*Este capítulo contiene ligeras alusiones al sexo. ¿No del todo apto para menores de 10/13 años?*

Tenía razón. Cuando un rato después Ana probó la sensación de la magia y se teletransportó a un micromundo por primera vez, sintió que aún le quedaba mucho por averiguar de sus nuevos amigos y la nueva vida que le habían ofrecido. Los primeros días se los pasó investigando la casa y los alrededores junto con Alsan y había descubierto unos viejos aparatos comunicadores que podrían servirle hasta que aprendiese el idioma de Idhún. Tuvo que volver a su apartamento a recuperar sus pertenencias.

Disfrutaba viendo combatir a Alsan y Jack y aprender la historia de un mundo por descubrir: Idhún. Tenía muchas cosas que hacer. Aparte de las horas que pasaba en la biblioteca, se le añadían las comidas que le tocaba preparar. Jack le pedía a menudo pasta y pizza, como era costumbre cocinar en su país natal. Exactamente una semana después de llegar a Limbhad, Ana pidió al príncipe que le enseñara a luchar y a defenderse, pero no le llegaron a gustar las espadas y optó por otras armas más ligeras. También empezó a practicar el taekwondo cuando Victoria se lo ofreció. Con el tiempo, estuvo tan capacitada como el resto de la Resistencia.

Una mañana (según la hora de España) salió de la ducha mientras se secaba el pelo con una toalla. Se puso otra para taparse el cuerpo desnudo y se encaminó hacia su habitación. Dado a que Victoria estaba en instituto y los dos chicos entrenando, Ana estaba segura de que no se cruzaría con nadie. Pero no sería así aquél día. Al tomar una curva, se topó de frente con Alsan, que iba en la dirección contraria.

"Buenos días, Ana." –saludó él. Luego alzó las cejas mientras la miraba de arriba abajo- "Whoa." –dijo simplemente-

"Sí, buenos días." –respondió ella sonrojándose mientras se ajustaba la única prenda que llevaba- "¿No deberías estar entrenando con Jack?"

"Hemos terminado antes."

Dio un paso hacia ella y le acarició el brazo con suavidad.

"Mañana es luna llena, así que hoy también me transformaré. Jack dice que la puerta podría aguantar, y están las cadenas. No me dejará salir."

"Oh."

"De todos modos no es seguro. Ya he roto las cadenas una vez, y la puerta no es excesivamente segura. En cuanto a Jack… EN fin. Lo que quería pedirte es que te quedaras conmigo.

"Claro."

"¿Crees que podrás impedir que salga afuera?"

"Sí, pero olvídate de las cadenas."

"Sé prudente."

"No te preocupes. La próxima vez llevaré ropa…"

Alsan se había acercado todavía más, y notaba su aliento caliente en el cuello. Sin embargo, al oír su contestación, retrocedió.

"Lo siento. Yo también te tengo demasiada confianza." –sonrió- "Voy a ducharme. Luego iré a tu habitación, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo."

Así fue. Media hora después estaba llamando a la puerta.

"Adelante." –dijo ella mientras cerraba el libro-

Alsan abrió la puerta. Llevaba solamente una toalla.

"¡Pero bueno! Alsan, no me he cruzado antes contigo a propósito… Pero tú habías avisado." –protestó. Demasiado tarde, ya estaba roja.-

"Huh… ¿venganza?"

"No."

"Bueno, nos teníamos que igualar." – susurró mientras se sentaba en la cama junto a ella.-

"Repito que no es justo. Eres tú el único que ha disfrutado. –replicó echándose a un lado-

"Dejémoslo estar."

Alargó el brazo y la trajo hacia sí. La sentó en sus piernas y respiró el aroma de su pelo. Ana le acarició el cuello, luego loas pectorales y los abdominales. Sus manos subieron hasta sus hombros y trazaron círculos sobre los marcados bíceps. Notó cómo el príncipe se estremecía y se le ponía la carne de gallina. Lo que había debajo de la toalla se puso duro. Los dos se sonrojaron.

"Este es un buen momento para decidir si queremos seguir con esto."-murmuró Ana-

"Yo quiero iniciar una relación seria contigo." –le respondió Alsan sacando la cara de su pelo- "Pero dada la situación en la que estamos… No creo que sea buena idea empezar así. No quiero hacerte daño."

"Ya… Yo estaría dispuesta a hacerlo ahora si encontrase algún preservativo de tu talla. Estoy en medio de mi periodo de riesgo y aun me considero joven."

"Tampoco es buena idea ir de batalla en batalla con un niño en la tripa"

"Tienes razón."

"Y… cuando todo esto pase…" –le dijo él- "¿Serás mi reina? ¿La madre de mis hijos?"

"Ya lo hablaremos en su momento."

"Te quiero."

"Yo también."

Ana se tumbó en la cama y Alsan se puso a su lado, apoyado en un codo. Con una sonrisa, se juntaron aún más y se besaron. Mantuvieron sus labios pegados unos minutos, jugando con sus lenguas. No se separaron mucho tiempo. Alsan seguía insistiendo en besar el cuello y los pechos de Ana, y ella se dejó hacer mientras lo atraía hacia sí. EL chico, que se había olvidado de que llevaba únicamente una toalla, abrió las piernas para pasar por encima de Ana y el lazo se soltó. Sin embargo, ninguno de los dos se dio cuenta hasta que Alsan colocó a la chica sentada en su abdomen. Al no notar la prenda, Alsan seguía irguió y Ana resbaló hasta sentarse en las piernas del otro. Esto no pareció preocuparle.

"Si insistes tanto, Alsan, no tendremos más remedio que hacerlo."

"¿Decías que tenías preservativos de mi talla?"

"No, no tengo. ¿Debería ir a comprar ahora?"

"Bueno, Jack se quejaba de que no quedaba mayonesa. Tienes escusa."

"Ya. Lo que no tengo es magia."

Con un suspiro, Alsan se puso la toalla. Había llegado a pensar que podrían hacerlo aquella mañana. Ana se levantó y se acercó a la ventana circular. Hizo desaparecer el cristal, y se apoyó en los codos.

"No te vayas tan lejos, quiero besarte."- protestó él, acercándose a ella y abrazándola por detrás-

Ana se giró con una sonrisa y cogió a Alsan por los hombros, empujándolo contra la pared. Se puso de puntillas y se volvieron a besar.

"Te adoro, Ana."

Ella le respondió con un nuevo beso.

"¿Tienes hambre?"

"De ti, ya lo sabes."

"El único que puede decir eso es el lobo. Ven, a ti te haré una tortilla."

Fueron de la mano a la cocina. Alsan se sentó en una silla y observó cómo Ana batía varios huevos y los echaba a la sartén con un poco de queso.

"¿Puedes sacar el agua?"

Alsan asintió y abrió la puerta de la nevera que Shail había colocado allí tiempo atrás. Con la botella en la mano, fue a cerrarla cuando algo llamó su atención.

"Ana, ¿y esa bandeja de carne cruda?"- preguntó mientras notaba que el lobo reaccionaba al olor. Cerró la puerta con brusquedad.-

"Contente. Son para ti, cuando haya anochecido."

"¿Piensas darme de comer?"

"Por supuesto, hace mucho que no comes bajo esa forma. No te preocupes, es sólo carne, y también servirá para mantenerte ocupado."