Aquí está el nuevo capitulo del Fic, que para quien no lo haya leído está bastante relacionado con mi último one-shot Tarde de chicas

Un saludo a mis chicas del Foro, sois las mejores.

Ya me queda solo recordar que los personajes de Arrow no me pertenecen.


Oliver Queen trató de olvidar lo ocurrido con Zatanna el día anterior, había entendido que podía permitirse ser feliz, tener una vida "normal"; después de todo gente que ponía todo los días en riesgo su vida en favor a los demás como policías o militares se casaban y tenían hijos todos los días. Cierto es que también tenían los índices más altos de divorcios, un claro ejemplo de estos dos paradigmas era el propio Quentin Lance; pero Oliver contaba con una clara ventaja sobre ellos. Su chica IT no solo era la mujer con la que en un futuro podría casarse, ella era su compañera y su igual, ella comprendía y amaba su misión, juntos salvaban la ciudad.

Ahora le tocaba él, emprender el camino hasta llegar al matrimonio, los niños o la alcaldía de Starling City.

Sin embargo ignorar la experiencia no resulto tan fácil como pretendía, más aun al descubrir que en la guarida, sobre la mesa de Felicity había una nota dirigida a él. La carta había resultado ser de Laurel, la cual anunciaba su marcha del equipo. Según decía necesitaba un cambio y encontrar al igual que él algo que sacara la luz de su interior; también le agradecía haberla entrenado y los buenos momentos que habían compartido. Finalmente pidió disculpas por ofender a Felicity y les deseó que fueran felices.

Tras leer la carta Oliver había ido al apartamento de su ex-novia pero ya no se encontraba allí. Extrañado había llamado a su padre, que fue quien le dijo que no solo había dejado el equipo, sino que también había abandonado la ciudad sin rumbo aparente.

La marcha de la abogada sumió en una desazón al grupo, a pesar de que la mayoría de ellos no veía con buenos ojos su incorporación, si sintieron su marcha aunque solo fuera por Oliver o el detective Lance.

Una semana más tarde las cosas habían vuelto a la normalidad, los villanos asolaban la ciudad y el héroe encapuchado y sus socios los detenían antes de que llegaran a huir. Felicity pensaba que resultaba triste que después de tantos meses juntos, la marcha de Laurel apenas se notara en el funcionamiento del grupo, cuando estaba segura que si hubiera sido Thea, Roy o sobre todo Diggle si hubieran sentido que faltaba algo. Había llegado a hablarlo con John y este había dicho que solo dos personas eran imprescindibles en el equipo, Oliver y ella, los demás podían ser sustituidos con facilidad. Sin embargo ella no estaba de acuerdo, todos formaban parte de un todo, un equipo, una familia donde todos sus miembros resultan importantes, sin duda, si alguno de sus cuatro compañeros faltara ella los echaría de menos; mientras que Laurel nunca había llegado a integrarse realmente en la familia Arrow.

Entre su trabajo como directora de tecnología en Queen Consolidated por el día y su trabajo nocturno en la guarida, a Felicity se le había pasado que su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina. No es que normalmente fuera un día que celebrara con especial atención, al contrario, para ella su cumpleaños era un día como cualquier otro, o al menos lo había empezado a ser desde que su padre se marchó siendo ella apenas una niña de parvulario. Este sería su tercer cumpleaños desde que se unió a Arrow y no habían celebrado ninguno; en el primero Oliver se había marchado a la isla y Digg y ella estaban demasiado ocupados tratando de ocupar su lugar; en el segundo... digamos que todos tenían cosas mejores en sus cabezas.

Esta vez, ni Oliver ni Diggle habían pasado por alto la fecha, es más se sintieron bastante culpables de haber olvidado los anteriores; esperaban resarcirse preparando una fiesta sorpresa. Thea se había hecho cargo de la situación, aun se sentía en deuda con ella por haberla acogido en su casa después de abandonar a Malcom; le daría la mejor fiesta de cumpleaños. Hasta Connor formaba parte del secreto, aunque en más de una ocasión había estado a punto de hablar más de la cuenta, por suerte Oliver había sido capaz de pararlo y redireccionar la conversación hacía un nuevo tema.

Oficialmente Felicity y él eran pareja, ya no lo escondían o al menos a sus personas más allegadas, como el equipo, Connor, sus respectivas secretarias o Walter. El padrastro de Oliver se había alegrado por la pareja, siempre había tenido un buen concepto de la informática y le alegraba ver que su hijastro también lo hubiera visto y decidiera abrazarlo. La prensa ya era otro cantar, para la que ella no se sentía todavía capacitada para hacer frente. A Oliver no le importaba, porque al menos ahora podía pasar más tiempo con ella sin esconderse ni mentir a nadie.

—Está bien, Raisa y yo lo tenemos todo controlado. Además va hacer su tarta especial porque a Feli le encanta —informó Thea a los chicos del equipo, Felicity acudiría algo más tarde porque tenía cita en la peluquería—. Espero que vosotros ya hayáis comprado el regalo y será mejor que sea algo bueno. No me puedo creer que nunca hayáis celebrado su cumpleaños, sois unos amigos horribles.

—Teníamos otras cosas en la cabeza —se defendió su hermano, aunque por su expresión se podía ver que estaba bastante arrepentido.

—En nuestra defensa diré que ella tampoco dijo nada —indicó Roy que estaba entrenando con Diggle.

Thea miró a su novio como si se hubiera vuelto loco. Compadecía a la pobre Felicity, rodeada de tanto hombre egoísta. Cierto es que verlos entrenar sin camiseta compensaba bastante pero aun así tanta testosterona no debería resultar buena para la salud mental de ninguna mujer.

—A lo que iba —se volvió a su hermano que estaba sentado frente los ordenadores de Felicity— ¿Tiene su regalo?, ¿Un anillo quizás?

—Thea... —le advirtió. Su hermana empezaba a sobrepasarse.

—¿Qué es un delito querer que seas feliz?

—Y soy feliz —exclamó con tal vehemencia que hizo que su hermana desconfiara; su mirada lo dijo todo, así que él se levantó y se acercó a ella—. En serio Thea, no precipites las cosas; soy feliz —se sentía agradecido de que se preocupara de él y como agradecimiento le dio un beso en la cabeza —Y no te preocupes de su regalo, estoy seguro de que le va a gustar.

Casi había tenido que vender a su al diablo, es decir a Amanda Waller, pero lo había conseguido; estaba deseando ver su cara al abrir el regalo. Si fuera el Oliver de hace ocho años, estaría prácticamente frotándose las manos por como podía acabar la noche; bueno y quizás también lo hacía ahora pero sobre todo lo que quería hacer era complacerla. Porque estaba seguro que para ella los cumpleaños tenían tanto sentido como para él, es decir ninguno. Oliver podía culpar a su naufragio de ello, ella a unos padres irresponsables y egoístas.

Cuando descubrieron sin querer que el padre de Felicity no solo pertenecía a la organización HIVE, sino que además era su líder, Oliver casi pensó que la perdían. Durante unos días se había encerrado en sí misma sin querer saber nada de ellos. Tanto Diggle como él habían tratado en ponerse en contacto con ella por teléfono e incluso fueron a su casa pero no contestaba. Roy había sugerido que se colara en su casa como lo hacía en sus misiones vestido de Arrow e incluso había llegado a planteárselo. Cuando Felicity entró a formar parte del equipo habían jurado protegerla, y mejor o peor pero hasta la fecha lo habían hecho, o al menos él la había rescatado; nunca hubieran podido imaginar que el mayor peligro no vendría de fuera. Una vez más ella demostró su fortaleza, y se presentó en la guarida tres días después, con una disculpa preparada y toneladas de lagrimas que soltar. Fue la primera vez que Oliver empezó un abrazo desde que había vuelto a casa.

Poco a poco a partir de ese día Felicity había vuelto a ser la misma de siempre y no había dudado en ayudar a Thea cuando él había estado fuera de la ciudad y la joven pedía ayuda a gritos silenciosos...

—-Más te vale que sea cierto, tu hermana enfada da mucho miedo —bromeó Roy.

—Chico cuidado con lo que dices o al final acabas en durmiendo en el sofá —le recomendó Diggle que había podido ver la mueca que la aludida había puesto al escuchar el comentario de su novio.

—El sofá sería un sitio demasiado agradable —apuntó ella malvadamente—, sigue así y acabas en el suelo Harper.

—He ahí el temperamento de los Queen...

Oliver se rió de la broma de Diggle. Este último año había cambiado, asumido y perdonado cosas de su pasado, sin ese peso se sentía mucho más ligero, más humano y alegre. No había mentido a su hermana cuando dijo que era feliz, después de ocho años era la primera vez que podía decirlo sin mentir.

—¿Me he perdido algo? —preguntó Felicity que acaba de llegar de su cita en la peluquería.

— Al parecer Roy va a dormir esta noche en el suelo —Oliver se acercó a ella la tomó por la cintura y picoteó sus labios; según las reglas implantadas por John Diggle eso era el nivel más alto de intimidad que iba a permitir en la guarida, siempre y cuando estuviera el delante.

—Pero si yo no he hecho nada —protestó el joven y su contrincante aprovechó para hacerle una llave que le llevó a toparse contra el suelo.

—Chico hoy no es tu día —Digg le dio la mano y le ayudó a ponerse en pie.

—Me encanta lo que te han hecho en el pelo Feli, deberías llevarlo así más a menudo —comentó Thea .

Felicity aparte de aplicarse el tinte para ocultar su castaño natural, se había cortado un poco el largo y le habían ondulado el pelo a golpe de tenacilla. Algo que ella había intentado los primeros día como Asistente de Oliver, pero a medida que pasaban los días tenía menos y menos tiempo para ella misma y había decidido dejar de hacerlo.

—Gracias, se agradece que después de tres años alguien se dé cuenta que he ido a la peluquería —la informática tomó su sitió frente a los ordenadores donde encontró un mensaje de error— ¿Quién ha sido?.

Inmediatamente todos señalaron al culpable, no había nada peor que Felicity enfada por estropear a alguno de sus pequeños; ni tan siquiera Oliver se libraba de su ira. Éste maldijo en contra de sus compañeros por chivatos. Por suerte para él algo más importante hizo que su chica I.T. olvidara él.

El día del cumpleaños de Felicity fue un sábado como cualquier otro; se levantó a las ocho y media de la mañana, se preparó un café y unas tostadas francesas, mientras desayunó leyó la prensa en su tableta electrónica y luego aprovechó para hacer coas que entre la semana no podía hacer como poner lavadoras y limpiar. A las once solía haber acabado o sino, lo que quedaba lo dejaba para el domingo, porque a esa hora cogía sus cosas y se marchaba a la guarida para reunirse con el resto del equipo y comenzar a luchar contra el mal.

Su vida aparentemente podía parecer aburrida pero no lo era, estar cerca de Oliver Queen implicaba no tener tiempo para aburrirse; y no en el sentido romántico-sexual que por cierto era increíble, sino en laboral. Queen Consolidated contaba con fondos suficientes para la puesta en marcha de nuevos proyectos, entre ellos la reconstrucción del departamento de ciencias aplicadas; pero también estaban creando una división más mundana y rentable, los videojuegos. Oliver y Felicity habían estado de acuerdo en que a partir de ahora supervisarían todos y cada uno de los proyectos en los que la empresa estaba trabajando, está vez él se lo estaba tomando mucho más enserio que su primera vez como CEO, y todo aquello que pudieran usar para sus misiones con Arrow lo tomarían prestado; no solo los villanos iban a benefíciese de su tecnología. Si Isabel Rochev pudo hacerlo, ellos también aunque con más cabeza.

Llegó a la guarida y le sorprendió que solo Oliver estuviera allí; un autentico regalo para la vista, ella tuvo que tomar aire para controlar sus hormonas. Oliver Queen sin camiseta, sudando mientras se ejercitaba en la escalera del salmón era una de sus imágenes favoritas para fantasear en sus noches solitarias. Nunca pensó que conocería a un hombre que desbancara a Patrick Swayze o Hugh Jackman de sus fantasías, pero estaba delante de ella y era todo suyo.

—¿No puedes hacer eso con una camiseta? —le preguntó ella con voz lastimera mientras se acomodaba en su puesto. Dejó su bolso dentro de uno de los cajones de su mesa y se dispuso a comenzar con su trabajo.

Oliver sonrió con descaro al escucharla.

—Creía que te gustaba verme hacer ejercicio —comentó quedando apoyado sobre los brazos y dejando caer la cadera sobre la barra de metal.

—Ese es el problema que me gusta demasiado —masculló la informática su voz casi era inaudible con el sonido del teclado.

Él se dejó caer al suelo, se acercó a su chica por la espalda y besó cariñosamente su hombro descubierto gracias al corte de su vestido.

—Hasta ahora nunca te habías quejado.

—Antes no tenía permiso para tocar —para ella su relación había sido tan poco posible que había sido capaz de mantener las hormonas y las neuronas controladas— Eras como Bard Pitt en Conoces a Joe Black, guapo y sexy pero inalcanzable.

—Por mi puedes tocar todo lo que quieras —sus besos se trasladaron a lo largo de su sensible cuello.

—Oliver —suspiró. Un beso y era masilla en sus manos; aun así un resquicio de cordura hizo acto de presencia— Oliver por favor para, Digg puede venir en cualquier momento y tenemos normas ¿recuerdas?

—No va a venir, ni él, ni Roy y tampoco Thea... —todos ellos estaban ya de camino a la mansión Queen para celebrar el cumpleaños de Felicity— solo seremos tú y yo.

Ella se separó para evitar que siguiera besándola y se dio la vuelta para mirarlo a los ojos directamente.

—Vaya gracias por avisarme —Oliver pudo escuchar la ironía en su voz, no pudo evitar sonreír al pensar el poco miedo que había tenido desde el principio en dejarle las cosas claras de esa forma tan suya—, a lo mejor yo también quería tener el día libre.

—Perdón —aunque en realidad no lo sentía y tampoco se molestó en sentirse arrepentido, tenía una misión que era la de llevarla a su casa si o si sin que sospechara nada. La tomó de las manos y la obligó a levantarse de la silla—. Aunque no puedes culpable por querer estar a solas contigo.

—Es verdad no puedo —a ella le pasaba exactamente igual a pesar de verse a diario—. Pero tengo una casa ¿no sé si lo recuerdas? Seguro que no porque gracias a ti no es que la pise mucho, aun así podías ido a verme allí en vez de hacerme venir a la guarida.

—¿Dónde está tu espíritu aventurero señorita Smoak? —Él la rodeó entres sus brazos quedando uno a escasos centímetros del otro. Sus labios casi se rozaban.

—No tengo.

—Ya lo creo que lo tienes, el Conde, el Creador de muñecas, el Rey reloj, Slade... —le recordó alguna de las misiones donde ella había demostrado su valía—. Además según recuerdo el día que te besé la primera vez no pusiste tantos reparos...

—Yo no soy de las que rompen las normas —sus mejillas se encendieron, ella siempre había seguido las normas o al menos aquellas referidas al comportamiento porque cuando se refería a los ordenadores ya era otra historia. Él era el chico malo.

—Si no están, no hay reglas...

Oliver acabó con la distancia que separaba sus labios y la besó. No un beso suave y tranquilo como los que le había dado hasta ahora, sino uno exigente y lleno de ardor. A ella no le costó demasiado seguir su ritmo, le echó los brazos al cuello y le respondió con la misma intensidad. Se permitió ser algo más osada y mordisqueó su labio inferior; a él pareció gustarle porque la tomó en brazos y la apretujó contra el cristal de la vitrina que contenía su traje de cuero verde.

Era la primera vez que Felicity experimentaba esa posición así que se agarró firmemente a su cuello con los brazos y a su cadera con sus piernas. Lejos de amedrentar a Oliver, le excitó aun más.

—Oliver — pronunció entre beso y beso— Oliver tu teléfono, está sonando.

—Olvídalo —le pidió, no quería tener que pararse. Estaba demasiado excitado como para hacerlo.

Ella trató de ignorar al igual que él el sonido y la vibración de teléfono pero no fue capaz de hacerlo. ¿Y si a Connor le había ocurrido algo?

—Oliver para, tienes que responder.

Él maldijo entre dientes a quien fuera el que llamaba. se acercó a la mesa de Felicity y tomó el aparato. La pantalla mostraba la cara sonriente de su hermana, ojala el pudiera tener esa sonrisa en su cara...

—Más vale que sea importante Speedy —respondió, su voz mostraba la tensión que sentía su cuerpo sobre toda cierta parte que se sentía muy confinada en sus pantalones.

—Vaya, ¿no habré interrumpido nada verdad? —le preguntó su hermana ante su mal humor.

—No pienso responder a eso.

No obstante eso fue suficiente para que Thea atara cabos y rompió a reír.

—Lo siento Olli —ella luchó por recuperar la compostura pero le resultaba difícil, le había estropeado a su hermano la oportunidad de acostarse con Felicity. El Karma, él había hecho eso muchas veces el primer año que volvió de la isla —. Solo quería avisarte que ya podéis venir, está todo listo.

Oliver respiró hondo, adiós sexo.

—Ya voy.

—¿Qué ocurre? —le peguntó Felicity en cuanto retiró su teléfono de la oreja.

—Connor—le respondió siguiendo el plan que su hermana había creado y que al que él no estaba del todo de acuerdo. No le gustaba usar a su hijo de ese modo —. Al parecer no se encuentra bien y quiere que esté con él.

—Voy contigo —Él no dudaba que ella se ofrecería en cuanto escuchara que el pequeño se encontraba mal, era su reacción cuando descubriera que era una treta lo que le preocupaba.

Felicity cogió sus cosas más rápido de lo que él se puso su camiseta. Ambos salieron al aparcamiento donde les esperan la moto de él y el mini de ella.

—Te veo en tu casa —Felicity emprendió rumbo a su coche pero Oliver se lo impidió.

—Tú vienes conmigo —ella fue a protestar pero él se lo impidió— No te va a pasar nada, ni a ti ni al coche.

Estovo a punto de protestar de nuevo sin embargo pudo más sus ganas de experimentar aquello que Sara y Laurel ya había hecho. No estaba bien sentirse celosa, más cuando era ella la que estaba con Oliver y no ellas que quien sabe donde estarían cada una; pero los celos no respondían ante la razón. Ella era una aventurera lo había demostrado hace unos minutos en la guarida; se montaría en la moto, se sujetaría bien a Oliver y trataría de disfrutar del momento. Se alegraba de llevar un vestido con vuelo y no el vestido ajustado que había estado a punto de ponerse.

Oliver se montó a horcajadas sobre su moto y luego la ayudó a acomodarse tras él.

—Espera un momento —le rogó ella mientras se sujetaba bien la falda para que no se la viera nada inapropiado. Se abrazó a él —. Ya podemos irnos.

Oliver sonrió y arrancó la moto. Se obligó a ir despacio para que ella se acomodara, una vez salió del puerto intensificó la velocidad y sintió como ella apretaba más su amarre. Poco a poco y varias curvas en las que se había inclinado tanto que hasta había pensado que acabarían en el suelo después, se fue relajando y fue disfrutando del trayecto.

—¿Y bien? —se preocupó él en cuanto llegaron a la mansión.

—No ha estado mal —le concedió, aunque tuvo que añadir algo más —, pero sigo prefiriendo ir en cuatro ruedas.

—Vamos dentro, Connor nos espera.

Él abrió la puerta principal y si no supiera que allí estaban sus amigos, podría haber dicho que la casa estaba completamente vacía. Entraron en el salón y allí les esperaban todos que al verlos entrar dijeron.

—FELIZ CUMPLAÑAOS FELICITY.

Ninguno esperaba la reacción de la informática, que lejos de agradecerles el detalle, salió llorando de la casa dejándolos con la boca abierta. Oliver acostumbrado a reaccionar rápido fue tras ella; no es como si pudiera ir muy lejos, su coche estaba aparcado en la guarida.

—Felicity —la llamó, no tardó en alcanzarla— Felicity, dime lo que pasa.

—¿Por eso has insistido en traerme en tu moto, para que no pudiera escaparme?

Pensó obviar la pregunta, pero si quería que ella le respondiera con sinceridad le debía lo mismo.

—En parte. Que no mencionares tus anteriores cumpleaños me pareció una señal que a lo mejor no te pareciera una buena idea lo que te habíamos preparado.

—¿Y aun así lo haces?

—Felicity nos importas —la agarró por los dos brazos para evitar que se marchara de nuevo y la hizo enfrentarse a él— ¿Qué hay de malo en querer demostrártelo?

—Creía que al menos tú me entenderías... —las lagrimas volvieron a surgir esos preciosos pero tristes ojos azules.

—Llevas razón soy un hipócrita, pero un hipócrita que no sabe decir que no a su hermana; Thea quería agradecerte todo lo que has hecho por ella con esta fiesta.

—Hace mucho tiempo que nadie celebra mi cumpleaños —confesó aunque no por completo.

—Eso quiere decir que te juntabas con la gente equivocada Feli —dijo Thea que se había acercado a comprobar como se encontraba su amiga—. Te queremos y no tenemos miedo a demostrarlo—retiró a su hermano para poder abrazar a su amiga.

Oliver miró a sus chicas con una sonrisa en la cara. No podía estar más orgulloso de como su hermana se había sobrepuesto a sus problemas y volvía ser una mujer cariñosa y llena de vida.

—Además Ollie me ha prometido un regalo que te va a encantar —añadió la joven entre bromas.

—Cómo voy a resistirme a eso —ella le siguió el juego y volvió al interior de la mansión junto a los dos hermanos.

Una vez dentro todos las miraron con preocupación.

—Siento lo de antes, de verdad muchas gracias por todo esto.

Allí estaban como no Diggle con Lyla y la pequeña Andy, Roy, Connor; pero también Walter, el Detective Lance y sorprendentemente Barry, Cisco y Caitlin.

—¿Seguro que estás bien? —le preguntó Diggle dándole un gran abrazo; a ella le encantaban los abrazos de su amigo, porque a pesar de lo intimidantes que eran sus brazos cuando abrazaba lo hacía con sinceridad y amor.

—Seguro —ella le besó en la mejilla—, gracias por preocuparte John.

—Siempre Felicity, eres nuestra chica-chica—él le dio un guiño ante la broma que solo él, Oliver y Felicity entendían.

El resto se fue acercando a ella, felicitándola por su cumpleaños y asegurándose de que se encontraba bien. Y la verdad que una vez se había sobrepuesto del primer impacto, se sentía de maravilla. Achuchó a Connor en cuanto éste la felicitó, su pequeño amigo era de lo más adorable y encima estaba sano... ya ajustaría cuentas con Oliver por pegarle ese susto.

Celebraron una gran barbacoa en el jardín de la mansión, donde no faltó desde diferentes ensaladas, tentempiés fríos hasta los perritos y hamburguesas, todo ello regado de refrescos y cervezas. Thea casi estaba segura que si su madre levantará la cabeza pondría el grito en el cielo por una celebración tan común; pero ella estaba segura que su amiga no hubiera permitido otra cosa, de hecho casi ni había permitido ninguna celebración de ningún tipo. Por suerte ahora no paraba de reír y bromear con el resto de invitados. Quentin Lance estaba ahora hablando con ella con una actitud que la joven Queen nunca le había visto, relajada, el detective nunca había estado relajado cuando había puesto un pie en esa casa.

Sintió como alguien le daba un beso en la sien al volverse comprobó que se trataba de su hermano.

—Gracias —le dijo mientras daba un sorbo de su botellín de cerveza.

—¿Por qué exactamente?

—Por regalarla un buen recuerdo de su cumpleaños.

—Eso quiere decir qué tengo carta blanca para celebrar el tuyo —lo había intentado recién vuelto de la isla, pero él se marchó de vacaciones para superar la muerte de Tommy, luego ella se fue...

—Por supuesto, es hora de que todos tengamos buenos recuerdos —volvió a besarla en la sien y se fue a buscar a su chica, que ahora estaba hablando con Barry Allen.

—Hola Oliver —le saludó el joven de Central City— justamente estaba preguntando a Felicity si tu también había recibido—miró hacía un lado y hacía otro por si alguno de los invitado estaba escuchando su conversación— una misteriosa invitación.

—No, ¿Debería? —él no había recibido nada que no fuera contratos que firmar y alguna que otra invitación a alguna fiesta, pero ninguna se podía clasificar como misteriosa...

—La mía estaba dirigida a Flash, no a mi nombre —aclaró Barry.

Felicity los miró preocupada, si alguien había enviado una carta a Barry dirigida al héroe quería decir que conocían su identidad secreta algo que no podía ser del todo bueno. Si también le enviaban una a Oliver podría ponerle en peligro; no es que no se preocupara por su amigo, pero obviamente Arrow ocupaba un puesto de honor en su corazón. Él pensó exactamente lo mismo que ella.

—¿La tienes aquí? —le preguntó, se notaba que el joven estaba también preocupado.

Sacó una tarjeta del bolsillo de su pantalón y se la entregó al hombre que tenía como un mentor. Oliver leyó la tarjeta y no le sorprendió del todo leer el lugar del encuentro. Le hizo prometer a Barry que lo mantendría informado y recibiera o no invitación prometió acompañarlo al encuentro.

No pudieron seguir hablando porque Connor de la mano con la pequeña Andy se acercaron para decirle a Felicity que era hora de abrir sus regalos. Contagiada de la alegria de los pequeños los siguió hasta la gran mesa donde Thea había dispuesto que dejaran todos sus presentes.

Comenzó con el regalo del niño, que junto a su tía y Roy había elegido un precioso pañuelo en rosas y verdes. Siguió con el de su amiga que conociéndola como la conocía le había comprado unos preciosos zapatos de tacón morados que al ver la marca supo que le habían costado más que lo que ella pagaba de hipoteca en un mes. Roy se disculpó por lo "barato" de su regalo pero a ella le hizo mucha ilusión que le regalara el último disco de Justin Timberlake, durante su adolescencia había sido fan de los N'Sync y ahora de adulta le encantaba como había madurado artísticamente el más joven de sus componentes. Lyla y Diggle le regalaron una colección de películas antiguas, entre las que se encontraba Luna nueva, también conocida por ser la película de la "chica viernes". Así fue abriendo el resto de los regalos, libros, perfume... hasta que llegó al paquete más grande y también el más pesado.

Solo faltaba el de Oliver; él la miró con expectación esperando haber acertado con el regalo. dentro de la caja había una CPU de un ordenador que según la guía de características no tenía nada que ver con lo que un mortal podía encontrar en el mercado.

—Oliver ¿qué has hecho? —solo había un lugar donde ella había visto esa tecnología, en A.R.G.U.S. y Amanda Waller no era precisamente una mujer que fuera haciendo favores... de hecho a Felicity le daba algo de miedo.

—No te preocupes —él la besó en el hombro tratando de borrar su preocupación—, digamos que me he cobrado antiguos favores —por último bajó la voz para que solo ella escuchara lo que tenía que decir—. Mañana te espera un equipo completamente nuevo en la guarida, esté es para ti.

Loca de alegría Felicity le tiró de la cabeza hacía abajo y lo besó en los labios, algo más suave que horas antes.

—Gracias —le susurró en su oído y luego se dirigió al resto—, gracias a todos , sois los mejores amigos que una informática patosa puede desear.

Su comentario provocó unas cuantas risas y sonrisas.

Felicity pasó un día fantástico gracias a su amigos; la tarta de chocolate de Raisa también ayudó en parte, estaba deliciosa. Nunca olvidaría su primer cumpleaños después de veintitrés años. Era tarde cuando sus amigos se marcharon de la mansión así que Oliver sugirió que se quedara a pasar la noche, ella aceptó encantada, ambos habían dejado algo sin acabar en la guarida.

Connor había ido a la cama incluso antes de que el último de los invitados, Thea y Roy, se marcharan. Eso les daba una oportunidad única, que Oliver quiso aprovechar antes que nada para hablar.

—Al final no ha resultado tan mal ¿No? —le preguntó.

Ambos estaban sentados en el sofá que había en su despacho, a ella le encantaba ese rincón que Oliver había logrado hacer suyo sin mucho cambio.

—Te debo una disculpa por lo de esta mañana...

Le puso un dedo sobre los labios para que no continuara hablando.

—Tenías tus razones y yo no soy quien para juzgarlas cuando yo tengo las mías.

—Mi padre se fue el día de mi cumpleaños —confesó bajando la mirada incapaz de mirarle a él a la cara—. Sé que es una idiotez que me importe lo que hizo un hombre como ese...

—Eras una niña y tu mundo se destruyó —Oliver la cogió de la barbilla y le hizo alzar la mirada para que sus ojos se encontraran—, no te sientas culpable por sentirte dolida.

—¿En qué momento te has vuelto tan sabio Oliver Queen? —Felicity se sentía orgullosa del cambió de actitud y de carácter que él había experimentado en los últimos años.

—Tanto tiempo contigo y con Diggle algo se me tendría que pegar, digo yo —bromeó al ver que ella estaba más animada.

—Yo creo siempre has sido más inteligente de lo que has querido mostrar.

Felicity se acercó a él y lo besó, Oliver no se hizo de rogar y enseguida los dos retomaron la pasión desenfrenada que les había inundado en la mañana. Harta de la postura tan poco cómoda, se sentó a horcajadas sobre él colocando las rodillas una a cada lado de su cadera; aprovechó para quitarle la camiseta y besarle en una zona muy concreta de su cuello en el cual había descubierto que era especialmente sensible. Estaba fascinado de ver el lado más atrevido de su chica miércoles; tanto es así que volvió su cabeza en busca de sus labios. Sus bocas se volvieron a juntar, las manos de ella acariciaban el torso y los hombros de él. Por su parte Oliver optó por acariciar sus piernas, empezó por el tobillo y fue ascendiendo despacio y cuando llegó a la parte alta de sus muslos se aventuró rozar con los nudillos la tela de sus bragas amarillas; no había abierto nunca el cajón de la ropa interior de Felicity, pero estaba seguro que estaba lleno de color pues en todas las veces que habían estado juntos ninguna de las veces había utilizado colores como el blanco, el negro o el nude; como odiaba ese color.

Felicity gimió al sentir el roce sobre su clítoris, involuntariamente balanceó las caderas buscando el contacto de su mano. A Oliver no necesitó que le rogaran, unos segundos más tarde deslizo un dedo por debajo del elástico de su ropa interior, la humedad de la tela tenía que haber sido un aviso de lo mojada que estaba ahí abajo; pero no había esperado que tanto. Con el dedo bañado la acarició con pericia llevándola en muy poco tiempo al borde, capturó sus labios para amortiguar sus gemidos, no quería que todo el servicio se enteraran de lo que estaban haciendo en esa habitación; ya no era un adolescente lleno de hormonas y despreocupado. Aunque tener a la mujer que tenía entre sus brazos le hacía perder la razón igual, con solo lograba ponerlo a media asta, después de un rato de besos y caricias apenas podía soportar la presión su los pantalones.

Ella pareció entender su problema porque empezó a desabrocharle los pantalones, sin importarle llegar al orgasmo o no, para luego torturarle a él del mismo modo que lo estaba haciendo con ella. Tuvo que dejar de besarla y morderse el labio inferior para no vociferar.

—FE-LI-CI-TY —su voz sonaba entrecortada.

Sacó la mano de entre sus piernas, había llegado el momento de pasar a la acción, ya tendría tiempo más tarde para explorarla y acariciarla a su antojo más tarde cuando estuvieran en su habitación. Le bajó la ropa interior para que ella supiera de sus intenciones, lo cual hizo rápidamente , no fue tan sencillo sin embargo liberarse de la ropa interior. Su escasa experiencia sexual se había limitado siempre a la cama en un piso compartido; el sentimiento de inferioridad comenzaba aflorar una vez más. Oliver impidió que estos se asentaran en su cabeza, la ayudó a deshacerse de la prenda y la colocó sobre él.

Ella se dejó caer lentamente permitiéndole entrar en su interior, la tela de la falda de su vestido ocultaba lo que estaban haciendo pero ellos podían sentir el roce piel con piel.

—Parecemos animales lo nos hemos quitado ni la ropa —comentó avergonzada mientras comenzaba el movimiento a ritmo lento pero seguro, aun necesitaba adaptarse a la nueva experiencia.

—Te prometo que más tarde te quitaré ese precioso vestido que llevas — Oliver depositó un suave beso en el hueco de su clavícula, sus manos se había introducido bajo la falda sugetando los glúteos desnudos de su chica—. Ahora necesitamos liberal el ardor que nos lleva consumiendo todo el día.

El deseo fue creciendo; Felicity ondeaba sus caderas, cada salida u entrada era más fuerte e intensa a medida que la exasperación por la liberación crecía en ella. Él estaba tan al límite que necesitó echar mano de pensamientos poco eróticos para resistir. Si poder evitarlo le vino a la mente aquella noche en Rusia con Isabel Rochev, cuando sin querer había gemido el nombre de Felicity. Sintió como su chica IT lo llamaba y eso le hizo volver al presente.

—¿Ocurre algo? —preguntó, había parado de moverse y Oliver lo echó en falta de inmediato.

—Estoy perfectamente —adelantó una de sus manos y rozó su clítoris haciéndola temblar de placer.

Enseguida ella volvió a ponerse en movimiento, cabalgando como si no hubiera un mañana. Ambos respiraban con dificultad, sus cuerpos cada vez más tensos estaban sudorosos y sonrojados, sus corazones latía a máxima velocidad; solo importaban ellos y su placer no conquistado. De repente Felicity sintió como si algo explosionara en su interior robándole por completo las fuerza. Con un gemido ronco y lento Oliver la siguió y se derramó en su interior.

Completamente extenuada, dejó caer la cabeza entre su hueco del cuello; no podía moverse aunque su vida dependiera de ello. Sintió como Oliver quitaba las manos de sus glúteos y la abrazaba por la cintura.

—Vámonos a la cama — comentó una vez había recuperado las fuerzas.

—Creo que aun no puedo moverme —la voz de Felicity sonaba medio adormilada.

Sin pensárselo dos veces se puso en pie con ella entre sus brazos y echó a andar hasta su habitación. La miró y se había quedado dormida, al parecer lo de tomárselo con calma tendría que esperar; ahora la dejaría dormir todo lo que quisiera había tenido un día intenso de emociones.

La dejó sobre su cama, le quitó su bonito vestido y la vistió con una de sus camisas. Cuando fue a dejar las gafas de ella sobre la mesita de noche vio un sobre con su nombre escrito. Cuando lo abrió se encontró con una invitación exactamente igual que la que le había mostrado Barry, salvo que esta estaba dirigida en exclusiva para Arrow, el héroe de Starling City, al parecer no iba a tener que colarse en ningún sitio.