Summary: Alice, Bella y Rosalie son tres jóvenes universitarias dispuestas a comerse el mundo sin perder nada en el camino en el cual se cruzaran nuevas personas y no siempre para ayudarlas. ¿Podrán conseguir todo lo que se proponen permaneciendo unidas?

Nota: Esta historia nació de un regalo de cumpleaños a la maravillosa Isabella Anna Cullen y ahora ella se une a la historia para adaptarla a la también increíble saga crepúsculo. Esperamos que os guste. Y por favor si os gusta tanto la historia que la queréis compartir con el mundo, por favor, pedidnos permiso primero. Esperemos que disfrutéis de las aventuras de unas universitarias tratando de alcanzar sus sueños sin perder nada en el camino. Gracias.

Hoy toca: ¡capitulo de Halloween! Disfrutad :)

Reaching Our Dreams

Capítulo tres: Ladrón de guante negro.

Rosalie

Podía oír una canción pegadiza a lo lejos, la cual cada vez aumentaba más de volumen. Me moví entre mi edredón y me dispuse a ponerme de pie para poder apagar la alarma de mi teléfono móvil, de él sonaba una canción alegre y pegadiza por lo que no pude evitar ir bailando hasta la mesa de estudio donde lo había dejado la noche anterior, pero me detuve unos segundos antes de apagarlo y dejé que la alama alegre sonara mientras elegía la ropa de ese día. Apagué la alarma pero solo para elegir otra canción que me apetecía escuchar mientras me arreglaba en el cuarto de baño bailando.

Me duché rápidamente sin mojarme el pelo, no era que me apeteciese salir con el pelo mojado con el frío típico del mes de octubre. Me vestí con unos pantalones negros, unas Converse antiguas y una camiseta de The Beatles con una sudadera gris y un pañuelo de la bandera británica. Me peiné mi rizado pelo poniéndome el flequillo hacía atrás, despejándome la cara y dejando mis rizos sueltos, los cuales en la última semana habían adquirido un tono morado oscuro en las puntas, definitivamente tenía que dejar de llamar a Vera cuando me aburriera el domingo porque era la quinta vez que acabábamos con el pelo de otro color.

Recogí rápidamente todo lo necesario para un duro día universitario y me dispuse a tomar un café pero miré el reloj y decidí que no había tiempo para cafés caseros. Bajé torpemente las escaleras de casa después de haber dejado una nota que decía a mis queridas amigas casamenteras que ese día comería en la universidad. Cuando llegué al portal, el coche de mi mejor amigo estaba esperándome por lo que me apresuré a meterme dentro ya que el frío viento era eso, frío.

-Buenos días - dijo sonriendo.

-Que calentito se está aquí - comenté acurrucándome en el sillón dispuesta a dormir.

-Ah no, no te vas a dormir señorita- dijo rancheándome con una mano sin apartar la vista de la carretera.

-Solo cinco minutitos - dije cogiendo la postura.

-No, la última vez que te dormiste antes de un examen y no sacaste la nota que esperabas la culpa me la llevé yo por dejarte dormir, así que no, paso.

-Aguafiestas, en serio, tienes que buscarte una novia que te aguante y te quite la amargura- dije mirando al frente mientras bostezaba.

-¿Y privarme de tu agradable compañía de perro ladrador? ¿Cómo podría hacer eso?- dijo irónico.

-Que gracioso eres, para eso me dejas dormir.

-Ni hablar - dijo serio. – Dame tema de conversación.

-A estas horas inhumanas mis neuronas no hacen conexión como para sacar un tema de conversación.

-No pongas como excusa la hora- dijo sin reprimir una risita.

-En serio, me parto contigo - dije rodando los ojos pero con una sonrisa en los labios, al fin y al cabo de eso se trataba la amistad ¿no? – ¿Puedes parar a por un café porfiplis?

-Iba a hacerlo de todos modos con esa carita que traes.

-Pero sigo siendo irresistible - le contesté con una sonrisa que me correspondió.

-¿Quieres que te pregunte algo sobre el examen? - dijo aparcando frente a un Starbucks.

-No gracias - dije antes de salir - eso me estresa mucho más, ya me lo sé, ahora necesito calmarme y no saturarme - dije encogiéndome al salir del coche por el contraste de temperatura y, cómo no, ahora era cuando me daba cuenta de que encima de mi hermosa cama reposaba mi más hermosa chaqueta, la cual se había quedado reposando en mi lugar. Genial. Y además a la entrada del Starbucks había un amigable cartel que ponía "Sentimos las molestias, la calefacción se ha estropeado". Malditos.

Bueno, entramos al Starbucks donde pude reconocer a un montón de compañeros de Universidad, cosa normal ya que era el Starbucks más cercano a la Universidad. También había un montón de compañeros de mi clase optativa de "Historia de la Arquitectura", de la que nos examinábamos esa misma mañana, repasando y, bueno sí, haciéndose una pequeña "ayuda de estudio". Nos pusimos en la cola y yo seguí inspeccionando el lugar mientras Jones contestaba algunos mensajes en el móvil. Pude ver a Emmett sentado en un sillón alejado, parecía muy concentrado en lo que su acompañante le decía. No pude reconocer a su acompañante ya que solo podía ver un espeluznante gorro de lana que dañaba la vista, ni mi querida Bella podía vestir con tantos colores en una sola prenda y eso, ya era muy difícil. Aparté la vista antes de que mi gusto por la moda se viera seriamente perjudicado justo cuando nos tocaba pedir.

Me pedí un café mocca blanco con un muffing y él un capuchino con caramelo y nos dispusimos a esperar nuestras pociones despertadoras mientras me moría, literalmente, de frío.

-¿Tienes mucho frío?- me preguntó mi mejor amigo, yo le dirigí una mirada asesina. - Veo que sí. Anda, ven aquí - dijo mientras me abrazaba. Yo rodeé su cintura con mis brazos mientras él me envolvía con los suyos, cosa que me reconfortó. - ¿Mejor?

-Un poco - dije apoyando mi cabeza en él.

Entonces oímos nuestros nombres y rápidamente cogí mi café y nos encaminamos a la puerta, él mantuvo su brazo sobre mis hombros. Unos minutos después entramos de nuevo al calentito coche.

-¿Qué vamos a hacer en Halloween? - me preguntó Jones mientras arrancaba.

-¿Por qué das por hecho que lo vamos a pasar juntos?

-¿Porque no puedes resistirte a mis encantos? - dijo haciéndome ojitos.

-La carretera - le reprobé - y bueno, si me lo pides con tus bonitos ojos azules... me han invitado a una fiesta - dije dando un sorbo a mi calentito café importado por los dioses.

-Vaya, sí que eres popular - dijo riendo. - ¿Dónde?

-En una discoteca, la verdad, no me acuerdo del nombre pero qué más da. Mi amigo Riley es ocasionalmente DJ y ese día va a pinchar en ese sitio así que tiene un montón de entradas especiales de esas, pues me ha invitado y había pensado en ir con Alice y Bella así que vente tú también.

-¿Y ya sabes de qué te vas a disfrazar?

-Es un secreto inconfesable – me hice la interesante. Él aprovechó un semáforo en rojo para mirarme con una sonrisa divertida. - Está bien, aún no lo sé.

-Lo suponía.

-No me conoces tanto.

-Sí lo hago.

-No y cambiemos de tema.

El resto del corto camino a la Universidad lo pasamos hablando de tonterías, que era lo que mejor se nos daba. Esa mañana se me hizo especialmente corta. Realicé el examen que me salió perfecto y estuve atenta a todas las clases. A mi última hora antes del almuerzo me tocaba fotografía, la cual pasó bien ya que entregué un trabajo sobre la magia en el mundo diario del que estaba muy orgullosa, pero lo mejor fue que el profesor me dijo que la Universidad estaba por deshacerse de un montón de cámaras rotas y objetivos inútiles, pero como sabía que a mí me encantaban esas cosas pues dijo que había hablado con el conserje y que me las habían guardado. Si al final, ser una alumna aplicada tenía sus recompensas. Así que, después de la breve comida con algunos amigos de clase, me dirigí a la zona de conserjería donde me estaba esperando un hombre de unos 50 años con su traje de conserje/hombre de mantenimiento.

-Buenos días- le dije con una sonrisa - me manda el profesor James de fotografía.

-Ah, sí, tú eres la alumna de McVoy, ¿vienes por los objetivos? - asentí enérgicamente. - Hazme un favor, pasa tú a la sala doce, la que está junto al laboratorio de revelado y búscalos, no me ha dado tiempo de sacarlos y tengo que arreglar un desperfecto, ¿podrás?

-Sin problemas.

-Solo hay otro chico buscando algo, no me acuerdo en qué puerta así que si oyes algo no te asustes.

Asentí y me dirigí a un pasillo plagado de puertas. Busqué la doce y me adentré, luego cerré la puerta tras de mí. Estuve como unos diez minutos buscando entre un montón de pasillos hasta que encontré las cuatro cajas de cámaras, rollos de fotografía, cámaras y papel de impresión. Estaba dispuesta a seleccionar lo que, a partir de ese momento, iba a ser mío cuando oí que algo se caía detrás de mí por lo que me llevé un susto terrible. La escasa luz de ese lugar no ayudaba, me giré bruscamente y vislumbré una figura conocida.

- Emmett – susurré - me has dado un susto de muerte. ¿Qué haces aquí?

-Lo mismo podría preguntarte a ti - dijo dejando una pila de libros viejos en el suelo.

-Vengo a llevarme algo de esto - dije señalando las cuatro cajas que estaban a mis pies.

-Y yo algo de esto - dijo señalando los polvorientos libros.- Si quieres te espero.

-Vaya, un gesto caballeroso de tu parte, qué amable – comenté irónica mientras me giraba y me agachaba para poner en una caja de las tres todo el material que me iba a llevar.

-Soy siempre un caballero, lo que pasa es que tú no eres lo suficiente dama como para que te trate como tal- me contestó indiferente.

-Oh, eres pura filosofía andante - dije apelotonando los últimos objetivos en la enorme caja. – Ahora si me disculpas...- dije cogiendo la caja y dirigiéndome a la salida con ella entre mis manos.

Emmett me siguió. Cuando estábamos cerca de la puerta pude oír un portazo próximo a nosotros.

-Se supone que no tiene que haber nadie más aquí - dije seria apoyando la caja en un costado y dispuesta a abrir.

- No será nada – le quitó importancia Emmett un poco nervioso - será el conserje.

-No está - dije acercándome más a la puerta y volví a oír ruidos al otro lado. - Hay alguien que no debería estar aquí- continué segura.

Entonces noté como Emmett tiraba de mi brazo para apoyarme de espaldas a la pared y segundos después sus labios sobre los míos dejándome helada los segundos que tardé en reaccionar. Le seguí el beso, no sé por qué pero simplemente lo hice. Llevé mis brazos a su cuello dejando caer la caja sin cuidado alguno y él paso una de sus manos por mi cintura mientras la otra la pasaba por mi cuello. El entorno estaba subiendo de temperatura y podía notar mi pulso acelerado cuando nos separamos a causa de la falta de aire. No me atreví a abrir los ojos, él se alejó unos centímetros, titubeante.

-Lo-lo-lo siento, yo...- intentó decir pero no le dejé seguir.

-Shhh- susurré y le volví a acercar a mí y, otra vez sin saber el porqué, nos besamos solo hasta que unos minutos después sonó su móvil y nos tuvimos que separar. Podía notar el color en mis mejillas y mi sangre haciendo una carrera por mis venas, y él parecía estar igual. Miró su teléfono prácticamente sin alejarse de mí y al leer lo que fuese que leyó se puso tenso y se separó. Yo aproveché para recomponerme un poco pero notaba que me invadía la vergüenza.

-Creo que será mejor hacer como si esto no hubiera pasado- dijo serio pasándose una mano por el pelo.

-De todos modos nadie iba a creernos - indiqué de forma suave mirándolo y él esquivó mi mirada - pero sí, tienes razón, ha sido un error. Mejor me voy - dije cogiendo la caja, él me abrió la puerta y salí lo mas rápido que pude.

Casi me tropecé al salir del edificio ya que aún estaba en una especie de estado de shock. ¡¿Qué demonios acababa de pasar?! Emmett me había besado y eso no era lo peor, yo, cuando él se había separado poniendo un poco de cordura al asunto, le había vuelto a besar, y... me había gustado, qué digo gustado, me había encantado, así, con todas las letras. Aún tenía el corazón desbocado porque el estúpido de ojos azules me había besado y me había encantado. Tenía que calmar mis hormonas, respirar hondo y hacer como si nada hubiera pasado porque eso es lo que había pasado: absolutamente nada.

Me dirigí de manera apresurada a la cafetería donde me estaba esperando Jones ya que yo tenía dos horas libres hasta mi última hora del día obligatoria, sin contar mis optativas. Estuvimos en la biblioteca adelantando trabajo y hablando hasta que vi que era la hora en la que tenía que ir a clase, quedamos en que me esperaría a la salida. La última hora era de diseño y publicidad, por suerte solo nos concentramos en ver anuncios y analizarlos. Cuando acabó la hora, la profesora me dijo que la directora de la Universidad, bueno, en realidad era la rectora, pero por costumbre del instituto yo la llamaba la directora, quería hablar conmigo, así que le mandé un mensaje a Jones diciéndole lo que había pasado y que me esperara y me encaminé al despacho de la directora que, para mi sorpresa, no me hizo esperar.

- Buenos días - dije con una sonrisa sentándome frente a ella.

-Hola- me contestó con una pequeña sonrisa - ¿sabes por qué estás aquí?

-Porque me ha mandado llamar – dije segura.

-¿Sabes el porqué? - y negué con la cabeza. - Te han acusado de robar una cámara fotográfica del laboratorio de imagen.

-¿Se refiere a las cámaras rotas, objetivos y carretes de los que la universidad se quería deshacer? Porque si es eso, tenía permiso del profesor- contesté segura.

-No, me refiero a una de las del laboratorio, - se puso sus gafas y miró un papel - una Nikon D-90.

-¿Perdón? - exclamé confundida - ¿me han acusado de...robo? - dije en un susurro sin entender - ¿a mí? - y la directora asintió.

-La persona que ha hecho la denuncia a presentado un testigo - dijo con pesar.

-Pero mienten- dije seria - yo no he robado nada y con todos mis respetos, menos una cámara que es más antigua que la mía propia. Es una tontería, yo nunca, jamás se me ocurriría coger algo sin permiso y muchísimo menos robarlo, no puede creerles - dije un poco mas alterada.

-Y no les creo, pero hay un video de ti entrando al pasillo del laboratorio, pero no hay ninguno de tu salida, es decir, que no es convincente del todo, pero llevado a la junta universitaria dirían que son pruebas más que convincentes, por muy absurdas que sean - dijo la directora.

-¿Entonces me cree? - y ella asintió.

-Pero entiéndeme, tengo que tomar medidas.

-¿Me va a expulsar?- pregunté con la visión empañada.

-Eso es lo que deseaba la persona que te ha delatado, por decirlo de algún modo, esa chica anda causando problemas.

- Entonces, ¿qué medidas va a tomar? - le pregunté en un susurro.

- Muy a mi pesar tengo que prohibirte hacer tus asignaturas extras - volvió a mirar el papel, que supuse que sería mi expediente. - Teatro y Fotografía, además de pasar el presupuesto del corto y otorgárselo a quien quedó en segundo lugar.

-¿Qué? No puede quitarme el corto, no es solo mío, es decir, quedamos los primeros en el concurso y somos un equipo, que lo dirija otro, pero no puede hacer eso al resto - dije mientras algunas lágrimas corrían por mi rostro.

-¿Aceptarías que dirigiera el corto la persona que quedó en segundo lugar?- preguntó mirándome fijamente y yo asentí. - Está bien, quedas fuera del proyecto.

-¿Algo más? – me sentía absolutamente hundida.

-Lamentablemente sí - me miró con lástima. Odiaba que la gente me mirase así. - Queda rechazada tu solicitud para estudiar el año próximo en Argentina o en Londres, no podrás estudiar en ninguna de las dos ciudades.

-¿Qué?- sentí como la garganta se me cerraba por completo.

-No daremos el permiso – dijo seria.- Lo siento mucho.

-Yo también - contesté sin parar de llorar, aunque intentando mantener la compostura.

-Rosalie, puedo intentar que acepten que vayas un cuatrimestre, pero es lo único y no puedo darte nada por garantizado, pero como ya te he dicho antes, te creo.

-Pero eso no es suficiente al parecer.

-Te propongo un trato - levanté la cabeza para mirar a la directora directamente a los ojos. - Si consigues demostrar que eres inocente, o que el testigo acepte que mintió antes de febrero, podré intentar negociar con el consejo de becas para que la recuperes, hasta entonces, pasará a otra persona que también la haya solicitado. Sea como sea, intentaré si me demuestras que ellos mienten que tengas tu viaje - dijo sonriendo mientras me ofrecía un pañuelo.

-¿Por qué confía en mi?- le pregunté secándome las lagrimas.

-Porque no me fío de la persona que dice haberte visto, no es la primera vez que intenta hacer que expulsen a alguien, pero su testimonio se sustenta únicamente en su testigo.

-¿Quiénes son?- le pregunté notando como la tristeza le abría una puerta al odio más absoluto y a la sed de venganza.

- Bueno, no puedo decirte quién ha sido el testigo, porque ambos me lo han pedido pero sí puedo darte el nombre de la persona que encabeza la denuncia ya que esa persona tampoco tienen ningún inconveniente en que lo sepas: Nati Persello.

- ¿Nati? - dije más para mí misma que para la directora - no me sorprende.

-Ni a mí, teniendo en cuenta que el corto pasa a sus manos - de ese detalle no me acordaba, la iba a matar, lenta y dolorosamente. Esa perra no iba a ver un nuevo amanecer...- Pero un consejo, – continuó sacándome de golpe de mis ensoñaciones - no le hagas nada, solo serviría para reforzar su teoría. Tú trata de demostrar tu inocencia, ¿entendido?

-Sí, y gracias por confiar en mí - contesté cogiendo mi mochila y mi chaqueta.- Adiós - dije antes de salir por la puerta.

Anduve de manera apresurada hacia la entrada y pude ver a mi mejor amigo apoyado en la barandilla de las escaleras. Pasé por su lado y él empezó a seguirme cogiendo sus cosas de forma apresurada, ya que yo no había parado, hasta que llegamos a su coche y frené.

- ¿Qué te pasa? – cuando me miró se dio cuenta de que tenía los ojos rojos y que alguna que otra lágrima seguía cayendo por mi rostro. Solo negué mordiéndome el labio y entonces me abrazó.- Vamos a dar una vuelta y si quieres me lo cuentas - asentí.

Nos metimos en el coche y estuvimos dando vueltas hacia ninguna parte. Paramos en un Vips para comprar algo de comer y seguir el paseo. Estábamos cerca de la casa que compartía con mis amigas cuando sin venir a cuento le expliqué lo que pasaba.

-¿Qué?- dijo apretando los dientes y el volante.

-Lo que has odio, ten cuidado, llevas a una ladrona a tu lado - dije irónica mirando por la ventana.

-¿Y que vas a hacer?

-No lo sé - dije otra vez con voz lastimera y respiré profundamente - tendría que averiguar quién es su cómplice.

-Te ayudaré a averiguarlo.

-Podría ser cualquiera.

-Tenemos tiempo - dijo seguro – tranquila – sonrió.

-Muchas gracias - dije devolviéndole una pequeña sonrisa sincera. Siguió conduciendo hasta aparcar al lado de casa. -No hace falta que me acompañes hasta casa- dije saliendo del coche.

-Lo sé, pero quiero estar cuando se lo cuentes a Bella y Alice, tú puede que no quieras matar a Nati o, bueno, que no puedas, pero ellas puede que sí y quiero ayudarlas - y no pude evitar sonreír- estás mejor cuando sonríes - dijo mientras yo abría el portal.

-Olvídalo, rubio, soy inalcanzable - y él estalló en carcajadas que me hicieron sonreír.

Nos metimos en el ascensor y pude verme en el espejo.

-¡Dios santo! ¡Tengo los ojos hinchadísimos!

-Has estado peor – al decir esto se ganó un codazo. – ¡Auch! Me pegas por ser sincero, no es justo - dijo mientras se abrían las puertas del ascensor.

-No, te pego por idiota.

Saqué las llaves y me dispuse a abrir la puerta mientras susurraba "que no estén, que no estén" y abrí la puerta. Y no, no tuve suerte, una de ellas estaba en el sofá con sus gafas de ver y el portátil encima de ella y la otra repasando en voz alta en la mesa de la cocina.

-Hola chicas - dije- ya te puedes ir - continué girándome para echar a mi amigo.

-De eso nada - me susurró - Bella, Alice, creo que alguien tiene algo que contaros.

- No era necesario - le susurré enfadada.

- Por si acaso - dijo entrando y cerrando las puertas tras de sí. Mientras, mis amigas ya se habían puesto en pie y se habían puesto en frente de mí y claro, ya habían visto mis ojos rojos e hinchados.

- ¿Qué ha pasado? - dijo Bella preocupada con su instinto maternal.

-¿Has estado llorando? - me preguntó Alice acercándose.

-Sí, bueno sentaos y os explico. Nos sentamos en paz y armonía en el sofá y les conté todo lo que había pasado.

- ¿Cómo? - dijo Alice en un susurro.- Es imposible.

-La verdad es que es muy real - dije en voz baja - parece que tengo que estar agradecida por que no me expulsaran.

-No entiendo cómo alguien puede hacer cosas así - dijo Bella más para ella que para nosotras.

-Porque hay gente mala por el mundo, como esa zorra - contesté entre dientes - y no puedo hacer nada en la Universidad porque eso sería peor.

-¿Qué vas a hacer entonces? - me preguntó Alice.

-Vamos a buscar al mentiroso o mentirosa que haya dicho que la vio robando - intervino serio mi amigo.

-Podría ser cualquiera - volví a decir yo.

-Es cuestión de eliminar gente - dijo Bella.

- Sus amigas no, porque es demasiado obvio, ex-novios igual.

-Con lo de novios eliminas a media Universidad - dijo Bella intentando sonar optimista y no pude evitar sonreír.

-Bueno Sherlock Holmes, dejemos la investigación para mañana que necesito dormir como si fuese Blancanieves tras haber mordido la manzana- dije poniéndome en pie.

- Bueno, el príncipe también se va – dijo mi amigo cogiendo sus cosas, se despidió de nosotras y antes de salir por la puerta se giró – igual, el mejor cuento era el rey león - y dicho eso salió y nosotras nos reímos.

Me despedí de mis amigas, me puse el pijama y me metí en mi amplia cama calentita y enseguida caí rendida, demasiadas emociones en un solo día.

Bella

Pasaron varios días desde que Rose nos contó lo sucedido en la universidad. Alice y yo no parábamos de pensar en qué podíamos hacer para ayudar a nuestra amiga y ya de paso vengarnos de Nati. Así llegó el día 31 de octubre, es decir, Halloween. Ese año cayó en lunes pero como había puente pudimos aprovechar para dar una vuelta por la mañana y por la tarde arreglarnos para ir a una fiesta que celebraban en un local muy conocido donde tocaba un amigo de Rose llamado Riley.

Alice había decidido disfrazarse de Cleopatra. Se había alisado su pelo negro y corto por la mañana para ahorrar tiempo. Rose iba de caza vampiros porque según ella, al ser una noche donde los muertos salen a la calle quería cazar algún vampiro bien "frungible" del estilo de los Salvatore. Por último, yo había decidido ir de la novia cadáver. Habíamos comprado los disfraces unos días antes y esperábamos la llegada de esa noche con ansias.

El amigo de Rose, Jones, nos recogió a la puerta de casa en su coche y veinte minutos después estábamos ya en el local. Estaba decorado con telarañas y calabazas y todo lleno de gente con distintos disfraces.

- ¡Chicas! – gritó una voz conocida para hacerse oír entre el ruido de la gente hablando y el sonido de la música. - ¡Qué alegría veros! – debajo de un disfraz de los años veinte reconocimos a nada más y nada menos que...

- ¡Ángela! – gritamos al unísono. – ¡Cuanto tiempo!

Nos dimos un abrazo en grupo.

-Venid que os quiero presentar a alguien. Este es Ben, mi novio.

Un chico de un metro noventa, castaño de ojos azules nos saludó. Iba vestido de

Detective vampiro.

- Encantadas – contestamos nosotras. Rose le dedicó a Ángela un guiño de ojo para decirle que había hecho una muy buena elección al elegir novio.

Estuvimos un rato hablando con ella y nos puso al día con todas las novedades. Más tarde, Rose, Alice y yo fuimos a dar una vuelta por la estancia por si veíamos a alguna cara conocida.

Localicé a Edward, que estaba vestido de príncipe azul, apoyado en la pared, con una Coca-Cola en la mano y con cara de aburrido. Me moría de ganas de acercarme a hablar con él pero no lo hice ya que cerca de él se encontraban Pili y Mili vestidas de ángel y diablesa con una ropa que parecía que se la habían robado a una Barbie por su tamaño, vamos. Estas se estaban haciendo fotos posando y poniendo morritos, típicas fotos de "chonis" en Tuenti. Intentaban llamar la atención de Edward pero este parecía más concentrado en su vaso.

- ¿Por qué no te acercas a él y le saludas? – me preguntó Alice.

- ¿Eh? Ah, no, si eso en otro momento – contesté alejándome de ellos. Mis amigas me siguieron.

Seguí recorriendo el lugar con la mirada y vi a Emmett hablando con María y Nati. Emmett iba disfrazado del Conde Drácula. María iba de Catwoman y Nati... la verdad es que no tenía ni idea de qué iba. Llevaba unos pantalones cortos de cuero negro muy ajustados, unas botas hasta por encima de las rodillas, una camiseta negra de tirantes con un nudo que hacía que se le viera el ombligo, también llevaba el pelo cardado e iba muy maquillada.

-¿De qué se supone que va...? – comencé a preguntar.

- No va disfrazada, va de ella misma, es decir, de "buscona"- contestó Rose antes de que terminara la pregunta.

- ¿Veis a Jasper? – preguntó Alice poniéndose de puntillas.

- Ay Jasper, Jasper – dijo Rose imitándola. Yo me reí.

- Ay, dejadme, es solo un amigo.

- Ya, ya – dije yo todavía riéndome.

Jasper no estaba con su primo y las arpías. Me giré por si estaba en la barra pero no fue a él a quien vi. Un chico de pelo castaño y muy rizado se acercaba con una sonrisa de oreja a oreja. Iba disfrazado de payaso.

- ¡Alicita! – exclamó al alcanzarnos. Alice intentó escapar pero él le cortó el paso. - ¿No me estarás evitando?

- ¿Quién? ¿Yo? Te habrá parecido Alec. – Giró la cara hacia nosotras y con gestos nos pidió que consiguiéramos librarnos de él.

- Me debes un baile, ¿eh? Estás muy guapa – dijo acercándose a ella.

- Gracias – contestó mi amiga incomoda. – Bueno, es que, verás, ya le había reservado la siguiente canción a alguien...

- ¿Sí? – preguntó él. - ¿A quién si se puede saber? Anda, no te hagas la difícil – le dio un pequeño codazo a modo de complicidad.

- Pues... esto... verás...

- A mí – dijo una voz detrás de ella. Nos giramos y vimos que se trataba de Jasper. Iba vestido como a principios del siglo XX – Me ha reservado tanto el siguiente baile como toda la noche. Lo siento chico, tendrás que buscarte a otra compañera de baile – mientras decía esto, Jasper se había acercado a Alice y cuando dijo la última frase la cogió de la cintura y le dedicó una mirada desafiante a Alec. Alice estaba temblando y más roja que un tomate.

- Bueno – dijo Alec poniendo cara de payaso triste – tendremos que dejar nuestro baile para otra ocasión. Esta vez se me han adelantado... Si te aburres ya sabes donde encontrarme, estaré por aquí. – Alec fue a darle un beso en la mejilla a mi amiga pero esta le detuvo.

- Alec, la pintura. Se te va a correr todo.

- Ah, sí, qué torpe jejej. Nos vemos por aquí – dijo, acto seguido cogió una bocina de juguete, dio un bocinazo y se alejó bailando de manera muy cómica.

- Gracias – susurró Alice con una sonrisa cuando se hubo alejado del todo su admirador.

- De nada. No tienes que bailar conmigo si no quieres.

- Ah – la sonrisa empezó a desvanecerse y se empezó a alejar un poco de Jasper.

- Pero... - continuó este - ... me gustaría mucho que bailaras aunque sea una canción conmigo.

- Una y todas – intervine. – Es toda tuya.

- Alice me dedicó una mirada asesina.

-¿Qué? Si lo estáis desenado los dos.

Justo en ese momento empezó a sonar la canción de Christina Perri "A Thousand Years5".

- ¡Me encanta esta canción! –exclamó Alice.

- ¿Veis? Una señal. Ale, id ya a bailar que se acaba sino la canción.

Ambos se alejaron con paso acelerado al centro de la pista. La iluminación había descendido y focos de luz azules y blancos recorrían la estancia creando un ambiente muy romántico. Se pusieron a bailar, al principio un poco separados, luego, a medida que cogían confianza se fueron acercando más. No apartaban la mirada el uno del otro. Hacían muy buena pareja.

- Si me disculpas, yo me voy a ir a buscar a Jones que lo hemos dejado por ahí – dijo Rose.

- Ok, no hay problema. Me quedé sola mirando como todas las parejas bailaban acaramelados.

- ¿Quién ha sido el imbécil que ha dejado sola en el altar a una novia tan bella? – susurró una voz detrás de mí. Edward se había librado y acercado sigilosamente a mí aprovechando un descuido de Pili y Mili.

- Un caballero que no supo lo que tenía hasta que lo perdió – contesté siguiéndole el juego.

- Y estaría esta hermosa dama dispuesta a concederme un baile.

- Siempre y cuando se comprometa a no dejarme tirada a la primera de cambio.

Nos quedamos callados unos segundos y nos empezamos a reír.

- Ay, por favor, que cursilada más grande – dije secándome las lágrimas.

- Pero reconoce que te encanta.

- Sí – contesté entre risas. Edward me tendió una mano, y la cogí y puse la otra sobre su hombro. Él colocó la suya en mi cintura. Y empezamos a bailar. Prácticamente solo oía los latidos acelerados de mi corazón. Entendía perfectamente cómo se sentía Alice con Jasper, tenía que hacer un gran esfuerzo por mantenerme de pie pues temblaba de pies a cabeza, estaba segura de que Edward podía notarlo.

- ¿Tienes frío? – me preguntó. Vale, sí, lo había notado.

- Es qué en estas fechas hace frío – "¿qué?" pensé, ¿por qué había soltado esa tontería?

- ¿Quieres que te deje mi chaqueta?

- No, si se me pasa enseguida, no te preocupes.

- Está bien.

Seguimos bailando y para distraerme recorrí la sala con la mirada. Rose había encontrado a Jones y los dos bailaban abrazados bajo la atenta y ¿asesina? Mirada de Emmett. Alice había apoyado la cabeza en el pecho de Jasper y él tenía sus manos en su cintura. La canción terminó y empezó la siguiente.

- ¿Quieres que te traiga algo de beber?

- Agua – contesté. – Gracias.

- En seguida vuelvo.

Edward se alejó hacia la barra. Jasper hizo lo mismo y Ali vino corriendo hacia mí.

-¿Has visto? – me preguntó con una sonrisa.

- Sí, tan acaramelados los dos.

- Totalmente – se unió Rose. - ¿Son campanas de boda lo que oigo?

- Ojala.

Rose y yo la miramos.

-¿No se supone que erais solo amigos?

- Ahora sí, pero próximamente... quién sabe.

Y nos empezamos a reír.

- Pero mira a quienes tenemos aquí, Nati – dijo María levantando una de sus pobladas cejas.

- Estábamos buscando a dos fracasadas con su mascota y...

- ¿Podemos ayudarte en algo querida? – interrumpió Rose con la sonrisa más falsa que pudo hacer.

- Si estáis buscando vuestro reflejo os avisamos que no está por aquí, pero si os miráis en el espejo ahorráis tiempo.

-¿Qué has dicho tabla de planchar con peluca?

- No os costará nada encontrarlo cuando os miréis al espejo – seguí yo. – Lo encontraréis disfrazados de foxwoman y cabaretgirl.

- ¡Zás en toda la boca! – soltó Rose.

- Te vas a enterar – me amenazó María.

- ¿Hay algún problema? – preguntó Jasper que acababa de volver con un vaso en cada mano, le tendió uno de ellos a Alice.

- ¡No! Para nada – dijo María. – Estábamos saludándolas, hace tiempo que no las veíamos.

- Me alegra oír eso. Alice, ¿qué te parece si vamos allí para hablar tranquilos?

Alice asintió y se alejaron. María echaba chispas.

- Ahora se dice "hablar tranquilos" – dijo Rose.

- ¡Rosalie! Otra vez me has dejado solo – Jones acababa de llegar, cogió a Rose de la muñeca y se la llevó a la pista para bailar. Emmett se acercó a ellos pero no pude oír lo que decían, más tarde se lo preguntaría.

- Aquí tienes el agua.

-Gracias Edward – dije con una sonrisa.

- Patética – soltó por lo bajo María, pero no lo suficientemente bajo para que no lo oyese. Luego se dio a vuelta y se perdió entre la gente con su amiga del alma siguiéndole los pasos.

- ¿Me he perdido algo?

- No importa. ¿Dónde has dejado a tu club de fans?

- ¿Cómo?

- A Pili y a Mili, quiero decir, a Tanya y a Lauren.

- No ha sido nada fácil escabullirme, pero uno tiene sus trucos.

Bailamos durante una hora sin parar, una canción tras otra y me podría haber pasado así toda la noche pero siempre hay alguien dispuesto a fastidiar los buenos momentos.

- Edwarddd – dijo la voz chillona de Mili, es decir, Lauren. - ¿Dónde has estado toda la noche? Te hemos estado buscando.

Me apartó de un codazo y se interpuso entre Edward y yo. Después se puso Pili.

- ¿De verdad? Lo siento mucho chicas, si me perdonáis, estaba bailando con... - Edward intentó zafarse de ellas pero no se lo permitieron.

- Nos debes unos cuantos bailes – le interrumpió Pili. – No está bien que dejes solas a unas mujeres como nosotras – recalcó la palabra "mujeres" y me miró con desprecio.

- Ya, pero es que yo...

- No te preocupes Edward, yo aprovecho y voy un momento al baño. – Me acerqué a él y le dije al oído en voz tan baja que solo pudiera oírme él – a ver que truco utilizas esta vez.

Él se rió. Me alejé hacia el cuarto de baño. Estaba prácticamente vacío. Alguna chica aprovechaba para retocarse el maquillaje, otras estaban ahí para comentar sus citas. Me refresqué el cuello con agua fría y me miré al espejo. Estaba hecha un desastre después de estar más de una hora y media bailando. Me metí en el primer servicio libre que me encontré para recolocarme el disfraz. Oí como la puerta de fuera se abría y entraba más gente.

- ¿Has visto a la pringada de la amiga de tu compañera de universidad? – dijo una voz de chica.

- Sí – se rió otra. – Qué patética es.

Reconocí las voces, se trataban de Nati y María.

– La verdad es que ha escogido el disfraz perfectamente. Me da pena ver como está tan ilusionada con ese chico que a la primera de cambio se va con otras y se enrolla con ellas.

- La diferencia es que ella ni siquiera llegará al altar, me muero por ver la cara que pondrá cuando se entere de que está jugando con ella. Bella se llamaba, ¿no?

- Más bien cuernuda, ¿no? – se rió.

– Va a ser verdad eso que dicen que la engañada es la última en enterarse, ¿eh? Y hay que ver Edward que osado es, ¿eh? Delante de todo el mundo y con las amigas en el mismo local.

- Oye cari, vámonos ya que me estoy muriendo de sed.

La puerta se abrió y se cerró con un portazo. Después de eso, silencio. Las mejillas me ardían y apenas podía pensar con claridad. Tenía que ser un mal sueño. No creía en lo que había oído. Salí del baño dispuesta a pedir una explicación a ese par de arpías.

Recuerdo esa noche como si fuera ayer. Todo ocurrió como si estuviera sucediendo a cámara lenta. Las luces de colores y parpadeantes me mareaban. Me abrí paso entre la gente. En los altavoces se oía "I'm not perfect" y al fondo de la pista los vi. Uno frente a otro. Los brazos de ella rodeaban su cuello, él la sostenía por los brazos, acercándolo a él. El tiempo se detuvo. Quería correr pero las piernas no me respondían, intenté apartar la vista pero ya no era dueña de mi cuerpo. Edward se apartó de ella y al girar la cara reparó en mí. Las lágrimas amenazaban con salir. Edward hizo un amago de acercarse a mí, pero yo negué con la cabeza y salí corriendo, me costaba respirar y ya no podía aguantar por más tiempo las ganas de llorar. No quería que nadie me viese así. Me quité la peluca y me solté el pelo.

Antes de alcanzar la salida me choqué con alguien.

- Perdo... - me di cuenta de quién se trataba. María me miraba con aire de superioridad tras la mascara de Catwoman. Le tiré la peluca a la cara y seguí corriendo y no me detuve hasta que estuve fuera.

-¡Espera! Bella por favor, para un momento, no es lo que parece – gritó Edward a mi espalda. – Tenemos que hablar –se puso delante de mí.

- Yo no tengo nada que hablar contigo, ha quedado todo más que claro – me di la vuelta, me sequé las lágrimas y continué hacia otra dirección.

- Pero yo sí – me agarró del brazo, me dio la vuelta y me besó.

En un primer momento me quedé congelada. En mi cuerpo se mezclaba el frío y el calor. Edward soltó mi brazo pero solo para rodear mi cintura y la otra mano llevarla a mi mejilla. Me fallaron las piernas y mi cuerpo cayó hacia delante chocando contra el suyo y él me sostuvo con más fuerza. Le devolví el beso torpemente pero no sabía dónde poner las manos, las apoyé en su pecho con delicadeza. No sé cuanto tiempo pasó, ¿segundos, minutos, horas...?

Nos separamos lentamente, con los ojos cerrados tratando de recuperar el ritmo tranquilo de nuestro corazón. Misión imposible. En ese momento pensé que mi corazón no volvería a latir nunca más como antes. Nos sobresaltamos cuando vibró el móvil. Nos separamos y contesté rápidamente.

- Bella, soy Jacob, acabo de llegar al local. ¿Por dónde andas?

- Ho-hola Jacob, estaba apunto de marcharme.

- Vente, me saludas y te llevo a casa.

- No hace falta... - de pronto vi a Jacob parado frente a mí con el teléfono en la mano, disfrazado de militar de la época de la Guerra de Secesión, con una gran sonrisa - ... Jacob. No hace falta que me lleves, voy a coger un taxi.

- Pero si no es molestia. Vamos.

- No de verdad, no me encuentro muy bien y en estos momentos no sería buena compañía para nadie. – Le di un beso en la mejilla y me alejé antes de que pudiera insistir de nuevo.

Paré a un taxi que pasaba justo en ese momento. Indiqué la dirección de casa y me recosté en el asiento. Recibí un mensaje de Rose que me preguntaba dónde estaba. Le contesté que acababa de tomar un taxi y me volvía a casa, que estaba cansada. Segundos después recibí un "ok", apagué el móvil y me concentré en el paisaje nocturno que dejaba atrás.

- Señorita, ya hemos llegado.

-Ah, sí, perdona. – Pagué y salí. El aire frío me golpeó de lleno, me apresuré hacia la puerta. Una vez dentro llamé al ascensor. Cuando estaban a punto de cerrarse las puertas del todo, una mano lo impidió y se abrieron de nuevo. Era Edward.

-Aún no hemos terminado nuestra conversación.

- Te dije que no tenía nada que hablar contigo – presioné el botón de cierre de puertas. Edward entró.

- Pero yo sí.

Llegamos al piso y salí, Edward seguía hablando.

-Shhh – hice un gesto para que se detuviese. – La puerta está abierta –susurré.

- Os la habréis dejado así.

- No, eché el cerrojo – dije sin ninguna duda. - Alguien a entrado.

Edward se puso tenso y alerta y se colocó delante de mí.

-Espera aquí fuera.

- ¿Estás loco? Yo entro contigo. ¿Y si todavía está dentro?

Quiso negarse pero sabía que no iba a conseguir nada.

- Está bien, pero quédate detrás.

Entramos, estaba todo oscuro, la única luz que entraba era la del pasillo y la de la luna. Edward cogió un paraguas, me hizo un gesto para que me quedase al lado de la puerta. Asentí. Se dirigió hacia las habitaciones. Oí un crujido y luego todo sucedió muy deprisa. Edward gritó y se oyó un golpe seco. Encendí la luz que tenía más cerca, la de la cocina. Un hombre con un pasamontañas estaba encima de Edward y le daba incontables puñetazos. Me asusté y busqué cualquier cosa que pudiera servir para defendernos. Agarré una sartén y sin dudarlo le arreé un sartenazo en la espalda, el desconocido se dio la vuelta como si nada y vino hacia mí y me acorraló contra la pared agarrándome por el cuello. Intenté defenderme clavándole las uñas en el brazo. Edward se levanto y lo apartó de mí. El desconocido salió corriendo por la puerta. Edward hizo amago de seguirlo pero le agarré del brazo para impedírselo.

- ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?

- Estoy bien, no te preocupes. – Intenté que mi voz sonara calmada para que no se preocupase más y lo dejara marchar, pero no podía controlar el temblor de mi cuerpo. Me abrazó y me dijo:

-Va a estar todo bien, ahora llamamos a la policía y yo me encargo de todo, no te preocupes.

Asentí. Llamamos a la policía. Nos avisaron de que tardarían unos 20 minutos.

-¿Puedo usar el botiquín?

- Ya sabes donde está. Se dirigió hacia el baño y luego se sentó en el sofá y se ayudó del espejito que había en la caja para curarse. Intenté contactar con Rose y Alice pero me salía el contestador en ambos. Dejé el móvil encima de la encimera de la cocina y me giré hacia Edward.

-Anda, trae, ya lo hago yo. – Me senté a su lado y le quité la gasa. – Recuéstate. – Me obedeció y, a pesar de lo mal que llevaba el tema de la sangre, me puse a curarle las heridas.

- En cuanto a lo que has visto esta noche en el baile... - empezó a hablar y yo, que le estaba curando un corte en el labio apreté más fuerte para que no continuase – ¡Auch!

- Lo siento – me agarró la mano para que no siguiese.

- Escúchame por favor, no ha pasado nada entre ella y yo. Es cierto que ha intentado besarme, pero he conseguido apartarme a tiempo. Confía en mí. ¿Cuándo te he mentido?

Me quedé en silencio.

- ¿Qué necesitas que haga para creerme?

- Bueno, supongamos que te creo, dame una razón para confiar en ti.

Edward iba a contestarme pero llamaron a la puerta, la policía acababa de llegar.

Nos hicieron preguntas, revisaron el lugar, nos tomaron los datos y nos dijeron que nos llamarían pronto. Nos dejaron una tarjeta con un teléfono opcional por si nos acordábamos de algo: "M. Volturi".

Nos quedamos solos de nuevo y Edward se ofreció a hacerme un chocolate caliente. Yo mientras me fui a duchar.

Cuando salí me dirigí al salón. Una taza de chocolate caliente descansaba encima de la mesa del salón. Edward se había quedado dormido en el sofá mientras me esperaba sentado. Se había quitado la parte de arriba del disfraz y estaba con una camiseta interior gris de manga larga. Cogí una manta y se la puse encima. Me senté a su lado y me quedé mirándolo. Le aparté con dulzura el flequillo de la frente. Y poco después, sin darme cuenta, me quedé dormida.

Un rayo de luz me despertó al día siguiente. Los recuerdos de la noche anterior llegaron de golpe a mi mente. Aún podía oler la colonia de Edward, sonreí. La noche anterior no me había atrevido a comentarle lo de nuestro beso, y no tenía intención de hacerlo. Tal vez por miedo a que me dijera que para él no había significado nada. Noté como alguien me abrazaba, me quedé rígida un momento. Abrí los ojos lentamente. Estaba abrazada a Edward, él acababa de abrir los ojos también. Dimos un salto y nos quedamos cada uno en un extremo del sofá.

-Buenos días – dijo Edward poniéndose de pie.

– Buenos días. ¿Quieres desayunar algo?

- No quiero molestar, si eso me voy ya...

- No es molestia – me puse a preparar un café para él y calenté el chocolate que me había hecho la noche anterior. Desayunamos en silencio. Le miré mientras bebía su café. El recuerdo del beso de la noche anterior, del nuestro, no del otro, me hizo enrojecer. Edward me miró.

- ¿Todo bien pelirroja?

-¡Sí! ¿Por qué lo dices?

- No, por nada... Yo ya he terminado, será mejor que me vaya.

Cogió la parte de arriba de su disfraz y se la puso. Abrió la puerta y en el momento en el que salía apareció Rose.

-Hasta luego.

-Ciao – dijo Rose que cerró la puerta y de repente se dio cuenta de quien acababa de salir. – ¿Qué hora es?

- Las diez y media, ¿por?

- Me quieres decir qué hacía Edward saliendo a las diez de la mañana de casa y vestido con la ropa de ayer. ¿Habéis pasado la noche juntos? ¿Tú no ibas a llegar pura al matrimonio? ¡¿OS HABÉIS CASADO?!

-Echa el freno que vas muy rápida.

- No, aquí la que va rápido eres tú.

- No ha pasado nada de lo que te estás imaginando, mal pensada. Anoche entraron a robar.

- Ya, ya... ¡¿QUÉ?! ¿Por qué no me avisaste?

- Tu móvil estaba comunicando, ¿dónde has pasado toda la noche?

-Hubo un problema con mi nuevo chofer.

-¿Nuevo chofer? ¿Qué ha pasado con el anterior?

-Le he dado la noche libre – dijo mientras se sentaba en el sofá y se quitaba las botas- el pobre por fin ha ligado y le he dado libertad, también tiene derecho al amor, o lo que sea que haya tenido con esa chica.

-¿Quién te ha traído entonces? – pregunté mientras colocaba los vasos del desayuno con Edward en el pequeño lavavajillas.

-Emmett estúpido Masen – dijo bufando – me exaspera.

-¿Y se puede saber qué has hecho tú toda la noche con Emmett?- pregunté sentándome a su lado.

-Ya te he dicho que ha sido un problema técnico, cuando hemos salido del local sobre las seis de la mañana, el señorito necesitaba desayunar y hemos tenido que ir hasta la única churrería abierta en Madrid, pero claro, al ser la única abierta, estaba hasta la bandera de gente y hemos estado una hora. La verdad, yo he tardado más de lo necesario para molestarle. En fin, cuando volvíamos de donde Cristo perdió el mechero, a mitad de camino en vete a saber dónde se le ha estropeado el coche y la grúa ha tardado como dos horas en llegar.

-¿Has estado tú sola con Emmett en medio de la nada y habéis llegado vivos? Felicidades por el autocontrol.

-Ha sido difícil, igual, estaba raro hoy, no me ha atacado tanto. Estaría cansado. Creo que voy ha intentar firmar la paz con él.

- ¿Qué te han dado en la fiesta? "¿Está raro?" "¿Paz?" "¿Pocos ataques?" – le pregunté marcando las comillas con los dedos. - ¿Hay algo que quieras contarme?

-¿Qué tendría que contarte? - se puso colorada mientras decía eso, lo cual, me pareció sospechoso por lo que entorné los ojos.

Pero no pude profundizar en el tema ya que el timbre sonó salvando a mi amiga de un interrogatorio. Me puse de pie y fui a abrir la puerta para encontrarme al otro lado a una Alice radiante de felicidad, con una sonrisa que parecía que se le iba a salir de la cara. Entró en casa y Rose y yo nos miramos y, a los dos segundos, ambas pusimos en común lo que estábamos pensando:

-¿¡Qué ha pasado para que vengas tan sonriente!? Queremos detalles. Ya.

Alice

Mis amigas me miraban de forma acusadora, por lo que me rendí antes de luchar, ya que intentar ir contra ellas, sería como luchar contra la corriente de una catarata.

-Creo que cada vez me gusta más Jasper- dije tapándome la cara con las manos- es que es increíble, en serio- noté como el color subía a mis mejillas.

-¿Te ha besado?- preguntó Rose poniéndose de rodillas en el sofá.

-No, pero no importa, ha sido genial igual.

-Pero cuéntanos – dijo Bells.

-Estábamos bailando en la discoteca y de repente me ha cogido de la mano y me ha llevado a una terraza que había en el piso de arriba de la discoteca a la que se entraba gracias a las invitaciones que nos había dado tu amigo- dije señalando a Rose que sonrió- y estaba prácticamente vacía, pero había altavoces con música y bebidas gratis.

-Muy ricas por cierto - añadió Rose.

-Bueno, pues hemos hablando y bailado juntos un montón de canciones. Sé que es una tontería, pero para mí ha sido muy especial todo, estar así, solos bailando, hablando... Mis amigas me miraron con cara tierna mientras yo me tapaba la cara de nuevo y ellas me tarareaban una melodía nupcial.

-Callaos- dije roja – solo ha sido una noche.

-Cállate- me espetó Bella. – Ha sido una gran noche entre dos enamorados – dijo con su habitual pensamiento romántico.

-Aquí el algodón de azúcar andante tiene razón – le apoyó Rose – os gustáis y hoy han saltado chispas – añadió haciéndome cosquillas.

-¿Vosotras creéis?

-Por favor, lo sé yo, lo sabe esta, lo sabe su primo, lo sabe el gato de la del quinto, las señoras de radio patio y Jasper...- Bella se quedó pensativa – bueno, Jasper no lo sabe pero lo sospecha.

-Hoy está sembrada la teñida – añadió Rose. – Cuando estáis juntos aparecen corazoncitos y cupidos a vuestro alrededor - y no pude evitar sonreír por la seguridad de mis amigas, que se me empezaba a contagiar. - ¿Y dónde has dormido?

-En la cama de Jasper – vi como ambas me observaban con cara de sorpresa, imaginándose lo que no era por supuesto. - No pensáis mal, yo en su cama y él en el sofá. Es que me olvidé las llave y el móvil y no quería molestaros.

- Ya, ya - dijo Bella imitando al mentiroso de SLQH.

- Así se llama ahora: "no quería molestar"- añadió Rose haciendo las comillas – si te morías de ganas de dormir con él en su cama, con él, siento lo del sofá.

-Bueno os dejo aquí con vuestros delirios, y me voy a dormir un rato.

-Eso es porque no has dormido en toda la noche, pillina - oí a Rose mientras me metía en mi cuarto dispuesta a rememorar toda la noche. Luego, no recuerdo cuanto tiempo pasó, me quedé dormida con una sonrisa en mis labios.

Aquí tenéis otro capítulo de este experimento :) Esperamos que os haya gustado. En cuanto podamos colgaremos el siguiente capítulo. Aun así, nos gustaría mucho que comentarais para hacernos saber que os esta gustando y tener un incentivo para seguir con ello. Creedme que para una autora hasta un simple 'Me gusta' es un mundo. Por eso os pedimos que nos comentéis, nos sentiremos mucho mejor :)

Gracias a todas y ¡Nos vemos en el siguiente!