Bueno, gracias a todos los que leen y dejan reviews (: Prepárense para el capítulo más triste de sus vidas. Sino lo están, lo lamento mucho.


Capítulo 7

El triste pasado de Ash.

PARTE I: Red, un chico con una promesa.


—¡¿Alguien sabe dónde demonios están May y Ash?! —empezó a exasperarse Norman al ver que no hallaba por ninguna parte a ambos chicos.

El silencio abrumó la casa de los Balance. En realidad, nadie los había visto.

— Tal vez se adelantaron para inscribirse al concurso… —sugirió Dawn positivamente—.
Eso es lo más seguro.

— Tienes razón… —admitió el pequeño Max mientras acariciaba a Pikachu.

— Un momento… ¡¿A nadie se le ha ocurrido llamar a Ash o May por su pokenav?! —cuestionó Caroline sorpresivamente—. Tal vez así podríamos localizarlos más fácil.

Pero el intento fue nulo. Cuando Norman vio que ninguno de los dos contestaba, se dirigió junto con los demás a la Oficina Central de Petalburgo. Ahí, le contó la situación a la oficial Jenny y ésta mandó de inmediato a buscar a los muchachos.

— No se preocupe Sr. Balance —conciliaba la policía—, su hija y el chico deberán estar en algún lugar fuera de peligro.

— Supongo… —no se veía muy convencido aquel hombre. Todavía seguía pensando en que estaban en un peligro inminente.

No obstante, mientras Norman se encontraba junto los demás en la Oficina de Policias Pokemon, en las afueras de Ciudad Petalburgo estaba ocurriendo algo sorpresivo. El Pokemon, que apenas se había adentrado en el inicio de la gran espesura debido a la onda expansiva que el aura de Ash provocó, estaba realmente preocupado y anonadado.

— ¡Su aura! —se exaltaba el Pokemon misterioso al sentir que un poder oscuro se había roto.

El Pokemon, en un movimiento rápido, se reincorporó, se sacudió la maleza que tenía alrededor de su cuerpo y comenzó a trepara y saltar de árbol en árbol, justo como si fuera algún tipo de ninja.

— ¡Ash! —gritó la criatura cuando alcanzó el lugar donde había dos cuerpos inmóviles. Desafortunadamente, ambos habían caído en el pavimento, a pesar de que la mayoría de Ciudad Petalburgo era verde con varias zonas extensas de color verde. A la hora del impacto, Ash había destrozado un sendero por donde la gente podía caminar. Por suerte alguna, ninguna persona se encontraba ahí y ninguna había visto cómo Ash y May había caído en el suelo. Lo que si pudo ver la mayoría de las personas que estaba rondando por las calles de Petalburgo, fue un helicóptero que cayó sobre alguns árboles y causó algunas explosiones leves. El fuego se hizo present entre el césped y las orillas de un pequeño arroyo. El humo comenzó a invadir el transporte aéreo dañado y no se pudo ver nada más—. Diablos… llamaremos la atención si nos quedamos aquí.

El Pokemon, a pesar de haber recibido varios misiles de la mujer uniformada de negro, resultaba totalmente ileso. Sus fuerzas habían estado al cien por ciento y con suma facilidad se llevó a la espalda los dos cuerpos inconscientes. Nuevamente, escaló las ramas de los árboles, aunque lo hacía con más lentitud. Éste comenzó a adentrarse al interior de la arboleda de Petalburgo, para que nadie pudiera interrumpirlos. ¿Qué pasaría si alguna persona los veía? No quería ni pensarlo. Por suerte, el Pokemon sabía que sólo algún par de personas habían visto cómo May se abalanzaba hacia la escalera y cómo caía. Pero de ahí en fuera, no lo habían visto ni siquiera a él, debido a que pasaba tan rápido entre las calles que era imposible que lo percibieran. Cuando estuvo lo suficientemente adentro del bosque, depositó a Ash sobre una gigantesca roca, mientras recostaba a May sobre un terreno de césped irregular. No obstante, el Pokemon se llevó al sorpresa de ver que Ash comenzaba a abrir los ojos; hábilmente, el Pokemon saltó hacia una de las ramas de un árbol y se ocultó entre las sombras. Sería difícil que lo reconocieran a esa altura.

— Tú… —dijo fríamente el azabache. Al momento de haber despertado, había recordado todo. Lo único que no se podía explicar era el por qué estaba en el bosque y quién lo había llevado; incluso se preguntó el por qué también se habían llevado a May hacia allí. Sin embargo, cuando miró la silueta, fue directo al grano, dejando aquellas preguntas para otra ocasión—. ¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres de mí?

— Ash… —mencionó con frialdad el Pokemon desde las alturas—. Tu Aura está en grave peligro.

— ¡¿De qué hablas?! —mencionó con furia mientras aquel aura oscura se incrementaba aún más—. ¡¿Cómo es que sabes mi nombre?!

— Yo sé todo de ti Ash… —susurró el Pokemon con seriedad— Así que hazme caso y escucha por favor.

— ¡No! —la rabia en el chico comenzó a incrementar. Esto asustó al Pokemon—. ¡¿Cómo es que sabes ni nombre?! – Repitió, aunque después sintió un gran dolor—. ¡Aaaaggghhh!

Un haz de luz oscura invadió el ambiente. Las hojas comenzaban a meserse con misterio, estruendo y fuerza. Debido a la potencia con al que el aura emanó en Ash, el Pokemon perdió por unos instantes el equilibrio y casi caía de la gruesa rama.

"Jamás imaginé el poder de su aura…" —pensó el Pokemon entretanto se impresionaba —
"Tengo que tranquilizarlo… ¿Pero cómo?"

Los segundos pasaban, y el aura oscura iba incrementando de poder…

"Necesito calmarlo o sino su aura explotará…" — miraba fijamente al azabache que estaba a punto de atacarlo — " ¡Eso es!" —una vez que se le ocurrió una idea, se dio cuenta de que ya era muy tarde para reaccionar, puesto que el muchacho dio un gran salto, llegó hasta donde estaba el Pokemon y le dio un golpe certero en el estómago. El Pokemon cayó de bruces sobre el césped, pero rápidamente se reincorporó y saltó hacia otra rama, lejos de la vista de Ash.

— A-ash Ketchum… —susurró con dificultad debido al golpe que había recibido—. N-necesito contarte tu v-verdadero pasado…

Ash, aún con los ojos carmesí, se paró de repente. Aquella frase pronunciada por el Pokemon lo tranquilizó por un momento, aunque no sabía de qué demonios estaba hablando.

— A-así es… —sonrió con debilidad—. Hay algo que d-debes saber… Es sobre tu pasado. Y s-si no me crees o no quieres escuchar, será mejor que me asesines de una vez – replicó el Pokemon con justicia— Vamos, hazlo.

- N-no – titubeó Ash tranquilizándose y empezando a escuchar, al mismo tiempo en que notaba su aura disminuyendo— Te escucharé.

- Bien… - comenzó a concentrarse aquel Pokemon.- Todo comenzó hace no mucho tiempo…


El crepúsculo se asomaba por la colina. Poco a poco, el sol estaba a punto de ocultarse. Sobre aquella colina, había un sendero el cual se separaba en dos caminos. Uno conducía a Pueblo Paleta, mientras otro a Ciudad Plateada. Antes de que se separara aquel camino, tres siluetas estaban observando cómo el astro rey daba sus últimos rayos de luz.

— Bien… creo que hasta aquí termina todo.

— No lo creo… Aún hay mucho tiempo por delante. Nos volveremos a ver.

— Cierto. Green tiene razón. Ten por seguro que no será la última vez que nos veamos.

Uno de los tres chicos, comenzó a lagrimear. Bajó la cabeza para que no vieran que estaba triste. Afortunadamente, la gorra roja que cubría sus cabellos azabaches ocultaban perfectamente sus lágrimas, mientras se secaba con los guantes negros que llevaba puestos. Otro de ellos, de un peculiar color de ojos esmeralda, una cabellera castaña, con una camisa oscura y unos pantalones holgados morados, le tocó el hombro en señal de agradecimiento y consolación. La última persona, una jovenzuela de una mata rubia cubierta por un sombrero de paja, con una playera negra de manga larga y una falda anaranjada encima, también sonrió y posó su mano sobre el otro hombro del muchacho.


Red, Green y Yellow eran los mejores amigos que te podías imaginar… mencionaba el Pokemon con delicadez—. Pero llevaban mucho tiempo viajando, así que era momento de separarse.


— Yellow… —nombró Red cabizbajo—. Gracias por todo… — el muchacho de la gorra abrazó a su compañera; un leve sonrojo por parte de la rubia se hizo presente en sus mejillas.

La joven rubia se vio invadida por aquellos sentimientos y abrazó con más fuerza a su amigo. Cuando hubieron terminado, un Pokemon que se encontraba a espaldas de Red gimió. Se trataba del Pikachu del muchacho; la rubia sonrió y también abrazó al roedor amarillo.

— También te extrañaré, Piakchu… —El Pokemon gimió con tristeza.

Cuando se separaron, Green miró al Pokemon y asintió.

— Espero que cuides de tu entrenador. Lo necesitará mucho —ante tal comentario, el Piakchu sonrió y levantó un puño hacia el aire. Sin embargo, a Red no le hizo mucha gracia.

—Sí, sí. Qué gracioso —el muchacho se colocó a unos pasos frente al castaño. El rsotro del azabache estaba tenso; si se echaba a llorar en aquellos momentos, jamás se lo perdonaría. Tenía que ser fuerte y no quería que Green se riera de él, puesto que era su enemigo más grande y a la vez, su mejor amigo.

—Red… —esbozó con una sonrisa aquel oji-verde—. Prométeme algo… —Red se notó curioso— Prométeme que algún día nos volveremos a encontrar… —Green seguía con esa sonrisa orgullosa, pero en el fondo se encontraba triste—…y que volveremos a tener una batalla Pokemon… ¿De acuerdo?

Red asintió con dificultad, ya que no podía decir ni una palabra a causa de que sentía aquel nudo en la garganta que tanto odiaba.

— Yo… yo… —Red se limpió las lágrimas del rostro. Había perdido ante el sentimiento—. ¡Yo lo prometo!

Repentinamente levantó su gorra y se la colocó al revés para descubrir su rostro. Los dos se rieron por un momento y esbozaron una sonrisa, la cual significó más que mil palabras. Sin pensarlo, los dos jóvenes se colocaron frente a frente con la cabeza en alto y de su cinturón se retiraron una pokebola. Inmediatamente Red cruzó su brazo con el de su amigo en señal de era una promesa inquebrantable.

— Te juro que nos volveremos a ver Green —esbozó una sonrisa victoriosa— Y ésta vez voy a ganar.

— Será como la última vez —rió el castaño aferrándose aun más al brazo de su amigo. Te ganaré como siempre lo he hecho.

— Para ese entonces yo ya habré mejorado —sentenció Red mientras su chaqueta roja se alborotaba a causa de aquel viento molesto.

Cuando hubo terminado, notó cómo sus dos amigos se iban por el camino que conducía hacia Ciudad Pleateada, mientras desaparecían junto con el sol por encima de la colina. Mientras tanto, él y su Pikachu irían de regreso a su pueblo natal…


Fue una triste despedida para aquel muchacho – indicó el Pokemon notando que Ash ya estaba del todo calmado.- Pero algo sucedió mientras pasaba el tiempo en su pueblo natal… mencionó …Pueblo Paleta resaltó ese nombre sabiendo que el azabache era proveniente de ahí.


Cuando el muchacho Red llegó a Pueblo Paleta, inmediatamente fue directo a ver al Profesor Oak, ya que lo había admirado desde un inicio. Sobre todo, era el padre de su mejor amigo.

— ¡Profesor Oak! —gritaba avisando que estaba frente a la puerta— ¡Soy Red, ábrame por favor!

Inmediatamente un hombre alto, de tez morena y de cabello castaño aún sin canas abrió la puerta alegremente para dejar pasar al muchacho.

— ¡Red! ¡¿Pero qué haces por acá?! —se impresionó el profesor al verlo en el pueblo.

— Lo que sucede es que me he decidido tomar un descanso aquí Profesor —explicó el mozo observando aquel laboratorio.

— Mi hijo Green me habló de eso… —recordó el Profesor—. Él también está triste porque se hayan separado. Aparte, él comenzará su viaje por Johto. ¿Ya esté en Ciudad Plateada? ¡Me da gusto!... ese muchacho… Jamás viene a saludar.

— Lo sé —admitió el joven tratando de no recordarlos— ¿Y cómo le ha ido?

Cuando el Profesor Oak estaba a punto de responder, la puerta de la entrada que había estado entreabierta, se abrió lentamente. La luz del sol se filtró por la entrada, pero lo que Red vio no fue sólo eso, sino que una muchacha de tez blanca, cabello castaño y unos ojos inocentes, hermosos y carismáticos lo habían hipnotizado completamente.

— ¡Oh! —se impresionó Oak al verla situada olvidándose de que iba a venir— ¡Se me había
olvidado que me ibas a visitar hoy!

— No se preocupe… —sonrió la castaña. Red inmediatamente se atontó al ver aquella sonrisa perfecta. Y su voz… su voz era angelical.

— Él es Red… —presentó el Profesor al entrenador, que seguía con ese nerviosismo a causa de la presencia de la muchacha.

— Un gusto —se acercó la jovenzuela con una actitud encantadora y se colocó enfrente del joven, que aún seguía impresionado.

— Red… —mencionó el Profesor— Ella es Delia Ketchum. Es nueva en el pueblo.

— Delia… —susurró Red con algo de alegría en su rostro. Sin embargo, sabía que algo estaba mal. Sabía que no debía perder su tiempo en cosas como esas. Lo único que verdaderamente importaba para él y para su Pikachu era convertirse en el mejor maestro Pokemon de la historia… y si perdía su tiempo en aquella chica, jamás lo iba a conseguir.


Esa niña se había mudado para Pueblo Paleta y apareció en la vida de Red… supongo que se enamoró de ella adivinó el Pokemon con algo de ironía Sin embargo, él trataba de no pensar en ella, aunque finalmente cayó rendido… hubo un pequeño silencio Al final, el sueño de ser el mejor maestro Pokemon había sido tan sólo eso… un sueño. Abandonó todo por tu madre…

Ash se impresionó con todo lo que le había dicho, pero no podía expresar nada a causa de la exaltación.

Abandonó todo por el amor y se quedó a vivir en Pueblo Paleta… susurró en un tono triste mientras entrecerraba los ojos Aún sabiendo que jamás volvería a ver a Green y no cumpliría su promesa.


— Al parecer Delia lo está haciendo muy bien —indicaba el Profesor Oak cuando miró que Delia se encontraba alimentando a un Bulbasaur y éste estaba feliz.

— Así es Profesor —esbozó una sonrisa el muchacho de gorra, con los rasgos ya más de un adulto—. Ha aprendido muy bien todos estos años. Ambos rieron alegremente.

No obstante, cuando todo parecía marchar bien, un Pokemon salió de entre el bosque. Corrió con toda la velocidad que tenía hasta llegar a los jardínes del laboratorio del Profesor. Se trataba de un Rattata que estaba en agonía; el Pokemon comenzó a pedir a sollozos ayuda alguna. Cuando los tres humanos, el Bulbasaur y el Pikachu de Red notaron que el Pokemon necesitaba ayuda, reaccionaron esneguida.

- ¿Qué sucede? – preguntó con nerviosismo Oak.

Cuando el Pokemon rata obtuvo su atención, corrió de nuevo al bosque Verde, en señal de que lo siguieran; todos lo siguieron apresuradamente. Una vez que estuvieron en lo más interno del bosque, el Rattata llegó hasta un barranco; saltó aquella peuqeña montaña, y en la pared del barranco, se metió dentro de una cueva que con el paso del tiempo se había formado. Los demás lo siguieron. Pikachu iluminó la cueva con sus poderes eléctricos, y cuando lo hizo, todos notaron que las estalactitas largas e irregulares comenzaban a extenderse por aquella cueva que conforme se avanzaba, se iba haciendo mucho más grande. Cuando el Rattata estuvo mucho más adentro de la cueva, ésta se había convertido totalmente en un pasadizo subterráneo, alertando tanto a Delia, Red y a Oak. Seguro que les costaría trabajo encontrar el camino de regreso.

El roedor púrpura comenzó a olisquear el suelo, y cuando obtuvo la pista. Gimió y comenzó a correr hacia un sendero estrecho. Ahí, un Raticate de mayor tamaño, se encontraba atrapado bajo una roca. Solamente su cabeza y una tres sus patas podía moverse libremente. Sin embargo, lo que asustó a los humanos no fue que el Pokemon se enocntraba en apuros por la piedra que le impedía escapar de ahí, sino que el Raticate se había atorad justo en la orilla de un gran acantilado. Un acantilado que se extendía varios kilómetros de distancia. Nadie podía creer que un mundo subterráneo se encontraba bajo el Bosque Verde.

Cuando Red asomó la cabeza para ver la altura del barranco, notó que no había nada más que un gran vacío oscuro y frío.

— Ayudemos al Raticate —mencionó Red— Muevan la Roca con cuidado —si no lo hacían, el Pokemon caería junto con la gigantesca piedra hacia un vacío eterno.

- ¿Y si hacemos un movimiento en falso? —cuestionó Delia—. No podemos arriesgarnos tanto…


Entonces ahí ocurrió… suspiró el Pokemon notando la tristeza de Ash.


— ¡Ahora! —cuando el Venasaur levantó la roca con su látigo cepa, el Raticate había escapado ileso, abrazando a un Rattata que había estado preocupado todo el día.

— Bien… —suspiró Oak fuera de peligro —. Lo hicimos.

Pero a pesar de que el Venasaur situó de nuevo la roca en donde la había encontrado, unas pequeñas grietas comenzaron a extenderse irregularmente por una zona delgada del terreno rocoso. Aún así la hubiera puesto con delicadeza o con fuerza, o aún si el Pokemon de hierba siguiera sujetando aquella roca entre sus látigos, no importaba cómo fuera, aquel pedazo de tramo delgado se agrietó debido al peso insoportable del Pokemon, los tres humanos, el Bulbasaur, el Pikachu, el Raticate y el Rattata. Desafortunadamente, lo únicos que sufrieron el desmoronamiento fueron Red, Pikachu, Bulbasaur y los Pokemon salvajes que habían acudido a su ayuda.

— ¡Red! —sollozó la muchacha. Su mano alcanzó a sujetar al chico de la chaqueta—. ¡Sujétate!

Venasuar también reaccionó a tiempo y alcanzó con ambos látigos a agarrar a todos los Pokemon que caían. La fuerza de Delia no era suficiente, y Oak estaba sujetando a un Venasaur que no aguantaba el peso de cuatro Pokemon.

— ¡Por favor Red, sujétate! —sollozó la castaña tratando de no soltar ni una lágrima.

Aquel pelinegro se dio cuenta de que iba a ser imposible que lo salven, ya que tenía que morir él, o morirían los cuatro Pokemon que estaban siendo sujetados por su querido Venasaur.

— Delia… —nombró Red cabizbajo y sujetándose de su mano—. Por favor…

— ¡No! —gritaba la castaña soltando lágrimas—. ¡No te sueltes! ¡Sólo necesitas sujetarte!

— Cuida bien de nuestro hijo… —ordenó el chico mientras miraba a Delia tiernamente.
Delia se tocó débilmente el vientre, pero inmediatamente necesitó las dos manos para sujetar a Red.

— ¡RED, RESISTE! —gritó Oak que también se estaba resbalando a causa del gran peso del Venasaur.- ¡POR LO QUE MÁS QUIERAS, POR FAVOR NO TE SUELTES!

— Lo siento… Delia, suéltame y ayuda al profesor Oak. Sal de aquí con los Pokemon y cuida de los míos —dijo esbozando una sonrisa— Sino, el peso del acantilado no soportará a todos por más tiempo y caeremos todos.

— ¡No te abandonaré! – chilló Delia al mismo tiempo en que Red comenzaba a soltarse de sus manos—. Red… no lo hagas ¡NO LO HAGAS!

— No me arrepiento de nada… tan sólo me arrepiento de no haber conocido a nuestro hijo y de no volver a ver a mis amigos… —el muchacho cerró los ojos significando que era el último adiós.- Cuida de Ash…

La castaña se quedó en silencio ya que no soportaba la idea de ver caer a su amado.
Los ojos del pelinegro empezaron a tornarse vidriosos, pero no soltó ni una lágrima ya que no quería que lo viesen llorando… Eso jamás le había gustado.

— Prométeme que cuidarás bien de él… —susurró tranquilamente.

— S-sí —dijo en voz baja la mujer con un nudo en la garganta y sabiendo que no quedaba otra opción más que soltar al chico.

— Delia… —finalizó el chico mientras se soltaba de sus manos—. Te amo.

La jovenzuela vio cómo el chico desapareció entre la oscuridad. Sin embargo, un pequeño brillo resaltaba entre la oscuridad por la cual había desaparecido Red. Se trataban las lágrimas del entrenador.

—Yo también te amo… —susurró nostálgicamente— …Red.

Continuará...