Capítulo 7

El oso terrible

FICHA DE PONI

Nombre: Cherry Gum

Color: Celeste claro

Crines: rosa intenso

Ojos: lila

Cutie Mark: ninguna, de momento

Característica: jamás se separa de su osito de peluche, Teddy.


Fluttershy estaba disfrutando de una sesión de casitas de pájaro en su jardín cuando una bandada de mariposas pasó a su lado revoloteando, toda colorines e histeria colectiva insecta.

–¿Qué ocurre, pequeñas?

Tras las mariposas, un grupo de pájaros aleteó frenéticamente huyendo en la misma dirección.

–¿Qué pasa, amigos? No tengáis miedo.

Los conejos pasaron entre las patas de la pequeña poni corriendo a toda velocidad. Fluttershy se percató de la dirección hacia la que huían.

–No, no vayáis hacia Ponyville. ¡Estropearéis los parterres!

Un ciervo saltó por encima de ella, y fue cuando a Fluttershy por fin se le ocurrió tratar de ver de qué estaban huyendo. Se volvió. Tras el primer ciervo una manada entera de sus congéneres lo seguía, huyendo histéricos y, tras ellos, Fluttershy los vio: los lobos negros incapaces de entender ningún idioma. Worg, se llamaba la raza.

Fluttershy lanzó su más poderoso grito de alarma: un chillidito ahogado y decidió huir también. No pudo hacerlo. La manada de ciervos llego a su altura y la pegaso fue arrastrada por ellos.


En Ponyville los potrillos correteaban, el mercado funcionaba, dos ponis ancianos jugaban al ajedrez en la plaza...

Los potrillos se detuvieron y observaron en la misma dirección.

En el mercado, los enseres empezaron a temblar suavemente.

Los álfiles, sobre el tablero, se desmayaron y rodaron.

Por la calle principal apareció la estampida de criaturas. Arrastrada por ella, Fluttershy lanzaba pequeños chilliditos de histeria. Detrás, los worgs coronaban aquella riada animal ancarnando a una panda de depredadores en huida.


A través de bosque Everfree, tres ponis seguían el rastro de destrucción que había ido dejando el oso gigante a su paso.

–¡Ostras, qué útil es saber seguir rastros, Grauj!

Ivy miró al suelo.

–Creo que cualquiera podría seguirlo ahora, Foolhardy.

La riada de histeria había dejado un surco entre los árboles que parecía una carretera.


En Ponyville, las criaturas pequeñas buscaron refugio bajo mesas, sillas, parterres, provocando una epidemia de vuelcos. Las criaturas grandes corrían por las calles, sin diferenciar entre mobiliario, paredes, carromatos y suelo. Los worgs pasaron rápidamente del miedo visceral e incontrolable, a la curiosidad del depredador que ha visto cambiado el terreno de juego. Muchos de los lobos habían dejado de correr y estaban olfateando el nuevo lugar a que los había llevado su carrera. Eso había puesto muy nerviosos a los ponis.

Todos los habitantes de Ponyville, en ese momento, estaban haciendo lo que todo poni decente ha de hacer ante una emergencia: histerizar. Quizás las únicas excepciones eran una pegaso azul y una poni terrestre naranja que trataban de dirigir la situación.

–Vamos, vamos, no os amontonéis. Histerizad con algo de organización –ordenaba Rainbow Dash.

–Por aquí, señora, permítame que la ayude –Applejack se quedaba atrás para ayudar a los ponis más mayores.

Tras ellos, la estampida de ciervos pasó con una chillorosa Fluttershy atrapada en su interior. Applejack se volvió hacia Rainbow Dash.

–¡Tenemos que sacar a Fluttershy de ahí!

Una poni rosa con el pelo a lo afro y dos cuernos postizos asomando entre su crin, pasó dando saltos junto a ellas.

–Yo me encargo –dijo con voz cantarina.

–No, Pinkie, es muy peligroso.

–No, es divertido.

La pequeña poni rosa avanzó imitando los saltos de los ciervos en estampida hasta situarse a su lado. Cogió aire y se puso a histerizar junto a ellos a su mismo ritmo. En apenas unos segundos, se coló en la manada y llegó hasta Fluttershy.

Rainbow Dash y Applejack observaron atónitas la maniobra. Un minuto más tarde, Pinkie Pie regresó hasta ellas llevando a una mareadísima Fluttershy sobre su lomo, y dos cuernos postizos de tela sobre su cabeza.

–Pinkie, he de decir que eso ha sido realmente impresionante –dijo admirativamente Applejack.

–Ha sido la mejor ejecución de la maniobra "Imhotep" que he visto –añadió Rainbow Dash.

–Disculpad...

Una pegaso blanca con un geranio sobre la cabeza se había acercado a ellas. Detrás de ella una poni terrestre gris alzaba el hocico para … ¿olfatear?

–¡Señora! Suelte ese geranio y huya. ¡Esto es una alarma! –le ordenó Rainbow Dash.

–No puedo soltarlo, es mi amigo. Los conejos podrían destruirlo si lo dejo.

–¿Qué? ¿Tenemos una manada de lobos gigantes que no entienden idiomas invadiendo Ponyville y tú te preocupas por un geranio?

–Sí, pero en realidad los worgs solo están huyendo. El oso mutante es el problema.

–¿Qué oso?

–El que está intentando ralentizar Foolhardy.

–¿Quién es Foolhardy?

–Ya viene –pronunció la poni gris con una voz rasposa.

La conversación se vio interrumpida por una garra gigante que se posó sobre un tejado. Tras él, asomó el oso. Cuatro ponis abrieron aún más sus ya desmesurados ojos.

– A ese oso me refería –señaló Ivy.

El oso avanzó hacia las ponis arrastrando tras él a Foolhardy, que mordía con resolución una costura sin lograr ralentizarlo.

–¡Eshte bissho stá mn bien cosshido! –protestaba la poni pelirroja.

–¿Volvemos a histerizar? –propuso Pinkie Pie.

Grauj se volvió hacia Ivy.

–¿Con qué nombre lo llamaba la pequeña?

–Teddy.

Y sin más, la poni gris avanzó hacia el mostruoso juguete.

–¿Qué haces? –le gritó Rainbow Dash.

Ivy la detuvo con un gesto.

–Sabe lo que hace...

El oso avanzaba ostentoso, feliz de su tamaño. A sus patas, las criaturas huían. Era enorme, era poderoso, era... Una pequeña poni gris se había plantado frente a él y lo miraba directamente a sus ojos de botón. El oso bajó la mirada hacia la pequeña poni gris, enorme como una montaña ante ella. Grauj frunció el ceño y no retrocedió.

–¿Sabes una cosa, Teddy? Los lobos somos mejores que los osos –le espetó–, porque jamás abandonamos a nuestra manada.

El oso pareció dudar y la pequeña poni pronunció dos palabras lentamente.

–Cherry Gum.

Algo sacudió al tremendo plantígrado. El brillo rojizo de sus ojos pareció fluctuar y, lentamente, se dejó caer hasta quedarse sentado. Parecía confundido y afligido. Grauj no le dio tregua.

–¿Qué le diremos a Cherry Gum cuando nos pregunte por su Teddy?

El oso giró su cabeza de juguete hacia Grauj y dejó escapar un gruñido lento, que más parecía un quejido.

Ante la atónita mirada del resto de ponis, Grauj avanzó hasta él y apoyó su cabeza en la pata del enorme peluche en un gesto de reconciliación. Permaneció en esa postura un largo minuto, hasta que hubo un chisporroteo de magia, y el oso menguó hasta volver a adoptar el tamaño normal de un peluche, asì como su inmobilidad natural. Sweetie Grauj lo recogió del suelo y lo sentó sobre su lomo.

Foolhardy se acercó a ella trotando.

–¿No decías que los osos son el mal? –le preguntó.

–Soy una loba de palabra. Lo llevaré con Cherry Gum.

–Oye, ¿y que hacemos con tus amigos lobos?

Grauj gruñó.

–No son mis amigos.

La poni gris trepó hasta un tejado en cuatro ágiles saltos. Se posicionó y lanzó un largo aullido. Poco a poco los worgs se fueron congregando alrededor del tejado y alzaron sus hocicos hacia ella.

Grauj, una vez captada su atención, bajó hasta el suelo y se puso a intercambiar gruñidos con uno de los worgs.

–¿Qué hace? –preguntó Pinkie.

–Habla con su líder –le explicó Ivy.

–¿Su líder?

–Es como el alcalde del grupo –aclaró Foolhardy.

–¿Como puede hacer eso?

–Grauj es un lobo, habla su idioma.

–Eso lo explica todo.

Tras varios minutos de gruñidos (*), los worgs se dieron la vuelta y marcharon hacia fuera de Ponyville.

–¡Caramba, eso sí es tener habilidad con los idiomas! –comentó Pinkie.

Grauj volvió hacia donde estaban reunidas, con el osito de peluche todavía sobre su lomo.

–¿Qué les has dicho? –preguntó Foolhardy.

–He hablado del respeto que me inspiran como rivales y les he pedido que abandonen este lugar.

–¿Con eso ha bastado para que se marchasen?

Grauj se encogió de hombros.

–He vencido al oso que les aterrorizaba. La prueba estaba sobre mi lomo. Han preferido no pelear conmigo.

Las ponis miraron al osito de peluche. Sus redondos ojos de botón fijos en la nada.

–Grauj, a veces das miedo.

Ésta inclinó la cabeza de lado.

–Estaba tratando de ser diplomática –protestó con voz cascada.


(*)A petición de los espectadores, reproducimos la conversación entre Grauj y el líder de los worgs con subtítulos. Esperamos que esto sacie su curiosidad.

–Lobo invernal –dijo el líder mirando hacia la poni del tejado.

Grauj descendió, con la cola alta de líder en su territorio, pero las orejas sinceras del lobo que pretende parlamentar.

–Soy Grauj, de los lobos invernales.

El líder de los worgs avanzó hacia ella.

–¿Vienes a enfrentarte a nosotros?

–Sería un honor hacerlo. Durante generaciones, los lobos invernales y los worgs han visto mejorada su manada por los enfrentamientos entre ellos. Sois los rivales que necesitamos para mejorar, por eso no deseo enfrentarme a vosotros.

–Explícate.

–Nuestro enfrentamiento acabará con vuestra destrucción y la mía –Grauj dirigió una mirada de refilón hacia los ponis reunidos que contemplaban la conversación–. Nuestras manadas no se beneficiarían de eso.

El worg reflexionó durante unos instantes antes de responder.

–Tienes la lengua de plata, loba invernal.

–Y el corazón sincero, worg