¡Hola! ^^ Aquí os dejo un nuevo capítulo, que espero que sea mejor que el último x.x
7. El reencuentro.
Al caer la noche, los gritos de Shagga hicieron que Sansa saliera de la biblioteca para dirigirse hacia el primer piso, donde él estaba, llamándola como si su vida dependiese de ello, o quizá era solo que los salvajes estaban acostumbrados a gritar libremente, la doncella no sabía demasiado acerca de ellos, por desgracia ya que bajo su techo había al menos 10 hombres libres.
- ¿Qué ocurre, Shagga? - preguntó Sansa frunciendo el ceño, preocupada de que algo realmente serio fuese mal, caminando lo más rápido que podía hacia él, sujetando su camisón con una mano para evitar pisarlo y tropezar.
La fina seda remarcaba todas y cada una de sus curvas pero cubría lo suficiente como para que no se sintiera incómoda, suponía que Tyrion pretendía tratarla como a una verdadera dama, como merecía y había sido tratada toda su vida, y aquellos regalos no eran más que el principio, junto con aquella preciosa casa.
- Hay alguien en el portón, tiene el yelmo de un perro y quiere verte, todos los hombres están fuera, pueden matarlo si así lo quieres, chiquilla. - Informó el salvaje, obedientemente, ella era la única a la que respetaba, de algún modo, quizá por su sexo o la amabilidad que ella siempre mostraba hacia los hombres, les permitía comer en su mesa, dormir en sus cómodas camas y básicamente vivir bajo su techo como si fueran una gran familia, un término que Sansa anhelaba tanto... Ahora al menos se sentía protegida y respaldada por aquella gente.
- Que pase, es Sandor. - Dijo ella, increíblemente contenta de que el hombre estuviese de vuelta y no la hubiera abandonado allí a su suerte. Él jamás haría eso, ¿Verdad?
Shagga asintió y volvió fuera con el resto de los salvajes, pronto escuchó unos pasos dirigiéndose dentro de la casa, pero no eran pesados como los de Clegane, tampoco eran los ligeros toques contra el suelo de una doncella... ¿Tyrion? No, sabrían quien era. Sansa frunció el ceño y esperó pacientemente. El rostro que fácilmente reconoció en cuanto el hombre entró en sus aposentos, la dejó sin palabras, jamás había pensado que podría realmente sentirse feliz de ver a aquel hombre; Varys, la Araña. Él la había ayudado, más de una vez desde que había sido expulsada del lado de Joffrey, obligada a vivir en el burdel y en su cierto momento, trabajar, cosa de la que Tyrion la salvó, gracias a los dioses.
- ¡Mi señor! - exclamó ella, con una tímida sonrisa. - Por favor, pasad, vos me trajisteis, sentíos como en vuestro hogar.
- Oh, mi dulce señora, mi hogar jamás contará con la vida con la que vos llenáis el vuestro. - contestó él dulcemente, ofreciéndole una reverencia.
Sansa advirtió que portaba el yelmo del Perro y por un momento, temió que algo hubiese ocurrido con Sandor.
- No os preocupéis, Clegane ha tenido la amabilidad de dejarme su yelmo para que así vuestros hombres me dejasen pasar, él está bien, resolviendo algunos asuntos con el rey. - Varys añadió rápidamente.
La doncella suspiró aliviada y asintió, caminando hacia las escaleras para poder dirigirse hacia su biblioteca, donde podrían hablar tranquilamente.
- Seguidme, mi señor. - Dijo ella entonces, su tono sonando totalmente tranquilo y suave. - Aleyne, ¿Puedes traernos algo de vino caliente? - Pidió Sansa, mirando a la mujer que estaba ya haciendo la cena con el resto de las doncellas.
Ella sonrió y asintió, rápidamente retirándose para servir los deseos de lady Stark, no es que a Sansa le entusiasmase el vino caliente pero supuso que tras el frío que había atravesado Varys en la noche, agradecería beber algo caliente.
La joven abrió la puerta y dejó pasar al hombre para entonces caminar y cerrar la puerta a su espalda, ofreciéndole con total amabilidad un asiento, tomando ella otro cerca del fuego.
- ¿Qué os trae por aquí, mi señor? - Preguntó ella, algo desconcertada por la repentina visita, que en el fondo, agradecía. - ¿Va algo mal con Tyrion? - De nuevo, la doncella frunció el ceño, sintiendo su estómago encogerse ante la idea de que algo pudiera haber pasado con el hombrecillo... ¿Sus miedos se habían hecho realidad?
Varys negó con la cabeza, mirándola directamente a los ojos y con una expresión preocupada en su rostro.
- No, no, no, nada de eso, mi señora. - Contestó él, entrelazando sus dedos que quedaron ocultos bajo las largas mangas de su túnica. - Vengo a traeros un mensaje de Invernalia, esta mañana un cuervo llegó a la Fortaleza Roja.
La chiquilla sintió su corazón dar un vuelco ante la noticia, Invernalia... Sonaba tan lejana... Su hogar estaba lejos de allí, no por la distancia que separaba el norte del sur, más bien por la imposibilidad de volver a casa, la que había sido su casa, ya que ahora había sido tomada por los hombres del hierro... Quizá los vasallos de su padre habían recuperado su hogar... Podría volver a ver a Bran, y al pequeño Rickon... Buscarían a Arya y guardarían el frío Trono de su hermano, el Rey en el Norte, que vencería a los leones y regresaría a casa, con su familia... Su madre, sus hermanos y su hogar en el norte... Eso era todo lo que Sansa deseaba y le había sido arrebatado hacía tanto... Pero su padre querría que ella se mantuviese fuerte y firme así que no dijo una palabra o dejó escapar las lágrimas que luchaban por aflorar en sus ojos.
La muchacha finalmente abrió la boca para hablar, pero el ruido de alguien llamando a la puerta la interrumpió, debía ser la doncella con la bebida.
- Pasa, Ale... - Pero su voz se vio cortada cuando en lugar de Aleyne fue el Perro quien entró en la habitación, seguido de un jadeante Tyrion.
- ¿Qué haces aquí, Varys? Creí haberte dicho que te mantuvieras alejado de Sansa por el momento. - gruñó él, tomando rápidamente su yelmo de la mesa con rabia.
- Clegane, debo hablar con mis señores. - Fue todo lo que la Araña respondió, mirando al Perro con ciertos aires de grandeza debido a como había conseguido llegar hasta allí a pesar de lo que el Perro le había dicho.
- ¿Qué ocurre ahora? Cersei me dijo que había llegado un cuervo pero no quiso contarme qué decía, ordenó que llevaran a Sansa a la corte para dar la noticia, pero le di otra antes de que pudiera decir nada: Sansa había muerto en el burdel. - Informó el hombrecillo, caminando hasta uno de los sillones libres, sentándose con cierta dificultad y tratando de recuperar el aliento. - Así que mi dulce hermana se largó con el mayor enfado que jamás había visto en ella.
Sandor no hizo el más mínimo ademán de irse, quedándose de pie como una estatua junto a la puerta, su mano reposando en el pomo de la espada mientras que con su otro brazo sujetaba el yelmo, no apartaba la mirada de Varys, inquieto ante aquella noticia. Sin duda Cersei quería ver la cara del pajarito ante aquello, por lo que dudaba que las noticias fueran buenas. Alas negras, palabras negras.
- Varys trae noticias de Invernalia. - Exclamó Sansa, sin poder evitar caer en su dulce inocencia, ante la idea de que algo bueno pudiera estar por fin ocurriendo en lo que a su familia respectaba.
La Araña tomó las manos de Sansa y suspiró, mirándola con pena.
- Mi querida y dulce señora... Vuestros hermanos han muerto a manos de Theon Greyjoy. - Soltó finalmente Varys.
Entonces todo tenía sentido, la cara del pajarito palideció repentinamente, su boca se abrió, al igual que sus ojos, que ahora estaban llenos de lágrimas que esta vez no pudo contener y corrieron por sus mejillas. Nada salió de sus labios. Tyrion y Sandor se apresuraron a su lado, en un intento desesperado de consolar a la chiquilla, pero esta se levantó, apartándose de los hombres rápidamente como si le hubieran lanzado una estocada con una espada.
- Quiero... Estar sola. - murmuró con dificultad, tratando de contener los sollozos, a pesar de que las lágrimas continuaban cayendo por sus mejillas. - Varys, tomáos el vino antes de marcharos... - Y haciendo acopio de toda su fuerza interior, concluyó en un susurro. - Se acerca el invierno...
Tras eso, Sansa huyó de la habitación, corriendo a encerrarse en sus aposentos. ¿Cómo había podido haber hecho eso? Theon Greyjoy, que había comido en su mesa, dormido en sus camas, jugado con ellos, peleado con sus hermanos y hasta pedido la mano de Sansa cuando no eran más que críos. Él... Había matado a sus hermanos... Los sollozos de Sansa se hicieron realmente sonoros en el momento en que se encontró en su habitación, en su cama y bajo sus mantas. No podía creer que aquello realmente estuviera pasando, no quería hacerlo. ¿Qué mal le habían hecho sus pequeños hermanos? Las lágrimas corrían por su rostro como dos pequeños ríos que iban a morir en su suave almohada. No recordaría cuanto tiempo había llorado y gemido el nombre de sus hermanos, hundida en la miseria y la tristeza de saber que jamás volvería a verlos o a acariciarles el pelo, que jamás volvería a abrazarlos y decirles lo fuertes que serían algún día, cuando fueran caballeros. Pero cuando despertó, alguien la contemplaba, a los pies de su cama con una mirada cargada de pena y compasión, era Tyrion. Había dejado el desayuno caliente en la mesilla de Sansa, aunque sabía que se negaría a comer, e incluso le echaría de allí.
- Sansa... - murmuró él cuando advirtió que había abierto los ojos. - Sé que son tiempos difíciles, chiquilla, pero estoy aquí. - Murmuró él, dudando un instante antes de acercarse a la cama, subiéndose a esta y sentándose al borde, ante la atenta mirada de la joven Stark.
Sus ojos estaban rojos y su rostro aún lucía pálido, por no hablar de lo temblorosas que seguían aún sus manos y lo inestable que se sentía su cuerpo, había querido vomitar varias veces a lo largo de la noche, pero de algún modo había conseguido evitarlo, aún así, no sería capaz de comer, ni siquiera de dejar de llorar.
- Os lo agradezco. - murmuró ella con cortesía, pero me gustaría estar sola, Tyrion. - Su voz aún temblaba y aún resultaba difícil pronunciar las palabras.
- ¿Sufrir en silencio? - Preguntó él, sentándose entonces con la espalda pegada a la pared, algo más cerca de la doncella, que mordía su labio para contener las lágrimas, sin éxito alguno.
- Tengo el derecho de hacerlo.
- Es estúpido empeñarse en hacerlo teniendo a alguien dispuesto a ayudarte.
Tyrion abrazó a la joven, lentamente atrayéndola hacía sí mismo, para que ella pudiera descansar su cabeza sobre el hombro del león, y para su sorpresa, devolver el abrazo que este le ofrecía.
- Eran tan pequeños, Tyrion... No merecían aquello, al igual que no lo merecía mi padre... Solo me quedan Robb y Arya... Y ni siquiera sé si seguirán con vida mañana, como mi madre... - Lloraba ella desconsoladamente.
- Mi dulce chiquilla... Os traeré de vuelta a Arya, y os llevaré a casa con Robb y lady Catelyn. No permitiré que corran la suerte de Lord Eddard. - Murmuró él, acariciando la espalda de Sansa con suavidad, depositando un beso en su cabeza. - Todo irá bien...
- El norte recuerda. - Murmuró ella, con rabia en su voz, y el hombrecillo lo entendía perfectamente... En el momento en que su familia estuviese reunida de nuevo, sus principales enemigos serían los Lannister y los Greyjoy, pero él quedaría exento de cualquier carga por su nombre, quizá incluso querría quedarse a vivir en el Norte.
''Lo que sea por mi pequeña loba'' pensó él con tristeza, besando de nuevo la cabeza de la doncella.
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Un beso. ^^
Gracias por leerme,
Grimcs 3.
