Black.
Advertencias: Incesto y slash en algunas.
Ser Black
La naturaleza de un Black era oscura, atrayente como una luz incandescente en medio de la noche, excitante y peligrosa. Llena de promesas de inigualable placer e inconmensurable poder.
Eran serpientes, moviéndose con sinuosos movimientos e hipnotizando con su belleza. Eran veneno, dado en pequeñas dosis y tan delicioso que, aun sabiéndolo, todos peleaban por el honor de saborearlo.
Eran ira contenida y deseo a raudales. Eran como imanes, atrayendo a todos los que se les acercaban. Eran el centro de atención, seguidos e idolatrados, temidos y envidiados.
Ser Black no era cualquier cosa, era un deleite y un privilegio.
Bella
Bella, locura. Bella, deseo. Bella, pasión. Bella, perdición.
Sirius siempre ha pensado que su prima está loca. No cualquier tipo de locura, es una loca maniaca. Una bastante peligrosa.
Es el ser más desequilibrado e impredecible que conoce. Un día puede ser que no le preste ni la más mínima atención, al siguiente parece amarlo por sobre todas las cosas y después lo mira como si el simple hecho de existir fastidiara su vida.
Tal vez sea por ello que se mantiene interesado. Tal vez, por ello no puede apartarse. Tal vez, y solo tal vez, por eso está enamorado.
Hermanas.
Bellatrix era la mayor, la más independiente y con un aura de poder y seducción incomparable.
Andrómeda era la de en medio, con un atractivo lleno de peligro y dulzura verdaderamente inquietante.
Narcissa era la pequeña, tan hermosa como una veela y astuta e inteligente como ninguna.
Las tres orgullosas y altivas, elegantes y deseadas.
Unidas serían mortíferas, separadas eran amenazadoras. Tenerlas como aliadas era una gran ventaja, tenerlas como enemigas significaba estar muerto.
Entre ellas, ser amigas no era fácil, pero era interesante. Ser enemigas era algo aun más interesante, una guerra sin tregua, llena de ataques y defensas.
Debilidad.
Lucius Malfoy no tenía debilidades. Era rápido y tenía buenos reflejos, nadie lo podría atacar y salir victorioso.
Era poderoso y contaba con dinero suficiente para comprar todo lo que quisiera.
Era inteligente y astuto, siempre obtenía lo que quería sin importar nada.
Era atractivo y podría tener a cualquiera a sus pies. Después de todo, ¿quién podría resistirse a un Malfoy?
Sin embargo, y aunque él nunca lo llamaría debilidad, los Black tenían cierto atractivo exquisito que lo volvía loco y le hacía querer saborear y poseer a cada uno.
No, él no tenía debilidades, simplemente prefería lo mejor.
Fijación.
La primera vez que deseó a un Black se trataba de Bellatrix. Tan condenadamente atractiva y misteriosa que hubiera sido un crimen pasarla por alto.
La segunda, Andrómeda. Tan encantadora como rebelde.
El tercero, Sirius. Orgulloso y altivo, todo un reto. Y a Lucius le gustaban los retos, más si la recompensa era tan… placentera.
Regulus no tardó en caer. Un niño mimado con aires de grandeza. Al final, realmente había sido igrande/i.
Narcissa fue la última. Bella y delicada, falsamente frágil y con un intelecto que hacía palidecer al de cualquiera.
Definitivamente, tenía una ligera fijación con los Black.
Deseos.
Hacía años que no veía a su sobrino. Años en los que, como podía ver, el pequeño bebé chillón había dado paso a un perturbador y guapo adolescente. Uno que bien podría reportarle algún placer.
Él nunca había visto a su tía en persona, solo la conocía por fotografías. Si bien, él la tenía como una mujer atractiva, nunca imaginó que tan atractiva y sexy era realmente. Azkabán la había demacrado, pero aun así conservaba ese algo que hacía que cualquiera la deseara para sí. Él también la deseaba.
Y, los deseos suelen hacerse realidad, aunque no siempre como esperas.
Constelación.
Los Black eran estrellas, sus nombres lo demostraban. Todo se reducía a una simple analogía de estrellas y relaciones humanas.
Brillaban a lo lejos, atraían con su resplandor. Eran perfectos, deseables y había miles de mitos y supersticiones sobre ellos.
Si uno moría, pasarían muchos años antes de que su luz dejase de llamar la atención.
Si uno pasaba en tu vida, te sentirías afortunado y admirarías su belleza. Si alguno simulaba ser una estrella fugaz, rogarías por un deseo que nunca sería cumplido.
Si todos se unían, dejaban de ser simples estrellas y formaban algo más impactante, una constelación.
Diferentes.
Físicamente eran muy parecidas y, aunque cualquiera diría que sus personalidades eran diametralmente opuestas, su carácter era jodidamente similar. Por algo, ambas eran Black, por algo, ambas eran Slytherin.
Habían crecido en una competencia perpetua de ver quién lograba llamar más la atención, quién obtenía más. Una era apabullante, eclipsaba a todos a su alrededor y los maneja como si de simples marionetas se tratasen; la otra, rebelde, peligrosa, siempre queriendo lo que no podía y tratando de ser todo lo opuesto a su hermana.
Al final, y sin ser realmente una sorpresa, sus vidas no fueron del todo diferentes.
Dubhe.
Doble. Doble brillo, acompañado siempre, entre dos posibilidades, dos naturalezas en lucha eterna dentro de ti.
Estrella doble, tan cercanas que es imposible distinguirlas a simple vista. El doble de oportunidades para el desafío, el reto, el éxito y el fracaso.
Doble, dos veces las habilidades de los demás, dos veces el destino unificado en uno. Dos fortunas, dos elecciones, un solo camino.
Doble naturaleza en ti, el bien y el mal fundidos de tal forma que separarlos sería matarte.
La duda y la confianza siempre, la lealtad y la traición.
Doble, una estrella doble que parece ser solo una.
León y basilisco.
La valentía dentro de ti, escondida en el interior del basilisco. Moviéndote discretamente, no logrando nunca lo suficiente, pero haciendo más de lo que se espera.
Basilisco y león como nombres, Slytherin y Black como apellidos.
Una dura mirada tuya mataría, un gesto de valentía cambiaría todo el porvenir. La lealtad implícita, la nobleza y el orgullo.
Mezcla de león y serpiente, el nombre lo dice todo. Una antigua estrella real, noble.
Impredecible, nunca sabiendo si lo que se estimula es la naturaleza del león o del basilisco. Si lo que se ha de esperar es un zarpazo o veneno.
Uno y otro.
Uno, obstinado y rebelde. Aferrado a las causas perdidas. Inmaduro y con aires de sabio demente. Con su doble naturaleza imposible de negar.
Otro, complaciente y astuto. Cobarde y valiente, mezcla perfecta de lealtad y conveniencia.
Relacionándose de forma complicada y agotadora. Amándose y odiándose, admirándose y despreciándose. Experimentando juntos, descubriendo nuevos mundos a la par.
Nunca podrían serle indiferente al otro, siempre provocándolo, ya fuera para bien o para mal.
Preocupándose por el contrario y al mismo tiempo tratando de dañarlo. Dispares y enfermizos, viviendo el uno bajo la sombra del otro, opacándose y uniéndose. Eclipsándose y brillando juntos.
Guerrera.
La mano derecha del cazador, el punto donde brazo ejecutor y cabeza se unen. Amuleto de buena fortuna en la guerra, presagia triunfos y batallas gloriosas. O al menos, así fue en un principio… al final, el amuleto cambió.
Guerrera por excelencia, amazona porque algo más es imposible.
Honor y demencia, orgullo y locura. Definirla es imposible, comprenderla es más difícil aún.
Desquiciada poderosa, por lo tanto peligrosa. Con una devoción tan llena de energía y demencia que el fanatismo de inmediato entra a escena.
Quemándose, incendiando. Explotando en sí misma y ardiendo. De existencia corta, pero intensa como ninguna otra.
Sacrificio.
Destino funesto para ella, afortunado para los otros. Sacrificada sin más, aunque protegida por el fénix y sus aliados.
Su destino es el de la antigua princesa etíope, sacrificarse por su gente. No morir en esta ocasión, sólo sobrevivir y sufrir su pérdida, sólo permanecer para cuidar el último vestigio de lo que un día fue su pequeño paraíso.
Morir hubiera sido mejor, pero vivir es su destino. Vivir y sacrificarse, porque no puede ser de otra forma.
Aunque siempre lo ha sabido, el presagio era inevitablemente obvio, nunca se ha terminado de resignar.
Ahora, sólo queda esperar y morir.
Vanidad.
Hermosa, la Black, no, la bruja más hermosa nunca antes vista.
Una muñequita, delicada y suave, grácil y frágil. Con perfecta figura y rasgos marmóreos que Afrodita y Helena envidiarían sin más.
Perfección encarnada, deseada y envidiada, amada y odiada. Los propios dioses no pueden evitar caer ante su encantador hechizo de sirena y ella, como buena serpiente, no puede evitar aprovecharse de ellos.
Su fragilidad no es un defecto, es un arma. Su hermosa cara es sólo una máscara que cubre los deseos más oscuros y las intenciones menos esperadas. Su suave marcha, es sólo el telón para la traición.
Veamos, sólo por si las dudas. Los personajes de Diferentes son Andrómeda y Bella, en Dubhe es Sirius, León y basilisco Regulus, Guerrera Bella, sacrificio Andrómeda y Vanidad Narcissa.
Gracias por leer, comentarios y sugerencias bienvenidos.
