7. Miradas al pasado.

Una luz cegadora ilumina la estancia como un rayo de luz después de una tormenta. El cuerpo Bella rebota sobre una superficie mullida y de un blanco reluciente, extiendo la mano para comprobar que estoy sola. Bella abre los ojos lentamente. Un sonido estridente y metálico le rebota en las sienes cada dos minutos. Mira a izquierda y derecha y encuentra el origen de ese sonido. Una ventana que ocupa la mayor parte de la pared, también blanca, está abierta de par en par y rebota contra la estructura de metal que la sujeta en la superficie.

Se remueve intranquila intentando descubrir dónde está. Una pequeña vibración en la mesilla de noche de su costado la sobresalta. Su móvil. Ha recibido un mensaje. Es Jacob. Lo lee rápido porque solo contiene tres palabras: "¿Dónde estás? Jake". Bella gime. Le duele la cabeza como si algo duro la hubiera golpeado. A duras penas se incorpora para contestar el mensaje: "No lo sé". No. Eso sonaría demasiado desesperado. Piensa. "Yendo a la comisaria". Bien, perfecto. Lo manda y se relaja otra vez.

Intenta recordar algo de lo que pasó la noche anterior, pero solo tiene una laguna. Recuerda el bar y un hombre de pelo cobrizo y voz aterciopelada que le confesaba los crímenes. No, espera. Eso fue un sueño. Ayer estuvo en casa de Jacob y cenaron comida china. Quizá ahora este en casa de Jacob. Se levanta y arruga las sábanas blancas de la cama. Se da cuenta de que esta en ropa interior pero no le importa, al fin y al cabo, Jake esta fuera. Se prepara una taza de café frio y se desploma en el sofá. Intenta recordar.

Recuerda un bosque y una sombra que le habla. Una silla de madera y una bombilla en la parte alta de una estancia demasiado cerrada. Un beso. Bella se estremece y aprieta los labios como queriendo volver a sentir aquel beso, pero nada. No lo siente. Eso le hace recordar una sola palabra. Una sola, que no se atreve ni a pensar. Vampiro. La susurra y luego solo mueve los labios, como queriendo expulsarla de su cabeza. Con un movimiento brusco se levanta hacia el espejo derramando la taza de café sobre la alfombra de su amigo. Sobresaltada se contempla en el espejo.

Jake está preocupado por su amiga. Desde que ha llegado a la comisaria, solo ha hecho que darle vueltas y vueltas al móvil hasta que ha mandado ese mensaje que le ha costado quince minutos enviar, quería encontrar las palabras exactas, porque tal y como acabo ayer la noche… Bella estaba alterada y eso es normal después de lo que ha pasado. Aun así ese no es consuelo suficiente para el inspector. Sabe que le hizo daño y que tendrá que disculparse cuando la vea. Hablar sobre Mike no es algo que le guste y menos que la presionen para que lo denuncie. Aun así, él tenía parte de razón en la discusión.

De repente, ve salir a Alice sobresaltada del laboratorio con el bolso y el abrigo en las manos. Algo va mal.

-¡Alice! ¡Alice- la llama Jake. La forense se para en seco, con la cara con una evidente palidez. Se gira en redondo con los hombros tensos.- ¿Sucede algo?

-Emm…No…¿Has visto a Bella por algún lado?

-No desde ayer. ¿Por? ¿Necesitas algo?

-Es que tenía los resultados de ADN de la chica de Silver Lake, pero puedo dárselos luego.

-Puedo dárselos yo si quieres….- Alice arrugó la frente, extrañada por algo. - ¿Qué?

-¿Has dicho ayer? ¿Qué no la ves desde ayer?

-Sí, estuvimos cenando comida china y luego discutimos acerca de Mike. Ahora iba a verla. ¿Hay algún problema, Alice?- Alice negó con la cabeza efusivamente- Pareces un poco confusa

-Oye, Jacob, tengo que irme. Si ves a Bella dale esto, pero sobre todo no lo leas. ¿Me has oído? No lo abras…

Alice rodeó al inspector y corrió hacia la salida de la comisaria con el teléfono en la mano apunto de llamar a alguien. Jake la contempló hasta que las puertas automáticas se cerraron detrás de ella. Parecía moverse con una extraña rapidez que a Jacob le pareció sospechosa.

El inspector cruzó la sala y cogió su chaqueta de la silla. Salió corriendo en busca del coche que había aparcado esta mañana dos calles más abajo. Cuando llegó a casa casi se olvida de apagar el motor del coche antes de salir disparado hacia su piso. Cogió las llaves con la mano izquierda, porque en la derecha llevaba la carpeta marrón que Alice le había dado antes, e intentó abrir la puerta contorsionándose de una manera extraña. Finalmente, Bella abrió la puerta al oír el ruido, ataviada con un pantalón de algodón corto amarillo y una camiseta gris básica de tirantes. Sonrió.

-¡Jake!- exclamó, contenta de volver a ver a su amigo.

-Hola, Bella…- dijo Jake pensativo.- Alice me ha dado esto para ti.

Acto seguido, Jake entregó la carpeta a su amiga. Esta, curiosa, la abrió. Jake al ver la confusión de su cara le aclaró de qué se trataba.

-Son los resultados de ADN de la chica de Silver Lake.

-Oh…- exclamó la chica-. Abigail Müller…- murmuró la inspectora.- Era alemana.

-Ya…Oye, Bella, quería disculparme por lo que sucedió ayer… No debí presionarte para que denunciaras a Mike…

-No te preocupes. Quiero preguntarte algo, Jake- dijo Bella, depositando la carpeta encima de la mesa. - ¿Cómo se llama el bar en el que estuve anoche?

-¿Qué bar, Bella? Ayer no estuviste en ningún bar…

-¿Cómo qué no? Recuerdo haber salido de la comisaria después de estar con Alice y entrar a tomar una copa en aquel sitio donde trabajaba…Ben- apenas pudo decir su nombre. Sus fuerzas huyeron y Bella palideció de golpe.- ¡Ben!

-¿Qué? Un momento, Bella, ¿quieres explicarme que está pasando?

-Ayer atacaron a Ben en el bar, un chico lo mató, yo lo vi todo…- dijo Bella visiblemente alarmada.

-Eso no es posible, ayer estuviste aquí conmigo comiendo comida china Bella. ¿Te acuerdas? Discutimos y luego te fuiste a tu habitación.

Bella estaba segura de que eso era imposible. Ella recordaba perfectamente ese bar. A Ben hablando con ella y, como, segundos después, se desplomaba en el suelo. Aun así no recuerda quien lo hizo, ni como sucedió. Solo tiene la imagen de Ben tomando su última bocanada de aire, boqueando, como si de un pez de tratase. Después salió corriendo de ese lugar en busca de algo, aunque tampoco recuerda el que. De todas maneras, si Jacob dice que ayer estuvieron en casa cenando y que no salió en toda la noche, quizá Ben estuviera a salvo en su casa. Decidió llamarlo.

-Déjame tu teléfono, Jake- Su amigo la miró extrañada.- ¡Que me lo des!

Jacob sacó rápidamente su teléfono del bolsillo. Bella, al cogerlo, dudó un momento antes de marcar le número, acto seguido presionó las teclas y se lo puso en la oreja. Antes de que sonara el primer pitido, el timbre de la puerta sonó. Bella, sobresaltada, colgó la llamada y abrió la puerta. Allí, encuadrado en el marcó, estaba el chico que recordaba, de pelo cobrizo y sonrisa encantadora que en ese momento la miraba de arriba abajo, contento. Lo último que recuerda es una negrura espesa, el sonido del móvil cayendo al suela y la voz de Jake chillando su nombre en algún rincón de su cabeza.