por nada algunos segundos.
—Así que sólo eso te motiva ¿"La ley del más fuerte"? —le preguntó finalmente.
—Esa es la naturaleza, todo lo demás son inventos humanos destinados a convertir al hombre en un animal decadente, débil, traidor a sí mismo; conceptos superfluos como el bien y el mal no son más que cadenas para domar al hombre, para ponerlo en cautiverio y matarlo lentamente —aseguró Tom.
—Si todos pensáramos como tú, hace tiempo nos habríamos extinguido —interpeló la castaña.
—No, habríamos evolucionado, la naturaleza tiende a un balance. Esta parodia que vivimos es una perversión, todos estos morales, la ética, los sentimientos, e incluso la superestructura de Dios, de la vida después de la muerte, del cielo y el infierno, todo esto no es más que una corrupción, nos limita, nos encierra, nos sofoca, convierte al hombre en una criatura mediocre, en un perezoso con excusas —arguyó el chico.
—Tal vez lo último es cierto, se dice que la distancia entre el hombre común y el chimpancé es más corta que entre el hombre común y algún genio como Platón, Nietzsche ó Einstein. Nadie sabe por qué unos son geniales y otros son mediocres, tal vez no sea sólo una cuestión de talento o habilidad sino de pereza —admitió Hermione renuentemente, en ese aspecto ella pensaba igual, toda su vida había experimentado el resentimiento de otros niños sólo por ser inteligente y estudiosa, si tan sólo ellos también se aplicaran no tendrían que resentirla.
—O miedo, es más fácil aceptar todos los dogmas que nos destilan desde la infancia que cuestionar ¿por qué? Y enfrentar lo desconocido, ambicionar lo imposible —opinó el chico.
—Aún así, creo que matar o lastimar a alguien más, sólo porque puedes, es cruel y estúpido —comentó la chica.
—No, estúpido es ir contra tu instinto, si está ahí es por algo —contradijo Tom.
—¿Entonces si tu instinto te lleva a querer conquistar el mundo, a acabar con los muggles, a seguir a alguien como Grindelwald? ¿Eso harías? —cuestionó la chica.
Tom rió animadamente, esa Granger a veces si que era graciosa ¿seguir? ¿Él? Por favor.
—Granger, yo nací para ser seguido no para seguir. YO SOY la única causa que me interesa —admitió el Slytherin con arrogancia.
—La arrogancia te envuelve en grandes nubes de pedantería —acusó la chica con disgusto.
—Gracias me la he ganado —aseguró Tom.
—No era un cumplido —corrigió Hermione.
—Por supuesto que sí —aseguró Tom nuevamente.
Hermione estaba a punto de volver a negarlo cuando un grupo de Slytherins apareció a sus espaldas, eran los chicos que normalmente rodeaban a Tom Ryddle: Belial Avery, Rahovar Lestrange, Abraxas Malfoy, Samael Selwynn, Uzziel Yaxley, y el más pequeño de todos, Nelchael Rosier, hermano de otro Slytherin de séptimo año, Oscar Rosier.
—Te hemos estado buscando por todos lados —anunció Abraxas, el portavoz del grupo.
—Aquí me tienen —dijo Tom, su tono parecía honesto y animado pero en realidad no tenía ganas de hablar con sus lacayos.
—Ajá ¿y qué hacían? —preguntó Abraxas mientras le dirigía una mirada curiosa a Hermione, quien no tan disimuladamente, había comenzado a alejarse del grupo.
Tom la vio alejarse y volteó a ver a los otros chicos con un guiño en el ojo.
—Pues verás Abraxas, yo no lo quería decir pero ya que preguntas, Hermione me estaba declarando su eterno amor por mí, dice que sueña conmigo en las noches —dijo el slytherin esperando la reacción de la castaña.
—¡¿Qué? —exclamó Hermione dándose la vuelta para regresar y confrontar a Tom, quien al igual que los otros Slytherins, la estaba observando con una sonrisa burlona en la boca.
—No te preocupes, estos mala-vida no van a decir nada, son confiables —le aseguró Tom.
—Así es Ravenclaw, si quieres cortejar a nuestro amigo nosotros no te lo vamos a impedir, aunque déjame decirte que hay competencia, escuché que tiene varias admiradoras —comentó Abraxas viendo con interés la indignación de la chica, desde que había llegado a la escuela Tom le había puesto demasiada atención, lo cual era algo raro pero podía entender por qué, la castaña era inteligente y su habilidad mágica era algo para admirar, era mestiza pero eso no se le podía reprochar cuando era bonita.
Los demás Slytherins sonrieron aún más al ver la expresión exasperada de la castaña pero de repente algo cambió, sus ojos adquirieron un brillo de astucia, su mueca de indignación se transformó en algo maquiavélico.
—Está bien, es cierto, lo admito, le estaba declarando mi amor a Tom, lamentablemente me rompió el corazón, dice que no está interesado en la especie femenina —dijo Hermione con una sonrisa de satisfacción, así es, 'cuando en duda, cuestiona sus preferencias'.
Por unos segundos los slytherins titubearon en su reacción, pero al ver que Tom no parecía molesto se permitieron reír y hacer varias exclamaciones provocadoras.
—Me parece Sorvolo que eso fue un reto —declaró Avery viendo a la castaña con renovado interés.
—¡Ouch! Granger ¿por qué cuestionas mi masculinidad y enfrente de estos asnos? —le preguntó Tom con una sonrisa perversa mientras se acercaba a ella con actitud acechadora.
—¿Necesitas que te pruebe algo? —le preguntó cuando estuvo justo enfrente de ella.
—No, así está bien —admitió la castaña perdiendo un poco de su anterior bravura pero dispuesta a no bajar la cara.
—No sé Sorvolo, no se ve muy convencida, yo la llevaría a mi recámara para demostrarle mi hombría —mencionó Lestrange con una mirada lasciva en dirección de Hermione.
—¿En serio?¿Y cómo harías eso?¿Enseñándole tu colección de tarjetas de quidditch? —se burló Tom viéndolo con una mirada fría, le disgustaba la forma en que Lestrange hablaba de su incontinencia sexual. La mayor parte del tiempo parecía una perra en calor.
Los slytherins volvieron a reír, esta vez a expensas del otro chico.
—De Granger no te preocupes, ya la convenceré —continuó Tom mientras tomaba a Hermione de la cintura.
—Bien, deja tus seducciones para después, el partido entre Slytherin y Gryffindor está a punto de comenzar, ya sé que lo consideras una pérdida de tiempo pero tenemos los mejores lugares y van a cerrar la biblioteca para arreglar el desastre que unos hufflepuff causaron, ¿qué dices? ¿Vienes? Hay lugar para tu Ravenclaw —dijo Abraxas tomando control de la situación.
—Bueno, no tengo nada mejor que hacer. La Ravenclaw también viene —anunció Tom tratando de retener a Hermione quien estaba tratando de zafarse, era inútil, entre más forcejeaba los dedos de Tom se clavaban más en su cintura, le dejaría marcas.
Los slytherins ignoraron a la pareja y comenzaron a caminar hacía el estadio de quidditch, podían escuchar los siseos de Tom y lo susurros molestos de la castaña pero no podían discernir lo que decían.
—Déjame ir —ordenó Hermione tratando de no armar un escándalo.
—No —respondió Tom, había inmovilizado su brazo izquierdo pero con el derecho la castaña había comenzado a pellizcar la mano que el chico tenía en su cintura.
—Suéltame, me estás lastimando —insistió Hermione, comenzaba a preocuparse y a ponerse nerviosa.
—Tú me estás pellizcando —acusó el Slytherin, estaban a mano.
De repente Tom sintió pequeños colmillos que se clavaron en su tobillo, al ver hacia abajó encontró una bola de pelo, sin molestarse en sacar su varita lo sacudió y lo pateó en cuanto el gato regresó al ataque, pronunció un maleficio que lo dejó en el suelo.
—¡Crookshanks! —exclamó la castaña deteniéndose para inspeccionar a su amigo.
—Sólo está durmiendo —se quejó Tom, no podía creer que la chica hiciera tanto escándalo por el estúpido animago.
—Ryddle eres un cruel, Crookshanks sólo quería ayudarme —reclamó Hermione mientras tomaba al felino entre sus brazos.
—Él se lo buscó —explicó el Slytherin mientras volvía a jalar a Hermione en la misma dirección.
—No quiero ir contigo, no me gusta el quidditch —dijo la chica, sin embargo con el gato en sus brazos ya no podía hacer mucho… excepto, sacar su varita.
—¿Me vas a maldecir Granger? —le preguntó Tom al ver que la chica intentaba sacar su varita—. No te voy a lastimar—le aseguró mientras la obligaba a subir hacia las gradas.
—¿Así como no lastimaste a mi gato? —le preguntó Hermione.
—El animago está bien —en serio, cuantas veces lo tendría que repetir.
Pálida, Hermione volteó a verlo con incredulidad.
—Sí, ya sé que es un animago —certificó el chico, había planeado darle un mejor uso a la información pero la castaña lo había hecho enojar—. Siéntate —le ordenó en cuanto llegaron a sus asientos.
Los demás slytherins volvieron a centrar su atención en el par.
—¿Así que dinos Ravenclaw, qué es lo que te estaba susurrando Sorvolo al oído? —le preguntó Abraxas a Hermione.
Tom lo vio con disgusto, era un chismoso insípido.
—Le estaba contando un chiste —mintió Tom.
—Comparte con el grupo —pidió Yaxley, el estadio se estaba llenando pero los equipos aún no salían.
Tom se arrepintió de haber aceptado ir al partido, estaba rodeado de imbéciles.
—Bueno, era una sangre sucia que estaba en el hospital apunto de parir, el sanador le está dando instrucciones, "puje señora, puje", finalmente nace el nuevo sangre sucia y el sanador empieza a golpearlo, lo avienta contra la pared, lo patea, saca su varita y lo empieza a maldecir… durante todo este tiempo la mujer está llorando y suplicando "no golpee a mi bebé se lo suplico por favor". Finalmente el sanador la voltea a ver y le sonríe "ay ya, si de por sí nació muerto" —narró el Slytherin confiando en su habilidad para fingir voces y ademanes.
Todos los slytherins reventaron en sonoras carcajadas, Tom simplemente sonrió perversamente mientras Hermione lo miraba con una mezcla de horror e incredulidad, Tom se acercó a ella y le pasó un brazo por el cuello.
—Hermione, sonríe, es sólo un chiste —persuadió el chico al tiempo que usaba su mano izquierda para levantar las comisuras de los labios de la chica.
—Déjame en paz —ordenó Hermione intentando liberarse de los brazos del chico una vez más.
—¿Qué?¿No te gustó mi chiste? —le preguntó Tom con sorpresa.
—¿Me estoy riendo? —le increpó la castaña acerbamente
—No estoy seguro, nunca te he visto reír. Tal vez esa fea mueca es tu forma de reír —le dijo Tom con falsa honestidad.
Hermione abrió dos veces sus labios para intentar decir algo, estaba sin palabras ante la rudeza del Slytherin.
—¡Eres un idiota! —al fin encontró algunas.
Tom sólo sonrió con condescendencia.
—Para tu información tengo una perfecta risa es sólo que tú no eres gracioso —le informó Hermione con indignación.
—Granger guarda silencio que ya comenzó el partido —le ordenó Tom con su atención en los jugadores.
Cinco minutos después de que comenzó el partido Hermione se puso de pie con al intención de abandonar el lugar, justo en ese momento Slytherin anotó sus primeros puntos y el público se puso de pie con ella.
En cuanto comenzó a caminar sintió el brazo de Tom atraerla hacía su cuerpo una vez más.
—Nunca vuelvas a intentar humillarme —le susurró al oído sin malicia y sin rencor, era una orden fría y calculada.
Hermione simplemente lo escuchó y siguió su camino.
En cuanto la chica se fue Tom murmuró un rápido hechizo para que la parte ulterior de su cintura volviera al reposo, odiaba eso, era humillante rendirse a las necesidades del cuerpo y él no lo haría, no importa cuántos hechizos tuviera que usar, jamás se sometería a los placeres de la carne, no se convertiría en un púber más, adolescentes imbéciles que sólo tenían una cosa en la cabeza: sexo.
Podía admitir para sí mismo que la castaña lo había excitado con sus forcejeos, por unos segundos había fantaseado con dominarla y verla rendida, gimiente, sangrante.
Pero no estaba en sus planes caer de rodillas ante una mujer, si alguna vez la penetraba sería bajo sus propios términos, sería porque él así lo quiso y no porque su cuerpo lo obligó.
No cedería a sus debilidades, las conquistaría.
