Capítulo 7: Odio o amor

Habían pasado ya varios meses, unos 7 aproximadamente, desde que amo y sirviente se conocieron por primera vez, los sentimientos de odio del menor ya no eran tan intensos como en un inicio, había comenzado a coger cariño aquel endemoniado sirviente, aunque nunca, ni en su lecho de muerte, lo aceptaría. De vez en cuando sentía celos de las mujerzuelas que se acercaban a su sirviente, según el no por amor, si no por que odiaba que tocaran sus pertenencias y Sebastian era su juguete favorito. Por parte del hombre vestido de negro, se sentía atraído hacia el menor, es decir, sentía admiración y curiosidad hacia él, desde su perspectiva su relación era de científico, mientras su amo era su conejillo de indias.

- Sebastian... Duele mucho ¿podrías hacerlo más despacio? - dijo el menor con una mueca de dolor en su rostro.

- Le avisé que le dolería mucho pero usted me ignoró por completo. Sabe perfectamente que si paro ahora todo lo que hemos echo no habrá servido para nada.

- ¡Arg! De acuerdo, sigue... Puuf duele mucho ¿Ya esta todo dentro?

- Espere un minuto... Si, ya está todo dentro ¿ le sigue doliendo? Una vez dentro solo debería sentir un leve escozor.

- Duele muchísimo, si lo llego a saber nunca te hubiera propuesto hacer esto. ¡PERO NO PENSÉ QUE PONERSE UN PENDIENTE EN LA OREJA DOLIERA TANTO! - Dijo el ojiazul con una chuleta congelada en su oreja derecha.

- Para presumir hay que sufrir joven amo - dijo intentando contener la risa.

El adolorido Ciel fue cambiado su poco suculento chuletón congelado, cuando este se iba descongelando. Mientras tanto Sebastian fue a preparar unos dulces para que su amo sobrellevara mejor el agonizante dolor. Pasó la tarde rápidamente y el joven Ciel había desperdiciado ya 7 chuletones de primerísima calidad.

- ¿Ya está mejor amo? A estas alturas ya no debería sentir nada de dolor - dijo el mayor llevando un variado surtido de deliciosos manjares.

- Me duele igual que este mediodía... ¿Dulces? que bien, espero que esto haga que olvide el dolor. Sebastian ve a prepararme un baño caliente - dijo el menor engullendo con una mano los dulces mientras con la otra aguantaba el chuletón.

Sebastian se inclinó y fue a prepara el baño para su amo,una vez estuvo echo fue a visar al ojiazul quien había acabado con la montaña de dulces. Ciel se dirigió al aseo y se comenzó a desvestir para luego meterme en la tina rebosante de espuma. El sirviente, por su lado se remangó las mangas y cuando el menor estuvo dentro comenzó a lavarlo poco a poco.

-¡Ah! Estúpido, no toques allí - dijo el peliazul ligeramente sonrosado al notar la esponja en sus pequeños pezones rosas.

- Oh, disculpe, no recordaba que era tan delicado-dijo el mayordomo con una pequeña sonrisa en sus labios.

- ¡Maldito, no te rías! - dijo el menor para luego lanzar abundante agua encima del mayor, dejando a este parcialmente mojado. - ¡Ups!

- Me ha dejado bastante empapado amo, a sí no se trata a las personas que le preparan dulces, le hace un pendiente y lo cuida - dijo el mayor sonriendo para seguidamente comenzar a hacer cosquillas al menor.

- Basta ¿como te atreves? - dijo el joven Phantomhive riendo sin parar.

-Pues atreviéndome joven amo, bueno ya esta limpio, lo dejaré descansar, si necesita cualquier cosa avíseme.

Ciel se sumergió entre la espuma, estaba sonrojado y su corazón algo acelerado, no entendía el por que, suspiró y no dio más vueltas al tema, hacia mucho tiempo que nadie le hacia cosquillas así que supuso que se debía a eso. Pasaron unos 5 minutos y el menor salió, el agua comenzaba a estar fría y si tardaba mucho en salir acabaría por coger un resfriado. Al entrar a su habitación observó el cuerpo sacrosanto de Sebastian, su camisa estaba tan mojada que se ceñía tanto al mayor que no dejaba nada a la imaginación. El ojiazul estaba bastante incómodo, era la primera que veía al mayor de esa forma, además ese cuerpo tan bien esculpido, como una obra de arte, hacia que de cierta forma perdiera toda ( su poca) hombría.

-¡Oh! Ya salió su ropa está encima de la cama ¿le ayudo a vestirse?

-Vete de mi cuarto, además estás empapado será mejor que vayas a cambiarte.

Ciel hizo un puchero y echó al mayor de su cuarto, este se comenzó a vestir, con la ropa que Sebastian le había dejado encima de la cama, consistía en una camisa azul oscura con cuadros negros y grises, un pantalón tejano negro y por último unos Converse. Hoy tenía instituto por la tarde pues debía preparar cosas para el baile de disfraces que se celebraría en un par de meses… Cuando mayordomo y amo estuvieron listos fueron con el auto al instituto, donde en la entrada les esperaban Julia,Lizzy, la presidenta del consejo estudiantil que era una muchacha de cabellos tan rubios que lucían casi blancos de ojos morados y la vicepresidente. Entraron dentro del centro de estudios y se dirigieron al salón de actos donde comenzaron a hablar sobre los preparativos del baile. No tardaron mucho en definir como se haría acabar el ojiazul fue a casa de Lizzy pues esta lo había invitado para así probar nuevos juegos que había adquirido la rubia. Una vez llegaron a la mansión de la joven Milford, los menores fueron al salón donde estaban la consolas y los mayores fueron a dar un paseo por los grandes jardines de la omnipotente casa. Caminaron mucho rato y luego entraron en la casa,mantenían una cordial conversación a pesar de todo lo que había pasado entre ellos, entre charla y charla, Julia consiguió llevar al mayordomo a su habitación con la escusa de hacerle un breve recorrido por la casa.

- Bueno Sebastian, este es mi cuarto, fue diseñado por la señorita, le hacía ilusión que tuviera una habitación muy linda, es algo infantil, pero bueno, es muy bonita y no me puedo quejar. Si deseas te puedes sentar en mi cama, es muy grande además el colchón es de agua - dijo emocionada la joven, tomando la mano del mayor para arrastrarlo y sentarlo en a cama, la cual era extremadamente blanda. - Sebastian, siento mucho todo lo que te dije la última vez, no era mi intención ofenderte, pero me gustas mucho y no puedo aceptar que me rechaces, no entiendo por que no te gusto - dijo acercándose peligrosamente a Sebastian.

- No se preocupe Júlia, no lo tendré en cuenta. A veces no todo sucede según nuestros deseos. Usted es muy atractiva, pero no comparto los mismos sentimientos que usted y espero que aprenda a aceptarlo, después de todo nuestros amos son amigos y es inevitable que os veamos seguido - Dijo lo más amable que pudo, a pesar que que no le importaba lo más mínimo los sentimientos de la muchacha.

- Pero… pero, me gustas mucho ¿por que no lo podemos intentar? Te prometo que no te arrepentirás dijo esta acorralándolo en la cama, haciendo que el mayordomo se viera obligado inconscientemente a acostarse en la cama.

-Un no es un no, debería aprender a aceptar las negativas, no todo saldrá según su agrado. Por favor no insista, o quiero acabar como la última vez- dijo el mayor intentando apartar a la joven de encima suyo.

Mientras tanto Lizzy y Ciel estaban buscando a los mayores, pues hacia mucho tiempo que no sabían nada de ellos. Buscaron por el jardín donde les dijeron que estarían, pero no había ni rastro de ellos, así que entraron en la casa y comenzaron a buscar por allí.

- ¿Dónde diablos está ese endemoniado mayordomo?

-Hahaha, no te preocupes Ciel, seguro que no se han fugado como amantes. Ahora que lo pienso Sebastian y Julia se llevan muy bien, sería genial que fueran pareja... o incluso ¡ya lo son! - dijo la menor muy emocionada, haciéndose una película en su mente.

-No digas tonterías Lizzy, no creo que sean pareja ese estúpido no haría buena pareja con Julia, ella es tan dulce y amable y él tan maquiabélico y pérfido- dijo el menor negando con la cabeza.

Dicho y echo los menores volvieron en su búsqueda del tesoro perdido. Lizzy fue a buscar al piso de abajo, mientras que peliazul fue a buscar a la zona de arriba, fue puerta por puerta, pero todas estaba desoladas hasta que llegó a la ultima habitación del piso. Abrió la puerta poco a poco y lo que observó dentro lo dejó atónito. Julia no se percató de la presencia de menor en la sala, pero el mayor si y al verlo echo de golpe a la joven hacia un lado y se levantó de sopetón de la cama.

- Señorito, no se deje llevar por lo que ha visto, no esta pasando absolutamente nada.

- Mmm siento haber interrumpido, no era mi intención. Lizzy y yo estábamos preocupados por que no encontrábamos, pero por lo visto estáis "bien". En fin os dejo con lo vuestro- dijo el joven para luego dar un controlado portazo y salir de allí.

- Déjalo ir, no pasa nada, sigamos con lo nuestro- dijo la joven mientras tomaba la mano del mayor.

- Disculpe Julia, no se usted, pero yo en mis horas de trabajo no holgazaneo, aunque veo que en su caso si. No hemos comenzado nada, así que no "seguiremos con lo nuestro" - dijo el mayor soltando el agarre de la joven.

- Acepte un no, no me gusta y jamás lo hará, es una mujer bastante fácil por lo que he observado, así que no tardará en encontrar otra presa y tenerla entre tus brazos. - dijo bastante molesto,pues no le agradó nada la actitud de la joven y menos todavía que su amo lo hubiera malinterpretado todo. Por mi parte, haré como si no hubiera pasado nada, por favor señorita Julia.

- ¿Pero que diablos te pasa a ti? ¿Cómo me puedes decir esto? No entiendo nada, soy guapa, considero que soy muy activa sexualmente y además me tienes muy cerca ¿ Por que ni si quiera quieres intentarlo? Eres el hombre mas estúpido con el que me he encontrado Sebastian Michaellis.

-Pues diciéndolo. Como sea voy a aclarar esto con el señorito Ciel, no quiero que se lleve una idea equivocada de algo que ni siquiera ha sucedido. - Dicho esto el mayor no esperó respuesta del a chica y una vez colocó bien su ropa, fue en busca de muchacho quien ya no estaba en esa planta.

Bajó a donde se encontraba Elizabeth quien estaba jugando sola a la Nintendo DS, el mayor le preguntó sobre el joven Phantomhive, pero esta no sabía nada, la última vez que lo vio fue cuando subió a la planta superior. Sebastian comenzó a buscar al ojiazul por todas partes, cuando se había dado por vencido lo encontró saliendo del baño.

-¿Ha estado todo el tiempo aquí? Lo he buscado por todas partes.

-Si, no he salido de aquí, me dolía la barriga ¿Por que me estabas buscando? No quería interrumpirte antes, bueno voy a jugar con Lizzy un rato más antes de irnos, puedes seguir con lo tuyo con Júlia sigues teniendo tiempo - dijo el menor con un tono inusual en él.

-No es lo que piensa Joven amo, entre Julia y yo no hay nada y en el momento en que usted entró no estábamos haciendo absolutamente nada. No son escusas es solo que quiero que sepa la verdad, aunque usted puede creer lo que más quiera.

- No tienes por qué darme explicaciones es tu vida privada.

Dicho eso, Ciel apartó a Sebastian de su camino y se dirigió a donde se encontraba la joven la cual jugaba sola. Pasaron las horas y la luz solar comenzaba a desaparecer para dar paso a a oscuridad de la noche. Ciel se despidió cordialmente de las muchachas y luego subió al auto que los esperaba fuera, durante el viaje el peliazul no dijo ni una sola palabra y su mirada estaba perdida en un punto muerto de a ventana, como si ignorara la presencia de Sebastian. Ciel se sentía algo molesto, pero no entendía el por que, no sabía que diablos le pasaba, no tenia razón de estar enfadado con Sebastian pues no había echo nada malo, pero no podía evitar sentirse irritado, era un sensación inexplicable para él en aquellos momentos. Al llegar a casa ambos subieron al piso de arriba, pero el joven Phantomhive al entrar en su cuarto cerró su puerta sin dejar entrar al mayordomo, no tenia ganas de verlo por el momento, no hasta calmarse un poco y ordenar su mente. Se quitó la ropa y la dejó en un intento de doblarla sobre la silla, el moreno tocó la puerta 3 veces.

- Me estoy cambiando de ropa, no entres - dijo el menor en realidad ya vestido.

- De acuerdo, cuando acabe avíseme por favor - dijo el mayor esperando detrás de la puerta.

- ¿Qué quieres? Voy a irme a dormir.

- Son las 9 de la noche joven amo ¿no considera que es muy temprano cuando habitualmente se va a dormir a las 12? Si no quiere verme o algo similar por favor dígalo directamente y no invente escusas.

- No son escusas, simplemente estoy cansado, como sea, entra y se breve en lo que quieras decirme.

- Amo ¿esta molesto por algo? actúa muy diferente a lo habitual. Si es por el tema de Julia, no se preocupe no hay nada entre nosotros, soy todo suyo - dijo intentando romper el aura extraña que había en aquel cuarto.

- No sé que diablos te pasa, estoy perfectamente, lo que hagas con tu vida me trae sin cuidado ¿En que te basas para decir que estoy extraño? - dijo el ojiazul mirándolo fijamente desde la comodidad de su cama.

- Bueno, su actitud es diferente, normalmente si algo de verdad le trae sin cuidado realmente deja de pensar en el tema y ya. Pero esta vez no es así, actúa intentando ser más frío de lo normal, es como si sobreactuara para aparentar estar bien. Seguramente ahora me dirá que son imaginaciones mías o intentará excusarse, pero lo conozco demasiado bien aunque usted siempre lo niegue. Si no quiere no me cuente lo que le pasa, pero si es por lo de esta tarde, solo quiero dejar claro que no pasó nada. No quiero que piense en algo que no da nada que pensar.

- Te gustan mucho los monólogos ¿no? En fin, puede que esté algo raro, pero es simplemente por que estoy algo irritado, no me preguntes la razón por que no la se. Dudo mucho que sea por la tontería tuya y la de Julia, pero en fin eso es todo ¿contento?

- ¿Ve? Mi instinto de mayordomo no me engaña, bueno sea la razón que sea, seguro que es por lo de Julia aunque lo niegue. Usted es mi numero 1.

- ¿Tu numero que? Estúpido, no necesito ser tu nada, solo eres mi mayordomo y yo tu amo. Ahora déjame tranquilo de una vez.

-Hahahaha se comporta como una colegiala enamorada muerta de celos ¿ no quiere cenar algo? luego seguro que se morirá de hambre.

- Una ¿que? Antes muerto que enamorarme de ti ¿celos? Hahahaha, no me hagas reír ¿quien tiene celos? Yo no - Dijo el menor muy exaltado - Por decir tales insolencias me has de preparar muchos dulces maldito bastardo.

- Usted tiene celos - dijo el mayor haciéndose peligrosamente al menor, para luego tomar del mentón al joven amo y acercarse a sus labios - ¿No desea probar cosas prohibidas? - dijo serio para luego comenzar a reír a carcajadas - Tendría que verse la cara joven amo, está más rojo que un tomate.

- Te voy a matar lenta y dolorosamente, hoy por la noche espero que no pegues ojo, por que cuando menos te lo esperes ¡BAN! puñalada.. - dijo con una mirada de odio profundo hacia el mayordomo.

-Si no fuera verdad no se pondría como se pone, es muy lindo joven amo, como un lindo gatito - dijo el mayor burlándose.

-TE ODIO CON TODO MI SER SEBASTIAN MICHAELLIS.

¿Seria verdad lo dicho por el mayordomo? o simplemente serian simples patrañas. Los sentimientos confusos de nuestro querido protagonista son solo de odio o es uno totalmente diferente .Todo lo sabremos en el próximo capítulo.